Feeds:
Entradas
Comentarios

 

En una oportunidad escuché a una dama decir que “…yo perdono pero no olvido.”  Tal aseveración me hizo reflexionar sobre el hecho de que, todos los seres humanos tenemos virtudes y defectos; como consecuencia, tenemos diferentes actuaciones y reacciones frente a similares situaciones o en función del comportamiento de nuestros congéneres humanos, sin que por ello tengamos derecho a condenarlos. Pienso que quien perdona pero no olvida, realmente tiene un comportamiento personal  e individual muy suyo, que podrá darle la denominación que quiera, pero nunca llamarle perdón. Siento que quien actúa o piensa de tal manera lo que sucede es que confunde el término PERDÓN por el vocablo ACEPTACIÒN. Si alguien te hiere o hace algún daño y tú lo dejas pasar y continúas tu relación con esa persona, pero recordando el daño recibido, en verdad no la has perdonado sino que has aceptado la ofensa y decides continuar con la relación, independiente de cual ésta fuere; me imagino que con la esperanza de que la ofensa o herida no deba producirse nuevamente, pero si no lo olvidas, eso queda en tu ser interno y será muy difícil que mientras mantengas ese sentimiento negativo vivo, puedas volver a confiar en esa persona y como consecuencia ser feliz.

Por otra parte, cuando nos hieren u ofenden y no perdonamos en su verdadero sentido, esto es olvidando por siempre lo sucedido como si nunca  hubiera acontecido, pierdes la bendición del perdón, que no es para la persona perdonada sino para quien perdona, porque descarga de su alma un sentimiento negativo y doloroso. En primer lugar, nuestra conciencia de que todos los seres humanos somos imperfectos, nos lleva a aceptar que somos susceptibles, en cualquier caso,  de cometer errores, realizar desaciertos y actuar de forma inconsecuente o incorrecta frente a cualquiera de nuestros relacionados. Pero también, debemos estar contestes de que así como podemos incurrir en errores o actuaciones inconvenientes para los demás, tenemos la virtud de que podemos corregir y proponernos nunca  más actuar de la forma indeseada. De siglos atrás se ha dicho que “…errar es de humanos y corregir de sabios.”  Lo cual yo pienso que es absolutamente cierto.

En segundo lugar, no podemos negar que el fundamento de nuestra vida es Dios y Dios es amor. Pues bien, es precisamente el amor, no solo para los demás sino para con nosotros mismos, lo que nos deberá llevar a perdonar en su sentido integral: olvidando el agravio recibido. Para situarnos en una ejemplarización muy común: la relación de pareja. En el caso de que uno de los integrantes ofende, hiere o hace algún daño a su par, pero luego al reflexionar fríamente el asunto, humildemente pide perdón y promete nunca más volver a  hacerlo, surge la interesante pregunta  ¿Qué otra cosa podría hacer en pro de compensar el daño, que no fuera solicitar el perdón y prometer no volverlo a realizar? No puede esperar el o la ofendida que en vez de pedir perdón,  se suicide, corte un miembro o realice cualquier otra acción descabellada, que realmente,  no repararía el daño causado ni haría bien a nadie, sino que por el contrario, podría producir un sentimiento de culpa al ofendido.

En cada caso que toco este tema me siento obligado a recordar a Jesús de Nazaret, quien durante toda su prédica conocida habló de la importantica del perdón, cual aconsejó a sus discípulos debería realizarse tanto como “…setenta veces siete.”, sino que para probarlo, lleno de ese amor que también siempre predicó, en el momento más duro física y espiritualmente de su vida, luego de haber sido expuesto al escarnio público, negado por sus amigos, apabullado, burlado, torturado y finalmente crucificado como un delincuente, sus últimas palabras lo fueron precisamente de perdón cuando imploró a su Padre Celestial: “Padre, perdónalos porque ellos no saben lo que hacen…” y con este último acto de amor, como escribiera un poeta “…conquistó la humanidad entera.”

Finalmente, conteste de mis grandes imperfecciones, pero con mi deseo de llevar un poco de paz al alma de mis hermanos humanos, sugiero el perdón más como remedio para el alma del ofendido, que como beneficio para el perdonado, porque ese acto maravilloso de perdonar con olvido, es lo que nos hace sentirnos sin rencor, tranquilos de espíritu, reconstruir la relación violentada, y sobre todo, sobre la base de ese ejemplo extraordinario de Jesús, sentirnos merecedores de ser llamados hijos de Dios.

