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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

 

En una oportunidad escuché a una dama decir que “…yo perdono pero no olvido.”  Tal aseveración me hizo reflexionar sobre el hecho de que, todos los seres humanos tenemos virtudes y defectos; como consecuencia, tenemos diferentes actuaciones y reacciones frente a similares situaciones o en función del comportamiento de nuestros congéneres humanos, sin que por ello tengamos derecho a condenarlos. Pienso que quien perdona pero no olvida, realmente tiene un comportamiento personal  e individual muy suyo, que podrá darle la denominación que quiera, pero nunca llamarle perdón. Siento que quien actúa o piensa de tal manera lo que sucede es que confunde el término PERDÓN por el vocablo ACEPTACIÒN. Si alguien te hiere o hace algún daño y tú lo dejas pasar y continúas tu relación con esa persona, pero recordando el daño recibido, en verdad no la has perdonado sino que has aceptado la ofensa y decides continuar con la relación, independiente de cual ésta fuere; me imagino que con la esperanza de que la ofensa o herida no deba producirse nuevamente, pero si no lo olvidas, eso queda en tu ser interno y será muy difícil que mientras mantengas ese sentimiento negativo vivo, puedas volver a confiar en esa persona y como consecuencia ser feliz.

Por otra parte, cuando nos hieren u ofenden y no perdonamos en su verdadero sentido, esto es olvidando por siempre lo sucedido como si nunca  hubiera acontecido, pierdes la bendición del perdón, que no es para la persona perdonada sino para quien perdona, porque descarga de su alma un sentimiento negativo y doloroso. En primer lugar, nuestra conciencia de que todos los seres humanos somos imperfectos, nos lleva a aceptar que somos susceptibles, en cualquier caso,  de cometer errores, realizar desaciertos y actuar de forma inconsecuente o incorrecta frente a cualquiera de nuestros relacionados. Pero también, debemos estar contestes de que así como podemos incurrir en errores o actuaciones inconvenientes para los demás, tenemos la virtud de que podemos corregir y proponernos nunca  más actuar de la forma indeseada. De siglos atrás se ha dicho que “…errar es de humanos y corregir de sabios.”  Lo cual yo pienso que es absolutamente cierto.

En segundo lugar, no podemos negar que el fundamento de nuestra vida es Dios y Dios es amor. Pues bien, es precisamente el amor, no solo para los demás sino para con nosotros mismos, lo que nos deberá llevar a perdonar en su sentido integral: olvidando el agravio recibido. Para situarnos en una ejemplarización muy común: la relación de pareja. En el caso de que uno de los integrantes ofende, hiere o hace algún daño a su par, pero luego al reflexionar fríamente el asunto, humildemente pide perdón y promete nunca más volver a  hacerlo, surge la interesante pregunta  ¿Qué otra cosa podría hacer en pro de compensar el daño, que no fuera solicitar el perdón y prometer no volverlo a realizar? No puede esperar el o la ofendida que en vez de pedir perdón,  se suicide, corte un miembro o realice cualquier otra acción descabellada, que realmente,  no repararía el daño causado ni haría bien a nadie, sino que por el contrario, podría producir un sentimiento de culpa al ofendido.

En cada caso que toco este tema me siento obligado a recordar a Jesús de Nazaret, quien durante toda su prédica conocida habló de la importantica del perdón, cual aconsejó a sus discípulos debería realizarse tanto como “…setenta veces siete.”, sino que para probarlo, lleno de ese amor que también siempre predicó, en el momento más duro física y espiritualmente de su vida, luego de haber sido expuesto al escarnio público, negado por sus amigos, apabullado, burlado, torturado y finalmente crucificado como un delincuente, sus últimas palabras lo fueron precisamente de perdón cuando imploró a su Padre Celestial: “Padre, perdónalos porque ellos no saben lo que hacen…” y con este último acto de amor, como escribiera un poeta “…conquistó la humanidad entera.”

