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Archive for the ‘TENTACIÒN’ Category

QUE PUEDE HACER INFELIZ A UN PADRE

Recordando a mi viejo pero admirado amigo académico, don  Luís  Yépez  Trujillo –seguramente hoy ya muerto- cuando me contaba que, a principios del siglo XX fue nombrado embajador de Venezuela en uno de los Países Bajos en Europa, pero cuando sus hijos empezaron a crecer y tener sus nuevas relaciones empezó él a ser menos importante para ellos, y fue entonces cuando escribió un Poema en el cual exponía la tristeza que le producía el que por sus nuevas relaciones, sus hijos que en Venezuela le amaban y admiraban profundamente, a medida que tenían nuevas relaciones sentía que ya no era tomado en cuenta como antes, por lo que en algunas de sus estrofas escribió: “Por todo lo que tú serás, por todo lo que conocerás, por todo lo que tendrás  estoy,,, profundamente triste”. Confieso que en aquel tiempo, hace más de cincuenta años, no pude entender  bien su dejo de tristeza al hablar, aunque le escuché con todo respeto su narración, que en verdad, más que una narración era un lamento escondido por mucho tiempo en su corazón, quizás, por falta de un interlocutor que le generara confianza,

En aquella oportunidad, aunque por mi naturaleza romántica y mi ambición de algún día llegar a ser un escritor, me afectó un poco;  en primer lugar, no era posible que pudiera procesar el fondo de aquellas dolorosas palabras porque aún no era padre, ni tenía idea de lo que sería serlo. En segundo lugar,  porque había vivido tan poco y siempre como soltero, que ciertamente, no concebía una familia propia con esposa e hijos. Hoy, a cincuenta y cinco años de esos días, dos veces casado y con cinco hijos, puedo al menos intuir, lo que aquel viejo valuarte de las letras venezolanas, sin ninguna mala intención quiso transmitir. Hoy, que siento la vida, en su integralidad, y sé que no es como nosotros quisiéramos que fuera, sino simplemente, como es, entiendo que ciertamente, una de las labores más difíciles de los padres,  es prepararse para procesar el hecho cierto, de que los hijos crecen y a medida que lo hacen adquieren nuevos intereses, que de alguna manera pudieren variar la actitud que  nosotros esperamos en una época determinada.  

No es fácil adaptarse al paso del tiempo; la influencia de nuevos intereses, el cambio de valores, que normalmente corresponden al ambiente donde se desarrollan, definitivamente harán lo suyo. De alguna manera, los padres como los árboles, echamos ramas, hojas y algunos flores o frutos, pero como las ramas se secan, e igual que las hojas el viento se las lleva y  nunca regresan;  escondido en los más profundo de nuestra alma, todos los padres tenemos oculta la esperanza de ser bambúes,  que resisten al viento, se bambolean, pero aunque luchan para  no romperse y permanecer con su tronco, al final  las alcanza el destino y desaparecen, pero antes de morir, dejan retoños que iniciarán el ciclo vital que nunca terminará; nacer, crecer, reproducirse y morir. Cuando los hijos son niños, los padres, conscientemente y como un mecanismo de defensa vivencial,  nos convencemos que no cambiarán… más de la cuenta, para al final tener que aceptar que una cosa es lo que uno desea y otra cosa es lo que sucede en una realidad de la vida, que nunca cambia, quizás porque somos “…los mismos hombres sobre la misma tierra.”

Creo  que al amor de algunos padres para con sus  hijos, especialmente con una diferencia tan grande de años,  podrían determinarse como enfermizos, por lo cual somos los padres  y no los hijos, los  únicos culpables de esta situación vivencial, para ellos normal pero para los progenitores, hasta cierto punto…  anómala. Es la terrible paradoja de nuestra  vida,  que uno de nuestros grandes males como seres racionales, es precisamente, el ser inteligentes. Ningún otro animal carente de inteligencia sobre este planeta tiene o sufre de este tipo de dolores o frustraciones; procrean sus hijos, los protegen y ayudan máximo hasta los dos años y después… cada quien por su lado y que la naturaleza se haga cargo. Estos animales irracionales ni los padres esperan nada de sus hijos ni los hijos esperan nada de sus padres; pudiera ser que normalmente, nunca más vuelvan a verse y es posible que no sientan ningún sentimiento mutuo,  y si con el correr de los años volvieran a verse, ni siquiera se reconocerían.

