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Archive for the ‘DESEOS’ Category

DONDE VIVE EL AMOR

SAN VALENTIN 2014 AMAURY Y NANCYEl amor es unívoco; vive por siempre y en todas partes; es inmortal y a prueba de todo tipo de maldad; supera todas las desgracias y regocija el alma; perdona todos los agravios y sana las heridas; no conoce términos como revancha o desquite; está hecho de una magia sin la cual la vida no valdría la pena de vivirla; es el combustible que mueve al hombre; sin él los mares, los valles, los ríos, los desiertos y… el cielo, no existirían más que como paisaje geográfico inerte y sin interés para el hombre. El amor habita a toda hora y en todas partes: en la calle, en los parques, en las escuelas, en los trabajos, en los pájaros, en los árboles, en las nubes, en las alas de la mariposa, el perfume de las flores, el ruidoso y secreto lenguaje de las hojas y los árboles; en las palabras, en las sonrisas, en las lágrimas, en la alegría, en la tristeza, en las sombras de la noche, en la música del viento, en el silencio, en la luz del radiante día y… en mi alma, entre muchas de sus miles de moradas.

El amor no puede estarse quieto, porque es energía y no puede estar inerte. Anda suelto, volando, corriendo, caminando, lento, con o sin prisa; pero siempre en busca de su único alimento: más amor, cuando lo encuentra se agiganta, se revoluciona, se hace incontenible es sus logros, tanto, que podría revivir los sentimientos considerados… muertos. El amor succiona la alegría, la emoción, la pasión, el entusiasmo, el altruismo, la generosidad, la humildad, la caridad y hace que nos parezcamos a Dios. Por esas características propias, sobrevive todas las catástrofes y da fuerza especial a los supervivientes. Mueren las personas, inclusive aquellas que se aman, pero el amor no muere, porque es autosuficiente, indestructible e indispensable para que el mundo siga siendo bueno para la vida.

Es por lo cual los que aman con el máximo de su capacidad, pueden asegurar que… han vivido. Del mismo modo, quienes no lo han visto en las gotas del rocío sobre el pétalo de una rosa, o desgajándose de unos ojos llenos de plenitud, alegría o dolor, en la mirada brillante de la madre al parir; quien no haya sentido esa magia especial en la piel de su cuerpo y de su el alma, jamás podrá decir: YO HE VIVIDO.

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PAREJA...

Sin tintes académicos sobre Sexología, como disciplina especializada de las Ciencias de la Salud, sino como mero observador de la influencia del acto sexual en nuestras vidas, luego de haber experimentado sus efectos por más de cuatro décadas, aseguro que representa un indicador de vitalidad.

Mis observaciones en personas enfermas, de baja autoestima, tristeza, depresión, inseguridad e indeseables relaciones de pareja, por lo general su factor común ha sido el desinterés o insatisfacción en las relaciones sexuales. Por el contrario, cuando he investigado sobre el tema en quienes tienen buen humor, son alegres, entusiastas, positivos, proactivos y emprendedores, el factor dominante ha sido la plena actividad sexual.

Es que la vitalidad no responde sólo a una buena salud física, sino que imbuye la salud mental y espiritual, materializadas en el inocultable vigor que da el amor por la vida, por las personas y por lo que se hace y que es parte de esa actitud contagiosa de las personas vitales.

Pero… ¿Cuál es ese sexo vital y cómo diferenciarlo de cualquier otro tipo de sexo?

El sexo vital es aquel que, al vincular sus sensaciones eróticas a las más elevadas manifestaciones espirituales, transforma el acto natural reproductivo, superando su originalidad, para convertirlo en un evento cultural trascendente. Ese sexo vital incorpora a lo biológico y fisiológico, la sublimación del acto como facultad exclusiva del ser humano que, como producto del amor, traduce en idilio, ternura, pasión y solidaridad en un mundo mágico, sin espacio ni tiempo, que se crea mientras hacemos el amor; cuando nuestros mecanismos de defensa desaparecen y actuamos con vocación de darlo todo, sin otro interés que producir la mayor satisfacción posible.

Esa interacción tan especial, plena y beneficiosa, física y espiritualmente, no puede darse en cualquier tipo de relación sexual esporádica, accidental o forzosa, sino en aquella que es producto de la voluntad motivada por los más altos sentimientos de espiritualidad. No existe otra posibilidad de transformar el coito natural reproductivo en acto cultural de máximo disfrute y plenitud, que no sea mediante la sublimación del sexo, que posibilita vencer la herencia de miles de años, impresa en nuestros genes, para convertirla en un amor idílico, romántico, fantasioso, apasionado y mágico; hijo de sueños y transformador de fantasías en realidades.

