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Archive for the ‘LIBERTAD DE ACCION’ Category

NO AL MIEDO

 

 mujer asustada

No podemos permitir vivir en el mundo del miedo, porque si lo hacemos ya no viviremos, sino que sobreviviremos y no fue para eso que vinimos a este mundo. Miedo al desamor, miedo a las enfermedades, miedo a la inseguridad de todo género, miedo a los terroristas, miedo a una nueva guerra nuclear; todo lo cual nos imposibilita de salir a la calle, visitar los amigos, visitar la familia, acostarnos a la hora que nos plazca; temer cuando alguien estornuda, evitar que alguien nos bese, que nos abrace, que nos den la mano.

Tememos al taxista porque nos puede asaltar, a la señora embarazada que solicita ayuda porque creemos que es un señuelo, a un accidentado en la carretera por el mismo motivo; si en la noche vemos un auto que nos sigue aceleramos, doblamos la esquina  y desaparecemos; tememos a las motos que llevan un parrillero, sin considerar que  para ese fin, precisamente, fue que se  le adicionó la parrilla; tememos si en la noche vemos una patrulla, cuando por lo contrario nos corresponde sentirnos seguros, porque debemos suponer que su deber e intención es protegernos;   y… pare usted de contar.

Ahora bien… ¿Es posible que permitamos que la cuasi paranoia nos lleve a este nivel de vida tan precario?

¿Qué pasó con nuestra fe en Dios, nuestra confianza en sí mismos y nuestra autoestima?

¿Qué sucedió con nuestra seguridad en que hay más gente buena que mala en el mundo, por lo cual aun subsiste,  y que el venezolano es buena gente, solidario y generoso?

¿Se nos olvidó que nuestros mayores nos enseñaron que la policía, los bomberos, los socorristas son los principales amigos y que  el mejor hermano es el vecino más cercano?

Bedito sea Dios… ¿Cómo llegamos a esto teniendo el país más bello del mundo; con la mejor gente, con hermosos paisajes, los mejores climas,  hermosas llanuras, indescriptibles esteros, gigantescos mèdanos y espectaculares ríos; con la Flora más bella y la Fauna más variada del planeta?

Que existen problemas políticos, económicos, sociales y de inseguridad, pues ya lo creo; somos una nación de más de 30 millones de habitantes, con personas de diferente ideología, forma de pensar sobre la vida y las cosas, que dicen y actúan como lo sientenm porque somos esencialmente democráticos. Pero miremos hacia atrás, todo lo que hemos superado desde 1909. Hemos vivido dictaduras, democracias con muy buenas intenciones pero que no llenaron completamente las aspiraciones sociales; un experimento socialista que no termina de cuajar y todo lo hemos enfrentado con coraje, haciendo lo mejor que podemos nuestra actividad generadora de progreso, como ese aporte indispensable al desarrollo del país y… aquí estamos;  cada quien en lo suyo, con sus diferencias y desacuerdos, pero tratando de mantenernos en paz y armonía, y la realidad es que, quizás no de forma excelente, pero lo hemos logrado.

Entonces no hay razón para tener tanto miedo; simplemente, consideremos la situación actual problemática, que por cierto no es solo en Venezuela sino en el mundo; basta observar el Medio Oriente, Korea  y Europa, donde la situación sì que es muy grave y de muy difícil solución. Por lo tanto, tenemos que tranquilizarnos un poco, tomemos las previsiones necesarias y actuemos con cuidado, atención y respeto por los demás. Especialmente debemos ser sensibles y solidarios con nuestros semejantes, sin olvidar que seguimos teniendo familia, amigos, vecinos, servidores públicos honestos porque los corruptos no son el común; consideremos que seguimos siendo una comunidad, una sociedad pacífica, consciente de sus derechos y sus deberes… pero pacífica.

No debemos olvidar que continuamos siendo una gran familia: la familia venezolana, integrada por quienes aquí nacieron y quienes vinieron de otras tierras a incorporarse con nosotros a desarrollar este país. Y como quiera que tengo más de seis décadas viviendo aquí con pleno uso de razón política y económica, no puedo permitir que el miedo me dañe los años de vida que me quedan o me limite a seguir siendo útil, por los riesgos que pueda correr; por eso me siento obligado a gritar a los cuatro vientos a mis queridos hermanos venezolanos: el miedo es malo porque distorsiona la realidad, disminuye la fe, nos hace sentirnos indefensos, desmejorados, disminuidos. Y es por eso que debemos decirle al miedo, en cualquier situación o circunstancia:  NO, NO  y NO.

