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Archive for the ‘SALUD MENTAL’ Category

EL CORRER DE LOS AÑOS

feliz cumpleaños amigoCon mis setenta y siete  años encima, como típica persona, no de tercera edad sino de juventud prolongada,  absolutamente convencido de mi condición vivencial físico-espiritual, debo comentar que, a mi manera de ver el asunto de la edad como una circunstancia personal, debo comentar que considero que tiene dos efectos inmediatos sobre los cuales toda persona racional debe meditar amplia y sinceramente. Me refiero en primer lugar al aspecto físico, esto es,  cómo afecta a nuestro cuerpo en la mayoría de nuestra integralidad corporal. Sin duda que al envejecer igual que todo ser viviente, tanto del reino animal como del vegetal, la tendencia es ir perdiendo capacidad física y sufrir efectos degenerativos, hasta llegar al final cuando morimos y nuestro cuerpo cumple su destino bíblico: “Polvo eres y en polvo te convertirás.”; lo cual por cierto es indefectible y por tanto no debería  infundir temor a nadie, precisamente porque no hay como evitarlo.  En segundo lugar, nuestra condición racional que conlleva nuestro convencimiento de nuestra espiritualidad, nos permite conocer que al morir, simplemente nuestro espíritu vuelve a esa dimensión de donde vino cuando nacimos, como nos lo anticipara Jesús de Nazaret cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”, dejándonos de tal manera el mensaje de que en verdad somos eternos por lo cual este paso por la vida es sólo una de las muchas etapas de nuestro crecimiento espiritual,  lo cual debería hacer aún menor el temor a la muerte, porque lo que desaparece de la faz de la tierra es nuestra parte física pero nuestra alma continúa su proceso de crecimiento espiritual y eso es más bien beneficioso.

En mi modo de ver la vida y las cosas, el transcurrir de los años es un proceso normal que no tiene por qué preocuparnos más de la cuenta, sino por el contrario, es un acicate para  disfrutar cada minuto de cada hora de cada día, bajo la premisa de  que nunca volverá a repetirse y por tanto debemos aprovecharlo al máximo.  Es que como nos sintamos en cada edad, más que con el número de años que transcurren,  tiene que ver con nuestro estado de ánimo,  porque cada edad tiene su parte bella y sus irrepetibles momentos de disfrute, plenitud, sueños  y felicidad.  Sin duda que, dada la incertidumbre de no saber que puede ser mañana de nosotros y nuestra vulnerabilidad frente a una naturaleza terriblemente implacable, tales realidades pueden influir  de forma definitiva, en quienes desoyendo los consejos de los filósofos griegos antiguos que nos enseñaron: “Si no tomas la incertidumbre como una aventura, terminará produciéndote miedo… y eso es lo peor que te puede pasar.“   terminarán temiendo al devenir del tiempo y el transcurso de los años y al ocupar su tiempo en  estas especulaciones, se perderán de disfrutar el día a día tan lleno de cosas bellas, que como antes comento, pudieran ser irrecuperables.

El transcurrir de los años, para quienes tratamos de prolongar nuestra juventud -especialmente cuidando que no muera nuestro niño interno- nos regala cosas maravillosas, y si se quiere mágicas, como el amor a nuestra pareja, el advenimiento de los hijos, los nietos, la acumulación de amigos –que son esa otra familia que escogemos voluntariamente, porque no deviene de consanguinidad alguna- y la esperanza de que mañana será mejor, porque diariamente hacemos lo único que nos es permitido para un mejor futuro: hacer las cosas bien hoy.

– ¿Quién podría decir con verdad que con el correr de los años e independiente de la edad, no es maravilloso enamorarse y disfrutar del amor de ese ser amado, su sexualidad,  su ternura, su lealtad, su solidaridad, su dedicación, atenciones  y sus cuidados?´

-¿Quién en su sano juicio no disfrutaría de las caricias de  un hijo o un nieto amorosos?

-¿Quién podría decir que no es hermoso cuando un amigo te abraza y te ratifica su amor, especialmente cuando te encuentras en dificultades?

-¿Quién desmentiría que la sonrisa de los niños, el trinar de los pájaros, el ruido de las olas del mar, el rumor del  agua en los arroyos, la forma y color de las flores, no son un espectáculo simplemente magnífico a nuestra vista, que nos embelesa, fortalece y hace amar  aún más la vida?