Finalmente, conteste de mis grandes imperfecciones, pero con mi deseo de llevar un poco de paz al alma de mis hermanos humanos, sugiero el perdón más como remedio para el alma del ofendido, que como beneficio para el perdonado, porque ese acto maravilloso de perdonar con olvido, es lo que nos hace sentirnos sin rencor, tranquilos de espíritu, reconstruir la relación violentada, y sobre todo, sobre la base de ese ejemplo extraordinario de Jesús, sentirnos merecedores de ser llamados hijos de Dios.

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Pregunta innecesariamente repetida por muchas personas… muchas veces. En mi humilde concepto, luego de  haber vivido más de 76 años, en múltiples y diferentes situaciones de tiempo y espacio; con altibajos, pero siempre muy feliz, no me cabe ninguna duda que Dios está en todas partes, desde la tempestad más fuerte hasta en el vuelo de la mariposa o la gota de rocío sobre la rosa. En verdad, lo cierto es que Dios estará donde creas que esté. Es que todos nosotros somos una parte de esa maravillosa y universal energía que se llama Dios, Elí, Alá o como se te ocurra llamarle. Es esa energía especial y universal por la cual vinimos a este mundo y viviremos  hoy, mañana y…siempre por los Siglos de los Siglos; porque somos físico-espirituales, y como consecuencia, al mismo tiempo que existimos físicamente lo hacemos espiritualmente, y es esa característica de espiritualidad la que nos permitirá vivir, con nuestra alma, eternamente, en alguna de esas dimensiones que Jesús invocaba cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas  hay…”

He pasado por muchos peligros, unas cuantas enfermedades y accidentes, pero aquí sigo como un roble, porque nunca he dudado de que mi Papá Celestial me cuida; por eso,  cuando nadie daba medio por mi vida, yo no temía quedarme porque sentía que El estaba conmigo y, como era cierto, aquí estoy y seguiré hasta el día que, habiendo crecido espiritualmente cuanto requiero,  El quiera que regrese a su regazo o al destino temporal o definitivo que tenga para mí. En tal sentido y conforme a lo narrado…¿Cómo podría dudar de su existencia o su presencia si siempre lo he sentido conmigo?

Quiero sugerir a quienes tengan duda sobre donde está Dios, que se miren en el espejo, pronuncien o escuchen la palabra amor, observen un árbol, escuchen la sonrisa de un niño, la voz de Andrea Bocelli, caer la lluvia, correr los ríos y quebradas o el ruido de un trueno y no tendrán duda que en todos y cada uno de esos fenómenos está presente: Dios. Asimismo, cuando alguien te pida que le muestres donde le amas o te diga que  grafiques la verdad, adivines porqué surge una lágrima, sentirás que hay algo más de lo que puedes explicar con tus palabras, porque esa es la obra de Dios.

Ejemplarizando con la situación de nuestra amada Venezuela, donde de una u otra manera la situación actual es tan difícil, que se hace propicio sentir temor, sin embargo, independiente de comentarios negativos y asechanzas, quienes sabemos que somos un pedacito de Dios, NO TENEMOS TEMOR. El miedo, como alguien lo definiera alguna vez, es la sensación de no saber que puede suceder; pero quienes creemos en la bondad de Dios, porque  sabemos El representa el amor que nunca nos niega, estamos curados frente a ese gran mal.

Para quienes como yo hemos vivido más de la mitad de nuestra posible vida física en esta tierra bendita de Dios que es  nuestra  increíble Venezuela, sabemos que la patria no desaparecerá, que de una u otra manera, nosotros, todos los venezolanos, como lo que somos, como hermanos, nos repensaremos, reencontraremos y en conjunto arreglaremos los entuertos, en los que, en menor o mayor entidad hemos sido partícipes y que han traído como consecuencia los problemas que hoy nos aquejan. Los venezolanos preocupados por el país, que somos la mayoría, sabemos que nadie va a venir de afuera a arreglar nuestros problemas, sino que seremos nosotros mismos, ocupándonos más que preocupándonos de los mismos como encontraremos una solución que se acomode a esa cara ambición que tenemos de la paz, tranquilidad, progreso, justicia social y hermandad que merecemos vivir.

