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Archive for the ‘APTITUD PARA SER FELIZ’ Category

No obstante los diferentes tipos y estilos de música o los instrumentos con que se interprete, luego de  muchos años de insistir la Psicología Positiva, la medicina ha aceptado que la música y el amor del entorno, no sólo aceleran la sanación de las enfermedades, sino que debidamente aplicada como terapia, al menos la música ya no se tiene duda que es fundamental en procesos de curación de enfermedades e inclusive, se está utilizando en los procesos o durante algunas cirugías. En cuanto al amor que reciba un paciente, ya existe el convencimiento, tanto por los profesionales de la salud como por los particulares, de que acelera y complementa la curación de las enfermedades. Es que tanto la música como el amor son manifestaciones espirituales del ser humano, que producen un estado de alegría y placidez.

La música, específicamente,  representa un estado elevación espiritual, que cuando la disfrutamos inunda cada una de nuestras células. Así, por ejemplo, cuando nos levantamos y escuchamos la música que nos gusta, sentimos una sensación de serenidad, quietud y paz que inunda todo nuestro ser interno,  y eso sin duda contribuirá a mejorar nuestro estado de ánimo, que es definitivamente lo que dará color a ese día que comenzamos. Esta certeza de que la música tiene una gran incidencia en nuestro ánimo, es  lo que ha permitido que hoy tengamos a nuestro alcance por medios electrónicos y completamente gratis, diferentes tipos de música, ciertamente aplicable a cualquier situación, siendo entonces que vemos como se anuncia música para relajarse, para orar, para meditar y para alegrar el momento.

En cuanto al amor, si como se ha hecho una verdad el apotegma que nos enseña que Dios es amor, y estamos conscientes que la vida de quienes caminan sin Dios, no puede tener la plenitud de quienes lo llevamos con nosotros, entonces todo lo que se diga de las bondades adicionales del amor, siempre será menor pero no menos importante. Por el amor venimos al mundo; por el amor somos mejores y sin amor la vida sería cualquier cosa, menos una existencia plácida y edificante. Quienes estamos convencidos que nuestro paso por la vida es temporal y que no es más que una etapa necesaria para nuestro crecimiento espiritual, sabemos que es el amor lo que nos permite entender y encontrarle una razón positiva a todas las situaciones que se  nos presenten. Es por virtud del sentimiento del amor que somos sensibles y solidarios, frente a nuestros hermanos humanos.

Es el amor lo que nos permite ponernos por encima de las diarias situaciones difíciles que pudieran afectar nuestra felicidad; no sería entendible como alguien podría vivir intensamente en una sociedad organizada, sin sentir amor por sus semejantes, tanto de su entorno íntimo como externo;  como podría disfrutar la sonrisa de un niño, la mirada plácida de un anciano; el bello trino de los pájaros; la plenitud de una mañana de primavera; el hermosísimo brillo de las estrellas en una noche de verano o la sensación especial  cuando un bebé toma nuestra mano, o la persona que amamos nos dicen: te amo. Asimismo, si como todos coincidimos, la base de la sociedad es la familia, no es imaginable disfrutar de los padres, los  hermanos, los descendientes, el cónyuge o cualquier otro familiar, si no se fundamentan dichos sentimientos en el amor.

En el mismo sentido de lo antes expuesto, podríamos preguntarnos: ¿Existiría el perdón, la coexistencia pacífica o la solidaridad humana sin el amor? Sin ninguna duda que no. Es el amor esa fuente maravillosa de sentimientos profundamente humanos y cristianos, que nos permite cambiar nuestra forma de ser, para ser más pacientes, amables y considerados. Pienso que es el amor lo que enriquece la esperanza, la fe, la confianza y la positividad. De la misma manera, creo que es el amor lo que nos permite alcanzar la meta máxima de nuestra existencia como seres racionales: el principio de utilidad. Asimismo… ¿Podríamos aceptar y respetar  la individualidad de las personas que nos rodean sin el amor? Tampoco sería posible, porque cuando reconocemos y respetamos la individualidad de otro ser humano y sus resultados objetivos, de alguna manera sacrificamos un poco de la propia, lo cual sería imposible si no sintiésemos amor por esa persona o personas.

