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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

¿Qué cual es la diferencia entre una  pareja Disfuncional  y  una Funcional? En principio, en la disfuncional, lo que tendría que ser un estado de amor, respeto, compañerismo, entusiasmo, pasión y seguridad, se convierte en un pequeño… infierno; al punto que la única solución posible es una separación. En segundo lugar, los pocos o muchos años que se viven en una pareja disfuncional deja heridas y huellas, la mayor de las veces,  difíciles de sanar a corto y/o mediano plazo. Por último, la relación de una pareja disfuncional que se deja transcurrir por mucho tiempo, le crea a los integrantes -o por lo menos a uno de ellos- además de una muy baja autoestima, un temor enfermizo a tratar de rehacer su vida con otra persona, por miedo a equivocarse, lo cual realmente suele ser un escollo para lograr una nueva relación… feliz.

Por su parte, en la pareja funcional la consideración y el respeto por la individualidad de la otra parte; por su forma de ser y actuar,  son la base de ese amor mutuo que progresa acumulando nuevos sentimientos de solidaridad, compañerismo, pasión que, al hacerse físico-espiritual se convierte en una especie de magia, que es capaz de superar cualquier inconveniente, porque sobre todo, a cada uno preocupa más la satisfacción y felicidad del otro, que su propia placidez. Es que en la pareja funcional, ambos integrantes saben que no se unen a un ángel o persona venida de otro planeta, sino a otro ser  humano con iguales, mayores o menores virtudes y defectos; sin duda, imperfecto o imperfecta, pero… perfectible, en la medida en que es entendida por su par, con respeto a su forma de pensar, con suficiente capacidad de evaluar y cuantificar su óptica con relación a  las situaciones diarias que se presentan.

Para que exista un lecho de rosas, primero debe trabajarse el terreno, sembrar las matitas y cultivar las flores; porque si se tiene el amor y la paciencia para realizar estas labores, con los pétalos cosechados sin duda se podrá hacer ese lecho maravilloso. Después de haber vivido dos relaciones matrimoniales, siendo la última por más de cuarenta y siete años felices, estoy absolutamente  convencido, que en la gran mayoría de las ocasiones, ambos consortes llegan a la unión con la misma idea: ser más felices que estando solteros, pero el asunto tiene su fondo en el hecho de que como se trata de dos, ambos deben estar en disposición de ceder posiciones personales  y aceptar las de su par, que pudieran no ser coincidentes con las propias. Es fácil y agradable que a todo te digan sí; pero lo que no es fácil es aceptar que diciéndote no, tengas que aceptar que la otra persona tiene la razón. Para ello se requiere humildad, sensibilidad, inteligencia y muy especialmente, amor.

Las parejas funcionales aceptan de buen gusto que su pareja tuvo una niñez y formación diferente en su religión, cultura e ideología, porque la diversidad enriquece, y como quiera que se busca una pareja para vivir mejor, todo lo que aporte formación, fortaleza de carácter y espíritu es bienvenido. En tal sentido, de la pareja se aprende al tiempo que ella aprende de uno; pero se requiere aceptación, reconocimiento, comunicación permanente y atención al comportamiento  de la persona amada, porque  esa observación nos permite preguntar a tiempo qué incomoda, qué disgusta, con qué no se está de acuerdo, cual es la única manera de satisfacer las inquietudes o interrogantes que se le presentan a la otra parte con alguna de nuestras actuaciones,  al tiempo que se le enseña y abre el camino para que la otra parte actúe de la misma manera y de tal forma pueda satisfacer sus inquietudes, preocupaciones, frustraciones o temores. El que ama cuida lo que tiene y cualquier expectación, desinteligencia o sospecha debe aclararse de inmediato, lo cual no es posible si no se mantiene permanentemente  una  libre comunicación, ausente de cualquier temor por inquirir sobre lo que importune.

Integrar una pareja funcional, que es como decir bien avenida, es el mayor regalo que Dios puede dar a un ser humano; al punto de que con el tiempo, amando y haciendo causa común hasta crear un verdadero equipo de dos, se llega a sentir una solidaridad, cercanía e intimidad con su pareja, mayor que la que se tiene con la familia consanguínea. Basta con enfermarse, tener un problema grave de trabajo o estudio y sentirse deprimido, para comprobar que es la pareja la única a quien uno realmente le duele; porque es ella quien  ofrece  su hombro amoroso para recostar la cabeza; su ternura para sentir que la vida vale la pena; y el acicate para no dejarse vencer por la tristeza o cualquier circunstancia negativa, por la obligación auto impuesta de demostrarle que por ella uno es capaz de superar cualquier circunstancia, por adversa que pudiere ser.

