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BUENOS DIAS

Al amanecer de este nuevo día, me siento tan feliz que quiero manifestar mi alegría y agradecimiento a mi Padre Celestial por darme esta bella vida, mi familia, mis amigos, mis vecinos, quienes en su conjunto me hacen una vida feliz. Especiales gracias por darme esa bella, leal y consecuente compañera de viaje largo, mi amada esposa Nancy. Quiero divulgar que me consta y no tengo duda que somos nosotros mismos quienes, con nuestros estado de ánimo, hacemos más o menos agradable nuestra vida; también quiero declarar que estoy seguro que es una obligación humana y no un acto de bondad, tratar con nuestras palabras de ayudar a que las personas vivan en armonía con sus semejantes, porque en verdad, todos somos uno, por lo que depende de cómo nos tratemos, nos ayudemos, que sea mejor nuestro diario vivir.

Las expresiones buenos días, gracias, Dios te bendiga, cuídate, no estás solo, cuenta conmigo, son expresiones que en un momento dado pueden ser un alivio para alguien que tiene algún problema o necesidad. La fuerza de la palabra es increíble. De hecho muchas personas que han estado desesperadas y a punto de suicidio, han desistido porque alguien les ha llamado por teléfono y ha hablado con ellos. En este bello día, los invito a sonreír, a decir te amo, a decir estoy a tu orden, me encanta verte, me gusta conversar contigo, todo está bien, todo está en orden, Dios está con nosotros. Igualmente, los invito a dar gracias por ese sol y esa brisa que acarician nuestra cara; por la belleza de esas flores que nos regala el jardín de nuestro vecino; por el hermoso y tierno trino de los pajaritos en el árbol de enfrente; por vivir en comunidad con nuestros hermanos humanos, que logran que nunca nos sintamos solos; a guardar el celular y saludar personalmente a los amigos, a abrazarles y sentir ese contacto  humano tan necesario para sentirnos uno.

Quiero manifestarles que tengo ochenta años de edad y que mi edad no me pesa. He vivido la vida intensamente,  con la seguridad de que es el hoy lo que debe preocuparme, porque ayer es un muerto y mañana es de Dios. Que además de amar debo manifestarlo; que mi mayor deber con mis semejantes es el respeto por la persona humana, sin consideración de raza, religión, nacionalidad o sexo. Esa convicción unida a mis principios morales que han guidado mi vida, hoy me permiten manifestar con toda sinceridad que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, ni de nada de lo que he dejado de hacer. Finalmente, debo asegurar mi convencimiento de que no debemos permitir el temor; en primer lugar porque distorsiona la realidad y en segundo lugar, porque como hijos de Dios nuestra vida fue diseñada desde antes de nacer  y no fue precisamente el dolor o el miedo nuestro fin, sino la felicidad, el amor, la solidaridad, la sensibilidad frente a los problemas de nuestros semejantes; actuaciones por cierto muy fáciles de materializar, porque nuestra tendencia natural es al bien y no al mal.

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BUENOS DIAS

Al amanecer de este nuevo día, me siento tan feliz que quiero manifestar mi alegría y agradecimiento a mi Padre Celestial por darme esta bella vida, mi familia, mis amigos, mis vecinos, quienes en su conjunto me hacen una vida feliz. Especiales gracias por darme esa bella, leal y consecuente compañera de viaje largo, mi amada esposa Nancy. Quiero divulgar que me consta y no tengo duda que somos nosotros mismos quienes, con nuestros estado de ánimo, hacemos más o menos agradable nuestra vida; también quiero declarar que estoy seguro que es una obligación humana y no un acto de bondad, tratar con nuestras palabras de ayudar a que las personas vivan en armonía con sus semejantes, porque en verdad, todos somos uno, por lo que depende de cómo nos tratemos, nos ayudemos, que sea mejor nuestro diario vivir.

