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Archive for the ‘PREVENCION’ Category

POR QUE NO DEBEMOS TEMER

La sensación de TEMOR,  al cual todos los seres humanos estamos expuestos, deriva del latín timortimōris, que significa miedo o espanto; .pero en nuestro idioma, el español, dentro de otras definiciones se le asigna la de “… el sentimiento de inquietud o angustia que impulsa a huir o evitar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso…”, por lo cual es absolutamente indeseable, porque además de esa angustia que nos produce, pudiera llevarnos a cometer los más grandes errores. En principio, pienso que tal indeseable sentimiento puede afectar a cualquier ser pensante, sin discriminación alguna; pero que en el caso de las personas que creemos en Dios y que hacemos nuestra vida sobre la base de los valores y principios que siguen las enseñanzas de Jesús de Nazaret, especialmente el “Amar a nuestro prójimo como a  nosotros mismos”, lo cual involucra el no hacer daño conscientemente a nadie, tenemos un escudo protector para vencerlo, que es precisamente esa creencia de que, si Dios está con nosotros y es el más poderoso, omnipresente y omnipotente, pues…  ¿Quién o qué podría afectarnos?.

En ese mismo sentido, como quiera que nuestro principal y original sentimiento de defensa es el proteger nuestra vida, y nosotros estamos conscientes que ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios, cualquier acontecimiento, bueno o malo que nos afecte, simplemente nuestro Padre Celestial lo conoce,  y como quiera que El nos ama, de ninguna manera permitirá en nuestra contra algo que fuere inconveniente para nuestra vida física, intelectual o espiritual. Por cierto, lo cual es bien diferente a pensar que todo lo que nos suceda tiene que ser, de acuerdo a nuestros parámetros, absolutamente positivo. Esto, porque en nuestra vida existen elementos y eventos totalmente aleatorios, cuales pudieren parecernos temporal o permanentemente negativos, pero que, con el tiempo y las consecuencias de dichas circunstancias,  pudieran resultar positivas en sí mismas, o por lo menos evitarnos males mayores. Como consecuencia de estas apreciaciones, al menos yo, me acostumbré, en tales casos, a no preguntarme… ¿Por qué? Ya que a mi manera de ver la vida y las cosas, la respuesta a esa pregunta que pareciera elemental, en la mayoría de los casos trascendentes para nuestra existencia o las de nuestro entorno más íntimo,  correspondería a Dios, quien todo lo conoce,  sabe por qué, cómo y cuando sucede o sucederá.

Es por lo cual, cuando personalmente o a alguien de mis seres queridos les ha acontecido algo que,  a simple vista pareciera negativo, tengo mucho cuidado de preguntarme ¿Por qué?, ya que, como antes lo anoto, siento que esa es una pregunta que solo puede responderla Dios; a  quien por cierto no tengo medios para preguntarle y esperar una respuesta, al menos con mi raciocinio humano. Como consecuencia de esta aseveración, en tales casos, me he acostumbrado a preguntarme para qué, porque esta pregunta tiene una respuesta que yo mismo me puedo regalar, y como la hago por mi propia voluntad dentro de mi libre albedrío heredado de Dios, simplemente preparo mi respuesta conforme a mi mejor conveniencia lógica, o simplemente, con base a mi concepción del amor y la voluntad de Dios para sus hijos; esto es, como me fuere más aplicable al caso en concreto. No obstante, existen situaciones en las cuales se hace conveniente la pregunta ¿Por qué?, ya que al compararla con hechos similares a los que nos acontezcan, no requerimos que Dios nos responda, porque se evidencia la respuesta en nuestro beneficio.

En una oportunidad hace bastantes años, una vecina amiga muy querida por mí, lloraba amargamente por la muerte accidental de su hijo de 19 años, a quien por cierto yo conocía desde que era un bebé, y ella me preguntó:  ¿Por qué Dios me quitó mi  hijo tan joven? Yo le dije,  absolutamente consciente de que era muy real lo que le decía, que esa pregunta no podía hacerla de esa manera, porque la respuesta sólo correspondía a Dios. Le sugerí que utilizara una pregunta que le ayudara a sentirse privilegiada en vez de infeliz, porque cualquier respuesta que ella diera, le resultaría positiva y consoladora, en vez de dolorosa.  La pregunta que le sugerí fue: ¿Por qué Dios me dio 19 largos años para que disfrutara a mi hijo fallecido, cuando conozco tantas madres cuyos hijos murieron antes de nacer, bebés, de dos o menos años de edad y sus madres no pudieron disfrutarlo tantos años como el mío?… ¿Qué hice yo de especial para ser una madre tan afortunada? Creo que ella me entendió muy bien y meditó sobre mi comentario, porque la noté más calmada y antes de irme le  sugerí lo que siempre hago en estos casos:  Ahora que usted está consciente que fue una madre privilegiada dentro de millones de madres sobre esta tierra de Dios, compleméntese preguntando: ¿Para qué Dios permitiría esta situación? Y no tengo duda que El la iluminará para que sea usted  misma y no El, quien se  regale una respuesta que convenga a su delicada y dolorosa situación que le ayude a traer alivio y paz a su corazón.

