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Archive for the ‘CRECER’ Category

ADIOS A UN ARTISTA

Obsequio del Autor por haber alcanzado 2.000.000 de visitas: puedes bajar gratis el libro “UNA VIDA FELIZ”, haciendo Click en: <https://unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf>

Cuando muere un artista plástico como WLADIMIR ZABALETA, que conocimos desde que dio sus primeros pasos en el Arte, el color y la forma están de luto;  el caballete se siente inmensamente solo;  y nosotros, sus amigos, se nos encoge el corazón; especialmente porque nos deja cuando su creatividad estaba intacta e investigaba sobre nuevas maneras de, con su talento, color, pincel, y nuevos materiales  enriquecer su arte, ya bien amplia y conocida en Venezuela y varios países importantes del mundo.

Hoy La Menina de la Redoma de Guaparo con sus lágrimas de brillo radiante de medio día y el mural del IEQ con sus cuadritos de dolor callados, sienten igual que el Totem de mi estudio, La Máscara y El Guerrero, cuales yo vi nacer, gemirán en su dimensión inmóvil, la ausencia  del padre que creó el milagro.

En San Felipe, en 1973 lo conocí, no se conformaba con manejar el pincel y los colores sobre un lienzo, sino que impartía conocimiento en una escuela para jóvenes pintores, proyecto que como Comisionado del Ministerio de la Juventud apoyé decididamente. Desde entonces nació una amistad que se mantuvo por cuarenta años. Cuando nació Teodoro me dijo: hermano, pinté este cuadro y quiero que tú lo tengas contigo.  Así fue; lo disfruté con mi familia y aún hoy me acompaña, junto con su orgulloso Totem de 1974.

El Maestro Zabaleta, fue un ejemplo para la juventud de que, independiente de la situación económico social, si hay ímpetu, diligencia, constancia, confianza en sí mismo y estudio, cualquier cima puede alcanzarse. Porque ese joven y sencillo pintor que conocí en 1973, no sólo ganó los más importantes premios a un Artista Plástico, sino que salió de las fronteras de Venezuela para decirle al mundo que no sólo producíamos petróleo, sino también talento, trabajo tesonero y arte. Al menos, así lo vi en los catálogos de la famosa subastadora de obras de arte Sotheby’s  en Nueva York.

 Venturosamente, Wladimir no entró en el ejemplo de Salvador Díaz Mirón, cuando escribió: “El mérito es el náufrago del alma, vivo se hunde, pero muerto flota”, porque los venezolanos sí que reconocimos sus méritos en vida; tanto que nuestra Universidad de Carabobo le otorgó el Doctorado Honoris Causa.

Ciao Amigo. Tú y yo sabemos que existe otra dimensión, donde los hombres buenos y útiles a la humanidad, tienen un sitial de reposo especial y… eterno.

 

 

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Refiriéndose a ese hecho tan especial que produce el amor cuando dos personas muy diferentes, al hacer pareja llegan a hacer de sus vidas un solo cuerpo y una sola alma, Manuel García Morente escribió: “El amor es, más bien, una confluencia de dos vidas que se unen con el afán de fundirse, confundirse en una sola.”

 Sin duda, esta admonición encierra el sentido primordial de hacer pareja. Ciertamente, la principal motivación para unir nuestra vida a la de otra persona, casi siempre extraña hasta poco tiempo antes de conocerla, no es otro que el de fundir nuestra vida,  para confundirla en una sola con esa otra persona.

 Es que el amor surge espontáneo, imprevisto, pasional y… urgente. Su espontaneidad le genera riesgo; su pasión, peligro; y su urgencia es la de lograr rápida y apasionadamente unir el cuerpo y el alma a quien amamos, aun a costa de cualquier riesgo o peligro.

 Cuando amamos nos embarcamos en un albur. Jugamos todo. No nos reservamos nada. Nuestros mecanismos de defensa se minimizan o neutralizan y sólo tenemos espacio para la emoción, la pasión, el entusiasmo, la ilusión y… la esperanza. Todo inmerso en esa bruma rosada que nos hace ver la vida como debería serlo: muy bella.

 El resultado de esa hermosa aventura que significa hacer pareja, en mucho va a depender de que los dos tengan la capacidad de fundirse y confundirse en una sola;  lo cual por cierto no es tan difícil, pero sí que requiere de cierta nobleza, generosidad y muchos deseos de dar, reconocer,  y aceptar a la persona que amamos en sus propias y originales dimensiones humanas.

