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Archive for the ‘AMAR SIN ESPERAR RECOMPENSA’ Category

LA MADUREZ ESPIRITUAL

flores de rumi maestri espiritualista

Como todos mis lectores conocen, desde el año 2005 he dedicado buena parte de mi tiempo a la divulgación del tema de la “felicidad”, labor que inicié ese mismo año con la publicación de mi libro “Una Vida Feliz”; continuando con otros libros,  como columnista de prensa, de algunas Revistas y mi Blog http://www.unavidafeliz.com el cual es visto por más de 2.600.000 cibernautas, por lo cual hoy, al recibir en mi computador de un amigo una anécdota sobre cuando le preguntaron  a Rumi, maestro espiritual Persa del Siglo XIII,  ¿Que es la madurez espiritual?, éste al  analizar dicha pregunta, hizo algunas precisiones muy interesantes, concluyendo con esta sentencia:  “… se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la “felicidad” a las cosas materiales…”.  Esta sencilla pero profunda admonición, luego de más de siete décadas de vida feliz,  ratifica mi convicción de que la felicidad como realización físico-espiritual del ser humano, tiene que ver más con nuestra espiritualidad, que es interna, que  con las cosas materiales que siempre son externas. Dentro de mi pequeño gran mundo personal, esa ha sido la norma de mi vida; por lo cual  hoy, independiente de las circunstancias diarias, me mantengo feliz; precisamente por no vincular  o hacer depender de ninguna manera mi felicidad de alguna cosa material, tales como la riqueza, poder o  la fama.

Estoy claro que para sobrevivir físicamente, requerimos cosas elementales como el oxígeno, el agua y los alimentos, las cuales por cierto, para quienes confiamos en Dios,  siempre están a nuestro alcance sin grandes esfuerzos.  Pero respecto de la felicidad, prevalece sin  ninguna duda el aspecto espiritual. En el devenir de mi vida he visto tantos “pobres ricos”, con mucho dinero, pero absolutamente infelices; tantos  “poderosos” odiados, impopulares, quienes al final cuando pierden el poder, terminan traicionados, solos y hasta encarcelados, bajo juicio o huyendo de la justicia; y personajes “famosos”, quienes llenos de vanidad subestiman los valores humanos más elementales, pero al final cuando la fama decae: la tristeza, la infelicidad y algunas veces… el suicidio. Del otro lado,  personas sencillas, humanistas,  que nunca antepusieron la riqueza, poder o fama, al amor, bondad, cuidado y solidaridad con sus congéneres, vivieron y muchos otros aún viven felices, precisamente porque nunca, como lo sentenciara el maestro Rumi, anexaron  la felicidad a las cosas materiales.

No es difícil determinar que los sentimientos trascendentales de nuestra existencia no son materiales, sino que prioritariamente tienen que ver con nuestra espiritualidad. Así, por ejemplo, el valor humano más importante en nuestra vida, que es el amor, jamás dependerá de algo que no sean nuestros sentimientos internos, que nada tienen que ver con las cosas externas. En el mismo  sentido y también ejemplarizando, algunas satisfacciones fisiológicas como el dormir, no dependerá de  la comodidad del lecho de que se disponga, sino de que tengamos el sueño necesario en cada ocasión. De la misma manera, la verdad, la lealtad y otros principios y valores humanos importantes, siempre serán una manifestación de nuestro ser interno, que abonando a nuestra felicidad, no tendrán que ver con ninguna cosa material.

Creo que si meditásemos más sobre el real significado de la palabra felicidad, previo considerar algunos de los pocos ejemplos antes indicados, llegaríamos a la conclusión de que no es otra cosa que nuestra realización físico-espiritual, donde la espiritualidad es lo fundamental y lo físico es absolutamente complementario. De tal modo, comprenderíamos mejor la elementalidad de nuestra existencia y llegaríamos a la conclusión de que, definitivamente, la felicidad dependerá únicamente de nuestros sentimientos internos conectados a nuestro  espíritu y nunca de las cosas materiales que nos rodean; lo cual creo que fue el mensaje que quiso dar el  maestro Rumi en su admonición aquí comentada.

