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mujer madura

Para alguien como yo, quien he vivido con mi esposa prácticamente sin edad, porque durante más de 50 años nos hemos sentido… jóvenes; quizás un poco usados, pero… jóvenes. Siempre he vivido interesado en observar la actitud y manifestaciones de las damas, especialmente de aquellas dentro de los más de 2.800.000 cibernautas que visitan mi Blog WWW.UNAVIDAFELIZ.COM, donde la mayoría son mujeres y también las que personalmente trato,  por lo  cual tengo cualidad para escribir con sensatez este artículo, que pudiera o no ser compartido por mis lectores. Esa mirada tranquila, reservada y a veces enigmática de la mujer madura, suele ser en muchos casos,  especialmente  seductora, y si se quiere… prometedora. Independientemente de su elevación espiritual, cuidadosas de su cuerpo, atentas, respetables  y respetuosas, quizás por ese acoplamiento físico-espiritual que logran alcanzar con sus parejas, son quienes manifiestan disfrutar y hacer placentera a su pareja, en  sus relaciones sexuales.

Independiente de que creo  que toda edad es buena para amar, sí debo comentar que he observado y, al menos en mi relación personal verificado, que la mujer es como una fruta, que inicialmente es verde, luego pintona, pero su delicioso sabor lo  adquiere con la vivencia diaria y experiencia, solidaridad in crescendo que surge de ese   dar y recibir amor, aceptación, reconocimiento y entrega, tanto física como espiritualmente, cuando está… madura; y es en ese momento cuando la mujer tiene plena conciencia de qué y cuánto vale; qué y cuánto ha aprendido de la vida; y especialmente, la seguridad de la calidad del amor que,  como producto de lo vivido,  puede aportar a una nueva relación.

De esa experiencia vivencial acumulada, surge esa magia que la hace tan apetecible; porque, precisamente por haber ido viviendo intensamente  todas sus etapas, el hombre encuentra en ella la novia, cuando se siente romántico; la amiga, cuando requiere hablar sobre sus problemas; la madre, cuando lo golpea la vida y requiere un hombro sobre el cual recostar su cabeza; y la amante experta, cuando sus bríos hormonales requieren…. Sexo.

No nacemos sabiendo amar más allá que a nuestra madre; todo lo demás es cultural, simplemente lo aprendemos. De hecho, es muy diferente la forma de amar de hoy a la del homo sapiens hace cincuenta mil años o  la del  siglo XIX, porque como todo hecho cultural, tiene que ver con el tiempo y el espacio, que lo hace decantar, hasta llegar a esa maravillosa relación de equipo, en la cual la protagonista, definitivamente,  es la mujer.  Por todo lo expuesto, pienso que cuando un hombre encuentra atractiva una mujer madura, no debe desperdiciar esa oportunidad de lograr el premio mayor: el mágico, discreto pero apasionado amor de la mujer madura.

Hoy, perdido en mis recuerdos, me devuelvo, cincuenta y ocho años atrás,  desde el pueblo donde crecí, Caicara del Orinoco y en mi primera visita a Maracay, con un buen amigo que me presentó uno de sus compañeros de estudio en la  Escuela Primaria, a quien le dijo: “….te presento a mi amigo Amaurí Castillo, quien como tú es poeta, a quien le hable de tus poemas y me pidió conocerte”. Ese día conocí un interesante joven, que sin ninguna reserva no sólo me habló de sus  poemas sino que me regaló en original escrito por él en su màquina de escribir Underwood, que según sus palabras “…te gustarà mucho.”       Aquel día, cual no recuerdo la fecha completa pero sí se que fue el año 1960, recibí de un hombre intelectual, joven y sencillo, un poema bellísimo que por muchos años memoricé completo, pero que como muchas de mis vivencias y en circunstancias muy especiales, la inconsecuencia de un alma atormentada que me hizo compañía por pocos años, a quien le entregué confiado mi poemario donde también guardaba ese original del citado poema,  y  el tiempo en parte… se llevó.

 Tantos años han pasado y mi memoria no me ayuda, que no me acuerdo ni siquiera el nombre del poeta, sino que era de Maracay y sus apellidos, quizás Pérez Ramos, de lo cual no estoy tampoco tan seguro. Lo cierto es que el poema tenía un título que me cautivó, porque desde que aprendí a leer con  uso de razón fui un fan de nuestro inolvidable Poeta Andrès Eloy Blanco, y muy especialmente de su poema “Angelitos Negros”. El título del Poema que me obsequió su Autor era “Contestación a Píntame Angelitos Negros”. Con los años he investigado dentro de lo posible, inclusive por Internet, si en alguna parte ese poema fue publicado, pero no he logrado encontrar nada. Sin embargo, como todavía quedan lectores quienes disfrutan de la poesía, la idea de este escrito es, precisamente, compartir los versos que recuerdo con quien quiera degustar, aunque sea en parte, de un bello poema venezolano; y que ojalá algún lector conociere si en alguna parte alguien ha publicado este poema y me lo hiciere saber,  El contenido que recuerdo del poema citado, expresaba:

“Voy a hacerla de pintor para pintar tu contento;

pintando una Virgen blanca con siete angelitos negros,

nacidos, como tú quieres, de Morón a Barlovento.

Vendrán angelitos negros codeándose con los blancos,

pintaditos de carbón y con pelucas de pimienta,

guardando en estuches rojos, siete sonrisas de perlas,

introduciendo los mina en los caminos del Cielo.

Negrito, vete poniendo tus alpargatitas nuevas,

para hacer un largo viaje a lomos de mi acuarela,

que si te echase de menos la aristocracia del cielo,

le dices que vas conmigo, que tu vas en mi poema,

cruzando miles caminos para llegar hasta ella

Negros de la costa negra,

y que vas representando a los negros de mi tierra.

Regiones de Venezuela,

Cuando Barlovento llora,

Cuando se quejan su negros

Ya sienten dolor profundo

Los angelitos del cielo,

Porque no hay ángeles blancos,

porque no hay àngeles negros,

porque no  hay policromìa de azabache y acuarela,

en la alta jerarquía del confín del Universo.

Por eso yo te complazco,

pintando angelitos negros,

Que aunque la Virgen sea blanca y los deje morir de miedo,

Los ángeles de mi tierra, también llegarán al cielo.”

