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Archive for the ‘CORRUPCION ADMINISTRATIVA’ Category

 

 

BANDERA DE VENEZULA IIIHoy, cuando la oposición venezolana recibió el apoyo –no únicamente  partidario sino de una mayoría significativa del pueblo descontenta, especialmente con el modelo económico actual- la pregunta es: ¿A DONDE VAMOS?  Pues bien, no es una respuesta que pueda satisfacer individualmente,  ni la nueva Asamblea Nacional ni el Gobierno del Presidente Maduro; porque el destino nacional dependerá de la actuación consensuada de estos dos actores, ya que las dos partes encarnan  una representación proporcional, pero legítima y total del  80% o más del pueblo venezolano, representado por el PSUV que apoya al Gobierno y la MUD que personifica una parte fundamental de los venezolanos –que más allá de su orientación partidista- descontentos con la gestión gubernamental votaron por un cambio en el  modelo de Gobierno actual. Dicho de otra manera, llegó el momento de que, si queremos una Venezuela próspera y buena para la vida, no tenemos otra opción que la de reencontrarnos, reconocernos como venezolanos por delante de cualquier interés y sentarnos a remendar los entuertos que las disquisiciones, incomprensiones, retaliaciones, actos indebidos, ilegales e inmorales, fundamentados en la impunidad rampante, han hecho de nuestro país el más peligroso para la seguridad personal, jurídica y social, así como el último en el interés de los posibles  inversionistas nacionales y extranjeros.

¿Cómo llegamos a esto y quienes son los culpables? En este tramo del camino, aunque tiene relevancia, no es lo fundamental. Lo realmente importante es enderezar el barco, porque aún no ha zozobrado; todavía estamos a tiempo de enderezar el rumbo hacia una sociedad inclusiva y de oportunidades, donde tanto los opositores  así como los miembros del PSUV en el Gobierno se sientan parte activa y protegida del país, conforme a su actuación, dedicación y cumplimiento de los deberes  que, en función del bien y la paz social, les corresponda y de esta manera evitar el peor mal inmediato: LA INGOBERNABILIDAD. No es hora de cobrar cuentas personales ni revanchas políticas que únicamente empeorarían la situación, sino todo lo contrario, es hora de reconciliación, perdón que no impunidad; de diálogo sincero y descarnado. Nos estamos jugando el País, ese que estamos obligados a reconstruir para nuestros descendientes, porque si los trajimos sin su permiso a este mundo, estamos obligados a proporcionarles los elementos que les permitan un futuro democrático, única forma de ejercer sus derechos con libertad  personal y de oportunidades, para poder cumplir cabalmente con los deberes que le impone la sociedad: no es una concesión sino un compromiso de todos los venezolanos. Manos a la obra.

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                   LAS FIERAS SOLO MATAN POR HAMBRE

MUERTOS EN  LA GUERRA

Titulares de Prensa y Televisión precisan que fue volado, por los rebeldes ucranianos, un avión de pasajeros de la línea Aérea Malaysia Airlines, donde murieron doscientas noventa y ocho personas: hombres, mujeres, niños, ancianos y algunos científicos y estudiantes voluntarios, que viajaban a una Convención sobre el VIH; paradójicamente, para salvar vidas humanas.

En Siria, Egipto, Irak e Irán, por citar algunos países musulmanes del Medio Oriente, en el nombre de Alá (Dios), por cuestiones meramente religiosas, Shiitas matan a Sunitas y al contrario; los israelitas matan palestinos, y viceversa, por tomar la parte de un territorio; en varios países africanos, por motivos religiosos y/o terrorismo puro, asesinan indiscriminadamente, ancianos, mujeres y niños, la gran mayoría… inocentes; nuestros vecinos colombianos, se matan por lo que se inició como diferencia ideológica política, pero que hoy se transformó en grupo de secuestradores y narcotraficantes, donde también la mayoría de los muertos son campesinos o personas… inocentes; y aquí, en Venezuela, la prensa anuncia, extraoficialmente, que al día ocho de Junio de este año, ya habían más de Cinco Mil Muertos, para robarles, por ajuste de cuentas o sicariato; en el 95% de los casos, los muertos también eran inocentes que transitaban por donde se suponía deberían estar más seguros: SU PATRIA.