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No somos lo que queremos o pretendemos ser, sino que somos simplemente lo que somos. Pero esto es muy interesante porque nos pone a depender, no de nuestra condición o circunstancia personal, sino de nuestra estructura ética espiritual, que se fundamenta en la base de nuestra más importante función como seres humanos: EL AMAR sin importar como, cuando, a quien, ni por qué;  y esta especial circunstancia, exclusiva de los seres pensantes, nos prohibe el tener que juzgar, evaluar o contrapesar el beneficio de amar, porque simplemente EL AMOR es la base de toda relación  humana, consciente e independiente de cual fuere nuestra posición o condición. En principio, nacimos por amor, vivimos por amor y  no vale la pena la vida si no la fundamentamos en el amor a nuestros semejantes, que es como decir el amor a nuestros hermanitos humanos, sin importar de donde vienen, que hacen, como viven o de que viven; ya que únicamente Dios puede ver sus almas, que es la fuente de todas sus acciones, y muy especialmente, porque ellos son tan Hijos de El Padre como nosotros mismos.

El hecho de que nos sentimos felices, independiente de las condiciones en que  nos encontremos en todo momento, es el resultado de ese amor  que traemos sembrado en nuestras células y espíritu desde que nacemos. Cuando amamos a nuestro prójimo, sin calificarle de ninguna manera,  no hay inconveniente o problema que pueda entristecernos, porque el amor es nuestra fuerza, que se impondrá siempre frente a cualquier situación que pudiere parecer inconveniente. Es el amor el único recurso que nos permite disfrutar plenamente de todo lo que disponemos y estamos dispuestos a compartir con nuestros hermanos.   Por eso el Rey del Amor que fue Jesús de Nazaret, jamás pidió algo más que “…el pan de cada día”, porque como también lo comentara, estaba absolutamente seguro de que “… cada día trae su propio problema… y basta a cada día su mal”. El amor nos libera del temor, de la codicia, de la avaricia, del malsano sentimiento de acumular por un estúpido temor a algo que no podemos asegurar que vendrá y en función de esto negar ayuda a quien lo necesita.

El amor nos hace poderosos y vencedores del miedo al mañana, porque sabemos que el amor es, como me lo repitiera mi madre cuando yo era un  niño, nuestro báculo en los pasos difíciles y puerto en el naufragio…” El amor a la vida y a nuestros hermanos humanos nos libera de esas pesadas cadenas que atan a tanto rico pobre y poderoso triste, que por falta de sentir amor por sus semejantes dedican su vida a atesorar y a empoderarse, dejando en el camino la experiencia más hermosa: EL AMAR y como consecuencia compartir lo que se obtiene, y de tal forma evitar que más tarde disfruten de su esfuerzo quienes nada hicieran para lograrlo. Especialmente en momentos como los que vive el mundo hoy, donde nada es seguro y donde reina la incertidumbre, disfrutar el momento es indispensable; pero eso no se puede lograr si no se tiene AMOR,  porque el amor es milagroso en todos los sentidos. Por ejemplo, hace de un alimento compartido, por muy sencillo que fuere, un bocado delicioso; hace de la palabra de apoyo y aliento al menesteroso o al triste, el tesoro más grande a recibir. Quienes no aprenden a amar, jamás podrán disfrutar plenamente la compañía de allegados o extraños, porque sus intereses personales ligado a cualquier otro sentimiento diferente al amor, son una especie de enfermedad incurable que sólo les produce desasosiego, desconfianza y… temor. Para los que no sienten amor en su corazón, lo que piensan que dejaron de hacer en el pasado o intuyen que no lograrán en el futuro les hace infelices, y como consecuencia dejan de disfrutar del sentimiento especialísimamente hermoso de compartir, que hace plena nuestra conciencia y nos hace parecernos a Dios.

