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Archive for the ‘AUTODISCIPLINA’ Category

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«El hombre es una nube de la que el sueño es viento. ¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?», escribía Luís Cernuda en «La realidad y el deseo».William Blake, en sus Proverbios del Infierno opinaba que: ‘‘Quien desea pero no actúa, engendra peste»

Sobre la base de mi concepción físico-espiritual del ser humano, a quien diferencio de los animales irracionales, precisamente porque está dotado de una razón que orienta su voluntad; los deseos sin la voluntad nunca llegarían a concretarse o materializarse, independientemente de que se trate de necesidades físicas o espirituales.

Más allá de cualquier especulación filosófica, teórica, religiosa o retórica de lo que representan los deseos y la voluntad para el hombre en su actividad diaria, podemos parangonarlo al funcionamiento del automóvil y su combustible: el uno requiere indispensablemente del otro para lograr ponerse adecuadamente en movimiento.

Tanto en lo físico como en lo espiritual-intelectual, los deseos no pasan de ser proposiciones que nos hacemos, porque sentimos que pudieran beneficiarnos, sernos convenientes o necesarios, cuando no representen la concreción de mecanismos de defensa frente a eventos que consideramos negativos para nuestra existencia, porque en tales casos la voluntad ya no funciona como elemento impulsor, sino por el contrario, como inhibidor del deseo.

Los deseos potencian y proponen la aplicación de nuestra voluntad para concretar, materializar o dejar de realizar alguno de nuestros actos, conforme a la jerarquía o trascendencia que personalmente demos a cada una de las cosas que hacemos.

Sin duda para jerarquizar nuestros deseos requerimos de razón e inteligencia. Por eso la jerarquía de nuestros deseos como adultos, es muy diferente a la de los niños, quienes no han alcanzado el uso de la razón. En ellos, como la razón es incipiente, igualmente lo es la voluntad para orientarse en la vía de la mejor conveniencia, por lo cual su voluntad es moderada y en algunos casos, suplida por la de sus padres.

Nuestra especulación vital es tal, que si no organizáramos y jerarquizáramos nuestros deseos y les diéramos rienda suelta sin el control de la voluntad razonable y razonada, que impone esa jerarquía conveniente, pereceríamos prontamente en un absoluto caos existencial.

Esa voluntad que regulará la conveniencia de materializar, concretar o abstenerse de un deseo, se comporta como un músculo que debe ser constantemente ejercitado, para que resista su peor enemigo: la tentación de violentar la jerarquía de los deseos, que debe responder a los principios y valores que rigen nuestra vida, en función de nuestro comportamiento positivo, personal y colectivo.

Con el análisis tranquilo, ponderado, práctico y objetivo de cada uno de nuestros deseos, es como podemos orientar la aplicación de la fuerza de nuestra voluntad hacia la búsqueda de su mejor logro. Para ello no estamos solos, siempre hemos contado y contaremos con la ayuda de Dios, permanentemente a nuestra disposición.

¿Por qué desperdiciar tan valiosa ayuda? No lo dejemos para después, invoquémosla ahora y hagámosla una realidad.

Próxima Entrega: SI VIVIERA… OTRA VEZ

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En sus reflexiones, Salomón trató de recordarnos que como existe un tiempo para cada cosa, no debemos precipitarnos porque todo viene y va, mientras nosotros seguimos en el mismo sitio, hasta que un día, como llega el tiempo de venir sobreviene el de irse, nuestra alma regresa a su hogar y volvemos a ser… polvo.

Dentro de la bipolaridad que rige nuestra vida: nacer-morir, amor-odio, tristeza-alegría, bondad-maldad, verdad-mentira, felicidad-desdicha, por citar algunas, esa sentencia nos indica que, como todo tiene su tiempo, si actuamos a destiempo el resultado será negativo. Venturosamente, somos nosotros mimos quienes decidimos la oportunidad.

Un tiempo para todo fue, es y seguirá siéndolo siempre. Es una realidad existencial aplicable a todo acto de nuestra vida. La convicción de que podemos utilizarlo a nuestra conveniencia, debería evitarnos preocupaciones, precipitaciones y acumulación de estrés por temor a no disponer del suficiente.

Cada día tiene veinticuatro horas que nos corresponde vivir y que no podemos estirar ni encoger; por lo tanto, corresponde adaptarlo a nuestras necesidades, sin permitir que nos torture o esclavice. O disfrutamos el tiempo o sufrimos por su causa. Tan simple como eso.

Cuando abro mis ojos en la mañana, o me estreso pensando todo lo que tengo que hacer en el día y el poco tiempo de que supuestamente dispongo, o advierto lo maravilloso que significa poder vivir un nuevo día, lleno de cosas satisfactorias como pasear, comer, beber, laborar, estudiar compartir con mi familia, amigos y… hacer el amor.