Si a usted le interesa este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA VIDA FELIZ (2005), haciendo click en el site que se indica://unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

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YO TAMBIEN ESTUVE ALLI

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 Mirando nostálgico el programa de TV:YO ESTUVE ALLI”, me devolví a esa Venezuela de los años Sesenta y Setenta que… yo también viví, cual era diferente a la de hoy en aspectos que tenían que ver, especialmente, con la vida diaria de la mujer, los jóvenes y la moda. Fueron tiempos especiales para el mundo, cuyos efectos rebotaron en nuestro país donde su población se ubicaba, aproximadamente en un Cuarenta por Ciento en el campo y Sesenta por Ciento en la ciudad. En aquella época la juventud de ambos sexos, pero especialmente la mujer, sintieron que les negaba ser protagonistas del desarrollo en esa segunda parte del Siglo XX, que en justicia les correspondía, y decidieron romper barreras, subir muros y decirle al mundo: aquí estamos para participar buscando un nuevo rumbo y lo lograremos… para siempre. Al romper barreras también rompieron con viejos paradigmas sobre la virginidad, el divorcio, las relaciones pre matrimoniales, la sumisión de la mujer y su minusvalía frente a la Ley, y otras tantas mojigaterías que se convertían, sin ninguna justificación positiva, en una rémora para la sociedad; costumbres y manera de actuar impuestas por una sociedad formalista y farisea, en la cual para la mujer, era más importante que disfrutar de una vida feliz físico-espiritual, la apariencia, la obediencia, y… el qué dirán. 

Las mujeres, al tiempo que subían muros también subieron sus faldas, abrieron sus escotes y aumentaron su sensualidad con sus “hot pants” que, además de mostrar sus piernas, mostraron sus hombros y la comisura de sus… senos, en clara rebeldía y demostración de que no era vergonzosa la belleza, sino sensual y edificante, dos condiciones buenas tanto para la vida del hombre como de la mujer. Ese destape fue una manera valiente de demostrar su valor intrínseco personal de enfrentar la minusvalía y falta de libertad frente al hombre. Fue hacer notar que no sólo como madres y amas de casa, sino como mujeres en todo su potencial, sin su aporte integral, ni el hombre ni el mundo podrían tener un devenir feliz, porque ellas representaban la belleza de Dios sobre esta tierra y eran más del Cincuenta y Cinco por Ciento de la población mundial. Los hombres jóvenes las respaldaron y también se dejaron crecer el pelo, se tatuaron, cambiaron las botas de sus pantalones y usaron zapatos de colores, bajo la consigna de LIBERTAD, PAZ Y AMOR.

Para complementar esa gesta histórica de los jóvenes, vino en ayuda la música y surgieron Los Beatles con nuevos ritmos, nuevos gestos, vestimenta contestataria; proliferaron las discotecas, donde las muchachas asistían solas o con los novios, a bailar nuevos ritmos diferentes al baile de costumbre en un ladrillito, y no por eso dejaban de ser igualmente honestas. Los enemigos de la libertad, la mujer y la juventud, tradicionalistas y típicos mentecatos, socarrones e hipócritas, pegaron el grito en el cielo y en grandes ciudades como Nueva York y Londres, la policía apaleó y lanzó bombas lacrimógenas a esos jóvenes quienes, exigían algo que eran derechos naturales: LIBERTAD, PAZ Y AMOR. Finalmente se impuso la minifalda, los hot pants, la discoteca, la juventud y la libertad; la mujer se embarcó en una nueva vida, llenando las universidades; amó a quién y cómo quiso; salió al mercado de trabajo y empujó el desarrollo a velocidad inusitada. También terminó la horrible e injusta guerra de Vietnam, donde 50.000 jóvenes norteamericanos se quedaron sembrados para siempre en los arrozales vietnamitas. Hoy, hombres jóvenes y mujeres manejan un mundo más justo en las grandes Corporaciones, la Presidencia del Banco Mundial y de los Países más avanzados de Europa, y de los más adelantados económicamente en América Latina. Pienso que, posiblemente para el año 2016, una mujer, por primera vez, presidirá el país más grande, desarrollado y poderoso del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica.