Sin duda, hoy más que en ningún momento, en todo el mundo, debemos repensarnos y retomar el camino del amor, como el único remedio a nuestros grandes males, que en su mayoría son más en la imaginación que en la vida real; es que el que ama se siente pleno, edificante y edificado en su vida, porque está consciente que está haciendo algo para lo cual fue creado. Vale comentar que nuestra vida está llena de oportunidades para dar amor de muchas maneras, el cual por cierto se basta por sí solo y no requiere ser reconocido. Siendo  muy niño recuerdo haber leído algo que nunca he olvidado; se trata de una persona llena de amor que encontró un mendigo en su camino,  pero no tenía nada que darle, entonces se acercó,  estrechó afectuosamente la mano del menesteroso y le pidió perdón por no tener nada que darle, a lo cual  respondió el mendigo: “… gracias señor, gracias por tu gran bondad; darle la mano a un mendigo y tratarlo cual amigo es limosna y caridad…” Yo estoy absolutamente seguro que la respuesta del mendigo refleja lo que es el amor: totalmente polivalente, en todo momento oportuno y bienvenido, pero además, muy fácil de obsequiar porque es compartir aunque fuere una palabra de aliento, de apoyo, de amistad, de humanidad, como en el caso del mendigo ya referido. Recomiendo a mis queridos lectores, meditar sobre este tema, ya que, si lo vemos con toda sinceridad, quizás estamos perdiendo la oportunidad de tranquilizarnos y ayudar a otros, sólo por olvidar la milagrosa importancia del amor.

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¿Qué cual es la diferencia entre una  pareja Disfuncional  y  una Funcional? En principio, en la disfuncional, lo que tendría que ser un estado de amor, respeto, compañerismo, entusiasmo, pasión y seguridad, se convierte en un pequeño… infierno; al punto que la única solución posible es una separación. En segundo lugar, los pocos o muchos años que se viven en una pareja disfuncional deja heridas y huellas, la mayor de las veces,  difíciles de sanar a corto y/o mediano plazo. Por último, la relación de una pareja disfuncional que se deja transcurrir por mucho tiempo, le crea a los integrantes -o por lo menos a uno de ellos- además de una muy baja autoestima, un temor enfermizo a tratar de rehacer su vida con otra persona, por miedo a equivocarse, lo cual realmente suele ser un escollo para lograr una nueva relación… feliz.

Por su parte, en la pareja funcional la consideración y el respeto por la individualidad de la otra parte; por su forma de ser y actuar,  son la base de ese amor mutuo que progresa acumulando nuevos sentimientos de solidaridad, compañerismo, pasión que, al hacerse físico-espiritual se convierte en una especie de magia, que es capaz de superar cualquier inconveniente, porque sobre todo, a cada uno preocupa más la satisfacción y felicidad del otro, que su propia placidez. Es que en la pareja funcional, ambos integrantes saben que no se unen a un ángel o persona venida de otro planeta, sino a otro ser  humano con iguales, mayores o menores virtudes y defectos; sin duda, imperfecto o imperfecta, pero… perfectible, en la medida en que es entendida por su par, con respeto a su forma de pensar, con suficiente capacidad de evaluar y cuantificar su óptica con relación a  las situaciones diarias que se presentan.

Para que exista un lecho de rosas, primero debe trabajarse el terreno, sembrar las matitas y cultivar las flores; porque si se tiene el amor y la paciencia para realizar estas labores, con los pétalos cosechados sin duda se podrá hacer ese lecho maravilloso. Después de haber vivido dos relaciones matrimoniales, siendo la última por más de cuarenta y siete años felices, estoy absolutamente  convencido, que en la gran mayoría de las ocasiones, ambos consortes llegan a la unión con la misma idea: ser más felices que estando solteros, pero el asunto tiene su fondo en el hecho de que como se trata de dos, ambos deben estar en disposición de ceder posiciones personales  y aceptar las de su par, que pudieran no ser coincidentes con las propias. Es fácil y agradable que a todo te digan sí; pero lo que no es fácil es aceptar que diciéndote no, tengas que aceptar que la otra persona tiene la razón. Para ello se requiere humildad, sensibilidad, inteligencia y muy especialmente, amor.

