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Archive for the ‘LAGRIMAS DE MADRE’ Category

A TODAS LAS MADRES DEL MUNDO

DIA DE LAS MADRES IIEn esta conmemoración del Día  de Las Madres, desde el fondo de mi alma y  cada célula de mi cuerpo, siento que revive en mi ese niño que  Dios me regaló y que nunca morirá. Excepcionalmente tengo dos madres: mi madre natural, ya muerta,  y mi siempre tierna esposa, que la ha sustituido en los momentos más difíciles de mi vida. Por eso mi celebración es colectiva,  porque tengo tres hijas que también son amorosas madres, a quienes también celebro. Siempre he sentido un profundo respeto por todas las madres; especialmente por las   venezolanas, independiente de su cultura, conocimiento, posición social o económica, porque como escribiera Andrés Eloy Blanco: “…son iguales la madre de Cristo y la de Judas, porque ambas están hechas de pulpa milagrosa…”. Especialmente esas madres venezolanas solteras, que cargan valientemente con sus hijos, sin más ayuda que la bendición de Dios y el duro trabajo en las calles, fábricas o tiendas; labor por cierto menos dura que la de cuidar la educación familiar y formal de esos hijos –continuamente en estado de peligro-  que en muchos casos no alcanzan a conocer ni recibir ayuda de sus padres.

 Esas son mis preferidas: mis honrosas, sacrificadas y valientes madres; venezolanas; las  guerreras de siempre, que amaron a  un hombre con la misma intensidad que aman a sus  hijos, quien no entendió su rol de padre sino de macho, lo cual me hace remembrar las palabras del poeta venezolano Héctor Guillermo Villalobos, cuando en sus  versos, describió descarnadamente su dolor: “…Eduvigis, Gumersinda, Críspula o como te llame, mujer del nombre infeliz que te puso el almanaque; india color de la tierra que se ha chupado tu sangre, siempre callada y humilde, concubina, bestia, madre, tres veces te nombro santa y al comenzar a cantarte barro el polvo que tú pisas con la pluma del romance…”  Creo que como que yo, en mi Venezuela, en este mes de Mayo, Dios que como nosotros las ama especialmente, les obsequió por siempre las flores más bellas, nacidas en esta tierra nuestra: Los Araguaneyes, Apamates, Trinitarias, Cayenas y Paraísos de diferentes colores; es el cuadro de arte multicolor que el Gran Hacedor del Universo, en reconocimiento a su valentía, resignación, amor y  sacrificio, aun a costa de su propio dolor para la continuación de la especie,  sin ninguna duda, así como hoy les otorgará todas las primaveras y… por siempre.

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HABLANDO DEL PASADO

                        NIÑO COMIENDO

 Hablar del pasado no siempre es afortunado, pero oteando hacia atrás en el tiempo, siento que se nos fue quedando una forma de vida especialmente de los niños, que cambió bastante nuestro mundo, pero no nuestra vocación para ser felices. Criar los hijos no era tan difícil, porque se alimentaban sencilla pero sanamente y visitaban el médico una vez al año; jugaban descalzos en el patio o la calle y podían comer dulces o helados sin restricciones; no conocían antialérgicos ni pastillas tranquilizantes pero actuaban normalmente; no viajaban a Disneyworld, pero disfrutaban entusiasmados viajes de playa, retreta, películas vespertinas o paseos campestres; para dormir no requerían más de una limonada caliente o té de hoja de lechuga, antes de pedir la bendición. No conocían juguetes eléctricos, robots o nintendo; ellos confeccionaban sus propios juguetes con carretes de hilo y latas de sardina; eran creativos, sencillos, respetuosos y… amorosos. Disfrutaban su niñez pues no asistían a la escuela sino hasta los siete años; esto les daba espacio para descansar, jugar y colaborar con las tareas domésticas, creciendo en el amor y solidaridad familiar. Tampoco se usaban filtros para el agua y el mentol era el remedio para los golpes, pero generalmente eran bien sanos. Aunque generalmente pedían permiso, si no estaban en casa, suponíamos que compartían con los vecinos, los amigos o en la escuela, pero no en nada peligroso. No los amarraban a los asientos del auto, ni se temía por depredadores sexuales, ya que no recuerdo ningún caso o deceso infantil por esos males o descuidos. No necesitaban psicólogo, porque no conocían  “traumas” ni necesitaban “espacio propio” o “especial intimidad”: vivían la familia integralmente. Para su disciplina bastaba la nalgadita a tiempo, tan eficiente para evitar malos hijos y… delincuentes. ¿Qué sucedió y porqué cambiamos? No lo sé con exactitud, quizás de todo un poco; se trata de un nuevo tiempo preñado de cambios, que nos reta y debemos enfrentarlo serenamente. Seguimos siendo los mismos hombres sobre la misma tierra, donde todo tiempo puede ser riesgoso, pero apto para la vida buena. ¿Cuál es la enseñanza? Que sin lamentaciones inútiles, evocaciones tristes o detenernos para que el desarrollo nos atropelle, conviene de vez en cuando mirar atrás, para sinceramente, evaluar el pasado, apreciar el presente y por esas experiencias, planificar el futuro, en función del logro de una felicidad que tanto antes como ahora, siempre es posible lograr.