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jesus profeta

No entraré a especular sobre la definición del término Profeta, porque es mucha la literatura que existe al respecto. No obstante, no tengo duda que todos los Profetas que pudieron haber existido en este mundo, también fueron hijos de Dios. Leyendo sobre un estudio de un Teólogo español, se me ocurrió comentarles sobre algunas reflexiones que siempre me he hecho sobre ese extraordinario -y para mí inigualable hijo de Dios- que fue Jesús de Nazaret.

Siempre he pensado que más que un religioso Jesús de Nazaret fue un Profeta. Su mensaje vigoroso, valiente, que no respondía a ningún concepto religioso específico, apuntó siempre a la búsqueda de la felicidad humana fundamentada en el amor; especialmente a nuestros hermanos humanos, que es, precisamente, lo que nos lleva a un plano divino.

 Jesús no hablaba sobre supuestos o asuntos extraordinarios, sino que su prédica se reducía a las experiencias de su  época, que no obstante el tiempo, precisamente por ser proféticas hoy mantienen absoluta vigencia. “…cada día tiene su problema, basta a cada día su mal…”; sin duda, nada más actual. Nadie nunca le catalogó como filósofo, científico o teólogo. Simplemente tenía un gran poder de convencimiento que con su ejemplo logró liderizar su gente, porque vivía y todo lo trataba dentro de la cotidianidad de sus propias experiencias. Su mente, sabiduría y don divino, le indicaba que la única forma de que sus contemporáneos pudieran comprenderle era mediante metáforas.

Jesús no hablaba de un Dios demasiado lejano o inalcanzable, sino de un Padre que era de todos y que, permanentemente podía escucharnos, por eso enseñaba: “…todos ustedes son hermanos…“, predicando que “…se es más feliz dando que recibiendo…”.  A sus coetáneos les dio la llave de cualquier logro importante: LA FE, con la cual igual podrían mover una montaña que lograr la sanación. Enseñó la compasión al desvalido y al menesteroso, que eran una prioridad en aquella época: “…lo que hagan por un pobre o un niño, por mí lo hacen…”, pero siempre dejó abierta la puerta al libre albedrío; “…no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti…”

 Quiero resaltar que Jesús no fue un fanático religioso, sino un visionario que se sentía en contacto permanente tanto con Dios, que consideraba el Padre de todos, como con su propia gente. Ese es el Jesús que yo quiero recordar, y cuyo mensaje, de alguna manera, siempre ha guiado mi vida.

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EL EXITO MÁS IMPORTANTE ES EL QUE NOS HACE FELICES

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¿Qué significa tener éxito personal?

Pienso que aunque existan definiciones académicas de esta palabra, no existe aceptación general de su significado, con relación específicamente al ser humano. Asimismo, creo que con el transcurso del correr del tiempo y las modificaciones que se han producido en la forma del hombre de ver la vida, su consideración lo es, como casi todas las cosas, conforme al tiempo y al espacio.

Por otra parte y a título de ejemplo, no es lo mismo tener éxito en construir en el tiempo previsto y costos estimados de una gran represa, gigantesco puente o moderna infraestructura vial, que el éxito que puedan sentir en sus vidas quienes las construyen. Ya que, no obstante que tales actividades se realizan  y debe celebrarse su éxito, porque lo son en función social, en el fuero interno de cada persona, la situación pudiera ser diferente con respecto a su éxito personal.

No obstante que la vida del ser humano es absolutamente elemental, y si se quiere relativamente fácil de sobrevivir, el éxito individual no puede medirse desde ninguno de sus logros o aristas de vida, sino que debería referirse a su existencia integral.

El hombre tiene una existencia físico-espiritual, esto es, que no sólo estamos constituidos por un  cuerpo sino también por un espíritu. Este hecho indiscutible nos saca de los logros únicamente materiales para llevarnos al plano de la necesaria satisfacción espiritual; vale decir, que el éxito personal para que sea tal, no podrá ser ni sólo físico ni  únicamente espiritual, sino que  tendrá que ser conjunto: físico-espiritual.

Así tenemos que se conoce de hombres y mujeres exitosos en hacer fortuna, obtener fama, poder y sobresalir académicamente, pero su vida privada ha sido terriblemente desordenada, torpe y dolorosa;  inclusive han terminado solos y sin familia, lo cual ha hecho su existencia desgraciada.   Estas personas sólo alcanzaron  su realización física, pero no la espiritual, por lo tanto en el sentido práctico y efectivo, no obtuvieron el éxito en sus vidas.