Por eso, por todo eso, los humanos tenemos la carga de ser felices, aun en las peores circunstancias;  porque a diferencia de los animales irracionales, que pueden ser felices comiendo, bebiendo o durmiendo, que son factores elementalmente físicos. nosotros requerimos de algo más que de la supervivencia física para lograrlo, y desventuradamente, nadie ni de ninguna manera diferente a nosotros puede ayudarnos, porque nuestra felicidad tiene poco que ver con la cosa física, sino que es algo que sentimos dentro de nosotros mismos, aunque no podríamos negar que algunas cosas físicas pudieran complementarla, pero sólo eso… complementarla. Es que nuestros sentimientos son intangibles, viven con  nosotros y dentro de  nosotros y por tanto, únicamente nosotros podemos determinarlos. Pero como todo en la vida tiene su pro y su contra, igualmente que como depende de nosotros ser felices, asimismo depende de nosotros ser infelices, y en tal caso, también cualquier acto en contra nuestra para hacernos infelices, escasamente podría complementar una parte de nuestra infelicidad.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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“EL ESPIRITU ES FUERTE, MÁS LA CARNE ES DÈBIL”

Desde la admonición de Jesús de que se puede ser perfecto “…como mi padre es perfecto”, mucho se ha escrito sobre el que pareciera ser el mayor obstáculo para tan deseable logro, cual nos produce las actuaciones más imperfectas: LA TENTACIÓN.

Algunos opinan que la tentación se produce por la percepción de eventos externos. Otros, aseguran que conforme a los principios bíblicos, la tentación surge de dentro de nosotros mismos, lo cual, fácilmente podría interpretarse como que internamente podemos ser una fábrica de malos deseos e intenciones.

Mi posición es ecléctica. Pienso que tanto por mecanismos internos como la razón y la inteligencia, así como por los factores externos que informan nuestros sentidos, derivamos motivaciones que nos inducen a realizar actos, que conscientemente conocemos violentan principios fundamentales y valores morales, perjudicando a otras personas y/o poniéndonos en riesgo de graves males.

Si Jesús, hijo especialmente privilegiado y encarnado de Dios, recibió las motivaciones que le llevaron a luchar contra la tentación ¿Que podremos esperar de nuestra débil naturaleza humana?

Nadie está exento de la variada gama de tentaciones que pueden afectar nuestra cotidianidad. Independientemente de lo que se trate, siempre aspiramos algo mejor de lo que tenemos; lo cual por cierto, en algunos casos y respecto de asuntos específicos, no es malo; porque es un incentivo para luchar y esperar siempre una mayor calidad de vida.

Lo negativo de la tentación, es que puede ser tan fuerte y obsesiva que haga perder la perspectiva de la realidad de nuestra condición físico-espiritual, sustituyéndola por ilusión, fantasía, irracionalidad, insensatez, inseguridad, indiscreción, deslealtad, insensibilidad, y a veces… locura, orientándola al logro de fines netamente materiales y egoístas, sin medir ni prever las consecuencias.

¿Cómo enfrentar esa serpiente que convive con nosotros, sin que nos devore? No parece fácil, pero tampoco imposible. El discernimiento nos permite diferenciar lo bueno de lo malo y sus consecuencias, siendo que además disponemos de las armas más efectivas: Dios y la Oración. Esas fueron las que blandió Jesús en el desierto y resultó vencedor.

No debemos sentirnos acongojados o culpables por sufrir tentación de hacer cosas incorrectas o inapropiadas. Lo que tenemos que hacer es sobreponernos a ellas, apreciando en su real valor todo lo que tenemos, las muchas         bendiciones de que disponemos, cuales no son fantasías sino realidades. Evaluarlas, como en los casos de  nuestro amor, familia, salud, trabajo, sustento seguro, paz y tranquilidad, entre otras, lo cual contribuye a fortalecernos.

No somos ángeles sino seres  humanos con virtudes y defectos. Corporalmente somos susceptibles a la tentación, pero la parte espiritual nos hace fuertes. Heredamos de Dios la razón, la inteligencia,  el libre albedrío y la fuerza de voluntad, que alimentan nuestro buen juicio.

Sólo nos resta hacernos fuertes orando y pidiendo ayuda a Dios, con lo cual podemos vencer ese lobo con piel de cordero que es la tentación de hacer lo incorrecto o procurarnos lo que no nos corresponde, todo lo cual, al final, siempre operará en contra nuestra.

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