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Archive for the ‘VIVIR MEJOR’ Category

            SOLO UN MINUTO AL DIA PUEDE CAMBIAR SU VIDA

ejercicio jin yu du li

Es solo un minuto al día. No hay disculpa: A practicar para evitar el envejecimiento y la demencia senil; Parece muy fácil, ¿verdad? Haz este Ejercicio de la cultura china simple y eficaz… y verás. Tus ojos deben estar cerrados cuando estés practicando el Jin Ji Du Li. Pon Atención aquí está el ejercicio: Párese sobre una pierna con sus ojos cerrados. ESO ES TODO. Haga la prueba ahora mismo, póngase de pie, cierre los ojos y trate de mantenerse parado en un solo pie. Si usted no es capaz de permanecer por lo menos 10 segundos, significa que su cuerpo ha degenerado hasta el nivel 60 a 70 años de edad.

No es necesario que levante mucho su pierna, si sus órganos internos están fuera de sincronía, incluso levantando la pierna un poco le hará perder el equilibrio. Esta práctica diaria, puede ayudar en la curación de muchas enfermedades como: La hipertensión, diabetes, el cuello y las enfermedades de la columna vertebral, y también puede evitar que la demencia senil. Jin Ji Du Li puede reajustar la interrelación de los órganos y como funcionan entre sí. La mayoría de las personas no pueden pararse sobre un pie con los ojos cerrados por 5 segundos, pero más tarde, cuando lo practican a diario, son capaces de hacerlo por más de 2 minutos.

Al practicar Jin Ji Du Li, la calidad del sueño mejorará, la mente se aclara y mejora significativamente la memoria. Si practica Jin Ji Du Li con los ojos cerrados durante 1 minuto cada día, no sufrirá de demencia senil. Zhong Li Ba Ren explicó que hay seis meridianos importantes que pasan por las piernas. Cuando usted está parado sobre una sola pierna, sentirá dolor debido al ejercicio, y cuando esto ocurre, los órganos correspondientes de estos meridianos y sus formas comienzan a recibir el ajuste necesario. Los efectos benéficos de la práctica de Jin Ji Du Li en varias enfermedades asociadas con la hipertensión, diabetes, enfermedades del cuello y la columna vertebral se empezarán a sentir rápidamente, también puede prevenir la gota y ayuda a su sistema inmunológico. Es la cura básica para la enfermedad de Cold Feet y también puede reforzar la inmunidad del cuerpo. Es especialmente beneficioso para jóvenes mientras están sanos. No es recomendado para las personas cuyas piernas están debilitadas y no pueden permanecer de pie por períodos largos.

(*) Fuente: http://notireiki.org.ar/ejchino.htm

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pareja...pareja de ancianos

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Una Vida Feliz

Como en una oportunidad comentara Lin Yutang, admiramos y amamos los monumentos viejos; mientras más antiguos, más admiración y amor. ¿Pero sucede lo mismo con  los seres humanos? Pareciera que no.

De hecho, en estos tiempos, nuestros ancianos no son considerados con el respeto debido a su edad, experiencia y sabiduría, que les dejaron los años. No soy Matusalén ni me considero un anciano porque sólo tengo 71 años, pero cuando era niño y aún joven, se respetaba y veneraba a las personas de  larga edad; se les oía con atención y respeto, se les cedía el paso y se les ayudaba de toda forma posible.

Hoy, es terrible observar la poca atención y casi desprecio que personas, especialmente las muy jóvenes, sienten hacia los ancianos. Como ejemplo, he visto una pobre anciana tratar de cruzar la calle en medio de varios jóvenes y ninguno se preocupó de ayudarla, no obstante que el semáforo estaba en amarillo.

Pareciera que las personas jóvenes olvidaran que la juventud como la belleza son pasajeras, pero que indefectiblemente, si tienen la suerte de sobrevivir, acumularán años que podrán hacerles sentirse “viejos”; ya que, como es cierto, sólo  es “viejo” no quien acumula años sino quien así se siente.

Cuando observo a mis colegas de edad avanzada, la mayoría con esa mirada reposada, actitud tranquila y amable, que da el haber experimentado los muchos eventos y altibajos que se producen cuando se han superado varias décadas, pienso que los jóvenes desperdician el conocer por boca de ellos esas experiencias, que, quizás, en el futuro pudieran evitarles graves inconvenientes.

El  colmo de esta paradoja horrible lo observamos en los pensionados del Seguro Social. Estos ancianos trabajaron durante muchos años y ayudaron a construir este País que las nuevas generaciones casi han destruido. Los he visto con muletas, con andaderas y con sillitas portátiles, haciendo largas colas bajo el sol a las puertas de los bancos, para cobrar lo que no es una dádiva ni un regalo, sino  el retorno de lo que ellos aportaron de sus sueldos durante muchos años.

Soy feliz, aún sufriendo de un cáncer que me tuvo cinco meses entre la vida y la muerte, porque sé que haber alcanzado mi edad, creado una bella familia, sido de utilidad para los demás  y haber logrado muchos amigos,  ha sido una hermosa aventura que ojalá quienes desprecien a los “viejos” pudieran  alcanzar.