Otras personas, que nunca llegaron a destacarse por encima de lo normal en cuanto a su fortuna, poder o fama, pero sí lograron estudiar, constituir una familia donde reinó el amor y los valores humanos, llegando al final de su existencia en un hogar amoroso, al lado de sus seres queridos. Estos individuos, a mi manera de ver el asunto, lograron su realización físico-espiritual y como consecuencia el éxito personal.

 

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EL AMOR ESPONTÁNEO NO CONOCE ATADURAS

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Una Vida Feliz

No tengo dudas al respecto; me consta porque lo he vivido: PUEDE EL ULTIMO AMOR SER EL PRIMERO.

Como lo escribiera Andrés Mata, el alma se asimila “…al pájaro señero que roto el nido en un ruinoso alero, en otro alero reconstruye el nido” y representa un mensaje de esperanza para los enamorados, porque ese sentimiento maravilloso de amar jamás desaparece: siempre está en nosotros, dispuesto a  vivir y… revivir, si fuere nece
sario.

¿Qué sería de nuestra vida sentimental si sólo pudiésemos sentir amor por una sola vez? Seguramente viviríamos angustiados y no podríamos disfrutar las delicias del amor integralmente, en todo momento y sin reservas ni temores.

Es que, quienes amamos pueden llegar, quedarse, alejarse o irse, pero nuestro amor no: el está ahí, sembrado en lo más profundo de nuestro sentimiento, trabajando en la parte más importante de nuestra vida: nuestra realización física y espiritual.

Nuestro mayor incentivo y motivación para triunfar  y ser mejores en la vida, es lograr el éxito  para obsequiarlo a  esa persona o personas  que amamos. Y como sin amor no existe felicidad y sin ésta no vale la pena la vida, en procura de ese alimento,  indispensable para nuestra merecida felicidad, amamos tantas veces cuántas fuere necesario.

Como el amor real, edificante y bueno, es el que se disfruta con libertad, quienes amamos sólo estamos obligados a continuar juntos, mientras experimentemos esa sensación especial de compartirlo todo.

¿Cuál es la salvación cuando un amor se va? Simplemente, que vendrá otro que será “…más duradero y menos doloroso que el olvido.”;  y a eso tenemos que aferrarnos, ya que, somos nosotros y nadie más quien decide cuando, a quién y cómo amamos.

Así que, el compromiso no escrito pero vigente siempre, es amar con libertad y conceder lo mismo.  Por tanto, si ya no nos amaran más, pues mala suerte para quien deje de amarnos  porque en tal caso, se lo pierde. Nosotros, simplemente, como el pájaro señero, “…en otro alero reconstruiremos el nido.”

La consigna es amar sin temor, sin sospechas, sin pedir ni esperar más de lo que somos capaces de dar.

La recompensa por amar es tan más hermosa, edificante, sublime y placentera, que como casi todas las cosas valiosas en esta vida,  conlleva un riesgo de dolor que vale la pena correr.

 En todos los casos, como lo escribiera ese cumanés insigne, “…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.”

 

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SI QUIERES GANAR EL CIELO, TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME”

Un  Obsequio del Libro UNA VIDA FELIZ  por 1.000.000 de visitas. Hacer click en: Una Vida Feliz

Continuamente oímos personas pregonar que son cristianos, vale decir que siguen a Cristo. Ciertamente, es muy fácil decirlo, pero bien difícil actuar como un verdadero cristiano. Más que invocar a Cristo, se requiere sentirlo en nuestro espíritu y hacerlo patente en cada uno de nuestros actos.

Es que no es fácil aceptar la ingratitud e inconsecuencia de algunos congéneres, que todos los días afectan nuestra relación humana.  Pero, como cristianos estamos obligados a soportarlos y ayudarlos, porque sin ninguna duda, su actuación corresponde a su ignorancia de los principios cristianos y de las leyes de compensación que rigen nuestra vida.

Alguien decía que haz el bien y espera el leñazo; en algunos casos pudiera ser así, pero no en la mayoría. Una condición fundamental del cristianismo es cumplir el mandato de Cristo: Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando se hace el bien no es importante lo que se reciba de regreso, porque cuando se da amor, éste  se convierte en el mejor antídoto ante los grandes males que aquejan al  hombre.

Considero apropiado el aforismo: “El que nada espera lo tiene todo.” Cuando se hace el bien sin esperar recompensa, todo lo que la vida te devuelve es bueno. De hecho, el practicarlo, es ya una recompensa.

