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Posts Tagged ‘AMAZONÍA’

CISNES

Amo a la gente porque todos son mis hermanos sobre esta tierra de Dios; porque sé y no tengo duda, que dentro de todos vive un niño inocente, desconcertado, atemorizado, nervioso, inseguro, por to que aunque nunca llegara a crecer, en el fondo de su alma… siempre serà bueno. Amo a mis hermanos humanos porque nacieron como yo, inocentes, pero la sociedad no supo enseñarles lo hermoso de la vida, lo extraordinario de tener raciocinio y lo grande de ser inteligentes; tampoco se les enseñó la consecuencia, el reconocimiento, la solidaridad, la caridad, la obligación de ser útiles y lo importante de considerarnos hormigas de una misma cueva; no se les dijo que somos bellos, tiernos, llenos de hermosos sentimientos, capaces de compartir nuestro pan y sacrificar nuestra vida por nuestros semejantes. Nadie les dijo que Dios vive en nosotros, que nos conoce desde antes de nacer, nos cuida y orienta nuestros pasos. Nadie les dijo que no existen problemas sino asuntos por resolver y que fuimos dotados de lo necesario para poder resolverlos.

Nunca les enseñaron que si algo no sale como lo esperamos, es porque no nos conviene y que con el tiempo, daremos gracias porque no se haya dado. Nadie les enseñò que la vida es un hermoso regalo de Dios: que es elemental, que es fácil de experimentar, que màs que esfuerzo requiere fe; que debemos soñar para lograr realizaciones; que el amor es más regocijante para quien lo da que para quien lo recibe.

No les convencieron de que los milagros existen, empezando por mantenernos vivos tantos años, cuando somos el animal más vulnerable sobre en este mundo, no sólo física sino espiritualmente; no requerimos caer de un doceavo piso para morir, sino resbalar o tropezar en el camino, pero sin embargo, sobrepasamos los cien años; tampoco es necesario golpearnos gravemente el cerebro para perder la razón, ya que basta la deficiencia de pocos gramos de un elemento químico y nos quedamos en blanco, a veces… por siempre.

Nadie les dijo nunca que somos hacedores de magia, o… ¿No es mágico que alguien que nunca habíamos visto o tratado, un día luego de una mirada y unas palabras nos ame especialmente y por siempre? O… ¿Acaso no es mágica en la tribulación, la tranquilidad espiritual experimentada luego de la oración, el abrazo o la mano amiga? Y… ¿Quien puede pensar que entes tan especiales deban ser odiados, discriminados o rechazados por sus propios hermanos?

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  Dique de Guataparo-Valencia, Venezuela

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Considerando el contenido de la entrega anterior requeriremos reinventarnos, que para eso tenemos nuestro intelecto. Debemos encontrar en cual recodo del camino andado se nos quedaron esos valores fundamentales, cuyo déficit produjo este paroxismo hacia un desarrollo en función económica y a costa de la destrucción de nuestros elementales medios de vida.

Pues bien, para lograr el objetivo de recuperar lo perdido, es fundamental la actitud de aceptar con valentía que hemos errado el camino; convenir que estamos a tiempo para corregir lo equivocado e iniciarlo ya, ahora mismo, no mañana ni pasado. Porque la tarea es muy urgente: hay niños en las guarderías y están naciendo nuevos; quedan ancianos en los asilos que se ganaron una vejez feliz; tenemos parejas con urgencia de procrear hijos, quienes merecen vivir en un mundo mejor.

Todavía nos quedan ardillas, algunas variedades de pájaros, y furtivamente podemos ver algunos zorros y mapaches; en los mares aún quedan ballenas y reservorios de variedades de peces, a punto de extinción, pero aun sobreviven; en Aspen, en la primavera y el verano, observamos algunos osos cruzando las calles; y en Boulder, ver dos o tres venaditos en los jardines de las casas es algo normal.