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pareja...pareja de ancianos

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Una Vida Feliz

Como en una oportunidad comentara Lin Yutang, admiramos y amamos los monumentos viejos; mientras más antiguos, más admiración y amor. ¿Pero sucede lo mismo con  los seres humanos? Pareciera que no.

De hecho, en estos tiempos, nuestros ancianos no son considerados con el respeto debido a su edad, experiencia y sabiduría, que les dejaron los años. No soy Matusalén ni me considero un anciano porque sólo tengo 71 años, pero cuando era niño y aún joven, se respetaba y veneraba a las personas de  larga edad; se les oía con atención y respeto, se les cedía el paso y se les ayudaba de toda forma posible.

Hoy, es terrible observar la poca atención y casi desprecio que personas, especialmente las muy jóvenes, sienten hacia los ancianos. Como ejemplo, he visto una pobre anciana tratar de cruzar la calle en medio de varios jóvenes y ninguno se preocupó de ayudarla, no obstante que el semáforo estaba en amarillo.

Pareciera que las personas jóvenes olvidaran que la juventud como la belleza son pasajeras, pero que indefectiblemente, si tienen la suerte de sobrevivir, acumularán años que podrán hacerles sentirse “viejos”; ya que, como es cierto, sólo  es “viejo” no quien acumula años sino quien así se siente.

Cuando observo a mis colegas de edad avanzada, la mayoría con esa mirada reposada, actitud tranquila y amable, que da el haber experimentado los muchos eventos y altibajos que se producen cuando se han superado varias décadas, pienso que los jóvenes desperdician el conocer por boca de ellos esas experiencias, que, quizás, en el futuro pudieran evitarles graves inconvenientes.

El  colmo de esta paradoja horrible lo observamos en los pensionados del Seguro Social. Estos ancianos trabajaron durante muchos años y ayudaron a construir este País que las nuevas generaciones casi han destruido. Los he visto con muletas, con andaderas y con sillitas portátiles, haciendo largas colas bajo el sol a las puertas de los bancos, para cobrar lo que no es una dádiva ni un regalo, sino  el retorno de lo que ellos aportaron de sus sueldos durante muchos años.

Soy feliz, aún sufriendo de un cáncer que me tuvo cinco meses entre la vida y la muerte, porque sé que haber alcanzado mi edad, creado una bella familia, sido de utilidad para los demás  y haber logrado muchos amigos,  ha sido una hermosa aventura que ojalá quienes desprecien a los “viejos” pudieran  alcanzar.

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Una Vida Feliz

No se trata de un mal sueño o pesadilla, una novela de terror o algo que suceda a miles de kilómetros de distancia; es una realidad horrible aquí, en nuestra propia ciudad… todos los días.  Son  niños y jóvenes  que vemos en nuestras calles; o aquellos que nunca miramos porque viven en ese mundo cercano, pero invisible para nosotros, que subyace oculto en los cordones de miseria que circundan nuestra ciudad.

Cuando leo que más del 70% de los asesinados, homicidas o sicarios, indistintamente, en su mayoría se ubican entre 14 y 18 años, siento que un frío recorre mi espina dorsal y no sé si es angustia, dolor, tristeza, frustración, terror, desolación o… impotencia.

Los padres sabemos, porque lo vivimos, que amamos los hijos “con el corazón dentro y las tripas afuera” como predicara Andrés Eloy Blanco; y de alguna manera, todos los hijos son… nuestros hijos.

Frente a este dantesco panorama corresponde preguntarnos:

¿Qué sucedió con ellos?

 ¿Cuál es el nivel de culpa de los padres en su comportamiento?

Creo que los padres, conforme actuemos frente a nuestros hijos, podremos hacer de ellos hombres de bien, exitosos o… perdedores.

En mucho, el destino de los hijos lo marca la formación hogareña. Sin que fuere la única causa, algunos padres, para evitarles sinsabores y tropiezos, no les dejan conocer la realidad de la vida diaria del hogar y los hacen desentendidos, insensibles, desconsiderados, ingratos, irrespetuosos,  dependientes e… inútiles.