Si a usted le gusta este tipo e  lectura, el Autor le obsequia absolutamente gratuito su libro UNA VIDA FELIZ, bajando el siguiente  web site: //unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

Anuncios

 

Pregunta innecesariamente repetida por muchas personas… muchas veces. En mi humilde concepto, luego de  haber vivido más de 76 años, en múltiples y diferentes situaciones de tiempo y espacio; con altibajos, pero siempre muy feliz, no me cabe ninguna duda que Dios está en todas partes, desde la tempestad más fuerte hasta en el vuelo de la mariposa o la gota de rocío sobre la rosa. En verdad, lo cierto es que Dios estará donde creas que esté. Es que todos nosotros somos una parte de esa maravillosa y universal energía que se llama Dios, Elí, Alá o como se te ocurra llamarle. Es esa energía especial y universal por la cual vinimos a este mundo y viviremos  hoy, mañana y…siempre por los Siglos de los Siglos; porque somos físico-espirituales, y como consecuencia, al mismo tiempo que existimos físicamente lo hacemos espiritualmente, y es esa característica de espiritualidad la que nos permitirá vivir, con nuestra alma, eternamente, en alguna de esas dimensiones que Jesús invocaba cuando decía: “En la casa de mi Padre muchas moradas  hay…”

He pasado por muchos peligros, unas cuantas enfermedades y accidentes, pero aquí sigo como un roble, porque nunca he dudado de que mi Papá Celestial me cuida; por eso,  cuando nadie daba medio por mi vida, yo no temía quedarme porque sentía que El estaba conmigo y, como era cierto, aquí estoy y seguiré hasta el día que, habiendo crecido espiritualmente cuanto requiero,  El quiera que regrese a su regazo o al destino temporal o definitivo que tenga para mí. En tal sentido y conforme a lo narrado…¿Cómo podría dudar de su existencia o su presencia si siempre lo he sentido conmigo?

Quiero sugerir a quienes tengan duda sobre donde está Dios, que se miren en el espejo, pronuncien o escuchen la palabra amor, observen un árbol, escuchen la sonrisa de un niño, la voz de Andrea Bocelli, caer la lluvia, correr los ríos y quebradas o el ruido de un trueno y no tendrán duda que en todos y cada uno de esos fenómenos está presente: Dios. Asimismo, cuando alguien te pida que le muestres donde le amas o te diga que  grafiques la verdad, adivines porqué surge una lágrima, sentirás que hay algo más de lo que puedes explicar con tus palabras, porque esa es la obra de Dios.

Ejemplarizando con la situación de nuestra amada Venezuela, donde de una u otra manera la situación actual es tan difícil, que se hace propicio sentir temor, sin embargo, independiente de comentarios negativos y asechanzas, quienes sabemos que somos un pedacito de Dios, NO TENEMOS TEMOR. El miedo, como alguien lo definiera alguna vez, es la sensación de no saber que puede suceder; pero quienes creemos en la bondad de Dios, porque  sabemos El representa el amor que nunca nos niega, estamos curados frente a ese gran mal.

Para quienes como yo hemos vivido más de la mitad de nuestra posible vida física en esta tierra bendita de Dios que es  nuestra  increíble Venezuela, sabemos que la patria no desaparecerá, que de una u otra manera, nosotros, todos los venezolanos, como lo que somos, como hermanos, nos repensaremos, reencontraremos y en conjunto arreglaremos los entuertos, en los que, en menor o mayor entidad hemos sido partícipes y que han traído como consecuencia los problemas que hoy nos aquejan. Los venezolanos preocupados por el país, que somos la mayoría, sabemos que nadie va a venir de afuera a arreglar nuestros problemas, sino que seremos nosotros mismos, ocupándonos más que preocupándonos de los mismos como encontraremos una solución que se acomode a esa cara ambición que tenemos de la paz, tranquilidad, progreso, justicia social y hermandad que merecemos vivir.

