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Archive for the ‘PRESERVAR LA NATURALEZA’ Category

VENCIENDO LOS TEMORES

VENCIENDO LOS TEMORES

 

Algunas veces he escrito que “…los temores distorsionan la realidad…”,  y hoy más que nunca estoy absolutamente convencido de esa realidad, pero también que es posible combatirlos y derrotarlos. Cuando miro hacia atrás en  mi vida,  acepto que aquellos que alguna vez me afectaron, nunca llegaron a actualizarse o por lo menos en la entidad de gravedad o consecuencias negativas, como inicialmente los imaginé. Asimismo, por verdadero y didáctico, debo admitir y divulgar que cuando en alguna medida se materializaron, sus consecuencias no fueron tan negativas o graves para mi formación físico-espiritual; sino que  por el contrario, o representaron una enseñanza en pro de una mejor vida o agradecí a Dios porque hubiesen sucedido.

No pareciera discutible, que el temor -cuando fuere razonado y controlable- represente un mecanismo de defensa o de previsión natural; pero también estimo que en su más alto porcentaje, este indeseable sentimiento es sólo creación de nuestra mente que, sin que se haya actualizado porque se trate de presentimientos, nos afecta en el largo camino existencial, perturbando y disminuyendo nuestra capacidad de disfrutar de los sentimientos de seguridad y plenitud de vivir todas las hermosas y reconfortantes bendiciones que tenemos a nuestro alcance, producto de nuestra condición de seres inteligentes, dotados de raciocinio y sentidos que nos alertan frente a situaciones dañosas probables, actuales o futuras.

Si nos convencemos de nuestra capacidad para ser positivos, optimistas, proactivos,  valientes, luchadores, vencedores de obstáculos, generosos, útiles y diligentes; adicionadas estas cualidades a nuestra herencia divina, que nos da cualidad especial dentro de todos los seres vivientes, para reaccionar o aprovecharnos de cualquier situación o circunstancia desventajosa, podemos superar cualquier escenario atemorizante,  que sin ser una realidad -como son la mayoría de los temores- atente con robarnos o disminuir esa bendición especial de que disponemos de vivir una vida plena, disfrutando con fruición de tantas cosas buenas, hermosas y edificantes; situaciones, sentimientos y circunstancias reconfortantes que nos producen alegría, solaz, plenitud y consecuencialmente,  alegría y felicidad.

Nosotros mismos decidimos la manera en que queremos vivir. Si  lo queremos experimentar intensamente, de manera milagrosa y bella, estamos obligados a imbuirnos y practicar diariamente todas esas virtudes ya mencionadas, que son un escudo infranqueable frente a ese enemigo permanente que es EL TEMOR: que al final, como ya lo hemos comentado, resulta de pensamientos negativos de lo que “Podría suceder” o “No hubiese ocurrido a tiempo”, cuales son especulaciones  mentales que estamos en capacidad de controlar con la confianza en sí mismos, la fe y la esperanza, que sí son reales como parte activa de nuestra propio dinamismo físico e intelectual; o si por el contrario, permitimos que una ficción mental que nos atemoriza, pero seguramente nunca llegará o si llegare no será tan grave, entonces por nuestra propia ineficiencia y no la de ninguna otra circunstancia, arruinará nuestro más preciado legado: UNA VIDA FELIZ. 

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Una Vida Feliz

Sin intención de especulaciones conceptuales de alto vuelo filosófico sobre lo que representa la Etica, sí debo comentar que, esencialmente, involucra la responsabilidad de nuestras acciones en el comportamiento integral frente a los demás seres humanos y el medio ambiente, haciéndola extensiva a la previsión para una buena vida de las generaciones futuras.

Conforme a tal criterio, comenzaremos por nuestras actuaciones frente a nosotros mismos, las cuales debemos orientar hacia un comportamiento digno, que conlleva el cuidado de nuestra personalidad integral, con un cuerpo limpio y sano, física y espiritualmente.

La etica personal, frente a los demás seres humanos nos obliga a ser respetuosos, generosos, nobles, considerados y justos; independiente de la edad, raza, sexo o posición social de los demás individuos, conlleva el compromiso ineludible de prestar ayuda física o espiritual a quien lo necesite.

