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Archive for the ‘EVENTOS COTIDIANOS’ Category

LA MUSICA COMO PARTE DE LA VIDA

 

Desde las culturas más antiguas del mundo hasta hoy, la música ha sido parte integral de nuestra vida físico-espiritual. En la antigüedad fue muy ritual y religiosa; pero hoy, luego de ese largo recorrido por milenios, es tan importante que se han creado no sólo diversos estilos y medios de transmitirla, sino que en el mundo científico  de la medicina, se considera una importante terapia curativa, tanto para  el cuerpo como para la mente.

En las últimas seis décadas, la música pasó de ser una parte esencial del romanticismo hasta un signo de rebeldía y libertad. Especialmente en la década de los sesenta materializó un grito de insurrección de la juventud por mucho tiempo reprimido,  frente a un mundo  de guerras estúpidas, injusticia  y  desproporción de todo género.  En esta misma década, la música motivó el grito de libertad  en sus derechos, de ese ser maravilloso hasta ese momento mediatizado, casi ignorado y sojuzgado: la mujer.

De las misma manera como la música  de Los Beatles rompía paradigmas vetustos y melancólicos, promotores del dolor y la tristeza, cambiándolos por el pelo largo de los chicos y el tono sensual y a veces estridente, animando  los hot pants y la minifalda de las chicas, que representaron  un “ya basta” por parte de las mujeres, frente a un mundo de “machos”, donde era más importante la mojigatería insulsa e inútil, que su aporte valiosísimo en el contexto social, por su igualdad en inteligencia, diligencia, trabajo y libertad para amar, como ha quedado demostrado sobradamente, en los años posteriores.

Hoy la música es parte de nuestra vida cotidiana en la familia, las escuelas, las iglesias y el trabajo. Al menos en mi caso, la música habiendo sido fundamental como terapia en mi sanación del cáncer que sufrí el año 2011, hoy es no sólo mi compañera de labores, sino mi amiga en esos bellos momentos de reposo y deleite con mi compañera de viaje largo, pero también el fondo de mis plegarias y gracias a Dios por esta hermosa vida que me regaló.

Un piano, un violín, un saxo, una guitarra, un arpa, una flauta o un acordeón, como cualquier otro de los muchos  instrumentos musicales, en solo o como parte de una partitura, tanto en una noche de luna, como en una esplendorosa mañana primaveral, nos llenan el alma de diversos sentimientos, que llenan el espíritu, despejan la tristeza y nos hacen la vida más grata. Hoy sabemos que nuestras células oyen la música y nos ayudan a combatir el tedio, la soledad y la tristeza, que son tres enemigos emboscados que siempre están al acecho de nuestro bienestar. Por eso con sobrada razón aconsejo hacer de la música, sin importar el género o estilo, una parte integral de nuestra vida diaria.

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                   SIENTO MI PRESENTE COMO UNA BENDICION



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Una Vida Feliz

 

Quienes aseguran que todo tiempo pasado fue mejor, quizás se aferran a imágenes mentales de su ayer, que constituyen en  refugio para escapar a una realidad, que por cualquier circunstancia les produce temor a enfrentar con entusiasmo su vida diaria.

Pienso que todo tiempo es bueno para disfrutar las muchas bendiciones que existen sobre esta tierra para nuestro beneficio. Si bien es cierto que algunos de nuestros recuerdos son hermosos y gratos, no menos cierto es que  será muy difícil evaluarlos en su justa medida, fuera de su contexto de tiempo y espacio.

En principio, en nuestra existencia, la forma de ver la vida y las cosas evolucionan y se comportan conforme se suceden los acontecimientos. Así, algunos valores y códigos de comportamiento sufren modificaciones, producto de nuestro desarrollo físico e intelectual; como consecuencia, situaciones que ayer nos parecieron interesantes, hoy pudiéramos considerarlas irrelevantes.

Respecto de los gustos, por ejemplo, es común que aquello que nos pareció espectacular y bello en nuestra niñez o adolescencia, cuando somos adultos cambie radicalmente; y es que, en esa época ya superada, por nuestra natural curiosidad todo era nuevo y emocionante, pero con el devenir de los años, el enfrentar diariamente una vida que es absolutamente práctica, pone las cosas en su debido lugar.

Decir que todo tiempo pasado fue mejor, sería como aceptar que con el correr del tiempo,  se pierde nuestra capacidad de disfrutar de las cosas bellas y buenas del presente, especialmente el amor de y a nuestros semejantes, y eso sería tan terrible como aceptar que estamos muriendo… lentamente.

No digo que unos días no sean diferentes a los otros, porque eso es más bien, deseable. Pero aferrarse a la nostalgia común en mucha gente, derivada de situaciones que ya nunca volverán, es un sentimiento que al distorsionar la realidad, sacrifica las cosas buenas de la vida diaria, por un recuerdo que nuestra mente, erróneamente evoluciona incorporándole elementos sublimales que nunca llegaron a existir.

Sin considerarme obsesivo, soy un fanático del presente, por el cual… doy gracias; lo vivo intensamente, lo siento en cada una de mis células y si de algo me sirve el tiempo pasado, es para fortalecerlo con los buenos recuerdos, cuales por cierto son los únicos que en mi permanecen.

Por eso… ¿Mi mejor tiempo? Este eterno presente, cuando aún puedo pronunciar esa maravillosa expresión que dice más que mil palabras: te amo.