Con el alma arrugada, siento que el hombre se ha convertido en medio de muerte, que matan de forma indiscriminada e inhumana, sin consideración de género, edad o nivel social; y entonces me imagino las selvas de esos países, donde conviven tigres, leones, cocodrilos, serpientes venenosas, pero ninguno de ellos mata a otro de su especie; porque las especies irracionales, como las citadas, matan otras especies inferiores para alimentarse, porque si no lo hacen… perecen. Pero el hombre, que tiene raciocinio, que piensa, medita, evalúa, pero además heredó de Dios la inteligencia… mata al hombre; y no lo hace por hambre o para sobrevivir, sino por codicia, odio, envidia, resentimiento, cual es todo contrario a los principios y valores intrínsecos de nuestra especie.

¿Hasta cuándo vamos a parar? ¿Qué hay que hacer? ¿En qué recodo del camino de nuestro desarrollo se quedó la sensibilidad y solidaridad humanas? ¿Seguiremos actuando como humanos o preferimos convertirnos en bestias? Es un problema grave, internacional, nacional… colectivo; y como ciudadanos del mundo no podemos hacernos de la vista gorda ante tanta barbarie, so pena de convertirnos en conniventes de un silencio… cobarde y culpable.

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pareja...pareja de ancianos

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Una Vida Feliz

Como en una oportunidad comentara Lin Yutang, admiramos y amamos los monumentos viejos; mientras más antiguos, más admiración y amor. ¿Pero sucede lo mismo con  los seres humanos? Pareciera que no.

De hecho, en estos tiempos, nuestros ancianos no son considerados con el respeto debido a su edad, experiencia y sabiduría, que les dejaron los años. No soy Matusalén ni me considero un anciano porque sólo tengo 71 años, pero cuando era niño y aún joven, se respetaba y veneraba a las personas de  larga edad; se les oía con atención y respeto, se les cedía el paso y se les ayudaba de toda forma posible.

Hoy, es terrible observar la poca atención y casi desprecio que personas, especialmente las muy jóvenes, sienten hacia los ancianos. Como ejemplo, he visto una pobre anciana tratar de cruzar la calle en medio de varios jóvenes y ninguno se preocupó de ayudarla, no obstante que el semáforo estaba en amarillo.

Pareciera que las personas jóvenes olvidaran que la juventud como la belleza son pasajeras, pero que indefectiblemente, si tienen la suerte de sobrevivir, acumularán años que podrán hacerles sentirse “viejos”; ya que, como es cierto, sólo  es “viejo” no quien acumula años sino quien así se siente.

Cuando observo a mis colegas de edad avanzada, la mayoría con esa mirada reposada, actitud tranquila y amable, que da el haber experimentado los muchos eventos y altibajos que se producen cuando se han superado varias décadas, pienso que los jóvenes desperdician el conocer por boca de ellos esas experiencias, que, quizás, en el futuro pudieran evitarles graves inconvenientes.

El  colmo de esta paradoja horrible lo observamos en los pensionados del Seguro Social. Estos ancianos trabajaron durante muchos años y ayudaron a construir este País que las nuevas generaciones casi han destruido. Los he visto con muletas, con andaderas y con sillitas portátiles, haciendo largas colas bajo el sol a las puertas de los bancos, para cobrar lo que no es una dádiva ni un regalo, sino  el retorno de lo que ellos aportaron de sus sueldos durante muchos años.

Soy feliz, aún sufriendo de un cáncer que me tuvo cinco meses entre la vida y la muerte, porque sé que haber alcanzado mi edad, creado una bella familia, sido de utilidad para los demás  y haber logrado muchos amigos,  ha sido una hermosa aventura que ojalá quienes desprecien a los “viejos” pudieran  alcanzar.

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Soñar es un derecho inalienable de todo ser humano, especialmente porque no necesita permiso para nacer, desarrollarse y  convertirse en realidad.

Los sueños trascienden la vida del soñador, y eso lo aprendimos de la historia, al verlos materializarse años después de haber desaparecido quienes los imaginaron; por eso, los sueños saben a… esperanza.

Los sueños son tan nuestros, que pudiera ser que nunca, nadie más, independiente de nosotros mismos,  pudiere percibirlos.

Los sueños son la representación excelsa de nuestro natural derecho a desear e idear ese mundo mejor que, con variadas formas de ver la vida y las cosas,  todos merecemos; al menos, proponerlos y dejarlos como algo positivo y representativo de nuestro paso por esta vida.

Yo también tengo un sueño hermoso, ambicioso; quizás difícil, pero… posible.

