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Archive for the ‘CONTANDO BENDICIONES’ Category

¿DONDE ESTA DIOS?

 

Pregunta innecesariamente repetida por muchas personas… muchas veces. En mi humilde concepto, luego de  haber vivido más de 76 años, en múltiples y diferentes situaciones de tiempo y espacio; con altibajos, pero siempre muy feliz, no me cabe ninguna duda que Dios está en todas partes, desde la tempestad más fuerte hasta en el vuelo de la mariposa o la gota de rocío sobre la rosa. En verdad, lo cierto es que Dios estará donde creas que esté. Es que todos nosotros somos una parte de esa maravillosa y universal energía que se llama Dios, Elí, Alá o como se te ocurra llamarle. Es esa energía especial y universal por la cual vinimos a este mundo y viviremos  hoy, mañana y…siempre por los Siglos de los Siglos; porque somos físico-espirituales, y como consecuencia, al mismo tiempo que existimos físicamente lo hacemos espiritualmente, y es esa característica de espiritualidad la que nos permitirá vivir, con nuestra alma, eternamente, en alguna de esas dimensiones que Jesús invocaba cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas  hay…”

He pasado por muchos peligros, unas cuantas enfermedades y accidentes, pero aquí sigo como un roble, porque nunca he dudado de que mi Papá Celestial me cuida; por eso,  cuando nadie daba medio por mi vida, yo no temía quedarme porque sentía que El estaba conmigo y, como era cierto, aquí estoy y seguiré hasta el día que, habiendo crecido espiritualmente cuanto requiero,  El quiera que regrese a su regazo o al destino temporal o definitivo que tenga para mí. En tal sentido y conforme a lo narrado…¿Cómo podría dudar de su existencia o su presencia si siempre lo he sentido conmigo?

Quiero sugerir a quienes tengan duda sobre donde está Dios, que se miren en el espejo, pronuncien o escuchen la palabra amor, observen un árbol, escuchen la sonrisa de un niño, la voz de Andrea Bocelli, caer la lluvia, correr los ríos y quebradas o el ruido de un trueno y no tendrán duda que en todos y cada uno de esos fenómenos está presente: Dios. Asimismo, cuando alguien te pida que le muestres donde le amas o te diga que  grafiques la verdad, adivines porqué surge una lágrima, sentirás que hay algo más de lo que puedes explicar con tus palabras, porque esa es la obra de Dios.

Ejemplarizando con la situación de nuestra amada Venezuela, donde de una u otra manera la situación actual es tan difícil, que se hace propicio sentir temor, sin embargo, independiente de comentarios negativos y asechanzas, quienes sabemos que somos un pedacito de Dios, NO TENEMOS TEMOR. El miedo, como alguien lo definiera alguna vez, es la sensación de no saber que puede suceder; pero quienes creemos en la bondad de Dios, porque  sabemos El representa el amor que nunca nos niega, estamos curados frente a ese gran mal.

Para quienes como yo hemos vivido más de la mitad de nuestra posible vida física en esta tierra bendita de Dios que es  nuestra  increíble Venezuela, sabemos que la patria no desaparecerá, que de una u otra manera, nosotros, todos los venezolanos, como lo que somos, como hermanos, nos repensaremos, reencontraremos y en conjunto arreglaremos los entuertos, en los que, en menor o mayor entidad hemos sido partícipes y que han traído como consecuencia los problemas que hoy nos aquejan. Los venezolanos preocupados por el país, que somos la mayoría, sabemos que nadie va a venir de afuera a arreglar nuestros problemas, sino que seremos nosotros mismos, ocupándonos más que preocupándonos de los mismos como encontraremos una solución que se acomode a esa cara ambición que tenemos de la paz, tranquilidad, progreso, justicia social y hermandad que merecemos vivir.

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NO AL MIEDO

 

 mujer asustada

No podemos permitir vivir en el mundo del miedo, porque si lo hacemos ya no viviremos, sino que sobreviviremos y no fue para eso que vinimos a este mundo. Miedo al desamor, miedo a las enfermedades, miedo a la inseguridad de todo género, miedo a los terroristas, miedo a una nueva guerra nuclear; todo lo cual nos imposibilita de salir a la calle, visitar los amigos, visitar la familia, acostarnos a la hora que nos plazca; temer cuando alguien estornuda, evitar que alguien nos bese, que nos abrace, que nos den la mano.