Es más difícil solicitar ayuda espiritual que física. Extrañamente, es más fácil pedir alimentos o medicinas, que ayuda espiritual cuando la frustración perturba nuestro espíritu y se requiere asesoramiento, consejo o siquiera una palabra de solidaridad, porque ello amerita mostrar intimidades y penas. Paradójicamente, y no obstante tenerla voluntad, no todos pueden producir buenos consejos o asesoramiento para tranquilizar o sanar el alma;  en cambio, no se requiere calidad o cualidad especiales para suministrar ayuda económica o física.

En virtud de la estructura económica que soporta todas las súper estructuras sociales, el individuo debe tener presente siempre el comportamiento ético, que es, esencialmente, natural y de especie.

Un miembro de pareja, hijo o padre, no debe olvidar que sus actos reflejarán en su entorno íntimo la misma medida de su comportamiento; si es positivo y beneficioso, esa será la reacción, pero si lo es negativo o perjudicial, lo mismo recibirá de  sus allegados.

Quienes cumplen labores en la sociedad, ya sean orientadores, ministros religiosos, funcionarios pùblicos,  profesionales, artesanos, empleados u obreros, requieren para el ejercicio  eficaz de sus actividades, un comportamiento ético. Si alguno de ellos desatiende esta necesidad, el aparato social se desequilibra.

En el caso de los abogados, por citar alguno, la ética es fundamental. En nuestras manos las personas ponen sus más preciados tesoros: su libertad y su patrimonio. Por nuestro conocimiento de los principios y normas jurídicas, siempre estamos en posibilidad de hacer mucho bien o igual mal. Es únicamente la ética profesional lo que nos limita a dar el paso para convertir un ministerio sagrado, en algo reprobable.

El maestro Ossorio escribió: “Los abogados son arquitectos del alma de la gente.” Sabias y acertadas palabras. Los abogados trabajamos sobre el “deber ser”, que es intangible; diferente a los médicos, ingenieros o arquitectos quienes trabajan sobre cosas físicas como los cuerpos, los materiales o los planos. Nosotros logramops con algo inmaterial como es una norma jurídica, general y abstracta, una sentencia favorable y justa que es particular y concreta, produciendo un resultado objetivo.

Si los profesionales, y en general quienes prestan sus servicios a la comunidad, entendieran la importancia del comportamiento ético, no tendríamos tantos rábulas, ni negligencia médica; no se caerían los puentes, hundirían carreteras o derrumbarían edificios a poco tiempo de su construcción. Tampoco leeríamos de policías, militares y servidores públicos involucrados en delitos, ni esposos-padres que abandonan sus hogares con hijos, olvidando su sagrado compromiso de solidaridad y lealtad, por efecto de las más bajas y ancestrales pasiones.

Cuando se descuida la ética, aparece la corrupción oficial que no es solamente un delito común: es un crimen colectivo, de lesa humanidad, porque atenta contra los recursos que la sociedad destina a los niños, viejos, enfermos y menesterosos, quienes en su mayoría, dependen de esos dineros para mantener una vida mejor o… continuar viviendo.

La ética no debemos verla sólo como una voluntad, como algo etéreo, sino como un compromiso de vida que se materializa en todos en los actos de nuestra vida diaria; aplicable a la familia, los vecinos, el Estado, la comunidad, los animales y los recursos como el agua, la agricultura y los demás elementos que conforman el medio amb iente natural  y paisaje geográfico-biológico.

Si mantenemos un comportamiento ético, haremos un mundo mejor para nosotros y para quienes nos seguirán. Actuar con ética es responder a nuestro origen divino. Esa debería ser la regla, no la excepciòn. De alguna manera, fue eso lo que quiso decir Jesús cuando nos impuso su mandamiento: “Ama a tu prójimo tomo a tI mismo.”

Próxima Entrega: EL POR QUÉ DEL PARA QUÉ.

