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Archive for the ‘TEMOR A LA MUERTE’ Category

ORACION Muerte, vida, destino… son términos sobre los cuales escuchamos diferentes criterios, que corresponden a la manera personal de quien comenta, conforme a su forma de ver su propia circunstancia; por lo cual no es de ninguna manera criticable ninguno de los diversos conceptos. No obstante, la concepción de cada uno de estos vocablos, en cuanto a su trascendencia, sí que tiene que ver mucho con el nivel de disfrute real de la vida de las personas. Tomando la muerte física como inicio del asunto, considerando que es indefectible su llegada, sin que nadie pueda determinar cómo, donde, ni cuándo llegará, suele convertirse en  un problema de gran magnitud en la vivencia de muchas personas.

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Por mi formación familiar, desde que tuve uso de razón temí a la muerte. Tal sentimiento hizo menos felices algunos momentos de mi vida, cuando ocasionalmente, alguien tocaba el tema y lograba atemorizarme. Esto me llevó a analizar bien la situación  y convencido de que no debía permitir que nada me atemorizara, reflexioné sobre el evento hasta llegar a determinar qué: la muerte es un suceso futuro, incierto e indeterminable; que no existe forma de prever cuando sucederá; que su arribo es fatal, vale decir, que sucederá independiente de cómo, dónde y ni cuándo; y con esta certeza, es algo que no tiene solución y por tanto: si un problema no tiene solución no vale la pena preocuparse;  precisamente porque no tiene solución.

 Esa acertada reflexión me eliminó ese temor y  años después se fortaleció con la anécdota que leí sobre los últimos días del famoso Pastor evangélico Billy  Graham, quien cuando ya estaba a pocas horas de morir, un amigo íntimo le preguntó si no le atemorizaba el hecho de que la muerte estuviere tan cerca. Serenamente, éste le respondió que no, porque “…ardo en deseos de ver la cara de mi Padre.”

Tal afirmación no nos deja ninguna duda de que el Pastor Graham no tenía ningún miedo a la muerte, porque él, esencialmente,  estaba seguro de dos cosas: 1) Que él era un hijo de Dios y que al dejar esta tierra regresaría a la casa de su Padre celestial; y 2) Que la muerte como tal no existe para quienes están convencidos, de que nuestro paso por esta vida no es más que una oportunidad para crecer espiritualmente, porque es en espíritu la próxima etapa de nuestra vida.

Yo comparto plenamente la base del criterio del difunto Mr. Graham, porque como él creo en mi espiritualidad, pero como tengo una vida física feliz soy demasiado terrenal, siendo que aunque desde hace años perdí el miedo  a la muerte física porque sé que mi próxima vida será espiritual, para ser muy sincero la evito a toda costa, porque no estoy muy urgido de “… ver la cara de mi Padre.”, como parece que si lo estaba este buen Pastor de la Iglesia evangélica. Simplemente, vivo lo mejor posible tratando de disfrutar, ser feliz y hacer felices a mis semejantes, sin temor a la muerte pero con gran amor por esta vida terrenal que Dios me dio.

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El momento del país es tan delicado, que debemos “Tener la valentía de parecer cobardes”, como lo escribiera José María Escrivá de Balaguer; porque habiendo quedado el país dividido en dos toletes, no se debe permitir bajo ninguna circunstancia la violencia.

No somos guapos de barrio ni jaquetones, sino gente amable, decente, culta, amante del diálogo, porque es esa la forma como se deciden los problemas en la familia y somos una gran familia que tiene nombre y apellido: Venezuela.  Todos somos miembros de ella y las familias no dirimen sus diferencias violentamente, sino poniendo por delante el diálogo y el amor que les une.

De parte y parte representamos diferencias que deben debatirse y aclararse en un clima de paz y entendimiento, paras que no se conviertan en motivo para enfrentamientos personales, que abran un peligroso camino del cual pudiera ser que no tengamos regreso; al menos, sin dejar  en el camino mucho dolor, rencor   y… sangre.

Para quienes, aunque no lo presenciamos personalmente, pero sí lo leímos de fuentes históricas muy serias, las últimas pocas guerras civiles en el Siglo pasado fueron horribles, quizás más terribles que las guerras convencionales entre países extraños.