Todo este cambio beneficioso para la mujer, la libertad, la juventud y el mundo en general, yo también lo viví; no como los chicos en Woodstock, Londres, Caracas, Bogotá o Buenos Aires, por citar algunas grandes urbes, porque vivía en un pueblito del interior del país, era pobre y escasamente ganaba para ayudar a mi familia; pero sí leí y oí por la radio (porque allí no llegaba la televisión) la transformación que se estaba dando y di gracias a Dios, porque fui objeto de mucha injusticia en mi niñez y fue mi gran aspiración que algún día los jóvenes tuviésemos libertad, al tiempo que tenía un especial respeto y admiración por las mujeres. Doy gracias a mi Creador por haber vivido dos mundos; el segundo que aún continúo viviendo feliz, comenzó en los INOLVIDABLES AÑOS SESENTA que, al avanzar, con sus nuevos medios informáticos digitalizados, para bien de la humanidad, cambiaron el mundo.

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PADRE E HIJO

 La sinergia de la vida debe llamarnos a profunda reflexión sobre la actitud de las personas conforme a su edad, so pena de transcurrir y terminar nuestros días frustrados, estresados y descontentos. El transcurso del tiempo asemeja a una máquina, que incesantemente aspira todo lo que encuentra a su paso, alimentando su inexorable evolución. Mezcla valores, principios, prejuicios, paradigmas, mitos, creencias e ideologías, triturándolos y homogeneizándolos para elaborar su producto: el tiempo por venir. Su resultado es el hombre del nuevo mundo; ese que está creciendo aquí, ahora mismo; normal para la gente de su época, pero que su comportamiento perturba a las personas de mayor edad, que no tengan la capacidad de entender estos procesos evolutivos.

Las personas mayores, normalmente respondemos a principios y valores que traducimos en paradigmas que rigen nuestra vida; por lo que, a cierta distancia de la acción cotidiana de las nuevas generaciones, que no consideramos integralmente dentro de estatus de nuestra conciencia pero que alimentan el indefectible desarrollo, aunque califiquemos como diferentes, no podemos obviar su efecto sobre nuestra cotidianidad. Para nosotros, especialmente en el caso de la relación de pareja, hoy ya no es una conveniencia sino una necesidad, abrazarse estrechamente a esos valores tradicionales y paradigmas que fundamentaron las uniones, para hacerse más fuertes frente al efecto de succión de esa máquina del tiempo, que, aunque no es detestable porque representa la evolución, que es inexorable, no podemos permitirle que desmejore nuestra convivencia personal y autoestima.

La mentalidad de los nietos debemos respetarla, pero no tenemos obligatoriamente que compartirla. Aunque aceptemos algunas de sus actitudes, si chocan con nuestros principios y valores fundamentales, no estamos obligados a promoverlas o patrocinarlas, si no respondan a nuestras concepciones éticas y morales. Sin embargo, no tienen por qué significar que en su forma de vida ellos estén equivocados y nosotros acertados, sino que viven diferente, precisamente porque sus valores son coincidentes con la vida de hoy, lo cual eso es importante procesarlo y aceptarlo, para entenderlos mejor, amarlos ser consecuentes con ellos y serles de mayor utilidad.

No tenemos por qué temer al cambio generacional; desde el inicio del mundo ha estado presente. Corresponde aceptarlo por necesario sin actuar a destiempo, porque la edad no perdona; y aunque pudiéramos enmendar, con los años se nos hace más difícil. Ambas formas de vida pueden convivir holgadamente, bajo el respeto mutuo y consideración compartidas. Al final, ellos serán lo único que quedará de nuestro amor sobre esta tierra.

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Una Vida Feliz

Si volviera a vivir creo que sería maestro, pero no para enseñar matemáticas, lenguaje, geografía o cualquiera de esas materias diseñadas por nuestra sociedad para enseñarnos  a… sobrevivir. Y no es que esté en desacuerdo con la enseñanza formal, sino que se descuida o subestima enseñar a los niños algunas cosas y circunstancias que, pareciendo obvias, pudieran definir su felicidad.

Necesitamos enseñarles a soñar, a disfrutar cada segundo de tantas bendiciones que Dios puso para nosotros sobre esta tierra; lo elemental que es nuestra vida y lo fácil que es sobrevivir físicamente; la importancia de amar y compartir todo lo bueno que podemos dar; que al despertar el poder ver el sol, sentir la brisa de la mañana y pronunciar la palabra madre, son bendiciones que debemos disfrutar con fruición para iniciar un nuevo día, y por ello deben dar gracias.