Finalmente, creo que si aceptamos tanto nuestro potencial personal como nuestras limitaciones; si somos capaces de entender que dos son mejor que uno, porque como dijo Jesús: “Si uno cae el otro lo recoge, si uno está triste el otro lo consuela…” y que, venturosamente, hoy no existe diferencias en las potencialidades de éxito entre un hombre y una mujer; si experimentamos el maravilloso mundo de las cosas sencillas, seguramente no es tan difícil  convertirse en una pareja funcional.

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Hoy, escuchando parte de las reflexiones del  fallecido, pero siempre presente en el recuerdo, poeta, escritor y juglar Facundo Cabral, cuando decía con esa voz muy… de él: “No estás deprimido, estás distraído de la vida que te puebla…tienes corazón alma y espíritu… una vida que te rodea…bosques, montañas ríos…”; sentí afianzarse en mí el profundo sentimiento de que, independiente de tropiezos, frustraciones y sin sabores que pudiésemos enfrentar -todos pasajeros y superables- la vida para los seres humanos es bella en esta herencia de Dios, repleta de bendiciones que es la tierra.

Luego de más de siete décadas largas recorriendo caminos por más de veinte países, en los cuales siempre observé cuidadosamente el comportamiento humano, coincido plenamente con las reflexiones de Facundo Cabral. No tengo duda que existen más razones para ser felices que para estar deprimidos y que, realmente, lo normal es que nos distraigamos con lo que nos rodea. En las mañanas, cuando abro los ojos aquí en este caluroso Houston Tx., igual que cuando lo hice en una fría mañana de invierno en La Paz – Bolivia o en una mañana esplendorosa de primavera  en París o Roma, siempre sentí que era un privilegio especial despertar a un  nuevo día, cuando miles de personas en el  mundo, esa misma noche se habían quedado para siempre dormidos en sus camas y jamás volverían a ver la luz del día.  Asímismo, cuando conocí a mi amada esposa y ella aceptó gustosa mi amor, que se mantiene feliz ya por 47 años, cuando tantas personas no logran encontrar alguien con quien compartir en armonía y felicidad su vida; al ver nacer cada uno de mis cinco hijos, cuando tantas personas por más que lo intentan no logran tener uno siquiera; cuando  yo puedo abrazar, escribir y hacer muchas cosas con mis manos, cuando millones de personas sobre esta tierra nacen sin extremidades o las  pierden luego; cuando todos los días escucho la bella música, el canto de los pájaros, el silbar del viento, la risa de los niños y… la palabra amor, cuando todas las noches nacen dos mil niños que jamás podrán oír ningún sonido porque nacen sordos, o cuando en iguales circunstancias igual cantidad de niños nacen ciegos, cuando yo puedo ver todo lo que quiera  y cuando quiera. Entonces me pregunto: ¿Cómo podría deprimirme porque algo no me salga bien o me sucediere cualquier situación anómala, frente a tantas bendiciones que Dios me da hoy y ha dado siempre?

Por mis convicciones espirituales –que no religiosas- estoy seguro que mis seres queridos como mis padres y mi hermanita  muerta, no se fueron sino que volvieron a su lugar de origen, en una dimensión donde están más allá del bien y del mal, por lo cual no me deprime ni me entristece su partida; esos eventos sólo me perturbaron temporalmente, sin afectar de forma grave mi vida feliz. Y es que son tantas las cosas bellas y situaciones especiales a nuestro derredor, que me parece bien difícil que alguien pueda ser realmente infeliz;  especialmente cuando oigo la bellísima voz de Andrea Bocelli, quien es ciego o cuando, hace unos años atrás,  tuve la oportunidad de ver un hombre en silla de ruedas en un cargo de primer nivel en la Casa Blanca de los Estados Unidos de Norteamérica.  Con tales antecedentes, no hay evento tan terrible que pueda perturbar la felicidad  humana;  especialmente la de cada día, porque Jesús decía “…todo día tiene su problema y basta a cada día su propio mal…”

