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Archive for the ‘DISTORSIÓN DELTIEMPO’ Category

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Oteando el horizonte del pasado, siento que paulatinamente en los últimos cincuenta años se nos fue quedando atrás una forma de vida que cambió bastante en el mundo de hoy, pero que mantuvo nuestra vocación para ser felices. Es que mantener los hijos no era tan difícil, porque se alimentaban del seno materno, visitaban el médico una vez al año, jugaban descalzos en el patio o la calle; comían libremente dulces o helados; no conocían antialérgicos, pero eran muy sanos; no sabían de sillas para niños ni  usaban cinturones de seguridad en los autos; tampoco viajaban a Disneylandia, pero disfrutaban los baños en el río, paseos a la playa, patines de cuatro ruedas o los paseos campestres los fines de semana; y para dormir no requerían ninguna medicina, pero dormían a pierna suelta.

No recuerdo que conocieran juguetes eléctricos, robots o nintendo; confeccionaban sus papagayos con papel de colores e hilo, carros con latas de sardina y gurrufíos con botones y pavilo, porque eran creativos, sencillos, conformes, respetuosos y… amorosos. Disfrutaban plenamente su niñez porque no asistían a la escuela sino hasta los siete años, lo cual les daba espacio para descansar, jugar y colaborar con las tareas domésticas, creciendo en el amor y solidaridad familiar. Tampoco se usaban filtros para el agua; el limón y el mentol eran remedios para toda enfermedad.

Cuando  no estaban en la escuela o en casa, compartían con los amigos jugando en la calle. Nunca conocí un niño que necesitara sicólogo, porque no conocían de “traumas”, “espacio propio” o “especial intimidad”; vivían en real familia integral, para su disciplina bastaba la “sicología doméstica” de la nalgadita a tiempo y la prohibición de salir a la calle, tan eficiente para evitar malos hijos, delincuentes juveniles y promover buenos ciudadanos.

¿Qué sucedió y porqué cambiamos tan pronto? Creo que es parte de la sinergia del tiempo, que con su desarrollo nos obliga a adaptarnos a las nuevas circunstancias. Como escribiera Condorcet: “El Desarrollo empuja a  los pueblos.” En verdad, se trata de un nuevo tiempo preñado de cambios, que nos reta y debemos enfrentarlo serenamente. Somos y seguiremos siendo los mismos hombres sobre la misma tierra, donde todo tiempo es apto para la vida buena.

¿Moraleja? Debemos desterrar por inútiles las evocaciones tristes o detenernos, para que el desarrollo no nos atropelle; corresponde de vez en cuando mirar atrás, para sinceramente evaluar el pasado; apreciar el presente y planificar el futuro, pero en función de una felicidad que siempre es posible lograr.

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mujer frustrada

Un obsesquio del autor de su libro UNA VIDA FELIZ, por la entrada No. 1.000.000, puede bajarlo haciendo click en: Una Vida Feliz

La nostalgia es uno de los sentimientos más comunes en los seres humanos, en la mayoría de los casos convirtiéndose en algo  cuasi patológico, ya que al recordar eventos pasados, sublimizan eventos y situaciones preteridas, que acumulan tristeza a los males del día, que termina aumentando ese estrés cotidiano, que en muchos casos suele ser fuente de desequilibrios físicos y espirituales.

A mi manera de ver el asunto, el gran mal de la nostalgia es que distorsiona la realidad, ya que, en nuestra inmensa vulnerabilidad espiritual, al no entender que cada día –aún el más aciago- es un regalo inestimable de Dios, tienden a caer en la trampa de aquel viejo pero apotegma de que “Todo tiempo pasado fue mejor”. Mayor equivocación, imposible.

La nostalgia no es más que la  distorsión del recuerdo, en la medida de nuestra situación actual que, como quiera que siempre ambicionamos más felicidad, al no entender la que tenemos a la mano –que sí es real- para compensarnos, recurrimos a la idealización del pasado.

Este sentimiento tan común, ha hecho mucho daño sicológico a personas ilusionistas, especialmente aquellas que viven en unión de nueva pareja, luego de haber fracasado en una relación anterior; porque la comparación de eventos y situaciones pasadas, distorsionadas por el tiempo y el sentimiento de sublimación, hacen desventajosa su vida actual, que es real  y conlleva los normales pero solucionables problemas en común, que son parte de la vida en pareja.

Asimismo, para la persona que vive sola, la nostalgia puede convertirse en su peor enemigo, porque para enfrentar la vida solo con felicidad, se requiere una condición especial, que aunque es inherente a nuestra interioridad y siempre nos acompaña, no todo el mundo sabe utilizarla: el buen estado de ánimo, que nos permite darle color y sabor a cada acto de nuestra cotidianidad.

En mi caso, no recuerdo el pasado porque amo la vida, precisamente esta que vivo todos los días con sus altos y sus bajos, sin preocuparme de un futuro que no sé si llegará  para mí, pero menos aun de un pasado que no volverá; quizás porque siempre he considerado el pasado como un muerto, por lo cual no dejo de recordar a Jesús de Nazaret, cuando en una oportunidad recomendó a  uno de sus discípulos: “…deja que los muertos entierren a sus muertos… mi padre es un Dios de vida, no de muerte.”

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