Aprender el valor de las cosas; que todo lo recibido amerita esfuerzo; que los recursos no caen del cielo sino del duro trabajo de los padres; que deben priorizarse las necesidades porque no alcanza para todo, son enseñanzas que evitan la conducta  displicente y desentendida con los padres, evitando que se acostumbren a una vida fácil, cual cuando dejen el hogar no podrán satisfacerse por sí mismos con los medios normales y caerán en el facilismo, y quizás en la delincuencia.

El mejor blindaje que podemos dar a nuestros  hijos para enfrentar un futuro desconocido e imprevisible -donde ya no podrán contar con nuestra ayuda- lo constituye los principios y valores familiares de rectitud, mesura, trabajo, estudio, esfuerzo, ahorro, consideración y respeto por la persona humana, siempre y cuando sean reforzados por nuestro ejemplo.

Seguramente, si esos niños y jóvenes perdidos, hubiesen tenido en su hogar la enseñanza y el ejemplo de esos principios y valores, su destino hubiese sido…  diferente.

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Un abrazo se parece a una lágrima, puede ser de dolor o de amor, comprensión, alegría y solidaridad. Hoy, con los mineros de Atacama en Chile, nuevamente humedecieron mi espíritu las lágrimas de alegría, de madres confundidas con el abrazo de hijos, madres, padres, esposas, hermanos, amigos y… un Presidente realmente humano.

Millones de personas en toda América, Europa, Africa, Asia y Oceanía, fuimos profundamente conmovidos y, de alguna manera, nos sentimos uno con los mineros rescatados del fondo de la tierra. El mundo retomó la sensibilidad humana universal perdida, desterrando fronteras y barreras ideológicas, para dar paso al amor, la solidaridad y la ayuda efectiva; de tal forma presenciamos una historia sorprendente, donde se impuso la vida sobre la muerte, la felicidad y la alegría sobre el dolor y la tristeza.

La sociedad organizada demostró su poder cuando actúa sin temor; con fe, unión, decisión y contundencia frente a sus Gobernantes, independiente de cual fuere el sistema que los rige.

En el campamento La Esperanza las mujeres dieron el ejemplo: permanecieron veinticuatro horas diarias, en las peores condiciones de salubridad, alimentación y climáticas para gritar: aquí nos quedamos hasta que se rescate a nuestros familiares, y el Gobierno se vio impelido a actuar y… lo hizo eficientemente.

El Presidente Piñera, dejando de lado la parte ideológica, unió al País y al mundo para pedir ayuda –que recibió sobradamente. Con su Ministro de Minas  estuvo allí permanentemente con su esposa. De él escuché el saludo y consejo apropiado para  un hombre que resucita: “…bienvenido a la vida, a disfrutarla intensamente.” Este ejemplo  debería ser seguido por otros mandatarios.

Esa admonición presidencial ha sido mi norte y lo he escrito cientos de veces: Disfrutar la vida intensamente, como única posibilidad para ser y hacer felices a los demás.

Demos gracias a Dios por el resultado, pero aprendamos de ello el aprovechar cada instante para amar intensamente, manifestarlo y probarlo con hechos; porque además de ser maravilloso dar amor y ternura, no sabemos hasta cuándo podremos hacerlo, y si lo desperdiciamos, no hay segunda oortunidad.

Así como acariciamos una flor, disfrutamos un perfume u oímos una bella música, tenemos que sentirnos y vivirnos con deleite; no importa si el sentimiento es familiar, amistoso o pasional, lo importante es sentirlo, manifestarlo y actuar en consecuencia; con la seguridad de que los milagros existen y este rescate es la mejor prueba de ello.

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A LAS PUERTAS DE LA MUERTE

Hoy fue una jornada dura para quien, como yo, vive por días y por tanto no puede permitirse ni unsegundo de tristeza, porque en mi corta vida de veinticuatro horas, no podría recuperarlo nunca.

En la TV, mostraron imágenes captadas por una cámara de amplio espectro, de los mineros chilenos que quedaron enterrados, en una mina de explotación de oro, bajo millones de toneladas de tierra, a setecientos metros de profundidad. Estaban barbudos, semidesnudos, con hambre, sed y… lágrimas en sus ojos.

Afuera madres, esposas, hijas y hermanos, cambiaban su amargo llanto hasta de hacía pocas horas, por dulces lágrimas de bendición y agradecimiento a Dios por el milagro de mantenerlos vivos.

Había seguido el proceso anterior con extraordinario dolor, compasión e impotencia, al verlos tan desvalidos, tan vulnerables, tan impotentes, tan… solos, que al conocer la noticia de su hallazgo, sentí tanta alegría como cualquiera de sus familiares.

