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Archive for the ‘RESPETO POR EL CLIENTE’ Category

DIA DEL ABOGADO

El 23 de Julio,  a partir de 1972, los Abogados de Venezuela celebramos el “Día del Abogado”, en conmemoración  al natalicio del Dr. Cristóbal Mendoza, abogado y primer Presidente de la República de Venezuela.
A los setenta y seis años, he visto y oído muchas cosas, vivido diversas experiencias, variadas actitudes y sentimientos, que ya no quiero escribir como abogado, sino como alguien que quiso ser abogado, lo logró, ejerció ética y honradamente y es muy feliz con haberlo hecho.
Ser abogado, en mi caso, desde muy niño se convirtió en más que un sueño una meta, sin tiempo determinado, pero sí como un compromiso invariable conmigo. A mediados de una parte del interesante camino de mi vida alcancé la meta,  cual   complementé con estudios de 4to. Nivel. Luego de más de 26 años de ejercicio, me siento absolutamente realizado físico y espiritualmente.
Gracias a los conocimientos adquiridos pude entender mejor la sociedad  donde he vivido; dar más recibiendo menos, pero siempre en pro de la justicia. Entre otras enseñanzas, entendí que lo que las personas llaman suerte no es más que actuar con diligencia en el momento oportuno; que la constancia,  la disciplina y la fe, son más efectivos que la inteligencia; que lo importante  no es la fama o prestigio, sino la efectividad en el cometido; que la justicia al cien por ciento, aunque es una utopía por efectos del tiempo y el espacio en donde se suceden los eventos que involucran un proceso,  aún así, es nuestra obligación  tratar de materializarla; que un abogado ético en Estrados, no es más que un defensor de una causa que considera justa; y extrajudicialmente sólo es un componedor de circunstancias humanas, y en este  último  evento, el abogado encarna la sentencia del maestro Don Luis Ossorio “…los abogados somos arquitecto del alma de la gente”.
Estoy totalmente convencido  que el nivel económico de los emolumentos generados en nuestro ministerio, no tiene comparación con la satisfacción de la convicción de haber actuado con honestidad y el haber sido útiles, en el encargo que nos fue confiado.  Aprendí también que la templanza, humildad y respeto por la contraparte, es un arma generalmente inesperada por ésta, pero que, al final,  da muy buenos resultados; que una palabra de solidaridad en el momento oportuno, puede motivar reacciones inesperadas de quienes menos esperamos, y, como cualquier buena prueba, puede incidir definitivamente en el éxito de nuestra gestión, tanto judicial como extrajudicialmente.
Un buen abogado es alguien que, más que conocer  mucho Derecho, con sus acciones y comportamiento en la sociedad, sabe generar confianza en las personas. Aunque pocos parecen entenderlo, un abogado puede ser más efectivo si es consultado  antes de realizar algún negocio, cobrar deudas pendientes o iniciar un juicio. En verdad, los abogados, por nuestro conocimiento de la legalidad y experiencia vivencial, podemos evitar litigios innecesarios, largos  y riesgosos, sobre los cuales no se puede diagnosticar la decisión de los Jueces, pero que suelen representar altos costos  y estrés para nuestros Clientes. Desventuradamente, una  mayoría de ellos  nos conciben como “Gladiadores”, esto es que crean sus problemas inconsultamente, considerando nuestra disciplina como un arma de lucha en “la arena”, cuando no han agotado la negociación del asunto; precisamente porque desconocen la importancia de consultarnos antes de intentar cualquier convención o acuerdo, y la ventaja de evitar un  litigio del cual no se puede prever el final.
La profesión de Abogado, como Letrados,  es honrosa y fundamental en cualquier sociedad organizada, en tanto y en cuanto los mismos se atengan  invariablemente a la honradez y la ética profesional. Nuestra formación académica es filosófica y por tanto, apegados a la Ley nos permite especular libremente sobre cualquier asunto. Como consecuencia, podemos asesorar, aconsejar o emitir criterios, sin olvidar ni por un momento, la responsabilidad de nuestras palabras, sobre las decisiones de nuestros consultantes.
Para finalizar estas reflexiones, debo comentar que nuestros Clientes, normalmente, ponen en nuestras manos y cuidado sus dos más preciados valores: su libertad y su patrimonio, lo cual nos obliga a actuar de la manera más cuidadosa y responsable. Estoy obligado a dar gracias a mi Padre Celestial por haberme permitido ser y ejercer como abogado, porque ha sido mediante el ejercicio de esta especial disciplina que he podido ayudar a personas quienes, en algunos casos, hubieran sufrido graves y quizás irreversibles e irreparables situaciones. No puedo decir que obtuve riqueza personal, pero sì aseguro que soy hombre afortunado, porque tengo la convicción de que, independiente de la situación donde me encuentre, siempre Dios me ha proveído y proveerá mi sustento diario.
Si a usted le interesa este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA VIDA FELIZ (2005), haciendo click en el site que se indica://unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

