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Archive for the ‘David Servan-Schreiber’ Category

POR QUE NO DEBEMOS TEMER

La sensación de TEMOR,  al cual todos los seres humanos estamos expuestos, deriva del latín timortimōris, que significa miedo o espanto; .pero en nuestro idioma, el español, dentro de otras definiciones se le asigna la de “… el sentimiento de inquietud o angustia que impulsa a huir o evitar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso…”, por lo cual es absolutamente indeseable, porque además de esa angustia que nos produce, pudiera llevarnos a cometer los más grandes errores. En principio, pienso que tal indeseable sentimiento puede afectar a cualquier ser pensante, sin discriminación alguna; pero que en el caso de las personas que creemos en Dios y que hacemos nuestra vida sobre la base de los valores y principios que siguen las enseñanzas de Jesús de Nazaret, especialmente el “Amar a nuestro prójimo como a  nosotros mismos”, lo cual involucra el no hacer daño conscientemente a nadie, tenemos un escudo protector para vencerlo, que es precisamente esa creencia de que, si Dios está con nosotros y es el más poderoso, omnipresente y omnipotente, pues…  ¿Quién o qué podría afectarnos?.

En ese mismo sentido, como quiera que nuestro principal y original sentimiento de defensa es el proteger nuestra vida, y nosotros estamos conscientes que ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios, cualquier acontecimiento, bueno o malo que nos afecte, simplemente nuestro Padre Celestial lo conoce,  y como quiera que El nos ama, de ninguna manera permitirá en nuestra contra algo que fuere inconveniente para nuestra vida física, intelectual o espiritual. Por cierto, lo cual es bien diferente a pensar que todo lo que nos suceda tiene que ser, de acuerdo a nuestros parámetros, absolutamente positivo. Esto, porque en nuestra vida existen elementos y eventos totalmente aleatorios, cuales pudieren parecernos temporal o permanentemente negativos, pero que, con el tiempo y las consecuencias de dichas circunstancias,  pudieran resultar positivas en sí mismas, o por lo menos evitarnos males mayores. Como consecuencia de estas apreciaciones, al menos yo, me acostumbré, en tales casos, a no preguntarme… ¿Por qué? Ya que a mi manera de ver la vida y las cosas, la respuesta a esa pregunta que pareciera elemental, en la mayoría de los casos trascendentes para nuestra existencia o las de nuestro entorno más íntimo,  correspondería a Dios, quien todo lo conoce,  sabe por qué, cómo y cuando sucede o sucederá.

Es por lo cual, cuando personalmente o a alguien de mis seres queridos les ha acontecido algo que,  a simple vista pareciera negativo, tengo mucho cuidado de preguntarme ¿Por qué?, ya que, como antes lo anoto, siento que esa es una pregunta que solo puede responderla Dios; a  quien por cierto no tengo medios para preguntarle y esperar una respuesta, al menos con mi raciocinio humano. Como consecuencia de esta aseveración, en tales casos, me he acostumbrado a preguntarme para qué, porque esta pregunta tiene una respuesta que yo mismo me puedo regalar, y como la hago por mi propia voluntad dentro de mi libre albedrío heredado de Dios, simplemente preparo mi respuesta conforme a mi mejor conveniencia lógica, o simplemente, con base a mi concepción del amor y la voluntad de Dios para sus hijos; esto es, como me fuere más aplicable al caso en concreto. No obstante, existen situaciones en las cuales se hace conveniente la pregunta ¿Por qué?, ya que al compararla con hechos similares a los que nos acontezcan, no requerimos que Dios nos responda, porque se evidencia la respuesta en nuestro beneficio.