No podemos permitir que se fomenten las condiciones para algo tan horrible como eventos donde se hieran o maten hermanos contra hermanos. Debemos considerar que, aunque de alguna manera seríamos todos responsables, los principales actores lo serían los dirigentes políticos del país, independiente de cual fuere su ideología política o posición, porque es a ellos a quienes siguen las masas.

Los dirigentes políticos, las autoridades y especialmente las policías y militares,  tienen que hacer un gran esfuerzo para medir las consecuencias de un evento desgraciado y desgarrador que pudiere derivarse de la intolerancia. Tenemos que evitar el uso de las armas, porque tenemos elementos de diálogo mediante los cuales ponernos de acuerdo. No se trata de un problema de no dar el brazo a torcer o aferrarse a ningún tipo de legalismo. Se trata de una situación fáctica peligrosa, más que de un problema jurídico,  porque las calles se están calentando y cualquier pequeño evento puede prender la chispa. El problema es fáctico y  deben aplicarse soluciones fácticas, porque en beneficio del orden público y la paz social, bien puede atenuarse la aplicación de algunas normas jurídicas, porque lo sería a favor del pueblo y es éste el que otorga la legitimidad.

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A raíz del fallecimiento de Steve Jobs recibí algunos correos de quienes no procesan su muerte, mientras que, aparentemente, tántos buenos para nada, sin aportar algo positivo al mundo, siguen vivos.

Se más de la vida que de la muerte; pero aunque parezca incongruente, la muerte es parte denuestra vida física. Sin embargo, el resultado de esta precisión dependerá de la óptica personal para utilizarlo positiva o negativamente.

En el caso de Steve Jobs, éste utilizó la parte positiva cuando en un discurso que dio en la Graduación de la Universidad de Stanford en el año 2005, al referirse a su propia muerte dejó un mensaje que todos, independiente de la edad, deberíamos leer, meditar y recordar, cuando expresó:

“Pensar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he tenido, pues me ha ayudado a tomar las grandes decisiones de mi vida. Casi todo –las expectativas externas, todo el orgullo, todo el miedo a hacer el ridículo o a fracasar- desaparece de cara a la muerte y queda lo que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que hay para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón. Tu tiempo es limitado. No lo desperdicies viviendo la vida de otra persona. No te dejes atrapar por el dogma de vivir con lo que resulta de los pensamientos y las ideas de otros. No permitas que el ruido de las opiniones de los otros silencie tu voz interior. Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideras es un gran trabajo. La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando. No te conformes. Como todo lo que tiene que ver con el corazón, te darás cuenta cuando lo encuentres. Así como sucede con cualquier relación trascendente, se pone mejor y mejor con el paso de los años.”

No pareciera difícil entender el mensaje de ese polifacético genio, quien en el fondo trató de decirnos que, si la muerte es lo más negativo para la mayoría de las personas, pero podemos convertirlo en algo muy positivo, entonces… ¿QUE PUEDE SER TAN TERRIBLE EN LA VIDA QUE NOS CONVIERTA EN NEGATIVOS?

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INOCENCIA Y FELICIDAD

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ESTO TAMBIÉN PASARÁ…

Terremotos, tsunami, explosión en plantas nucleares con efectos impredecibles, tristeza, dolor, sorpresa, terror e impotencia; todo un coctel horrible que debemos tomar… todos, para  lo cual nunca estaremos preparados.

No son solo cifras o guarismos, son nuestros hermanos humanos;  no importa si su piel es negra, blanca o sus lágrimas brotan por una rendija… japonesa; son mis hermanos y me duelen en lo más profundo de mi ser.

Estos días mis desayunos y cenas frente al televisor,  se han humedecido con mis lágrimas. Lloro por quienes no conozco y quizás nunca conoceré; pero el dolor está aquí, rasgando mi espinazo, lacerando mis entrañas. Me siento tan impotente como el que más, frente a tanto dolor y a una naturaleza espectacular, avasallante e impredecible, que no podemos entender ni enfrentar y que, cuando ataca no da tregua.

Por qué sucede todo esto? La respuesta siempre es la misma: no lo sé. En siete décadas, he visto a la naturaleza destruir en segundos lo que costó decenas de años construir; he visto a mis hermanos humanos, independiente de su nacionalidad, posición social, poder, fama, raza o sexo, huir desesperados como hormigas, para caer más adelante, sin saber… por qué.