Las expresiones buenos días, gracias, Dios te bendiga, cuídate, no estás solo, cuenta conmigo, son expresiones que en un momento dado pueden ser un alivio para alguien que tiene algún problema o necesidad. La fuerza de la palabra es increíble. De hecho muchas personas que han estado desesperadas y a punto de suicidio, han desistido porque alguien les ha llamado por teléfono y ha hablado con ellos. En este bello día, los invito a sonreír, a decir te amo, a decir estoy a tu orden, me encanta verte, me gusta conversar contigo, todo está bien, todo está en orden, Dios está con nosotros. Igualmente, los invito a dar gracias por ese sol y esa brisa que acarician nuestra cara; por la belleza de esas flores que nos regala el jardín de nuestro vecino; por el hermoso y tierno trino de los pajaritos en el árbol de enfrente; por vivir en comunidad con nuestros hermanos humanos, que logran que nunca nos sintamos solos; a guardar el celular y saludar personalmente a los amigos, a abrazarles y sentir ese contacto  humano tan necesario para sentirnos uno.

Quiero manifestarles que tengo ochenta años de edad y que mi edad no me pesa. He vivido la vida intensamente,  con la seguridad de que es el hoy lo que debe preocuparme, porque ayer es un muerto y mañana es de Dios. Que además de amar debo manifestarlo; que mi mayor deber con mis semejantes es el respeto por la persona humana, sin consideración de raza, religión, nacionalidad o sexo. Esa convicción unida a mis principios morales que han guidado mi vida, hoy me permiten manifestar con toda sinceridad que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, ni de nada de lo que he dejado de hacer. Finalmente, debo asegurar mi convencimiento de que no debemos permitir el temor; en primer lugar porque distorsiona la realidad y en segundo lugar, porque como hijos de Dios nuestra vida fue diseñada desde antes de nacer  y no fue precisamente el dolor o el miedo nuestro fin, sino la felicidad, el amor, la solidaridad, la sensibilidad frente a los problemas de nuestros semejantes; actuaciones por cierto muy fáciles de materializar, porque nuestra tendencia natural es al bien y no al mal.

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OBLIGACION

¿Que es obligatorio? Ciertamente como todo lo que se escribre, lo que se deduzca o indique, depende de la forma de pensar de quien lo  hace. Nuestro idioma es muy rico y nuestra inteligencia inconmensurable; por tanto,pdría escribirse mucho al respecto, con el mismo resultado: nada en concreto. Alguien me degìa que era obligatorio amar a los padres, a los  hermanos, a los vecinos;  y en general, al prójimo. Bueno, yo como seguidor del pensamiento de Jesùs de Nazaret, creo que es cierto que tenemos, no que debemos, amar al pròjimo como a nosotros mismos. ¿Es entonces una obligación amar? Sin ninguna duda; Pero… a quien? Personalmente, creo que el amor es la sal del mundo, porqsue todos los seres humanos son nuestros hermanos en Dios.

Escuchè decir que un padre que no cuida y honra a su hijo,no merece el amor de èste, e igualmente en el caso de los hermanos y  los vecinos. Lo considero un error porque amar es obligatorio,  ya que no se ama porque alguien nos ame, sino porque esesencial al cristiano amar a nuestros semejantes. Enre otras cosas, porque ese mal padre, mal hijo o mal vecino, puede con otra persona ser una persona humana y compasiva, inclusive salvar su vida. Conozco de  niños de la calle, sque superaron su situación personal temporal y crearon inclusive Instituciones de ayuda a los desventurados.

La obligación de amor es la esperanza de la humanidad, porque únicamente Dios puede saber quien es realmente bueno o malo. Multitud de personas viven en pobreza crìtica y tienen que robar un para comer y no `por  eso son malos, ni debe ser castigados sino protegidos por la sociedad. Por eso si imponemos el amor como una obligación, crecemos amando y compartiendo nuestra solidaridad con  los màs desposeídos. Por otra parte, no debemos olvidar que Dios es amor y por tanto vivimos por amor;  tanto   es asì que cuando concebimos un hijo lo hacemos por amor, lo criamos por amor y  hacemos cualquier sacrificio por èl porque lo amamos. Inclusive los familiares y  hasta los extraños somos capaces de dar un órgano importante de nuestro cuerpo para salvar otro sser humano, Por cierto, conozco una buena amiga que ya tiene treinta años viviendo su vida perfectamente como si tuviera sus dos riñones.

Finalmente, hay algo sobre lo cual no puedo callar  y es que quien es màs feliz es quien ama  y no quien es amado, porque Dios derrama sobre èl sus mejores bendiciones, siendo excepcionalmente bendecido por Dios, aquel ser humano que ama no a quien le hace bien, sino a aquel que con anterioridad le hizo daño, porque actùa con esa bendición especial qe se llama el perdón, olvidando el daño. Vale la pena comenar que en  una oportunidad uno de  los apóstoles de Jesus le pregunto: Maestro, cuantas veces debemos perdonar y Jesùs le constò sin titubeo: “Setenta veces siete.” Con lo cual quiso decirle; todas las veces sque fere necesario.