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CADA DIA TRAE SUS PROPIAS PREOCUPACIONES…

Después de más de dos 2.000 años de haber sido pronunciadas, las palabras Jesús de Nazaret, continúan teniendo plena vigencia, para mantener una existencia armónica y equilibrada.

Siguiéndolas por más de seis décadas, he podido procurarme una vida feliz; por lo cual, dentro de lo posible, trato de divulgarlas.

Una de sus máximas, que para mí es un compromiso por el cual escribo este artículo, fue: “Al que se le da mucho se le pedirá mucho…” y  no puedo negar que  a mí Dios  me ha dado… mucho.

Me entristece observar  personas que, innecesariamente y con obsesión, se  preocupan por lo que pudiere acarrearles el futuro; y lo que es más grave, por malos recuerdos del pasado,

Preocuparse por lo que pudiera suceder mañana, es un ejercicio de adivinación contra nuestra propia tranquilidad; ya que, evaluar eventos inciertos que pudieren perjudicarnos, cuales nadie puede asegurar que sucederán, es una actitud casi masoquista, sin ningún resultado positivo.

Pero, preocuparse por  un pasado, sobre el cual nada podemos hacer para remendar lo errado o doloroso, es tan inútil como intentar tomar varias veces la misma agua de un río, porque  luego que pasa no existe posibilidad de volver a retomarla.

Asimismo, si los problemas diarios normales ya son pesados ¿Cuál será su magnitud si les sobrecargamos con los que  intuimos vendrán en el futuro, más aquellos que recordamos del pasado?

El resultado de tales comunes aberraciones mentales, es gastar nuestro tiempo con esos pensamientos negativos, en vez de  dedicarlo a disfrutar intensamente el  maravilloso hoy, lleno de  bendiciones, precisamente para hacer nuestra vida agradable y placentera, que, como el agua del ejemplo, pasarán y nunca más podremos recuperar.

Jesús, siempre sabio, nos regaló una enseñanza que estamos obligados a meditar y evaluar,  hasta hacerla parte de nuestra actuación diaria, porque, en buena parte, pudiera ser que de ella dependa, nuestra felicidad.

Esa sencilla pero  didáctica  sentencia, que para mí, como todo compendio filosófico de vida, es corto y sencillo, enseña: “Cada día trae su propio problema… basta a cada día su mal.” ¿Verdad que no es difícil entenderla, asimilarla,  recordarla y practicarla?

Nunca es tarde para comenzar;  pero cuando se trata de nuestra felicidad, se convierte en un compromiso. Así que, si somos de los que perturba el futuro o esclavizan las frustraciones y dolores pasados, tomemos esta tabla de salvación y, seguramente que siguiéndola, podremos  corregir el entuerto.

 

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“LA FELICIDAD DEBE CONSIDERARSE COMO UN OBJETO DE LA CIVILIZACIÓN”

Oswald.-

Para satisfacer a una asidua lectora que me escribe de Montevideo, nuevamente trato sobre el tema de la felicidad como máxima ambición del ser humano. En tal sentido,  coincido con Oswald, porque ser felices, aunque es un hecho cultural, constituye un derecho humano natural, quizás el más sentido,  que todos debemos procurar ejercer.

La felicidad no tiene una definición universal única, pero erróneamente las mayorías la imaginan vinculada o dependiente de factores como riqueza, belleza, fama o poder; sin embargo, sin desestimar su importancia, como elementos complementarios, no podría por sí sola ninguna de ellas originarla o mantenerla.

Es que para producirnos felicidad, que es  un sentimiento de realización material-espiritual, requerimos vincular nuestro cuerpo al espíritu, lo cual sólo produce el binomio Dios-Amor, cuales venturosamente viven dentro de nosotros y están siempre a nuestro alcance.

Por ejemplo, cuando degustamos un trago de vino en solitario, por nuestras papilas gustativas sólo recibimos satisfacción corporal, pero al compartirlo con la persona amada, al incorporar la parte espiritual representadas por el amor, lo convertimos en un acto feliz. Idénticamente, realizar el acto sexual para satisfacer la urgencia  biológica, sólo produciría satisfacción corporal; pero si lo experimentamos con la persona amada, al incorporar la parte espiritual representada por el amor, lo convertimos en un acto feliz.

La felicidad no se obtiene por eventos extraordinarios o especiales -cuales por cierto se dan muy pocas veces en la vida- sino que se conforma con cada uno de los muchos y variados actos de nuestra vida cotidiana; especialmente, en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

La felicidad tampoco tiene por qué ser permanente, ya que al constituirse de momentos felices –que pueden ser extensos o breves-  será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices. Mutatis mutandi, tampoco una persona tiene por qué ser  infeliz de forma permanente.

Como hemos determinado que no existe felicidad sin el concurso del espíritu, y éste es interno, somos nosotros quienes decidimos cual evento nos hace felices y cual no. Esta precisión nos blinda frente a quien deseare hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro interior.

De tal suerte, podemos concluir que la felicidad corresponde a una actitud, que deriva en una aptitud personal para convertir momentos agradables en momentos felices, al adicionarles el factor de espiritualidad, indispensable para traducirlos en realizaciones material-espirituales, cual, en todo caso, sería un concepto apropiado de lo que es la felicidad.

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