Si a usted le gusta este tipo e  lectura, el Autor le obsequia absolutamente gratuito su libro UNA VIDA FELIZ, bajando el siguiente  web site: 

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

No somos lo que queremos o pretendemos ser, sino que somos simplemente lo que somos. Pero esto es muy interesante porque nos pone a depender, no de nuestra condición o circunstancia personal, sino de nuestra estructura ética espiritual, que se fundamenta en la base de nuestra más importante función como seres humanos: EL AMAR sin importar como, cuando, a quien, ni por qué;  y esta especial circunstancia, exclusiva de los seres pensantes, nos prohibe el tener que juzgar, evaluar o contrapesar el beneficio de amar, porque simplemente EL AMOR es la base de toda relación  humana, consciente e independiente de cual fuere nuestra posición o condición. En principio, nacimos por amor, vivimos por amor y  no vale la pena la vida si no la fundamentamos en el amor a nuestros semejantes, que es como decir el amor a nuestros hermanitos humanos, sin importar de donde vienen, que hacen, como viven o de que viven; ya que únicamente Dios puede ver sus almas, que es la fuente de todas sus acciones, y muy especialmente, porque ellos son tan Hijos de El Padre como nosotros mismos.

El hecho de que nos sentimos felices, independiente de las condiciones en que  nos encontremos en todo momento, es el resultado de ese amor  que traemos sembrado en nuestras células y espíritu desde que nacemos. Cuando amamos a nuestro prójimo, sin calificarle de ninguna manera,  no hay inconveniente o problema que pueda entristecernos, porque el amor es nuestra fuerza, que se impondrá siempre frente a cualquier situación que pudiere parecer inconveniente. Es el amor el único recurso que nos permite disfrutar plenamente de todo lo que disponemos y estamos dispuestos a compartir con nuestros hermanos.   Por eso el Rey del Amor que fue Jesús de Nazaret, jamás pidió algo más que “…el pan de cada día”, porque como también lo comentara, estaba absolutamente seguro de que “… cada día trae su propio problema… y basta a cada día su mal”. El amor nos libera del temor, de la codicia, de la avaricia, del malsano sentimiento de acumular por un estúpido temor a algo que no podemos asegurar que vendrá y en función de esto negar ayuda a quien lo necesita.

El amor nos hace poderosos y vencedores del miedo al mañana, porque sabemos que el amor es, como me lo repitiera mi madre cuando yo era un  niño, nuestro báculo en los pasos difíciles y puerto en el naufragio…” El amor a la vida y a nuestros hermanos humanos nos libera de esas pesadas cadenas que atan a tanto rico pobre y poderoso triste, que por falta de sentir amor por sus semejantes dedican su vida a atesorar y a empoderarse, dejando en el camino la experiencia más hermosa: EL AMAR y como consecuencia compartir lo que se obtiene, y de tal forma evitar que más tarde disfruten de su esfuerzo quienes nada hicieran para lograrlo. Especialmente en momentos como los que vive el mundo hoy, donde nada es seguro y donde reina la incertidumbre, disfrutar el momento es indispensable; pero eso no se puede lograr si no se tiene AMOR,  porque el amor es milagroso en todos los sentidos. Por ejemplo, hace de un alimento compartido, por muy sencillo que fuere, un bocado delicioso; hace de la palabra de apoyo y aliento al menesteroso o al triste, el tesoro más grande a recibir. Quienes no aprenden a amar, jamás podrán disfrutar plenamente la compañía de allegados o extraños, porque sus intereses personales ligado a cualquier otro sentimiento diferente al amor, son una especie de enfermedad incurable que sólo les produce desasosiego, desconfianza y… temor. Para los que no sienten amor en su corazón, lo que piensan que dejaron de hacer en el pasado o intuyen que no lograrán en el futuro les hace infelices, y como consecuencia dejan de disfrutar del sentimiento especialísimamente hermoso de compartir, que hace plena nuestra conciencia y nos hace parecernos a Dios.