Tememos al taxista porque nos puede asaltar, a la señora embarazada que solicita ayuda porque creemos que es un señuelo, a un accidentado en la carretera por el mismo motivo; si en la noche vemos un auto que nos sigue aceleramos, doblamos la esquina  y desaparecemos; tememos a las motos que llevan un parrillero, sin considerar que  para ese fin, precisamente, fue que se  le adicionó la parrilla; tememos si en la noche vemos una patrulla, cuando por lo contrario nos corresponde sentirnos seguros, porque debemos suponer que su deber e intención es protegernos;   y… pare usted de contar.

Ahora bien… ¿Es posible que permitamos que la cuasi paranoia nos lleve a este nivel de vida tan precario?

¿Qué pasó con nuestra fe en Dios, nuestra confianza en sí mismos y nuestra autoestima?

¿Qué sucedió con nuestra seguridad en que hay más gente buena que mala en el mundo, por lo cual aun subsiste,  y que el venezolano es buena gente, solidario y generoso?

¿Se nos olvidó que nuestros mayores nos enseñaron que la policía, los bomberos, los socorristas son los principales amigos y que  el mejor hermano es el vecino más cercano?

Bedito sea Dios… ¿Cómo llegamos a esto teniendo el país más bello del mundo; con la mejor gente, con hermosos paisajes, los mejores climas,  hermosas llanuras, indescriptibles esteros, gigantescos mèdanos y espectaculares ríos; con la Flora más bella y la Fauna más variada del planeta?

Que existen problemas políticos, económicos, sociales y de inseguridad, pues ya lo creo; somos una nación de más de 30 millones de habitantes, con personas de diferente ideología, forma de pensar sobre la vida y las cosas, que dicen y actúan como lo sientenm porque somos esencialmente democráticos. Pero miremos hacia atrás, todo lo que hemos superado desde 1909. Hemos vivido dictaduras, democracias con muy buenas intenciones pero que no llenaron completamente las aspiraciones sociales; un experimento socialista que no termina de cuajar y todo lo hemos enfrentado con coraje, haciendo lo mejor que podemos nuestra actividad generadora de progreso, como ese aporte indispensable al desarrollo del país y… aquí estamos;  cada quien en lo suyo, con sus diferencias y desacuerdos, pero tratando de mantenernos en paz y armonía, y la realidad es que, quizás no de forma excelente, pero lo hemos logrado.

Entonces no hay razón para tener tanto miedo; simplemente, consideremos la situación actual problemática, que por cierto no es solo en Venezuela sino en el mundo; basta observar el Medio Oriente, Korea  y Europa, donde la situación sì que es muy grave y de muy difícil solución. Por lo tanto, tenemos que tranquilizarnos un poco, tomemos las previsiones necesarias y actuemos con cuidado, atención y respeto por los demás. Especialmente debemos ser sensibles y solidarios con nuestros semejantes, sin olvidar que seguimos teniendo familia, amigos, vecinos, servidores públicos honestos porque los corruptos no son el común; consideremos que seguimos siendo una comunidad, una sociedad pacífica, consciente de sus derechos y sus deberes… pero pacífica.

No debemos olvidar que continuamos siendo una gran familia: la familia venezolana, integrada por quienes aquí nacieron y quienes vinieron de otras tierras a incorporarse con nosotros a desarrollar este país. Y como quiera que tengo más de seis décadas viviendo aquí con pleno uso de razón política y económica, no puedo permitir que el miedo me dañe los años de vida que me quedan o me limite a seguir siendo útil, por los riesgos que pueda correr; por eso me siento obligado a gritar a los cuatro vientos a mis queridos hermanos venezolanos: el miedo es malo porque distorsiona la realidad, disminuye la fe, nos hace sentirnos indefensos, desmejorados, disminuidos. Y es por eso que debemos decirle al miedo, en cualquier situación o circunstancia:  NO, NO  y NO.

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DIAS DOLOROSOS

imagen-blog

Hoy no ha sido un buen día para mí. Al salir a la calle y ver personas rebuscando en las bolsas de basura algún residuo de comida para alimentarse; inclusive un señor como de 50 años que observé no era un pordiosero, al cual abordé y le pregunté  respetuosamente ¿Por qué hace esto? El hombre me respondió adolorido y avergonzado, que no tenía que llevar de comer a su familia. Sentí tanto dolor que saque el dinero que cargaba en mi bolsillo y le dije: hermano, vamos a repartir lo que yo cargo aquí, pero prométame que se va para su casa ya.  El hombre me miró extrañado, y sin contarlo saqué el dinero que  cargaba, que no era mucho, lo partí en dos partes y le di una; y sin darle tiempo  a decir nada le dije: Que Dios te bendiga hermano y me fui con el corazón encogido.

