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Archive for the ‘FALTA DE OBSERVACIÓN’ Category

Por solicitud de una lectora Bogotana, repito este post que escribí y  publiqué el año  2008.

“SI TUVIERA DOS VIDAS TE REGALARÌA UNA; SIN EMBARGO, LA ÙNICA QUE TENGO   TE LA OFREZCO PARA HACER UNA SOLA CONTIGO.”


¿Cómo actuar luego de producida la infidelidad sexual?

Para el ofendido su sorpresa, orgullo herido, dolor y frustración no dan tiempo para el análisis racional de la situación, sino para la acción inmediata y violenta de rechazo.  Sin embargo, antes de abordar la actuación posterior, conviene analizar someramente los antecedentes previos al suceso.

Tomaré como referencia un caso de la vida real, como textualmente me fue propuesto por una de mis lectoras:

Descubrí que mi esposo me fue infiel, él me explicó que está muy arrepentido porque me quiere, pero que no sabe que le impulsó a hacerlo. Sólo tuvo contacto sexual una vez para quitarse esa inquietud y que esa relación ya no existe. Yo lo amo y no sé como manejar esto. Tengo tanta rabia, frustración y hasta dudo de mi capacidad sexual. Quiero perdonarlo pero tengo miedo que luego se vuelva a repetir, pero es que tampoco quiero perderlo porque salvo esto, él es  muy considerado conmigo, agradable  y sé que me ama. “

La infidelidad sexual no se produce por un impulso momentáneo; se trata de un proceso acumulativo de insatisfacciones que desencadena en una actuación cargada de emotividad, frustración, perturbación, confusión, y a veces, irracionalidad.

Es el triunfo de la originalidad sobre la cultura, actualizada por una reacción animal instintiva que supera principios éticos, que soportan la relación de pareja. La permanente lucha del hombre civilizado con su herencia atávica: atracción heterosexual y cópula.

Para el ofendido, el acto desleal violenta los sentimientos, los pactos de amor y solidaridad que produjeron la unión, afectando la fe, confianza, seguridad en si mismo y en la relación: el mundo se pone… oscuro.

Para el ofensor, la fantasía y debilidad dan paso a la realidad. Al momento fugaz de supuesto goce -que la mayoría de las veces no es nada extraordinario- sigue la perturbación, angustia y sentimiento de culpa; los remordimientos y tardía racionalización de las consecuencias cobran un precio demasiado alto, que algunas veces destruye años de esfuerzos, dedicación y… sueños.

La reflexión llega tardíamente, pero… llega. El mundo se pone pequeño y la vida se hace… miserable. El mal está hecho y la sensación es la de un  callejón sin salida. Para los dos es un momento aciago, en el cual se encuentran solos, porque nadie puede ayudarlos. El shock da paso al temor a las consecuencias, y ambos, emocional  y mentalmente desestabilizados se preguntan: ¿Y ahora qué?

En muchos casos, se trata de personas que por años han tenido una conducta apropiada de fidelidad y consecuencia, pero quienes en un momento dado, por razones que ellos mismos no pueden racionalizar,  cometen un error. Surgen entonces algunas interrogantes:

¿Debe condenarse sin término de juicio?

¿No tiene ningún valor su actuación consecuente, honesta, leal y solidaria, frente a un acto equivocado?

¿Cuando se unen dos no se aceptan con sus virtudes y defectos?

¿Acaso la solidaridad no es en las buenas y en las malas?

¿No es cuando nuestro par  tiene problemas cuando más requiere nuestra comprensión y… ayuda?

Frente al suceso fáctico sólo queda una opción válida, inteligente, sincera y valiente: controlar el dolor, la ira de uno y la tendencia a la justificación del otro, en pro de analizar los factores incidentes que desencadenaron la situación, poniendo por delante la verdad para decir, sin ambages y falsos prejuicios, lo que se siente que ha fallado en la relación.

De ese análisis sincero surgirá la realidad de  cuándo se inició el proceso de deterioro, cómo y porqué se produjo; pero también por qué  no fue advertido y tratado a tiempo. Si predomina la verdad y no la justificación, ambos, de alguna manera, consciente o inconscientemente, en mayor o menor grado resultarán con incidencia de culpa.

Si la llama del amor se mantiene viva, la frustración y el temor darán paso a la reflexión sobre valor de lo que se está en juego. La aceptación de la actuación errada, la solicitud del perdón y la contrición resarcirán el dolor. La nobleza y generosidad, hermanas gemelas del amor propiciarán el perdón y… el olvido.