Sin duda, hoy más que en ningún momento, en todo el mundo, debemos repensarnos y retomar el camino del amor, como el único remedio a nuestros grandes males, que en su mayoría son más en la imaginación que en la vida real; es que el que ama se siente pleno, edificante y edificado en su vida, porque está consciente que está haciendo algo para lo cual fue creado. Vale comentar que nuestra vida está llena de oportunidades para dar amor de muchas maneras, el cual por cierto se basta por sí solo y no requiere ser reconocido. Siendo  muy niño recuerdo haber leído algo que nunca he olvidado; se trata de una persona llena de amor que encontró un mendigo en su camino,  pero no tenía nada que darle, entonces se acercó,  estrechó afectuosamente la mano del menesteroso y le pidió perdón por no tener nada que darle, a lo cual  respondió el mendigo: “… gracias señor, gracias por tu gran bondad; darle la mano a un mendigo y tratarlo cual amigo es limosna y caridad…” Yo estoy absolutamente seguro que la respuesta del mendigo refleja lo que es el amor: totalmente polivalente, en todo momento oportuno y bienvenido, pero además, muy fácil de obsequiar porque es compartir aunque fuere una palabra de aliento, de apoyo, de amistad, de humanidad, como en el caso del mendigo ya referido. Recomiendo a mis queridos lectores, meditar sobre este tema, ya que, si lo vemos con toda sinceridad, quizás estamos perdiendo la oportunidad de tranquilizarnos y ayudar a otros, sólo por olvidar la milagrosa importancia del amor.

Si a usted le gusta este tipo e  lectura, el Autor le obsequia absolutamente gratuito su libro UNA VIDA FELIZ, bajando el siguiente  web site: 

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

¿Qué cual es la diferencia entre una  pareja Disfuncional  y  una Funcional? En principio, en la disfuncional, lo que tendría que ser un estado de amor, respeto, compañerismo, entusiasmo, pasión y seguridad, se convierte en un pequeño… infierno; al punto que la única solución posible es una separación. En segundo lugar, los pocos o muchos años que se viven en una pareja disfuncional deja heridas y huellas, la mayor de las veces,  difíciles de sanar a corto y/o mediano plazo. Por último, la relación de una pareja disfuncional que se deja transcurrir por mucho tiempo, le crea a los integrantes -o por lo menos a uno de ellos- además de una muy baja autoestima, un temor enfermizo a tratar de rehacer su vida con otra persona, por miedo a equivocarse, lo cual realmente suele ser un escollo para lograr una nueva relación… feliz.

Por su parte, en la pareja funcional la consideración y el respeto por la individualidad de la otra parte; por su forma de ser y actuar,  son la base de ese amor mutuo que progresa acumulando nuevos sentimientos de solidaridad, compañerismo, pasión que, al hacerse físico-espiritual se convierte en una especie de magia, que es capaz de superar cualquier inconveniente, porque sobre todo, a cada uno preocupa más la satisfacción y felicidad del otro, que su propia placidez. Es que en la pareja funcional, ambos integrantes saben que no se unen a un ángel o persona venida de otro planeta, sino a otro ser  humano con iguales, mayores o menores virtudes y defectos; sin duda, imperfecto o imperfecta, pero… perfectible, en la medida en que es entendida por su par, con respeto a su forma de pensar, con suficiente capacidad de evaluar y cuantificar su óptica con relación a  las situaciones diarias que se presentan.

Para que exista un lecho de rosas, primero debe trabajarse el terreno, sembrar las matitas y cultivar las flores; porque si se tiene el amor y la paciencia para realizar estas labores, con los pétalos cosechados sin duda se podrá hacer ese lecho maravilloso. Después de haber vivido dos relaciones matrimoniales, siendo la última por más de cuarenta y siete años felices, estoy absolutamente  convencido, que en la gran mayoría de las ocasiones, ambos consortes llegan a la unión con la misma idea: ser más felices que estando solteros, pero el asunto tiene su fondo en el hecho de que como se trata de dos, ambos deben estar en disposición de ceder posiciones personales  y aceptar las de su par, que pudieran no ser coincidentes con las propias. Es fácil y agradable que a todo te digan sí; pero lo que no es fácil es aceptar que diciéndote no, tengas que aceptar que la otra persona tiene la razón. Para ello se requiere humildad, sensibilidad, inteligencia y muy especialmente, amor.

Las parejas funcionales aceptan de buen gusto que su pareja tuvo una niñez y formación diferente en su religión, cultura e ideología, porque la diversidad enriquece, y como quiera que se busca una pareja para vivir mejor, todo lo que aporte formación, fortaleza de carácter y espíritu es bienvenido. En tal sentido, de la pareja se aprende al tiempo que ella aprende de uno; pero se requiere aceptación, reconocimiento, comunicación permanente y atención al comportamiento  de la persona amada, porque  esa observación nos permite preguntar a tiempo qué incomoda, qué disgusta, con qué no se está de acuerdo, cual es la única manera de satisfacer las inquietudes o interrogantes que se le presentan a la otra parte con alguna de nuestras actuaciones,  al tiempo que se le enseña y abre el camino para que la otra parte actúe de la misma manera y de tal forma pueda satisfacer sus inquietudes, preocupaciones, frustraciones o temores. El que ama cuida lo que tiene y cualquier expectación, desinteligencia o sospecha debe aclararse de inmediato, lo cual no es posible si no se mantiene permanentemente  una  libre comunicación, ausente de cualquier temor por inquirir sobre lo que importune.