Las parejas funcionales aceptan de buen gusto que su pareja tuvo una niñez y formación diferente en su religión, cultura e ideología, porque la diversidad enriquece, y como quiera que se busca una pareja para vivir mejor, todo lo que aporte formación, fortaleza de carácter y espíritu es bienvenido. En tal sentido, de la pareja se aprende al tiempo que ella aprende de uno; pero se requiere aceptación, reconocimiento, comunicación permanente y atención al comportamiento  de la persona amada, porque  esa observación nos permite preguntar a tiempo qué incomoda, qué disgusta, con qué no se está de acuerdo, cual es la única manera de satisfacer las inquietudes o interrogantes que se le presentan a la otra parte con alguna de nuestras actuaciones,  al tiempo que se le enseña y abre el camino para que la otra parte actúe de la misma manera y de tal forma pueda satisfacer sus inquietudes, preocupaciones, frustraciones o temores. El que ama cuida lo que tiene y cualquier expectación, desinteligencia o sospecha debe aclararse de inmediato, lo cual no es posible si no se mantiene permanentemente  una  libre comunicación, ausente de cualquier temor por inquirir sobre lo que importune.

Integrar una pareja funcional, que es como decir bien avenida, es el mayor regalo que Dios puede dar a un ser humano; al punto de que con el tiempo, amando y haciendo causa común hasta crear un verdadero equipo de dos, se llega a sentir una solidaridad, cercanía e intimidad con su pareja, mayor que la que se tiene con la familia consanguínea. Basta con enfermarse, tener un problema grave de trabajo o estudio y sentirse deprimido, para comprobar que es la pareja la única a quien uno realmente le duele; porque es ella quien  ofrece  su hombro amoroso para recostar la cabeza; su ternura para sentir que la vida vale la pena; y el acicate para no dejarse vencer por la tristeza o cualquier circunstancia negativa, por la obligación auto impuesta de demostrarle que por ella uno es capaz de superar cualquier circunstancia, por adversa que pudiere ser.

Finalmente, creo que si aceptamos tanto nuestro potencial personal como nuestras limitaciones; si somos capaces de entender que dos son mejor que uno, porque como dijo Jesús: “Si uno cae el otro lo recoge, si uno está triste el otro lo consuela…” y que, venturosamente, hoy no existe diferencias en las potencialidades de éxito entre un hombre y una mujer; si experimentamos el maravilloso mundo de las cosas sencillas, seguramente no es tan difícil  convertirse en una pareja funcional.

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Hoy, escuchando parte de las reflexiones del  fallecido, pero siempre presente en el recuerdo, poeta, escritor y juglar Facundo Cabral, cuando decía con esa voz muy… de él: “No estás deprimido, estás distraído de la vida que te puebla…tienes corazón alma y espíritu… una vida que te rodea…bosques, montañas ríos…”; sentí afianzarse en mí el profundo sentimiento de que, independiente de tropiezos, frustraciones y sin sabores que pudiésemos enfrentar -todos pasajeros y superables- la vida para los seres humanos es bella en esta herencia de Dios, repleta de bendiciones que es la tierra.

Luego de más de siete décadas largas recorriendo caminos por más de veinte países, en los cuales siempre observé cuidadosamente el comportamiento humano, coincido plenamente con las reflexiones de Facundo Cabral. No tengo duda que existen más razones para ser felices que para estar deprimidos y que, realmente, lo normal es que nos distraigamos con lo que nos rodea. En las mañanas, cuando abro los ojos aquí en este caluroso Houston Tx., igual que cuando lo hice en una fría mañana de invierno en La Paz – Bolivia o en una mañana esplendorosa de primavera  en París o Roma, siempre sentí que era un privilegio especial despertar a un  nuevo día, cuando miles de personas en el  mundo, esa misma noche se habían quedado para siempre dormidos en sus camas y jamás volverían a ver la luz del día.  Asímismo, cuando conocí a mi amada esposa y ella aceptó gustosa mi amor, que se mantiene feliz ya por 47 años, cuando tantas personas no logran encontrar alguien con quien compartir en armonía y felicidad su vida; al ver nacer cada uno de mis cinco hijos, cuando tantas personas por más que lo intentan no logran tener uno siquiera; cuando  yo puedo abrazar, escribir y hacer muchas cosas con mis manos, cuando millones de personas sobre esta tierra nacen sin extremidades o las  pierden luego; cuando todos los días escucho la bella música, el canto de los pájaros, el silbar del viento, la risa de los niños y… la palabra amor, cuando todas las noches nacen dos mil niños que jamás podrán oír ningún sonido porque nacen sordos, o cuando en iguales circunstancias igual cantidad de niños nacen ciegos, cuando yo puedo ver todo lo que quiera  y cuando quiera. Entonces me pregunto: ¿Cómo podría deprimirme porque algo no me salga bien o me sucediere cualquier situación anómala, frente a tantas bendiciones que Dios me da hoy y ha dado siempre?