Por pertenecer a una generación especial, que pudo conocer dos Siglos y dos Milenios, fenómeno para cuya repetición se requiere el transcurso de más de 900 años, siento que vengo alimentando ese sueño desde que tuve diez o doce años, allá por los años de la dictadura de ese lunar en nuestra historia política, que se llamo Marcos Pérez Jiménez.

Ese sueño se fue conformando lentamente, como una necesidad de respuesta frente a la incomprensión y diatriba crecientes entre mis hermanos venezolanos, sin otra razón aparente que atávicas apetencias y bajos instintos; materializados en la sed enfermiza de poder y riqueza, sin consideración de su legalidad o legitimidad; pero asimismo, sin conciencia real del límite de los bienes materiales para satisfacer las necesidades reales de un ser humano normal.

Con la observación dolorosa de ver transformar buenas voluntades ideológicas en acciones pragmáticas completamente diferentes, que dejaban de lado el obligante y sagrado amor por los más altos intereses de la patria, de tal forma alejando el anhelo colectivo de igualdad de oportunidades, respeto por la persona humana, protección al derecho al acceso de todos sin distingo de clase, origen, genero, posición económica o ideología política,  a la protección integral del Estado y  todos los beneficios, que éste está en la obligación de procurar a los administrados.

Mi sueño no tiene que ver con nombres, consignas o colores; tiene que ver con hombres y mujeres que sientan este país en lo más profundo de su alma; tiene que ver con quienes alimenten el sentimiento de la necesidad de  una Venezuela de todos; donde globalmente seamos uno, porque nuestros más inmediatos y elevados intereses, son y tienen que ser… comunes.

Sueño con la familia y los amigos unidos, colaborando cada cual dentro de  su posibilidad, en la construcción de una patria mejor: amable, generosa, amorosa, segura, que nos haga sentir orgullosos de pertenecer a ella; buena para la vida, especialmente para superarse cultural y espiritualmente, para relacionarse, enamorarse, hacer familia, crecer, reproducirse y quedarse en ella, por… siempre.

Mi sueño tiene que ver con ese sentimiento compartido  de venezolanidad, que enciende nuestra alma, que nos hace herederos de una historia heroica, un presente difícil pero solucionable y un futuro del tamaño de nuestro empuje, decisión, valentía y… trabajo.

Sueño con sentarme los domingos alrededor de una mesa en un café de mi ciudad con mis compatriotas, sin importar donde viven, estudian o trabajan y sin consideración de su identificación ideológica; rojos, azules, blancos, verdes o de cualquier otro color, no debe importar, porque son y deben ser mis amigos, mis compatriotas, mis hermanos venezolanos; porque merecemos regocijarnos de lo que cada uno hace por nuestra bella e inigualable Venezuela; este bello país donde, como alguien lo escribiera, “…de su tierra mana miel y leche”, porque existen y sobran recursos de todo género, suficientes para todos.

Sueño con sentir honesta y sinceramente respeto, consideración y admiración, por quienes deciden constituirse en servidores públicos, poniendo su vocación al servicio del país, dejando de lado su ambición de enriquecimiento personal, porque no es sirviendo al Estado como las personas honestas adquieren gran fortuna, sino en el ejercicio de actividades privadas rentables.

Sueño con sentirme seguro de que, por haber cumplido con lo que me exigió la sociedad de mi tiempo, y que yo consideré honesto, nadie bajo ninguna circunstancia, podrá violar o disminuir mis derechos constitucionales y legales; porque exista un Poder Publico único e indivisible, que mediante sus Organos competentes, estará vigilante las veinticuatro hora de todos los días, para asegurar que la Constitución Nacional y las leyes se cumplan, sin distinción de persona o situación, donde y cuando se presente la necesidad de su aplicación.

Sueño con que, cuando tenga que dejar este mundo, consciente de que actué como de mi se esperaba, por lo cual estudie primaria, bachillerato, asistí y obtuve mis títulos hasta cuarto grado de la universidad; pero además trabajé duramente desde muy corta edad y hoy a los setenta años continuo haciéndolo, mis hijos y los hijos de mis hijos, no solamente me imitaran en la construcción de un futuro digno, sino que podrán libremente hacer uso de lo que yo pudiere dejarles, como producto de mi dura labor.