Comparto estas vivencias con mis lectores, porque creo que lo bello y lo bueno debe compartirse. También porque soy muy feliz con mis setenta y nueve años de vida, quizás porque como alguien alguna vez escribió: “…no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer..” Asimismo, porque después de más de cincuenta años de casado con mi amada Nancy, sigo enamorado de ella y de la vida; haber podido crear una familia de cinco  hijos, hoy todos con sus propias familias felices; no almacenar en mi alma o mi conciencia odio o envidia  por nada ni nadie; vivir intensamente cada hora de cada día de mi vida, pensando que voy a vivir muchos años, pero disfrutando de cada cosa, persona o elemento de la naturaleza, como si este fuera el último; desde que tengo uso de razón, haber tratado y hecho todo lo posible por ser útil –lo cual creo haber logrado con mis Artículos en Revistas y Periòdicos, mis Libros, conferencias,  mi profesión de Abogado y mi Blog www.unavidafeliz.com- pero nunca una carga para nadie; no recordar haber tenido enemigos ni los tengo, quizás porque siempre he sentido un profundo respeto por la persona humana de todos mis congéneres conocidos, aceptando sin juzgar sus virtudes y defectos; amar a la gente y respetar su individualidad sin importar edad,  género, raza o nacionalidad, porque siento que todos son mis hermanos; haber recibido tantas demostraciones de amor y cariño de mujeres y hombres desde que soy un niño, ciertamente no me dejan concebir el rencor o antipatía; haber visto con plena capacidad mental en más de sesenta años, cambiar buena parte, no del mundo sino de la forma de pensar de su gente, hacen aún mayor mi agradecimiento a Dios por esta vida que me dio; pertenecer a una generación tan especial que conoció dos Siglos y dos Milenios, me hace sentirme tan privilegiado, que sé sin lugar a dudas que, para que nazca otra persona, que como yo vea durante su vida llegar dos Siglos y dos Milenos, hace falta que transcurran por lo menos novecientos años, sinceramente es algo muy especial.

Finalmente, quiero dejar a mis lectores un mensaje de experiencias vividas por alguien de las características generales e integrales arriba expuestas, que resuma el hecho cierto de que somos nosotros y nadie más quienes decidimos nuestro propio destino, siempre sobre la base de lo que creemos y esperamos  de nosotros mismos,

Luego de cincuenta años de feliz matrimonio con mi esposa Nancy, siento que nuestra unión fue una bendición de Dios, porque a alguien ciertamente difícil como yo, por cuanto mi tendencia natural de amor a la Filosofía, tiendo a especular sobre los eventos y situaciones que observo, lo cual si me hubiese casado con alguien menos intelectual, inteligente, comprensiva, con una tendencia natural a mantener en todo momento la armonía, seguramente me habría divorciado o hubiese vivido una vida infeliz.  Pero, por el contrario, mi amada esposa siempre dispuesta a oír y emitir libremente sus criterios sobre mis especulaciones, hizo de lo que pudiera haber sido muy problemático para una pareja común y corriente, un permanente, interesante y enriquecedor coloquio, que no tengo ninguna duda nos ha hecho crecer a ambos no sólo intelectual, sino espiritualmente. Hoy, después de ese largo camino recorrido, igual como cuando comenzamos, vivimos en una permanente conversación con intercambio de opiniones y criterios, sobre cualquier o todas las cosas que de alguna manera pudiera interesar a cualquiera de nosotros o  ambos.

Esa libertad, que desde novios nos dimos, de expresar lo que sentímos sin reservas o temores a la disquisición, nos ha permitido vivir en el estado ideal de la pareja: la armonía. En oportunidades hemos diferido de criterio respecto a cosas que, realmente no eran fundamentales para nuestra relación, pero luego de la reflexión, casi siempre, volvimos a tocar el tema y simplemente pusimos el asunto en su sitio, sin dar ninguna  importancia o trascendencia a quien tuviere la razón, especialmente porque esas diferencias no eran fundamentales para nuestra cotidianidad. Creo que mucho ha abundado a nuestra felicidad, el hecho de que siempre hemos tenido presente la importancia de tener conciencia de la bipolaridad de los valores, de lo cual debemos estar siempre conscientes; vale decir, frente al bien el mal; frente al odio el amor; frente al dolor la alegría; frente a lo grato lo ingrato.

Asimismo, no tengo duda que nuestro año de amores, lapso durante el cual hablamos mucho sobre todo lo que considerábamos importante en una relación de pareja, nos permitió evaluarnos mutuamente lo suficiente,  para decidir unirnos para toda la vida. El devenir de esta hermosa aventura que ha sido nuestro matrimonio, del cual procreamos tres bellas hijas y un  hermoso hijo, nos permitió constituir un equipo que, por siempre estar de acuerdo en lo importante, ha resultado ganador.  A ellos les sembramos en el alma no sólo el gran amor que les teníamos, sino que les habíamos dado la vida, pero no el libre albedrío, cual es una herencia de Dios; de tal manera, nosotros siempre íbamos a sugerir lo mejor para ellos, pero al final, cuando tuvieren suficiente  capacidad mental y edad, serían ellos quienes decidirían su futuro, con el cual nosotros siempre estaríamos prestos a colaborar, como así exitosamente lo hemos hecho;  sin que ninguno de los dos individualmente se considere protagonista por sus logros, porque el equipo triunfador es de dos por lo cual el triunfo es del equipo, pero de ninguno de sus integrantes en particular.

Siento que escribir estas experiencias positivas del vivir en común, precisamente en esta época, cuando los medios de comunicación social divulgan más las diferencias y problemas que las bondades de la vida en pareja,  se convierte en un compromiso de gratitud a Dios, a la vida,  y un mensaje de aliento a futuros contrayentes, por habernos permitido arribar al medio Siglo de vida en común,  leales, solidarios y felices. Entre otras cosas, porque somos ejemplo real y no de novelas, de que sí es posible vivir muchos años con la persona que amamos, dando lo mejor de nosotros, que por cierto es lo que nuestro par espera y por lo cual también da lo mejor de sí, sin nunca olvidar que esa persona que es nuestra pareja, nos escogió dentro de cientos o miles de personas que conoció, para hacer de nosotros una persona única para ella, corriendo el riesgo de equivocarse, pero valientemente acogiéndose a las consecuencias, que sin duda alguna tendrán que ver con su manera personal de ver la vida y las cosas, en un mundo cambiante y absolutamente sinérgico, donde el ambiente, la formación familiar, la cultura y los controles sociales, producen permanentemente cambios en la actuación de muchas personas, lo cual debemos considerar como normal en una sociedad en pleno desarrollo, donde todo está por escribirse, pero donde nosotros hasta el último día de nuestra existencia, con respecto al nivel de  nuestra armonía y felicidad,  su resultado no podremos endosárselo a nadie, simplemente porque somos los principales actores.