La posibilidad de disfrutar de ese sexo vital no es difícil, porque se encuentra todos los días a nuestro alcance, a nuestro lado; esperando la inyección de amor, entusiasmo, magia, pasión y fantasía, necesarios para un buen desempeño sexual. Se trata de esa amorosa guerrera de todos los días, nuestra amada pareja, que es capaz de ser esposa, madre y amiga, pero que, si nos ponemos inteligentes, menos egoístas y tiernamente la excitamos para que desarrolle su propia creatividad, puede convertirse en nuestra novia de siempre; y como amante, en productora de las más agradables sorpresas.

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Todos tenemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen,  a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física, porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos; para lo cual, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus debilidades o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

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¿Existe un momento especial y único para realizar cada actividad, que es aleatorio o responde a reglas predeterminadas?

Nunca me he preocupado si es lo uno o lo otro. En mi criterio, si existe un momento oportuno para hacer cada cosa, aleatorio o no, no es precisamente su existencia lo que determine el resultado, sino el hecho de que se realice o no, lo cual no depende del momento sino de la decisión de quien deba materializarlo.

De nada sirve ese momento oportuno si no se identifica y se actúa. En muchos casos, pudiera ser que por la creencia de que existe un momento oportuno para cada cosa, se demoren las realizaciones o nunca se realicen esperando ese momento. Por cierto que, en tales casos, nunca se sabrá si hubo o no un momento oportuno para hacer, lo que nunca llegó a concretarse.

Desde las cosas más elementales como tomar un ómnibus, hasta las más trascendentales como la de escoger pareja, pueden ser de alguna manera afectadas por la consideración de que existe un momento oportuno para cada una de ellas; esto sin ninguna posibilidad de verificación, porque se quedará en el mundo de los supuestos, lo que hubiese sucedido si hubiéramos o no actuado en un determinado momento.

La conclusión anterior es afortunada, porque al restar importancia al aspecto oportunidad, que pudiera ser aleatorio, centra nuestro interés en la importancia de actuar conforme a nuestra propia conciencia; orientados por la razón e inteligencia heredadas de Dios, substituyendo el factor oportunidad por nuestra observación, experiencia y diligencia, que nada tienen de aleatorio sino que se mantienen bajo nuestro control.

Como convencido cristiano, no tengo dudas en cuanto a que lo que me corresponde en todas mis actuaciones es ser diligente, porque al final, la decisión sobre lo que propongo no es mía sino de Dios, quien guía mis pasos en la vía de lograr lo que me sea más beneficioso.

Por eso pienso que la mejor oportunidad es cuando hago las cosas; porque en todo momento, desde que abro los ojos al despertarme hasta que los cierro nuevamente para dormir, pido a mi Padre Celestial lucidez para tomar acertadas decisiones. Como estoy convencido que Él siempre me oye y guía, actúo en la medida y en el momento en que siento que debo hacerlo. Vale decir, lo que para mi equivale a eso que llaman “el momento oportuno”.

Como quiera que lo que para uno pareciera oportuno para otro pudiera no serlo, lo que me indica que la supuesta oportunidad es relativa, prefiero olvidarme de que existe una oportunidad que sobreviene fuera de mi control, y bajo los parámetros expresados, simplemente creo mi propia oportunidad.

Es por lo cual cuando oro, no pido bienes ni beneficios especiales, sino que imploro recibir lucidez para tomar acertadas decisiones. Es lo único que necesito, lo demás queda de mi parte y trato de ser lo más diligente posible.

Próxima Entrega: LA RECOMPENSA.

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“EL DIVORCIO ES  UNA SOLUCION HUMANA A UN PROBLEMA HUMANO”

¿Quién podría aupar un matrimonio donde desapareció el amor, donde   unos niños presencian diariamente actitudes grotescas de sus padres?

¿No es deleznable el comportamiento amoroso de las puertas del hogar hacia fuera, frente a la desconsideración e insensibilidad dentro de la familia?

¿Puede considerarse moral compartir sin deseo, no sólo las actividades conjuntas diarias sino además la relación sexual?

¿Parecería justo que después de años de dedicación amorosa y solidaria, se le exija a un cónyuge soportar por el resto de su vida a quien ya no experimenta los sentimientos que motivaron la unión?

¿Acaso el pago por haber dedicado años de amor y solidaridad, deba ser perder la libertad de actuación y el derecho a construir una vida plena?

¿No es lo correcto el agradecimiento por los años de amor y dedicación proporcionados mientras se mantuvo el afecto?

¿No es la libertad para comenzar una nueva vida, lo menos que merecería quien dedicó los mejores años de su vida a otra persona?

¿No es ofensivo e irrespetuoso para el otro cónyuge, permanecer a su lado cuando ya no se siente amor sino fastidio, manteniendo relaciones sexuales no deseadas?

Una noche de amor vale una vida, pero soportarlas al lado de quien no se ama sino que desagrada, es una especie de suicidio que a nadie debería exigírsele.