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OBLIGACION

¿Que es obligatorio? Ciertamente como todo lo que se escribre, lo que se deduzca o indique, depende de la forma de pensar de quien lo  hace. Nuestro idioma es muy rico y nuestra inteligencia inconmensurable; por tanto,pdría escribirse mucho al respecto, con el mismo resultado: nada en concreto. Alguien me degìa que era obligatorio amar a los padres, a los  hermanos, a los vecinos;  y en general, al prójimo. Bueno, yo como seguidor del pensamiento de Jesùs de Nazaret, creo que es cierto que tenemos, no que debemos, amar al pròjimo como a nosotros mismos. ¿Es entonces una obligación amar? Sin ninguna duda; Pero… a quien? Personalmente, creo que el amor es la sal del mundo, porqsue todos los seres humanos son nuestros hermanos en Dios.

Escuchè decir que un padre que no cuida y honra a su hijo,no merece el amor de èste, e igualmente en el caso de los hermanos y  los vecinos. Lo considero un error porque amar es obligatorio,  ya que no se ama porque alguien nos ame, sino porque esesencial al cristiano amar a nuestros semejantes. Enre otras cosas, porque ese mal padre, mal hijo o mal vecino, puede con otra persona ser una persona humana y compasiva, inclusive salvar su vida. Conozco de  niños de la calle, sque superaron su situación personal temporal y crearon inclusive Instituciones de ayuda a los desventurados.

La obligación de amor es la esperanza de la humanidad, porque únicamente Dios puede saber quien es realmente bueno o malo. Multitud de personas viven en pobreza crìtica y tienen que robar un para comer y no `por  eso son malos, ni debe ser castigados sino protegidos por la sociedad. Por eso si imponemos el amor como una obligación, crecemos amando y compartiendo nuestra solidaridad con  los màs desposeídos. Por otra parte, no debemos olvidar que Dios es amor y por tanto vivimos por amor;  tanto   es asì que cuando concebimos un hijo lo hacemos por amor, lo criamos por amor y  hacemos cualquier sacrificio por èl porque lo amamos. Inclusive los familiares y  hasta los extraños somos capaces de dar un órgano importante de nuestro cuerpo para salvar otro sser humano, Por cierto, conozco una buena amiga que ya tiene treinta años viviendo su vida perfectamente como si tuviera sus dos riñones.

Finalmente, hay algo sobre lo cual no puedo callar  y es que quien es màs feliz es quien ama  y no quien es amado, porque Dios derrama sobre èl sus mejores bendiciones, siendo excepcionalmente bendecido por Dios, aquel ser humano que ama no a quien le hace bien, sino a aquel que con anterioridad le hizo daño, porque actùa con esa bendición especial qe se llama el perdón, olvidando el daño. Vale la pena comenar que en  una oportunidad uno de  los apóstoles de Jesus le pregunto: Maestro, cuantas veces debemos perdonar y Jesùs le constò sin titubeo: “Setenta veces siete.” Con lo cual quiso decirle; todas las veces sque fere necesario.

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Durante miles de años, el amor era un sentimiento muy poco tomado en cuenta, más allá de lo romántico, entre los amantes  o el amor materno. Al menos en las familias,  los padres eran “Pater Familia” por lo cual, para ellos y la sociedad, la esposa y los hijos eran simplemente, como decían los romanos “alieni iuris”,  esto es menores de edad, que es como decir que no eran tomados en cuenta para ninguna decisión dentro o fuera del hogar; al extremo llegaba esta aberración, que los hijos no besaban a los padres, porque “…los hombres no besan a los hombres” Ciertamente, nadie hizo caso a Jesús de Nazaret cuando sentenció:  “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”, más allá de los hipócritas religiosos, que lo  mencionaban para rellenar sus discursos vacíos. Pareciera tan extraño, que todos estamos conscientes  de que por amor vinimos al  mundo, por amor continuamos manteniendo la especie;  por el amor se han evitado guerras y salvado imperios.