Dada la especialísima situación, inverosímil e imprevisible en sus causas, que afecta al mundo con la pandemia del Corona Virus, que ha causado miles de contagios y muertos en todo el mundo; aunado a la inusitada baja en los precios del petróleo a nivel mundial y  a menos de treinta días de terminar con la cuarentena en casi todos los países que la han decretado, aún no podemos prever  ni siquiera en forma aproximada, cómo y de qué entidad será ese DIA DESPUES; ya que, más allá de habernos demostrado que no existe ninguna condición especial de riqueza, poder o fama, que nos haga diferentes en cuanto a una segura  protección frente a cualquier tragedia desconocida o producto de la naturaleza, no nos permite predecir cómo quedarán las cosas en este mundo con la cantidad de enfermos física y sicológicamente, desempleados, centros de producción cerrados, Instituciones de Ayuda Social en bancarrota y hambruna, entre otros males. Personalmente pienso que, luego de esta gran catástrofe dúplex, sumado el Corona Virus al gravísimo problema de la baja nunca antes vista en los precios del petróleo -que lo ha puesto por debajo de su costo de producción y/o almacenamiento- recibiremos un mundo diferente.

 En principio, ese nuevo mundo que tendremos debería cambiar radicalmente algunos de sus valores, poniendo como esencial y primordial de éstos la supervivencia humana colectiva; vale decir, todo en función de la vida –porque debe ser nuestro fin primordial- pero no como hasta ahora, cuando todos hemos visto Personas Naturales y  Jurídicas e inclusive Estados y Regímenes, que han hecho todo lo contrario, poniendo al ser humano como medio para lograr fines subalternos como la Riqueza, el Poder y la Fama. Fue el gran error olvidar que cualquier otro elemento tiene que ser solamente un medio, para lograr  el fin más valioso, que debe ser EL HOMBRE.

No obstante todo lo expuesto, quienes hemos vivido una época especial que nos permitió ver dos Siglos y dos Milenios, como a los setenta  y ocho años de edad, es mi caso,  no estamos desesperados; simplemente, sorprendidos, preocupados y mentalmente preparándonos para lo que venga, porque la vida nos ha enseñado, en primer lugar que TODO PASARA y en segundo lugar, que mientras no pase frente a nuestros ojos el funeral de Dios, todo tiene solución, especialmente para quienes hemos vivido bajo su mandamiento básico: amar al prójimo como a sì mismo, por lo que no nos importa donde vayamos, siempre que lo hagamos de su mano. Realmente, para cualquier ser humano racional en este momento sus mejores armas son la fe en Dios y la esperanza de que irremediablemente, ESTO TAMBIEN PASARA.

 Cómo sea o cómo vivíremos nuestra vida futura,  igual que ahora, aunque en diferentes condiciones, tendrá el mismo factor personal fundamental: nuestro estado de ánimo, que no es otra cosa que el color que seamos capaces de darle a cada evento de nuestra cotidianidad. Con más o menos comodidad e incidencia quizás de nuevos o desconocidos controles sociales, el mundo continuará y el hombre seguirá siendo el protagonista principal de su propio desarrollo; que se le de menor importancia a los factores riqueza, poder y fama, que han supeditado al ser humano a su impacto social, no evitará que sigamos siendo la especie más inteligente sobre la faz de la tierra; por tanto y sin duda alguna superaremos cualquier escollo y seguiremos adelante.

Ojalá esta dura lección nos enseñe la importancia del amor, de la familia, la amistad, la solidaridad y… el compartir de lo que disponemos con los más desvalidos, que dolorosamente pienso que en adelante y quien sabe por cuánto tiempo… serán muchos. Pudiera ser también que en el futuro aprendamos que, la oración más fuerte es aquella donde solicitamos al Padre Celestial Creador de este Universo, lucidez para tomar acertadas decisiones; porque todo acto de nuestra vida es una toma de decisión y lo único que requerimos es el acierto, que es `producto, precisamente, de esa lucidez que pedimos. Estoy convencido que si logramos esa lucidez, para cualquier realización positiva, siempre estaremos en el sitio apropiado y en el momento oportuno, que sería como decir: LOGRAR EL ÉXITO DE LO EMPRENDIDO.

¿CORONA O VIRUS?

Nunca he dudado que lo trascendente en nuestra vida, además de ser elemental no es material; nace y se desarrolla dentro de nosotros mismos; por tanto, esto de quedarse en casa más tiempo, de oír menos ruidos, de evitar visitas, compartir con mayor inmediatez con nuestras personas amadas, más me parece una corona que un virus. Es que ya por un virus o por lo que fuere, no me afecta ni debería afectar gravemente a nadie, el transitar más despacio este camino de la vida. Por lo contrario, nos da más espacio para meditar, orar y amar; cual es lo máximo que podemos hacer por nosotros y nuestras personas más queridas.

Adicionalmente, según información de la NASA, en menos de un mes de la paralización del mundo por la cuarentena impuesta por el Corona Virus, la temperatura global bajó más de un grado, la contaminación de Dióxido de Carbono descendió a nivel de cuatro décadas atrás y el agujero de la capa de Ozono en la atmósfera, se redujo a un tercio; las grandes ciudades despejaron sus cielos del asqueroso smog que las cubría por el monóxido de carbono y humo de las fábricas, así como que muchas especies -siempre escondiéndose de su depredador el hombre- salieron a disfrutar de su propio y natural hábitat, cual nunca debimos negarles; tenemos que reflexionar y aceptar que muchas o algunas cosas no las estamos haciendo bien y pudiera ser que un mundo desarrollista en función de la riqueza y no del hombre, por fin entienda su propio y desastroso destino, si no cambia su manera de ver la vida y las cosas.