Es que no tengo otra posibilidad para ser feliz que verlo positivamente. No puedo agregar un segundo a mi vida, ni conocer mi porvenir. Lo único seguro y verdadero es este momento; debo disfrutarlo al máximo para lo cual el apropiado uso del tiempo es fundamental, porque como hay un tiempo para cada cosa, se trata de ordenarlo conforme a mis prioridades.

Dispongo del presente, mi presente que es mi tiempo; como yo lo imagine, diseñe y utilice, puedo aplicarlo en función de mi interés. En vez de estresarme por su extensión o limitación, simplemente lo convierto en un instrumento de mi felicidad y lo disfruto.

Yo creo en Salomón: Hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo. Por eso lo tomo como otra bendición de Dios: abrazo a mis seres queridos, les manifiesto mi amor; vivo mi vida y la parte de ellos que me permiten compartir y… doy gracias.

Amo mi tiempo porque me permite sentirme vivo, activo, motivado, ilusionado por disfrutar lo que conozco y emocionado por lo que conoceré dentro de un segundo. Es mi vida que se renueva en cada instante, que disfruto y vivo intensamente, porque es mi parte en este viaje terrenal y no me puedo dar el lujo de desperdiciarla.

No puedo permitir que una bendición, como es el tiempo, se convierta en algo desagradable.

Les invito a meditar sobre la inutilidad de apresurarse, desesperarse o estresarse por ganarle a un tiempo, que no conoce el significado de… la velocidad.

Próxima Entrega: DESEOS Y VOLUNTAD

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He leído estudios que indican que los humanos no utilizamos más allá de entre el 5% y el 10% de la capacidad mental, que podrían desarrollar nuestros treinta mil millones de células cerebrales haciendo sinapsis.

Pero ese milagro andante que somos los seres humanos en nuestra integralidad físico-espiritual, dada nuestra permanente y constante dispersión mental, escasamente nos permite concentrarnos por momentos en alguna de las pocas cosas que hacemos, con el resultado de repetir actividades que hubiéramos podido realizar con ahorro de tiempo y recursos en un solo acto, si hubiésemos utilizado algunos instantes para pensar en la mejor forma de hacerlo…

Luego de un acto erróneo, es común la frase: «Oh, me equivoqué, no sé en que estaba pensando.», lo cual grafica la divagación permanente de nuestra mente. Pero, lo cierto es que la mayoría de nuestros actos equivocados, responden al hecho de no haber previsto la mejor manera de realizarlo.

Mi padre solía repetirme en tono solemne: «Si cuentas veinte antes de actuar, lo harás mejor.», lo cual por cierto me aprendí de memoria, pero nunca pude establecerlo personalmente como una norma de actuación en todos los casos.

Pensamos en tantas cosas al mismo tiempo, que al no fijar nuestra atención en una sola, ni establecer prioridad a las rapidísimas operaciones mentales, nos dispersamos y terminamos en el estacionamiento de la Universidad cuando deberíamos estar en el de los Tribunales o el del Supermercado.

Nuestra mente es tan volátil y viaja a tal velocidad de un pensamiento a otro, que para ubicarse en uno solo y concentrar su potencia, requiere de un mínimo de entrenamiento y disciplina, cuyos óptimos resultados pareciera que solo se logran con la práctica de la meditación.

Pero, para quienes no somos unos virtuosos meditando, sino que nos ubicamos dentro del campo de los soñadores, por no llamar distraídos, que posiblemente somos la mayoría, la causa no está perdida.

Para nadie es un secreto nuestra naturaleza adictiva, por tanto un hábito se suple por otro nuevo. Debemos sustituir la divagación por la concentración. Para lo cual, mi recomendación primera es planificar detalladamente nuestras actividades de tal manera que nos concienticemos, en cada caso, de que disponemos del tiempo necesario.

En segundo término, establecer una jerarquía que privilegie el orden en las actuaciones. Así, si planificamos los tiempos de acción de la mañana, al conocerlos para cada actuación, concentramos nuestra atención en la que nos corresponde en el momento, porque para todas las demás tenemos previsto su propio tiempo.

Nos ayudará grandemente a la concentración , ocuparnos en vez de preocuparnos por resolver las situaciones o circunstancias que se nos presenten o debamos resolver

Finalmente, recordar que el tiempo de Dios es perfecto y que somos uno con Dios, nos ayudará a entender que nuestra parte es ser diligentes en lo que hacemos, porque el resultado final no lo decidimos nosotros, sino Dios que conoce lo que más nos conviene.

Próxima Entrega: EL OCIO CONVENIENTE

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z-estudiante.jpgComo producto de la sinceración con los reales resultados de la educación en la vida del hombre contemporáneo, soplan vientos de cambio hacia  una EDUCACION POSITIVA en contraposición a la tradicional, que sin catalogarse como negativa, debe ser revisada para adaptarla a los nuevos tiempos.

Esta predisposición en avance en los paises culturalmente más adelantados intenta orientar a los educadores a excitar y exaltar las virtudes, vocación, propensión, aciertos y capacidades de los pupilos, que establecer imposiciones y destacar defectos.