Todo lo que aquí escribo no corresponde a ninguna teoría o plática positiva, sino que ha sido fundamental en mis más de casi ocho décadas de vida, felizmente casado por casi cincuenta años, con hijos, nietos y bisnietos;  e independiente de que vi morir mis padres, mi única hermanita y tres de mis hermanos menores y dos mayores que yo, así como muchos y muy queridos amigos de diferentes edades y género, de mi entorno más cercano. Derivado de todas estas experiencias vividas en mi larga vida, estoy convencido de que, si creemos y tenemos fe en Dios, si seguimos sus mandamientos y amamos a nuestros congéneres y hacemos todo lo que podemos por serles útiles, no tenemos por qué temer, porque Dios está aquí, no en ningún otro sitio, sino a nuestro lado, a toda hora,  siempre pendiente de protegernos,  por lo cual jamás ni de ninguna manera podemos tener temor, ya que, cualquier evento que nos acontezca –independiente de su naturaleza-  está en la esfera de lo que nuestro Padre Celestial considera positivo para nuestra vida física, intelectual y espiritual.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO

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Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así  como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos.

Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos  tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos.

En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente,  cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente.

Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la  fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor,  la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros.

Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza.

Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

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MES UNIVERSAL DE CANCER DE MAMAS

 

CANCER DE MAMAS

Aunque el mes de Octubre se ha denominado el Mes Internacional de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, dada la alta incidencia de este tipo de enfermedad, todos los meses del año debemos dedicarlos a sensibilizar a mujeres y hombres, sobre la conveniencia de prever el nacimiento y desarrollo de esta grave dolencia. Las estadísticas no son totalmente coincidentes, pero respecto de las mujeres, nos indican que anualmente, por esta enfermedad, se producen aproximadamente más de 400 mil muertes y 1,4 millones de nuevos casos, convirtiéndolo en el 16% de todos los cánceres femeninos, siendo que según datos de la OMS, más del 60% de estos se producen en los países en desarrollo.

Ahora bien, como superviviente de un cáncer muy agresivo el año 2011, siento que tanto el origen de esta patología como su curación, como la mayoría de las enfermedades, tienen un alto contenido emocional. Leyendo los estudios sobre Medicina Germánica y las reflexiones del Dr. Hammer (https://www.newmedicine.ca/spanish_intro.php), quien perdió a su hijo y esposa por causa del cáncer, éste asevera que especialmente el de mama, en casi todos los casos responde a situaciones y conflictos, en relaciones gravemente deterioradas de carácter familiar y/o sentimental. Yo no tengo la calificación médica para apoyar o desestimar tales dichos, pero de lo que sí no tengo duda es que, desde el reciente descubrimiento de la Sicología Positiva, ya no es un secreto la importancia para el surgimiento, desarrollo, recuperación y sanación de cualquier tipo de enfermedad, el estado de ánimo y emocional de la persona.

Personalmente, tengo un profundo amor y respeto por todas las mujeres; tanto mi madre, mi esposa, mis hijas y todas las demás damas, representan la belleza, dulzura y nobleza de Dios sobre esta tierra. Por tanto, su dolor es mi dolor y por eso, en este mes de Octubre y en todos los meses del año oro, hago y haré todo lo posible para hacerles llegar el mensaje de que, independiente de las técnicas de observación y tocamiento sugeridas por la medicina para detectar protuberancias, nódulos o cualquier crecimiento anormal, el amor, la bondad, la cordialidad, la solidaridad humana, el disfrutar la belleza de la vida y la felicidad, son la mejor prevención contra el cáncer. Cientos de años antes de nacer Jesús de Nazareth un filósofo griego sentenció: “Primero se enferma el alma y luego el cuerpo”, y pudiera ser que no estuviese equivocado.

 

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Ayer, en un semáforo pidiendo limosna, observé dos mujeres muy jóvenes y mal vestidas, cada una con un niño desarrapado y mal tratado en sus brazos. Le comenté a mi acompañante que me llamaba la atención que los trataran tan mal, siendo prácticamente unos bebés. Mi interlocutor me respondió: “No son sus hijos, se los alquilan para pedir limosna.” Aquel espectáculo me llenó de rabia y tristeza al reflexionar sobre la importancia de ser un Padre; porque seguramente, esos niños que usaban como elemento para enternecer a los viandantes, carecían de padre.