Finalmente, si damos rienda suelta a nuestro amor y lo aliñamos con la música, es muy difícil que no seamos capaces de superar situaciones difíciles o ayudar a otros a sobreponerse, porque esos dos recursos son milagrosos al incidir de forma definitiva en nuestros pensamientos, acciones y circunstancias personales.  Por todo lo aquí tratado, luego de unas cuantas décadas de vida feliz, no dudo en asegurar que el amor y la música, como la alimentación y la tranquilidad espiritual, son pilares sobre los cuales se debe fundamentar una existencia que aspire a ser… feliz.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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EL MUNDO Y LA VIDA

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Aunque no pareciera muy interesante, por ser muy provechoso para nuestra felicidad, sí que vale la pena reflexionar sobre el hecho cierto de que el Mundo y la Vida, aunque caminan juntos, son bien diferentes. En principio, el mundo durante milenios ha rotado y se ha trasladado cada 24 horas sobre su propio eje, sin importarle para nada si tiene o no habitantes, flora o fauna, que vivan dentro o sobre su superficie: en verdad, tampoco le importa el tiempo, quizás porque él mismo es… el tiempo.
Por nuestra parte los seres vivos que habitamos este mundo, ya sean vegetales, seres racionales o irracionales, y muy especialmente los seres humanos –que somos racionales- por lo cual tenemos conciencia de lo que es la vida y que dependemos siempre del tiempo, desde que nacemos hasta que morimos, a diferencia del mundo -que es estático en su rutina de rotación y traslación- nos corresponde entender que la vida es un camino que no tiene una rutina definida, sino que los pasos en ese camino que llamamos la existencia, su rapidez, su seguridad, su placidez, su alegría o su miedo, en todo su recorrido, dependerán única y exclusivamente… de nosotros.
Nuestra vida está llena de altibajos, aciertos, desaciertos, alegría, dolor, temor, rencor, toma de decisiones sobre la marcha, oportunidades, metas y logros; pero todo, a excepción de los eventos sobrevenidos, también denominados de fuerza mayor o fortuitos por causa de la naturaleza, como un terremoto o un maremoto, por ejemplarizar, dependerán de cual fuere nuestra actitud frente a cada evento que se nos presente en ese largo o corto camino de nuestra existencia. Así, cuando estamos arriba, mientras más elevados estemos, conviene recordar la existencia de las bajadas y los acantilados; desde las alturas, ya fueren del amor, del poder, de la fama o la riqueza, podemos observar con claridad todo lo que está debajo de nuestro nivel de ese momento, precisamente porque como no somos estáticos como sí lo es el mundo, nunca sabremos cuánto durará esa especial situación. De la misma forma, cuando nuestra actitud -que no la vida- nos empuja hacia abajo, por el camino escabroso o el acantilado, igualmente tendremos la oportunidad de mirar hacia arriba y observar detenidamente, cuál fue nuestra actitud que nos puso en tal situación, considerando de la forma más seria y sincera, que así como otros han ascendido y superado todos los escollos hasta lograr la cima, nosotros tenemos perfectamente la misma o mejor capacidad, para lograrlo.
Recordemos que hablé del amor, la fama, la riqueza y el poder, porque desde que nos hicimos gregarios, vale decir, que no podemos desarrollarnos sino en grupo, esos cuatro factores han sido dominantes en la ambición humana, por cuanto el nivel de importancia de cada uno lo determinará la personalidad, que corresponde a nuestra individualidad. En tal sentido, la máxima ambición para algunos es lograr un gran amor por siempre; para otros lo será la fama, para otros el poder y, para casi la mayoría, la riqueza. Pues bien, como antes lo he expuesto, ninguna situación se da por sí sola, sino que requerirá nuestra voluntad, diligencia, esfuerzo y confianza en nuestra propia capacidad. Ciertamente, al menos para mí, la ambición más sana, porque no corresponde enteramente al mundo físico, es el amor que es intangible, porque corresponde a un sentimiento que no es perceptible por ninguno de nuestros sentidos conocidos, aunque sí disfrutado por ellos. Pero… ¿Qué se requiere para lograr esta meta de un apasionante, mágico y permanente amor? Simplemente el resultado de nuestra actitud: capacidad para determinar la persona apropiada, ternura, sensibilidad, respeto, consideración, colaboración, cooperación, buena comunicación, sentido de la responsabilidad, compromiso y lealtad. Nadie que tiene el amor como su máxima aspiración, le importa como fundamental la riqueza, el poder o la fama, porque solo quiere… amar.
Dado lo antes expuesto, entonces no son tan importantes la riqueza, la fama ni el poder, ya que el mayor logro de un ser humano es la felicidad, y eso jamás podrá lograrse con dinero o bienes, fama o poder, sino únicamente con el amor. Esto no quiere decir que la fama, el poder o la riqueza sean despreciables; de ninguna manera, solamente que al ubicarlos en su correcto nivel, utilizados con inteligencia y mesura, podrán ser complementarios para una mayor placidez y pudiera ser que también, seguridad. Es que nuestra vida es tan especial, que como los valores humanos son bipolares, hasta lo que pareciera más terrible, tiene siempre un lado positivo, aunque fuere ejemplarizante. De allí que lo que no te beneficia inmediatamente, o con lo cual tropiezas, por lo menos te enseña lo que debes evitar y que más adelante pudiere ser más grave para el logro de tu ambición. Asimismo vale pena considerar que lo que no es muy importante para ti, como el poder, sin duda alguna que puede ser muy beneficioso para una comunidad organizada; de la misma manera la riqueza genera empleos y, en algunos casos, ayuda para los necesitados. Por su parte la fama, refuerza y promueve la lucha, la decisión, la diligencia y el coraje, en aquellas personas -especialmente los jóvenes- que la tienen como su máxima ambición.
Nuestra vida sobre este mundo es tan compleja e imprevisible, que lo más deseado por alguien, si no sabe manejarlo, igual puede llevarlo a la cumbre o a su destrucción. Así tenemos que, conocemos multimillonarios que terminan destruidos moralmente e infelices, por la pérdida de sus seres más queridos por causa de disponer de algún bien especial, como es el caso muy reciente de un multimillonario americano, que perdió su esposa y sus hijos en un vuelo de uno de sus Jets, que de no haberlo tenido no se habría producido la tragedia. De la misma forma, conocemos artistas famosos que murieron muy jóvenes, precisamente por haber logrado esa fama, como son los casos muy tristes de Marilyn Monroe o John Lennon. Los casos del poder mal utilizado y que destruyó etnias, poblaciones y sólidas economías, sería muy largo de enumerar, tanto pasados como actuales.
¿Cuál es la enseñanza? Simplemente, que es nuestra individualidad con esa razón e inteligencia heredada de Dios, que nos da la oportunidad de utilizar acertadamente, el libre albedrío para escoger los caminos a seguir y nuestro estado de ánimo para darle color a cada paso, en ese largo periplo desde que tenemos uso de razón hasta que exhalamos el último suspiro. No existen esas ficciones de nuestra mente como el destino, la ventura, ni la suerte; existe nuestra inteligencia, diligencia, disciplina, confianza, fe y seguridad en que lo que hacemos lo es para beneficiarnos y beneficiar a otros. Siento, porque en mi larga vida lo he comprobado, que ni siquiera la oportunidad es fundamental para el logro de lo que deseamos, porque los vencedores si no encuentran una oportunidad para lograr su meta, simplemente crean las condiciones que sustituyen dicha oportunidad, porque fuimos extraordinariamente dotados sor nuestro Creador, para como lo sentenciara Jesús de Nazaret y así ha sido probado a través de los Siglos que: “Si tenemos Fe, moveremos montañas.”