Por mis convicciones espirituales –que no religiosas- estoy seguro que mis seres queridos como mis padres y mi hermanita  muerta, no se fueron sino que volvieron a su lugar de origen, en una dimensión donde están más allá del bien y del mal, por lo cual no me deprime ni me entristece su partida; esos eventos sólo me perturbaron temporalmente, sin afectar de forma grave mi vida feliz. Y es que son tantas las cosas bellas y situaciones especiales a nuestro derredor, que me parece bien difícil que alguien pueda ser realmente infeliz;  especialmente cuando oigo la bellísima voz de Andrea Bocelli, quien es ciego o cuando, hace unos años atrás,  tuve la oportunidad de ver un hombre en silla de ruedas en un cargo de primer nivel en la Casa Blanca de los Estados Unidos de Norteamérica.  Con tales antecedentes, no hay evento tan terrible que pueda perturbar la felicidad  humana;  especialmente la de cada día, porque Jesús decía “…todo día tiene su problema y basta a cada día su propio mal…”

Tengo bastante tiempo que no visito el mar o un rio, pero sé de su tranquilidad y fortaleza, porque  por años viví la belleza de sus aguas y la milenaria vida biológica que ellos guardan con su gran variedad de especies animales y vegetales, que son una prueba más de que la naturaleza es edificante y fue dispuesta para nuestro disfrute, precisamente porque somos parte de ella. Entonces… ¿Cómo podríamos sentirnos deprimidos porque algo no salga como lo esperábamos, si sabemos que por cada inconveniente o prueba dolorosa –que normalmente se convierte en enseñanza- la vida nos regala miles de momentos agradables y bendiciones? Es ese  sentimiento positivo de que existen mucho más  cosas buenas que malas, lo que posibilita nuestra felicidad, que es muy fuerte y puede vencer rápidamente la posible depresión, que ocasionalmente, pudiese  derivar a alguien por  una circunstancia indeseada, temporal o permanente. Sin escudriñar demasiado y más allá de cualquier planteamiento filosófico académico, al menos para mí –que nací y he vivido condenado a una vida romántica- que creo en lo que alguien dijo alguna vez que, “…una noche de amor vale una vida…”, no tengo la más mínima posibilidad de que la vida nos hubiere sido dada  para algo diferente a ser felices.

Por todo lo expuesto invito a mis lectores, y muy especialmente aquellos que piensan que es normal sentirse deprimidos,  a bajar de internet la voz de Facundo Cabral en su “NO ESTAS DEPRIMIDO SINO DISTRAÌDO”, en el website: https://www.youtube.com/watch?v=znjMKDadZNI, para pensar y repensar sobre su contenido, que como lo digo antes, aunque no nos dice nada  nuevo –porque es evidente su contenido- sí que nos lleva a revisar la multicolor presencia de la belleza natural que incide en nuestras vivencias cotidianas, en la seguridad de que –independiente de tendencias ideológicas o religiosas- son más las cosas positivas que las negativas que nos afectan como habitantes de esta “pacha mama” que nos da cobijo y vida, a la cual, por disponer de  nuestro estado de ánimo, podemos dar el color que más nos convenga.