Tengo bastante tiempo que no visito el mar o un rio, pero sé de su tranquilidad y fortaleza, porque  por años viví la belleza de sus aguas y la milenaria vida biológica que ellos guardan con su gran variedad de especies animales y vegetales, que son una prueba más de que la naturaleza es edificante y fue dispuesta para nuestro disfrute, precisamente porque somos parte de ella. Entonces… ¿Cómo podríamos sentirnos deprimidos porque algo no salga como lo esperábamos, si sabemos que por cada inconveniente o prueba dolorosa –que normalmente se convierte en enseñanza- la vida nos regala miles de momentos agradables y bendiciones? Es ese  sentimiento positivo de que existen mucho más  cosas buenas que malas, lo que posibilita nuestra felicidad, que es muy fuerte y puede vencer rápidamente la posible depresión, que ocasionalmente, pudiese  derivar a alguien por  una circunstancia indeseada, temporal o permanente. Sin escudriñar demasiado y más allá de cualquier planteamiento filosófico académico, al menos para mí –que nací y he vivido condenado a una vida romántica- que creo en lo que alguien dijo alguna vez que, “…una noche de amor vale una vida…”, no tengo la más mínima posibilidad de que la vida nos hubiere sido dada  para algo diferente a ser felices.

Por todo lo expuesto invito a mis lectores, y muy especialmente aquellos que piensan que es normal sentirse deprimidos,  a bajar de internet la voz de Facundo Cabral en su “NO ESTAS DEPRIMIDO SINO DISTRAÌDO”, en el website: https://www.youtube.com/watch?v=znjMKDadZNI, para pensar y repensar sobre su contenido, que como lo digo antes, aunque no nos dice nada  nuevo –porque es evidente su contenido- sí que nos lleva a revisar la multicolor presencia de la belleza natural que incide en nuestras vivencias cotidianas, en la seguridad de que –independiente de tendencias ideológicas o religiosas- son más las cosas positivas que las negativas que nos afectan como habitantes de esta “pacha mama” que nos da cobijo y vida, a la cual, por disponer de  nuestro estado de ánimo, podemos dar el color que más nos convenga.

Si a Ud., le gusta este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA “VIDA VIDA FELIZ”, bajando: /unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

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COMO SENTIRSE (4)

Si bien es cierto que como integrantes de una comunidad determinada, dentro de una sociedad globalizada, debemos actuar conforme a las normas que establece esa sociedad, en un tiempo y lugar determinado, no es menos cierto que el estado real de cómo nos sentimos internamente, solo podemos controlarlo nosotros mismos. Como Asesor personal por unos cuantos  años y últimamente mediante las consultas y comentarios  en mi Blog www.unavidafeliz.com (2.600.000 CYBERNAUTAS),  pude determinar que la mayoría de los problemas y preocupaciones que los lectores manifestaron, no lo eran tales. En verdad, de los casos referidos como “preocupación”, en realidad únicamente requerían “ocuparse” de localizar la solución al asunto, para lo cual la “preocupación”, sustituía la atención al suceso,  alejándolo aún más de una solución razonable. En el mismo sentido, las consultas sobre supuestos “problemas” que igualmente manifestaban afectar gravemente su tranquilidad, no eran más que “asuntos por resolver.”

Es que nuestra vida es absolutamente sinérgica y se nutre de diferentes y variadas situaciones, tanto personales como colectivas; que se comportan conforme al tiempo y al espacio donde se suceden, cuales algunas nos benefician y otras nos crean inconvenientes o incertidumbre;  pero de acuerdo a su naturaleza y/o gravedad, debemos tratarlas.  Pienso que lo más importante para enfrentar un asunto negativo, lo es el análisis del mismo y la actuación diligente en busca de una solución, lo cual es muy diferente a la “preocupación”. Además, no tengo duda que tiene decisiva importancia para la posible solución, el cómo recibimos y evaluamos en nuestro ser interno el inconveniente. Es que conforme a la magnitud que internamente le asignemos a un asunto o situación que nos afecte, en ese mismo nivel será nuestra actuación a favor de la solución. De hecho un evento que para una persona pudiere parecer muy grave, otra podría considerarlo como  un inconveniente de su vida cotidiana, que sin ninguna angustia deberá resolver.