 No es posible encontrar un “prototipo” especial conforme nosotros lo ideamos. No, no es posible. Pero, si tenemos la capacidad de fundirnos con el otro, al confundirnos nos hacemos una parte de su cuerpo y de su alma. Así, al integrarnos en uno solo, vencemos las diferencias, caminamos la misma ruta, por el mismo sendero, con los mismos intereses, ambiciones y sueños.

 Me consta que eso es posible, lo he  vivido y disfrutado por más de treinta y ocho hermosos años. No ha sido fácil, pero si emocionante y engrandecedor.  Es como una meta que establecemos, en beneficio de la cual todos los días hacemos algo positivo, beneficioso  y… agradable. Tiene que ver mucho con aquello de cual es el color que uno asigna a las situaciones y eventos de la vida diaria.

 Somos nosotros mismos y nadie más los responsables de lograr el premio; viviendo de la mejor manera posible, manteniendo vivo el afecto y el respeto, haciendo del hogar un nido de amor donde se funde y progrese una familia; y eso sólo puede lograrse cuando dos personas que se aman y hacen pareja, tienen el valor y sinceridad de mostrarse como son, de actuar para fundirse y confundirse en un solo cuerpo y  una sola alma. 

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madre-teresa-de-calculta-ii.jpg ¿Qué impulsó y que esperaron como recompensa los hombres y mujeres que dedicaron su existencia a la búsqueda del bienestar de sus semejantes?

Jesús de Nazareth, la Madre Teresa de Calcuta o M. Gandhi, entre otros, así como todos los que, reconocidos o ignorados, lucharon incansablemente por lograr justicia social, inclusión, igualdad de oportunidades y trato, paz y crecimiento espiritual para las mayorías, fueron impulsados por el amor y no esperaron una recompensa especial, al menos en el aspecto personal o individual.

En este periplo de más de medio Siglo que ha sido mi paso por esta vida terrenal, he observado que solemos ser recompensados en nuestras acciones en función del amor, dedicación, efectividad y diligencia que pongamos en su realización.

El predicador es digno de su estipendio, pero al predicar ya tiene su recompensa, reza un principio bíblico, que considero extensible a cualquier actuación individual.

Existen leyes o reglas naturales, que aun no estando escritas, a través de los siglos nos han demostrado su efectividad. La famosa regla de oro de Jesús, de hacer a los demás lo que se quiere que ellos hagan por nosotros, representa la concreción de su consecuencia en nuestra existencia.

Expongo mi testimonios y no lo que “podría ser; entonces debo comentarles que he sido siempre recompensado con largueza y en función del amor, interés, decisión, confianza y diligencia que he puesto a mis actuaciones, cuyo resultado ha sido una vida plena y feliz, donde aún sin esperar más de lo que merezco, siempre he recibido más de lo que necesito.

No es sano esperar recompensa por que hacemos, pero es justo recibirla y sin duda llegará; buena o mala, positiva o negativa, pero siempre conforme a la índole, sentido, intención y naturaleza de nuestras actuaciones concretas.

Cuando actuamos en función de la felicidad de nuestros semejantes, estamos fabricando una recompensa cónsona, que llegará oportunamente, aunque pudiera ser que no identifiquemos el evento que como tal la representa… pero llegará.

Como padre, cuando hablo con Dios pido prioridad en sus bendiciones para mi familia, porque si merezco una recompensa por mi intención y actuaciones a favor de mis hermanos humanos, la mejor sería aquella que les beneficie. No olvido al Salmista cuando exponía que en su larga vida no había visto hijo de justo mendigando pan.

¿Podría un padre esperar mejor recompensa?

No debe hacerse el bien esperando recompensa, porque la satisfacción de hacerlo ya la representa. Pero esas leyes de compensación que rigen nuestra vida, hará cónsona su retribución, al resultado de nuestras acciones.

No debemos olvidar que esas leyes funcionan de la misma manera, cuando las actuaciones representan males para nuestros hermanos humanos. Sólo que en tales casos, la recompensa, que será del mismo género, pudiera serlo… con ventaja.

El ejercicio de nuestro libre albedrío, nos posibilita con toda libertad, escoger la opción más apropiada. Es en algo que nadie puede sustituirnos y… debemos hacerlo.

Pròxima Entrega: TENERLO TODO.