De todo esto he aprendido que no debo preguntar por qué; nadie puede responderme, porque esa es una respuesta de Dios y no de ningún ser humano. Es una especie de razón de la sin razón, que escapa a mi lógica racional. Ver morir sin conocer el motivo lo mismo a un niño que a un anciano, no encaja en mi raciocinio, pero sí que afecta profundamente mi sentimiento; por lo cual no puedo hacer más que orar y… llorar.

Creo que mi dolor, mi tristeza y mi impotencia frente a tanta adversidad incomprensible, es el precio que pago por mi racionalidad.

¿Por qué? No lo sé   y… quizás sea mejor así. Por eso tengo que inventar algo que me ayude a sentirme mejor frente a mi propia pequeñez y vulnerabilidad ante los elementos de la naturaleza.

Sólo me queda preguntarme: ¿Para qué suceden estas tragedias? Entonces puedo fabricar respuestas que se ajusten a mi experiencia, fe en la vida  y convicción de que todo lo que acontece  siempre tiene una razón, aunque inmediatamente no la conozcamos; porque existe una fuerza universal que ordena todo lo que existe; que lo ha hecho durante millones de años y no se equivoca: Dios.

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Un abrazo se parece a una lágrima, puede ser de dolor o de amor, comprensión, alegría y solidaridad. Hoy, con los mineros de Atacama en Chile, nuevamente humedecieron mi espíritu las lágrimas de alegría, de madres confundidas con el abrazo de hijos, madres, padres, esposas, hermanos, amigos y… un Presidente realmente humano.

Millones de personas en toda América, Europa, Africa, Asia y Oceanía, fuimos profundamente conmovidos y, de alguna manera, nos sentimos uno con los mineros rescatados del fondo de la tierra. El mundo retomó la sensibilidad humana universal perdida, desterrando fronteras y barreras ideológicas, para dar paso al amor, la solidaridad y la ayuda efectiva; de tal forma presenciamos una historia sorprendente, donde se impuso la vida sobre la muerte, la felicidad y la alegría sobre el dolor y la tristeza.

La sociedad organizada demostró su poder cuando actúa sin temor; con fe, unión, decisión y contundencia frente a sus Gobernantes, independiente de cual fuere el sistema que los rige.

En el campamento La Esperanza las mujeres dieron el ejemplo: permanecieron veinticuatro horas diarias, en las peores condiciones de salubridad, alimentación y climáticas para gritar: aquí nos quedamos hasta que se rescate a nuestros familiares, y el Gobierno se vio impelido a actuar y… lo hizo eficientemente.

El Presidente Piñera, dejando de lado la parte ideológica, unió al País y al mundo para pedir ayuda –que recibió sobradamente. Con su Ministro de Minas  estuvo allí permanentemente con su esposa. De él escuché el saludo y consejo apropiado para  un hombre que resucita: “…bienvenido a la vida, a disfrutarla intensamente.” Este ejemplo  debería ser seguido por otros mandatarios.

Esa admonición presidencial ha sido mi norte y lo he escrito cientos de veces: Disfrutar la vida intensamente, como única posibilidad para ser y hacer felices a los demás.

Demos gracias a Dios por el resultado, pero aprendamos de ello el aprovechar cada instante para amar intensamente, manifestarlo y probarlo con hechos; porque además de ser maravilloso dar amor y ternura, no sabemos hasta cuándo podremos hacerlo, y si lo desperdiciamos, no hay segunda oortunidad.

Así como acariciamos una flor, disfrutamos un perfume u oímos una bella música, tenemos que sentirnos y vivirnos con deleite; no importa si el sentimiento es familiar, amistoso o pasional, lo importante es sentirlo, manifestarlo y actuar en consecuencia; con la seguridad de que los milagros existen y este rescate es la mejor prueba de ello.

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A LAS PUERTAS DE LA MUERTE

Hoy fue una jornada dura para quien, como yo, vive por días y por tanto no puede permitirse ni unsegundo de tristeza, porque en mi corta vida de veinticuatro horas, no podría recuperarlo nunca.

