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EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO

la vida III

Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así  como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos.

Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos  tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos.

En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente,  cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente.

Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la  fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor,  la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros.

Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza.

Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

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Jennifer,_Matthew¿Por qué es tan difícil la buena relación de pareja? Siento que el asunto no responde a procesos de lógica racional, sino a reacciones viscerales.

¿Acaso no es lógico que abandonemos la soltería, porque amamos a esa otra persona y hagamos todo lo posible por y para compartir nuestros mejores sentimientos, en una vida armónica, agradable y emocionante?

Pero…¿No es ilógico que, logrado el objetivo principal de convivir con la persona amada, en vez de hacer más fuertes los sentimientos de ternura, comprensión, solidaridad, entusiasmo, emoción, pasión y sexualidad, estos se desmejoren?

Creo que se trata de la incapacidad de entender la importancia de mantener y alimentar permanentemente el entusiasmo, la emoción, la ternura, la magia; y ese toquecito de locura que debe dársele siempre a… la sexualidad.

En las parejas felices, la relación es el eje alrededor del cual gira toda la actividad de ambos. El hacer pareja es aunar amor, personalidad y esfuerzos, en pro de una relación afectiva, progresiva y permanente.

¿De qué serviría la riqueza, títulos, honores, fama o poder si no se tiene un amor que llene integralmente, con el cual compartir éxitos o desvelos?

Por años he observado que la pareja desea una buena relación. Sin embargo, manifiestan problemas para mantener esa armonía, entusiasmo y emoción cotidiana. De toda esa experiencia deduje que las personas piden todo de su pareja –especialmente los hombres- pero poco están dispuestos a aportar por el logro de mantener el amor con libertad y la comunicación con respeto y armonía.

La relación de pareja no acepta supremacías porque es de dos, con iguales derechos y deberes, para convertirse en uno; donde ambos pierden o ganan de idéntica forma. Si uno y otro no sienten que aman con libertad y no con temor o resignación, la relación no puede mantenerse. Es que nadie hace pareja para sentirse peor que permaneciendo soltero.

El éxito o el fracaso de la pareja es asunto de dos; especialmente para quienes aman por vocación y decisión propia, pero no porque intereses subalternos, le indiquen la unión como posibilidad de solucionar algo diferente a la conveniencia de amar y ser amado; compartir y dar lo mejor de sí, en una relación que puede llegar a ser la más hermosa aventura que ser humano alguno pueda experimentar.

Es esto lo que siento luego de más de treinta y nueve años de feliz matrimonio, y así me corresponde divulgarlo.

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orandoAnoche, mirando un programa sobre la recuperación de un alcohólico, el gran sufrimientos de su esposa, hijos, hermanos y amigos, que le observaban impotentes morir en vida sin poder hacer nada, reflexioné sobre todo lo que Dios nos ha preservado, pero también de lo mucho que nos ha dado, que hoy más que nunca me siento obligado a dar gracias… infinitas gracias.

Siento que estar todos con vida, amarnos, aceptarnos y admitir a nuestros hermanos humanos con su propia diversidad; no ser dependientes de ningún vicio y sentir a Dios, todos los días como parte de nosotros mismos, reúne las mayores bendiciones. Saludar con entusiasmo cada día que nos permite enfrentar los retos que nos imponemos, y recibir la noche como la recompensa para la meditación y el descanso, son otros privilegios que nos obligan a recordar la infinita bondad divina.

Creo que todos, sin ninguna excepción, tenemos mucho que agradecer a Dios; pero a veces, por descuido o porque se nos pasa desapercibido, no reflexionamos sobre lo tanto que hemos recibido.

Basta con abrir un Diario nacional o extranjero, hojear una revista o mirar la televisión, para enterarnos como muere la gente todos los días o como quedan lisiados para siempre; como las personas, independiente de su edad o condición social, son objeto de violencia y crueldad; como jóvenes, en toda su plenitud, entregados a graves vicios y actividades obscenas, desperdician lo mejor de sus vidas, automancillando ese bendito cuerpo que recibieron de Dios, enfermándose y haciéndose viejos antes de tiempo.

Pero nosotros hemos sido preservados; se nos bendijo con claridad mental, humildad, amor a nuestro cuerpo y a las demás personas, así como fe en nuestra capacidad para superar cualquier eventualidad, porque con propiedad nos sentimos herederos de Dios sobre esta tierra, lo cual nos obliga a ser mejores todos los días para continuar siendo merecedores de tales dones.

Siento que no basta con agradecer, sino que se requiere divulgar la necesidad de entender que fuimos dotados de condiciones especialísimas, como la razón y la inteligencia, cuales les fueron negadas a los demás seres vivos, y eso es una gran ventaja para ser felices, pero es también un delicado compromiso, porque se nos exige en la misma medida en que se nos da, y de igual manera estamos obligados a dar testimonio y enseñar estas verdades. Es suficiente que una sola persona lo entienda, tome el ejemplo o lo aprenda, y ya habremos hecho bastante.

Por eso debemos dar gracias a nuestro Padre Celestial todos los días, en cada hora, en cada minuto, porque somos afortunados por conocer estos secretos; por haber recibido suficiente fuerza de voluntad para ponerlos en práctica, no incurrir en errores irreparables, poder cosechar sus frutos, deleitándonos en una vida plena y feliz.

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