    Más tarde fuì con mi esposa a realizar  una diligencia en un Banco del centro de la Ciudad, al salir me encontré con unas tres  chicas muy jóvenes pero mal vestidas, recostadas de una pared en una calle pidiendo “regàlame 50 Bolìvares”. En ese momento, mientras mi esposa abría el auto me acerqué a ellas y les pregunté por qué pedían ese dinero, y  nuevamente oí el término horrendo de “…no tenemos para comer y no hay trabajo”. Sentí mucho dolor en mi alma: eran tan jóvenes, se veían tan vulnerables y me imaginé su vergüenza al tener que pedir para comer. Nuevamente  saqué de mi dinero y les dí a cada una lo que pedían,  y sin esperar cualquier comentario repetí: “… que Dios las bendiga.” Me introduje en mi auto y frente a mi esposa, quien me conoce muy bien, derramé una lágrima; no resistí el llanto, porque esas personas son mis hermanas; venezolanas con derecho a ser protegidas por la sociedad y el Estado… tanto como yo.

    Pero, ciertamente, mi llanto no era por ellas sino por mì; es la impotencia que siento por no poder hacer nada más que repartir un poco de lo que tengo. En ese momento recordé a un viejo  y querido miembro de la Academia de la Lengua con quien -aun con nuestra gran diferencia de edad allá por los años sesentas- compartí  muchos momentos  cuando viviendo en Caracas, apenas tenía 20 años de edad: Don Luìs Yépez Trujillo, quien en uno de sus poemas escribió: “… por todo lo que tú serás, estoy profundamente triste….”.  Es que hoy, con toda sinceridad debo confesar que: “Estoy profundamente triste.”

    No soy político ni quiero entrar en esa interminable diatriba política, pero no puedo ser indiferente a nuestra situación actual. No entiendo qué nos sucedió en estos últimos tiempos. Quién sea el culpable, no creo que ya a este nivel tenga mucha importancia. Las situaciones no son casuales sino causales; normalmente no surgen de forma imprevista o de un momento a otro; son producto de nuestras propias actuaciones e incomprensiones;  son el producto o consecuencia de nuestra actuación o algo más grave: “la aceptación indiferente de los acontecimientos.” En tal sentido, quizás también yo, en alguna forma también soy culpable, como muchos otros venezolanos, porque sólo me dedico mediante mis artículos a urgir a nuestros hermanos venezolanos a ponernos de acuerdo y trabajar todos, a favor del reconocimiento de nuestra situación real, que nadie puede solucionarla sino nosotros mismos, más allá de los intereses personales o grupales de cada Ciudadano, sino haciendo lo que mejor sabemos hacer como Venezolanos.

    Me niego a  aceptar que se nos acaba el tiempo para arreglar civilizadamente nuestros problemas internos. A esta altura de nuestra situación alimentaria, de inseguridad y de división, creo que lo único que nos queda como posible solución pacífica y civilizada, es un diálogo real: quiero decir donde ambas partes negocien sobre una base constitucional, las concesiones indispensables que deben darse para generar confianza mutua, de tal manera que nos permita salir de este estancamiento.

    No es posible que, treinta y cuatro millones de venezolanos dependemos de los pocos dirigentes políticos, quienes tienen poder de decisión en ambos bandos. Siento que no es difícil la solución, porque somos un gran país  y los venezolanos, en nuestra gran mayoría somos buenos y nobles; pero todos, sin excepción, debemos empujar hacia el mismo lado: UNA SOLUCION PACIFICA, RAPIDA E INTELIGENTEMENTE, DEMOCRÁTICAMENTE CONCERTADA Y… PERMANENTE.

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VENCIENDO LOS TEMORES

VENCIENDO LOS TEMORES

 

Algunas veces he escrito que “…los temores distorsionan la realidad…”,  y hoy más que nunca estoy absolutamente convencido de esa realidad, pero también que es posible combatirlos y derrotarlos. Cuando miro hacia atrás en  mi vida,  acepto que aquellos que alguna vez me afectaron, nunca llegaron a actualizarse o por lo menos en la entidad de gravedad o consecuencias negativas, como inicialmente los imaginé. Asimismo, por verdadero y didáctico, debo admitir y divulgar que cuando en alguna medida se materializaron, sus consecuencias no fueron tan negativas o graves para mi formación físico-espiritual; sino que  por el contrario, o representaron una enseñanza en pro de una mejor vida o agradecí a Dios porque hubiesen sucedido.