En la TV, mostraron imágenes captadas por una cámara de amplio espectro, de los mineros chilenos que quedaron enterrados, en una mina de explotación de oro, bajo millones de toneladas de tierra, a setecientos metros de profundidad. Estaban barbudos, semidesnudos, con hambre, sed y… lágrimas en sus ojos.

Afuera madres, esposas, hijas y hermanos, cambiaban su amargo llanto hasta de hacía pocas horas, por dulces lágrimas de bendición y agradecimiento a Dios por el milagro de mantenerlos vivos.

Había seguido el proceso anterior con extraordinario dolor, compasión e impotencia, al verlos tan desvalidos, tan vulnerables, tan impotentes, tan… solos, que al conocer la noticia de su hallazgo, sentí tanta alegría como cualquiera de sus familiares.

Me sentí especialmente reconfortado cuando observé, que aún en las peores condiciones y gravemente afectados física y psicológicamente, mantenían su unidad, coraje, esperanza, y esa especial hermandad que genera el peligro común; siendo que, desde los resquicios de la muerte, tenían ánimo para gritar aquí estamos y a sus seres queridos: los amamos.

Quienes tenemos hijos o hermanos que amamos, vimos en el rostro en cada uno de estos desventurados, uno de los nuestros; de alguna manera, nos sentimos parte de ellos y si perecieran, moriría un poco de … nosotros mismos.

Esa tristeza y dolor experimentados como todo en la vida tiene una parte positiva, porque el dolor es un buen maestro al recordarnos la maravilla de no sentirlo. Quienes tenemos avanzadas edad, una labor cómoda y honesta que realizar en equipo con esa bella compañera de viaje largo; que tenemos toda mi familia viva y con riesgos infinitamente más pequeños que ellos; sentimos que todos nuestros supuestos problemas, no son más que nimiedades, comparados con esa gran tragedia de la cual algunos, pudiera ser que nunca lleguen a recuperarse totalmente.

Por eso, pido misericordia a Dios por ellos y por nosotros; para que los rescaten salvos, sanos y así todos mantengamos nuestra fe inquebrantable en su poder universal, cual es lo único capaz de darnos fortaleza espiritual frente a nuestra inmensa vulnerabilidad, en un mundo dinámico, imprevisible y donde los hombres por adquirir bienes materiales valiosos, sin considerar los riesgos, todos los días exponen la vida de sus hermanos.

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Pienso que todo lo que venga de Dios debería ser perfecto; no obstante, en algunos casos como el del ser  humano, quien no sólo deviene de Dios sino que es hecho a su imagen y semejanza, parece que no se da esa aspiración respecto de su perfección. Al menos yo, no  he podido conocer a ningún hombre perfecto… todavía. Ahora bien, por cuanto en la entrega anterior acepté que “…el tiempo de Dios es perfecto”, aclaro que me referí expresamente al TIEMPO DE DIOS y no al tiempo humano.

El tiempo de Dios no es comparable con el del hombre porque Dios es infinito, es una fuerza, una esencia  inconmensurable, por lo tanto al ser finita la dimensión del tiempo que conocemos los  humanos, carecemos de entidad de comparación. No tenemos posibilidad de conocerlo, ni de entenderlo a cabalidad; pero eso no debe afectarnos, porque desde el punto de vista de nuestra vida terrenal, si lo conociéramos de nada nos serviría.

Los humanos en nuestro tránsito por esta vida, estimamos el tiempo en unidades de medidas finitas como los segundos, minutos, horas, días meses, años, centurias y milenios, pero el tiempo de Dios es otra cosa completamente diferente; se trata de tiempo de esencia y en esencia, incomprensible para nosotros. Ese tiempo de Dios sólo puede ser captado por nuestro espíritu, que como Dios es intangible.

Creo sin ninguna duda en la perfección de ese tiempo de Dios; en el viví antes de nacer y de ese tiempo infinito fue que vine a este mundo a disfrutar una vida terrenal transitoria, a cumplir una misión de carácter finito para luego regresar a mi mundo infinito,  en ese tiempo perfecto que es de Dios y…mío. Por eso no temo a la muerte, porque para mí es un paso más en mi camino de ascensión a la perfección espiritual. Mi muerte física cuando llegue, será el regreso a… mi hogar, que me permitirá, como lo comentara  un famoso pastor evangélico antes de morir, “… ver la cara de mi Padre.”