En una oportunidad hace bastantes años, una vecina amiga muy querida por mí, lloraba amargamente por la muerte accidental de su hijo de 19 años, a quien por cierto yo conocía desde que era un bebé, y ella me preguntó:  ¿Por qué Dios me quitó mi  hijo tan joven? Yo le dije,  absolutamente consciente de que era muy real lo que le decía, que esa pregunta no podía hacerla de esa manera, porque la respuesta sólo correspondía a Dios. Le sugerí que utilizara una pregunta que le ayudara a sentirse privilegiada en vez de infeliz, porque cualquier respuesta que ella diera, le resultaría positiva y consoladora, en vez de dolorosa.  La pregunta que le sugerí fue: ¿Por qué Dios me dio 19 largos años para que disfrutara a mi hijo fallecido, cuando conozco tantas madres cuyos hijos murieron antes de nacer, bebés, de dos o menos años de edad y sus madres no pudieron disfrutarlo tantos años como el mío?… ¿Qué hice yo de especial para ser una madre tan afortunada? Creo que ella me entendió muy bien y meditó sobre mi comentario, porque la noté más calmada y antes de irme le  sugerí lo que siempre hago en estos casos:  Ahora que usted está consciente que fue una madre privilegiada dentro de millones de madres sobre esta tierra de Dios, compleméntese preguntando: ¿Para qué Dios permitiría esta situación? Y no tengo duda que El la iluminará para que sea usted  misma y no El, quien se  regale una respuesta que convenga a su delicada y dolorosa situación que le ayude a traer alivio y paz a su corazón.

Todo lo que aquí escribo no corresponde a ninguna teoría o plática positiva, sino que ha sido fundamental en mis más de casi ocho décadas de vida, felizmente casado por casi cincuenta años, con hijos, nietos y bisnietos;  e independiente de que vi morir mis padres, mi única hermanita y tres de mis hermanos menores y dos mayores que yo, así como muchos y muy queridos amigos de diferentes edades y género, de mi entorno más cercano. Derivado de todas estas experiencias vividas en mi larga vida, estoy convencido de que, si creemos y tenemos fe en Dios, si seguimos sus mandamientos y amamos a nuestros congéneres y hacemos todo lo que podemos por serles útiles, no tenemos por qué temer, porque Dios está aquí, no en ningún otro sitio, sino a nuestro lado, a toda hora,  siempre pendiente de protegernos,  por lo cual jamás ni de ninguna manera podemos tener temor, ya que, cualquier evento que nos acontezca –independiente de su naturaleza-  está en la esfera de lo que nuestro Padre Celestial considera positivo para nuestra vida física, intelectual y espiritual.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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EL CANCER SI ES CURABLE

IMAGEN DIA MUNDIAL DEL CANCER

La OMS  y el CIIC determinó el 4 de Febrero como  Día Mundial contra el Cáncer, enfermedad  que produce muchas muertes anuales pero también enriquece a Laboratorios e Instituciones prestadoras de servicios de salud, cuales aún usan productos altamente invasivos, que en ocasiones hacen más daño al paciente que la enfermedad. Como sobreviviente de un cáncer agresivo, luego de haberme tratado con la temible quimioterapia y no menos grave radioterapia,  los médicos tratantes -venturosamente equivocados- aseguraban que no duraba más de una semana; años después me siento calificado para emitir algunos criterios al respecto. ¿Qué podría decirse realmente nuevo sobre esta enfermedad que no se haya dicho? No mucho, mas allá de insistir en factores coadyuvantes a su afectación como el uso del tabaco, alcohol, índice de masa corporal elevado, falta de actividad física y ausencia de una dieta rica en frutas y vegetales, sin ingesta de grasas saturadas y carnes rojas. No obstante, extraña que existiendo  probada investigación que ha determinado la naturaleza  ácida de las células cancerígenas y su condición  anaeróbica, esta importante información no tenga la divulgación deseable,  como elementos fundamentales  para prevenir  y abonar  la recuperación de los enfermos.

Me parece pernicioso, por decir lo menos, que tan pronto una persona adquiera características cancerígenas, persuadan al paciente y su familia, de que se trata de una situación trágica, lo cual más allá de un buen negocio para los suministradores de servicios  de salud, no deja de ser una actitud aberrante.

Por mi experiencia  sé que cambiar a  una dieta alcalina, oxigenar el cuerpo lo más posible y el apoyo positivo psicológico del entorno familiar;  sustituyendo el temor a un desenlace fatal por la certeza de la sanación, mediante el ataque frontal al pesimismo, frustración, estrés y depresión, común en estos casos, aún en las peores circunstancias,  puede representar la diferencia entre comenzar a morir en vida o iniciar la recuperación para vivir, Sin desestimar los factores negativos que predisponen o agravan la enfermedad, la fe en su sanación, la confianza en que ésta es superable y la seguridad  de que no se está sólo porque se cuenta con la familia y Dios, resulta decisivo para la recuperación. Pero, si además elevamos nuestro sistema inmunológico, nuestro organismo mantiene  mecanismos eficaces para la curación donde  muchos medicamentos fracasan. Porque, definitivamente, el cáncer es como cualquier otra enfermedad: si se atiende eficazmente y en su momento,  es ABSOLUTAMENTE CURABLE.