Los caudales del Nilo, Amazonas, Chang Jiang, Mississippi, Yeniséi, Amur y otros cuantos de los más extensos, todavía nos permiten con propiedad llamarlos ríos. Quedan en el mundo también grandes lagos, everglades y gigantescos humedales, como depósitos de agua; y La Amazonía sigue representado la tercera parte de los bosques del mundo. Pero todo eso pudiera cambiar bastante antes de lo que se espera.

Sin embargo, aunque todo nos indica que la situación es muy grave aun estamos a tiempo, sino de estructurar una solución definitiva, por lo menos de demorar y aminorar esa catástrofe ecológica que se nos viene encima. No es algo que podamos dejar de lado o considerar sin importancia. Se trata de nuestra subsistencia física sobre el globo, y nuestra posibilidad de vivir con plenitud los pocos días que conforman nuestras rasantes vidas sobre este planeta.

Pero si somos negligentes, si no vemos lo que se nos muestra en el horizonte, si no hacemos nada por ayudar a la solución, quizás, no nosotros pero sí nuestros hijos y su descendencia vivirán un mundo horrible: casi sin agua y aire puros, sin árboles, pájaros ni peces, con muy pocos alimentos y con todas las carencias imaginables que aumentarán las enfermedades físicas y mentales reduciendo la expectativa de vida.

Advierto que no hablo de milenios y pudiera ser que ni siquiera de siglos. Al ritmo de destrucción del ambiente que llevamos, la deshumanización e insensibilidad que se observa en los grandes conglomerados humanos, enriquecidos poblacionalmente con aquellos que dejaron el campo donde fueron abandonados a su suerte por los Gobiernos, seguramente en solo cincuenta años muchos de esos males pudieran actualizarse y una sociedad herida de muerte, especialmente de jóvenes, no tendrá como solucionarlo, sin que nosotros, los culpables, quienes fuimos incapaces de prever la catástrofe… podamos hacer nada.

Tampoco estaremos en capacidad de responder las angustiosas preguntas de los niños de porqué no hicimos nada por evitarlo cuando aún quedaba tiempo, porque los que sobrevivan ya estarán tan viejos que no podrán oír si se les piden cuentas, y los restantes estaremos unos cuantos metros bajo tierra, integrando aquella que una vez fue una capa vegetal fértil, pero que en esa época solo será el piso estéril de un mundo contaminado e improductivo.

Es por todo esto que estamos obligados a reflexionar, meditar, evaluar y… actuar. Pero, al menos yo, tengo que decirlo… escribirlo. Me siento obligado. Necesito gritar muy duro… pudiera ser que alguien me oiga. Porque soy un habitante de esta anciana tierra que debo considerarme privilegiado. Pertenezco a una generación de transición de este mundo, porque nací en los albores del nacimiento de la máquina de escribir mecánica y hoy manejo un computador de última generación. Pude ver los últimos barcos de vapor sobre el Río Orinoco y presencié los vuelos del Discovery. Todo esto en poco más de sesenta años.

Cuando finalizó el año dos mil experimenté la extraordinaria condición de conocer dos siglos y dos milenos, y eso no podrá repetirlo otro ser humano hasta dentro de novecientos años, y dudo que con lo que le estamos haciendo al ambiente alguien pueda lograr esa edad.

Creo que gritar y escribir es lo único que puedo hacer, porque no tengo más poder que mi palabra y mis letras, ni más alimento que las lágrimas que en este momento ruedan por mis mejillas y salpican las teclas de mi computadora.

Ciertamente no se a donde iremos luego de nuestra muerte, porque no tengo duda que nuestra alma es… eterna y Jesús decía “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”. Pero no quiero llevarme conmigo la carga de no haber hecho nada para evitar esta catástrofe ambiental, que consciente o inconscientemente le estamos regalando a las futuras generaciones…

Próxima Entrega: LO QUE EL TIEMPO NOS DEJÓ III

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