-¿Quién podría negar que cuando finalizamos nuestra formación académica con  éxito, independiente de cuál sea su nivel, es un momento de inmensa felicidad y orgullo?

Pues bien, ninguno de estos pocos ejemplos de los muchos que nos regala la vida, podríamos experimentarlos sino con el transcurso de los años. Es por lo cual cualquier persona en estado de agonía, daría cualquier cosa por un día, un  mes o un año más de vida, sin temor a que va a ser  más viejo. Por el contrario, los años que conllevan la vejez, conforme a tu estado de ánimo, serán una bendición o un fardo duro de llevar.  Al menos en mi caso,  no tengo duda que mi vida –no obstante haber estado muy cerca de la muerte varias veces-  ha sido realmente bella, interesante y exitosa. Dios ha permitido que realice mis sueños; quizás porque fueron sencillos, absolutamente realizables y de acuerdo a mi formación de pensamiento cristiano y  positivo.

Hoy, con casi ocho décadas de vida, físicamente no puedo hacer algunas cosas como lo hacía a los veinte, pero tengo tantos y bellos recuerdos de mi niñez, adolescencia y juventud,  que aún estoy prolongando, que ciertamente no tengo que quejarme del correr y aumento de  mis años. De alguna manera, puedo decir que han sido más los logros y satisfacciones, que los momentos duros que he encontrado y superado en el camino de mi vida. Tal vez por eso me siento bien al escribir estas reflexiones, con la esperanza de que alguno de aquellos que temen a la vejez o a la muerte, en vez de perder su tiempo en estas nimiedades, se dediquen a evaluar todo lo que realmente  han vivido y lo que tienen por vivir, con el convencimiento que son ellos y nadie más, quienes con su optimismo, fe en Dios, esperanza, trabajo, decisión  y diligencia, podrán hacer de cada uno de sus años un reto y agradable aventura, que mucho quienes ya están bajo tierra hubieran desearon experimentar. Así como que para mí el tiempo es una ficción de nuestra mente, que solo nosotros podemos poner a nuestro favor para disfrutarlo intensamente.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

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¿QUE  VIDA  QUIERES?

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Como Todo en nuestra vida, el más alto porcentaje de lo que nos acontece corresponde a nuestra elección personal; así tenemos unos vecinos que son muy alegres; otros taciturnos y con cara de amargados; un médico muy pausado; una dama muy agradable, positiva y se nota segura de sí misma; el trabajador que arregla la electricidad que tararea una canción; el plomero que saluda alegremente o la chica que limpia que nos mira con recelo. Asimismo, todos los días tropezamos con niños juguetones, alegres, circunspectos, llorones o simplemente, indiferentes; en la calle saludamos personas que responden con una sonrisa, con un muy buenos días, otros con cara de acontecidos y otros que responden con un murmullo; una anciana con su bastón en la mano que lentamente cruza la calle, pero en sus ojos se nota la alegría de haber vivido… tanto; en la acera, otra señora también de edad que ve para todos lados recelosa y con cara de susto.

Llegamos al trabajo y allí una recepcionista alegre que nos da los buenos días; en otro escritorio un hombre  joven con cara de intelectual, pero que habla como tonto; más adelante otro empleado que sobre su computador se aisla de todo y… de todos; al final, un Gerente que considera a todos los empleados su equipo e inteligentemente los trata con cariño y respeto, haciéndoles sentir que son muy importantes, independiente de cual se la labor que desarrollan, y que sin ellos la  Empresa no podría adquirir el éxito que tiene.

Cuando sales o regresas a tu casa, te despide o recibe una esposa amorosa o una madre que te abraza y dice Dios te bendiga,  o por el contrario, en ambos casos no sientes amor sino indiferencia y la tendencia seudo paranoica en cuanto a lo que te puede suceder en el día. En verdad, nuestra vida es tan elemental, que nos permite ser nosotros y nadie más quien decide que color le damos a nuestra vida. Podemos tomar cada año de edad  como un regalo de Dios,  que nos permite disfrutar más tiempo de las miles bendiciones que El puso sobre esta noble tierra para nosotros,  o como un peso sobre  nuestros hombros, que en la medida que aumenta es más difícil de llevar. Por eso es tan importante aceptar que nuestra vida  se reduce a la inter relación diaria con los demás seres humanos; porque, para bien o para mal, HOY ES LO UNICO QUE ES NUESTRO; ayer es un muerto y mañana no ha nacido, lo cual es como decir: por ayer NO PUEDO HACER NADA y por mañana lo único que puedo aportar es HACER LAS COSAS BIEN HOY.