¿Qué quien recibe el acto bondadoso lo retribuya? Pudiera ser que sí, pero si no lo fuera, el pago espiritual representado en la satisfacción de hacer el bien, y se recibe en el mismo momento en que se hace el bien.

Especialmente, para quienes somos padres hacer el bien, que es una forma de ser justos, nos asegura un buen futuro para nuestros descendientes. Esa fue la promesa bíblica del salmista cuando  escribió que  “… jamás he visto hijo de justo mendigando pan…”

Ayudar a nuestros semejantes, aún a riesgo del interés propio y la seguridad personal,  siempre, y de alguna manera, sino inmediatamente, con el tiempo, los resultados de ese acto bondadoso, generoso o justo,  produce un resultado positivo. Pro eso, el cristiano real no puede ver primero su interés personal, sino la entidad del efecto de  la ayuda para sus hermanos, de tal manera equilibrando la situación; y eso, por experiencia propia, puedo asegurar que  no es tarea fácil, pero sí enaltecedora.

En estos días, cuando el mundo se enfrenta a profundos cambios, cuales en su mayoría se   suceden a velocidad imprevisible, violentando privilegios y enterrando paradigmas, como escribiera en 1970 Alvin Toffler, quien no tenga fortaleza espiritual suficiente para asimilar los cambios y mucho amor en su corazón, simplemente sufrirá, con devastadoras consecuencias,  lo que él llamo “El shock del futuro.” Y ese futuro ya está aquí.

Frente a tales realidades, los cristianos debemos fortalecer nuestra base ideológica, que se fundamenta en el mensaje de Cristo de amor al prójimo, y la actuación cónsona, suficiente para entender a tantas personas que, por desconocer los principios de vida cristianos, andan por el mundo desorientados, llenos de temor,  estrés, impaciencia, incomprensión, frustración, falta de fe, e incluso…ira, lo que afecta gravemente su salud fìsica y espiritual.

Es una obligación que tenemos los cristianos de tratar de entender y ayudar a nuestros hermanos, porque fuimos glorificados con este conocimiento, que hemos atesorado, hecho parte de nuestra vida,  y se convierte en escudo frente a  un mundo todos los días más complejo, confuso e insensible, en el cual estamos comprometidos a ser el fiel de la balanza.

Dios nos ayude siempre a cumplir con este cometido.

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“REGRESO A MI HOGAR, DE DONDE VINE UN DIA”

En la búsqueda de una vida plena, el ser humano siempre ha ubicado elementos que le hacen presumir que pueden producirle el tan deseado estado de felicidad. Se trata de los factores  Riqueza, Poder Político, Belleza, Fama, Amor Sensual, Larga Vida y Conocimiento; todos alcanzables, pero… ¿Podrán individual o conjuntamente producir felicidad permanente?

Procede analizarlos somera e individualmente. La riqueza se vincula a eventos aleatorios que tienen que ver con interpretar oportunidades, pero de ninguna manera se puede considerar permanente, porque siempre está en riesgo de perderse. Su eficiencia se agota en la capacidad de lograr la captación de cosas físicas, pero no funciona en el logro de satisfacer necesidades espirituales.

El poder político está directamente vinculado al liderazgo personal, pero también está expuesto a eventualidades, que salvo muy raras excepciones,  lo hacen vulnerable, inseguro y pasajero; produce beneficios, halagos y reconocimientos materiales, pero no aporta espiritualidad.

La belleza es subjetiva y esencialmente temporal, por lo cual tampoco es fuente permanente de regocijo o alimento espiritual.

El amor sensual, dependerá del nivel de atracción y aceptación, que todos conocemos como cambiantes, especialmente por estos días. Aunque se supone vinculado al espíritu, como depende de la atracción y aceptación física, nadie puede asegurar su permanencia.

Larga vida, no significa buena vida. Aunque podemos alcanzar longevidad, de ninguna manera nos asegura calidad de la vida.

El conocimiento, como producto del estudio, nos orienta hacia como hacer mejor algunas cosas, pero no nos asegura paz, amor o tranquilidad espiritual.

¿Qué es entonces es lo deseable?

La Sabiduría, que en su más alto grado es producto de la observación, la meditación y la oración. Cuando la logramos se queda para siempre con nosotros, y se resume en lucidez para tomar acertadas decisiones.