La idea pareciera ser rebajar la importancia de la solemnidad, formalismo y sumisión dogmática del alumno, para substituirlas por la proactividad compartida, pero respetuosa, entre educadores y educandos.

Existe duda sobre los efectos de la exagerada rigidez de los educadores, la aplicación de carácter fuerte, evaluación estricta y sanción, mediante formulación de pruebas y complicados exámenes, imperantes en la educación tradicional.

El elevado formalismo, solemnidad y disciplina impuestos, motivan una conducta conformista,  pasiva y timorata, coartando la creatividad e iniciativa personales.

El reglamentarismo de la educacion tradicional pareciera estar divorciada de la importancia de la diversidad de criterios que hacen la riqueza de la personalidad individual.

Tales paradigmas educativos, pudieran violentar la personalidad y potencialidades innatas al interiorizar el temor al castigo, reprimenda o vergüenza públicas, generando competencia para aparentar mayor formalidad y superar a los demás, subvirtiendo la importancia de la propia identidad y conveniencia de superarse a si mismos.

La imposición de una reglamentación inflexible, donde no se limita el espacio para la iniciativa propia o la disidencia, al imponer una disciplina coersitiva dependiente de la permanente vigilancia, desestima la promoción a la autodisciplina que deriva de la convicción, más que del temor.

Por mantener los reglamentos y la disciplina impuesta, se desatiende en la formación que se imparte sus efectos en la vida de los educandos fuera de los locales de clases, priorizando el cómo en vez del qué.

Por temor a la censura  jerárquica, los educadores imponen a como de lugar el cumplimiento reglamentario, sin prever sus efectos frente a las cambiantes realidades sociales, traduciéndose en pérdida de sensibilidad y solidaridad humanas, frente a los demás.

Todo pareciera indicar que la educación tradicional promueve en su mayoría ciudadanos formales, pasivos, acartonados y hasta cierto punto sumisos, más cuidadosos de las solemnidades que de los efectos de sus actuaciones.

Todo nos indica que ciertamente se requiere la revisión sincera, especialmente de las actitudes de los educandos, al impartir una formación que debería estar orientada hacia el logro de una vida buena dentro del contexto social, la cual por cierto comienza en el hogar, como lo analizaremos en la próxima entrega

Próxima Entrega: Educación Positiva (El hogar como escuela)

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De alguna manera, nuestra vida puede parangonarse a una lluvia constante donde las gotas de agua son sustituidas por los acontecimientos, que se precipitan acelerada y continuamente, produciendo sus efectos en la misma medida en que somos capaces de preverlos, asumirlos, evitarlos o utilizarlos a nuestro favor.

Las herramientas con que vinimos dotados a este mundo, como nuestra razón, inteligencia, libre albedrío y estado de ánimo, hacen un extraordinario y protector paraguas, suficiente para que protegidos en el, sin grandes dificultades podamos disfrutar de una vida plena y feliz.

Sin embargo, precisamente por disponer de razón, dentro de nuestro interminable camino de preguntarnos el por qué y para qué de cada cosa, nos perdemos en un mundo de especulaciones, que logra transformar lo elemental y obvio en difícil y complicado, perdiéndonos disfrutar de la belleza y placidez de lo que nos rodea, que es, esencialmente, natural y sencillo.

Frente a la mayoría de los fenómenos naturales y actuaciones humanas, no requerimos hacer mucho porque funcionan a favor de nuestra supervivencia, como integrante de esa misma naturaleza y como seres vivientes de una misma especie.

La función del paraguas hipotético lo es para precaver los acontecimientos que pudieren perturbarnos o atemorizarnos, en la mayoría de los casos derivados o como consecuencia de nuestras propias especulaciones y actuaciones erradas. Por tanto, lo inteligente es abrirlo antes de que comience la lluvia y no cuando ya ha comenzado y estemos empapados, o luego que pase el aguacero.

El obrar humano es, precisamente, ese incesante realizar actuaciones en pro de hacernos una vida buena. Su mejor instrumento lo es la observación, sobre la cual se dice que es la fuente de la sabiduría, como máximo logro del ser humano.

La observación atenta de los acontecimientos, la naturaleza y las actuaciones de nuestros congéneres y sus circunstancias, nos permiten de manera permanente hacer una composición de lugar, con la intención de atesorar aciertos y evitar errores.

La concepción del tiempo, que como el temor y algunas otras operaciones mentales, pareciera que, quizás inconscientemente, las creamos para aumentar nuestro natural estrés, venturosamente son absolutamente controlables en la misma medida en que las identificamos en su real sentido: concepciones mentales.

No obstante, frente a los acontecimientos y las circunstancias que de alguna manera escapan a nuestro control pero que pueden afectarnos, lo importante es cómo los interpretamos, cómo los asimilamos y cómo prevemos los que pudieran sernos negativos o perjudiciales.

