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DISFRUTAR DE LA VIDA

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¿Qué y cómo es nuestra vida? Muy sencillo, simplemente un maravilloso recorrer un camino, cual aunque se considera largo realmente es muy corto;   donde de un lado tiene espinos, barrancos y senderos peligrosos, pero en el otro hay flores, bellas mariposas, tiernos pajarillos, sabrosas frutas y diferentes alimentos para satisfacer nuestro apetito; con la milagrosa ventaja de que, en todos los casos,  esos espinos pueden ser útiles, inútiles o nosotros podemos convertirlos en lo que seamos capaces de imaginar y…  realizar, lo que pone en nuestras manos, la calidad de la vida que obtengamos.

Es que la vida nos fue dada y diseñada por El Creador, de tal forma que fuimos especialmente dotados de elementos como los sentidos y la inteligencia, para que fuésemos nosotros mismos y no nadie o nada  externo,  lo que diese calor, sabor y contenido a esta existencia; ya que esencialmente, fuimos diseñados con la intención de que, independiente de cualquier situación, irremediablemente  fuésemos…  felices. Por lo cual, si nos abstraemos de lo negativo y consideramos las muchas virtudes y facultades  que como humanos disponemos, sin duda alguna, desde que somos niños, pasando por la adultez, la vejez y hasta el día que regresamos a nuestro hogar original, todo lo que nos sucede podemos ponerlo a favor del disfrutar  de la mejor manera, nuestra vida.

 Ejemplarizando desde el punto de vista físico, el día tiene veinticuatro horas de las cuales, en promedio, ocho dormimos, ocho trabajamos y ocho dedicamos a diferentes actividades sociales, esparcimiento o descanso adicional. Pues bien, en un  mundo donde millones de personas no tienen empleo ni actividad conocida, tener en qué  y cómo ocupar esas horas trabajando es simplemente un privilegio,  y por tanto un evento para disfrutarlo. Las ocho horas que dormimos, no sólo nos permiten descansar, recuperar las fuerzas gastadas en el trabajo, soñar y disfrutar de la compañía de la persona amada sin interrupciones de ningún género, y por tanto también es otra forma de lograr nuestra plenitud. Las restantes ocho horas que dedicamos a la distracción, el entretenimiento, el deporte, la socialización y/o descansar un poco más, no cabe duda que son también un disfrute.

Respecto del trabajo, independientemente de que para ser más eficientes, deberíamos realizar la actividad que más nos apeteciere, no deberíamos olvidar la enseñanza de Don Luís de Unamuno cuando expresó; “Lo importante no es hacer lo que a uno le gusta, sino gustar de lo que uno hace.” Esto es que, si atesoramos esta sentencia, siempre el trabajo será un placer. Al menos en mi caso, desde los nueve años en Caicara del Orinoco,  ayudando a una amiga de mi mamá a hacer tabletas de coco; posteriormente como Contador, Empresario, Abogado, Conferencista Gratuito para Sociedades y ONG sin fines de Lucro, Escritor y Bloguero; pasando por unos años cuando joven en Caracas, limpiando pisos  fuera de mis horas de trabajo para costear mis estudios en la Universidad Católica Andrés Bello, siempre he sido muy feliz trabajando.

Con relación a las horas para  la diversión y entretenimiento, por mis condiciones económicas y familiares, en su oportunidad no pude dedicarme a los  deportes, pero sí me convertí en un “come-libros“;  en buenas horas de mi tiempo libre y algunas horas cuando debería estar durmiendo, las dedicaba a la lectura que me apasionaba, lo que además de su disfrute,  luego me ayudó mucho en mis actividades académicas, como escritor y bloguero; igualmente socialicé muchísimo tanto en mis estudios de primaria y secundaria, así como en las Universidades donde estudié mi carrera e  hice mis postgrados.