Integrar una pareja funcional, que es como decir bien avenida, es el mayor regalo que Dios puede dar a un ser humano; al punto de que con el tiempo, amando y haciendo causa común hasta crear un verdadero equipo de dos, se llega a sentir una solidaridad, cercanía e intimidad con su pareja, mayor que la que se tiene con la familia consanguínea. Basta con enfermarse, tener un problema grave de trabajo o estudio y sentirse deprimido, para comprobar que es la pareja la única a quien uno realmente le duele; porque es ella quien  ofrece  su hombro amoroso para recostar la cabeza; su ternura para sentir que la vida vale la pena; y el acicate para no dejarse vencer por la tristeza o cualquier circunstancia negativa, por la obligación auto impuesta de demostrarle que por ella uno es capaz de superar cualquier circunstancia, por adversa que pudiere ser.

Finalmente, creo que si aceptamos tanto nuestro potencial personal como nuestras limitaciones; si somos capaces de entender que dos son mejor que uno, porque como dijo Jesús: “Si uno cae el otro lo recoge, si uno está triste el otro lo consuela…” y que, venturosamente, hoy no existe diferencias en las potencialidades de éxito entre un hombre y una mujer; si experimentamos el maravilloso mundo de las cosas sencillas, seguramente no es tan difícil  convertirse en una pareja funcional.

Si a usted le gusta este tipo e  lectura, el Autor le obsequia absolutamente gratuito su libro UNA VIDA FELIZ, bajando el siguiente  web site: 

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

Hoy, escuchando parte de las reflexiones del  fallecido, pero siempre presente en el recuerdo, poeta, escritor y juglar Facundo Cabral, cuando decía con esa voz muy… de él: “No estás deprimido, estás distraído de la vida que te puebla…tienes corazón alma y espíritu… una vida que te rodea…bosques, montañas ríos…”; sentí afianzarse en mí el profundo sentimiento de que, independiente de tropiezos, frustraciones y sin sabores que pudiésemos enfrentar -todos pasajeros y superables- la vida para los seres humanos es bella en esta herencia de Dios, repleta de bendiciones que es la tierra.

Luego de más de siete décadas largas recorriendo caminos por más de veinte países, en los cuales siempre observé cuidadosamente el comportamiento humano, coincido plenamente con las reflexiones de Facundo Cabral. No tengo duda que existen más razones para ser felices que para estar deprimidos y que, realmente, lo normal es que nos distraigamos con lo que nos rodea. En las mañanas, cuando abro los ojos aquí en este caluroso Houston Tx., igual que cuando lo hice en una fría mañana de invierno en La Paz – Bolivia o en una mañana esplendorosa de primavera  en París o Roma, siempre sentí que era un privilegio especial despertar a un  nuevo día, cuando miles de personas en el  mundo, esa misma noche se habían quedado para siempre dormidos en sus camas y jamás volverían a ver la luz del día.  Asímismo, cuando conocí a mi amada esposa y ella aceptó gustosa mi amor, que se mantiene feliz ya por 47 años, cuando tantas personas no logran encontrar alguien con quien compartir en armonía y felicidad su vida; al ver nacer cada uno de mis cinco hijos, cuando tantas personas por más que lo intentan no logran tener uno siquiera; cuando  yo puedo abrazar, escribir y hacer muchas cosas con mis manos, cuando millones de personas sobre esta tierra nacen sin extremidades o las  pierden luego; cuando todos los días escucho la bella música, el canto de los pájaros, el silbar del viento, la risa de los niños y… la palabra amor, cuando todas las noches nacen dos mil niños que jamás podrán oír ningún sonido porque nacen sordos, o cuando en iguales circunstancias igual cantidad de niños nacen ciegos, cuando yo puedo ver todo lo que quiera  y cuando quiera. Entonces me pregunto: ¿Cómo podría deprimirme porque algo no me salga bien o me sucediere cualquier situación anómala, frente a tantas bendiciones que Dios me da hoy y ha dado siempre?