En el mismo sentido de todo lo antes expuesto, tengo dos posibilidades: o realizo todo acto o acepto cada  hecho de mi existencia para ser feliz, haciendo de la incertidumbre un reto a vencer para lograr mis propósitos, y seguramente lo logro;  o por el contrario, me lleno de inseguridad, falta de fe,  temor, permito que baje o bajen mi autoestima, por lo cual el pronóstico es que tu vida será oscura y nunca conocerás el bello ambiente de la primavera, siendo muy doloroso ese pequeño pedacito de la vida que es lo único tuyo: EL HOY, que  transcurrirá en el borroso otoño u oscuro… invierno.

Luego de todo lo dicho, procede preguntarnos: si ciertamente somos tan diversos e individuales, pero además de diversos orígenes, género y cultura… ¿Qué define nuestra felicidad? sin vacilar, debemos responder: NUESTRO ESTADO DE ANIMO; vale decir, del color que nosotros damos a  lo que nos rodea; lo que sentimos que somos nosotros mismos,  y muy especialmente como percibimos a nuestros hermanos humanos, su forma de actuar en esa inter relación permanente que hace nuestro diario batallar por lograr  una vida mejor.  Como consecuencia, cada  uno de nosotros decide cual es la vida que desea tener: buena, mejor, peor o… infeliz.

Desventuradamente para quienes no han meditado a profundidad sobre lo escrito, no existe  ningún mecanismo, factor o medicamento conocido que supere la auto decisión. Es por lo cual, entre el que hurga la basura en busca de alimento, el que trabaja ocho o más horas para lograr su sustento familiar, el académico que dedica su vida a enseñar lo que sabe a los demás, el que ostenta el poder, la riqueza  o la fama, lo único que diferencia su éxito o fracaso lo es, indefectiblemente, su capacidad para entender que nada ni nadie puede hacer por nosotros, más de lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos; quedando entonces nuestro destino en nuestras manos, por lo cual jamás podremos justificarnos en aquello de la “mala suerte” o “falta de oportunidades”. Porque la mala suerte es la justificación a la ineptitud, displicencia, pereza, falta de diligencia y disciplina; y la falta de oportunidad no  justifica el fracaso, porque cuando la oportunidad no se presenta por sí sola, entonces nosotros, como seres humanos, estamos dotados de todas las herramientas intelectuales y físicas para crearla…  a nuestro antojo.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

 

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COMO ES LA FELICIDAD

Aunque desde hace más de trece años he venido escribiendo en este Blog sobre  LA FELICIDAD en cuanto a qué es, su esencia como hecho cultural, su temporalidad, donde vive y como se comporta en tiempos de crisis. No obstante, por solicitud de  una lectora, hoy trataré sobre CÓMO ES LA FELICIDAD. En verdad, pienso que como sentimiento humano, la felicidad tiene que ver mucho con la individualidad, que como es conocido, su concepción es diferente en cada individuo.

En una oportunidad leí un pensamiento de autor desconocido que rezaba: “La felicidad es a  veces como los lentes… los buscas, los buscas y los buscas, y resulta que los llevas puestos”  Pues bien, por experiencia propia sé y me consta que no es posible encontrar la felicidad, si no la buscas permanentemente y en cada acto de tu vida.

¿Qué sea difícil ser feliz? No lo creo. Durante más de siete décadas, desde niño hasta hoy,  he vivido diferentes situaciones de pobreza, enfermedad, soledad  y desamor; pero en todos los casos he tenido el acierto de pensar que siempre, de alguna manera, la felicidad está presente, porque es parte de cualquiera de mis situaciones. En principio, sólo mantenerme con vida, ya  es  un éxito y el éxito produce felicidad. Asimismo, cuando he estado enfermo, triste o en mala situación económica, siempre  he estado consciente que mi situación es mejor que la de muchas otras  personas y que además, como todo en la vida….TODO PASARA.