Observar los efectos y las consecuencias de las actuaciones humanas en la vida de sus actores, es la tela con la cual construimos nuestro paraguas. La contabilización y puesta en práctica de sus aciertos y el evitar sus desaciertos, nos dan la soltura suficiente para vadear de la mejor manera, esos baches que para otros fueron difíciles y a veces infranqueables.

Pero, en todos los casos, se trata de prevención, se trata de aprender a tiempo; se trata de observar permanentemente las actuaciones de los demás, en búsqueda del aprendizaje. De alguna manera, es abrir el paraguas antes de que comience el aguacero.

Próxima Entrega: DEL PASO AL ACTO

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La multiplicidad de situaciones negativas que afectan nuestra contemporaneidad, hacen que el tiempo que antes nos parecìa suficiente, hoy se haga difícil de utilizar provechosamente. Los crecientes males sociales como la masificaciòn, inseguridad, competencia imperfecta e insensibilidad frente al dolor humano, lo contaminan todo.

Su impacto sobre nuestro intelecto determina una intranquilidad casi permanente, por la sensaciòn de que hay demasiados factores que escapan a nuestro control.

La familia, el trabajo, los estudios, así como mantener las relaciones en la comunidad, pierden su sabor agradable frente a la urgencia, desasosiego y trànsito… colapsado. Cubrir las distancias entre los hogares, centros de trabajo y estudio, hacen un ejercicio de espiritualidad el mantener el mínimo de autocontrol, suficiente para no terminar en el hospital psiquiàtrico.

Esas actividades diarias que en un tiempo fueron agradables, se han convertido en un trago necesario pero difìcil de tomar. La prisa impide sentir la brisa de la mañana; las bocinas de los autos en interminable colas nos convierten en ciudadanos con perfil de autómatas y actitudes de… zombies.

Se saluda el dìa con una mano en el volante y otra en el sandwich, que se alterna con el celular, buscando sin encontrar atajos que permitan ganar… segundos.

Todos lucen malhumorados, preocupados, casi neuròticos. Demorarse cinco minutos más en la guarderìa, puede significar una cola que te haga llegar tarde al trabajo, donde correos electrònicos y llamadas urgentes deben ser revisados y respondidos con suficiente rapidez para llegar a tiempo al meeting, donde un jefe aùn màs perturbado no acepta justificaciones por asistencia retardada.

Pero, aún frente a ese difìcil panorama diario observamos personas que rien, hacen chistes y se notan felices en su trabajo, estudio y hogar. ¿Cómo lo logran? ¿De qué se valen para no sucumbir ante esa especie de caos colectivo y mantenerse en control, disfrutando de las actividades que ocupan su vida diaria?

Se trata de una actitud, una forma apropiada de entender las circunstancias que integran la cotidianidad, interpretándola dentro de una ideologìa de vida que prioriza la óptica positiva de cada circunstancia, señalando que todo evento, por desagradable que fuere, siempre tiene una parte positiva, haciendo emocionante buscarla y… encontrarla.

En ese camino por vencer el tiempo y ponerlo a nuestro favor, la planificación es la base de partida. La disciplina y fe en que somos capaces para enfrentar cualquier reto con decisiòn y amor, se encargan de lo demàs, convirtiendo el autocontrol de conveniente en necesario.

Frente a las opciones donde debemos escoger la apropiada, la tranquilidad, mesura, equilibrio y confianza son las mejores herramaientas. Meditar y aquietarse puede evitarnos actuar de forma inconveniente, que determine consecuencias negativas. El tiempo para pensar cómo debemos atacar cada circunstancia, se hace tan o màs importante que el requerido para realizarla.

El amor por las personas y lo que hacemos, la convicciòn de que el tiempo de Dios es perfecto y que nada sucede fuera de su control; la certeza de que todo tiene una razòn y aportará una enseñanza; que en la pròxima esquina hay algo bueno para nosotros esperando por ser descubierto y aún quedan muchas esquinas por inspeccionar, son el combustible para el espìritu que alimenta el autocontrol, como ùnica opciòn vàlida para encontrar el lado bello de una vida que, dentro del plan divino, no cambiarà en su cotidianidad fìsica, pero que sì es posible adaptar a nuestras personales circunstancias.

Próxima Entrega: PROACTIVIDAD O NEGLIGENCIA

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Concibo mi vida del tamaño de mis sueños. El ser un pedacito de Dios y uno con todos mis hermanos humanos me convierte en un… fabricador de sueños, que crearon mi refugio frente a las adversidades que he vivido o los agravios que he recibido.

Desde la atalaya de mis sueños, observo el mundo como yo quiero y no como lo que ven los demás. Siempre ha sido así. Crecí en un medio inapropiado, donde no hay espacio para la ambición, y la esperanza tiene cara de hambre, renuncia y vulgaridad; ausencia de entusiasmo y promoción de la mediocridad. Los sueños fueron mi escape, mi pasaporte de salida y el bálsamo que curó mis heridas… sin dejar huellas.

