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Archive for the ‘divorcio’ Category

APORTE A LA PAREJA

PAREJA...Esto fue parte del texto de una consulta recibida de una dama quien es lectora de este Blog, solicitando asesoría de pareja:

“Me divorcié porque mi marido tenía muchos defectos y yo pensaba que no disponía de suficiente libertad, como cuando era soltera; sentía que mi vida era aburrida y llena de obligaciones. Creí que afuera me esperaba un mundo lleno de oportunidades, compañía y emociones; pero no fue así y un año después, ansío volver a compartir mi vida con alguien, aunque tenga defectos. Detesto esta libertad que sólo me sirve para sentirme sola y aburrida, entre tanta gente. Creo que esas obligaciones que tenía en mi relación perdida, me hacían sentir más útil y quizá… feliz.”

No me extrañó su confesión, ya que, algunas veces los integrantes de pareja magnifican sus dificultades, desestimando las muchas situaciones gratas que genera la relación. La libertad es un valor y como tal intangible, y de poco sirve si no se aprecia como importante aporte a la relación de pareja. La libertad para hacer cosas incorrectas, inapropiadas o inconvenientes, se convierte en una aberración: convertir un valor en antivalor. Por lo tanto, no es pérdida de libertad sentirse atado por amor a otra persona y cumplir nuestros deberes, cuando la otra parte acepta voluntaria y cariñosamente la misma situación y cumple con las suyas.

Materializar nuestro amor por esa persona que escogimos para hacer vida en común, suele ser encantador. El cumplimiento con entusiasmo de lo que nos corresponde, es lo que fortifica, hace plena, edificante y feliz la pareja. El mantenimiento del amor recíproco, la ternura y dedicación a quien se ama, no dan tiempo para el aburrimiento; escasamente se tiene tiempo para disfrutar de la variada gama de experiencias agradables que conlleva el amor conyugal. No hay mayor sentimiento de seguridad física y espiritual que la de sentir que se cuenta con alguien con quien enfrentar los momentos duros de la vida, compartir las alegrías y celebrar los éxitos mutuos; y eso se llama, amor de pareja.

El problema de mi consultante no radicaba en los defectos de su cónyuge, falta de libertad, variadas obligaciones o aburrimiento, porque esos elementos se presentan casi en toda relación humana; simplemente ella había perdido el amor por su pareja y al desaparecer el idilio, la ternura, la pasión, emigró la magia que se crea cuando la relación es edificante; entonces, la fantasía, la vanidad, el egoísmo toman su lugar y el amor… se va. Como lo escribiera el poeta colombiano Ismael Enrique Arciniegas: “Hace tiempo se fue la primavera… llegó el invierno fúnebre y sombrío. Ave fue nuestro amor… Ave viajera…¡Y las aves se van cuando hace frío!…”

Concluyendo, debemos considerar que, para ser feliz en pareja hay que amar a nuestro cónyuge de verdad, sin prejuicios, con dedicación, comprensión, solidaridad y lealtad plenas; porque para recibir, debemos dar y cuando ambos están conscientes de que la pareja no es asunto de uno sino de dos en todo y actúan en consecuencia, se refunden físico-espiritualmente, generando la permanencia necesaria para hacer y mantener una familia feliz, cual es el objetivo más elevado cuando hacemos pareja.

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“SI DEFENDEMOS LOS VALORES MORALES Y EL RESPETO POR LA PERONA HUMANA, DEJAREMOS UN MUNDO MEJOR A NUESTROS HIJOS.

¿Qué posibilitó la actuación de esos hombres y mujeres que en los últimos tres siglos cambiaron el mundo, construyendo sociedades organizadas y haciendo la vida del hombre buena, como la recibimos nosotros?

¿Sobre qué base ellos lograron en los últimos ciento cincuenta años transformarlo todo, avanzando más que en toda la historia?

¿Qué sucedió para que en los últimos cuarenta años pusiésemos el mundo de cabeza, al punto de que hoy el terrorismo, la corrupción, el consumo de drogas, el consumismo, la violencia, el sexo indiscriminado y la indiferencia afectiva dominen la escena mundial?

¿Cómo perdimos esa religiosidad y fe en Dios, que nos hacía mejores, más sensibles y solidarios?

Si dedicamos algún tiempo a la lectura y al recuerdo, deduciremos  sin mucho esfuerzo, el origen de esos males que acogotan nuestra contemporaneidad.

Yo, que tengo el privilegio especialísimo de haber  conocido dos siglos y dos milenios; observado profundos cambios de todo género en mi País y el mundo; presenciado la globalización; viajado por medio mundo observando otras culturas, puedo decir con acierto que la raíz de todo está en la violación a los principios fundamentales de vida y desmejoramiento de los valores humanos.

La sinergia de un desarrollo proyectado para la vida cómoda, sin importar como se logre, y no para la vida buena de los congéneres, pasó por encima de los principios y valores que lograron la sana convivencia, y que hacían más importante el ser humano que cualquier riqueza material.

Así, los valores trabajo, estudio, utilidad y sana distracción, huyeron frente a la viveza, oportunismo, ambición de fortuna rápida sin importar los medios; llenándonos de estudiantes ineptos, profesionales y trabajadores ineficientes, que realizan cirugías innecesarias, enseñan leyes derogadas y construyen puentes que se derrumban antes de tiempo.

La solidaridad y amor familiar, la satisfacción de ayudar al necesitado y el orgullo de ser útiles, fue suplantado por vanidad, consumismo y culto a una personalidad exitosamente superflua, creada y proyectada por la televisión, que produjo en  nuestros colegios, calles y barrios, jóvenes desorientados que terminan engrosando la delincuencia, cárceles, hospitales y… cementerios.

La religiosidad, fe  y confianza en Dios, flaqueó frente a un nuevo semi-Dios: el dinero, convirtiendo el mundo en una jungla y a los seres humanos, en una especie de depredadores compitiendo por la mejor parte de la presa, sus propios hermanos humanos.

El rol de amantes y consecuentes esposos para hacer una familia feliz,  fue reemplazado por la vanidad, fama y cargos con jugosos ingresos; dejando en segundo plano el amor verdadero y las obligaciones familiares; convirtiendo los matrimonios en viaje pasajero, de no más de cinco años.

En el ataque a esos valores fundamentales de convivencia pacífica, encontraremos la raíz de tales males.

Estamos obligados a revisarnos  y si es posible a reinventarnos, haciendo principio de los principios y  dando valor a los valores.

Todo no está perdido. Mientras tengamos niños sonriendo y esposos-padres amorosos que luchan por cumplir su rol, tenemos esperanza. Aun quedan unos cuantos. Aprovechèmoslos y tomemos ejemplo.

Próxima Entrega: ¿HACIA UNA SOCIEDAD SIN VALORES? (Resultados Perversos)

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