Muchas veces he entrevistado personas realmente muy estresadas e inclusive deprimidas, por “problemas” considerados por ellas muy graves, a quienes rápidamente pude demostrar que –en vez de problemas- sólo eran “asuntos por resolver”, para lo cual era muy importante considerar con tranquilidad su dimensión real; siendo que en la mayoría de los casos, la solución estaba más cerca o era  factible de  materializar, si se ubicaba en su debido nivel, sin permitir la intromisión del elemento temor, cual es precisamente lo que distorsiona la realidad del asunto, en casi todos los casos, magnificándolo.

Así como escuchamos el apotegma “Tú eres lo que comes”, yo pienso que es idéntico a decir “Tú eres como te sientes”. En el primer caso, no hay duda que mucho de la salud y actitud de las personas dependen de su alimentación. En el segundo, no podemos discutir que el estado de ánimo de una persona, que es lo que permite darle color a su vida, depende de cómo se encuentre su ser interno.

Existe un elemento muy importante de nuestra vida, cual no admite mentiras o engaños, ya que está totalmente fuera del alcance de cualquier elemento exterior y que determina de manera definitiva, como nos sentimos: NUESTRA CONCIENCIA. Si nuestra conciencia está tranquila, porque no hemos hecho daño a nadie o cometido algún acto reñido con la moral, las buenas costumbres o la ley, sin duda alguna que nos sentiremos tranquilos y serenos; que es como decir, en plena capacidad de disfrutar de las personas y de las muchas bendiciones que Dios ha puesto sobre esta tierra para nuestro disfrute. Por eso insisto en que no hay circunstancia que, con nuestra conciencia tranquila, fe en Dios y amor en nuestro corazón, de alguna manera alguien pueda convertirla en “…problema sin solución”, porque como  fuimos dotados de razón e inteligencia, sabremos convertirlo en “asunto por resolver”, lo cual es totalmente diferente.

Si a usted le interesa este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA VIDA FELIZ (2005), haciendo click en el site que se indica://unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

 

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NO AL MIEDO

 

 mujer asustada

No podemos permitir vivir en el mundo del miedo, porque si lo hacemos ya no viviremos, sino que sobreviviremos y no fue para eso que vinimos a este mundo. Miedo al desamor, miedo a las enfermedades, miedo a la inseguridad de todo género, miedo a los terroristas, miedo a una nueva guerra nuclear; todo lo cual nos imposibilita de salir a la calle, visitar los amigos, visitar la familia, acostarnos a la hora que nos plazca; temer cuando alguien estornuda, evitar que alguien nos bese, que nos abrace, que nos den la mano.

Tememos al taxista porque nos puede asaltar, a la señora embarazada que solicita ayuda porque creemos que es un señuelo, a un accidentado en la carretera por el mismo motivo; si en la noche vemos un auto que nos sigue aceleramos, doblamos la esquina  y desaparecemos; tememos a las motos que llevan un parrillero, sin considerar que  para ese fin, precisamente, fue que se  le adicionó la parrilla; tememos si en la noche vemos una patrulla, cuando por lo contrario nos corresponde sentirnos seguros, porque debemos suponer que su deber e intención es protegernos;   y… pare usted de contar.

Ahora bien… ¿Es posible que permitamos que la cuasi paranoia nos lleve a este nivel de vida tan precario?

¿Qué pasó con nuestra fe en Dios, nuestra confianza en sí mismos y nuestra autoestima?

¿Qué sucedió con nuestra seguridad en que hay más gente buena que mala en el mundo, por lo cual aun subsiste,  y que el venezolano es buena gente, solidario y generoso?

¿Se nos olvidó que nuestros mayores nos enseñaron que la policía, los bomberos, los socorristas son los principales amigos y que  el mejor hermano es el vecino más cercano?

Bedito sea Dios… ¿Cómo llegamos a esto teniendo el país más bello del mundo; con la mejor gente, con hermosos paisajes, los mejores climas,  hermosas llanuras, indescriptibles esteros, gigantescos mèdanos y espectaculares ríos; con la Flora más bella y la Fauna más variada del planeta?