Enseñarles que lo trascendente como nuestras funciones internas vitales, espiritualidad, estado de ánimo y libre albedrío, nos es dado como una parte de nosotros mismos; que lo material para mantenernos vivos siempre estará a nuestro alcance y para lograrlo solo requerimos diligencia  y confianza en nuestras actuaciones.

Instruirles sobre situaciones y circunstancias que por obvias dejamos de advertirles, pero que su conocimiento y convencimiento pudieran hacer más venturoso su destino, como  el hecho de que más importante que la cama, es tener sueño;  que  mejor que acumular  riquezas es cultivar buenos recuerdos y la conciencia tranquila; que lo importante no es como nos ven sino como nos sentimos; que es más importante ser cauteloso que valiente; que la mejor forma de lograr la abundancia es dando en igual medida; que la sabiduría es más importante que el conocimiento y la salud depende en gran manera de nuestro estado de ánimo.

Convencerles de  que un consejo es bueno, pero el ejemplo es mejor;  que la caridad nos engrandece, pero la comprensión nos hace parte del que sufre; que no hay mejor ayuda que oír con respeto al desventurado y responderle con generosidad; que la verdad nos hace libres y la mentira esclavos; que el  orgullo es un enemigo, pero la humildad su redención; que la envidia es el peor castigo, para quien la profesa; que el mejor poder es el que ejercemos sobre nosotros mismos; que el perdón y la oración sanan  el alma, tranquilizan el  espíritu y nos hacen parecernos a Dios.

Sólo eso quisiera hacer… si volviera a vivir.

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La vida me ha enseñado que aun siendo parte de un grupo social y específicamente de una familia, conviene tener nuestra propia burbuja. Claro está que no me refiero a esas que hacen los niños en los parques con agua de jabón, o la que se forma en las aguas de los ríos o en los lagos; me refiero a mi querida burbuja personal.

Cuando era un niño y hasta cumplir los diecisiete años, como miembro de una familia numerosa donde el mayor esfuerzo se dedicaba a luchar por la supervivencia, nunca fui bien comprendido ni debidamente interpretado; especialmente por mi padre y mis hermanos, quienes no entendían mis necesidades de realización espiritual, siendo que mi único confidente lo fue mi madre. En esos momentos duros de mi soledad ideológica, tuve la necesidad de diseñar un mecanismo de defensa frente a los efectos de la agresión silente pero dolorosa de… la indiferencia a mis necesidades.

Fue en esa época cuando produje mi burbuja personal con escaso espacio para mi persona, porque en mi soltería quien siempre me acompañó no lo requería: Dios. En esa estructura invisible y sólo para mí existente me protegía frente a la incomprensión, la indiferencia afectiva, la burla grotesca, la chabacanería y la ofensiva ignorancia de quienes conformaban mi entorno íntimo. En el eco de su piel virtual aprendí a oírme a mí mismo, en mi soliloquio de sueños y esperanzas.

En su vientre, preservé mucho de lo que quería compartir pero no me daban la oportunidad de hacerlo. Tras su cuerpo invisible me hice fuerte frente a la crítica malsana, la estulticia, la escasez de valores y principios, vigentes en el medio en el que me tocó vivir esos años. Ella fue la coraza que me permitió no sucumbir en ese tremedal que vivíamos quienes carecíamos de los recursos más elementales, donde la pobreza mental, los vicios, la pedantería, la inopia y la frustración hacen de la vida… una falacia.

Luego, cuando crecí y amé profundamente a ese maravilloso ser que hizo causa común conmigo y mis sueños, amplié mi burbuja personal con espacio suficiente para dos cuerpos y dos… almas. Esa burbuja ampliada que me ha acompañado durante estos últimos treinta y ocho años de amor conyugal, que únicamente mi esposa y yo conocemos, está siempre disponible cuando la requerimos, independiente del tiempo o el lugar.

En el inicio, en ella nos refugiábamos cuando nadie creía en nuestros proyectos y la situación parecía demasiado dura, o para aclarar nuestras disidencias, sin que lo advirtieran nuestros hijos. La burbuja se hizo más importante y prácticamente indispensable, cuando la última hija que nos quedaba en casa cumplió los dieciocho años, porque entendimos que se acercaba su partida. Desde entonces le insuflamos elasticidad en la medida de la necesidad objetiva, de tal manera que pudiésemos adaptarla a cualquier situación.