Pero, los sueños no están en el ambiente ni en otra parte que no sea nuestro intelecto. Nacen, crecen y a veces desaparecen, en la medida en que somos capaces de crear y creer en algo más de lo que vivimos diariamente. Los sueños los fabricamos nosotros, a nuestra medida, con los elementos que tenemos a la mano. Eso es lo extraordinario: nos permite imaginar una realidad…diferente.

Yo sueño conforme a mi necesidad. Así, sueño con un amor, con lo que quiero ser, dar y recibir de los demás, con mi actitud frente al bien, al mal, a las personas, cosas e ideas y mi mente lo fabrica, precisamente como lo deseo. Las fuerzas universales actúan a favor de los sueños para concretar los que nos convienen. Jesús enseñaba: «Mi Padre, sabe mejor que tú las cosas que necesitas…»

Mi trabajo es fabricar mi sueño y ser diligente para su concreción. El de Dios, decidir si me conviene. Por eso, hago mi parte feliz, fabrico el sueño y me imbuyo dentro de él, no lo hago una parte de mí, sino que me convierto en un pedazo de él.

No vivo para soñar, vivo soñando. Pero mis sueños, aunque les doy un toque de locura, no son una locura; son un sueño, que es lo más parecido a la realidad, pero con la ventaja que…la supera. Le doy forma a mis sueños conforme a mis necesidades. Los proyecto, diseño, les doy nombre: les doto de entidad propia: son los sueños de Amaurí Castillo. Eliminan barreras, moderan la realidad adaptándola a mis necesidades mentales y espirituales que guían mi vida física.

Para aportarles mayor posibilidad de materialización, trabajo con disciplina y constancia; estudio, oigo y observo las personas y sus circunstancias con amor, atención, interés y respeto; dispuesto a prestar el concurso de mi ayuda y aprender de ellas, siempre pidiendo a Dios entender, por qué sus sueños, son sólo… sueños.

Realizo y vivo mis sueños porque son míos, no los del vecino o compañero de trabajo. Son mi hechura, se parecen a mí. En ellos me incluyo con todo lo que tengo. Mi mente en contacto con Dios y mi cuerpo fìsico, que es un mero instrumento, los convierto en una máquina que fabrica mis sueños. Incorporo mi mente y espíritu a la fuerza del Universo, que es también uno con Dios y conmigo, para viajar juntos descubriendo los mundos que sabe crear mi mente.

Concretarlos no me compete. Es trabajo de Dios, como el mejor convertidor de mis sueños en realidad… si me conviene. Tengo fe, confianza y no tengo por qué estar recordándoselo.

No me contento con idear un sueño sin diseñarlo, pensarlo, estudiarlo y ponerle detrás todo mi potencial humano, representado en mi mejor diligencia, trabajo, constancia y disciplina, haciendo de todo esto mi mejor forma de… soñar.

Próxima Entrega: VIVIENDO EL SUEÑO.

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amauri-y-nancy.jpgEn la entrega anterior analizamos la Dieta Ideal de vida y  expusimos someramente en qué consistía. Me corresponde comentarles que como en todo proyecto exitoso, para manejarla con éxito se requiere preparar un Plan.

Cuando como pareja disertamos sobre los exitosos logros que nos mantienen juntos y felices, contínuamente nos preguntan: ¿Cómo lo logran? Desarrollamos un Plan que hemos hecho parte integral de nuestras veinticuatro horas de vida y que gustosamente cumplimos.

Ese Plan es elemental: al levantarnos agradecemos el nuevo día, lo bendecimos como el día perfecto que nos prometemos disfrutar intensamente. En corta oración lo agradecemos a Dios, junto con nuestra salud, nuestros hijos, nuestra familia,  amigos y la provisión diaria que estamos seguros no nos faltará.

Cuando nos duchamos, alabamos a Dios por ese líquido maravilloso e indispensable, del cual carecen millones de nuestros  hermanos. Al secarnos y mirarnos al espejo, damos gracias por nuestro bello cuerpo, que es completo, saludable y nos permite disfrutar las cosas bellas de la vida.

Al vestirnos, felices disfrutamos escogiendo el perfume y el vestuarrio, usando colores alegres que contribuyan a hacernos sentir más bonitos y felices.

En el desayuno, para nosotros fundamental,  como en cada comida no excedemos las raciones, ingerimos alimentos sanos, masticando lento para disfrutarlos plenamente; damos gracias por lo exquisito del mismo, haciéndolo rico en carbohidratos y proteinas,  suficiente para resistir sin hambre el tiempo del día que fuere necesario, pero también por todas las personas que con su trabajo lo hicieron posible.

Cuando nos trasladamos al trabajo, si el tràfico está colapsado ponemos música alegre o un cd con lo que nos interesa estudiar o recordar, con lo cual nos distraemos y avanzamos en el quehacer que nos corresponde.

Al arribar al trabajo, obsequiamos a los compañeros con sonrisas, miradas alegres, frases optimistas y palabras de reconocimiento, porque conocemos que una palabra cariñosa, una mirada o una sonrisa significa mucho para ellos, quienes dan lo mejor de sí en su labor diaria, por una paga imposible de compensar el tiempo que restan a sus familias.