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grupo-humano.gifJesús de Nazareth aconsejaba mirar primero la viga en nuestro ojo antes de señalar la del hermano. Hoy, sus admoniciones tienen más vigencia que nunca, porque hemos hecho de la crítica descarnada e irreflexiva un mecanismo de satisfacción de resentimientos y frustraciones personales.

La insensibilidad y la palabra fácil, ofensiva e irreflexiva, hacen banderas en un mundo más dividido que nunca; precisamente por un aberrado sentimiento de inseguridad, donde el temor y la sospecha, sustituyeron el amor, la seguridad y la confianza en nuestros semejantes.

Las expresiones descalificativas de que nuestros compatriotas son borregos, los gobiernos inservibles, los extranjeros malos, los jóvenes irreflexivos, las mujeres casquivanas, los hombres descarados, los abogados ladrones y los médicos matasanos, han hecho de un mundo creado para el amor, la bonanza, el disfrute y la paz, una selva donde la lucha es a cuchillo por ver quien descalifica… mejor.

El resultado está a la vista: desconfianza, desamor, insensibilidad, perturbación, angustia, temor, competencia imperfecta y estrés colectivo progresivos, como fuente de violencia a nuestra espiritualidad, salud física, mental y psicológica.

En lo estrictamente íntimo, su efecto epidémico golpea la estructura familiar, haciendo los hogares menos hogares; afectando el vínculo más satisfactorio e importante en la pareja como fundamento de la familia: el interés y disfrute de la actividad sexual, que de mágico y sublime se convierte en el cumplimiento necesario de… una obligación.

Porque…¿Cómo puede disfrutarse de un buen sexo, bajo la permanente sospecha de que la contraparte lo hace por otro interés que no fuere el amor?

¿Puede la pasión, ternura, magia, idilio y fantasía, indispensables para el buen sexo, activarse sin la espontaneidad y entrega sin reservas, que le hace un acto sublime y uno de los más nobles de un ser humano?

¿No habrá llegado la hora de mirar la viga en el ojo propio y aceptarnos como realmente somos? Hijos de Dios, hermanos en busca de una vida buena, donde el amor, la solidaridad, la aceptación y la compasión, aliñados por la ternura, la pasión y el elevado sentimiento de compartirlo todo nos devuelvan la tranquilidad perdida?

¿No será momento de volver los ojos a ese Dios que convive con nosotros, para pedirle humildemente que nos permita ser más nosotros mismos, sin importarnos demasiado esa parte vanidosa del mundo externo, que nos coarta la espontaneidad, el compartir, el convivir en sana paz con nuestros hermanos humanos en ese maravilloso mundo de las cosas sencillas?

¿Por qué no probamos exaltar virtudes y confiar, en vez de magnificar defectos y desconfiar de todo?

¿Por qué no hacemos un esfuerzo por sustituir la crítica tendenciosa, por el engrandecimiento de las demás personas?

¿Qué tal si damos amor en vez de indiferencia, confianza en vez de sospecha y comprensión en vez de rechazo?

No perdemos nada intentándolo, pero cuánto podemos ganar.

¿A qué esperar entonces? Demos el paso, regalémonos y regalemos eso a tantas personas que necesitan… amor y comprensión.

Próxima Entrega: TODO TIENE SU TIEMPO.

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angelita.jpg

A partir de hoy, para satisfacer la solicitud de un estimado creativo de una importante empresa de multimedia en Houston Texas, doy inicio a una serie de entregas sobre un tema apasionante para quienes como yo, los años no han podido robar ese toquecito de locura, que nos ha permitido vivir más allá de nuestra propia realidad: LOS SUEÑOS.

Soñar, es sentir que la vida es más como nosotros quisiéramos que fuera, que como la vemos pasar todos los días, con la firme convicción de que podemos transformarla.

Los sueños representan lo que pensamos que podemos lograr ahora y siempre. Los que sueñan, tienen el valor de enfrentar con una sonrisa de esperanza cada minuto de su existencia.

Soñar, es decirle no a los elementos y circunstancias que intenten disminuir la esencia poderosa y transformadora que recibimos de Dios.

Soñar, es decirle al dolor, la tristeza, la soledad y la falta de amor, que hay algo más poderoso y prometedor que la realidad misma; con suficiente poder para transformarla, porque cuando soñamos, cuando nos convencemos de que somos capaces de entrar en ese mundo nebuloso que precede la inspiración y obligarlo a moverse a nuestro favor, entonces simplemente hemos entrado en una nueva dimensión, sin tiempo ni espacio; adapta las situaciones a nuestro pensamiento; transforma los sonidos y los colores y nos dota de alas para volar sobre nuestra propia mente para convertir la realidad en una fantasía… posible.