Mientras me voy en mi viaje de regreso, utilizo el tiempo finito de esta vida finita. Disfruto los días y las noches con todas esas cosas materiales, pero sin olvidar mi origen y mi esencia espiritual; lo hago sin más prisa de la conveniente pero con avaricia, con fruición, con deleite, consciente de que pudiera ser la última y quizás nunca podría repetirlas, ni en esta vida ni en otra.

En esta dimensión física amo tiernamente a mi esposa, a mis hijos, a mis nietos y se los digo todos los días; los abrazo, los beso, porque sé que como mi vida física es finita, pudiera ser que no tenga otra oportunidad de repetirlo. A mis amigos y a todas las personas que conozco y me permiten ofrecerles mi amor, trato de persuadirles, de todas las formas posibles, de que es un privilegio ser su congénere, que soy feliz compartiendo con ellos, que me interesan como seres humanos, que su dolor es mi dolor y su alegría la mía. Cuando me aceptan, me oyen, me tratan, me sonríen y me señalan mis múltiples imperfecciones, me siento el hombre más feliz del mundo y… doy gracias.

Además de mi dedicación a mis hermanos humanos como lo he dejado expuesto, considerando  que ese “tiempo” que vivimos todos los días, es un espacio que transcurre entre el amanecer y el volver a amanecer y así hasta el final de nuestros días, considero  mi deber supremo como especie única, hecha a imagen y semejanza de Dios,  cuidar y proteger la diversidad inigualable del medio ambiente que conforma nuestra gran patria terrestre, utilizando sus recursos con divina prudencia, cuidándolos y protegiéndolos con la conciencia de que son perecederos, y que también corresponden a los que vienen después de nosotros para mantener nuestra simiente sobre esta madre tierra.

Lo que como humanos llamamos tiempo y espacio, que responde a parámetros y medidas finitas, cuales no sabemos que serán para Dios, Él con todo su poder los adapta a su forma esencial, para dentro de la entidad terrenal velar de la forma más amorosa y cuidadosa  todos los días de la vida por cada uno de sus hijos, sin distinción de ningún género. Su esencia infinitamente justa es tan amplia que tiene suficiente espacio para todos;  inclusive para aquéllos que en este mundo parecieran no creer en su poder y omnipotencia. 

Les comento que con tristeza observo el desperdicio injustificado de ese recurso realmente no renovable, en ese espectáculo diario de prisa en las calles, los centros de trabajo, de estudio, de transporte y hasta… en los parques. Todo el mundo anda apurado. ¿Por qué? Vaya usted a saberlo. Las personas andan apuradas porque están apuradas; sin tomarse el tiempo mínimo necesario para preguntarse por qué están apuradas,  y si no existirán opciones para andar con menos prisa, y de tal manera disfrutar un poco más de las muchas cosas bellas que la vida nos regala, pero que si estamos tan apurados, posiblemente no podemos observarlas en su verdadera dimensión.

Próxima Entrega: EFECTOS DE LOS HIJOS EN EL MATRIMONIO

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Durante mi niñez, mis padres acostumbraban amonestarnos diciendo: “El tiempo perdido lo lloran los santos.” De adolescente, escuché otra que dice “El tiempo es oro, no lo malgastes.” Iniciando mi adultez una muy adaptada a ese tiempo: “El tiempo es un recurso no renovable.” Iniciando mi tercera edad leí con especial interés dos de las más acertadas, una objetiva y otra de índole espiritual. De estas últimas he verificado su efectividad: “El tiempo castiga duramente a quienes no lo toman en cuenta.” y “El tiempo de Dios es perfecto.”

¿Qué quisieron decir quienes crearon estas admoniciones?

¿Qué significaba para ellos el tiempo?

¿A cual tiempo se referían?

No es fácil adivinarlo. Como casi todos los conceptos, el del tiempo tiene mucho de abstracción y nuestra razón nos hace especulativos. Sin que esto represente invadir campos filosóficos, considero que esa ciencia es autónoma y pantónoma, por lo cual alejado de todo academicismo o terminología complicada, debo manifestar mi criterio, en lenguaje llano, sobre este tema y su trascendencia para el hombre común.