La Sabiduría como la fe, no son atributos o dones que nos llegan del cielo, sino que son el resultado de la actitud de racionalizar y analizar las circunstancias, elementos y factores que afectan nuestra condición físico-espiritual; de tal manera evaluando la verdadera entidad de influencia de cada uno de ellos, en el logro de un mayor o menor estado de felicidad, interpretada esta como la realización material y espiritual de un ser humano.

El sabio es artesano de la vida, porque vivir y no sobrevivir, es realmente un arte: EL ARTE DE VIVIR. De allí la profunda diferencia en la actitud frente a la vida, del sabio y de quien no lo es.

Así tenemos que el rico atesora, el sabio disfruta;

El poderoso depende de acumular y conservar el poder, porque sin él se siente desamparado. El sabio,  se regocija en su propia tranquilidad, que no depende de ningún factor externo.

El que depende del amor sensual de y  para otra persona, requiere para mantenerlo de la retroalimentación y  nunca tiene seguridad hasta cuando podrá disfrutarlo, sentirlo o recibirlo. El sabio siente el amor para sus semejantes, sin requerir indispensablemente de la respuesta de otra u otras personas. Su amor vive en él, no desaparece ni muere, porque es parte de su vida.

El que ambiciona larga vida transcurre angustiado pensando que puede perderla y escasamente… sobrevive. El sabio, conoce que no le está dado contar sus días; sabe que vino de otra dimensión y que allí volverá. Siente que su vida terrenal es un viaje y como todo viaje tiene un final, por eso no teme al regreso.

El sabio sabe que está de paso. En esta vida no le preocupa de donde vino,  sólo sabe que vino y por tanto también sabe que regresará a su hogar y… todos los regresos son buenos.

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Para y por todas las madres del mundo en su día.

Hoy no es un día cualquiera. No podría serlo. La mañana se siente brillante, cálida, clara, llena de sol de primavera y atemperada por una brisa que viene de no se donde, acaricia nuestra cara, recordándonos que en algún sitio, en un recodo del camino, más allá o más acá, o más allá… del más allá, la madre siempre espera.

Hoy no celebramos qué o por qué vinimos a este mundo, sino cómo y por quién nacimos; porque una planta nace como un evento aleatorio, cuando una de muchas semillas que trajo el viento, que no se perdió en el espacio, germina en cualquier sitio de la tierra, por la sola condición natural y sin ningún cuidado especial. Del mismo modo, un animal irracional nace como producto de un acto natural instintivo por el coito de un macho y una hembra de su especie, sin ninguna motivación que no sea la de reproducirse ni sentimiento trascendente, porque la misma naturaleza dispuso todo para su subsistencia.

Pero los seres humanos nacemos indefensos y como etapa final de un proceso imbuido de los más puros y hermosos sentimientos. Nuestro proyecto de vida se inicia por el amor, se nos concibe en un acto de sublime amor, se nos mantiene nueve meses en el vientre con amor, nacemos dentro del mismo amor, por amor vivimos todos nuestros días, y con amor nos recibe Dios cuando cumplida nuestra misión sobre esta tierra, emprendemos el viaje del… regreso.

Hoy celebramos el amor, el máximo, ese que nace como un pedazo de una mujer maravillosa que se hace madre, cuyo papel no termina ni siquiera con su muerte, porque somos una parte de ella, físicamente muy importante, pero espiritualmente somos su esencia y continuamos con ella, o quizás, ella continúa con nosotros… por siempre.

Las madres son el lago y los hijos el agua que retoza en el vaivén de las olas, reflejados siempre en el espejo de su propia imagen. Es una unión simbiótica sin tiempo ni espacio. Sin dimensiones conocidas. Siempre existente.

Las madres nunca se van, no pueden irse, porque no es posible que una mano o alguna otra parte del cuerpo pueda vivir separada de el. La madre y los hijos somos un espíritu y partes de un mismo cuerpo. Por eso están aquí, allá y… más allá por siempre. Quienes no las tenemos físicamente, sabemos que las tenemos con nosotros porque las vivimos en el espíritu en esa otra dimensión desconocida, pero existente.

Todos tenemos madre. La vivimos, la sentimos, la respiramos; son esa parte del mundo que no se agota, que no se corrompe, que no conoce fin en el amor ni el sacrificio; que ama con el corazón dentro y las tripas afuera, más allá de su propia capacidad, del tiempo, del espacio y de la vida terrenal.