Independiente de la condición de Riqueza, que con tanto esfuerzo y sin muchos miramientos alguien haya acumulado; del Poder Político que se logre, algunas veces sobre el cadáver de los adversarios menos fuertes o más desvalidos; o la Fama que se adquiere, a costa de un Marketing costoso e inmoral; aún disponiéndose de alguno de ellos  o de todos estos factores, seguimos siendo exacta e igualmente vulnerables frente a un peligroso Virus, que el mismo hombre creó sin medir sus consecuencias frente a su propia gente y al ambiente, pero que tampoco llega a entender bien. Sin duda, tenemos que aceptar que lo único valioso y permanente de que, como seres  humanos disponemos, por cierto gratuitamente, es Dios, el Amor, la Tranquilidad Espiritual, la Solidaridad Humana y la Utilidad que podamos brindar a nuestros congéneres, para llegar al fin más preciado: LA FELICIDAD. Por cierto, todos estos elementos mencionados son: físicamente indetectables y económicamente invalorables, porque desde el punto de vista humano, simplemente disponemos de sentimientos, intuición y presentimientos heredados de Dios, cuya esencia es Omnipresente, por lo cual no pueden ser determinados o detectados  por nuestros cinco sentidos conocidos.

Surgen como consecuencia de lo analizado algunas preguntas para la reflexión:

– ¿De qué sirve entonces ese afán desbocado por acumular Riquezas, que sólo son medios para obtener cosas físicas?

 – ¿Obtener Poder Político, la mayoría de las veces utilizado para avasallar, pero no para ayudar a los más desvalidos, cual se supone que debería ser el fin del poder político?

– ¿Para qué hacerse de mucha Fama, tratando de que sientan por nosotros, la admiración o reconocimiento  que no fuimos capaces de motivar con nuestros actos como seres normales, comunes y corrientes?

– Pero además… ¿Si ya no es un secreto que el estrés que se acumula en el camino de lograr esos supuestos “éxitos”, daña la salud, desmejora las relaciones íntimas e inmediatas en el entorno personal, siendo que además a la hora de la verdad, ninguno de estos elementos temporales y de vanidad puede protegernos frente a un virus o catástrofe natural, pero menos aún producirnos un minuto de amor verdadero, felicidad o de vida?

Es sobre esto que, dadas las circunstancias actuales de recogimiento y reclusión que por el Corona Virus, estamos obligados a…mantener.  Por ejemplarizar: ¿Existe alguna diferencia en el nivel de peligro actual, entre el Multimillonario y la chica que limpia el piso de su mansión, cuando salen a ver el médico o comprar alimentos;  entre el chofer y el importante Gobernante o Político, por muy humilde que fuere el primero y muy importante que lo fuere el segundo? O… ¿Existe alguna diferencia profunda  en el riesgo del Famoso o Famosa cuando baja de la limousine, y el que corre su sirvienta, cuando baja del bus, si ambos pisan donde existe un residuo de mucosidad de un contaminado  o vestigio del Virus?

 Cuando lo que está en peligro inminente es tu vida, sin la cual no puedes tener amor, tranquilidad  o felicidad, no tiene que ver para nada las diferencias de clase, sociales, políticas o económicas  de los protagonistas. Pudiera ser que lo único que quizás hiciera alguna diferencia, sería la fe que cada uno tenga, en  que más allá de todo lo físico está lo trascendente, que se convierte en ese báculo invisible pero fuerte, en el cual sientes que tu apoyo es Dios, a quien por cierto no le puedes afectar con tus bienes o prebendas materiales, porque está  más allá de esas dimensiones.

El refranero popular, y especialmente en los cristianos, siempre hemos manifestado que no hay mal que por bien  no venga;  tropiezo que no deje una enseñanza o mal que no tenga cura. El convencimiento de que Dios creó todo, y especialmente al hombre a su imagen y semejanza, nos reconforta en los momentos más difíciles, porque no tenemos duda que, ni una hoja se mueve sin la voluntad de Él, quien es nuestro Padre y sabemos, por experiencia propia,  que los padres amamos a los hijos y los protegemos… siempre y por encima de todo.

Realmente, yo amo a mis hermanos humanos y me preocupa que todos anden tan asustados y casi paralizados por el Corona Virus, cuando tenemos la certeza de que basta con tropezar en la calle o resbalarnos en nuestra propia casa, golpearnos la cabeza y todo terminó físicamente, si no fuimos lo suficientemente diligentes para cuidarnos y  si eso estuviere en los planes que Dios tiene para nosotros. Y es que ciertamente no  hacemos ningún convenio con Dios cuando nacemos, sobre cuándo ni cómo vamos a morir;  pero de lo que sí estamos seguros es que cada día que transcurre en nuestra vida, nos acercamos más al día del retorno, que no de la partida, porque cuando nos vamos sólo regresaremos a donde estaba nuestra alma antes de nacer; que por cierto es la que regresa, porque nuestro cuerpo físico es el vehículo que nos transporta en el camino de esta vida, que polvo es y al polvo vuelve. Pero la verdad innegable es que, como lo escribiera alguien de quien no recuerdo su nombre: “No somos un cuerpo humano viviendo una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.”

Para finalizar, debo aclarar a mis consecuentes lectores que no es que no tema o no me cuide de contagiarme con el Corona Virus; de ninguna manera, como quiera que soy feliz, tengo una bella familia que amo y trato de ser útil, dentro de mis limitadas posibilidades, tomo todas las precauciones a mano que me aconseja mi sentido común y de la diligencia, pero eso sí, con la absoluta seguridad de que nada va a sucederme, si no estuviere en planes que Dios diseñó para mí, desde antes de mi nacimiento. Esto me permite vivir un día intenso, disfrutar de las múltiples bendiciones que Dios puso a mi alcance sobre esta tierra, como el amar  y ser amado, comer y beber con fruición mis alimentos, orar con más fervor que nunca y… dormir plácidamente, cual es lo que muy seria y bien intencionadamente les sugiero; sabiendo que  nos cuida el más poderoso y omnipotente padre: DIOS.

El pasado Domingo, 1 de Marzo de este año, a la edad de 80 años, falleció en la Provincia de Esmeraldas en Ecuador, nuestro querido amigo el famoso pintor y restaurador de obras de arte venezolano Policarpo Contreras. Como casi todos los seres humanos, también a mí me es difícil aceptar la muerte de las personas que amo; no obstante que siento que quienes mueren no se van, sino que regresan a su hogar espiritual originario: al lado del Padre Celestial. En el caso de “Poli, como le decíamos sus amigos, siento una profunda tristeza de saber que ya no lo veré más personalmente, máxime por el dolor que se que sufren, su esposa de 30 años de matrimonio, mi buena amiga Mónica Valencia, quien me llamó desde  Quito, apenas a horas de su fallecimiento, as{i como sus dos hijas, las cuales no veo desde que eran unas niñas. Sin embargo como amigo-admirador, tengo conmigo como recuerdos imperecederos, algunas de sus muy apreciadas obras, desde sus pájaros del año  1990 hasta una de sus máscaras del año 2015.