No pareciera discutible, que el temor -cuando fuere razonado y controlable- represente un mecanismo de defensa o de previsión natural; pero también estimo que en su más alto porcentaje, este indeseable sentimiento es sólo creación de nuestra mente que, sin que se haya actualizado porque se trate de presentimientos, nos afecta en el largo camino existencial, perturbando y disminuyendo nuestra capacidad de disfrutar de los sentimientos de seguridad y plenitud de vivir todas las hermosas y reconfortantes bendiciones que tenemos a nuestro alcance, producto de nuestra condición de seres inteligentes, dotados de raciocinio y sentidos que nos alertan frente a situaciones dañosas probables, actuales o futuras.

Si nos convencemos de nuestra capacidad para ser positivos, optimistas, proactivos,  valientes, luchadores, vencedores de obstáculos, generosos, útiles y diligentes; adicionadas estas cualidades a nuestra herencia divina, que nos da cualidad especial dentro de todos los seres vivientes, para reaccionar o aprovecharnos de cualquier situación o circunstancia desventajosa, podemos superar cualquier escenario atemorizante,  que sin ser una realidad -como son la mayoría de los temores- atente con robarnos o disminuir esa bendición especial de que disponemos de vivir una vida plena, disfrutando con fruición de tantas cosas buenas, hermosas y edificantes; situaciones, sentimientos y circunstancias reconfortantes que nos producen alegría, solaz, plenitud y consecuencialmente,  alegría y felicidad.

Nosotros mismos decidimos la manera en que queremos vivir. Si  lo queremos experimentar intensamente, de manera milagrosa y bella, estamos obligados a imbuirnos y practicar diariamente todas esas virtudes ya mencionadas, que son un escudo infranqueable frente a ese enemigo permanente que es EL TEMOR: que al final, como ya lo hemos comentado, resulta de pensamientos negativos de lo que “Podría suceder” o “No hubiese ocurrido a tiempo”, cuales son especulaciones  mentales que estamos en capacidad de controlar con la confianza en sí mismos, la fe y la esperanza, que sí son reales como parte activa de nuestra propio dinamismo físico e intelectual; o si por el contrario, permitimos que una ficción mental que nos atemoriza, pero seguramente nunca llegará o si llegare no será tan grave, entonces por nuestra propia ineficiencia y no la de ninguna otra circunstancia, arruinará nuestro más preciado legado: UNA VIDA FELIZ. 

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lao tse - pensador chino

Releyendo a Lao Tsé (490-570 a.C.), cuando sentenciaba:  “Quien conoce a los  hombres es inteligente/Quien se conoce a sí mismo es iluminado.”

Al respecto medito sobre el que la mayoría de los  humanos, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a tratar de conocer cómo piensan los demás, sin preocuparnos de  nuestro pensamiento propio. Realmente, nuestras mayores desavenencias y preocupaciones diarias surgen porque  no somos sinceros con nosotros mismos, precisamente porque no nos conocemos suficientemente; es por lo cual, no tenemos la valentía de ser y  hacer nuestra vida, únicamente como corresponde a nuestra idiosincrasia y/o identidad propia.

Pienso que por eso sufrimos las consecuencias de Abogados que debieron ser Comerciantes o Médicos que debieron ser Banqueros, ya que, en su interior estas personas nunca les preocupó tratar de conocerse a sí mismos, sino que, como veletas, siguieron la tendencia del momento o la sugerencia de quienes, bien o mal intencionadamente, les aconsejaron conforme a su criterio; como consecuencia produjeron relaciones personales fundamentales como el matrimonio, orientados por intereses que  no coincidían con su criterio interno, las cuales consecuencialmente no llegaron a buen fin, con los consabidos daños a quienes no tenían culpa de esa ignorancia: los hijos.