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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ANIVERSARIO DE BODAS

¿Dónde y cómo debe celebrarse un Aniversario de Bodas? Creo que la respuesta debe estar condicionada a la personalidad y forma de   pensar de quien respondiere la pregunta, ya que, en verdad como somos diferentes todos los individuos, asimismo son diferentes y diversos los matrimonios. Siento que igualmente vale la pena celebrar un matrimonio de uno o cinco años que uno de 20, 30 o más años; esto porque a mi manera de ver la vida, el hecho de que una persona que conocemos y que no es nuestra familia, teniendo miles de opciones a su alrededor, tenga la nobleza de juntar su vida y su destino al nuestro –independiente de por cuánto tiempo- es algo extraordinario, por no decir, milagroso. Es por lo cual creo que vale la pena celebrar cualquier aniversario de bodas o de unión en pareja. Pero, en verdad ¿Qué celebramos? Bueno, eso es otra cosa. Hay quienes celebran por obligación, otros la ocasión, otros la intención, otros el tiempo transcurrido y algunos,  además el amor dado o recibido.

En  mi caso particular, al celebrar mi Cuadragésimo Noveno aniversario de bodas, son tantas las cosas que celebro, que por mencionar la más importante, diré que se trata del hecho de que después de casi cinco Décadas de matrimonio, sigo amando física  y espiritualmente a mi esposa, en mayor entidad de cuando teníamos 20 o 30 años de casados; en segundo lugar, personalmente celebro que mi amada esposa haya tenido la resistencia y el gran amor que se requiere, para aguantar a un tipo especialmente complicado y acaparador, pero no celoso ni irrespetuoso de la personalidad de mi cónyuge.  Celebro asimismo, esa ternura especial que me genera y recibo de mi amada, independiente de cual fuere nuestra situación, esto es mejor o mucho mejor, porque a decir verdad, en estos casi cincuenta años de unión matrimonial, en este equipo ganador que ambos constituimos, nunca  hemos tenido malas situaciones; quizás porque los dos manejamos la convicción de que, somos nosotros y nadie más quien puede darle color y sabor a nuestra propia vida, la cual siempre ha tenido un color hermoso y un sabor simplemente… delicioso, que como regalo especial nos ha dejado cinco bellos hijos, once nietos y dos bisnietos.