 En la mayoría de los casos de las personas que conozco que se autodenominan “infelices”, he observado que tienen tantas bendiciones como seres humanos y a su alrededor, sobre las cuales no meditan sobre sus resultados y consecuencias, que como decía Facundo Cabral, “…no están deprimidas sino distraídas…”, porque únicamente la conciencia de: poder mirar, cuando miles de personas nunca podrán ver la luz del día, la belleza del ser humano, el mar o las  montañas,  porque son CIEGAS; el poder oír, cuando tantas personas en el mundo jamás han escuchado o  escucharán la risa de los niños, las olas del mar, el canto de los pájaros… o la palabra amor, porque son SORDOS.

Pero además, más allá de muchas otras bendiciones que tenemos sobre esta tierra  que Dios nos dio como heredad, disfrutar diariamente del oxígeno, del agua, de los alimentos, los deportes, el trabajo, las  muchas distracciones y del abrazo de la persona amada, son razones suficientes para sentir la felicidad, porque la felicidad no se  mira, sino que se siente. Claro está que así como en el caso de “los lentes”, si tratamos de buscarla afuera, cuando en verdad la tenemos con y dentro de nosotros mismos, y en todo momento, pues a estas personas de pensamiento limitado,  les será muy difícil apreciar que son felices. Quizás fue por ello que Don Luís de Unamuno escribió: “Lo importante no es hacer lo que a uno le gusta, sino gustar de lo  que uno hace.”  Es que tener una familia, una labor que realizar, una misión que cumplir, amistades para compartir o cualquier actividad que efectuar, únicamente nosotros mismos estamos en capacidad de hacerlo desagradable, agradable, desgraciado o… feliz.

Finalmente, la felicidad es  una actitud personal e individual de sentirse realizado material y espiritualmente, que es como decir: materialmente, disfrutar intensamente cada momento de ese HOY, que es nuestra vida, donde todo lo necesario lo tenemos a nuestro alcance;  y espiritualmente, que la conciencia está limpia porque no se hace daño a nadie sino que, por el contrario, se trata de ser  útil a la sociedad, dentro de lo posible, lo cual nos pone en contacto con Dios. Por cierto, lo cual es dable de lograr por cualquier persona medianamente lógica, diligente y sin mucho esfuerzo.

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En una oportunidad escuché a una dama decir que “…yo perdono pero no olvido.”  Tal aseveración me hizo reflexionar sobre el hecho de que, todos los seres humanos tenemos virtudes y defectos; como consecuencia, tenemos diferentes actuaciones y reacciones frente a similares situaciones o en función del comportamiento de nuestros congéneres humanos, sin que por ello tengamos derecho a condenarlos. Pienso que quien perdona pero no olvida, realmente tiene un comportamiento personal  e individual muy suyo, que podrá darle la denominación que quiera, pero nunca llamarle perdón. Siento que quien actúa o piensa de tal manera lo que sucede es que confunde el término PERDÓN por el vocablo ACEPTACIÒN. Si alguien te hiere o hace algún daño y tú lo dejas pasar y continúas tu relación con esa persona, pero recordando el daño recibido, en verdad no la has perdonado sino que has aceptado la ofensa y decides continuar con la relación, independiente de cual ésta fuere; me imagino que con la esperanza de que la ofensa o herida no deba producirse nuevamente, pero si no lo olvidas, eso queda en tu ser interno y será muy difícil que mientras mantengas ese sentimiento negativo vivo, puedas volver a confiar en esa persona y como consecuencia ser feliz.

Por otra parte, cuando nos hieren u ofenden y no perdonamos en su verdadero sentido, esto es olvidando por siempre lo sucedido como si nunca  hubiera acontecido, pierdes la bendición del perdón, que no es para la persona perdonada sino para quien perdona, porque descarga de su alma un sentimiento negativo y doloroso. En primer lugar, nuestra conciencia de que todos los seres humanos somos imperfectos, nos lleva a aceptar que somos susceptibles, en cualquier caso,  de cometer errores, realizar desaciertos y actuar de forma inconsecuente o incorrecta frente a cualquiera de nuestros relacionados. Pero también, debemos estar contestes de que así como podemos incurrir en errores o actuaciones inconvenientes para los demás, tenemos la virtud de que podemos corregir y proponernos nunca  más actuar de la forma indeseada. De siglos atrás se ha dicho que “…errar es de humanos y corregir de sabios.”  Lo cual yo pienso que es absolutamente cierto.