La cualidad de padre no es como ser un padrote de un rebaño de ganado, cuya labor es preñar las vacas sin que esto acarree para el macho más que un placer pasajero y un beneficio para el dueño del hato.

Ser padre conlleva responsabilidad y el compromiso de responder ante sí mismo y ante la sociedad, por la vida grata y segura de los  hijos; conlleva el cuidado especial del bebé, conjuntamente con su madre,  dándole atención en todo su desarrollo, a su alimentación, salud física, sicológica y educacional hasta su mayoría de edad, o si fuere a la Universidad, hasta que termine su carrera. Adicionalmente, durante ese trayecto de vida, otra de sus obligaciones es infundirle los principios innegociables y rectos valores de la sociedad donde se desarrollen, sobre la base ejemplar de nuestras propias actitudes en la familia y con las demás personas. Es que cuando salen de nuestro hogar, el único equipaje seguro y efectivo que se llevarán los hijos, será aquel sembremos en su conciencia, en lo más profundo de su ser, donde nadie nunca  podrá arrebatárselos.

Los padres nunca dejamos de serlo. Ciertamente, lo somos durante toda nuestra vida; por tanto, cumplida que fuere esa primera etapa  formativa, continuamos ayudando de todas las formas posibles, a que nuestros hijos logren sus mejores metas para su felicidad y la de sus familias.

Creo que si todos los padres cumpliésemos con esa obligación sagrada de criar debidamente a nuestros hijos, no habría todas las semanas tanta delincuencia juvenil, ni tantos muertos regando el país, entre  dieciséis y veinticinco años, como lo reflejan permanentemente los medios de comunicación social masiva. De hecho, muchos de esos jóvenes que mueren por andar un camino equivocado, posiblemente fueron como esos dos niños que miré en el semáforo pidiendo limosna y que me produjeron estas dolorosas pero necesarias reflexiones.

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¿SI DIOS ESTÁ CONMIGO QUIEN PODRÁ ESTAR CONTRA MÍ?

Un estudiante de la Universidad de Carabobo convalece en una clínica, gravemente herido por delincuentes que se enfrentaban, cuando se encontraba al otro lado de la calle de su vivienda.

Se trata de un padre de familia trabajador, pero además estudiante nocturno de la Universidad, para superarse y dar una mejor forma de vida a su grupo familiar.

La situación fue tan escabrosa, que sus relacionados no se explican cómo entre las ráfagas de las ametralladoras, y el vehículo de uno de los contrincantes fallecido, que agonizando  le embistió, no perdió la vida; porque no solamente recibió impactos de bala sino que, además, el auto le pasó por encima.

Lo que hace más dramático el caso, es que no se encontraba en ningún sitio inapropiado o a deshoras, sino frente a su casa y en horas normales. Sin embargo, para él ni para nadie es posible prever el futuro, que está allí, a segundos de distancia, siempre para afectarnos en  positivo o en negativo.

Por otra parte, no podemos quedarnos en nuestras casas por temor a un futuro negativo e incierto, sino que,  estamos obligados a combatir ese pseudomasoquismo que pareciera invadir amplios ámbitos de nuestra sociedad, amenazando nuestra fe en Dios y en nuestra capacidad de supervivencia.

Ese amigo se recuperará, pero no por este desafortunado acontecimiento dejará de trabajar o estudiar. No, el seguirá adelante trabajando duramente para la subsistencia de su familia y estudiando en busca de un futuro mejor.

¿Cómo y por qué no murió, si todas las condiciones estuvieron en su contra? Es una pregunta que nadie puede responder y que, quizás, ni siquiera valdría la pena conocer.

Pero… ¿Podemos prever estas situaciones?  Y… ¿Cómo y quién nos cuida en estos casos?

Pienso que por no conocer el futuro, no es posible preverlo. En cuanto a quien nos cuida, luego de haber estado varias veces cercano a la muerte y haber sobrevivido en condiciones asombrosas, no tengo la más mínima duda de que es Dios; porque como en el caso en referencia,  por mis propios medios nunca lo hubiera logrado.

Por tanto, no debemos olvidar que si estamos en paz con nosotros mismos; si andamos en los caminos del bien, el amor, la generosidad y la verdad; alguien invisible pero muy efectivo, siempre cuidará nuestros pasos; y nadie, bajo ninguna circunstancia, podrá hacernos más daño que aquel que podamos resistir.

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