Será por eso que no entiendo tantas parejas que conocemos, que luego de una unión amorosa de años, con hijos o sin ellos, no son capaces de entender que no se casaron con un ángel sino con una persona normal, con virtudes  y defectos, pero con el sincero deseo de ser mejor, para lo cual solo requiere la ayuda de esa persona que especialmente escogió dentro de miles a quienes conoció, para hacer con ella su compañera o compañero de viaje largo, en un camino en el cual la felicidad no está al final del mismo, sino en cada paso durante larga caminata que se recorre para llegar a  un final… indefinido.

Como Asesor Familiar y de Parejas por más de diez años, y luego como editor de mi Blog www.unavidafeliz.com, donde he evacuado miles de consultas,  puedo asegurar que por lo menos el noventa por ciento de los casos conocidos de separaciones y divorcios de parejas con más de dos años de unión, los problemas que produjeron el rompimiento, siempre fueron asuntos que pudieron ser resueltos,  si las partes hubiesen entendido  que los seres humanos en su gran mayoría, aun siendo imperfectos, siempre tenemos la posibilidad de mejorar, y quizás, perfectibles; pero que no es posible lograrlo solos, sino con esa mano abierta, tierna, cariñosa entendida  y  ese hombro siempre presto de la persona que amamos, en el cual recostar nuestra cabeza, cuando la vida  nos golpea de tal manera, que pareciera que no existe solución para nuestros problemas.

Es por todo lo expuesto, que una parte de mi celebración de este aniversario de bodas, es precisamente escribir esta crónica para que sea leída por alguna o algunas parejas que, de alguna manera, estén pensando separarse sin darse la oportunidad de pensar, repensar y manifestar sinceramente sus reales sentimientos, vacíos, insatisfacciones o frustraciones en su relación íntima, cuales,  por cuanto la otra parte no es adivina, al ser manifestadas  y escuchadas con interés por su par, pudieren entre ambos encontrarle una solución posible, que si no evitare la separación, por lo  menos la hiciere menos traumática para ellos, y sus descendientes si es que los tuvieren.

Finalmente, en mi nombre y en el de todas las parejas que  han logrado superar sus desacuerdos, desinteligencias o errores, de tal manera que se hayan entusiasmado en celebrar sus respectivos aniversarios, doy infinitas gracias a ese Dios bueno, que desde que estuve en el vientre de mi madre hasta hoy, me ha motivado como seguidor de las enseñanzas de su hijo Jesús de Nazaret, en cuanto a que el amor, que conlleva respeto, consideración, buena comunicación, solidaridad y lealtad a toda prueba,  es el único camino cierto para lograr la felicidad de la pareja, que le motive suficientemente, precisamente para celebrar un Aniversario de Pareja, trátese de  Bodas o de cualquier otro nexo de unión, entre dos personas que se amen.

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EL PORQUÉ Y EL COMO DE LA VIDA

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Hoy en este día martes dos de Abril de 2019, cuando da inicio la Primavera en esta bella Ciudad de Boulder Colorado, frente a este hermoso valle  y sus bellas montañas, con sus canas de nieve en los picos de sus cumbres y las hojas mustias de sus árboles a punto de reverdecer,  que aún les deja el Invierno, que apenas hace unos pocos días dijo adiós; con un sol brillante saludando la mañana, recordé un pensamiento de Nietzsche, que desde muy joven siempre he tenido como guía: ”Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”.

Es que, sin ninguna duda, nuestra vida para que tenga sentido, requiere por lo menos una motivación especial, que nos haga sentir que nuestra  existencia contiene y requiere algo más elevado o trascendente que trabajar, comer y dormir. En mi adolescencia, en esos pueblitos pequeños donde me desarrollé, en una época donde los Profesionales Universitarios, eran una excepción, “mi porqué” fue lograr llegar a la Universidad y hacer una carrera; por ello luché, trabajé duro y aunque ya de mayor edad, encontré “el cómo” y lo logré. Luego, “mi porqué” lo fue el principio de la utilidad; esto es que, todas mis acciones como profesional y como persona, siempre lograran beneficiar de manera especial algo o alguien; por ello en mi ejercicio profesional de Abogado litigante y Asesor Jurídico, encontré “el cómo” con mi dedicado y duro trabajo, arreglando muchos entuertos y orientando muchos casos a una conciliación beneficiosa para las partes, en lugar de largos y costosos litigios, casi siempre con resultados imprevisibles.

Posteriormente, gracias a mis experiencias personales y mis observaciones sobre la vida y las cosas de los habitantes de buena parte del mundo, “el porqué” lo fue ayudar a familias  y parejas con situaciones gravosas, que ellos consideraban problemas pero yo asuntos por resolver, por lo que me hice Asesor Voluntario Familiar y de Parejas, siendo “el  cómo” mi dedicación a estudiar las circunstancias planteadas y tratar las soluciones como  articulista de periódicos y revistas, así como conferencista en Organizaciones de Servicio Social, ONGS, Universidades y Programas de Radio.  lo que me llevó a  lograr beneficiar a las personas que requirieron mi ayuda. Pero como mi entorno personal era realmente pequeño y “mi porqué” era ambicioso, para cumplir “mi como” dité mi Blog www.unavidafeliz.com, con el cual he llegado a  más de 2.800.000 cibernautas en más de 90 Países.