Por mis convicciones espirituales –que no religiosas- estoy seguro que mis seres queridos como mis padres y mi hermanita  muerta, no se fueron sino que volvieron a su lugar de origen, en una dimensión donde están más allá del bien y del mal, por lo cual no me deprime ni me entristece su partida; esos eventos sólo me perturbaron temporalmente, sin afectar de forma grave mi vida feliz. Y es que son tantas las cosas bellas y situaciones especiales a nuestro derredor, que me parece bien difícil que alguien pueda ser realmente infeliz;  especialmente cuando oigo la bellísima voz de Andrea Bocelli, quien es ciego o cuando, hace unos años atrás,  tuve la oportunidad de ver un hombre en silla de ruedas en un cargo de primer nivel en la Casa Blanca de los Estados Unidos de Norteamérica.  Con tales antecedentes, no hay evento tan terrible que pueda perturbar la felicidad  humana;  especialmente la de cada día, porque Jesús decía “…todo día tiene su problema y basta a cada día su propio mal…”

Tengo bastante tiempo que no visito el mar o un rio, pero sé de su tranquilidad y fortaleza, porque  por años viví la belleza de sus aguas y la milenaria vida biológica que ellos guardan con su gran variedad de especies animales y vegetales, que son una prueba más de que la naturaleza es edificante y fue dispuesta para nuestro disfrute, precisamente porque somos parte de ella. Entonces… ¿Cómo podríamos sentirnos deprimidos porque algo no salga como lo esperábamos, si sabemos que por cada inconveniente o prueba dolorosa –que normalmente se convierte en enseñanza- la vida nos regala miles de momentos agradables y bendiciones? Es ese  sentimiento positivo de que existen mucho más  cosas buenas que malas, lo que posibilita nuestra felicidad, que es muy fuerte y puede vencer rápidamente la posible depresión, que ocasionalmente, pudiese  derivar a alguien por  una circunstancia indeseada, temporal o permanente. Sin escudriñar demasiado y más allá de cualquier planteamiento filosófico académico, al menos para mí –que nací y he vivido condenado a una vida romántica- que creo en lo que alguien dijo alguna vez que, “…una noche de amor vale una vida…”, no tengo la más mínima posibilidad de que la vida nos hubiere sido dada  para algo diferente a ser felices.

Por todo lo expuesto invito a mis lectores, y muy especialmente aquellos que piensan que es normal sentirse deprimidos,  a bajar de internet la voz de Facundo Cabral en su “NO ESTAS DEPRIMIDO SINO DISTRAÌDO”, en el website: https://www.youtube.com/watch?v=znjMKDadZNI, para pensar y repensar sobre su contenido, que como lo digo antes, aunque no nos dice nada  nuevo –porque es evidente su contenido- sí que nos lleva a revisar la multicolor presencia de la belleza natural que incide en nuestras vivencias cotidianas, en la seguridad de que –independiente de tendencias ideológicas o religiosas- son más las cosas positivas que las negativas que nos afectan como habitantes de esta “pacha mama” que nos da cobijo y vida, a la cual, por disponer de  nuestro estado de ánimo, podemos dar el color que más nos convenga.

Si a Ud., le gusta este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA “VIDA VIDA FELIZ”, bajando el web site:

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

 

dama de la justicia

Hoy, aquí en Houston TX., donde estoy cumpliendo compromisos familiares por corto tiempo; donde como en todos los Estados Unidos Norteamericanos, aunque los Abogados ganan mucho dinero, pero casi sin excepciones son considerados unos alabarderos, procede leer y releer los conceptos que sobre nosotros como profesionales, se expone en la obra Arte Forense, cuando se indica: “Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado treinta años de vida, que sea en conjunto no literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la infalible memoria de un niño; y tal vez con todo esto formaréis un abogado completo”, siento que aquí se hace una radiografía de lo que debería ser un Letrado, en el verdadero sentido de su esencia profesional.