El amor es la fuerza que mueve al mundo,  la cual por cierto no se gana con dinero ni con armas. El amor es el sentimiento más autentico y espontaneo que mueve al ser humano. Especialmente hoy, cuando el racismo, al menos en el mundo civilizado, está en franca caída, uno ve la ternura que surge entre dos enamorados de razas, credos y civilizaciones diferentes, rompe con horribles tradiciones milenarias, dándole el valor, respeto e independencia  que debe tener la  mujer en la pareja y la confianza y lealtad que antes fue un mito en el pareja. Ese amor ha producido que los niños tengan derechos, en la mayoría de los países civilizados celosamente protegidos por el Estado de Derecho.

En el caso de la mujer, en casi todos los países donde impera el Derecho, gracias al amor,  existen Leyes especiales de protección a la mujer y a la familia.  El amor nos ha enseñado que todos los problemas pueden ser arreglados por las buenas, o al menos que sus resultados en tales casos serán preferibles a las peleas y querellas. Los Abogados exitosos en estos días no son los litigantes, sino aquellos que agotan la vía amistosa y conciliatoria en busca de la solución al conflicto,  a veces aún en contra de sus propios honorarios. Los matrimonios en divorcio o parejas informales de muchos años que se separan, hoy, antes de llegar al divorcio optan por la terapia bien intencionada, que al menos en mi vocabulario profesional le llamo “reingeniería de pareja”, lo que los lleva a tomarse un tiempo razonable, separados o no, que les  permite evaluar el resolver los problemas personales y familiares, así como les da el tiempo para pensar suficientemente si valió la pena el inconveniente sucedido para terminar una relación, que no solo costó tantos años mantenerla sino  que nos condicionó a contar con un equipo constituido por los cónyuges que, como acertadamente lo sentenciara Jesús de Nazaret “…dos son mejor que uno, porque si uno cae el otro lo recoge y si  uno está triste el otro le consuela”. Y es que como asesor familiar y de parejas, tengo muchos ejemplos de matrimonios y parejas convencionales de muchos años de unión, que luego de tomarse un tiempo razonable, a veces de meses y hasta de años, hicieron su reingeniería de pareja, que les permitió determinar serenamente donde habían errado y que habían dejado de hacer correctamente durante la relación; volvieron a unirse se perdonaron  mutuamente con la promesa de  nunca más recordar lo sucedido, e hicieron  nuevamente sus uniones mucho más  fuerte que antes.

   Debo acotar que nada de esto se hubiera podido lograr entre estos integrantes de esas familias, si no hubiese existido lo fundamental: esa relación subyacente que no muere que se llama EL AMOR. Para quienes hemos amado toda la vida y por eso tenemos matrimonios que superan los cincuenta años, sin que de ninguna manera nos parezca fastidioso, sino por el  contrario indispensable la presencia de nuestra pareja, no podemos terminar de entender algunos casos de separaciones, después de años de lealtad y sacrificio, por un error de alguno de los cónyuges, sin que se tome en consideración  todos los años de lealtad y amor que este profesó a su consorte, con anterioridad al  hecho sucedido.

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LA VEJEZ

Definir La Vejez depende, como cualquier otro estado o concepto, de la óptica y/o  mentalidad del analista. Entre otros, para algunos es un estado indeseable, para otros deprimente, para otros de orgullo o de triunfo. Esto nos indica que el concepto va a depender de la mentalidad y forma de ver la vida y las cosas, de quien la conceptúa.  Conozco personas que a los Cincuenta años se consideran viejos y otros que, a los ochenta o más  hablan de nuevos proyectos a desarrollar. En este mismo sentido, he observado personas encorvadas a temprana edad y otras que con el doble de años, andan erguidos. En el fondo, yo creo que el problema es que para algunos la vejez es una especie de enfermedad, en cambio, para otros es un estado normal de nuestra existencia,  dentro de los cuales,  por cierto, me encuentro yo.

Tuve una niñez increíblemente difícil, en condiciones realmente penosas, pero no puedo decir que fuí un niño triste, sino quizás un poco menos feliz que algunos otros. Mi adolescencia no fue un camino de rosas, pero disfruté de la amistad, cariño de los chicos y chicas de mi edad; y sin llegar a ser un Casanova,  logré la intimidad de aquellas que me interesaron, lógicamente dentro de las limitaciones de la cultura de la época. En mi adultez, puedo decir que, independiente de la cantidad de años que he tenido, no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer. Aunque con bastante dificultad, trepé sobre los inconvenientes de mi condición económica y social,  y,  ya sobre los Cuarenta años logré mi Grado Universitario  y dos postgrados, aunque el último lo recibí a los Sesenta Años, que para mi forma de ver la vida, aun estaba joven.