Que existen problemas políticos, económicos, sociales y de inseguridad, pues ya lo creo; somos una nación de más de 30 millones de habitantes, con personas de diferente ideología, forma de pensar sobre la vida y las cosas, que dicen y actúan como lo sientenm porque somos esencialmente democráticos. Pero miremos hacia atrás, todo lo que hemos superado desde 1909. Hemos vivido dictaduras, democracias con muy buenas intenciones pero que no llenaron completamente las aspiraciones sociales; un experimento socialista que no termina de cuajar y todo lo hemos enfrentado con coraje, haciendo lo mejor que podemos nuestra actividad generadora de progreso, como ese aporte indispensable al desarrollo del país y… aquí estamos;  cada quien en lo suyo, con sus diferencias y desacuerdos, pero tratando de mantenernos en paz y armonía, y la realidad es que, quizás no de forma excelente, pero lo hemos logrado.

Entonces no hay razón para tener tanto miedo; simplemente, consideremos la situación actual problemática, que por cierto no es solo en Venezuela sino en el mundo; basta observar el Medio Oriente, Korea  y Europa, donde la situación sì que es muy grave y de muy difícil solución. Por lo tanto, tenemos que tranquilizarnos un poco, tomemos las previsiones necesarias y actuemos con cuidado, atención y respeto por los demás. Especialmente debemos ser sensibles y solidarios con nuestros semejantes, sin olvidar que seguimos teniendo familia, amigos, vecinos, servidores públicos honestos porque los corruptos no son el común; consideremos que seguimos siendo una comunidad, una sociedad pacífica, consciente de sus derechos y sus deberes… pero pacífica.

No debemos olvidar que continuamos siendo una gran familia: la familia venezolana, integrada por quienes aquí nacieron y quienes vinieron de otras tierras a incorporarse con nosotros a desarrollar este país. Y como quiera que tengo más de seis décadas viviendo aquí con pleno uso de razón política y económica, no puedo permitir que el miedo me dañe los años de vida que me quedan o me limite a seguir siendo útil, por los riesgos que pueda correr; por eso me siento obligado a gritar a los cuatro vientos a mis queridos hermanos venezolanos: el miedo es malo porque distorsiona la realidad, disminuye la fe, nos hace sentirnos indefensos, desmejorados, disminuidos. Y es por eso que debemos decirle al miedo, en cualquier situación o circunstancia:  NO, NO  y NO.

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¿Qué importancia tienen nuestras raíces? En verdad, como todo en la vida, depende de la idiosincrasia de quien lo analice. Nuestras raíces como seres  humanos, no se refieren solo a quienes fueron nuestros padres o donde nacimos. Nuestras raíces nacen en nuestra historia personal y van a  mantenerse siempre. Tenemos raíces territoriales, familiares, culturales, e inclusive  de ensueño. De donde vienen nuestros ancestros es una raíz, que suele a veces marcar nuestra vida, por la forma de ser de nuestros mayores, su idioma, sus costumbres y en general, su cultura que en mucho nos es transferida. El sitio donde nacemos, sin duda alguna es otra raíz fundamental, porque es de allí de donde tomamos nuestra forma integral de ser. Es la forma de actuar, de  hablar, de comunicarnos, de mantener algunos valores como prioritarios, lo que  heredamos de esta raíz. En muchas ocasiones y por diferentes razones, donde reposan los huesos de nuestros ancestros, suele convertirse en una raíz de tanta fortaleza que oímos decir: ” … yo quiero que mis restos reposen al lado de los de mis padres.”

Las raíces son esos nexos existenciales, que en silencio,  habitan lo más profundo de nuestra alma,  de los cuales nace el arraigo a los lugares, a los valores y a las cosas que estimamos especialmente trascendentales. Normalmente, las raíces tienen que ver mucho con el pasado y el recuerdo. Por eso es importante la defensa de nuestra  historia y nuestra cultura. Es que en nuestra vida, casi siempre, cada acto que realizamos o cada cosa que valoramos, deviene o tiene su propia historia que nos vincula.

Especialmente el sitio donde nacemos y/o crecemos, es una raíz de gran profundidad, porque de allí tomamos los valores que regirán nuestra conducta de vida. A veces, cuando el sitio donde nacemos tiene graves problemas algunos se preguntan ¿Por qué tal o cual persona,  teniendo todas las posibilidades de irse no se va del País? Lo hacen porque no piensan en el arraigo, en las raíces de esa persona que persiste en quedarse, precisamente porque son existenciales… no están a la vista.