 Si surgiere algún inconveniente, no lo consideramos  un problema sino un asunto por resolver y lo interpretamos como una oportunidad de crecimiento para una vida mejor. 

En todo momento, mentalmente pedimos a nuestro Hacedor dirección y guía para tomar acertadas decisiones, conscientes de que vendrá en nuestro auxilio. Asimismo, nos repetimos afirmaciones que mantienen nuestra mente en positivo, tales como: «Dios es amor», «El tiempo de Dios es perfecto»,   «Somos maravillosos», «Hacemos todo bien»  «Amamos la vida», «La vida es bella», «Todo está bien en mi mundo», por citar algunas.

Llegada la hora del descanso, al agradecer a Dios la oportunidad de haber vivivo ese  día, que para nosotros es una vida más, perdonamos y olvidamos agravios que nos hubiesen afectado; nos ponemos en manos de Dios y dormimos plácidamente, con la esperanza de un nuevo día que Él nos proporcionará, si ese es su Plan para nosotros.

Como solo vivimos veinticuatro horas, que para nosotros es HOY, no nos preocupa el ayer ni el mañana,  siempre es HOY, es nuestro eterno  ahora que hacemos alegre, dichoso, enamorados de la vida; bendiciendo a todos las personas, saludándolas con amor, conscientes de que todo lo semejante se atrae y esa actitud producirá para todos crecimiento espiritual, fundamental para la felicidad.

 El Plan, es más  una dieta mental  que condiciona la alimentaria, por lo cual sugerimos algunos tips, que como en nuestro caso nos mantienen en excelente condición física y mental.

Al levantarnos ingerimos por lo menos un vaso de agua, que completamos en el día hasta llegar por lo menos a un litro y medio. Nuestro desayuno incluye una banana, claras de huevos, queso y suficientes carbohidrados para no volver a comerlos después del almuerzo.

En el almuerzo evitamos carnes rojas, ingiriendo  granos, pescado, pollo o pavo, acompañado con ensalada y berenjenas. Hacemos casi un ritual tropical del cazabe y dentro de lo posible, bebemos una copa de vino tinto al día.

Cenamos sólo carnes blancas con  ensalada de vegetales, que antes hemos pasado por agua con vinagre, rica en coliflor, brócoli, tomates, repollo, lechugas  y un toque de locura con pedacitos de alguna fruta, nueces o pasas.

 El agua que tomamos la  hervimos por más de diez minutos con clavitos de especie, porque desde que usamos este método nuestras enfermedades bajaron casi a cero.

Caminamos por lo menos cinco kilómetros tres días a la semana; tomamos diariamente algún polivitamínico y tratamos de hacer el amor con la mayor frecuencia posible, con lo cual cerramos el círculo de nuestra bella vida, que es el resultado de ejecutar, sin fanatismos ni dándonos mala vida, ese plan de vivir mejor todos los días.

Olvidaba decirles que una parte importante de nuestro tranquilidad espiritual nos la da el hecho de que tratamos de aquietarnos en todo;  meditamos y reflexionamos sobre el porqué en un mundo tan riesgoso y siendo tan fìsicamente vulnerables, seguimos vivos sobre esta madre tierra y no  obstante que nos faltan horas para disfrutar el día, nos acostamos cansados pero felices y … nunca sufrimos de insomnio.

Próxima Entrega:   COMPORTAMIENTO ETICO.

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En la sociedad contemporánea, antes de incentivar el superarnos a nosotros mismos, se nos induce a superar a los demás, sin consideración alguna sobre  cuales son nuestros deseos,  ambiciones y concepción interna de nuestro papel en el conglomerado humano, ni sobre nuestras innatas capacidades. Simplemente, la meta es: superar a los demás.

 En esa carrera a que se nos somete vamos fortaleciendo nuestra propia insatisfacción, sin oportunidad a preguntarnos cuál sería nuestro avance, si en vez de perseguir superar las metas de los demás nos esforzáramos en lograr y superar las propias,  eliminando malos hábitos, cultivando la templanza, la ecuanimidad, la armonía, la aceptación y la solidaridad humana,  especialmente exigiéndonos todos los días un poco más de lo que dimos el día anterior en el camino de lograr nuestros propósitos.

 Si  vencemos esa tendencia a darle más importancia a competir con los demás que con nosotros mismos, descubriremos una inmensa capacidad de mejorar en todos los sentidos, así como la satisfacción de ser arquitectos de nuestro propio destino, sobre la base de nuestra individualidad, que nos hace únicos, incomparables e inigualables; con una carga genética  que nos dota de características intrínsecas, especiales y particulares, con capacidad inusitada para realizar los actos más nobles, heroicos y trascendentes que beneficien a la humanidad.