En el mismo sentido, el no conocerse a sí mismo nos  pone en riesgo de  ser esclavos de las tendencias de vida, tan bien e inteligentemente diseñadas por los especialistas en publicidad y marketing, pero aún mejor difundidas por los nuevos medios de comunicación social,  que invaden hasta lo  más íntimo del estudiante, la familia o la pareja. Como resultado, observamos estudiantes que, cuando  no están en la escuela, parecen zombis, ensimismados por horas en sus equipos electrónicos y no precisamente para estudiar; vemos asimismo, familias reunidas donde se perdió la calidez de la conversación mutua, la magia de la oración y el calor especial de compartir las anécdotas de sus vidas en la mesa del comedor;  y en las parejas, llenas de belleza, salud y vigor, desperdiciar la oportunidad de prodigarse ternura y amor suficiente, porque los programas de televisión les ocupan tanto tiempo, que cuando finalizan ya están muy cansados y mañana deberán levantarse temprano para trabajar, por lo cual esos maravillosos e irrepetibles momentos de convivencia, quedarán relegados… para otra oportunidad.    

Ese no preocuparse por conocerse a sí mismo, que decía Lao Tsé nos hace iluminados;  cuando nos referimos a la apariencia personal,  entonces es realmente dramático y algunas veces patético, ver señoras y caballeros que por seguir la moda usan atuendos, peinados y maquillajes tan en contraposición a su edad, que por decir lo menos se ven… ridículos; o damitas que por seguir la usanza del momento, muestran más de lo que deben o  pintarrajean sus cuerpos de tal manera, que interponen un velo sobre lo que seguramente disponen y ayudarían a la sociedad divulgando: su belleza natural, inteligencia, sensibilidad e intelectualidad.      

Finalmente, debo comentar que al  menos para mí, ese conocerse a sí mismo, que es como decir actuar en todo conforme a nuestro propio sentir, es la única manera de disfrutar y mantener una libertad personal que nada ni  nadie, bajo ninguna circunstancia, podrá arrebatarnos nunca.

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A CIERTA EDAD

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY) Hoy, leyendo sobre lo que debería sentir una mujer después de los cuarenta  años, se me ocurre escribir sobre lo que pudiésemos sentir los hombres luego de  los cincuenta; y como tengo ya cincuenta de edad más veinticinco de experiencia, puedo escribir con suficiente cualidad sobre lo que un hombre  siente luego de haber vivido cincuenta años. Por mi propia experiencia, cuando tuve menos de treinta quise comerme el mundo, sin considerar que, si lo lograba terminaría intoxicado de tal manera que seguramente moriría. De los treinta  a los cincuenta entendí que sólo me correspondía una parte de él, precisamente la que me convenía, y por tanto, luché duramente durante ese período, trabajando al lado de esa maravillosa compañera de viaje largo que me regaló Dios: mi nunca suficientemente reconocida y amada esposa. Como resultado del estudio, el tesón, la positividad, la diligencia, la confianza en mí, en la gente y el trabajo en equipo, logré en ese período encontrar una buena parte de mi meta, quizás la más importante que llenó mi espíritu: mi bella familia integrada por mi esposa,  dos hijos y tres hijas, a quienes pude dar  una buena vida en general, incluida su educación universitaria y su formación académica complementaria en el Exterior.
Luego de los cincuenta años, habiendo vivido intensamente cada uno de mis pasos por este mundo, he entendido plenamente que no hay edad especial para ser felices, porque toda edad es buena para el solaz, la plenitud y… el amor; especialmente, porque estas tres maravillosas sensaciones únicamente podemos sentirlas, y eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, pero tampoco nadie puede evitar que lo experimentemos. En este período aprendí que no somos ni mejores ni peores que nadie, sino simplemente seres humanos con virtudes y defectos, por lo tanto debemos aceptar gustosamente, que quienes habitan con  nosotros en la intimidad o fuera de ella, sean simplemente seres  humanos con las mismas virtudes y defectos, así como  con las miserias humanas que llevamos dentro, cuales la mayor parte de nuestra vida estamos tratando de contener.
Aprendí también que es mucho mayor la cantidad de gente buena que la mala y que éstas últimas, en su mayoría, son producto de la  inapropiada formación, incomprensión, mal ejemplo y falta de amor de quienes los formaron, pero que también la sociedad no hizo mucho por comprender sus inquietudes, frustraciones y… soledad, por lo cual dejaron de creer en la bondad de sus hermanos humanos, y al actuar en su contra luchan contra ellos mismos, de alguna manera para castigarse, porque saben que toda acción engendra una reacción  proporcional.
Aprendí que las arrugas, el paso lento, el pelo blanco y la nostalgia, que  a los  jóvenes preocupan, no son precisamente una deshonra, vergüenza o, de alguna manera imposibles de evitar; porque  es honroso, venturoso y afortunado llegar a viejos; las arrugas y el paso lento, son como los surcos y el riego que van surgiendo con el  andar por  el camino de la vida,  los cuales, como en la agricultura, son necesarios para la buena cosecha; el pelo blanco y la nostalgia, disponemos de elementos y herramientas que  pueden evitarlos, si es que se desea, porque hay quienes disfrutan la nostalgia y se sienten muy bien con sus canas.
Finalmente, en esta etapa de la vida, aprendemos dos cosas fundamentales para concluir nuestro ciclo vital: la primera, que la mayor fortuna es la fe en Dios que nos regala la  tranquilidad espiritual, que nos permite vencer el temor, disfrutar de un buen sueño y observar con ternura  y  arrobamiento, las muchas bendiciones que El puso para nosotros sobre esta bendecida tierra; la segunda, que la única riqueza realmente necesaria, es aquella que nos suministra las cosas  básicas para una vida cómoda y nos permite disponer de todo lo que requerimos… cada día, lo cual por cierto  no requiere de esfuerzo monumental, sino de  hacer las cosas que convienen en el momento apropiado, esto es, lo que algunos por desconocer estas reglas de la vida, prefieren por comodidad calificarlo como: “tener suerte”. Como corolario, cuando tenemos como yo, una juventud prolongada que puede mantenerse tal hasta el día de nuestra partida, damos gracias a nuestros compañeros de viaje por habernos acompañado en esa ruta compartida, que fue del color que nosotros mismos supimos darle; bendecimos a nuestros descendientes quienes dejamos como semilla que germinará por siempre sobre esta madre tierra; nos convencemos que ayer es un muerto, mañana no ha nacido, por lo cual HOY es lo único que interesa; y con toda tranquilidad, felicidad y conciencia, damos gracias a Dios por haber… VIVIDO.