En esa  misma onda, con “el porqué” de ayudar al crecimiento espiritual, superación personal y  autoestima personal, para cumplir “mi como” me dediqué a escribir y en el año 2005 publiqué la primera edición de mi libro “Una vida Feliz”, el cual se vendió en su edición impresa en su totalidad el mismo año de su publicación, donde quienes por sus comentarios me dicen que les ha sido beneficiosa, para su vida cotidiana, su lectura.

Finalmente, debo decirles que no soy el único, pero sí una prueba actual y viviente de que Nietzsche estaba absolutamente en lo cierto cuando sentenció: ”Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”,  porque más allá de todo lo aquí escrito, lo más grande en mi vida de “mi porqué”, siempre ha sido la felicidad de mi familia, que fundamos y mantenemos mi amada esposa Nancy y yo durante más de 48 años, con tres bellas niñas, dos buenos y sanos hijos, once amados nietos y dos bisnietos, siendo que “el como” lograrlo lo fue el amor, el respeto, la solidaridad, consideración, buena comunicación y armonía permanente, lo cual no creo sea difícil de alcanzar, si constituimos la familia en un verdadero equipo con fines comunes, donde los éxitos o fracasos no corresponden a uno solo de sus integrantes, sino a todo el conjunto familiar.

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EL CORRER DE LOS AÑOS

feliz cumpleaños amigoCon mis setenta y siete  años encima, como típica persona, no de tercera edad sino de juventud prolongada,  absolutamente convencido de mi condición vivencial físico-espiritual, debo comentar que, a mi manera de ver el asunto de la edad como una circunstancia personal, debo comentar que considero que tiene dos efectos inmediatos sobre los cuales toda persona racional debe meditar amplia y sinceramente. Me refiero en primer lugar al aspecto físico, esto es,  cómo afecta a nuestro cuerpo en la mayoría de nuestra integralidad corporal. Sin duda que al envejecer igual que todo ser viviente, tanto del reino animal como del vegetal, la tendencia es ir perdiendo capacidad física y sufrir efectos degenerativos, hasta llegar al final cuando morimos y nuestro cuerpo cumple su destino bíblico: “Polvo eres y en polvo te convertirás.”; lo cual por cierto es indefectible y por tanto no debería  infundir temor a nadie, precisamente porque no hay como evitarlo.  En segundo lugar, nuestra condición racional que conlleva nuestro convencimiento de nuestra espiritualidad, nos permite conocer que al morir, simplemente nuestro espíritu vuelve a esa dimensión de donde vino cuando nacimos, como nos lo anticipara Jesús de Nazaret cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”, dejándonos de tal manera el mensaje de que en verdad somos eternos por lo cual este paso por la vida es sólo una de las muchas etapas de nuestro crecimiento espiritual,  lo cual debería hacer aún menor el temor a la muerte, porque lo que desaparece de la faz de la tierra es nuestra parte física pero nuestra alma continúa su proceso de crecimiento espiritual y eso es más bien beneficioso.

En mi modo de ver la vida y las cosas, el transcurrir de los años es un proceso normal que no tiene por qué preocuparnos más de la cuenta, sino por el contrario, es un acicate para  disfrutar cada minuto de cada hora de cada día, bajo la premisa de  que nunca volverá a repetirse y por tanto debemos aprovecharlo al máximo.  Es que como nos sintamos en cada edad, más que con el número de años que transcurren,  tiene que ver con nuestro estado de ánimo,  porque cada edad tiene su parte bella y sus irrepetibles momentos de disfrute, plenitud, sueños  y felicidad.  Sin duda que, dada la incertidumbre de no saber que puede ser mañana de nosotros y nuestra vulnerabilidad frente a una naturaleza terriblemente implacable, tales realidades pueden influir  de forma definitiva, en quienes desoyendo los consejos de los filósofos griegos antiguos que nos enseñaron: “Si no tomas la incertidumbre como una aventura, terminará produciéndote miedo… y eso es lo peor que te puede pasar.“   terminarán temiendo al devenir del tiempo y el transcurso de los años y al ocupar su tiempo en  estas especulaciones, se perderán de disfrutar el día a día tan lleno de cosas bellas, que como antes comento, pudieran ser irrecuperables.