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COMO SENTIRSE (4)

Si bien es cierto que como integrantes de una comunidad determinada, dentro de una sociedad globalizada, debemos actuar conforme a las normas que establece esa sociedad, en un tiempo y lugar determinado, no es menos cierto que el estado real de cómo nos sentimos internamente, solo podemos controlarlo nosotros mismos. Como Asesor personal por unos cuantos  años y últimamente mediante las consultas y comentarios  en mi Blog www.unavidafeliz.com (2.600.000 CYBERNAUTAS),  pude determinar que la mayoría de los problemas y preocupaciones que los lectores manifestaron, no lo eran tales. En verdad, de los casos referidos como “preocupación”, en realidad únicamente requerían “ocuparse” de localizar la solución al asunto, para lo cual la “preocupación”, sustituía la atención al suceso,  alejándolo aún más de una solución razonable. En el mismo sentido, las consultas sobre supuestos “problemas” que igualmente manifestaban afectar gravemente su tranquilidad, no eran más que “asuntos por resolver.”

Es que nuestra vida es absolutamente sinérgica y se nutre de diferentes y variadas situaciones, tanto personales como colectivas; que se comportan conforme al tiempo y al espacio donde se suceden, cuales algunas nos benefician y otras nos crean inconvenientes o incertidumbre;  pero de acuerdo a su naturaleza y/o gravedad, debemos tratarlas.  Pienso que lo más importante para enfrentar un asunto negativo, lo es el análisis del mismo y la actuación diligente en busca de una solución, lo cual es muy diferente a la “preocupación”. Además, no tengo duda que tiene decisiva importancia para la posible solución, el cómo recibimos y evaluamos en nuestro ser interno el inconveniente. Es que conforme a la magnitud que internamente le asignemos a un asunto o situación que nos afecte, en ese mismo nivel será nuestra actuación a favor de la solución. De hecho un evento que para una persona pudiere parecer muy grave, otra podría considerarlo como  un inconveniente de su vida cotidiana, que sin ninguna angustia deberá resolver.

Muchas veces he entrevistado personas realmente muy estresadas e inclusive deprimidas, por “problemas” considerados por ellas muy graves, a quienes rápidamente pude demostrar que –en vez de problemas- sólo eran “asuntos por resolver”, para lo cual era muy importante considerar con tranquilidad su dimensión real; siendo que en la mayoría de los casos, la solución estaba más cerca o era  factible de  materializar, si se ubicaba en su debido nivel, sin permitir la intromisión del elemento temor, cual es precisamente lo que distorsiona la realidad del asunto, en casi todos los casos, magnificándolo.

Así como escuchamos el apotegma “Tú eres lo que comes”, yo pienso que es idéntico a decir “Tú eres como te sientes”. En el primer caso, no hay duda que mucho de la salud y actitud de las personas dependen de su alimentación. En el segundo, no podemos discutir que el estado de ánimo de una persona, que es lo que permite darle color a su vida, depende de cómo se encuentre su ser interno.

Existe un elemento muy importante de nuestra vida, cual no admite mentiras o engaños, ya que está totalmente fuera del alcance de cualquier elemento exterior y que determina de manera definitiva, como nos sentimos: NUESTRA CONCIENCIA. Si nuestra conciencia está tranquila, porque no hemos hecho daño a nadie o cometido algún acto reñido con la moral, las buenas costumbres o la ley, sin duda alguna que nos sentiremos tranquilos y serenos; que es como decir, en plena capacidad de disfrutar de las personas y de las muchas bendiciones que Dios ha puesto sobre esta tierra para nuestro disfrute. Por eso insisto en que no hay circunstancia que, con nuestra conciencia tranquila, fe en Dios y amor en nuestro corazón, de alguna manera alguien pueda convertirla en “…problema sin solución”, porque como  fuimos dotados de razón e inteligencia, sabremos convertirlo en “asunto por resolver”, lo cual es totalmente diferente.

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NO AL MIEDO

 

 mujer asustada

No podemos permitir vivir en el mundo del miedo, porque si lo hacemos ya no viviremos, sino que sobreviviremos y no fue para eso que vinimos a este mundo. Miedo al desamor, miedo a las enfermedades, miedo a la inseguridad de todo género, miedo a los terroristas, miedo a una nueva guerra nuclear; todo lo cual nos imposibilita de salir a la calle, visitar los amigos, visitar la familia, acostarnos a la hora que nos plazca; temer cuando alguien estornuda, evitar que alguien nos bese, que nos abrace, que nos den la mano.