Continuamente y con un dejo de resignación, escuchamos exclamaciones como éstas: Mi problema es el tiempo; no tengo tiempo ni para comer; lo siento, no te llamé porque no tuve tiempo; no tengo tiempo para leer; mi problema es que me falta tiempo para todo.” En tales situaciones, un individuo normal que conoce del tiempo lo que le han dicho desde que tuvo uso de razón, sin explicarle realmente qué era, atosigado por las admoniciones del comienzo y salvo las dos últimas, incorpora a su alma otro elemento de temor que se concreta en que siempre estará corriendo detrás del tiempo sin poder alcanzarlo, no tiene otra opción que analizar qué es el tiempo, para qué sirve y cómo debe manejarlo en función de vivir una vida plena.

Para mí, el tiempo es una entelequia. Un invento del hombre en la vía de procurarse problemas. ¿A quién se le ocurrió la idea de que existía el tiempo? No lo sé, ni siquiera me interesa conocerlo; hace años que no me preocupa. Simplemente, es algo que sólo conozco como el tiempo,”esclavos del tiempo”; categoría en la cual incluyo a la mayoría de mis congéneres. ya que uso reloj, los calendarios y continuamente observo los

En mi criterio, sin relojes ni calendarios perdería toda vigencia ese factor de perturbación para las mayorías denominado “tiempo” y seguramente todos seríamos más felices. No obstante, como hasta yo de alguna manera soy afectado por el, me corresponde tratar sobre el tema. Así, como ser humano, vivo sin asignarle mucha seriedad a las supuestas veinticuatro horas de cada día, cada mes de cada año. Sin embargo, religiosamente un “día” específico del “año”, quienes me aman se reúnen para recordarme con cantos, abrazos, besos, palmaditas, chistes, torta y demás elementos de engorde, que he avanzado un “año” más hacia la muerte, conforme al “tiempo” promedio de vida de un ser humano.

Aprovecho esa oportunidad para comer y beber por cuenta de los demás; especialmente me siento bien porque allí no hablan de su tiempo, que es algo tan patético por los problemas que les crea, sino que hablan del que me falta para morirme y como hace muchos años que eso no me da ni frío ni calor, porque no se cómo ni cuando llegará, entonces realmente ratifico cómo sería la vida si no existiera el tiempo.

Esa sensación es pasajera, porque nunca falta alguien que diga: “… me tengo que ir porque comienzo a trabajar en una hora.” ¿Abrase visto tamaño dislate y mayor aguafiestas? ¿Cómo es posible que alguien racional abandone una fiesta donde hay comida, bebida, amigos, alegría y amor desbordante, para trabajar, realizando desgaste físico y mental, para recibir una injusta remuneración para que otro se enriquezca? Al menos yo, eso no lo entiendo. Comprendería que alguien deje de trabajar para disfrutar de una fiesta, pero no lo primero.

Eso de que el tiempo es oro, lo entendería si se considera que la vida es nuestro mayor tesoro y la mayoría del tiempo la dedicamos a vivir intensamente, pero no para acumular riqueza que sólo produce bienes materiales, cuales está probado que no aporta por si sola felicidad.

En cuanto a que “el tiempo perdido lo lloran los santos”, como no conozco ningún santo, pero menos llorando, ciertamente no tengo idea al respecto; me entristece ver llorar, a no ser que los santos lloren diferente.

Que “el tiempo es un recurso no renovable” lo entiendo como el hecho de que ningún evento puede repetirse, por eso disfruto intensamente lo que hago, porque sé que como el agua en el cauce del río, nunca regresará.

Respecto de que “el tiempo castiga duramente a quienes no lo toman en cuenta”, su aplicación me ha producido increíbles resultados, ya que si soy diligente y hago lo que me corresponde con eficiencia y oportunamente pero no logro mi objetivo, no me preocupo, sé que después, sin importar cuando, su resultado me beneficiará, si fuere eso lo conveniente para mi felicidad.

Finalmente, aquello de que “El tiempo de Dios es perfecto”, dada mi interpretación personal de esta máxima, como lo expondré en la próxima entrega, no tengo duda que el supuesto “tiempo”, en su acepción positiva, si es que la hubiere, por devenir de Dios, tiene que ser perfecto…

Prógima Entrega: EL TIEMPO II

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