El transcurrir de los años, para quienes tratamos de prolongar nuestra juventud -especialmente cuidando que no muera nuestro niño interno- nos regala cosas maravillosas, y si se quiere mágicas, como el amor a nuestra pareja, el advenimiento de los hijos, los nietos, la acumulación de amigos –que son esa otra familia que escogemos voluntariamente, porque no deviene de consanguinidad alguna- y la esperanza de que mañana será mejor, porque diariamente hacemos lo único que nos es permitido para un mejor futuro: hacer las cosas bien hoy.

– ¿Quién podría decir con verdad que con el correr de los años e independiente de la edad, no es maravilloso enamorarse y disfrutar del amor de ese ser amado, su sexualidad,  su ternura, su lealtad, su solidaridad, su dedicación, atenciones  y sus cuidados?´

-¿Quién en su sano juicio no disfrutaría de las caricias de  un hijo o un nieto amorosos?

-¿Quién podría decir que no es hermoso cuando un amigo te abraza y te ratifica su amor, especialmente cuando te encuentras en dificultades?

-¿Quién desmentiría que la sonrisa de los niños, el trinar de los pájaros, el ruido de las olas del mar, el rumor del  agua en los arroyos, la forma y color de las flores, no son un espectáculo simplemente magnífico a nuestra vista, que nos embelesa, fortalece y hace amar  aún más la vida?

-¿Quién podría negar que cuando finalizamos nuestra formación académica con  éxito, independiente de cuál sea su nivel, es un momento de inmensa felicidad y orgullo?

Pues bien, ninguno de estos pocos ejemplos de los muchos que nos regala la vida, podríamos experimentarlos sino con el transcurso de los años. Es por lo cual cualquier persona en estado de agonía, daría cualquier cosa por un día, un  mes o un año más de vida, sin temor a que va a ser  más viejo. Por el contrario, los años que conllevan la vejez, conforme a tu estado de ánimo, serán una bendición o un fardo duro de llevar.  Al menos en mi caso,  no tengo duda que mi vida –no obstante haber estado muy cerca de la muerte varias veces-  ha sido realmente bella, interesante y exitosa. Dios ha permitido que realice mis sueños; quizás porque fueron sencillos, absolutamente realizables y de acuerdo a mi formación de pensamiento cristiano y  positivo.

Hoy, con casi ocho décadas de vida, físicamente no puedo hacer algunas cosas como lo hacía a los veinte, pero tengo tantos y bellos recuerdos de mi niñez, adolescencia y juventud,  que aún estoy prolongando, que ciertamente no tengo que quejarme del correr y aumento de  mis años. De alguna manera, puedo decir que han sido más los logros y satisfacciones, que los momentos duros que he encontrado y superado en el camino de mi vida. Tal vez por eso me siento bien al escribir estas reflexiones, con la esperanza de que alguno de aquellos que temen a la vejez o a la muerte, en vez de perder su tiempo en estas nimiedades, se dediquen a evaluar todo lo que realmente  han vivido y lo que tienen por vivir, con el convencimiento que son ellos y nadie más, quienes con su optimismo, fe en Dios, esperanza, trabajo, decisión  y diligencia, podrán hacer de cada uno de sus años un reto y agradable aventura, que mucho quienes ya están bajo tierra hubieran desearon experimentar. Así como que para mí el tiempo es una ficción de nuestra mente, que solo nosotros podemos poner a nuestro favor para disfrutarlo intensamente.

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Photo by Edward Eyer on Pexels.com

“Y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros.”  Para quienes no somos fanáticos ni religiosos ni de nada, leemos las sagradas escrituras y extraemos de allí lo que consideramos positivo y bueno. Para mí, en la expresión transcrita se nos quiso decir que la palabra era muy fuerte; de allí que cuando decretamos  algo, nuestra mente lo oye, nuestro espíritu lo asimila y el universo conspira para ayudarnos a hacerlo realidad. Aunque debido a los tiempos que vivimos, especialmente en nuestra querida Venezuela, la aseveración “siempre se puede” pareciera una frase de uso común sin otro sentido que el político, debo comentarles que a través de la historia, de una u otra manera, este apotegma siempre ha estado vigente; no obstante que pocas son las personas que lo han practicado permanentemente; por cierto, quienes son las que han sobresalido y triunfado en toda actividad y ocasión.