Soñar, es un derecho al cual nadie debería renunciar, porque representa no contentarse con las limitaciones que la realidad trata de imponer, a quienes no tienen la capacidad de crear su propia fantasía, su propio mundo.

La creatividad es parte de nuestra herencia divina, pero únicamente puede materializarse mediante los sueños que nos han permitido transformar el mundo, frente al asombro de los que duermen despiertos, precisamente porque perdieron la capacidad de soñar.

Los sueños enfrentan la realidad porque es demasiado común, cómoda, monótona y sin retos. Es resignarse a recibir lo que la vida nos ofrece, sin especular si podríamos obtener algo mejor.

Los sueños son el escape de un espíritu libre e ilimitado que se ahoga en un cuerpo cautivo, rodeado de paredes de tiempo y espacio… que él no reconoce.

Soñar es decirle a Dios que entendemos nuestra supremacía sobre los seres irracionales, que no sueñan porque les falta la esencia divina que nos permite diferenciar la noche del día; lo bueno de lo malo; vivir el perfume de las flores e imaginar su máxima belleza, plasmándola en un lienzo con nuevos colores; oír el canto de los pájaros y convertirlo en celestial sonata; sembrarle magia y transformar con nuestro sentimiento la muerte en vida, cuando hacemos romántica la caída de las hojas, en el otoño; convertir el sexo en algo más que el acto natural procreativo, sublimizándolo, llenándolo de magia, de fantasía y haciéndolo trascender más allá de su propia temporalidad.

Si carecemos o perdemos la capacidad de soñar, que es una habilidad típica y exclusiva del ser humano, nos resignamos a una existencia regida por los elementos naturales y… el destino.

No soñar, es renunciar a nuestra diferencia profunda con esos compañeros de viaje en este mundo, cuyo déficit espiritual les induce únicamente a sobrevivir.

Carecer de sueños, es la renuncia a nuestra propia condición inteligente; engendra fallarnos a nosotros mismos y a nuestro Hacedor.

El soñar nos hace humanos, especulativos, inconformes con una realidad que tiene que ser matizada con colores nuevos, música sublime, aromas y esencias que exciten el alma, para crear lo excelso que ella, por sí sola, en su estado natural no puede ofrecernos.

Soñar es un reto a la normalidad, a la resignación y la pasividad; es avanzar más allá de hoy, fabricando un mañana a nuestra propia medida.

Sin soñadores, el mundo sería lento, atrasado, monótono, aburrido, sin emociones; y seguramente, sin las grandes transformaciones que hacen nuestra vida mejor.

¿Qué le parece si analizamos cómo nacen los sueños, cómo se desarrollan, cómo debemos materializarlos y vivirlos?

Aquí lo espero, para compartir en unas cuantas entregas posteriores un poco de irrealidad de la… realidad.

Próxima Entrega: DECIDIÉNDOSE A SOÑAR.

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hombre-pensativo.jpgNo son los días de lluvia, ni el tener que manejar casi dormidos, todos los días para llevar los niños a la escuela. No es el sol de la mañana que quema nuestra cara,   esas tardes brumosas, que huelen a… tristeza. Tampoco es el llanto constante de los niños, o la visita inoportuna de la vecina para describir a detalle sus males; o el ring insistente del teléfono recordando un pago olvidado, pero que debe hacerse antes de veinticuatro horas.

      No se trata de las noticias que nunca son suficientemente buenas; o los aumentos de sueldo que no llenan nuestras aspiraciones; o quizás que nos ataca la depresión, o algo más grave: que nos estamos poniendo…viejos. No, ninguno de esos motivos tiene la fuerza para abrirnos esos vacíos nunca comentados, en el anchuroso pero secreto mundo de nuestra intimidad, que no nos permiten ser integralmente felices.

      Es que de alguna manera, para nuestra propia ventura, por siempre y en el insondable mundo de nuestra interioridad, nunca hemos dejado, ni dejaremos de ser niño; sin importar si nos llaman adultos, si nos asignan mil responsabilidades, si se nos cae el pelo y las líneas de expresión, discreta pero progresivamente, invaden nuestro rostro. Aún recibiendo elogios, obteniendo fama, poder y fortuna; y sin que de nada sirva que nos digan papá, mamá o abuelos, en todo tiempo seguimos siendo niños: no lo podemos remediar. Es un regalo de Dios que está ahí disponible, pero únicamente utilizable cuando la vida de adulto se hace insoportable.