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Por primera vez en más de cinco (5)  años, por razones de salud, me veo impedido de atender al porcentaje debido a este Blog WWW.UNAVIDAFELIZ.COM, al cual ustedes, mis queridos lectores en número mayor de 1.400.000 visitas, han dado plena vigencia, porque de alguna manera han encontrado un espacio libre de subterfugios, mitos, tabúes, hipocresías colectivas e  ideologías, que hacen la vida del hombre en vez de una aventura hermosa para disfrutar, un camino peligroso, lleno de baches y preñado de temores;  y tendencias religiosas más allá  de la  concepción universal de un Supremo Hacedor,  que organiza y decide… todo, al cual nos debemos.  

En verdad,como esta  es una VENTANA ABIERTA A TODO AQUEL QUE QUISIERE EMITIR SU CRITERIO,  esta es una explicación que les debo, y que, gustosamente les doy; pero de ninguna manera una queja de mi vida o mi destino, que por cierto sería my injusta, si tomamos en consideración que en mis últimos 42 años de vida, NUNCA HE SUFRIDO NINGUNA ENFERMEDAD que amerite algna reclusión.

Por lo expuesto les pido un poco de paciencia para tomar el ritmo apropiado,  ya que el amor de tanta gente y el poder personal heredado de mi Padre Celestial, me permiten augurar  que superaré esta enfermedad  antes del tiempo normal

Mientas tanto, saludos y que Dios les bendiga… siempre.

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“No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

He recibido solicitudes de lectores quienes, además de sus problemas sentimentales y económicos, dicen sentirse agobiados por enfermedades sin una razón aparente, que les sumerge en una existencia indeseable, sobre tratar la posible vinculación entre la tranquilidad espiritual y la salud integral.

Trataré de emitir algunos criterios más allá de cualquier disquisición terminológica sobre términos  médicos, sobre lo que considero relación directa entre el espíritu y nuestra salud, desde una visión holística del entorno humano y no únicamente física o espiritual.

En esta página diariamente tengo contacto con cientos de personas que como yo, sentimos la importancia de tratar el tema con la mayor amplitud de criterios posible, no sólo del punto de vista estrictamente médico curativo, sino más allá, dentro de la nueva psicología y otros planteamientos de carácter psiquiátrico; porque al fin y al cabo, todos somos afectados.

Al  menos en el entorno de mis asesorados, la mayoría de quienes manifiestan deterioro de su salud, al analizarlos en su intimidad, se observa que viven inmersas en conflictos personales sentimentales y/ familiares, resentimientos, frustraciones y sentimientos de retaliación, lo que denota que sus enfermedades son consecuencia de su intranquilidad espiritual.

Es que en mi opinión, luego de haber  superado los setenta años sin enfermedades diferentes a una apendicectomía o un resfriado cada varios años, estoy convencido de la perfecta vinculación entre la mayoría de las enfermedades y la situación de desequilibrio o desarmonía físico-espiritual.

Sobre el tema, enriquece comentar lo expuesto por  el desaparecido Psiquiátra, conferencista y escritor francés David Servan-Schreiber: “No se puede separar el estado físico del estado mental… la clave de la medicina del siglo XXI será el vínculo entre el cuerpo y el espíritu… esta sabiduría está siendo recuperada por la medicina, porque la ciencia demuestra que funciona.

No obstante, el fundamento de este calificado criterio de un científico de la Salud no  es nada nuevo, ya que, cientos de años antes de Jesucristo, un filósofo griego comentaba: “No hay enfermedad del cuerpo sin enfermedad del espíritu.”

Hoy existe una extraordinaria expectativa en el mundo sobre el tema de la espiritualidad vinculada a la felicidad; y consecuencialmente, la influencia de su desequilibrio sobre el surgimiento de las enfermedades, como una reacción de nuestra parte física ante esa intranquilidad espiritual, lo cual alcanza una diversa escala de investigación, estudio y divulgación,  cuyos resultados, por la limitación de espacio, continuaré tratando en la próxima entrega.

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