Con referencia a las supuestas ocho horas, que como mínimo deberíamos dedicar  a dormir, quizás por mi naturaleza temperamental hasta cierto punto impaciente, creo que después de que tengo quince años, jamás lo  he logrado. Pero, las horas que duermo, pocas o menos, siempre las he disfrutado increíblemente; especialmente desde  hace más de cuarenta y ocho años que duermo con mi compañera de viaje largo, mi amada Nancy. Creo que a favor de mi satisfactorio sueño, juega el hecho de que como nunca he hecho daño a nadie,  sino que por el contrario he hecho todo lo posible por ser útil a mis semejantes sean cercanos o desconocidos; así como la labor de voluntariado que he realizado por años como conferencista y asesor familiar y de parejas, todo esto me da  una gran tranquilidad espiritual, que a mi manera de ver la vida es fundamental para dormir plácida y profundamente, como yo lo experimento.

En general, pienso que en este camino de la vida, todo lo que nos sucede o experimentamos, nos abre una oportunidad para disfrutar; siempre y cuando entendamos que en todo hay una parte aleatoria, que nosotros no podemos ni manejar ni prever, pero sí acondicionarla a nuestro interés o al beneficio colectivo. Es por lo cual, cualquier tropiezo, traspiés o caída, cual en un momento pareciera ser negativa, con nuestra inteligencia, diligencia, confianza en Dios y en nosotros mismos, podemos convertirla en una enseñanza o experiencia positiva, para en adelante beneficiarnos de ese conocimiento. Siento asimismo, que la mayor bendición de un ser humano, independiente de la condición en que se encuentre, es esa vida que nosotros nos procuramos, ya que como alguien lo escribiera alguna vez: “Aun en la condición más lamentable, es la vida del hombre siempre amable.”

Finalmente, como quiera que no dudo que nuestra existencia no solamente es física, sino que estamos dotados de un alma y un espíritu que nos hace trascender más allá de este mundo físico, detectable por nuestros cinco sentidos conocidos; es por lo cual las cosas más relevantes para nuestra felicidad como el amor,  el respeto, la solidaridad, los valores, las virtudes y los sentimientos, no son ubicables físicamente, precisamente porque son espirituales. Es por lo cual, de nada sirve una hermosa y mullida cama si no hay sueño; tampoco sirve de mucho un buen café o cena en el hotel más lujoso del  mundo, si lo experimentamos solos; de la misma manera, ninguna riqueza o poder, por grandes que fueren, pueden darnos un minuto de vida o un gramo de felicidad; y como consecuencia de lo expuesto en este párrafo, aseguro que la vida nos es dada para disfrutarla, pero su volumen o calidad de disfrute, va a depender del color que nosotros sepamos darle a cada evento o circunstancia que nos acontezca.

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¿ LLEGA O SE ENCUENTRA LA FELICIDAD ?

JOVEN PAREJA FELIZ

Sobre la pregunta del título, tanto a nivel positivo como negativo, se ha escrito mucho. Yo mismo escribí hace trece años, sobre temas de la vida real y  a nivel positivo, un libro de trescientas cincuenta páginas, el cual por cierto está disponible y puede bajarse en forma digital y  completamente gratis en este mismo Blog, al final de cada post. Pues bien, luego de más de veinte años como Asesor Familiar y de Parejas, donde platiqué de forma continua con muchos  padres que tenían problemas con sus hijos; personas que conformaban uniones conyugales,  solteros y divorciados; así como que viajé por más de 14 países, siempre observando cuidadosamente el comportamiento humano,  puedo decir con toda certeza que LA FELICIDAD NO LLEGA, SINO QUE DEBE CREARSE.  Cuando alguien comenta que “Tal o cual persona encontró la felicidad.”, lo que realmente encierra esta oración  es que esa persona que es feliz,  buscó y encontró dentro de sí mismo, qué o cómo es que se siente feliz.

Desde el mismo momento cuando respiramos por primera vez, nuestra vida se concentra en sobrevivir, pero luego al tener plena conciencia, entendemos que esa primera etapa de nuestra vida debe ser superada por nuestra  razón e inteligencia, para lograr algo superior como es: VIVIR, en su sentido integral, lo cual significa VIVIR INTENSA Y PLENAMENTE, circunstancia que no podremos realizar si no se conquista la más cara ambición  humana: LA FELICIDAD. Es que la felicidad, como quiera que se refiere a un sentimiento interior, por lo cual no se puede inferir a simple vista si una persona es feliz o no, no llega ni se encuentra a la vera del camino de nuestra vida, sino que, se requiere invariablemente  que nosotros mismos la provoquemos, precisamente haciendo de cada paso del sendero de la vida un acto feliz, sin esperar o ambicionar que la felicidad  llegará o la encontraremos al final del camino.

Puesto  que una  de las características de la felicidad es que como la infelicidad no es permanente y sin intervalos en nuestra vida, aunque fuere de segundos, no tenemos otra opción que aceptar que la felicidad no es más que la suma de muchos momentos felices, cuales sin duda es a nosotros y no a nadie fuera de nuestro ser interno, a quien le corresponde determinar su estatus, integridad y duración.  Siempre lo he manifestado, escrito y practicado, que soy yo quien le da color a los actos y circunstancias de mi vida, por lo cual soy yo y nadie más, el responsable de mi felicidad. Ejemplarizando: si siguiendo la guía que nos dejara Jesús de Nazaret, si somos capaces de olvidar el ayer; no preocuparnos sino ocuparnos del mañana; perdonar a quienes nos hagan o intenten hacernos daño, amando a nuestros semejantes y especialmente a nuestro entorno íntimo, siento que tengo más probabilidades de ser feliz que quien no asiente su vida sobre estos principios.

En mi caso, considerando que nuestra vida es elemental,  y en mucho por mi formación familiar, esos antes citados valores han sido una constante de mi vida desde niño, por lo cual  siempre he sido, soy y seré feliz hasta el último de mis días; precisamente porque he creado mi propia felicidad amando a la gente, aceptándolos como son, respetando su individualidad, solidarizándome con sus problemas –que normalmente no son más que asuntos por resolver–  y siempre seguro de que, salvo raras excepciones, existe una gran posibilidad de recibir de los demás, sino lo mismo,  por lo menos algo parecido a lo que yo les doy. Por eso no entiendo los hijos que se pelean por siempre con sus padres u otros familiares, no obstante el  vínculo sagrado de la consanguinidad; ni  las parejas que luego de amarse y entregarse en cuerpo y espíritu, no son capaces de perdonarse alguna ofensa o agravio,  y destruyen lo que les costó tanto amor, esfuerzo, dedicación y tiempo construir; o los amigos que, al crear ese sentimiento tan especial -que a veces supera la calidez de la familiaridad consanguínea- lo desmejoran o destruyen por imponer su criterio, por situaciones fútiles, superficiales y superables, pero que no son capaces de afrontar con la autoevaluación sincera de su actitud y respeto por la persona humana.

La vida me  ha enseñado que algo fundamental para entender a los demás, y que por cierto no es difícil, es ponerse en su situación en determinadas circunstancias que muy bien pudieran ser las nuestras. En tal sentido, como mis congéneres son tan humanos como yo, estoy obligado a pensar cual hubiese sido mi actitud en su caso y como consecuencia tratar de sobrellevar la situación que se presente; si lo hago, seguramente podré entender mejor sus actuaciones y posiciones frente a esa cotidianidad, que nos envuelve como grupos y/o sociedad organizada, cuyo resultado es precisamente, la convivencia en armonía y paz, para abonar a nuestra felicidad personal. Casi a medio Siglo de matrimonio feliz, una bella y numerosa familia en la misma situación; muchos y muy queridos amigos, tanto en persona como cibernéticos, no dudo en recomendar a mis lectores que no esperen que la felicidad les llegue del cielo o la encuentren mediante la riqueza, la belleza, el poder o la fama, sino que deben procurarla mediante actos de amor, comprensión, respeto, solidaridad, sensibilidad y buena comunicación; siempre diciendo la verdad y sin guardar las situaciones de diferencias con nuestro entorno, sino manifestando lo que sentimos a tiempo de que se pueda instrumentar alguna solución, porque cuando se guardan o esconden los sentimientos, éstos buenos o malos, crecen hasta convertirse en obsesiones o situaciones que pueden llegar a ser hasta… patológicas y eso, precisamente, es fuente de infelicidad.

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EL AMOR Y LA VIDA

 

Releyendo un escrito que me hizo llegar una buena amiga y brillante abogada colaboradora nuestra, sobre un  empresario millonario chileno fallecido en 2011, el señor Felipe Cubillos,  quien le dio por el altruismo y filosofar sobre diferentes aspectos de nuestra vida integral, teniendo o no fortuna. Me llamó la atención uno de sus textos sobre el amor, cuando expresó: “Acerca del AMOR, da las gracias al universo, él te despierta cada mañana con un beso y una sonrisa. No pidas nada más y haz como las abejas y las mariposas, ellas no buscan la flor más linda del jardín, sino aquella que tiene el mayor contenido.”

Pienso que, como lo comentara este buen hombre, el AMOR es el mayor de los bienes que nos regala Dios a los seres humanos, tanto que la vida sin él, realmente no tendría sentido. Asimismo, creo que deberíamos meditar sobre su concepto de que las abejas y las mariposas…”ellas no buscan la flor más linda del jardín, sino aquella que tiene el mayor contenido.”  No significa esto que no sea importante la presencia de la persona amada, porque al fin y al cabo es la atracción inicial lo que nos induce a contactar a ese ser que escogemos para ser una persona especial en nuestra vida, en todos los sentidos. Pero, luego de más de 47 años de matrimonio feliz, se y no tengo duda que  es el contenido de nuestro par, vale decir: su espiritualidad, su consecuencia, su consideración, su sincera comunicación y su lealtad, los factores que le dan sentido de felicidad y permanencia a la pareja, porque la sensualidad y la sexualidad se van desarrollando en la medida que nos vamos conociendo íntimamente, hasta que como lo dijera un escritor francés, en vez de unirnos “nos confundimos el uno en el otro”.

Asimismo creo que la cosa económica no es fundamental cuando logramos encontrar alguien que hace pareja con nosotros, con sentido de equipo, que es como decir; en la relación que conformamos como pareja y/o familia, ganamos o perdemos como equipo y no individualmente, porque tanto los éxitos como los inconvenientes son producto de la actitud de dos y no de uno. Estoy seguro asimismo que, cuando la sinceridad se arraiga en ambas personas, surge el elemento fundamental que mantiene la relación: LA ARMONIA, que es el producto de decir en el mismo momento lo que se siente, y no esperar a que la mente, con sus casi normales presentimientos,  haga las cosas más problemáticas de lo que realmente son.

Finalmente, me corresponde aconsejar a quienes me leen permanentemente, que como dijera Cubillos, aunque la presencia es importante, lo fundamental para la felicidad y la permanencia de una pareja, es el contenido espiritual y moral de nuestro par, que al ser una persona especial para nosotros –en todos los sentidos- con toda razón y derecho, espera igual de nosotros.

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¿DONDE ESTA DIOS?

 

Pregunta innecesariamente repetida por muchas personas… muchas veces. En mi humilde concepto, luego de  haber vivido más de 76 años, en múltiples y diferentes situaciones de tiempo y espacio; con altibajos, pero siempre muy feliz, no me cabe ninguna duda que Dios está en todas partes, desde la tempestad más fuerte hasta en el vuelo de la mariposa o la gota de rocío sobre la rosa. En verdad, lo cierto es que Dios estará donde creas que esté. Es que todos nosotros somos una parte de esa maravillosa y universal energía que se llama Dios, Elí, Alá o como se te ocurra llamarle. Es esa energía especial y universal por la cual vinimos a este mundo y viviremos  hoy, mañana y…siempre por los Siglos de los Siglos; porque somos físico-espirituales, y como consecuencia, al mismo tiempo que existimos físicamente lo hacemos espiritualmente, y es esa característica de espiritualidad la que nos permitirá vivir, con nuestra alma, eternamente, en alguna de esas dimensiones que Jesús invocaba cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas  hay…”

He pasado por muchos peligros, unas cuantas enfermedades y accidentes, pero aquí sigo como un roble, porque nunca he dudado de que mi Papá Celestial me cuida; por eso,  cuando nadie daba medio por mi vida, yo no temía quedarme porque sentía que El estaba conmigo y, como era cierto, aquí estoy y seguiré hasta el día que, habiendo crecido espiritualmente cuanto requiero,  El quiera que regrese a su regazo o al destino temporal o definitivo que tenga para mí. En tal sentido y conforme a lo narrado…¿Cómo podría dudar de su existencia o su presencia si siempre lo he sentido conmigo?

Quiero sugerir a quienes tengan duda sobre donde está Dios, que se miren en el espejo, pronuncien o escuchen la palabra amor, observen un árbol, escuchen la sonrisa de un niño, la voz de Andrea Bocelli, caer la lluvia, correr los ríos y quebradas o el ruido de un trueno y no tendrán duda que en todos y cada uno de esos fenómenos está presente: Dios. Asimismo, cuando alguien te pida que le muestres donde le amas o te diga que  grafiques la verdad, adivines porqué surge una lágrima, sentirás que hay algo más de lo que puedes explicar con tus palabras, porque esa es la obra de Dios.

Ejemplarizando con la situación de nuestra amada Venezuela, donde de una u otra manera la situación actual es tan difícil, que se hace propicio sentir temor, sin embargo, independiente de comentarios negativos y asechanzas, quienes sabemos que somos un pedacito de Dios, NO TENEMOS TEMOR. El miedo, como alguien lo definiera alguna vez, es la sensación de no saber que puede suceder; pero quienes creemos en la bondad de Dios, porque  sabemos El representa el amor que nunca nos niega, estamos curados frente a ese gran mal.

Para quienes como yo hemos vivido más de la mitad de nuestra posible vida física en esta tierra bendita de Dios que es  nuestra  increíble Venezuela, sabemos que la patria no desaparecerá, que de una u otra manera, nosotros, todos los venezolanos, como lo que somos, como hermanos, nos repensaremos, reencontraremos y en conjunto arreglaremos los entuertos, en los que, en menor o mayor entidad hemos sido partícipes y que han traído como consecuencia los problemas que hoy nos aquejan. Los venezolanos preocupados por el país, que somos la mayoría, sabemos que nadie va a venir de afuera a arreglar nuestros problemas, sino que seremos nosotros mismos, ocupándonos más que preocupándonos de los mismos como encontraremos una solución que se acomode a esa cara ambición que tenemos de la paz, tranquilidad, progreso, justicia social y hermandad que merecemos vivir.

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LA EDAD Y LA VIDA

 

Releyendo en alguna parte, encontré una anécdota sobre Galileo Galilei, cuando ya teniendo su barba blanca, unos amigos le  preguntaron ¿Cuántos años tienes? Y él les respondió ocho o diez años. Por tal respuesta le replicaron asombrados: ¿Cómo es eso? Y Galileo les replicó.  “…los años que tengo son los años que me quedan por vivir, porque los ya vividos ya no los tengo, como no tengo las monedas que se han gastado, todos ya se fueron.” Meditando sobre esta respuesta, tengo que llegar a la conclusión que ciertamente, los años que tenemos son los que nos quedan que vivir  y no los que ya hemos vivido, porque los vividos son como el agua que pasó bajo los puentes: pasó y no volverá, así como los años pasados no volverán y nada puede hacerse sobre ellos.

Entonces los años que son míos, como lo dijera Galileo, son los que me faltan por vivir, y por tanto, son esos años que me quedan los que deben ocuparme; vale decir, que voy a hacer con ellos y en ellos, pero como no sé cuantos serán, en realidad tengo que referirme, o mejor dicho,  a los días, horas, minutos y… segundos. Me corresponde pensar que voy a hacer en ellos y con ellos; sin duda alguna para procurar  mi mayor felicidad, la de mi entorno íntimo, y en general como cristiano, en mis semejantes.