Este buen amigo fue, a mi forma de ver la vida y las cosas, un ser humano especial, que aprendió y enseñó con su ejemplo a sus relacionados, aquello que alguien llamó “El maravilloso mundo de las cosas sencillas.”  Nació en Morón Estado Carabobo e independientemente de que sus obras recorrieron, más allá de casi todos los Museos famosos de Venezuela, fueron expuestas y premiadas en varios países Europeos y de América Latina; pero, sin embargo, Poli siempre actuó con la misma humildad, caridad y amor a todas las personas de su entorno personal, como a los extraños que por alguna razón tuvieron acceso  a él.

Tanto su amplia  formación académica en Arte Puro en la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena”  Valencia       (1954-1958); Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, París (Francia, 1962 – 1967); Artes Gráficas, Filosofía del Arte, con Pierre Francastel en la Sorbona en París 1967; Estudios e Investigación de Urbanismo y Planeamiento. París (1968 – 1971) y sus estudios de Restaurador de Obras de Arte en el Louvre en París, así como en Perú y otras naciones Latinoamericanas. Sus múltiples exposiciones colectivas y personales en varias Ciudades Europeas como en Bruselas y par{is, pero también en Venezuela. Las múltiples condecoraciones y honores recibidos dentro y fuera de Venezuela, hicieron de este Venezolano, un digno representante de un País que ayer, hoy, mañana y siempre producirá hombres y mujeres útiles a la humanidad, cual es la máxima ambición de un ser humano.

Hoy lamentamos su partida y nos hacemos solidarios con todos sus familiares, especialmente con sus dos hijas, de las cuales hace muchos años que no se nada, sólo que una de ellas representó a Venezuela, con honores en el mundo deportivo;  pero para el orgullo venezolano, sabemos que él dejó en el mundo una obra imperecedera, que sin duda alguna lo hará presente por siempre. Ahora, quienes lo conocimos íntimamente, sabemos que está más allá del bien del mal, quizás en compañía de su querido alumno y común amigo de siempre, el galardonado pintor venezolano Wladimir Zabaleta, en una de esas mansiones que Jesús comentaba, cuando decía: “En la casa de mi padre muchas mansiones hay.”

Finalmente,  para quien interese conocer, recordar o investigar sobre la obra de este amigo recientemente fallecido, puede localizarlas indicando su nombre en varios Web Sites, entre los cuales: https://www.cayomecenas.net/mecenas2067.htm.

Nota Especial del Autor Dr. amaurí Castillo Rincón -MsC: Por solicitud especial de algunos lectores, que consideran esta lectura como apropiada para esta época de encierro por Pandemia, me veo en la necesidad de repetir este Artículo, en su oportunidad denominado

“EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO” Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos. Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos. En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente, cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente. Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor, la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros. Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza. Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

22/04/2020 por Dr. Amauri Castillo Rincón -MsC

19/05/2008 por Dr. Amauri Castillo Rincón -MsC | Editar

Hoy nuestro mundo está afectado en sus valores éticos. Principios fundamentales sobre los cuales nuestros predecesores concibieron y construyeron la sociedad contemporánea, se encuentran erosionados. Hemos  perdido mucho de nuestro sentido de unidad y eso nos hace como individuos moralmente débiles, y como conjunto social… vulnerables.

Integramos países y comunidades, pero como  individuos hemos ido distanciándonos y perdiendo esa unión que nos hacía mejores padres, respetuosos hijos, amorosos esposos, solidarios vecinos, y… buenos ciudadanos.

El bombardeo constante de consumismo, vanidad desbordada, violencia sin límites, indiferencia afectiva y… sexo grotesco, han producido sus resultados: pragmatismo, cortoplacismo, irresponsabilidad, indiferencia afectiva y religiosa; pero también  han disminuido nuestra firmeza y sembrado en nuestras almas profundos vacíos, difíciles de superar.

Frente a esas realidades, no queda otro remedio que fortalecer las instituciones que todavía quedan en pie. Porque como lo escribiera El Dr. Ron Jenson: “La sociedad refleja la salud de las grandes instituciones, las cuales reflejan la salud de las familias, las cuales a su vez reflejan la salud de las personas.”

Se siente en el ambiente la pérdida del mínimo sentido de pertenencia, típico de los seres racionales civilizados. Las personas se notan  afectadas en su identidad, cual por su condición gregaria, el individuo define y fortalece con la interacción del grupo familiar, laboral, estudiantil  y en la  comunidad o sociedad donde hace su vida cotidiana.

El sentido de pertenencia significa arraigo a algo que se considera importante, como las personas, cosas, grupos, organizaciones o instituciones, que contribuye a alejar o atenuar la soledad, que hoy afecta a los grandes conglomerados humanos, promoviendo insensibilidad, egoísmo, desconfianza, y un sentimiento progresivo  de inseguridad y… desamparo.

El  priorizar el logro de cosas materiales frente al amor y la sensibilidad humana, al crecimiento espiritual y el compartir las muchas bendiciones recibidas de Dios, violenta el sentido de pertenencia al  hogar, al sitio de trabajo, al lugar que nos vio nacer, a la escuela o universidad donde nos formamos, al grupo de amigos  y a la comunidad en general, aislándonos de las cosas que nos generaban ese importante elemento vivencial, que nos producía seguridad y nos hacía sentirnos como parte de algo… importante.

Si no tenemos arraigo por sentir que no pertenecemos a nada ni a ninguna parte todo se hace ajeno y, progresivamente, se pierde el interés en lo que no nos afecta directamente; y eso es contrario al sentimiento cristiano del amor y la caridad que debemos a nuestros semejantes, cual reflejó Jesús en su admonición: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Quienes aspiramos a una vida feliz tenemos que luchar por  conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo en ese sentido en la familia, haciéndola más unida, comunicativa y participativa, sobre la base del amor,  la consideración, la aceptación, la buena comunicación  y el respeto.

No basta traer al mundo, alimentar y educar los hijos; se requiere amarlos y enseñarles a amar; sembrarles en su alma el sentimiento de solidaridad humana y la obligación de asistencia a los semejantes, en los momentos de desventura, dolor o adversidad. Esa es una manera de desarrollarles el sentido de pertenencia a su grupo familiar y su comunidad,  que con el devenir del tiempo progresará y fructificará en sus propios hogares.