Me sentí especialmente reconfortado cuando observé, que aún en las peores condiciones y gravemente afectados física y psicológicamente, mantenían su unidad, coraje, esperanza, y esa especial hermandad que genera el peligro común; siendo que, desde los resquicios de la muerte, tenían ánimo para gritar aquí estamos y a sus seres queridos: los amamos.

Quienes tenemos hijos o hermanos que amamos, vimos en el rostro en cada uno de estos desventurados, uno de los nuestros; de alguna manera, nos sentimos parte de ellos y si perecieran, moriría un poco de … nosotros mismos.

Esa tristeza y dolor experimentados como todo en la vida tiene una parte positiva, porque el dolor es un buen maestro al recordarnos la maravilla de no sentirlo. Quienes tenemos avanzadas edad, una labor cómoda y honesta que realizar en equipo con esa bella compañera de viaje largo; que tenemos toda mi familia viva y con riesgos infinitamente más pequeños que ellos; sentimos que todos nuestros supuestos problemas, no son más que nimiedades, comparados con esa gran tragedia de la cual algunos, pudiera ser que nunca lleguen a recuperarse totalmente.

Por eso, pido misericordia a Dios por ellos y por nosotros; para que los rescaten salvos, sanos y así todos mantengamos nuestra fe inquebrantable en su poder universal, cual es lo único capaz de darnos fortaleza espiritual frente a nuestra inmensa vulnerabilidad, en un mundo dinámico, imprevisible y donde los hombres por adquirir bienes materiales valiosos, sin considerar los riesgos, todos los días exponen la vida de sus hermanos.

www.mattwilliamsart.com

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Un grupo de policías inválidos por las explosiones de las minas personales y otras armas de guerra, casi exhaustos, luego de varios días sobre sus sillas de ruedas, empujándose con sus brazos, remontan la cuesta de una empinada autopista colombiana mientras recorren cientos de kilómetros, llamando la atención de las FARC para  que liberen a sus compañeros cautivos.

En un bello y amplio país convertido en polvorín, ver lo que queda de unos hombres físicamente, luchando para evitar esa misma tragedia a otros hermanos, debe llamarnos a profunda reflexión.

Ese acto de solidaridad humana, que tiene un efecto multiplicador y ejemplarizante, debe ser una llamada de reflexión para quienes habitamos países donde todavía podemos vivir en paz, como un día no muy lejano vivieron los colombianos.

Ese mismo hombre solidario, sensible y bondadoso que ellos encarnan, es el mismo que arma e instala bombas que mutilaron esos cuerpos cansados, pero llenos de vitalidad, espiritualidad,desprendimiento, amor y… bondad.

¿En qué recodo del camino de la vida se produce el cambio entre el amor y el odio? ¿Qué transforma el ángel en demonio? ¿Qué lleva a dar el paso  para convertirse de salvador en depredador?

Nos corresponde observar esos acontecimientos; aprender de ellos  para no repetir los errores. Es el país,  es la vida de nuestras familias, nuestros hijos y nuestros ancianos lo que está en juego.

Aun estamos a tiempo de evitar una tragedia similar, aquí en Venezuela. Nos corresponde analizar, meditar y decidir sobre esas interrogantes, porque  todavía tenemos un bello país y debemos mantenerlo en paz.

¿No sería acaso en la indiferencia afectiva colectiva, el descuido por los más necesitados de recursos, amor y cuidado en su más temprana edad, donde se produjo ese horrible cambio en esos seres  que nacieron como ángeles y se convirtieron en máquinas de odio, terror y muerte?

¿No estará la semilla de su conducta en la desigualdad de oportunidades e injusta redistribución de la riqueza?

¿No contribuiría a envenenar su alma la falta de amor, sensibilidad, compasión y caridad de que fueron objeto en el proceso de su desarrollo?

¿No será que nos hemos estado alejando de nuestra espiritualidad y de Dios, dando paso  a antivalores como el consumismo, la vanidad, la futilidad, la riqueza fácil, la inmediatez y la violencia?

¿Cuántas lágrimas más debemos ver correr por los ojos de las madres angustiadas,  y  en esa careta indefinible de esos niños y niñas guerrilleras, pintada de odio y terror que esconde sus verdaderos sentimientos y… su renuncia?

¿Qué más necesitamos ver para entender el peligro que se nos viene encima?

Volvamos los ojos al cielo, besemos esta tierra bendita que Dios nos dio por heredad, abracémonos como hermanos sin importar cual sea la ideología política de cada cual, oremos y actuemos como venezolanos, porque luego, cuando ese mal avance será muy difícil detenerlo y entonces veremos el dolor en silla de ruedas, remontando la cuesta de nuestra negligencia.

Por favor, hagamos algo… no lo permitamos.

Próxima Entrega:  APRENDER A TIEMPO

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