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Archive for the ‘PERIODISTA GUERRERO’ Category

Hoy, en el día de los padres, quiero recordar con reconocimiento, amor y honor a un padre: Tim Russert.  Con su muerte apenas a los cincuenta y ocho años de edad, no solamente nos dejó un periodista, abogado, escritor, presentador, animador y analista político, sino que  se fue un… papá, y eso para su familia, es irreparable. Que descanse en paz y… buen viaje.

 Venturosamente, para quienes estamos convencidos de que la muerte es el regreso al hogar originario, debemos celebrar que ese papá responsable, bonachón y amoroso se despidió de su paso por esta tierra, como había vivido: feliz, haciendo lo que le gustaba, de  regreso de sus merecidas vacaciones y habiendo cubierto otra importante etapa de su vida: graduar a su hijo.

 ¿Por qué murió tan joven? Nadie lo sabe, pero tampoco debe importarnos o  importunarnos.  No obstante que Dios nos trae a este mundo sin establecer condiciones ni señalarnos nuestra misión, al cumplirla simplemente nos vamos.

 También es cierto que, de alguna manera, nosotros le damos matices a la temporal existencia terrenal. Tim Russert, como todo ser humano racional, tuvo un abanico de opciones que, en su caso, por su genialidad e inteligencia, debió ser muy extenso.

 Ese chico de Buffalo,  NY, pudo dedicarse exclusivamente a ejercer el derecho, hacer política, el comercio, la industria,  engrosar la burocracia oficial o enseñar en una Universidad; pero escogió un camino duro, problemático, riesgoso y hasta… peligroso, como es el de decir siempre la verdad. En ese trabajo,  sólo la seguridad en sí mismo,  el valor, el dominio de la verdad y el conocimiento de las reacciones de los seres humanos, pueden permitir llegar incólume al puesto que, con toda justicia, tuvo hasta el último momento de su vida: una voz oída, respetada y querida universalmente, considerado una de las cien personas más influyentes del mundo. 

Tim Russert fue como un roble, siempre de pie. Era  un guerrero y así murió: con las botas puestas, haciendo lo que amaba, trabajando en lo que creía: informar y comentar sobre la verdad, sin temor a quien afectara o  las consecuencias, para fortalecer el mayor bien de la humanidad, y especialmente de los Estados Unidos de Norteamérica: la libertad y la democracia.

 Sin temor a equivocarme, puedo decir que murió un soldado de la verdad, del derecho a ser informados verazmente y a… disentir. Venturosamente, alguien recogerá ese estandarte, que son nuestras propias banderas. Siempre ha sido así. Es la historia del mundo que gira y gira sobre su propio eje y no se detiene… nunca.

 Desde aquí, desde mi humilde atalaya, como ciudadano del mundo, como abogado, escritor,  padre, y de alguna manera, también comunicador social, no quiero decir a Tim Russert adiós, porque se que el recuerdo de su bonomía, de su amor a la verdad, a su familia, a los Estados Unidos y al mundo, permanecerá en el recuerdo de millones de personas que creían en él, porque en su voz y análisis encontraban el grito callado de su propia insatisfacción.

 Paz a sus restos.

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