Las madres viven por siempre. Se mimetizan en el tiempo y en las estaciones. Reflejan en la mirada de los niños, en la lozanía de las flores en las mañanas brillantes de primavera, en las mojadas noches de invierno, en la caída de las hojas en las grises tardes del otoño y en el ardiente sol del verano.

Las madres son eternas como eterna es nuestra alma. Son privilegiadas y consentidas de Dios, porque son inolvidables. No importa cual sea nuestra obra, seguramente seremos olvidados en poco tiempo, pero las madres no. Desde que nacemos las amamos y cuando morimos nos las llevamos en el recuerdo. Simplemente, son inolvidables y nos marcan con su seña de amor, por siempre.

Las madres son tan bellas que rompen los esquemas de la moda y la concepción individual de la belleza. Todas son bellas. No importa sin son jóvenes, maduras o ancianas. Su dulzura y ternura, desvían las etiquetas o paradigmas sobre la belleza: todas son tan bellas. Igual la blanca, que la negra, que la asiática, que la india. Todas son tiernas, dulces y… bellas.

Basta mirar una mujer con un niño de la mano o en los brazos, para que toda la ternura del mundo invada nuestra alma. Es el paso del amor que arrulla la vida. Es la esperanza que dice: aún estoy aquí. Es el ayer que se hace hoy para decir hasta… siempre. Es Dios diciéndonos que todavía está con nosotros.

Hoy es día de júbilo, de alegría, de risas y canciones, porque las madres están aquí. Todas están aquí a nuestro lado. No importa si algunos no las vemos, pero están aquí. Siempre lo han estado. Nunca se han ido. No pueden irse. No pueden dejar lo que tanto aman. No pueden separarse de sí mismas. No es posible.

No caben hoy las lágrimas ni los ingratos recuerdos. No sería justo. Sería como aceptar que algunas ya no están porque son pasajeras, que no son eternas y eso no es cierto. Nuestras madres viven con nosotros desde antes de nacer y continúan toda la vida, y… luego de esta vida. Igual la de Jesús que la de Judas. Igual la del pobre que la del rico. La del alegre que la del afligido. La del enfermo que la del sano. La del preso que la del hombre libre. La del niño que la del Anciano. Todas vinieron para quedarse y acompañarnos…por siempre.

Las madres son excepcionales porque son como los árboles y nosotros su fruto. No hay fruto sin árbol, pero si pueden haber árboles sin fruto. De hecho todas las mujeres son madres, aunque nunca lleguen a tener hijos. Nacen madres y se mueren madres.

Amo a las mujeres como la representación de la belleza de Dios sobre la tierra. Tengo un especial respeto por ellas; más que por el automático respeto que me genera mi amor pasional por las que amo, porque en cada una de ellas veo una madre. Mi esposa, mis hijas, mis nietas y mis amigas. Todas, independiente de su edad o condiciones personales, las veo como madres y eso me hace amarlas, respetarlas y considerarlas aún más.

Por todo esto hoy, en este excelso día de las madres, en medio de sonrisas, música, regalos y muestras de ternura, quiero decirle a todas: GRACIAS, gracias por haber nacido mujeres, por haberme escogido en miles de millones de almas para traerme a este mundo; por hacerme su hijo; por haberme permitido sentir mi primer amor y contagiarme de el por siempre; por haber sido la fuente de esa ternura que me hace tan feliz; por haberme permitido conocer algo más que la sensación pasional de poseer, siempre esperando una respuesta. Por haberme enseñado que Dios existe y que somos uno con Él. Por haber imbuido en lo más profundo de mí ser los valores de la verdad que nos hace libres; el amor al prójimo, la aceptación de mis hermanos con su propia individualidad; la sensibilidad humana y la libertad, que me permiten parecerme un poco a ustedes y acercarme a Dios.

Pido en este día a mi Padre Celestial, una especial bendición para todas las mujeres por ser madres; y a las madres por ser súper mujeres. Pido que siempre, en todo momento, los hijos recordemos cuando no podíamos cruzar la calle y ella nos llevaba de la mano, porque pudiera que ahora, en los años de su vejez, en algunos casos, nosotros tengamos que hacer lo mismo por ellas, y eso realmente es.. un privilegio.

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