Cuando el amor desaparece, el divorcio no es ninguna tragedia sino una necesidad.

La conseja de que el matrimonio debe mantenerse por los hijos aunque no exista amor, me parece de lo más hipócrita, porque la actuación inconveniente de una pareja desavenida perjudica el desarrollo mental y físico de los niños.

El matrimonio se consuma para mantenerse juntos con amor que genera ternura, aceptación, solidaridad y buen sexo. Cuando eso no funciona, el matrimonio pierde su razón de ser.

Nuestra vida es corta y una sola; para vivir el amor no podemos esperar por otra, porque no la hay.

Como no podemos disfrutar la vida solos, dos nos unimos para lograrlo. Si no funciona la unión, divorciarse y por tanto liberarse para comenzar otra vez, es algo que ambos se merecen.

Cuando se propone el divorcio lo es para que ambos tengan plena libertad de acción. Es esa parte positiva la que debemos ver y tratar en el divorcio.

Se los dice alguien que lo ha vivido, porque gracias a un divorcio encontré mi felicidad al lado de otra persona, con quien disfruto una vida plena, la cual no cambiaría por ninguna otra.

Ojalá no dejáramos de amar a nuestro cónyuge nunca, porque el amor viene y se queda, pero a veces… se va. Lo inteligente es disfrutarlo mientras permanece, por eso debemos aceptar su partida como una opción existencial más que como una tragedia.

Es una reflexión sincera que todos deberíamos hacernos, si realmente queremos mantener familias felices y no mascaradas que convierten una institución, que nace con la intención de proporcionar felicidad mutua, en algo desagradable por no decir aberrado.

Próxima Entrega: UN ESPACIO NECESARIO.

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“El hombre es una nube de la que el sueño es viento. ¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?”, escribía Luís Cernuda en “La realidad y el deseo”.William Blake, en sus Proverbios del Infierno opinaba que: ‘‘Quien desea pero no actúa, engendra peste”

Sobre la base de mi concepción físico-espiritual del ser humano, a quien diferencio de los animales irracionales, precisamente porque está dotado de una razón que orienta su voluntad; los deseos sin la voluntad nunca llegarían a concretarse o materializarse, independientemente de que se trate de necesidades físicas o espirituales.

Más allá de cualquier especulación filosófica, teórica, religiosa o retórica de lo que representan los deseos y la voluntad para el hombre en su actividad diaria, podemos parangonarlo al funcionamiento del automóvil y su combustible: el uno requiere indispensablemente del otro para lograr ponerse adecuadamente en movimiento.

Tanto en lo físico como en lo espiritual-intelectual, los deseos no pasan de ser proposiciones que nos hacemos, porque sentimos que pudieran beneficiarnos, sernos convenientes o necesarios, cuando no representen la concreción de mecanismos de defensa frente a eventos que consideramos negativos para nuestra existencia, porque en tales casos la voluntad ya no funciona como elemento impulsor, sino por el contrario, como inhibidor del deseo.

Los deseos potencian y proponen la aplicación de nuestra voluntad para concretar, materializar o dejar de realizar alguno de nuestros actos, conforme a la jerarquía o trascendencia que personalmente demos a cada una de las cosas que hacemos.

Sin duda para jerarquizar nuestros deseos requerimos de razón e inteligencia. Por eso la jerarquía de nuestros deseos como adultos, es muy diferente a la de los niños, quienes no han alcanzado el uso de la razón. En ellos, como la razón es incipiente, igualmente lo es la voluntad para orientarse en la vía de la mejor conveniencia, por lo cual su voluntad es moderada y en algunos casos, suplida por la de sus padres.

Nuestra especulación vital es tal, que si no organizáramos y jerarquizáramos nuestros deseos y les diéramos rienda suelta sin el control de la voluntad razonable y razonada, que impone esa jerarquía conveniente, pereceríamos prontamente en un absoluto caos existencial.

Esa voluntad que regulará la conveniencia de materializar, concretar o abstenerse de un deseo, se comporta como un músculo que debe ser constantemente ejercitado, para que resista su peor enemigo: la tentación de violentar la jerarquía de los deseos, que debe responder a los principios y valores que rigen nuestra vida, en función de nuestro comportamiento positivo, personal y colectivo.

Con el análisis tranquilo, ponderado, práctico y objetivo de cada uno de nuestros deseos, es como podemos orientar la aplicación de la fuerza de nuestra voluntad hacia la búsqueda de su mejor logro. Para ello no estamos solos, siempre hemos contado y contaremos con la ayuda de Dios, permanentemente a nuestra disposición.

¿Por qué desperdiciar tan valiosa ayuda? No lo dejemos para después, invoquémosla ahora y hagámosla una realidad.

Próxima Entrega: SI VIVIERA… OTRA VEZ

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