De todo esto tengo conciencia, porque por mi origen humilde, sin que nadie me lo enseñara, desde muy niño y quizás por mi formación religiosa que me hacía heredero de Dios,  siempre pensé que sí era posible lograr lo que deseaba, en tanto y en cuanto hiciese todo lo necesario y posiblemente humano para lograrlo. Ciertamente, desde los nueve años, en las orillas de los ríos Meta y Orinoco, soñé con lo que sería cuando fuese adulto y no puedo quejarme, porque precisamente por estar siempre seguro de que sí era posible alcanzar lo que queremos, comunicárselo a mi mente y vincularlo a mi espíritu,  logré académica, familiar y económicamente concretar todas mis metas; aclarando que lo de concreción económica, sólo significa mi seguridad de que Dios me proveerá lo que necesite… todos los días. Sí que debo aclarar que al lado de sí se puede, debemos acompañarle disciplina, trabajo y diligencia,  porque como lo asegurara un conferencista joven japonés, “…la diligencia y disciplina unidas,  son más efectivas que la inteligencia…

Pues bien, yo siempre manejé a mi manera este mismo criterio y,  ciertamente, no tengo de que arrepentirme. Creo que Dios nos dotó a todos  los seres humanos de los elementos necesarios para poder actuar con diligencia y dinamismo, en todos los casos y ocasiones que fuere necesario. Considero asimismo, que la confianza en sí mismos y la convicción de que todo es superable, siempre logran darnos buenos resultados; por tanto, quien cree que no puede lograr algún evento o acción, sin ninguna duda que ese será su resultado. Como seres  humanos somos el milagro más grande del mundo; ningún otro animal sobre la tierra tiene nuestra racionalidad y/o capacidad de adaptación al medio ambiente para poder lograr superar  obstáculos, por difíciles que fueren, en tanto y en cuanto estemos seguros de que sí  podemos y así nos lo repitamos todas  las veces que fuere  necesario.

No debo dejar pasar la ocasión para comentar que para lograr el éxito, se requiere no dar entrada en nuestra vida al  peor enemigo del hombre: el temor que, como un filósofo griego hace miles de años lo asegurara, en cualquier ocasión es producto de la incertidumbre; vale decir, no saber a ciencia cierta que puede suceder en cualquier evento de nuestra vida; y la mejor forma de combatirlo es reconocer que el único remedio es  tomar la incertidumbre como un reto o una aventura, que nosotros podemos vivir o superar; porque el miedo distorsiona la realidad, y eso echaría por tierra cualquier proyecto, precisamente porque nos saca fuera de la realidad. Es que si nos convencemos, nos lo decimos y lo procesamos internamente, todo lo que nos proponemos podremos realización Somos hijos de Dios y no debemos olvidar que los hijos se parecen a sus padres, pero además son sus herederos; por tanto, tenemos un poco del poder de Dios y creo que es el suficiente que requerimos  para triunfar.

No podemos olvidar que existen dimensiones en nuestra vida que, aunque no son detectables a simple vista por nuestros sentidos conocidos, realmente sí existen. Especialmente son esas dimensiones en las cuales, por ejemplo,  entra  nuestro pensamiento Alfa veinticinco veces por segundo. Es en ese pequeño espacio de tiempo donde nuestra mente logra encontrarse con Dios y de allí han resultado las grandes inspiraciones, inventos y descubrimientos. Con el avance de la Física Cuántica, pronto… más pronto de lo que se cree, estas realidades dejarán de ser misteriosas. Pues bien, de todo lo expuesto y por experiencia propia, habiendo recorrido medio mundo y llegado a los setenta y siete años, puedo asegurar que somos nosotros y nadie más  quien decide qué y cómo vivimos  la vida, y como consecuencia, que somos o no capaces de lograr.

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VALOR Y MÁS VALOR

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El valor siempre ha sido la capacidad de vencer el miedo; porque el miedo, como lo dijeran los filósofos griegos, no es más que el producto de sentir la incertidumbre como tal; vale decir, no saber que pudiere sucedernos ahora o luego. Igualmente nos enseñaron que el miedo es el sentimiento más peligroso que nos puede afectar; entre otras cosas, porque distorsiona la realidad, haciendo las intuiciones negativas aún más desastrosas de lo que nos pudieren atacar. Frente a tal situación, el único remedio es EL VALOR  y tenemos que afincarnos en eso.

Como habitantes de Venezuela, uno de los países más bellos, ricos y bendecidos por Dios en el mundo, en este momento existe casi una pseudoparanoia colectiva; por todas partes y a todas las personas lo único que se les escucha son malos augurios; las quejas por todo están al orden del día; los malos presentimientos de lo que esperan que sucederá, son el común denominador en las conversaciones. Creo que todos estos sentimientos negativos, prospecciones derrotistas y constantes quejaderas, no aportan nada a una posible solución a los problemas que, sin ninguna duda, sufre nuestro País.

Ciertamente, la situación de nuestra amada patria hoy, respecto de lo social, político y económico es casi…  inédita. Al menos, para la gente menor que  yo, porque desde que  tengo uso de razón, en los primeros años sesenta hasta hoy, he vivido en Venezuela, donde hemos pasado difíciles situaciones de todo género, pero que siempre hemos superado.  ¿Qué ha sido difícil? Ciertamente. Pero lo cierto, lo real, lo verdadero, es que lo hemos superado y yo no tengo ninguna duda de que nuevamente lo superaremos.