Quienes escogimos la carrera del Derecho o Abogacía, como se le llama en algunas partes, no importa cuán desprestigiada la hayan convertido algunos pocos rábulas, sigue siendo un verdadero honor, porque requiere como lo dice el texto transcrito, una buena dosis de espiritualidad; una gran amplitud de visión; deseo y constancia en aprender todo lo que se pueda sobre nuestros hermanos humanos y las normas legales que rigen a la sociedad en donde nos desarrollamos; que tenga la valentía de criticarse a sí mismo y entender las identidades propias de las demás personas; que ponga la moral por delante de todo y como balanza de su propia alma para presentir que es bueno, mejor o… peor; que, aunque sea muy joven, por lo menos observe las actitudes y aptitudes de sus mayores, para tomar lo bueno y desechar lo mediocre o malo; que no deje morir su niño interno, para mantener sino la memoria por lo menos la ternura que siempre acompaña a las buenas acciones. Creo, que con todo esto, adicionando la diligencia, el empeño, el trabajo, la confianza en sí mismo y la sencillez, podemos llegar a lo que el maestro Don Luís Ossorio conceptuó lo que debemos ser los abogados: “Arquitectos del Alma de la Gente”.

Las enseñanzas de mi madre en mis primeros diez años de vida del amor al prójimo y a la justicia divina; el observar en mi adolescencia y primera juventud (porque a los 76 años me siento joven) tanta miseria humana y tanto aprovechamiento y abuso de los que más tienen sobre los que de todo carecen, sembraron en mi alma el que algún día podría, de alguna manera, colaborar con la Justicia, para hacer menos injusta la relación humana. Por eso, en mi juventud, cuando no era fácil para un muchacho pobre y sin contactos ingresar a una Universidad venezolana a estudiar Derecho, tuve que esperar mejores tiempos y ya cuarentón logré mi meta: hacerme un Abogado. Desde entonces entendí perfectamente el aspecto filosófico de la carrera y lo extraordinario de ser un Letrado, en una sociedad organizada y dentro de un Estado de Derecho. Ello me permitió ejercer por algunos años en Estrados y luego de algunos estudios de Cuarto Nivel, dedicar una parte de mi tiempo al Asesoramiento Corporativo y otra, la mayor al Asesoramiento Social y voluntario, como lo dijera el Maestro Ossorio, más como arquitecto del alma de la gente que como litigante, por lo cual, como nunca me he sentido viejo y por tanto la nueva tecnología no me es desconocida, edité mi página web http://www.unavidafeliz.com, donde, sin haber nunca dispuesto de gran fortuna -porque esta carrera no es precisamente para hacerse rico- durante más de quince años he prestado ese asesoramiento gratuito y voluntario a un crecido grupo de personas de todo género y en diferentes países, lo cual nunca hubiera podido lograr si no hubiese estudiado Derecho.

Es por lo antes expuesto que debo comentar que me siento muy honrado de ser abogado y tengo un profundo respeto por mis colegas, quienes en su gran mayoría son honestos, éticos e injustamente desprestigiados. Tengo un hijo y una hija abogados, quienes como yo, estudiaron por vocación y con la intención de servir y no de ser servidos, que es como decir, SER UTILES, cual es la mayor condecoración que un ser humano puede alcanzar, especialmente si es como yo Cristiano, porque es “…amar al prójimo como a sí mismo.”, de quienes por cierto estoy muy orgulloso. Esto lo escribo para entusiasmar a aquellos jóvenes que tienen vocación para ser abogados y/o piensan estudiar Derecho; porque es bueno que sepan que esta no es una profesión para hacer millones de dólares, pero sí para vivir dignamente y con grandes satisfacciones, en una vida que es elemental y cuyo fin máximo es ser… felices, lo cual es imposible si no tienes tu conciencia limpia, que te genera un tesoro muy preciado para vivir intensamente la vida: la tranquilidad espiritual.

Todos los días doy gracias a mi Padre Celestial por haberme inspirado a tomar la acertada decisión de ser un Abogado, quizás porque eso coincide con mi forma de ver la vida y las cosas, y por ello para  mí no es importante, el poder, la riqueza ni la fama, porque mi meta está más allá de tales supuestas especiales condiciones, ya que, sólo ambiciono el amor, el respeto y la consideración de las personas que amo, quienes a diferencia de mi persona que no tuve nunca una ayuda, he podido colaborar para lograr sus metas, precisamente por haber podido ejercer con ética y probidad,  una profesión digna: la abogacía.