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“EL TIEMPO ES UN RECURSO NO RENOVABLE Y POR ESO MERECE ESPECIAL RESPETO”

asclep3En Venezuela, no parece fácil en el ejercicio de algunas profesiones, conciliar los factores de vocación, eficacia, consideración y cumplimiento, con la actuación fáctica que adicional a la eficiencia debería conllevar respeto, compasión, sensibilidad y caridad.

Los médicos, cuidadores de la salud y los abogados, encargados de velar por la libertad y el patrimonio personal, suelen descuidar su comportamiento profesional integral, fundamental en la relación humana que soporta el entramado social.

En los consultorios médicos, una asistente con mirada entre auscultante y compasiva, decide si el doctor puede conceder el privilegio de recibir. Si se llega antes de lo previsto, pudiera ser que solamente se utilice una o dos horas del irrecuperable tiempo; claro está, si el doctor no “tiene una cirugía”, porque en tal caso… nada está previsto.

Los desventurados clientes de abogados hacen citas, previa advertencia de la secretaria: “el doctor es muy estricto con sus citas”, pero cuando asisten se encuentran conque el “comportamiento estricto” debe serlo en sus citas personales, pero con sus clientes no tiene el mismo tenor, toda vez que existe una justificación inveterada, que la secretaria conoce de memoria: “el doctor tiene una audiencia y regresará muy tarde”, cual es como decirle: siéntese a esperar o váyase por donde vino y aquí no ha pasado nada.

¡Bendito sea Dios! y… ¿Dónde queda el respeto por la persona humana y por el tiempo de quienes les producen su manutención diaria?

¿Haber jurado servir con eficiencia, honestidad, respeto y utilidad, puede tener   tan poco valor para algunos?

Ejercí como abogado por veinte años bajo estricta agenda que privó a mis  patrocinados de sufrir tales irrespetos; ciertamente, siempre estuve consciente del privilegio que significó escogerme entre miles de mis colegas, para servirlos y remunerarme.

Por más de treinta años estuve a salvo de los médicos, a reserva de la visita anual a mi internista donde, en oportunidades, me vi tentado a abandonar su consultorio. Desventuradamente ahora, sobre los dos tercios de mi vida, me veo en la necesidad de visitarlos nuevamente y comprobar que nuestros galenos y abogados, salvo raras y honrosas excepciones, siguen siendo igualmente irrespetuosos del tiempo de sus clientes.

Por favor colegas profesionistas, solícita pero respetuosa pero contundentemente les invito a reflexionar:

¿No convendría tomar ejemplo de aquellos países, donde independiente de la profesión, se pacta y cumplen el horario de las citas?

¿Anterior al título universitario no debe prevalecer el respeto por quienes generan los proventos que nos permiten vivir cómodamente con nuestras familias?

Un cambio de actitud nos haría a todos más… felices, en este país que alguien, acertadamente, definió como el de la eterna primavera.

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