Hoy, cuando ya todos los hijos dejaron el hogar y construyeron los suyos, la utilizamos a diario; sin que otros lo perciban, su piel invisible pero fuerte rebaja el impacto cuando tropezamos con la inconsecuencia, falta de amor, incomprensión e insensibilidad que han convertido este mundo en una lucha permanente, inhumana y prácticamente sin reglas, donde se compite casi por todo.

Dentro de su cúpula invisible nos embarcamos en ese viaje de emocionante aventura que es nuestra vida, posibilitándonos actuar, pensar y creer diferente a los demás, pero sin afectar su forma de concebir la vida y las cosas. De alguna manera, esa burbuja existencial que hemos construido, donde nos sentimos protegidos permanentemente, nos permite materializar ese principio de Ortega y Gasset, que hemos hecho nuestro: ser nosotros y nuestra circunstancia.

¿Qué por qué no vivimos siempre en esa burbuja?

Pues bien, como nuestra burbuja es invisible nos protege de los eventos, influencias y actuaciones negativas de quienes no creen como nosotros, en la obligación de amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos, pero no por eso nos separa de ellos ni de quienes necesitan información positiva, o alguna ayuda que podamos prestarles para entenderla mejor, es por lo cual necesitamos un tiempo fuera de la burbuja, cual es el que utilizamos para decir a esos hermanos del exterior, que si tenemos amor, fe, optimismo, confianza, positividad y nos convencemos de que somos hijos de Dios, nadie ni nada podrá sernos adverso, porque tenemos su poder como un pedazo de Él, que bien utilizado es simplemente… milagroso.

Nosotros somos un buen ejemplo del resultado positivo de esa ideología. Más de treinta y siete años de feliz matrimonio, disfrutando todos los días nuestro amor, el de los cinco hijos, los nueve nietos y haciendo por los demás lo que quisiéramos recibir. Claro está, con profundo respeto por la vida de cada uno y sus personales circunstancias, pero con idéntica convicción de que vinimos a este mundo para ser felices y que no lograrlo sería además de un imperdonable desperdicio, algo así como una blasfemia. No importa si, como en nuestro caso, para continuar siendo felices tenemos que pasar una buena parte de la vida, en nuestra propia burbuja.

Próxima Entrega: A QUIEN SUPERAR

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¿Qué al abandonar el hogar paterno y hacer pareja los padres pierdan a sus hijos? Me parece una conseja común pero sin sustento real. Es que a algunos padres se les dificulta entender que los hijos no vienen al mundo para permanecer por toda su vida a su lado, sino que traen una información genética originaria que les induce a crear su familia propia e independiente de sus progenitores, en pro de continuar y fortalecer la especie sobre la tierra.

Este tipo de padres tienen una concepción errónea de “propiedad” sobre sus hijos, no solamente estimando que la obligación de sus hijos es la de quedarse en el hogar hasta que ellos lo decidan, sino que también deberían solicitar su aprobación para escoger la forma de vida que estimen conveniente.

Sobre la base de esa equivocada idea de control, los ponen en la desagradable situación de tener que someter a su aprobación no solamente la pareja de su agrado sino también su familia, el sitio donde se realizará la boda, la casa donde vivirán y hasta el vino que tomarán el día del matrimonio. Olvidando por completo que para la nueva pareja, la mejor ayuda de sus progenitores es percibir que sus padres les aman, respetan su intimidad, decisiones y que de ninguna manera interferirán en su vida de pareja, más allá de lo que les sea solicitado voluntariamente.

Es que como padres tenemos tanto que dar al naciente hogar de nuestros descendientes, que precisamente por eso debemos ser muy cautos. Lamentablemente, algunos padres por su exagerado sentimiento de posesión sobre sus hijos -que no ocultan- les crean temores sobre la posibilidad de una intervención exagerada, que los limita para solicitar oportunamente su asesoramiento, ocasionándoles el cometer errores, que de haber mantenido una relación de respeto y no intervención, seguramente con su experiencia éstos hubieran podido ayudar a solucionar.