Luego, entre los Cincuenta y Sesenta años pude hacer voluntariado gratuito, dando Conferencias en diferentes Instituciones sin fines de lucro, tanto de carácter Social como Académico, sobre temas como la Superación Personal y el Crecimiento Espiritual.  Entre los Sesenta  y  Ochenta años, alcancé quizás mi mayor ambición: llevar mi mensaje de amor y solidaridad humana, a la mayor cantidad de personas posible, mediante mi Blog www.unavidafeliz.com, que ha sido visto por más de 2.500.000 Cibernautas en más de Noventa Países.  El corolario de toda esta narración, que quiero destacar, es que en la realización de ninguna de estas actividades, me he sentido realmente viejo, aunque algunas veces un poco cansado,  lo cual me obliga de determinar que el sentimiento de vejez, es solamente un estado mental absolutamente controlable.

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LA VEJEZ

Definir La Vejez depende, como cualquier otro estado o concepto, de la óptica y/o  mentalidad del analista. Entre otros, para algunos es un estado indeseable, para otros deprimente, para otros de orgullo o de triunfo. Esto nos indica que el concepto va a depender de la mentalidad y forma de ver la vida y las cosas, de quien la conceptúa.  Conozco personas que a los Cincuenta años se consideran viejos y otros que, a los ochenta o más  hablan de nuevos proyectos a desarrollar. En este mismo sentido, he observado personas encorvadas a temprana edad y otras que con el doble de años, andan erguidos. En el fondo, yo creo que el problema es que para algunos la vejez es una especie de enfermedad, en cambio, para otros es un estado normal de nuestra existencia,  dentro de los cuales,  por cierto, me encuentro yo.

Tuve una niñez increíblemente difícil, en condiciones realmente penosas, pero no puedo decir que fuí un niño triste, sino quizás un poco menos feliz que algunos otros. Mi adolescencia no fue un camino de rosas, pero disfruté de la amistad, cariño de los chicos y chicas de mi edad; y sin llegar a ser un Casanova,  logré la intimidad de aquellas que me interesaron, lógicamente dentro de las limitaciones de la cultura de la época. En mi adultez, puedo decir que, independiente de la cantidad de años que he tenido, no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer. Aunque con bastante dificultad, trepé sobre los inconvenientes de mi condición económica y social,  y,  ya sobre los Cuarenta años logré mi Grado Universitario  y dos postgrados, aunque el último lo recibí a los Sesenta Años, que para mi forma de ver la vida, aun estaba joven.

Luego, entre los Cincuenta y Sesenta años pude hacer voluntariado gratuito, dando Conferencias en diferentes Instituciones sin fines de lucro, tanto de carácter Social como Académico, sobre temas como la Superación Personal y el Crecimiento Espiritual.  Entre los Sesenta  y  Ochenta años, alcancé quizás mi mayor ambición: llevar mi mensaje de amor y solidaridad humana, a la mayor cantidad de personas posible, mediante mi Blog www.unavidafeliz.com, que ha sido visto por más de 2.500.000 Cibernautas en más de Noventa Países.  El corolario de toda esta narración, que quiero destacar, es que en la realización de ninguna de estas actividades, me he sentido realmente viejo, aunque algunas veces un poco cansado,  lo cual me obliga de determinar que el sentimiento de vejez, es solamente un estado mental absolutamente controlable.

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LA VEJEZ

 LA VEJEZ

Definir La Vejez depende, como cualquier otro estado o concepto, de la óptica y/o  mentalidad del analista. Entre otros, para algunos es un estado indeseable, para otros deprimente, para otros de orgullo o de triunfo. Esto nos indica que el concepto va a depender de la mentalidad y forma de ver la vida y las cosas, de quien la conceptúa.  Conozco personas que a los Cincuenta años se consideran viejos y otros que, a los ochenta o más  hablan de nuevos proyectos a desarrollar. En este mismo sentido, he observado personas encorvadas a temprana edad y otras que con el doble de años, andan erguidos. En el fondo, yo creo que el problema es que para algunos la vejez es una especie de enfermedad, en cambio, para otros es un estado normal de nuestra existencia,  dentro de los cuales,  por cierto, me encuentro yo.