En segundo lugar, no podemos negar que el fundamento de nuestra vida es Dios y Dios es amor. Pues bien, es precisamente el amor, no solo para los demás sino para con nosotros mismos, lo que nos deberá llevar a perdonar en su sentido integral: olvidando el agravio recibido. Para situarnos en una ejemplarización muy común: la relación de pareja. En el caso de que uno de los integrantes ofende, hiere o hace algún daño a su par, pero luego al reflexionar fríamente el asunto, humildemente pide perdón y promete nunca más volver a  hacerlo, surge la interesante pregunta  ¿Qué otra cosa podría hacer en pro de compensar el daño, que no fuera solicitar el perdón y prometer no volverlo a realizar? No puede esperar el o la ofendida que en vez de pedir perdón,  se suicide, corte un miembro o realice cualquier otra acción descabellada, que realmente,  no repararía el daño causado ni haría bien a nadie, sino que por el contrario, podría producir un sentimiento de culpa al ofendido.

En cada caso que toco este tema me siento obligado a recordar a Jesús de Nazaret, quien durante toda su prédica conocida habló de la importantica del perdón, cual aconsejó a sus discípulos debería realizarse tanto como “…setenta veces siete.”, sino que para probarlo, lleno de ese amor que también siempre predicó, en el momento más duro física y espiritualmente de su vida, luego de haber sido expuesto al escarnio público, negado por sus amigos, apabullado, burlado, torturado y finalmente crucificado como un delincuente, sus últimas palabras lo fueron precisamente de perdón cuando imploró a su Padre Celestial: “Padre, perdónalos porque ellos no saben lo que hacen…” y con este último acto de amor, como escribiera un poeta “…conquistó la humanidad entera.”

Finalmente, conteste de mis grandes imperfecciones, pero con mi deseo de llevar un poco de paz al alma de mis hermanos humanos, sugiero el perdón más como remedio para el alma del ofendido, que como beneficio para el perdonado, porque ese acto maravilloso de perdonar con olvido, es lo que nos hace sentirnos sin rencor, tranquilos de espíritu, reconstruir la relación violentada, y sobre todo, sobre la base de ese ejemplo extraordinario de Jesús, sentirnos merecedores de ser llamados hijos de Dios.

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LA MADUREZ ESPIRITUAL

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Como todos mis lectores conocen, desde el año 2005 he dedicado buena parte de mi tiempo a la divulgación del tema de la “felicidad”, labor que inicié ese mismo año con la publicación de mi libro “Una Vida Feliz”; continuando con otros libros,  como columnista de prensa, de algunas Revistas y mi Blog http://www.unavidafeliz.com el cual es visto por más de 2.600.000 cibernautas, por lo cual hoy, al recibir en mi computador de un amigo una anécdota sobre cuando le preguntaron  a Rumi, maestro espiritual Persa del Siglo XIII,  ¿Que es la madurez espiritual?, éste al  analizar dicha pregunta, hizo algunas precisiones muy interesantes, concluyendo con esta sentencia:  “… se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la “felicidad” a las cosas materiales…”.  Esta sencilla pero profunda admonición, luego de más de siete décadas de vida feliz,  ratifica mi convicción de que la felicidad como realización físico-espiritual del ser humano, tiene que ver más con nuestra espiritualidad, que es interna, que  con las cosas materiales que siempre son externas. Dentro de mi pequeño gran mundo personal, esa ha sido la norma de mi vida; por lo cual  hoy, independiente de las circunstancias diarias, me mantengo feliz; precisamente por no vincular  o hacer depender de ninguna manera mi felicidad de alguna cosa material, tales como la riqueza, poder o  la fama.