Algunos progenitores pierden la oportunidad de colaborar efectivamente a conformar esos nuevos hogares, cual podría ser para ellos como continuar compartiendo su vida; y para sus hijos, la posibilidad de que su iniciación sea menos dura, por la capitalización de la experiencia positiva de sus padres; lo cual será difícil de materializar, si existe el temor a la exacerbada intervención e influencia en su vida diaria.

Con actitudes exageradas de protección y cuidado, seguramente bien intencionadas pero inoportunas, los padres, en vez de ayudar, hacen un flaco favor a la pareja, logrando objetivos contrarios a los deseados, porque ésta se irá separando de ellos paulatinamente, como única posibilidad de tener la oportunidad de diseñar y hacer con toda libertad e independencia, su propia vida. Con esta mentalidad obsoleta, en su desesperación por retener y “controlar” a sus vástagos, en el caso de los solteros sólo logran atemorizarlos, llevándolos a considerar la salida del hogar como una especie de liberación personal, y en el caso de los casados ya han quedado expuestos los nefastos resultados.

Es lamentable cómo en algunos casos, los progenitores no contentos con haber vivido su vida como les dio su real deseo, valiéndose de todo tipo de manipulaciones y subterfugios, pretenden además de un control férreo, constituirse en una carga obligada para sus hijos. En estos casos, al menos en el caso de hijos con parejas, les pone en grave riesgo la relación, porque no hay nada más aterrador para el otro miembro de la pareja, que la posibilidad de la permanente intervención de los padres de su consorte, o el tener que cargar con unos viejitos normalmente sabiduchos, que duermen cuando los demás están despiertos, y se desvelan cuando el resto de la familia duerme. Estos padres olvidan que fueron ellos los que trajeron los hijos a este mundo, y por tanto ninguna responsabilidad tienen éstos por su existencia en esta tierra de Dios.

Bastante problema tienen en estos días las parejas jóvenes para apañarse con las muchas responsabilidades y obligaciones, que les impone una sociedad crecientemente consumista y desarrollista, para tener además que atender el gravamen de unos padres, quienes no supieron en el momento oportuno tomar las previsiones necesarias para no constituirse en su vejez en una carga para sus hijos, precisamente cuando éstos requieren plena libertad de acción, porque están en la etapa de constituir sus hogares, lo que todos los días es más difícil y comprometedor.

Por otra parte, para el otro integrante de la pareja quien no tiene porqué tener una solidaridad especial con los padres de su consorte, pero que además viene de escapar del “control” de los suyos, nadie podría pedirle que habiéndose liberado, vaya a caer en la misma situación con quienes de alguna manera hasta hace poco tiempo fueron unos extraños. Estimo que todos esos usos y costumbres aberrados, de algunos padres para con sus hijos en y fuera del hogar, produce el efecto de distanciarlos.

Todo lo contrario sucede con aquellos que tanto en el hogar como fuera de éste cuando los hijos parten los han respetado y continúan haciéndolo, les consideran suficientes para tomar sus propias decisiones y se lo hacen saber, con orgullo. Es que a mi manera de ver estas relaciones, cuando los hijos dejan el hogar y hacen su propio nido, más que padre necesitan amigos fieles y leales y…

¿Quien mejor para llenar tal necesidad que aquellos quienes son sus padres?

De hacerlo, no sólo no se perderían los hijos, sino que pudiera ser que se ganaran los mejores amigos. Justo sería recordar a Khalil Gibrán cuando enseñaba:

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Ellos son los hijos y las hijas de la vida que trata de llenarse a si misma. Ellos vienen a través de vosotros pero no son de vosotros. Y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen… Les podéis dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Valdría la pena meditar sobre esta sabia enseñanza, pero también intentar entenderla y remendar ese capote.

¿A qué esperar?

Hágalo de una buena vez. Tome el teléfono y llame a sus muchachos ahora mismo, manifiésteles su amor, su respeto, su seguridad en su suficiencia y su fe de que ellos, así como usted lo logró, fundarán y desarrollarán un hogar del cual usted siempre estará orgulloso.

Ah… y no deje de decirles que siempre estará dispuesto a servirlos, pero solamente cuando ellos le llamen. Si lo hace de esa manera y cumple con el agradable deber de respetarlos, procurando su amistad en lugar de su sumisión y con la inteligente actitud de no asfixiarlos, más que perderlos ganará para siempre… sus hijos.

Próxima Entrega: PASARE SOLO UNA VEZ POR ESTE CAMINO

 

 

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