Tememos al taxista porque nos puede asaltar, a la señora embarazada que solicita ayuda porque creemos que es un señuelo, a un accidentado en la carretera por el mismo motivo; si en la noche vemos un auto que nos sigue aceleramos, doblamos la esquina  y desaparecemos; tememos a las motos que llevan un parrillero, sin considerar que  para ese fin, precisamente, fue que se  le adicionó la parrilla; tememos si en la noche vemos una patrulla, cuando por lo contrario nos corresponde sentirnos seguros, porque debemos suponer que su deber e intención es protegernos;   y… pare usted de contar.

Ahora bien… ¿Es posible que permitamos que la cuasi paranoia nos lleve a este nivel de vida tan precario?

¿Qué pasó con nuestra fe en Dios, nuestra confianza en sí mismos y nuestra autoestima?

¿Qué sucedió con nuestra seguridad en que hay más gente buena que mala en el mundo, por lo cual aun subsiste,  y que el venezolano es buena gente, solidario y generoso?

¿Se nos olvidó que nuestros mayores nos enseñaron que la policía, los bomberos, los socorristas son los principales amigos y que  el mejor hermano es el vecino más cercano?

Bedito sea Dios… ¿Cómo llegamos a esto teniendo el país más bello del mundo; con la mejor gente, con hermosos paisajes, los mejores climas,  hermosas llanuras, indescriptibles esteros, gigantescos mèdanos y espectaculares ríos; con la Flora más bella y la Fauna más variada del planeta?

Que existen problemas políticos, económicos, sociales y de inseguridad, pues ya lo creo; somos una nación de más de 30 millones de habitantes, con personas de diferente ideología, forma de pensar sobre la vida y las cosas, que dicen y actúan como lo sientenm porque somos esencialmente democráticos. Pero miremos hacia atrás, todo lo que hemos superado desde 1909. Hemos vivido dictaduras, democracias con muy buenas intenciones pero que no llenaron completamente las aspiraciones sociales; un experimento socialista que no termina de cuajar y todo lo hemos enfrentado con coraje, haciendo lo mejor que podemos nuestra actividad generadora de progreso, como ese aporte indispensable al desarrollo del país y… aquí estamos;  cada quien en lo suyo, con sus diferencias y desacuerdos, pero tratando de mantenernos en paz y armonía, y la realidad es que, quizás no de forma excelente, pero lo hemos logrado.

Entonces no hay razón para tener tanto miedo; simplemente, consideremos la situación actual problemática, que por cierto no es solo en Venezuela sino en el mundo; basta observar el Medio Oriente, Korea  y Europa, donde la situación sì que es muy grave y de muy difícil solución. Por lo tanto, tenemos que tranquilizarnos un poco, tomemos las previsiones necesarias y actuemos con cuidado, atención y respeto por los demás. Especialmente debemos ser sensibles y solidarios con nuestros semejantes, sin olvidar que seguimos teniendo familia, amigos, vecinos, servidores públicos honestos porque los corruptos no son el común; consideremos que seguimos siendo una comunidad, una sociedad pacífica, consciente de sus derechos y sus deberes… pero pacífica.

No debemos olvidar que continuamos siendo una gran familia: la familia venezolana, integrada por quienes aquí nacieron y quienes vinieron de otras tierras a incorporarse con nosotros a desarrollar este país. Y como quiera que tengo más de seis décadas viviendo aquí con pleno uso de razón política y económica, no puedo permitir que el miedo me dañe los años de vida que me quedan o me limite a seguir siendo útil, por los riesgos que pueda correr; por eso me siento obligado a gritar a los cuatro vientos a mis queridos hermanos venezolanos: el miedo es malo porque distorsiona la realidad, disminuye la fe, nos hace sentirnos indefensos, desmejorados, disminuidos. Y es por eso que debemos decirle al miedo, en cualquier situación o circunstancia:  NO, NO  y NO.

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