Yo, personalmente, me digo: si durante las últimas cinco décadas, teniendo gran parte de mi familia en Colombia, Europa y USA, así como todas las condiciones, oportunidades y recursos para irme… ¿Por qué sigo aquí? Y la respuesta es obvia:  arraigo a la tierra que me vio crecer, formó mi personalidad, mi educación, me dio mi bella esposa y hermosa familia, quienes también aquí crecieron  y se formaron, y aunque la mayoría  hoy ya no vive en Venezuela, fue esta tierra la que les dio la oportunidad de la formación básica, que igual que a mí, nos permite vivir aquí o en cualquier otro lugar comodamente, porque esa especial y maravillosa forma de ser del venezolano, la llevamos a cualquier sitio donde vamos, y como quiera que se fundamenta en valores humanos universales, siempre será bienvenida en cualquier parte.

Como nunca he creído en fronteras naturales para el hombre, porque el mundo es de todos, por lo que  aquellas que existen corresponden a una cultura geopolítica, me siento un hombre universal, por lo cual mi patria originaria es todo el mundo;  pero Venezuela es ese pedacito dentro de mí ser interno, anterior a cualquier otro sitio de este amplio mundo, porque aquí siento que están mis raíces más profundas. También aquí están mis amigos que amo, que son parte importante de mi  vida cotidiana  y que conforman esa familia especial que yo mismo voluntariamente escogí, porque no me llegó de forma genética o consanguínea;   por eso aquí estoy, por eso de aquí no me voy; porque Venezuela es mi raíz más profunda; de alguna manera es como mi madre y…  hasta el último momento, yo quiero estar con ella.

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LA MUSICA COMO PARTE DE LA VIDA

 

Desde las culturas más antiguas del mundo hasta hoy, la música ha sido parte integral de nuestra vida físico-espiritual. En la antigüedad fue muy ritual y religiosa; pero hoy, luego de ese largo recorrido por milenios, es tan importante que se han creado no sólo diversos estilos y medios de transmitirla, sino que en el mundo científico  de la medicina, se considera una importante terapia curativa, tanto para  el cuerpo como para la mente.

En las últimas seis décadas, la música pasó de ser una parte esencial del romanticismo hasta un signo de rebeldía y libertad. Especialmente en la década de los sesenta materializó un grito de insurrección de la juventud por mucho tiempo reprimido,  frente a un mundo  de guerras estúpidas, injusticia  y  desproporción de todo género.  En esta misma década, la música motivó el grito de libertad  en sus derechos, de ese ser maravilloso hasta ese momento mediatizado, casi ignorado y sojuzgado: la mujer.

De las misma manera como la música  de Los Beatles rompía paradigmas vetustos y melancólicos, promotores del dolor y la tristeza, cambiándolos por el pelo largo de los chicos y el tono sensual y a veces estridente, animando  los hot pants y la minifalda de las chicas, que representaron  un “ya basta” por parte de las mujeres, frente a un mundo de “machos”, donde era más importante la mojigatería insulsa e inútil, que su aporte valiosísimo en el contexto social, por su igualdad en inteligencia, diligencia, trabajo y libertad para amar, como ha quedado demostrado sobradamente, en los años posteriores.

Hoy la música es parte de nuestra vida cotidiana en la familia, las escuelas, las iglesias y el trabajo. Al menos en mi caso, la música habiendo sido fundamental como terapia en mi sanación del cáncer que sufrí el año 2011, hoy es no sólo mi compañera de labores, sino mi amiga en esos bellos momentos de reposo y deleite con mi compañera de viaje largo, pero también el fondo de mis plegarias y gracias a Dios por esta hermosa vida que me regaló.

Un piano, un violín, un saxo, una guitarra, un arpa, una flauta o un acordeón, como cualquier otro de los muchos  instrumentos musicales, en solo o como parte de una partitura, tanto en una noche de luna, como en una esplendorosa mañana primaveral, nos llenan el alma de diversos sentimientos, que llenan el espíritu, despejan la tristeza y nos hacen la vida más grata. Hoy sabemos que nuestras células oyen la música y nos ayudan a combatir el tedio, la soledad y la tristeza, que son tres enemigos emboscados que siempre están al acecho de nuestro bienestar. Por eso con sobrada razón aconsejo hacer de la música, sin importar el género o estilo, una parte integral de nuestra vida diaria.