No es suficiente hacer pareja; se requiere hacer conjunción de intereses, sentimientos, sueños, solidaridad, confianza y lealtad con esa otra persona que nos escogió dentro del conglomerado social para hacernos objeto de su amor, dedicación y compañeros de siempre. Ello afianza un sano sentido de pertenencia a esa persona, haciéndonos ser mejores para no afectarla, frente a el sentimiento recíproco de que también ella nos pertenece, en el camino de hacernos una vida feliz.

No vale la pena trabajar o estudiar como una obligación para subsistir o prever el futuro; sería desperdiciar la oportunidad de vivir extraordinarias y edificantes experiencias que nos da el disfrutar de lo que realizamos. Se requiere amar lo que hacemos, porque además de ser una bendición, es un privilegio tener una labor que ejecutar o estudiar, cuando millones de personas no encuentran empleo y otras tantas no tienen la oportunidad de estudiar. Si amamos lo que hacemos, especialmente trabajar y estudiar, desarrollamos un especial sentido de pertenencia a esas Organizaciones en las cuales hacemos vida.

Participar en las actividades y organizaciones comunales, religiosas, estudiantiles, de voluntariado, culturales o recreacionales de nuestro entorno, es una manera de fortalecer ese importantísimo sentido de pertenencia, como generador de cohesión intragrupalque al mismo tiempo que afianza nuestra identidad personal, nos permite ser más útiles a nuestros semejantes, cual debería ser la máxima aspiración de todo ser humano.

El sentido de pertenencia fortalece el sentimiento  de que todos somos uno, que es como decir que al pertenecer a este mundo que Dios nos dio por heredad, todos nos pertenecemos mutuamente y por tanto debemos amarnos y socorrernos mutuamente.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com


SENTIDO DE PERTENENCIA

19/05/2008 por Dr. Amauri Castillo Rincón -MsC | Editar

Hoy nuestro mundo está afectado en sus valores éticos. Principios fundamentales sobre los cuales nuestros predecesores concibieron y construyeron la sociedad contemporánea, se encuentran erosionados. Hemos  perdido mucho de nuestro sentido de unidad y eso nos hace como individuos moralmente débiles, y como conjunto social… vulnerables.

Integramos países y comunidades, pero como  individuos hemos ido distanciándonos y perdiendo esa unión que nos hacía mejores padres, respetuosos hijos, amorosos esposos, solidarios vecinos, y… buenos ciudadanos.

El bombardeo constante de consumismo, vanidad desbordada, violencia sin límites, indiferencia afectiva y… sexo grotesco, han producido sus resultados: pragmatismo, cortoplacismo, irresponsabilidad, indiferencia afectiva y religiosa; pero también  han disminuido nuestra firmeza y sembrado en nuestras almas profundos vacíos, difíciles de superar.

Frente a esas realidades, no queda otro remedio que fortalecer las instituciones que todavía quedan en pie. Porque como lo escribiera El Dr. Ron Jenson: “La sociedad refleja la salud de las grandes instituciones, las cuales reflejan la salud de las familias, las cuales a su vez reflejan la salud de las personas.”

Se siente en el ambiente la pérdida del mínimo sentido de pertenencia, típico de los seres racionales civilizados. Las personas se notan  afectadas en su identidad, cual por su condición gregaria, el individuo define y fortalece con la interacción del grupo familiar, laboral, estudiantil  y en la  comunidad o sociedad donde hace su vida cotidiana.

El sentido de pertenencia significa arraigo a algo que se considera importante, como las personas, cosas, grupos, organizaciones o instituciones, que contribuye a alejar o atenuar la soledad, que hoy afecta a los grandes conglomerados humanos, promoviendo insensibilidad, egoísmo, desconfianza, y un sentimiento progresivo  de inseguridad y… desamparo.

El  priorizar el logro de cosas materiales frente al amor y la sensibilidad humana, al crecimiento espiritual y el compartir las muchas bendiciones recibidas de Dios, violenta el sentido de pertenencia al  hogar, al sitio de trabajo, al lugar que nos vio nacer, a la escuela o universidad donde nos formamos, al grupo de amigos  y a la comunidad en general, aislándonos de las cosas que nos generaban ese importante elemento vivencial, que nos producía seguridad y nos hacía sentirnos como parte de algo… importante.

Si no tenemos arraigo por sentir que no pertenecemos a nada ni a ninguna parte todo se hace ajeno y, progresivamente, se pierde el interés en lo que no nos afecta directamente; y eso es contrario al sentimiento cristiano del amor y la caridad que debemos a nuestros semejantes, cual reflejó Jesús en su admonición: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Quienes aspiramos a una vida feliz tenemos que luchar por  conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo en ese sentido en la familia, haciéndola más unida, comunicativa y participativa, sobre la base del amor,  la consideración, la aceptación, la buena comunicación  y el respeto.

No basta traer al mundo, alimentar y educar los hijos; se requiere amarlos y enseñarles a amar; sembrarles en su alma el sentimiento de solidaridad humana y la obligación de asistencia a los semejantes, en los momentos de desventura, dolor o adversidad. Esa es una manera de desarrollarles el sentido de pertenencia a su grupo familiar y su comunidad,  que con el devenir del tiempo progresará y fructificará en sus propios hogares.

No es suficiente hacer pareja; se requiere hacer conjunción de intereses, sentimientos, sueños, solidaridad, confianza y lealtad con esa otra persona que nos escogió dentro del conglomerado social para hacernos objeto de su amor, dedicación y compañeros de siempre. Ello afianza un sano sentido de pertenencia a esa persona, haciéndonos ser mejores para no afectarla, frente a el sentimiento recíproco de que también ella nos pertenece, en el camino de hacernos una vida feliz.

No vale la pena trabajar o estudiar como una obligación para subsistir o prever el futuro; sería desperdiciar la oportunidad de vivir extraordinarias y edificantes experiencias que nos da el disfrutar de lo que realizamos. Se requiere amar lo que hacemos, porque además de ser una bendición, es un privilegio tener una labor que ejecutar o estudiar, cuando millones de personas no encuentran empleo y otras tantas no tienen la oportunidad de estudiar. Si amamos lo que hacemos, especialmente trabajar y estudiar, desarrollamos un especial sentido de pertenencia a esas Organizaciones en las cuales hacemos vida.