 Son esos rasgos específicos de nuestra individualidad lo que determina que algunos seamos especialmente buenos para las artes y las letras, sembrando el mundo de maravillosas obras literarias, esculturas, pinturas y música sublimes; otros para las ciencias,  creando los instrumentos para luchar contra las más graves enfermedades, y la mayoría de las veces, venciéndolas; construyendo las más inverosímiles máquinas que se desplazan sobre la tierra, atraviesan los mares y los cielos para hacer más cómoda y llevadera la vida del hombre; otros para los deportes que hacen más sana nuestra vida.

Tal es la  nobleza y generosidad humana que algunos dedican su vida a un apostolado para velar por los menesterosos, refugiados y  aquéllos que por diversas razones padecen hambre y desolación. Por eso estamos obligados a no desperdiciar nuestras innatas capacidades persiguiendo superar a los demás en actividades, cuales pudiera ser que por sus características propias y vocación natural,  otros pudieran realizar de manera más eficiente, aportando mayor beneficio a  la humanidad.

Cuando decidimos superarnos a nosotros mismos con prioridad a superar a los demás, logramos con más eficiencia alcanzar las  metas; crecemos espiritualmente, sintiéndonos más satisfechos, comprometidos con nosotros mismos y con la humanidad. En esa situación sí que disfrutamos la libertad de ser como lo deseamos y realizar lo que nos motiva.

Ese sentimiento de plenitud nos hace amarnos y amar a los demás, llenándonos de optimismo y confianza en lo que hacemos, pero también disfrutar de la vida y sentirnos auténticamente útiles, alejándonos de la envidia, la competencia imperfecta, la insatisfacción y… hasta del odio.

 Esa nueva visión de la vida nos ayuda a superar nuestras deficiencias y limitaciones, facilitándonos aceptar a las personas como son al  entenderlas mejor y  poder ayudarlas a superar sus problemas. Esa capacidad de hacernos a nosotros mismos con prioridad a cualquier sentimiento de competencia, nos imbuye en la idea de que  en la misma medida en que ayudamos a crecer a los demás, aumentamos nuestro crecimiento espiritual.

Por tanto, estará en mejor capacidad de ser útil, disfrutar de tranquilidad espiritual y lograr la felicidad, quien luche por su individualidad, dedicando lo mejor de sí a su superación personal en función de ser útil a sus semejantes,  que aquel que se dedique a la competencia permanente, desestimando la importancia de desarrollar su propio potencial, mientras corre desesperado en busca de superar a los demás, sin evaluar el  riesgo y las consecuencias para la sociedad, en el caso de que  pudiese estar equivocado, al desestimar su vocación natural.

 El superarnos con prioridad a los demás nos realiza personalmente al convertirnos en hacedores del bien; de dar amor y compasión,  infundiendo optimismo, positivismo y perseverancia; mientras controlamos mejor nuestras emociones, al valorar la importancia de los inconvenientes porque son ellos el acicate para aprender a vencerlos.

Toda esa riqueza de sentimientos convertidos en  acciones  nos acercarán a la ansiada meta de todo ser pensante, cual es de que al tiempo que se aporta el mayor volumen posible de felicidad, en esa misma entidad se contribuye a la propensión a que  las futuras generaciones habiten un mundo más humano, sensible  y solidario, donde tengan un puesto digno, con la seguridad que la mayor preocupación de toda persona, siempre será la contribución al logro del bienestar y la felicidad  colectiva.

Próxima Entrega:  DISFRUTAR EL MOMENTO

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hombre-pensando-iii.jpgEn la entrega anterior nos quejábamos de esa sociedad desarrollista en que vivimos, a la cual hemos permitido que nos condicione en esa supuesta necesidad de acumular bienes materiales, que en el fondo no es más que el efecto de esos otros sentimientos que no trajimos con nosotros en nuestro advenimiento a este planeta, sino que aquí aprendimos y que nos producen sensaciones de inseguridad y desesperanza que pretendemos controlar con la errada convicción de que, disponiendo de mayor cantidad de riqueza o poder nos blindamos frente a los males de ese mismo medio ambiente que cuando niños nos entusiasmaba conocer y explorar, pero que hoy por haber perdido nuestra espontaneidad y haber inventado el temor, observamos con recelo y desconfianza.

      Pero eso no significa que no podamos enderezar el rumbo, o volver a rescatar algo de lo que se nos quedó atrás. Por virtud de nuestra propia naturaleza, somos el ser vivo más adaptable que ha pisado esta madre tierra. Tenemos la capacidad de mover montañas, dividir continentes, subir al cielo e inspeccionar los más profundos abismos marinos.

      ¿Quién podría convencernos de que no podemos enderezar nuestra vida?

      Nadie tiene ese poder. Ya lo dijo Jesús hace dos mil años, que únicamente requeríamos fe como el tamaño de una semilla de mostaza para lograr el éxito, y el devenir de la historia y sus acontecimientos nos han ratificado las palabras de ese hijo predilecto de Dios.