Estoy claro que para sobrevivir físicamente, requerimos cosas elementales como el oxígeno, el agua y los alimentos, las cuales por cierto, para quienes confiamos en Dios,  siempre están a nuestro alcance sin grandes esfuerzos.  Pero respecto de la felicidad, prevalece sin  ninguna duda el aspecto espiritual. En el devenir de mi vida he visto tantos “pobres ricos”, con mucho dinero, pero absolutamente infelices; tantos  “poderosos” odiados, impopulares, quienes al final cuando pierden el poder, terminan traicionados, solos y hasta encarcelados, bajo juicio o huyendo de la justicia; y personajes “famosos”, quienes llenos de vanidad subestiman los valores humanos más elementales, pero al final cuando la fama decae: la tristeza, la infelicidad y algunas veces… el suicidio. Del otro lado,  personas sencillas, humanistas,  que nunca antepusieron la riqueza, poder o fama, al amor, bondad, cuidado y solidaridad con sus congéneres, vivieron y muchos otros aún viven felices, precisamente porque nunca, como lo sentenciara el maestro Rumi, anexaron  la felicidad a las cosas materiales.

No es difícil determinar que los sentimientos trascendentales de nuestra existencia no son materiales, sino que prioritariamente tienen que ver con nuestra espiritualidad. Así, por ejemplo, el valor humano más importante en nuestra vida, que es el amor, jamás dependerá de algo que no sean nuestros sentimientos internos, que nada tienen que ver con las cosas externas. En el mismo  sentido y también ejemplarizando, algunas satisfacciones fisiológicas como el dormir, no dependerá de  la comodidad del lecho de que se disponga, sino de que tengamos el sueño necesario en cada ocasión. De la misma manera, la verdad, la lealtad y otros principios y valores humanos importantes, siempre serán una manifestación de nuestro ser interno, que abonando a nuestra felicidad, no tendrán que ver con ninguna cosa material.

Creo que si meditásemos más sobre el real significado de la palabra felicidad, previo considerar algunos de los pocos ejemplos antes indicados, llegaríamos a la conclusión de que no es otra cosa que nuestra realización físico-espiritual, donde la espiritualidad es lo fundamental y lo físico es absolutamente complementario. De tal modo, comprenderíamos mejor la elementalidad de nuestra existencia y llegaríamos a la conclusión de que, definitivamente, la felicidad dependerá únicamente de nuestros sentimientos internos conectados a nuestro  espíritu y nunca de las cosas materiales que nos rodean; lo cual creo que fue el mensaje que quiso dar el  maestro Rumi en su admonición aquí comentada.

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NO PREDISPOSICION A LAS ENFERMEDADES

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Si bien es cierto que -conforme se nos ha enseñado- los gérmenes así como algunos rasgos genéticos con que venimos al mundo, pudieran predisponernos para contraer algunas enfermedades, no menos cierto es que la mayoría de las personas felices, positivas, proactivas, generosas, amables, amigables y socialmente solidarias,   suelen ser menos propensas a contraer enfermedades que aquellas asustadizas, hurañas, gruñonas, estresadas, coléricas o faltas de fe; siendo que además, cuando las primeras se enferman tienen un proceso muy rápido de curación, pero en el caso contrario, las personas negativas, pesimistas y descreídas, si no perecen, quedan afectadas, al menos sicológicamente… de por vida.

 Debo confesar que, por experiencia propia he comprobado la valiosa contribución benéfica que, objetivamente,  produce en los procesosde sanación, las características de personalidad positiva, proactiva y feliz del paciente, antes indicadas.

Conozco personas de mi entorno, que viven atemorizadas por el riesgo de ser contaminadas por un insecto volador o rastrero, un virus, e inclusive, por la taza del café. Asimismo, viven angustiadas de que cualquier enfermedad ataque su colon, su estómago, vejiga o cualquier otro de sus órganos; olvidando que los humanos, como obra perfecta de Dios, tenemos un sistema especial inmunológico de defensa, cual funciona automáticamente frente a cualquier peligro a nuestra salud; claro está que tenemos que ayudarlo, lo cual no es difícil de lograr si dormimos una cantidad mínima de 7 u 8 horas, nos alimentamos sanamente ingiriendo frutas, hortalizas, vegetales como los granos, y a ser posible, carnes blancas o magras como el pescado, pavo etc., evitando el abuso en el consumo de tabaco, licor, carnes rojas; y procurándonos tranquilidad espiritual, lo cual no es difícil si no odiamos, sino que amamos; no nos vengamos sino que perdonamos; no envidamos sino que celebramos el bienestar ajeno; enaltecemos a nuestros semejantes y no los disminuimos; prestamos ayuda al necesitado sin esperar recompensa.