Tuve una niñez increíblemente difícil, en condiciones realmente penosas, pero no puedo decir que fuí un niño triste, sino quizás un poco menos feliz que algunos otros. Mi adolescencia no fue un camino de rosas, pero disfruté de la amistad, cariño de los chicos y chicas de mi edad; y sin llegar a ser un Casanova,  logré la intimidad de aquellas que me interesaron, lógicamente dentro de las limitaciones de la cultura de la época. En mi adultez, puedo decir que, independiente de la cantidad de años que he tenido, no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer. Aunque con bastante dificultad, trepé sobre los inconvenientes de mi condición económica y social,  y,  ya sobre los Cuarenta años logré mi Grado Universitario  y dos postgrados, aunque el último lo recibí a los Sesenta Años, que para mi forma de ver la vida, aun estaba joven.

Luego, entre los Cincuenta y Sesenta años pude hacer voluntariado gratuito, dando Conferencias en diferentes Instituciones sin fines de lucro, tanto de carácter Social como Académico, sobre temas como la Superación Personal y el Crecimiento Espiritual.  Entre los Sesenta  y  Ochenta años, alcancé quizás mi mayor ambición: llevar mi mensaje de amor y solidaridad humana, a la mayor cantidad de personas posible, mediante mi Blog www.unavidafeliz.com, que ha sido visto por más de 2.500.000 Cibernautas en más de Noventa Países.  El corolario de toda esta narración, que quiero destacar, es que en la realización de ninguna de estas actividades, me he sentido realmente viejo, aunque algunas veces un poco cansado,  lo cual me obliga de determinar que el sentimiento de vejez, es solamente un estado mental absolutamente controlable.

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LA VEJEZ

 LA VEJEZ

Definir La Vejez depende, como cualquier otro estado o concepto, de la óptica y/o  mentalidad del analista. Entre otros, para algunos es un estado indeseable, para otros deprimente, para otros de orgullo o de triunfo. Esto nos indica que el concepto va a depender de la mentalidad y forma de ver la vida y las cosas, de quien la conceptúa.  Conozco personas que a los Cincuenta años se consideran viejos y otros que, a los ochenta o más  hablan de nuevos proyectos a desarrollar. En este mismo sentido, he observado personas encorvadas a temprana edad y otras que con el doble de años, andan erguidos. En el fondo, yo creo que el problema es que para algunos la vejez es una especie de enfermedad, en cambio, para otros es un estado normal de nuestra existencia,  dentro de los cuales,  por cierto, me encuentro yo.

Tuve una niñez increíblemente difícil, en condiciones realmente penosas, pero no puedo decir que fuí un niño triste, sino quizás un poco menos feliz que algunos otros. Mi adolescencia no fue un camino de rosas, pero disfruté de la amistad, cariño de los chicos y chicas de mi edad; y sin llegar a ser un Casanova,  logré la intimidad de aquellas que me interesaron, lógicamente dentro de las limitaciones de la cultura de la época. En mi adultez, puedo decir que, independiente de la cantidad de años que he tenido, no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer. Aunque con bastante dificultad, trepé sobre los inconvenientes de mi condición económica y social,  y,  ya sobre los Cuarenta años logré mi Grado Universitario  y dos postgrados, aunque el último lo recibí a los Sesenta Años, que para mi forma de ver la vida, aun estaba joven.

Luego, entre los Cincuenta y Sesenta años pude hacer voluntariado gratuito, dando Conferencias en diferentes Instituciones sin fines de lucro, tanto de carácter Social como Académico, sobre temas como la Superación Personal y el Crecimiento Espiritual.  Entre los Sesenta  y  Ochenta años, alcancé quizás mi mayor ambición: llevar mi mensaje de amor y solidaridad humana, a la mayor cantidad de personas posible, mediante mi Blog www.unavidafeliz.com, que ha sido visto por más de 2.500.000 Cibernautas en más de Noventa Países.  El corolario de toda esta narración, que quiero destacar, es que en la realización de ninguna de estas actividades, me he sentido realmente viejo, aunque algunas veces un poco cansado,  lo cual me obliga de determinar que el sentimiento de vejez, es solamente un estado mental absolutamente controlable.

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Dejando por sentado mi respeto por la forma de pensar diversa, reflexionaré sobre un hecho discutido, y si se quiere discutible; cuál es el fundamento  de permanecer juntos como pareja. Pues bien, en principio siempre he pensado que se hace pareja porque se piensa que se es más feliz al lado de esa otra persona que escogemos a tal fin, que estando solos. Siendo así, no debe nadie exigir a su par que, independiente de la formalidad que le una, continúen unidos, si ambos no son integralmente felices. Nunca he procesado por qué las canciones y poemas hacen una tragedia porque alguien deje de amar  a otro, al punto de que hablan de que si tal persona deja de amarlos o los abandona se vuelven locos y hasta se suiciden; como si no existieran otros seres humanos que pudieran llenar el vacío que deja el que se va.

 Así mismo, nunca he entendido que sea una obligación amar o continuar amando a otra persona;  sino que, por el contrario, pienso que si alguien me amó fue porque se sintió feliz haciéndolo, pero además yo debería agradecer el tiempo que lo hizo y darle plena libertad de irse, para buscar un nuevo amor que le de lo que ya no siente conmigo. De la misma manera, pienso que tenemos que darnos la oportunidad de equivocarnos y por tanto tenemos el derecho, y si se quiere, la obligación de corregir; precisamente, buscando un nuevo amor. En este mismo sentido, así lo he escrito infinidad de veces en mi blog www.unavidafeliz.com, que han visto más de 2.850.000,00 cibernautas en 90 países, según lo indicó WordPress, que es la administradora de esta página, habiendo recibido miles de comentarios positivos de personas que han amado; han dejado de amar; vuelto a amar, y algunas, varias veces, hasta lograr encontrar esa persona especial que llenó sus expectativas sentimentales. En estos casos, bajo ninguna circunstancia esa persona odió a quien dejó de amarlo, trató de hacerle o hacerse daño, sino que entendió el derecho que ambos tenían de buscar y encontrar un nuevo amor.

Yo he escrito libros, poemas, y en mi juventud di conferencias sobre el tema, por lo cual me considero calificado para sugerir a los compositores, escritores, poetas y/o conferencistas,  que lejos de argumentar una tragedia porque alguien deja de amar a otro, le recuerden a sus lectores que, en el camino de la vida de cada ser humano, de allá para acá, siempre viene una o varias personas buscando, precisamente,  alguien como uno que, por decir lo menos, le haga compañía en el intento de entablar una relación que pueda progresar sentimentalmente. Quizás porque creo en las vibraciones e influencias que generamos los seres  humanos,  nunca he creído que sea llorando, quejándose o lamentándose, como se pueda conquistar un nuevo amor; precisamente, porque quien anda en busca de un amor, presume encontrar alegría, optimismo, atención positiva y… felicidad.

Todo lo que aquí he escrito tiene un solo fin, que es demostrar que la única justificación para permanecer juntos dos personas que hacen pareja, lo es el amor: ese sentimiento mágico, que es capaz de mejorarnos, hacernos más sensibles, disminuir nuestro egoísmo; y en general, hacernos diferentes a como éramos antes de enamorarnos, sobre la base de la certeza de que solo nosotros mismos somos responsables de nuestra felicidad. Pero nunca por lástima, compasión o para evitar que otra persona no sea feliz. Creo que la felicidad, como todos los beneficios que un ser humano logra, requieren de su esfuerzo y diligencia, donde se ponga lo mejor de nosotros para alcanzar la meta. De la misma forma, creo que el amor como cualquier relación importante, requiere de la sincera comunicación, clara comprensión y permanente intención de aceptar a las personas como son: con sus virtudes y defectos, siempre con la intención progresiva de ayudarle y ayudarnos a mejorar integralmente, en beneficio de la relación.

Finalmente, les cuento que tengo más de 50 años de feliz matrimonio y que, gracias a que he tenido las actitudes que aquí sugiero, las cuales han sido compartidos por mi maravillosa esposa, diez años menor que yo,  hoy disfrutamos de nuestro amor, con la misma ternura, comprensión y atención, que cuando iniciamos nuestra relación; precisamente porque no es la edad, ni la capacidad económica, ni ningún otro prejuicio social, lo que hace la solidez de la relación de pareja, sino la capacidad para aplicar el profundo respeto y reconocimiento por la persona humana, que se requiere en el matrimonio.

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