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LA EDAD Y LA VIDA

 

Releyendo en alguna parte, encontré una anécdota sobre Galileo Galilei, cuando ya teniendo su barba blanca, unos amigos le  preguntaron ¿Cuántos años tienes? Y él les respondió ocho o diez años. Por tal respuesta le replicaron asombrados: ¿Cómo es eso? Y Galileo les replicó.  “…los años que tengo son los años que me quedan por vivir, porque los ya vividos ya no los tengo, como no tengo las monedas que se han gastado, todos ya se fueron.” Meditando sobre esta respuesta, tengo que llegar a la conclusión que ciertamente, los años que tenemos son los que nos quedan que vivir  y no los que ya hemos vivido, porque los vividos son como el agua que pasó bajo los puentes: pasó y no volverá, así como los años pasados no volverán y nada puede hacerse sobre ellos.

Entonces los años que son míos, como lo dijera Galileo, son los que me faltan por vivir, y por tanto, son esos años que me quedan los que deben ocuparme; vale decir, que voy a hacer con ellos y en ellos, pero como no sé cuantos serán, en realidad tengo que referirme, o mejor dicho,  a los días, horas, minutos y… segundos. Me corresponde pensar que voy a hacer en ellos y con ellos; sin duda alguna para procurar  mi mayor felicidad, la de mi entorno íntimo, y en general como cristiano, en mis semejantes.

De tal manera debo amar intensamente cada minuto y disfrutar con fruición las múltiples bendiciones que Dios puso para mí sobre esta tierra. Como siempre he sido un enamorado de la vida, ahora más que nunca, sobre la base de la citada reflexión me corresponde ser más amoroso con las personas que amo y manifestarle en cada ocasión posible ese amor que tengo por ellas. Asimismo, me corresponde dar lo mejor de mí en todo lo que hago, que es como decir que debo hacer todo con más pasión que nunca, sintiendo el placer de ser  útil y solidario con las personas; recordar a cada momento que el tiempo se agota y no puedo desperdiciarlo, sino… vivirlo. Ahora tengo que pensar que todo pasará, como han pasado mis años vividos; por tanto me corresponde disfrutar haciendo las cosas con amor y viviendo cada momento con emoción especial; debo aceptar que lo único que quedará de mí será el amor y los buenos actos que de mi recuerden las personas y, especialmente, mis seres queridos.

Venturosamente, como soy escritor, ahora más que nunca me corresponde escribir sobre lo bello de la vida, que he vivido y lo maravillosa que puede ser la existencia para cualquier persona que comprendiendo lo limitado de su vida,  entienda que solo amando, manifestando el amor y   haciendo el bien en cada momento, podemos sentirnos realizados física y espiritualmente. Esto conlleva aceptar la diversidad humana, respetar la individualidad, introspeccionar la obligación que tenemos quienes tenemos acceso y utilizamos los diferentes medios de comunicación, como personas felices, de procurar que los demás entienden que es posible serlo, porque depende de nosotros y de nadie más.

En el mismo sentido, nos corresponde pensar que algo que pareciera elemental para nosotros, pudiera ser que para otros pareciera muy complicado; por ejemplo, aquellos que dicen como su aporte a algún problema que sufren: “…estoy preocupado por tal o cual asunto…”, sin considerar que su preocupación, realmente, nada positivo aporta a la solución del problema, sino que, por el contrario, estar preocupado afecta su mente y su capacidad de resolver algo. Por lo cual no sirve de nada estar preocupado, sino que en vez de tal, debemos no preocuparnos sino ocuparnos de cómo solucionarlo; pero sin preocupación, sino actuando con diligencia, confianza, positividad y fe: con la mente despejada,   lo cual no es fácil si nos encontramos preocupados.

Igualmente, el odio, el rencor,  los malos deseos, las maldiciones, no hacen daño a quien se le profesan, sino que nos ensucia el alma, retarda nuestro crecimiento espiritual y entorpece recuperarnos de cualquier   mala acción que nos haya producido  alguien. En cambio, el amor, el perdón, la bendiciones, la caridad y poner las malas situaciones que no podemos resolver en las manos de Dios, nos ayudan a recuperarnos  física y espiritualmente de cualquier inconveniente que alguien nos produzca. Pero lamentablemente, pocas personas pueden procesar esta realidad que para  nosotros es obvia.

Por todo eso, estamos obligados a insistir hablando y escribiendo sobre estas verdades, que parecieran elementales, pero que   muchas veces  hacen la diferencia entre la gente triunfadora y feliz, y aquellos que se consideran perdedores e infelices por no lograr algunas de sus metas, sueños o ambiciones.

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