Participar en las actividades y organizaciones comunales, religiosas, estudiantiles, de voluntariado, culturales o recreacionales de nuestro entorno, es una manera de fortalecer ese importantísimo sentido de pertenencia, como generador de cohesión intragrupalque al mismo tiempo que afianza nuestra identidad personal, nos permite ser más útiles a nuestros semejantes, cual debería ser la máxima aspiración de todo ser humano.

El sentido de pertenencia fortalece el sentimiento  de que todos somos uno, que es como decir que al pertenecer a este mundo que Dios nos dio por heredad, todos nos pertenecemos mutuamente y por tanto debemos amarnos y socorrernos mutuamente.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Dada la especialísima situación, inverosímil e imprevisible en sus causas, que afecta al mundo con la pandemia del Corona Virus, que ha causado miles de contagios y muertos en todo el mundo;  y que, desventuradamente, está descubierto que fue fabricado en  un Laboratorio con el único y específico fin de  MATAR SERES HUMANOS, paradójicamente por brillantes científicos, quienes fueron formados académicamente para lo contrario: VELAR POR LA SALUD DE LOS SERES HUMANOS, y por decir lo menos, un contrasentido, hoy agravado por la inusitada baja en los precios del petróleo a nivel mundial y  a menos de treinta días de terminar con la cuarentena en casi todos los países que la han decretado, aún no podemos prever  ni siquiera en forma aproximada, cómo y de qué entidad será ese DIA DESPUES; ya que, más allá de habernos demostrado que no existe ninguna condición especial de riqueza, poder o fama, que nos haga diferentes en cuanto a una segura  protección frente a cualquier tragedia desconocida o producto de la naturaleza, no nos permite predecir cómo quedarán las cosas en este mundo con la cantidad de enfermos física y sicológicamente, desempleados, centros de producción cerrados, Instituciones de Ayuda Social en bancarrota y hambruna, entre otros males. Personalmente pienso que, luego de esta gran catástrofe dúplex, sumado el Corona Virus al gravísimo problema de la baja nunca antes vista en los precios del petróleo -que lo ha puesto por debajo de su costo de producción y/o almacenamiento- recibiremos un mundo diferente.

 En principio, ese nuevo mundo que tendremos debería cambiar radicalmente algunos de sus valores, poniendo como esencial y primordial de éstos la supervivencia humana colectiva; vale decir, todo en función de la vida –porque debe ser nuestro fin primordial- pero no como hasta ahora, cuando todos hemos visto Personas Naturales y  Jurídicas e inclusive Estados y Regímenes, que han hecho todo lo contrario, poniendo al ser humano como medio para lograr fines subalternos como la Riqueza, el Poder y la Fama. Fue el gran error olvidar que cualquier otro elemento tiene que ser solamente un medio, para lograr  el fin más valioso, que debe ser EL HOMBRE, lo que nos ha llevado a esta gran catástrofe, tan grave que sus consecuencias finales, como antes lo indico, son imprevisibles.

No obstante todo lo expuesto, quienes hemos vivido una época especial que nos permitió ver dos Siglos y dos Milenios, como a los setenta  y ocho años de edad, es mi caso,  no estamos desesperados; simplemente, sorprendidos, preocupados y mentalmente preparándonos para lo que venga, porque la vida nos ha enseñado, en primer lugar que TODO PASARA y en segundo lugar, que mientras no pase frente a nuestros ojos el funeral de Dios, todo tiene solución, especialmente para quienes hemos vivido bajo su mandamiento básico: amar al prójimo como a sì mismo, por lo que no nos importa donde vayamos, siempre que lo hagamos de su mano. Realmente, para cualquier ser humano racional en este momento sus mejores armas son la fe en Dios y la esperanza de que irremediablemente, ESTO TAMBIEN PASARA.

 Cómo sea o cómo vivíremos nuestra vida futura,  igual que ahora, aunque en diferentes condiciones, tendrá el mismo factor personal fundamental: nuestro estado de ánimo, que no es otra cosa que el color que seamos capaces de darle a cada evento de nuestra cotidianidad. Con más o menos comodidad e incidencia quizás de nuevos o desconocidos controles sociales, el mundo continuará y el hombre seguirá siendo el protagonista principal de su propio desarrollo; que se le de menor importancia a los factores riqueza, poder y fama, que han supeditado al ser humano a su impacto social, no evitará que sigamos siendo la especie más inteligente sobre la faz de la tierra; por tanto y sin duda alguna superaremos cualquier escollo y seguiremos adelante.

Ojalá esta dura lección nos enseñe la importancia del amor, de la familia, la amistad, la solidaridad y… el compartir de lo que disponemos con los más desvalidos, que dolorosamente pienso que en adelante y quien sabe por cuánto tiempo… serán muchos. Pudiera ser también que en el futuro aprendamos que, la oración más fuerte es aquella donde solicitamos al Padre Celestial Creador de este Universo, lucidez para tomar acertadas decisiones; porque todo acto de nuestra vida es una toma de decisión y lo único que requerimos es el acierto, que es `producto, precisamente, de esa lucidez que pedimos. Estoy convencido que si logramos esa lucidez, para cualquier realización positiva, siempre estaremos en el sitio apropiado y en el momento oportuno, que sería como decir: LOGRAR EL ÉXITO DE LO EMPRENDIDO.

¿Y LUEGO QUE?

Dada la especialísima situación, inverosímil e imprevisible en sus causas, que afecta al mundo con la pandemia del Corona Virus, que ha causado miles de contagios y muertos en todo el mundo;  y que, desventuradamente, está descubierto que fue fabricado en  un Laboratorio con el único y específico fin de  MATAR SERES HUMANOS, paradójicamente por brillantes científicos, quienes fueron formados académicamente para lo contrario: VELAR POR LA SALUD DE LOS SERES HUMANOS, y por decir lo menos, un contrasentido, hoy agravado por la inusitada baja en los precios del petróleo a nivel mundial y  a menos de treinta días de terminar con la cuarentena en casi todos los países que la han decretado, aún no podemos prever  ni siquiera en forma aproximada, cómo y de qué entidad será ese DIA DESPUES; ya que, más allá de habernos demostrado que no existe ninguna condición especial de riqueza, poder o fama, que nos haga diferentes en cuanto a una segura  protección frente a cualquier tragedia desconocida o producto de la naturaleza, no nos permite predecir cómo quedarán las cosas en este mundo con la cantidad de enfermos física y sicológicamente, desempleados, centros de producción cerrados, Instituciones de Ayuda Social en bancarrota y hambruna, entre otros males. Personalmente pienso que, luego de esta gran catástrofe dúplex, sumado el Corona Virus al gravísimo problema de la baja nunca antes vista en los precios del petróleo -que lo ha puesto por debajo de su costo de producción y/o almacenamiento- recibiremos un mundo diferente.