      Comenzaremos con el acto más valiente de un ser humano: luchar contra sí mismo, imponiéndose a sus errores y desaciertos venciendo su propia adicción a las ficciones engañosas. Enfrentando un ambiente cargado de conceptos y paradigmas comunes pero erróneos y desacertados, por cuya causa hemos perdido una buena parte de nuestra perspectiva de la realidad.

      Aceptaremos que algunas cosas no las hemos hecho muy bien y hasta que otras las hemos hecho peor. Aplicaremos nuestra extraordinaria capacidad para enmendar. Volveremos a apreciarnos como seres humanos, nosotros mismos y a las personas que amamos, en el largo pero interesante camino de la vida que aún nos queda por recorrer.

      Lucharemos contra esos anti valores que como bacterias han inundado nuestros espacios, para robarnos buena parte de nuestra propia individualidad. Nos ayudaremos recordando que tenemos un pequeño mundo que es nuestro, conformado por esas personas de nuestro entorno íntimo que tanto amamos, que con nosotros hacen causa común, luchando por sobrevivir dentro de un gran mundo que es ajeno y algunas veces adverso.

      Defenderemos con gallardía la necesidad de satisfacer ese pequeño mundo nuestro, para luego atender los requerimientos del otro gran mundo del cual también formamos parte, pero… que es ajeno. De forma definitiva nos sinceraremos con nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, defendiendo lo que queremos ser, que concreta nuestra identidad personal conformada en ese pequeño gran mundo propio e íntimo, sin importar que choque con los convencionalismos sociales que rigen ese otro gran mundo… que no es nuestro.

      Tenemos que ser y actuar como somos, con nuestros propios valores, sentimientos e identidad, pero no como lo deseen o nos quieran ver los demás. Seremos consecuentes con nuestro propio pensamiento, tomando consciencia de que tenemos una sola vida, que es muy corta y que debemos vivir  intensamente, porque no volveremos a repetirla.

      Recordaremos que somos nosotros y nadie más quienes podemos hacernos felices… o infelices. Liberaremos aunque sea por poco tiempo al niño que tenemos retenido adentro hace tantos años, y él, que nunca llegó a contaminarse nos señalará el camino. Aunque sea por un momento debemos olvidar, y si se quiere rechazar los mecanismos de defensa que nos hemos creado para evitar que alguien pueda herirnos, que se reflejan en nuestra diaria forma de actuar.

      Como los niños ignoraremos el riesgo. Aprenderemos otra vez a llorar y… lloraremos. Nuestras lágrimas después de tanto tiempo mostrarán un pedacito de un alma sensible y buena que no hemos perdido. Porque si queremos recuperar nuestra felicidad tenemos que hacer un stop en el camino, un espacio en la jornada. Regalarnos la posibilidad de intentar volver a comportarnos aunque sea por poco tiempo, otra vez como… niños.

      Dibujar el mundo a nuestra conveniencia y colorearlo con sueños multicolores, aunque tengamos que pedir prestado… el arcoíris.

      Como niños saldremos corriendo de nuestra habitación y nos colgaremos del cuello de la persona que más amamos… sin cuidar que piensa de nosotros, ni interesarnos en lo que sienta. Mancharemos su vestido o su camisa. Meteremos el dedo en su postre y lo comeremos sin pensar en nada… sólo en comerlo y disfrutarlo. Sorberemos su leche, o su café, o su sopa, fría o caliente… no importa.

      Diremos te amo, aunque no nos oigan o entiendan que lo decimos, eso… no importa. Gritaremos si algo no nos gusta y brincaremos de alegría sobre el colchón de la cama, si nos dan lo que deseamos. Sacaremos la lengua al vecino y sonreiremos al hombre que corta el pasto. Vestiremos de colores, aunque no combine nuestro atuendo.

      Usaremos esas pijamas que hace tiempo que no usamos, porque sabemos que sólo a nosotros nos gustan. Fingiremos que estamos dormidos o…enfermos, para dejar un día de trabajar o ir a la escuela. Caminaremos descalzos por la casa y a ser posible por el patio, y salpicaremos todo con el agua de la lluvia.

      En verdad, escaparemos por veinticuatro horas de esa realidad impuesta, que pretende ignorar que antes de todo somos… seres humanos y no máquinas o fríos e inmutables guarismos. Gritaremos que somos imperfectos, pero perfectibles; que necesitamos amar y ser amados, aunque a veces no lo hagamos muy bien; que no queremos ser tenidos como objetos, sino como sujetos, dignos de amor, de aceptación, de comprensión y decuidado.

      Nos regalaremos este espacio de tiempo en el anchuroso mundo de nuestra corta, pero interesante vida; en un paréntesis sobre el lomo del tiempo, detrás de la sombra del pasado y tomados de las manos del hoy, para regodearnos en lo inmenso de nuestra capacidad de disfrutar, de olvidar, de ser mejores, de amar y ser amados como lo que somos, como lo que nunca dejaremos de ser… niños

      Próxima Entrega: UN STOP EN EL CAMINO -Parte III

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