Sueño con un País del cual sentirme orgulloso, más que por sus riquezas, por su gente; que consecuente con la idiosincrasia de sus habitantes, apoye dentro y fuera de nuestras fronteras la libertad de acción y pensamiento, el respeto por las instituciones y la persona de todos los seres humanos; un país que sea diligente receptor del refugiado, del que no tiene patria o la suya le fuere arrebatada; donde nos amemos y respetemos por lo que somos  y no por lo que aparentamos; donde gustosos aceptemos la diversidad de pensamiento como enriquecedora y no como estigmática; donde podamos deliberar cordialmente y zanjar nuestras diferencias normales y naturales de los seres pensantes, sin llegar a la ofensa, la división,  la exclusión, el odio, la retaliación ni la agresión verbal o física; donde consideremos colectiva e individualmente obligatorio y no programático, procurar y contribuir al bienestar de tanto hermano pobre y desventurado, que por sobre cualquier buena intención que se hubiese tenido, las políticas erradas y desvinculadas de la realidad nacional de más de cincuenta y tres años de Gobiernos de diferente índole,  dejaron abandonados a su  suerte.

Sueño con nunca tener que verme compelido a abandonar esta patria que me acogió y protegió con amor de madre; que me permitió en los años cincuenta,  en un pueblecito que casi no aparecía en el mapa, la oportunidad de entender que podía –como así lo  hice- trepar sobre la pobreza, exclusión y condiciones más inhóspitas, para adquirir cultura y educación, a la par de sentimientos de solidaridad con mis hermanos más necesitados; que me permitió crear mi bella familia, y me sembró en el alma el compromiso, que nunca olvido y práctico, de ser útil, dentro de mis posibilidades, a todos mis semejantes.

Este es mi sueño que, como la mayoría de los sueños que he albergado y realizado, sin preocuparme mucho del cuando, se y no tengo duda que se materializará. No es un asunto de tiempo, es de conciencia y de esperanza; dos campos donde el tiempo no tiene mucha relevancia, porque al final, lo importante  es su resultado final.

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Un día cualquiera, camino al Palacio de Justicia de Valencia, en el semáforo de la avenida Cedeño, una menor de edad pedía limosna; unos metros adelante había otra vendiendo flores y en la mitad de la calzada, dos zagaletones hacían acrobacias para justificar una dádiva.

En la avenida Lara, observé niños pordioseros y un chaval que tiraba hacia arriba artefactos encendidos, con riesgo de quemarse o producir quien sabe qué tragedia. Todo por una moneda para comer -paradójicamente- en uno de los países más ricos del mundo.

Observé desilusionado que la indiferencia de transeúntes y conductores era total. A nadie preocupa o extraña esta tragedia. Pareciera normal que en Venezuela, sus niños y jóvenes en vez de asistir a la escuela y formarse para la vida, dediquen su tiempo a la mendicidad y maromas frente a los autos, por unas monedas para, escasamente, suplir alguna de sus necesidades, pero sin beneficiar su incorporación cultural y productiva a la sociedad real.

No obstante, en nuestro ordenamiento jurídico existen normas imperativas que protegen a los menores en situaciones riesgosas o de peligro, los cuales deben hacer cumplir Jueces, Procuradores, Fiscales del Ministerio Público y Funcionarios Municipales competentes, quienes todos los días pasan por este semáforo, porque el local donde laboran, con toda su parafernalia, se ubica aescasos metros de distancia de esa intersección vial.

Pero no sucede nada. Los flamantes funcionarios públicos no lo advierten, y si lo hicieren, poco les importa. Saben que nadie pedirá cuenta por su negligencia -que en este caso es un acto de corrupción administrativa- porque devengan una remuneración que les paga el Estado, de la exacción que nos hace mediante el cobro de los impuestos, con la única intención de evitar estos males.

Realmente, me siento impotente y triste frente a tanta desidia ciudadana, negligencia y corrupción oficial. Siento que los administrados somos culpables por omisión; que hemos olvidado que integramos una sola familia que requiere solidaridad permanente; que esos niños son nuestros niños; que conformamos una sociedad donde todos somos responsables por todos. Tan pecaminosa como la actuación oficial es… consentirla.

No debemos continuar pasivos ni substraernos al problema; podemos contribuir a eliminarlo protestando, denunciando y demandando de los burócratas, cumplimiento eficiente de sus obligaciones. Mientras no lo hagamos nos haremos cómplices y continuaremos siendo una sociedad impotente, porque tener derechos y no ejercerlos, es igual que no tenerlos.

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