De tal manera debo amar intensamente cada minuto y disfrutar con fruición las múltiples bendiciones que Dios puso para mí sobre esta tierra. Como siempre he sido un enamorado de la vida, ahora más que nunca, sobre la base de la citada reflexión me corresponde ser más amoroso con las personas que amo y manifestarle en cada ocasión posible ese amor que tengo por ellas. Asimismo, me corresponde dar lo mejor de mí en todo lo que hago, que es como decir que debo hacer todo con más pasión que nunca, sintiendo el placer de ser  útil y solidario con las personas; recordar a cada momento que el tiempo se agota y no puedo desperdiciarlo, sino… vivirlo. Ahora tengo que pensar que todo pasará, como han pasado mis años vividos; por tanto me corresponde disfrutar haciendo las cosas con amor y viviendo cada momento con emoción especial; debo aceptar que lo único que quedará de mí será el amor y los buenos actos que de mi recuerden las personas y, especialmente, mis seres queridos.

Venturosamente, como soy escritor, ahora más que nunca me corresponde escribir sobre lo bello de la vida, que he vivido y lo maravillosa que puede ser la existencia para cualquier persona que comprendiendo lo limitado de su vida,  entienda que solo amando, manifestando el amor y   haciendo el bien en cada momento, podemos sentirnos realizados física y espiritualmente. Esto conlleva aceptar la diversidad humana, respetar la individualidad, introspeccionar la obligación que tenemos quienes tenemos acceso y utilizamos los diferentes medios de comunicación, como personas felices, de procurar que los demás entienden que es posible serlo, porque depende de nosotros y de nadie más.

En el mismo sentido, nos corresponde pensar que algo que pareciera elemental para nosotros, pudiera ser que para otros pareciera muy complicado; por ejemplo, aquellos que dicen como su aporte a algún problema que sufren: “…estoy preocupado por tal o cual asunto…”, sin considerar que su preocupación, realmente, nada positivo aporta a la solución del problema, sino que, por el contrario, estar preocupado afecta su mente y su capacidad de resolver algo. Por lo cual no sirve de nada estar preocupado, sino que en vez de tal, debemos no preocuparnos sino ocuparnos de cómo solucionarlo; pero sin preocupación, sino actuando con diligencia, confianza, positividad y fe: con la mente despejada,   lo cual no es fácil si nos encontramos preocupados.

Igualmente, el odio, el rencor,  los malos deseos, las maldiciones, no hacen daño a quien se le profesan, sino que nos ensucia el alma, retarda nuestro crecimiento espiritual y entorpece recuperarnos de cualquier   mala acción que nos haya producido  alguien. En cambio, el amor, el perdón, la bendiciones, la caridad y poner las malas situaciones que no podemos resolver en las manos de Dios, nos ayudan a recuperarnos  física y espiritualmente de cualquier inconveniente que alguien nos produzca. Pero lamentablemente, pocas personas pueden procesar esta realidad que para  nosotros es obvia.

Por todo eso, estamos obligados a insistir hablando y escribiendo sobre estas verdades, que parecieran elementales, pero que   muchas veces  hacen la diferencia entre la gente triunfadora y feliz, y aquellos que se consideran perdedores e infelices por no lograr algunas de sus metas, sueños o ambiciones.

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SEXO DE PAREJA EFECTIVO

pareja sensual

Atendiendo a la solicitud de una lectora que vive en pareja, vuelvo a tocar el tema del sexo en pareja, cual siempre me ha parecido fundamental en una relación íntima con intención de permanencia. Así tenemos que, quienes hemos vivido largos años en pareja sabemos que es cierto que los problemas pueden iniciarse en cualquier parte o cualquier hora, dentro o fuera del hogar, pero finalmente terminan arreglándose en la alcoba. Por tanto, los problemas en la pareja que no se arreglen en el lecho, difícilmente tendrán solución.

Es que, si bien es cierto que no es el sexo lo único que incide de forma importante en esta relación, sí que es un factor decisivo. Lo que sucede es que la sexualidad tiene que ver con la parte más íntima de sus integrantes; con sus más caros y respetables sentimientos como lo son el amor, el ego, el orgullo, la lealtad, la solidaridad, la aceptación, la comprensión y el respeto; cuales a su vez son afectados por otros menos caros pero no menos respetables, que incidirán en mayor o menor grado en la relación sexual, como lo son por nombrar algunos: la emoción, la fantasía, la creatividad y el talante de los integrantes.

En mi concepto, de estos últimos el más importante es la creatividad porque permite proponer el ambiente mágico, incorporando emoción y fantasía a ese incomparable por reconfortante evento que con toda propiedad denominamos: HACER EL AMOR.

Independientemente de la parte física de los órganos sexuales, este natural pero especialísimo acto en el mundo civilizado, para lograr su máximo nivel de satisfacción, requiere de la magia, del idilio y de la ternura; elementos éstos que desde el inicio de la relación de pareja, serán el escudo frente a su peor enemigo: la rutina.

El acto sexual de la pareja para que sea satisfactorio y perdurable en sus más nobles efectos, requiere de otros elementos externos a los cuerpos que intervendrán y los cuales aunque no constituyen su núcleo, si van a definir en mucho el nivel de la satisfacción que se experimente, como por citar uno de los más importantes lo sería la ternura. A este respecto Kostas Axelo escribió:”La pareja no se apoya sobre la permanencia del amor y de la sexualidad, sino sobre la permanencia de la ternura.”

Hacer el amor con la persona amada requiere de esos elementos externos al cuerpo, que son los que  le inyectan ese porcentaje de magia que lo hace especialmente agradable y deseado de ser repetido; los cuales pudieran hacer la diferencia entre un acto emocionante y uno aburrido, o escasamente… soportable, como lamentablemente son abundantes en las parejas que no son creativas.

En este acto tan íntimo, en primer lugar influye el ambiente personal, que básicamente estará influido por el comportamiento previo al acto sexual por parte de los integrantes. De tal manera, en parejas física y mentalmente sanas será muy difícil una buena materialización del acto sexual, si uno de ellos con anterioridad inmediata ha sido descortés, violento, grosero o desconsiderado; porque en tal caso no será fácil desterrar el dolor del alma de los actuantes, o de alguno de ellos  que hubiere sido agredido u ofendido, únicamente porque el otro requiera los favores sexuales.

En el caso contrario, cuando antes del acto sexual ha reinado en el ambiente la cordialidad, la consideración, el respeto y el buen humor, los augurios para el acto sexual a realizarse serán realmente prometedores. No solamente por la parte espiritual, sino porque desde el punto de vista de la fisiología del cuerpo, tal ambiente propicia la secreción de hormonas que propician y/o hacen más satisfactorio el acto, como las feromonas y las endorfinas.

En segundo lugar incidirá el escenario físico en el cual se consumará el acto, como la disposición de la  habitación, la lencería, la ropa interior, perfumes y cremas, y cualquier otro elemento adicional que la creatividad mutua adicione al escenario escogido para realizarlo.

En tercer lugar y aunque pareciera obvio, se requiere la real conciencia de que se trata de un acto con una carga emocional especial y esencial e indispensablemente de dos. De tal manera que lo ideal es que el acto cubra las expectativas de ambos. Si bien es cierto que no es impropia alguna modalidad para materializar el acto más deseada por uno que por otro,  para que cumpla su función integradora de los dos cuerpos,  debería ser del agrado de ambos.

Es que la concepción del acto sexual lo es el más sublime, de darlo todo sin ninguna reserva. De tal forma que aquel que ofrenda su cuerpo para dar su amor de esa forma, debería recibirlo de la misma manera: en su máxima expresión, sin reservas, tabúes o limitaciones.

Opino que no obstante que en el acto sexual de dos personas que se aman, el mejor interés lo es el prodigar la mayor cantidad y calidad de goce al amado, lo ideal sería que cada sujeto lo recibiera de la misma manera.    Para tal fin, mediante una buena comunicación los integrantes aprenderán a conocerse en sus sentimientos y también en sus cuerpos.

Por eso, desde el primer encuentro íntimo  deberán dedicar todo su ingenio, inteligencia, delicadeza, agudeza y paciencia, a descubrir las reacciones físicas del otro, así como sus apetencias, rechazos, limitaciones y emociones. Profundizando en lo posible en el alma de su pareja para descubrir sus gustos, deseos, temores, perturbaciones, aversiones o rechazos si los hubiere, con respecto a ese complejo pero maravilloso mundo del sexo.