Si a Ud., le gusta este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA “VIDA VIDA FELIZ”, bajando el  web site: 

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf

 

 

 

 

 

flores de rumi maestri espiritualista

Como todos mis lectores conocen, desde el año 2005 he dedicado buena parte de mi tiempo a la divulgación del tema de la “felicidad”, labor que inicié ese mismo año con la publicación de mi libro “Una Vida Feliz”; continuando con otros libros,  como columnista de prensa, de algunas Revistas y mi Blog http://www.unavidafeliz.com el cual es visto por más de 2.600.000 cibernautas, por lo cual hoy, al recibir en mi computador de un amigo una anécdota sobre cuando le preguntaron  a Rumi, maestro espiritual Persa del Siglo XIII,  ¿Que es la madurez espiritual?, éste al  analizar dicha pregunta, hizo algunas precisiones muy interesantes, concluyendo con esta sentencia:  “… se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la “felicidad” a las cosas materiales…”.  Esta sencilla pero profunda admonición, luego de más de siete décadas de vida feliz,  ratifica mi convicción de que la felicidad como realización físico-espiritual del ser humano, tiene que ver más con nuestra espiritualidad, que es interna, que  con las cosas materiales que siempre son externas. Dentro de mi pequeño gran mundo personal, esa ha sido la norma de mi vida; por lo cual  hoy, independiente de las circunstancias diarias, me mantengo feliz; precisamente por no vincular  o hacer depender de ninguna manera mi felicidad de alguna cosa material, tales como la riqueza, poder o  la fama.

Estoy claro que para sobrevivir físicamente, requerimos cosas elementales como el oxígeno, el agua y los alimentos, las cuales por cierto, para quienes confiamos en Dios,  siempre están a nuestro alcance sin grandes esfuerzos.  Pero respecto de la felicidad, prevalece sin  ninguna duda el aspecto espiritual. En el devenir de mi vida he visto tantos “pobres ricos”, con mucho dinero, pero absolutamente infelices; tantos  “poderosos” odiados, impopulares, quienes al final cuando pierden el poder, terminan traicionados, solos y hasta encarcelados, bajo juicio o huyendo de la justicia; y personajes “famosos”, quienes llenos de vanidad subestiman los valores humanos más elementales, pero al final cuando la fama decae: la tristeza, la infelicidad y algunas veces… el suicidio. Del otro lado,  personas sencillas, humanistas,  que nunca antepusieron la riqueza, poder o fama, al amor, bondad, cuidado y solidaridad con sus congéneres, vivieron y muchos otros aún viven felices, precisamente porque nunca, como lo sentenciara el maestro Rumi, anexaron  la felicidad a las cosas materiales.

No es difícil determinar que los sentimientos trascendentales de nuestra existencia no son materiales, sino que prioritariamente tienen que ver con nuestra espiritualidad. Así, por ejemplo, el valor humano más importante en nuestra vida, que es el amor, jamás dependerá de algo que no sean nuestros sentimientos internos, que nada tienen que ver con las cosas externas. En el mismo  sentido y también ejemplarizando, algunas satisfacciones fisiológicas como el dormir, no dependerá de  la comodidad del lecho de que se disponga, sino de que tengamos el sueño necesario en cada ocasión. De la misma manera, la verdad, la lealtad y otros principios y valores humanos importantes, siempre serán una manifestación de nuestro ser interno, que abonando a nuestra felicidad, no tendrán que ver con ninguna cosa material.

Creo que si meditásemos más sobre el real significado de la palabra felicidad, previo considerar algunos de los pocos ejemplos antes indicados, llegaríamos a la conclusión de que no es otra cosa que nuestra realización físico-espiritual, donde la espiritualidad es lo fundamental y lo físico es absolutamente complementario. De tal modo, comprenderíamos mejor la elementalidad de nuestra existencia y llegaríamos a la conclusión de que, definitivamente, la felicidad dependerá únicamente de nuestros sentimientos internos conectados a nuestro  espíritu y nunca de las cosas materiales que nos rodean; lo cual creo que fue el mensaje que quiso dar el  maestro Rumi en su admonición aquí comentada.

Si a usted le interesa este tipo de lectura, el Autor le obsequia su libro UNA VIDA FELIZ (2005), haciendo click en el web site que se indica a continuación:

//unavidafeliz.files.wordpress.com/2011/05/una-vida-feliz.pdf
A %d blogueros les gusta esto: