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Archive for the ‘IDEOLOGIA CRISTIANA’ Category

Hoy, revisando en mis papeles viejos, encontré una conferencia de ese Barcelonés especialmente inteligente, estudioso, curioso y  polifacético,  Eduardo Puncet (09-11-1936/22-05-2019), quien dentro de su formación académica acumuló Títulos de Abogado, Escritor, PolÍtico y Presentador de TV, en cuyo programa trataba  sobre sociología, medicina, psicología, biología y astronomía; siendo que  también en sus últimos años se dedicó, a dar conferencias en varios países. Pues bien, este hombre trató en sus disertaciones temas para mí   -como estudioso de la felicidad- especialmente interesantes como el amor, el desamor, la belleza, el deseo, el dolor y el miedo; por cierto utilizando  un término en el cual nunca ha había personalmente meditado: el desaprender. Aunque tengo mi propio criterio sobre qué fue primero, el amor o el deseo, su criterio me pareció realmente interesante. Asimismo, trató sobre que produce la belleza y qué es la  felicidad.

El ubica el amor como nacido del instinto atávico de los primeros seres vivos, como la necesidad  de fusionarse con otro organismo, para mejorar la vida de los dos, insistiendo en que primero fue el amor y luego el deseo. Ahora bien, a este respecto y refiriéndome a la pareja, difiero porque creo que, aunque son complementarios, –por ser algo ciertamente instintivo-, el deseo es anterior al amor; al menos el amor idílico  que nos ha enseñado la cultura. Pienso que en nuestras relaciones amorosas contemporáneas, la atracción y la buena comunicación, dan origen al amor y éste último da origen al deseo en la pareja, que cuando logra imbricar estos dos sentimientos de forma sana, romántica, y si se quiere, mágica, producen la permanencia en el tiempo, cual se convierte en  el verdadero amor.

Respecto del desamor, loubica como una emoción negativa y dolorosa, producida cuando se pierde el interés por la persona amada, con lo cual coincido plenamente, así como su consejo de solución a esta situación, cual lo es buscar de inmediato otra persona que sustituya al amor perdido, sobre la base de que no amas  a  nadie que no te atraiga profundamente. y mientras más pronto esa nueva persona entra en tu vida, mejor; porque la felicidad es la ausencia del dolor y del  miedo, por lo cual es importante olvidar y desterrar  a ambos. Es que es muy importante estar conscientes de cuanto valemos y cuanto somos capaces de hacer; de tal manera que, tenemos que afincarnos en el hecho de que así como conquistamos ese amor perdido, de la misma forma podremos lograr ubicar y conquistar un nuevo amor, que como dice el adagio popular “…un clavo saca a otro clavo…”. Yo, que me divorcié  hace 50 años, sé y me consta que es cierto que uno no pierde su capacidad de conquista y que siempre hay alguien que requiere lo que nosotros estamos ofreciendo, gracias a los cual tengo ya 48 años felizmente casado.

Coincido también con Puncet en que no puede existir belleza humana, sin no hay ausencia del dolor; precisamente, porque la belleza no es solamente algo físico, sino que es integral tanto en la apariencia como en el comportamiento de quien ostenta la belleza.Al menos en mi experiencia personal, en muchas oportunidades me ha parecido bella una persona a la cual he frecuentado, pero al oírla expresarse sobre la vida y las cosas, simplemente perdió todo el encanto de la atracción inicial. De la  misma forma, conocí personas que no me atrajeron a primera vista, sino que, por el contrario al primer momento internamente las rechacé, pero cuando las frecuenté seguido, encontré en su comportamiento y actitudes, una hermosura y paz inusitadas, que me hicieron frecuentarla, porque me producía además de placer, la sensación de recibir influencias positivas.

Por todo lo expuesto, tanto en mis escritos como en mis conversatorios y conferencias, cuando tengo la oportunidad de realizarlas, insisto en la necesidad de tratar a las personas suficientemente e independiente de su atracción inicial, porque como le decía Sócrates a un joven cuando lo veía por primera vez, “Habla para conocerte”, creo que en la mayoría de los seres humanos, es cierto el apotegma que apunta que, de la riqueza del corazón habla la boca. No se podría negar que el amor comienza por la atracción a otra persona, pero es sólo eso:  atracción, que es muy diferente a comportamiento, comunicación, educación, sensibilidad, por mencionar algunos sentimientos que son fundamentales en la persona que debemos escoger para amarla y ser amados, con sentido de emoción, pertenencia y permanencia. Sin duda que cuando amamos corremos el riesgo de que esa persona que escogemos, en el devenir de la relación puede cambiar sus gustos y atracciones, y en pro de su propia felicidad decida abandonar  la que nos une, ejerciendo un derecho que nosotros personalmente también consideramos sagrado, como es el hacer todo lo que está a nuestro alcance para ser felices, y no cabe ninguna duda que nadie puede ser feliz en  una relación obligada, aburrida o desagradable, al lado de alguien que no le atraiga integralmente.

Tengo tres hermosas hijas, con matrimonios de más de veinte años muy felices; a ellas desde muy niñas mamá y yo les enseñamos que una relación amorosa no era nada elemental, porque dependiendo de ella se lograría un hermoso o desastroso futuro conyugal. En ese orden de ideas, siempre insistimos en que el noviazgo era muy importante, porque les permitiría conocer, al menos en buena parte, la ideología de esa persona sobre la existencia y el comportamiento humano, necesarias para evaluar su coincidencia con la de ellas. Todas nos oyeron con respeto y creyeron en nuestro criterio, de tal manera que dedicaron un tiempo razonable al noviazgo, cuando trataron dentro de lo  posible, de ahondar en sus pares en cuanto a  sus principios, ideología, concepto de ética natural respecto de la vida, la familia, la amistad, la solidaridad humana, hasta encontrar suficientes coincidencias que justificaran enseriar la relación al punto de constituir un hogar. También debo confesar que les imbuimos de que los seres humanos tenemos una sola vida; que cuando dejamos de ser solteros igualmente perdemos mucho de nuestra libertad personal,  por lo cual no hay ningún motivo que justifique sacrificarla por una persona que no actúa conforme a nuestra ideología de la vida, de tal modo que perdamos la atracción. Es que si dispusiésemos de  varias vidas, pues sin  ningún problema le regalaríamos una, pero como solo tenemos una, nuestro mayor compromiso con nosotros mismos es ser felices, lo cual es imposible de lograr si no se comparte integralmente sentimientos fundamentales para mantener la pareja, como son la sensibilidad, solidaridad, compromiso y fidelidad conyugal. Es por lo cual debemos  desaprender a amar a esa persona que ya no nos merece o quizás no nos mereció… nunca.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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EL VALOR DE UNA CARICIA

Caricia (2)La caricia es algo más que el roce cariñoso o el toque amoroso a nuestro cuerpo, que independiente de si somos niños, jóvenes, adultos o ancianos,  despierta sentimientos de complacencia,  satisfacción, plenitud y seguridad; especialmente porque como seres humanos racionales somos simbióticos, esto es que estamos dotados no únicamente de nuestro cuerpo –que es físico y por tanto visible y detectable por nuestros sentidos- sino que además disponemos de una supra corporalidad extraordinaria y absolutamente etérea, no detectable por nuestros cinco sentidos conocidos, que definimos como nuestro espíritu. Este hecho hace que la caricia -esa que nos hace tanto bien-  igualmente sea física, como captable únicamente por algunos de nuestros sentidos, o simplemente por nuestro espíritu. Por lo cual, una palabra, una mirada, una sonrisa o cualquier acto solidario o generoso, puede alcanzar igual o  mayor capacidad de recepción, que  una manifestación corporal.

En orden de lo antes expuesto, hoy releyendo a ese poeta, escritor y juglar, que supo vivir el privilegio de ser feliz, luego de haber perdido su familia y  sin disponer de otra riqueza que no fuere su propia convicción personal de la importancia del hoy, el siempre recordado Facundo Cabral, cuando sentenció: “…el bien es mayoría, pero no se nota por que es silencioso; una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que alimentan a la vida.”. Esta sabia admonición  me ha llevado a reflexionar  sobre su contenido, porque es cierto que el bien, casi siempre es silencioso y a veces difícilmente determinable; en cambio, el mal deja secuelas rápidamente determinables porque hieren al medio ambiente, al individuo y/o a la sociedad.

La caricia oportuna de la mano, la palabra o el gesto amigo, suelen ser realmente reconfortantes; tanto que la psicología positiva –luego de una ardua tarea de convicción con pruebas a los galenos- ha convertido en un hecho su importancia decisiva en los procesos de sanación de las enfermedades. Creo que sería muy positivo para la sociedad organizada la toma de conciencia de que la caricia no lo es solo corporal, sino que podemos acariciar también con nuestras palabras, con nuestros gestos como la sonrisa, con  nuestra actitud frente a cualquier difícil o dolorosa situación física o espiritual, que experimente alguno de  nuestros congéneres. Así, por ejemplarizar, en variadas oportunidades vemos personas que, por cualquier circunstancia, amanecen espiritualmente adoloridos, frustrados o desanimados, pero un caluroso buenos días, un apretón de manos, una mano sobre el hombro o una sonrisa, pueden sacarlos de ese túnel espiritual en el cual, casi siempre sin razón aparente, se encuentran encerrados.

 Jesús no estaba equivocado cuando enseñaba: “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo…” porque si seguimos esa máxima, obligante para quienes somos cristianos, nunca olvidaremos que todos a quienes encontramos en nuestro camino son nuestros hermanos, y que no es una caridad sino una obligación preocuparnos de ellos y por ellos; por lo cual también es obligante hacer todo lo que esté a nuestro alcance por contribuir a su felicidad, o por lo menos a que se sientan menos solos.

En estos tiempos especialmente, cuando tenemos a mano los medios idóneos y a bajo costo para conocer al instante cualquier situación  en el  mundo; cuando con dolor tenemos que aceptar que millones de personas no tienen que comer y mueren de hambre; que el terrorismo, la corrupción y la ambición de poder desmedidos, cada día hacen más pobre a los que menos tienen y más ricos a los que de todo disponen; cuando en algunos países las medicinas sobran y en otros, por su carencia mueren niños con cáncer y otras múltiples enfermedades, tenemos que aceptar que la generosidad y solidaridad con los demás seres humanos,  ciertamente es obligatoria. Hoy, no sirve de nada lamentarse, sino que, por el contrario, nos corresponde a cada  uno, según nuestra capacidad y actividad, hacer lo que se encuentre a nuestro alcance, por ayudar a quienes lo necesiten. Quienes hemos vivido con pleno uso de razón los últimos sesenta y cinco años, sabemos que nunca hubo tanto dolor ni desconsuelo sobre esta tierra de Dios  que en este último periodo.

Por todo lo antes mencionado, como normalmente y salvo raras excepciones,  nuestro círculo personal es reducido, al menos en nuestra comunidad, círculo familiar o amistoso, debemos recordar qué significa, para qué sirve y cómo puede manifestarse una caricia, que costándonos muy poco, es algo que podemos otorgar todos los días, y que, al menos en mi experiencia, suele no solamente beneficiar a quien la recibe, si no muy especialmente a quien la da, en su ser interno, precisamente porque somos físico-espirituales y eso  no deberíamos olvidarlo… nunca. Termino refiriendo   un verso del Poema “Limosna” de Iván S. Turquenev, que tiene que ver con el tema, ya que se trata del caso de un hombre que encontró un mendigo y por no tener dinero para ayudarlo le pidió disculpas y le dio un apretón de manos:

“Gracias exclamó el indingente

 suspirando dulcemente;

 gracias por vuestra bondad.

 Darle la mano a un mendigo

 y tratarlo cual amigo,

 es limosna y caridad.”

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EL AMOR VS. EL ODIO

ODIO Y AMOR

Hoy, releyendo la vida y pensamientos de ese, por mí admirado  y especial ciudadano del mundo, Nelson Rolihlahla Mandela, recordado por todos como “Madiba”, encontré  uno de sus pensamientos más conocidos respecto del odio y el amor, que produce en quien lo lee una reflexión pocas veces comentada, y es que, en su mayor contexto, tanto el odio como el amor son factores o elementos culturales; más allá de la parte instintiva originaria de los sentimientos que ampararon y/o preservaron la continuación de la especie, el apego o sentido de pertenencia grupal y la expectativa de combatir e incluso agredir,  en su legítima defensa. El pensamiento de Madiba a que haré referencia, expresa: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, de su origen o religión. La gente tiene que aprender a odiar;  y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.”

Aunque Madiba no se refirió expresamente al aspecto ideológico o político, dada la circunstancia actual de incertidumbre sobre el futuro inmediato de nuestro País, me parece oportuno y casi obligatorio, adicionarlo dentro de ese pensamiento sobre la actitud de odiar o amar de los seres humanos. Es que la vida me ha enseñado que nuestra existencia es sinérgica, como lo es la del planeta sobre el cual vivimos, ya que nunca permanece estático en el mismo sitio, sino que permanentemente rota y se traslada en su órbita alrededor del Sol. Asimismo, los países, incluido el nuestro, mantienen un movimiento de altos y bajos, algunos de manera cíclica, que debemos considerar seriamente, al menos quienes hemos decidido de forma definitiva, permanecer en él,  independiente   de su situación en tiempo, período o momento determinado.

Sobre lo antes expuesto, por mi propia experiencia como ciudadano de este País, que he vivido con absoluta conciencia los avatares venezolanos en estos últimos sesenta y cinco años, pienso que aunque no debemos abstraernos o  insensibilizarnos de la actual situación que nos aqueja, sí que es esencial recordar y/o revisar la historia de los últimos cien años de nuestra vida republicana, para concientizarnos de que, en ese período, hemos vivido situaciones muy difíciles, pero que siempre las hemos superado con nuestro empeño, trabajo, confianza en un futuro mejor y amor por Venezuela; especialmente, actuando como hermanos y no como enemigos, precisamente bajo el principio que expresamente como lo enunciara Madiba: El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.”, que traído a nuestra situación, es como decir que ES MAS FACIL AMAR QUE ODIAR, fundamentalmente cuando se trata de nuestros conciudadanos.

Esta amada tierra, que es indescriptible por su belleza; invaluable por la riqueza de sus recursos naturales de todo género; e insustituible por esa forma existencial tan amena y adaptable a cualquier circunstancia de los venezolanos, no merece que -al menos quienes aquí fuimos niños, adolescentes y adultos felices- con todas las oportunidades de ser y hacer lo que nos pareciere conveniente, porque siempre dependió nuestro futuro de la confianza en nosotros mismos y la seguridad de que si no existía la oportunidad nosotros la crearíamos hasta llegar a la meta deseada, olvidemos todo lo que hemos recibido y le debemos a Venezuela –que es nuestra madre- en ese espacio de tiempo de nuestra vida, y ahora que está enferma la dejemos sola. ¿Es que, acaso cuando la madre está convaleciente los hijos la abandonan a su suerte? No, de ninguna manera; más allá del nivel o gravedad del mal que sufra, nos corresponde por obligación acompañarla, cuidarla, confiar y hacer todo lo que esté a nuestro alcance, para que sane, como sucedió en anteriores ocasiones, cuando también tuvo graves problemas.

Como quiera que siempre me he considerado un hombre universal, que sería como decir que estimo al mundo como  mi patria grande, no quiero que se interpreten mis palabras, como alguna calificación negativa o coacción sicológica orientada a quienes, dentro del libre albedrío que les dio Dios y el derecho que les concede nuestra Carta  Magna, se van fuera del País en busca de lo que pudieren considerar un futuro mejor para ellos y/o una manera de lograr recursos, de los que aquí carecen, con los cuales ayudar a sus familiares que con dolor dejan aquí. Lo que sucede es que yo conozco bastantes países de otros Continentes y el nuestro,  y he vivido en tres de ellos; donde, como aquí,  he visto personas llegadas de otros países que por sus valores, actitud personal positiva, entusiasmo y duro trabajo, lograron mejorar su vida integralmente. Pero, asimismo, conocí muchos que por no disponer de esos atributos personales, vivían una situación no deseable, con el agravante del mote de “emigrantes”, que por sí mismo les hacía las cosas más difíciles, sin permitirles olvidar su condición de extranjeros que, como comentara alguien que no recuerdo, “…es muy diferente vivir como extranjero turista,  que como extranjero emigrante.”

No obstante el contenido global de los temas ya tratados, la reflexión que me propongo,  es la de hacer notar que es más fácil y beneficioso amar que odiar, como lo sentenciara Madiba; por lo cual, en este tiempo tan duro y a criterio de algunos,  inédito en Venezuela, tenemos que echar mano no sólo del amor y no del odio,  sino también de la solidaridad, sensibilidad, patriotismo, armonía, generosidad, caridad, y si se quiere, del perdón; porque somos y seguiremos siendo millones de compatriotas que convivimos y conviviremos aquí en  nuestro terruño, con diferentes formas de pensar, de ver la vida y las cosas, pero donde no debemos dejar prevalecer el odio a quienes no piensen igual a nosotros o actúen de una manera con la cual  no estemos de acuerdo; porque independiente de la convivencia necesaria, somos Cristianos, lo que es equivalente a decir que, las bases o pilares sobre los cuales  se cimenta nuestra actuación vivencial, lo son el amor y el perdón, condiciones fundamentales, que a mi manera de ver la vida, son esenciales para lograr el valor más importante en la estabilidad de una sociedad organizada: LA ARMONÍA COLECTIVA.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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NO A LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

violencia-contra-la-mujer

Cuando  medito sobre el que mi madre y mi única hermanita, hoy desaparecidas,  a quienes durante su vida  amé;  mi esposa a quien hoy continúo amando  intensamente son mujeres, siento ira y decepción por vivir en un mundo donde, no obstante que hemos ido a la luna  y más alla, aún esta sociedad enferma sigue actuando con las mujeres como miles de años atrás, cuando vivíamos en las cavernas.

 En mis más de siete décadas de vida he visto avanzar más de mil años el transporte, los negocios, las finanzas, las comunicaciones, la  educación, la familia, la relación de pareja, la geopolítica y… las armas; pero el cambio en la actitud machista –que es el eslabón perdido entre el hombre y el mono,  tanto el  común, como  los ilustrados, el Estado, la Justicia y la fuerza de las Organizaciones Multilaterales, en cuanto a salvaguardar el derecho de la mujer –por su condición de tal- a  una existencia digna y segura; libre de violencia de cualquier género, ya fuere sexual, psicológica y física, cuidando la respetabilidad e igualdad de género en todos los ámbitos de la vida en sociedad, incluidos los cargos en las Empresas y en los Gobiernos o Instituciones Multilaterales;  y la misma Iglesia Católica, que no les permite ejercer el Sacerdocio, como recientemente lo manifestó el Papa  Francisco,  ha sido simplemente… un fracaso, por no decir otra cosa.

¡Dios!… y pensar que la mujer crea  hombres, los amamanta y enseña a caminar; que sin ella no podrían cumplir con la parte ética natural de mantener la especie sobre esta Pacha Mama; luego, cuando crecen, sin su amor no podrían lograr ninguna realización valiosa y permanente; pero tampoco valdría la pena transitar el camino de esta vida sin su amor, que le da sentido, porque es ternura,  pasión, comprensión, aceptación, solidaridad, lealtad, y a veces hasta… resignación.

Cuando somos adultos, esos seres maravillosos que son las mujeres se hacen nuestras amigas,  novias, esposas, madres de nuestros hijos; y cuando los años nos demuestran nuestras muchas debilidades, en época que ya los hijos no están, ellas son las compañeras de viaje largo que nos acompañan hasta el final, independiente de nuestra capacidad sexual, de salud o económica. En esos años, independiente de la raza o posición social, sólo ellas pueden hacérnoslos realmente “dorados”, porque, de alguna manera, cuando tenemos una avanzada edad, ellas vuelven a hacer por nosotros lo mismo que hicieron por nuestros hijos: hacernos sonreír, tomarnos de la mano  y… ayudarnos a cruzar la calle.

Bendito sea Dios que nunca, de ninguna manera,  he violentado a ninguna mujer; quizás, porque en todas, en mi niñez,  sentí en ellas a mi madre y mi hermanita; luego cuando adolescente tuve tantas y buenas amigas en la escuela, que hicieron esa época activa y edificante; después, en mi primera juventud, en  la Universidad, todas mis amigas, casadas y solteras,  eran mayores que yo, pero me amaron como amigo y allí aprendí que es verdad que las mujeres, a diferencia de las mayoría de los hombres,  saben amar sin tener que… ir a la cama. En mi segunda juventud –que aún a los 75 años disfruto- una mujer maravillosa,  después de más de cuarenta y siete años de matrimonio, desde el mismo día que la conocí hasta hoy,  ha hecho mi vida muy feliz, y no porque yo sea un dechado de virtudes, sino porque creo que ha evaluado  mi incondicional y voluntario acatamiento a su individualidad, así como mi convencimiento de que no puede existir una relación de pareja, con carácter de permanencia, cuya base de amor no sea el respeto y la libertad de amar cuando y como uno sabe hacerlo, así como  la mutua e indeclinable solidaridad y lealtad integral. Por eso, por todo eso, lucho y lucharé siempre por la igualdad de género de la mujer. Quizás por qué no tengo ningún temor sino gran orgullo, de que ellas sean, en mucho, mejores que nosotros los hombres.

Estoy seguro, sin ninguna duda, que el mundo cambió para bien aceleradamente desde los años sesenta del Siglo pasado, cuando la mujer decidió incorporarse de verdad y con todos los hierros, a los retos que la vida ofrecía a sus habitantes, dispuesta a demostrar que para la intelectualidad, trabajo y cuidado del mundo, no existe diferencia de género, sino limitación inducida de oportunidades que, venturosamente, para bien de la humanidad, todos los días serán  menores.

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DIOS II

Hoy, al entrar en una Clínica local, tropecé con una joven dama que lloraba inconsolablemente, por lo cual me dirigí a ella con la intención de ver si podía hacer  algo por confortarla en su pena. Al preguntarle cual era su problema, entre lágrimas me contó que su madre acababa de  morir en la Emergencia. Tierna pero respetuosamente tomé sus manos entre las mías y le hablé un momento sobre lo que considero es la muerte como fenómeno universal más físico que espiritual; aconsejándole hablar con Dios, porque sin duda, ni una  hoja de un árbol se mueve sin su voluntad. Ella me miró,  secó sus lágrimas y me permitió continuar emitiéndole algunos criterios sobre la muerte, que como muchas veces lo he escrito, para mí es “el regreso” a esa morada que Dios tiene para cada uno de nosotros, donde ya estuvimos antes. Ella se tranquilizó y noté que, aunque no me lo dijo, ella no tenía claro como hablar con Dios,  porque creo que sólo la habían enseñado a rezar. Yo traté de orientarla al respecto y este hecho fortuito, pero muy común, me hizo reflexionar sobre que para algunas personas no es fácil entender cómo hablar con Dios. Sin embargo,  algunos hombres especiales y por mí muy admirados desde hace bastantes años, como es el caso del Ministro Evangélico norteamericano Norman Vincent Peale, en su obra  “Por qué Algunos Pensadores Positivos Obtienen Resultados Poderosos” (1987) y el cual se ha reeditado más de diez veces, me hizo pensar que podría ser oportuno y conveniente compartir con mis lectores –independiente de que hayan o no leído el mencionado libro- algunas de las variadas y efectivas Invocaciones y  Afirmaciones que se contienen en el mismo,  y que me consta se convierten en Decretos Positivos a favor de nuestra vida físico-espiritual, así como Agradecimientos a Dios por tantas bendiciones que todos los días nos ofrece; entre las cuales, a  mi manera de ver la vida –luego de haber estado varias veces muy cerca de la muerte y con la ayuda de Dios haber sobrevivido- destacan  especialmente aquellas  a favor de la vida, la salud y la felicidad. De tal suerte, tomando prestadas las palabras  textuales del ya mencionado autor,  me permito transcribirles algunas de sus expresiones literarias, que no tengo ninguna duda podrán serles de gran utilidad.

INVOCACION AL AMANECER PARA OFRECER EL DIA:

GRACIAS TE DOY SEÑOR, PORQUE ESTOY VIVO

GRACIAS POR MI FAMILIA Y MIS AMIGOS

HOY VA A SER UN GRAN DIA

TENGO GRANDES ESPERANZAS POR LO QUE ME TRAERÁ EL DÍA DE HOY

ME PROPONGO VIVIR TODO MINUTO DE EL  INTENSAMENTE

AGRADECIMIENTO  POR NUESTRO MILAGROSO CUERPO:

GRACIAS DIOS MIO POR MI MENTE CLARA

GRACIAS POR MI CORAZÓN ROBUSTO

GRACIAS POR MIS PULMONES SANOS

GRACIAS POR MI RED MARAVILLOSA DE VENAS Y ARTERIAS

GRACIAS POR MI CONFIABLE SISTEMA DIGESTIVO

GRACIAS POR MI VISTA Y MI OÍDO

GRACIAS POR LA PERFECCIÓN DE TU OBRA CREADORA TAL COMO SE VE EN TODO  MI ORGANISMO

AFIRMACIÓN DE QUE DIOS EN TODO MOMENTO ESTÁ CON NOSOTROÓ:

LA FUERZA VITAL DE DIOS INUNDA EN ESTE MOMENTO TODO MI SER

TODO MI CUERPO SE LLENA DE SALUD

LA GRACIA SANADORÁ DEL GRAN MÉDICO ME SOSTIENE

EN ÉL ESTA LA VIDA: SU VIDA ESTÁ EN MÍ

ESTOY SANO Y FUERTE.  ¡ALABADO SEA DIOS!

 

AFIRMACIÓN DE CONFIANZA, FORTALEZA Y FE EN DIOS:

YO SOY VIGOROSO

ESTOY LLENO DE VIDA

ESTOY LLENO DE INAGOTABLE ENERGÍA

ESTOY RADIANTE DE BUENA SALUD

SOY FELIZ

SOY ENTUSIASTA

ESTOY LLENO DE LA FUERZA VITAL Y  YO SE QUE EN ÉL ESTÁ LA VIDA Y QUE SU FUERZA VITAL OPERA EN MI, DÁNDOME ENERGÍA, SALUD Y PODER

¡ALABADO SEA SU SANTO NOMBRE!

Al ser estas afirmaciones e invocaciones (que se convierten en decretos personales),  tan completas y llenas de sabiduría,  yo únicamente añadiría al invocarlas: “Gracias Padre porque sé  que tú me has oído.”   Al transcribirle estas expresiones de confianza y fe en Dios, siento en mi corazón que quien las haga consuetudinariamente, comenzará y terminará bien el día, dormirá tranquilo, pero además el Universo conspirará para hacer realidad sus contenidos, porque el amor, el agradecimiento, la fe y la confianza, son fundamentales para la felicidad, que unicamente la poderosa fuerza de Dios puede producirnos y concedernos.

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SI QUIERES GANAR EL CIELO, TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME”

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Continuamente oímos personas pregonar que son cristianos, vale decir que siguen a Cristo. Ciertamente, es muy fácil decirlo, pero bien difícil actuar como un verdadero cristiano. Más que invocar a Cristo, se requiere sentirlo en nuestro espíritu y hacerlo patente en cada uno de nuestros actos.

Es que no es fácil aceptar la ingratitud e inconsecuencia de algunos congéneres, que todos los días afectan nuestra relación humana.  Pero, como cristianos estamos obligados a soportarlos y ayudarlos, porque sin ninguna duda, su actuación corresponde a su ignorancia de los principios cristianos y de las leyes de compensación que rigen nuestra vida.

Alguien decía que haz el bien y espera el leñazo; en algunos casos pudiera ser así, pero no en la mayoría. Una condición fundamental del cristianismo es cumplir el mandato de Cristo: Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando se hace el bien no es importante lo que se reciba de regreso, porque cuando se da amor, éste  se convierte en el mejor antídoto ante los grandes males que aquejan al  hombre.

Considero apropiado el aforismo: “El que nada espera lo tiene todo.” Cuando se hace el bien sin esperar recompensa, todo lo que la vida te devuelve es bueno. De hecho, el practicarlo, es ya una recompensa.

¿Qué quien recibe el acto bondadoso lo retribuya? Pudiera ser que sí, pero si no lo fuera, el pago espiritual representado en la satisfacción de hacer el bien, y se recibe en el mismo momento en que se hace el bien.

Especialmente, para quienes somos padres hacer el bien, que es una forma de ser justos, nos asegura un buen futuro para nuestros descendientes. Esa fue la promesa bíblica del salmista cuando  escribió que  “… jamás he visto hijo de justo mendigando pan…”

Ayudar a nuestros semejantes, aún a riesgo del interés propio y la seguridad personal,  siempre, y de alguna manera, sino inmediatamente, con el tiempo, los resultados de ese acto bondadoso, generoso o justo,  produce un resultado positivo. Pro eso, el cristiano real no puede ver primero su interés personal, sino la entidad del efecto de  la ayuda para sus hermanos, de tal manera equilibrando la situación; y eso, por experiencia propia, puedo asegurar que  no es tarea fácil, pero sí enaltecedora.

En estos días, cuando el mundo se enfrenta a profundos cambios, cuales en su mayoría se   suceden a velocidad imprevisible, violentando privilegios y enterrando paradigmas, como escribiera en 1970 Alvin Toffler, quien no tenga fortaleza espiritual suficiente para asimilar los cambios y mucho amor en su corazón, simplemente sufrirá, con devastadoras consecuencias,  lo que él llamo “El shock del futuro.” Y ese futuro ya está aquí.

Frente a tales realidades, los cristianos debemos fortalecer nuestra base ideológica, que se fundamenta en el mensaje de Cristo de amor al prójimo, y la actuación cónsona, suficiente para entender a tantas personas que, por desconocer los principios de vida cristianos, andan por el mundo desorientados, llenos de temor,  estrés, impaciencia, incomprensión, frustración, falta de fe, e incluso…ira, lo que afecta gravemente su salud fìsica y espiritual.

Es una obligación que tenemos los cristianos de tratar de entender y ayudar a nuestros hermanos, porque fuimos glorificados con este conocimiento, que hemos atesorado, hecho parte de nuestra vida,  y se convierte en escudo frente a  un mundo todos los días más complejo, confuso e insensible, en el cual estamos comprometidos a ser el fiel de la balanza.

Dios nos ayude siempre a cumplir con este cometido.

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