El buen amante deberá, así como supo escudriñar el alma y los sentimientos de su pareja, haciendo gala de su mayor tacto y ternura, descubrir su cuerpo… todo su cuerpo, hasta encontrar las áreas más sensibles al tacto, a los sonidos, a las palabras, a los olores; lo cual le permitirá descubrir sus zonas de aceptación o erógenas, así como aquellas que le producen rechazo o desagrado. Este conocimiento será fundamental para una relación sexual satisfactoria.

No es de extrañar que un sonido, un olor, una palabra fuera de tiempo o cualquier actuación inoportuna o desagradable, produzca rechazo en uno de los integrantes y de esta manera se rompa la magia de un momento que auguraba ser especialmente agradable. Una manera de materializar además de nuestro amor  y respeto por nuestra pareja, es precisamente mediante el conocimiento de estos factores de su personalidad.

Si bien es cierto que en el acto sexual de la pareja no deben permitirse más límites que aquellos que voluntaria y de forma espontánea ambos se impongan, no es menos cierto que no hay nada más irrespetuoso e indeseable en la relación íntima, que  una actuación de presión o solicitud inconveniente a la forma de ser del otro; porque independiente de la magnitud del deseo, es fundamental el tacto para determinar la disposición de la contraparte para realizar el acto, cual es la única manera de que además de darse el momento de satisfacción inigualable, perdure el deseo de… repetirlo.

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EL VALOR DE LA VIDA

la vida III

Creo, sinceramente, que la vida es invalorable;  ya que, mientras la poseemos tenemos esperanza, que  no es otra cosa que la expectativa de continuar… viviendo. Porque vivir, en cualquier instancia es,  simplemente, fenomenal. Basta con mirar, oír o disponer de alguno de nuestros sentidos, para disfrutar la belleza de la vida. Incluso aquellos que están inválidos y no pueden mover ninguno de sus miembros, sólo percibir de alguna forma un ser amado, le reconforta y aumenta su deseo de vivir: siempre con la esperanza de recuperarse. Si lo expresado es así, como sin duda puedo asegurarlo porque he vivido las situaciones, quizás  más difíciles y cercanas a la muerte -sin que haya decaído mi esperanza de continuar viviendo- estoy obligado a compartir con mis hermanos humanos, la necesidad de no desperdiciar la insustituible experiencia de vivir, que malgastamos cuando nos disgustamos, nos peleamos o nos sentimos tristes porque algo no sale como lo deseamos; no recibimos el trato que esperamos de otras personas; no tenemos todos los bienes, riquezas, fama o poder que creemos merecer.

Ciertamente, cuando comparamos nuestra expectativa de vida con la edad del mundo, notamos que es tan corta pero tan corta, que perder un segundo preocupándonos por algo –teniendo o no solución- en vez de ocuparnos en disfrutar tantas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro deleite,  es… inexcusable. Si percibimos los tropiezos o fracasos como enseñanzas; el dolor como maestro;  el desprecio o desamor hacia nosotros, como catalizador de nuestra capacidad de blindaje espiritual; la carencia de bienes materiales, conocimiento, cultura o fortuna, como un reto para lograrlos; los sueños como metas a alcanzar; la soledad como medio para apreciar la compañía;  y la tristeza como calibrador de la bondad de la alegría, seguramente entenderíamos mejor el privilegio de vivir. Es que, todas esas circunstancias que, tomadas a la ligera parecieran negativas, son precisamente, las que nos hacen valorar las situaciones antagónicas, que más allá de lo inmediato, nos permiten adquirir aunque fuere un poco de… sabiduría, sin la cual jamás podríamos apreciar lo maravilloso de vivir, que es como decir: experimentar la felicidad.

Honestamente, vale la pena reflexionar al respecto; porque la vida es corta y elemental, pero llena de oportunidades para la plenitud física y espiritual que podemos regalarnos, porque depende de nuestra actitud –positiva o negativa- frente a los eventos de la vida diaria.

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