Sobre el mismo tema, considero importante para la salud, nuestra posición mental; vale decir, mantener un buen estado de ánimo y armonía en nuestro entorno. Si seguimos estas reglas, pero además evitamos conflictos graves familiares  e íntimos, sin duda alguna a cualquier enfermedad le será muy difícil penetrar nuestro cuerpo o mente.

 Específicamente, creo que  en mucho, algunos cánceres comienzan en la mente o en el espíritu de las personas; si se vive permanentemente atemorizado de que se puede sufrir de cáncer o se mantiene una vida conflictiva en el entorno familiar e íntimo, el resultado puede ser precisamente, el surgimiento de esa temida enfermedad, como lo demostró el Dr. Hammer en sus estudios científicos sobre el cáncer de mamas, con escaneos cerebral en más de 100 pacientes en ese tipo de cáncer, que demostraron la conexión directa entre el conflicto previo o actual y la enfermedad.

En mi caso, como sobreviviente de un cáncer muy agresivo, aprendí: primero, que el cáncer no significa ni tiene porque significar, muerte; en segundo término,  que en el proceso de sanación, el deseo de vivir, la actitud positiva, el buen estado de ánimo, el amor del entorno y la apropiada nutrición, sin ninguna duda, producen efectos tremendamente efectivos en la sanación y así estoy obligado a divulgarlo.

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A QUE TEMER

TEMOR

Aunque normalmente no acostumbro a repetir ningún Post, en este caso me lo han solicitado muchos lectores, por lo cual voy a hcerlo. Se trata de un Artículo escrito en una ocasión muy especial, cual ciertamente es apropiado al momento que vivimos: “A QUE TEMER”:

Cuando los cambios se producen a gran velocidad, la reacción frente a lo nuevo, extraño o desconocido es el temor, que progresivamente se convierte en estrés, desasosiego y crispación, incidiendo negativamente en la toma de decisiones.

La preocupación, desorientación y paroxismo, no aportan nada positivo frente a una situación problemática o adversa. Los presentimientos negativos, comentarios irreflexivos y la exageración de lo que se cree pudiera suceder, sólo producen mayor desestabilización emocional, que resta capacidad de acción efectiva. En estos casos, a lo que más debemos temer es… al temor.

Quienes no tenemos duda de la existencia de Dios –como ordenador de  todo lo que existe de manera perfecta- dotándonos de raciocinio, inteligencia y capacidad extraordinaria de adaptación a cualquier situación, sabemos que si Él está con nosotros, a nada ni nadie debemos temer.

Para quienes no tienen fe, sano sería meditar sobre que sus preocupaciones, augurios negativos y temores sobre lo que “pudiere acontecer” y el daño que “pudiere causar”, deberían ser sustituidas por el optimismo, la fe en sí mismos y en la generosidad de sus hermanos humanos;  ya que, lo único que pueden hacer por un futuro incierto e imprevisible, es confiar y  hacer las cosas bien hoy; y sobre todo con el amor, que está demostrado,  rompe todas las barreras.

El hecho de no conocer cuánto tiempo permaneceremos sobre esta tierra, nos obliga vivir intensamente este maravilloso presente, que tantas cosas bellas pone a nuestra disposición; cuales si las desaprovechamos o no disfrutamos plenamente, jamás se repetirán y las perderemos para siempre.

Debemos vivir intensamente este maravilloso mundo de las cosas sencillas pero trascendentes, como amar y manifestarlo a nuestros seres queridos; disfrutar la belleza del día y paz de las noches; la fragancia de las flores y la voz cantarina de los niños; los alimentos y el compartir con nuestro entorno. Si a esas vivencias adicionamos actividades útiles a nuestros hermanos humanos, ya no tendremos tiempo para pensar en tragedias, que quizás nunca llegarán pero que nos producen temor, sino que invertiremos nuestro intelecto en ser y hacer felices a nuestros semejantes, cual pudiera ser la razón más importante de nuestra vida terrenal, pero que entre otras cosas, nos hace felices a nosotros mismos.

No estamos solos ni a la deriva; algo Superior, independiente como le llamemos rige el universo, la naturaleza y nuestras vidas; pero también vela por nosotros.

Aunque nuestra preocupación no puede cambiar el proceso universal, sí que puede hacernos miserable una vida que nos fue dada con el compromiso de… vivir felices.

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