Es por eso que sigo en Venezuela, no obstante el reclamo de mis cuatro hijos que hace más de 20 años viven en USA  y que no entienden que hacemos mamá y yo aquí todavía. Es que nosotros creemos en nosotros mismos, y por tanto, en nuestros hermanos venezolanos. Nosotros pensamos que esta es una situación coyuntural que estamos viviendo y como tal, puede y será superada más rápido de lo que los negativos y derrotistas esperan.

Creo en el libre tránsito que nos asegura nuestra Constitución y por tanto no critico ni censuro a quienes dejan el  País en busca de un destino mejor: es su derecho y como abogado lo entiendo perfectamente. Sin embargo, como quiera que he estado en más de veinte países y vivido en cuatro, tan diversos como Bolivia y Estados Unidos, estoy convencido de que  en cualquier otro País que no sea Venezuela, independiente de mi posición económica, social, académica, etc., siempre seré “un extranjero” y lo siento injustificado para  quien tiene una patria, que con todos sus males, sigue siendo mejor que la mayoría de los países del mundo. Por otra parte, pienso que es hoy más que nunca, cuando hace falta que los hombres de trabajo y corajudos se queden en esta tierra que nos dio Dios, para sacarla adelante y  hacerla mejor, aunque fuere con uñas y dientes.

 Los venezolanos tenemos historia y tradición de guerreros, pero no locos sino valientes. Es cierto que hay  mucho por hacer, por reconstruir, por enmendar, pero es algo que nos corresponde a todos, no a una parte de los venezolanos, sino a todos sin excepción. No podemos olvidar que esta es la tierra de nuestros padres, la nuestra y la de nuestros hijos, nietos y bisnietos, aunque hoy no vivan en ella. El mundo está cambiando aceleradamente y no podemos echarlo de menos; como consecuencia, esta tierra es el legado que les dejaremos a ellos como su refugio… para el futuro.

 

Yo pertenezco a esa generación que le puso el hombro a este País para hacerlo especial en el mundo. Como ejemplo, les cuento que cuando tenía 19 años, nuestra  moneda era más solicitada que el Dólar Americano;  nuestra inflación estaba por debajo el 1% y quienes viajábamos por las carreteras del País, cuando nos daba sueño nos recostábamos a la vera del camino hasta que descansábamos y continuábamos el viaje,  sin temor a que nadie nos hiciera daño.

Pues bien, esa no era otra Venezuela, sino la misma donde vivimos hoy. ¿Qué falta entonces? Ponernos de acuerdo, reencontrarnos como hermanos, deponer actitudes negativas y/o radicales personales, para pensar en el bien nacional, y yo no tengo duda que en su más alto porcentaje, independientemente de la ideología de cada uno, de una u otra manera, todos estamos dispuestos a hacerlo. Pero tenemos que sentarnos a hablar, reencontrarnos, mirarnos de frente sin rencor, odio ni dolor; corresponde que echemos manos del amor, que es ese sentimiento maravilloso hacedor de milagros. Considero que tampoco es una labor de titanes, sino de gente sencilla, pensante, preocupada y diligente, y los venezolanos, cuando queremos… somos así.

No estamos hundidos como muchos lo predicen. No, no es verdad; si es cierto que tenemos muchos problemas, pero también es cierto que disponemos de todas las herramientas necesarias para realizar las correcciones. De alguna forma, creo que tampoco tenemos otra cosa que hacer; ya no estamos en época de arreglar nuestros problemas por las malas o poniendo en riesgo a un país pacífico para convertirse en un terreno de guerra. Solo hace falta ponernos de acuerdo… todos. Medio mundo está dispuesto a ayudarnos, y la otra parte solo quiere que le ofrezcamos garantía de seguridad  y paz, por eso,  esta es una oportunidad que no debemos desperdiciar.

Yo estoy comprometido con Venezuela, porque me lo ha dado todo. Mi formación académica desde primaria hasta la Universitaria, me la dio gratuita. Mis postgrados los pagué en Universidades Privadas, porque no quise asistir a Universidades Públicas; igualmente a mis hijos, al menos hasta su bachillerato lo hicieron gratuito en establecimientos públicos venezolanos, luego sus carreras universitarias las hicieron en el exterior y por tanto en Universidades Privadas que ellos mismos se pagaron.  ¿Cómo podría yo olvidar todo lo que hizo por mí y mi familia y no restearme con Venezuela ahora, sino tomar la posición cómoda de emigrar y dejarla sola? Cuando es en este momento cuando más necesita de sus mejores hijos. Es  lo que no entienden propios y extraños cuando me dicen que… ¿Qué hago todavía en Venezuela? Pues simplemente, porque amo a este País y porque voy a hacer todo lo que yo pueda para que seamos un país feliz. 

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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