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PASARE SOLO UNA VEZ POR ESTE CAMINO (II Entrega)

 

camino viContinuando  sobre la Parte I de este Artículo, respecto de las admoniciones de Dale Carneige:  “…nunca más volveré a pasar por aquí…”,  es por lo cual no dejo pasar oportunidad para “…ser cortés con cualquier ser humano…”, ni tampoco “…lo dejo para mañana.”.   Cuando me levanto comienzo por ser cortés con este mundo… mi mundo;  y  doy gracias a Dios por las innumerables bendiciones que me ha obsequiado.

Al observar la luz del día, que me permite disfrutar de la maravillosa sensación de ver, cuando tantas personas  nunca podrán hacerlo, porque son ciegas; cuando oigo el dulce canto de los pájaros, que me hacen recordar el extraordinario regalo de Dios, que es poder escuchar cualquier sonido, cuando millones de mis hermanos humanos jamás podrán hacerlo, porque son sordos; cuando observo sobre la cama, aún sin despertar y a mi lado a mi compañera de viaje largo, quien por más de 45 años me ha acompañado en las buenas y en las menos buenas, siendo que muchos otros hombres, igual que yo hijos de Dios, desearían despertarse al lado alguien que, por lo menos les acompañara, pero están… muy solos; cuando observo los retratos de mis tres hijas, mis dos hijos, mis once nietos  y mi tierno bisnieto, todos bellos y sanos, mientras millones de hombres y mujeres que hubiesen dado o darían lo que les pidieren por tener descendencia, pero por algún motivo extraño de la naturaleza no pueden lograrlo, entonces más que nunca estoy consciente del tesoro que, por voluntad divina, yo dispongo.

Asimismo, cuando a mis setenta y cuatro años de edad, subo los veinte peldaños de la escalera de mi habitación a mi recibo y luego veinte más hasta mi estudio sin sentir ningún cansancio, mientras millones de mis hermanos humanos, algunos inclusive bastante más jóvenes que yo, no podrían subir ni los primeros cinco peldaños porque están enfermos, así como que otros aunque quisieran y tuviesen la fuerza física o salud para hacerlo no tienen esa posibilidad, porque carecen de piernas. Entonces me hecho de rodillas y le pido a Dios que me de mucha fuerza y más amor, para entender y ayudar a esos millones de seres que carecen de todos los privilegios que El me permite disfrutar plenamente.

Toda esta reflexión me convence que todos esas bendiciones que Dios me dio, me obligan a  tratar de entender tanta tristeza y dolor  sobre esta madre tierra y, como consecuencia, ser más generoso, bondadoso y compresivo ante quienes, seguramente, no comprenden el porqué de su… desgracia.

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