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He atravesado Venezuela desde La Guaira hasta Cararabo en Apure; he viajado desde Sichipés en la Goajira, hasta Quita Calzón en el Estado Amazonas; los llanos, los Andes, el Centro. En todo el territorio nacional conocí y traté gente sencilla, pero amable; pobre o rica, pero digna; académicos, estudiantes, autodidactos o sin educación formal, pero gentiles. En general, los venezolanos con quienes conviví eran atentos, generosos, amables, amistosos y… bien felices. Bastaba  conocer una persona, para ya considerarla una relación positiva, por no decir… amiga; siempre dispuestos a compartir sin recelos ni temores.

Hoy, en un gran número e independiente de su edad, cultura o posición social, nos hemos hecho irascibles, maliciosos, poco amables, estresados, materialistas, menos felices, y si se quiere… peligrosos.

En las colas de los bancos o del tránsito, todos apurados, nerviosos, mal humorados y hasta furibundos. Las ofensas por cosas nimias, como esperar prudentemente en el semáforo para avanzar, darle paso a un peatón o mantener una velocidad razonable, trátese de un caballero o una dama, nos convierte en acreedores de calificativos irrepetibles.

Cuando una lata de refresco convertida en proyectil sale por la ventana de una lujosa camioneta; un transeúnte en vez de pasar por el rayado para peatones destruye los jardines viales;  delante de mí los conductores de autobús sueltan un pasajero en mitad de la vía, poniendo en riesgo su vida y mi seguridad; un motorizado policial sin ninguna urgencia transita en contravía, exponiendo a conductores y transeúntes, barrunto que algo anda muy mal.

¿Qué nos sucedió?

¿Dónde se quedó nuestra decencia y formación, recibida en el hogar?

¿Dónde el respeto y amor por las personas, especialmente los niños y los ancianos?

No lo sé, pero tampoco lo entiendo. Me niego a aceptar que nos estamos convirtiendo en gente desagradable, desconsiderada, vulgar, malhumorada, grosera, malintencionada, resentida, envidiosa, y consecuencialmente… malos ciudadanos.

Tenemos que aquietarnos, revisarnos, y si es posible repensarnos. Quizás debamos hacer una reingeniería de nuestra vida, para poder disfrutar –aún con todos sus males- de  uno de los últimos refugios del mundo; con hermosos paisajes, clima envidiable y… mil oportunidades.

No es difícil recuperar el amor, la consecuencia, la paciencia, la generosidad y la alegría. Solo hace falta convicción del compromiso con esta bendita tierra que nos ha dado todo, para ser merecedores de llamarnos con verdadera cualidad y orgullo: venezolanos.

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“SOMOS LO QUE SENTIMOS”

pareja-feliz-valencia-21381Una lectora me preguntó ¿Qué hago para vivir mejor? Esa pregunta tan general, y aparentemente compleja, me obliga a insistir en que no existe una fórmula mágica, y tocar los temas del libre albedrío y el estado de ánimo, cuales son dos factores que inciden fundamentalmente en el nivel de vida de las personas.

Soy de los que creen que lo más importante es vivir, porque mientras tengamos vida tenemos expectativas de cómo concebir nuestra existencia. El nivel de satisfacción no puede producírnoslo nadie; sólo nosotros tenemos esa capacidad. Vivimos, primero con nosotros mismos en nuestro mundo interior y en segunda instancia, exteriormente, con las demás personas y el medio ambiente.

Vivir mejor es sentirnos mejor, eso es lo trascendente. Somos cuanto sentimos. Por tanto, amamos si sentimos amor; somos alegres si nos sentimos alegres; estamos tristes si sentimos tristeza; tememos si sentimos miedo, y así en toda instancia y grado existencial.

Para sentirnos mejor disponemos de dos herramientas fundamentales: el libre albedrío que nos permite hacer lo que apetecemos y el estado de ánimo que nos permite sentirnos como lo decidamos. Dos sencillos ejemplos: mi libre albedrío me permitió estudiar leyes, mi estado de ánimo me permite disfrutar mi profesión.

La vida nos ofrece un abanico de opciones: diversidad de estudio, trabajo y actividades en general; vivir solteros, casados o simplemente en pareja; reír, cantar o llorar; amar, odiar o simplemente ser indiferentes; vivir en el campo, en la ciudad o en una isla. Son ilimitadas las opciones y… todas dependen de nosotros, de nuestra actitud.

Para sentirnos mejor, debemos convencernos de que tenemos una buena vida y la fórmula más efectiva es contar nuestras bendiciones, que son muchas: estamos vivos y eso es un gran privilegio, porque muchos más jóvenes o más viejos que nosotros, hace tiempo que permanecen en el cementerio; tenemos salud y eso nos permite estudiar, trabajar, recrearnos y… hacer el amor, entre otras muchas cosas; podemos hablar, mirar, oír, oler, gustar y eso nos asegura pronunciar y oír la frase mágica te amo, mirar y disfrutar el inconfundible olor de la persona amada y degustar los manjares que Dios puso sobre la tierra para nuestra satisfacción.

No tengo duda que no es difícil vivir mejor… todos los días, si consideramos más importantes nuestras bendiciones que nuestras posibles carencias; y evaluamos otros factores, como por ejemplo: que más importante que la cama es el sueño, y el apetito hace delicioso cualquier alimento; que el amor hace pequeña cualquier tristeza y agiganta la sensación de alegría; que la lealtad, la amistad y la solidaridad no requieren ningún esfuerzo ni tienen valor económico, porque representan vocaciones innatas en los seres humanos.

Así que, para vivir mejor, mi consejo es… sentirse mejor y eso sólo depende de nosotros mismos.

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