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Compromiso es un vocablo que nos acompaña durante toda la vida y que, en nuestra relación con Dios y nuestros hermanos humanos, tiene un significado trascendente. Nacemos sobre la base de un  compromiso: Amar al prójimo como a sí mismo…”

Jesús, que fue esencialmente un reformador, nos ofreció la recompensa, complementando el compromiso: “Busca el reino de Dios y su justicia y todo lo demás te será dado por añadidura.” A través del tiempo, quienes interpretan la importancia de ese compromiso y lo cumplen,  logran la plenitud de su vida físico-espiritual: su felicidad.

Toda nuestra vida es un compromiso. El de amar, con el cual nacemos, nos obliga a amarnos  como hijos de Dios; amar a nuestros semejantes y no a una parte o categoría de ellos, porque Jesús no estableció jerarquías sino que  incluyó a todos en el compromiso de amar;  y para evitar cualquier disquisición, sentenció:“Ama a quienes os odian y os maldicen.”

Si cumplimos el compromiso de amar de la forma como Jesús lo enseñó, nos hacemos acreedores a la recompensa: “Todo lo demás nos será dado por añadidura.”

Mucho de la infelicidad humana se origina en la equivocada jerarquización de la materialización del compromiso de amar. Tal certeza me lleva a compartir las siguientes reflexiones:

¿No es normal que nos amen quienes nos trajeron al mundo  y nuestros hermanos consanguíneos, quienes nos vieron nacer, crecimos a su lado y compartimos todas sus vivencias?

Pero…¿No es acaso extraordinario que nos amen quienes sin mantener vínculos consanguíneos, comparten diariamente nuestra vida, como nuestra pareja  y/o algunos leales amigos?

Pienso que las personas del segundo grupo, por amarnos espontáneamente y sin ninguna  vinculación natural, si se pudiera categorizar el amor, serían los merecedores del de mayor entidad.

Si cumplimos el compromiso,  amamos a las personas y les procuramos felicidad. Pero como no todos están orientados a aceptarlo, parte del compromiso es ayudarles a encontrar el camino.

La forma más efectiva de orientar es mediante el amor. Si amas a tus hermanos en Dios y  no solamente a tu pareja, hijos y amigos, entonces estás dando cumplimiento al principio del compromiso.

El compromiso tiene una entidad muy amplia: amar conlleva lealtad, aceptación, reconocimiento, caridad y comprensión; sentimientos que van de la mano del respeto y el perdón  con  olvido. El canal por el cual se expresan estos elevados conceptos, lo es una buena comunicación, para lo cual es fundamental la humildad, la sencillez y la preocupación permanente por los asuntos de los demás.

Estamos comprometidos con quienes amamos, no sólo a darle amor físico sino a solidarizarnos integralmente su vida, sentimientos, preocupaciones, temores y momentos de bajo impacto emocional.

En mi caso, con mi esposa  mi compromiso no es sólamente recostarla contra mi pecho, sino fhacer parte del latido de su corazón; no es servirla, es servirnos mutuamente; no es apoyarla únicamente sino apoyarnos mutuamente; no es realizar el acto sexual, es hacer el amor fusionando cuerpo y espíritu; no es hablarle de fantasía y magia, es vivirlas con ella.

Para mí, que vivo pleno de felicidad, que bendigo todos los días el tesoro de mi vida y la extraordinaria experiencia de convivir con otros seres humanos, ese compromiso lo he extendido espontáneamente, a contarles lo importante de meditar sobre estos temas que, aunque parecieran obvios, no lo son tanto, por lo cual ameritan de reflexión y análisis, como este que aquí planteo para su sana discusión.

Si todos los seres humanos tuviésemos plena conciencia del compromiso de amor, vivirìamos como una sola comunidad, con el pensamiento unitario de que somos un todo con Dios.  Al desterrar algunos sentimientos como el odio, egoísmo, envidia, deslealtad, insensibilidad, individualidad e indiferencia afectiva, evitaríamos los conflictos que han convertido, unos seres que vinimos al mundo para amar y ser felices, en desventurados errabundos, hollando desesperadamente en busca de situaciones extraordinarias que nos produzcan, de lo que disponemos porque nació y convive con nosotros: la felicidad.

Próxima Entrega: LA DIETA IDEAL

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