 En principio, ese nuevo mundo que tendremos debería cambiar radicalmente algunos de sus valores, poniendo como esencial y primordial de éstos la supervivencia humana colectiva; vale decir, todo en función de la vida –porque debe ser nuestro fin primordial- pero no como hasta ahora, cuando todos hemos visto Personas Naturales y  Jurídicas e inclusive Estados y Regímenes, que han hecho todo lo contrario, poniendo al ser humano como medio para lograr fines subalternos como la Riqueza, el Poder y la Fama. Fue el gran error olvidar que cualquier otro elemento tiene que ser solamente un medio, para lograr  el fin más valioso, que debe ser EL HOMBRE, lo que nos ha llevado a esta gran catástrofe, tan grave que sus consecuencias finales, como antes lo indico, son imprevisibles.

No obstante todo lo expuesto, quienes hemos vivido una época especial que nos permitió ver dos Siglos y dos Milenios, como a los setenta  y ocho años de edad, es mi caso,  no estamos desesperados; simplemente, sorprendidos, preocupados y mentalmente preparándonos para lo que venga, porque la vida nos ha enseñado, en primer lugar que TODO PASARA y en segundo lugar, que mientras no pase frente a nuestros ojos el funeral de Dios, todo tiene solución, especialmente para quienes hemos vivido bajo su mandamiento básico: amar al prójimo como a sì mismo, por lo que no nos importa donde vayamos, siempre que lo hagamos de su mano. Realmente, para cualquier ser humano racional en este momento sus mejores armas son la fe en Dios y la esperanza de que irremediablemente, ESTO TAMBIEN PASARA.

 Cómo sea o cómo vivíremos nuestra vida futura,  igual que ahora, aunque en diferentes condiciones, tendrá el mismo factor personal fundamental: nuestro estado de ánimo, que no es otra cosa que el color que seamos capaces de darle a cada evento de nuestra cotidianidad. Con más o menos comodidad e incidencia quizás de nuevos o desconocidos controles sociales, el mundo continuará y el hombre seguirá siendo el protagonista principal de su propio desarrollo; que se le de menor importancia a los factores riqueza, poder y fama, que han supeditado al ser humano a su impacto social, no evitará que sigamos siendo la especie más inteligente sobre la faz de la tierra; por tanto y sin duda alguna superaremos cualquier escollo y seguiremos adelante.

Ojalá esta dura lección nos enseñe la importancia del amor, de la familia, la amistad, la solidaridad y… el compartir de lo que disponemos con los más desvalidos, que dolorosamente pienso que en adelante y quien sabe por cuánto tiempo… serán muchos. Pudiera ser también que en el futuro aprendamos que, la oración más fuerte es aquella donde solicitamos al Padre Celestial Creador de este Universo, lucidez para tomar acertadas decisiones; porque todo acto de nuestra vida es una toma de decisión y lo único que requerimos es el acierto, que es `producto, precisamente, de esa lucidez que pedimos. Estoy convencido que si logramos esa lucidez, para cualquier realización positiva, siempre estaremos en el sitio apropiado y en el momento oportuno, que sería como decir: LOGRAR EL ÉXITO DE LO EMPRENDIDO.

Nota Especial del Autor Dr. amaurí Castillo Rincón -MsC: Por solicitud especial de algunos lectores, que consideran esta lectura como apropiada para esta época de encierro por Pandemia, me veo en la necesidad de repetir este Artículo, en su oportunidad denominado “EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO” Para muchas personas esta frase pareciera trillada, pero por mi formación espiritual, conozco su resultado y me siento obligado a divulgarlo; ya que, si sólo sirviera para la reflexión positiva de una sola persona, me sentiría compensado. Desde que tengo uso de razón, considero mi vida como EL REGALO MAS GRANDE DEL MUNDO, porque gracias a ella puedo percibir la hermosura de la naturaleza y las personas; pero además comunicarme con mis semejantes, así como con especies animales y vegetales, como las mascotas y las plantas, que no tengo duda distinguen y/o aprecian mis caricias, palabras y sentimientos. Ese milagro maravilloso que es mi vida, en un mundo donde somos tan vulnerables, pienso que para mantenerse como tal requiere de formación cultural. Vale decir, que así como para sobrevivir físicamente tenemos que cuidar nuestra salud y nuestros pasos, espiritualmente tenemos que cultivarnos y fortalecernos, lo cual únicamente podemos alcanzar meditando sobre cada uno de nuestros actos, manifestación e introspección de nuestros sentimientos. En tal sentido, si queremos aumentar la posibilidad de supervivencia física nos conviene una buena alimentación, evitar riesgos innecesarios y no hacer daño a ninguna persona o elemento natural, lo cual nos aseguraría un alto porcentaje de éxito a nuestro favor; más como lo físico y espiritual es biunívoco, uno de los grandes riesgos para nuestro cuerpo son las enfermedades, las cuales en su gran mayoría –independiente de lo que piensen algunos científicos- se producen como consecuencia del estrés, cuando albergamos sentimientos destructivos como la intranquilidad, desamor, remordimientos, odios, envidias, deseos de venganza, vacíos vivenciales; o simplemente, cuando no tenemos nuestra conciencia tranquila, porque en algo no hemos actuado correctamente. Por mi experiencia he aprendido, que la tranquilidad y a ser posible la fortaleza espiritual que nos permiten sentirnos en paz, es la mejor medicina preventiva frente a posibles patologías e invalorables en los procesos de sanación, como ya ha sido aceptado por la Sicología Positiva. Asimismo, que el amor, la generosidad y la felicidad, son las mejores oraciones a nuestro Padre Celestial; porque demuestran la excelencia de su obra, representada por nosotros. Aprecio la vida, porque gracias a ella puedo decir “te amo” sin importar el origen, sexo, raza o nacionalidad de mis semejantes; porque me permite percibir a Dios en mi ser interno y esto, además de fortalecer mi fe y esperanza, me elimina cualquier temor o desconfianza. Finalizo recordando que –más allá de esa parte aleatoria de nuestro destino que no podemos controlar- Dios nos dota de todas las herramientas necesarias para ser felices, pero que a nosotros toca utilizarlas eficientemente, de tal manera que nuestra vida se convierta realmente, en EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

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