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Archive for the ‘NUEVOS PROYUECTOS’ Category

A CIERTA EDAD

YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY) Hoy, leyendo sobre lo que debería sentir una mujer después de los cuarenta  años, se me ocurre escribir sobre lo que pudiésemos sentir los hombres luego de  los cincuenta; y como tengo ya cincuenta de edad más veinticinco de experiencia, puedo escribir con suficiente cualidad sobre lo que un hombre  siente luego de haber vivido cincuenta años. Por mi propia experiencia, cuando tuve menos de treinta quise comerme el mundo, sin considerar que, si lo lograba terminaría intoxicado de tal manera que seguramente moriría. De los treinta  a los cincuenta entendí que sólo me correspondía una parte de él, precisamente la que me convenía, y por tanto, luché duramente durante ese período, trabajando al lado de esa maravillosa compañera de viaje largo que me regaló Dios: mi nunca suficientemente reconocida y amada esposa. Como resultado del estudio, el tesón, la positividad, la diligencia, la confianza en mí, en la gente y el trabajo en equipo, logré en ese período encontrar una buena parte de mi meta, quizás la más importante que llenó mi espíritu: mi bella familia integrada por mi esposa,  dos hijos y tres hijas, a quienes pude dar  una buena vida en general, incluida su educación universitaria y su formación académica complementaria en el Exterior.
Luego de los cincuenta años, habiendo vivido intensamente cada uno de mis pasos por este mundo, he entendido plenamente que no hay edad especial para ser felices, porque toda edad es buena para el solaz, la plenitud y… el amor; especialmente, porque estas tres maravillosas sensaciones únicamente podemos sentirlas, y eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, pero tampoco nadie puede evitar que lo experimentemos. En este período aprendí que no somos ni mejores ni peores que nadie, sino simplemente seres humanos con virtudes y defectos, por lo tanto debemos aceptar gustosamente, que quienes habitan con  nosotros en la intimidad o fuera de ella, sean simplemente seres  humanos con las mismas virtudes y defectos, así como  con las miserias humanas que llevamos dentro, cuales la mayor parte de nuestra vida estamos tratando de contener.
Aprendí también que es mucho mayor la cantidad de gente buena que la mala y que éstas últimas, en su mayoría, son producto de la  inapropiada formación, incomprensión, mal ejemplo y falta de amor de quienes los formaron, pero que también la sociedad no hizo mucho por comprender sus inquietudes, frustraciones y… soledad, por lo cual dejaron de creer en la bondad de sus hermanos humanos, y al actuar en su contra luchan contra ellos mismos, de alguna manera para castigarse, porque saben que toda acción engendra una reacción  proporcional.
Aprendí que las arrugas, el paso lento, el pelo blanco y la nostalgia, que  a los  jóvenes preocupan, no son precisamente una deshonra, vergüenza o, de alguna manera imposibles de evitar; porque  es honroso, venturoso y afortunado llegar a viejos; las arrugas y el paso lento, son como los surcos y el riego que van surgiendo con el  andar por  el camino de la vida,  los cuales, como en la agricultura, son necesarios para la buena cosecha; el pelo blanco y la nostalgia, disponemos de elementos y herramientas que  pueden evitarlos, si es que se desea, porque hay quienes disfrutan la nostalgia y se sienten muy bien con sus canas.
Finalmente, en esta etapa de la vida, aprendemos dos cosas fundamentales para concluir nuestro ciclo vital: la primera, que la mayor fortuna es la fe en Dios que nos regala la  tranquilidad espiritual, que nos permite vencer el temor, disfrutar de un buen sueño y observar con ternura  y  arrobamiento, las muchas bendiciones que El puso para nosotros sobre esta bendecida tierra; la segunda, que la única riqueza realmente necesaria, es aquella que nos suministra las cosas  básicas para una vida cómoda y nos permite disponer de todo lo que requerimos… cada día, lo cual por cierto  no requiere de esfuerzo monumental, sino de  hacer las cosas que convienen en el momento apropiado, esto es, lo que algunos por desconocer estas reglas de la vida, prefieren por comodidad calificarlo como: “tener suerte”. Como corolario, cuando tenemos como yo, una juventud prolongada que puede mantenerse tal hasta el día de nuestra partida, damos gracias a nuestros compañeros de viaje por habernos acompañado en esa ruta compartida, que fue del color que nosotros mismos supimos darle; bendecimos a nuestros descendientes quienes dejamos como semilla que germinará por siempre sobre esta madre tierra; nos convencemos que ayer es un muerto, mañana no ha nacido, por lo cual HOY es lo único que interesa; y con toda tranquilidad, felicidad y conciencia, damos gracias a Dios por haber… VIVIDO.

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imagen del mas allaCreo firmemente en el poder inconmensurable de Dios y su inagotable bondad, pero no soy muy dado a pensar que sobre esta tierra tenemos muchos “Santos”; pero no por eso desestimo, sino que admiro, esos hombres buenos que dedican lo mejor de sí a tratar de mejorar el mundo. Sigo fielmente el pensamiento de Jesús, y siento que uno de esos hombres  buenos es el Papa Francisco, de quien releyendo algunas de sus admoniciones, tropecé con una que coincide con mi forma de ver nuestro paso por esta vida y… la otra: ”Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca. Pero hay un tesoro que llevamos con nosotros. No es lo que guardamos para nosotros, es lo que dimos a los demás.” Estas palabras me  hacen meditar sobre una pregunta muy común: ¿Qué esperar del más allá?  Siento que somos lo que pensamos, sentimos  o creemos de nosotros y nuestro entorno; esto es que, si  miramos y aceptamos la vida como una oportunidad de vivir emocionantes y edificantes experiencias, donde no sólo la naturaleza está dispuesta para nuestra admiración y disfrute, sino que las personas que nos rodean sólo esperan una palabra de amor, comprensión o solidaridad para sentir nuestra hermandad y actuar como tales, debemos esperar del más allá una vida espiritual cónsona con nuestras acciones en esta existencia física.

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arbol angeles y floresLa navidad no es solamente la época más bella del año, sino que es también evocadora, porque siempre está llena de recuerdos gratos. No se trata de únicamente la celebración cristiana del nacimiento de Jesús, sino que nos contagia de alegría, de deseos de festejar, compartir, vivir momentos diferentes que tienen su naturaleza exclusiva… en este tiempo. Esta muy especial época del año, independiente de la edad, nos permite evocar nuestra niñez, juventud y madurez; pero de forma extraordinaria vuelve a despertar ese niño, que hiberna por once meses en el alma de todo cristiano y sólo permitimos revivir esos no más de treinta días, para luego esconderlo nuevamente; quizás para, inconscientemente, protegerlo de un mundo que, en mucho, a veces pareciera que olvidara su niñez. Es que cuando somos o actuamos como niños, todo en la vida nos sonríe.

La navidad tiene mucho de magia; no es el olor a pino verde, los animales y angelitos alrededor del niño recién nacido o, en nuestra Venezuela, el olor típico de nuestra hallaca, ni ese aroma especial del pan de jamón, dulce de lechosa o arroz con leche, que emergen de la cocina humosa de la casa de barrio, del horno decorado del apartamento de clase media o la lujosa “cuccina” de la residencia de la gente adinerada. No, no es nada de eso; se trata de esa magia que invade nuestras calles, centros comerciales y viviendas, que sólo en esta época del año nos hace iguales a todos en la alegría, sobre el trasfondo de las campanas y el ronco JA… JA… de San Nicolás, que con sus blancas barbas nos recuerda, que no hay limitante de edad para ser felices, porque la navidad es un sentimiento, que como el niño, hiberna en lo más profundo de nuestra alma, pero presto a despertar cuando suenan las campanas del amor, que nos inspira el niño Jesús que acompaña a ese otro niño propio que vive con nosotros… por siempre. Por eso, por todas esas razones, debemos celebrar la navidad, no obstante que la situación del País no fuere la mejor, la navidad hace el milagro de convertir la tristeza en alegría, para reunir al son de sus campanas nuestro más grande tesoro, ese que Jesús nos dejó cuando sentenció: si dos o más se reúnen en mi nombre, allí estaré yo presente: LA FAMILIA EN SANA PAZ, FELIZ Y UNIDA.

Obsequio del Autor de su Libro UNA VIDA FELIZ por haber alcanzado 2.000.000 de visitas,hacer click en//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf>

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