      En esas emergencias existenciales, surge blanca nieves con sus siete enanitos, o cinderella; o una pequeñísima oruga en el camino, o una mariquita subiendo por el marco de una puerta; o pinocho con cualquiera de los personajes de ilusión de los hermanos Andersen llamando a su niño…extraviado; y nos devuelven por el tiempo necesario a ese mundo maravilloso del abra kadabra de los pequeñitos.

     Ese mundo dorado de castillos de caramelo, donde hay mucho pastel… y helados que no tienes que comprar;  donde te aceptan todo,  y…como eres; donde todos quieren evitar que llores; donde eres la atracción central; donde no tienes que rendir cuentas… de nada. Sin importar si estás desnudo, medio vestido, o con la cara manchada de chocolate, todos te dicen: que lindo, te amo,  eres lo más bello… a toda hora.

       En una oportunidad leí que alguien decía que “Crecer es ir haciéndose triste…” No tiene porqué ser así, pero  a veces pareciera que lo es.  Crecer es una urgencia vital porque significa desarrollarse, y sin duda, nuestro destino es avanzar… siempre hacia adelante, nunca hacia atrás. En la medida en que crecemos, ese niño se va refugiando en nuestro interior, se nos va hundiendo, se va quedando atrás, se esconde… pero está ahí, en lo más profundo de nuestro ser.  Precisamente por esa urgencia natural de desarrollarnos representada en el deseo de crecer,  cuando vamos al kínder ansiamos ir pronto a la primaria; luego tenemos el mismo apremio para ir a la secundaria y después a la Universidad para graduarnos, comenzar a trabajar y ya nunca más… dejar de hacerlo.

      De forma similar, en nuestra vida íntima también  despedimos al niño para dar paso a las interrogantes típicas de los adultos; a las  hormonas que bullen en nuestro cuerpo haciendo mayor el desconcierto de adolescentes. Luego la intrepidez del joven que se siente capaz de vencer al mundo, sin medir ninguna consecuencia y finalmente, el incomprensible e indefinible sentimiento de resignación soterrada que en la mayoría de los casos acompaña a la adultez.

      En cada una de esas etapas  de nuestro proceso de desarrollo una actuación nace pero no se reproduce sino que… muere. En la pubertad, los sueños nunca satisfechos; en la adolescencia, la renuncia a lo que sabemos que no podemos tener. En la juventud, una vida que comienza con grandes emociones, promesas de amor, comprensión y la esperanza de un futuro espectacular, que en poco tiempo mengua… las emociones.

      Como por un destino fatal nos sumergimos en el incumplimiento de las promesas empeñadas, y si no tenemos algunas reservas espirituales mínimas, nos imbuimos en una vida monótona, rutinaria, aburrida  y a veces… sombría, que preñada de angustia nos hace preguntarnos: 

      ¿Sería para vivir esta vida monótona y sin emociones que vinimos a este mundo?

     ¿Para esto  fuimos dotados de una vida que prometía ser emocionante, reconfortante… extraordinaria?

      ¿Para esto crecimos?

      La respuesta es no, de ninguna manera. Como hijos predilectos de Dios no vinimos a este mundo para soportar una vida monótona, aburrida y sin emociones. Eso sería contrario al plan divino de nuestra creación, porque fuimos dotados de cinco sentidos precisamente  para percibir las maravillosas emociones que nos llegan del medio ambiente en el cual vivimos. Pero además, en nuestro fuero interno, tenemos un venero inagotable de bienestar, siempre dispuesto para servirnos y  el cual podemos manejar a voluntad: nuestro milagroso estado de ánimo, que es el mecanismo del que fuimos dotados por la naturaleza para que nos sirviera de escudo frente a la tristeza y el desencanto, que  por la bipolaridad de los valores, desventuradamente duermen pared de por medio donde reposa la felicidad.

     Para nuestra desventura, como adultos hemos permitido que  una sociedad desarrollista, gradualmente nos envuelva en esa especie de carrera morbosa de buscar y acumular más cosas materiales de las que realmente requerimos; sin importar si en los recodos del camino se nos van quedando nuestros mejores sentimientos, que abonan nuestra vocación a la felicidad…

Próxima Entrega: UN STOP EN EL CAMINO -Parte  II

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