El tiempo dará oportunidad al ofensor de compensar con creces sus errores y el ofendido se sentirá satisfecho de haber tenido la altura espiritual, que se requiere para perdonar y olvidar;  con lo cual, por cierto, salvó la relación.

Si por el contrario, no obstante habérsele dado la oportunidad de corregir definitivamente el entuerto, el ofensor resultare reincidente y se terminare la relación, no sería el ofendido el gran perdedor; porque para él, en el camino de la vida, en su misma vía y en sentido contrario,  otros vienen en busca de lo mismo, con idénticos deseos, ambiciones y sueños; en un momento, sin  importar como ni cuando, se encontrarán, sentirán que llegaron a su destino y se producirá el milagro: el amor nuevamente tocará la puerta y… deberá abrírsele.

Por su parte, quienes no tienen suficiente amor, generosidad y nobleza para entender que la pareja no es de ángeles, sino de seres humanos con virtudes y defectos; ambos tratando de ser mejores en un mundo complejo y progresivamente insensible a la ternura, consecuencia y solidaridad humanas, en una situación de infidelidad dejan que sus más radicales sentimientos decidan la situación, y el resultado siempre es el mismo: irreflexión, incomprensión, odio, rencor, frustración, revanchismo. Como consecuencia, soledad y tristeza, para lo cual por cierto no se requiere tener una pareja.

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Para enfrentar la infidelidad de algún miembro de la pareja, no queda otra opción que la de asumir el hecho; aceptando con sinceridad y valentía cualquier implicación de culpabilidad que pudiera corresponder por el descuido, desidia, imprevisión o mala comunicación con el ofensor, sin que ninguna de estas desinteligencias signifiquen justificación a tan desleal actuación.

Determinado, mentalmente procesado,  y aceptado el nivel de la implicación personal del ofendido, que pudiera haber incidido en la actuación del infiel,  corresponde considerar la parte positiva del evento, que más allá del dolor y posible frustración que deje en el alma,  pudiere aportar una experiencia capitalizable en una nueva relación.

En principio, quien actúa con tanta deslealtad, hipocresía y falta de personalidad, puesto que antes de dar el paso, pudo hablar sobre la situación y con un mínimo de decencia, consideración y respeto  por su pareja, manifestar su desamor, cual sería lo mínimo que merecería quien  ha cumplido con los pactos afectivos que fundamentan la relación, simplemente no es una buena compañía.

En segundo lugar, para vivir con una persona que no tiene la valentía de decir lo que siente ni tiene ningún respeto por la persona humana,  sino que es capaz de traicionar sin considerar la mínima lealtad prometida, pues pienso que es una suerte que se vaya lo más pronto y lejos posible.

Si bien es cierto que debe ser una situación dolorosa, no menos cierto es que no deja de ser una ventaja, ponerse a distancia de una persona que, cual  alimaña, se embosca en la sombra para atacar en cualquier momento.

El amor verdadero, que es sublime y físico-espiritual, aunque está imbuido de pasión, no es una fijación mental irracional, porque eso sería enfermizo; sino que se nutre de la ternura, la magia, la aceptación y el reconocimiento,  que se traduce en manifestaciones continuas y permanentes de afecto y solidaridad. Cuando esos factores no se dan, simplemente no vale la pena mantener la relación.

Por tanto, la infidelidad no es algo que se pudiera evitar al cien por ciento. Responde a la naturaleza del individuo. Se trata de un comportamiento que tiene que ver con su ser integral. Tarde o temprano saldrían a flote sus verdaderos sentimientos, y qué bueno que sucede temprano, cuando aún no se ha otorgado todo el amor, la dedicación y la confianza.

La infidelidad ofende al actor y sus consecuencias negativas le perseguirán siempre, no así al ofendido.

Lo importante es tener presente, que  el hecho de que alguien falle es un suceso aislado. No es la generalidad. Hay más personas buenas que malas y más leales que desleales en este mundo. Cuando alguien falla, otros están dispuestos a resarcir con creces la ofensa recibida;  así es y ha sido siempre en este mundo.

El dolor es extraordinario maestro, porque nos hace diferenciar entre lo agradable y lo desagradable. De alguna manera, nos prepara para disfrutar mejor lo que está por venir. Esa es la parte positiva.

Si alguien nos abandona, pues se lo pierde, porque nosotros conocemos nuestro propio valor; sabemos que tenemos mucho que ofrecer, mucho que dar, pero también mucho que disfrutar; y en el camino de la vida, en sentido contrario, siempre viene alguien que espera encontrarse con nosotros, y esa persona compensará con creces todos nuestros sufrimientos: BIENVENIDA SEA.

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