
Cuando muere un cantor, de esos que nos llegan a el alma, sentimos que con él se va un poco de nosotros mismos, pero cuando muere alguien que interpreta nuestros sentimientos más profundos, sentimos que si calla el cantor, de alguna manera, calla la vida; o por lo menos, algo importante de la nuestra.
Cuando calla una voz como la de Mercedes Sosa, caja de resonancia de la protesta, descontento y frustración de mi generación, allá por los años sesenta y setenta, cantando por nosotros lo que no fuimos capaces de hacer sentir a nuestro pueblo con gritos, piedras, desde las universidades y las calles, sentimos como si finalmente, el tiempo nos hubiera robado un poco de nuestra propia voz.
La negra se fue, pero nos dejó varios mensajes que no deberíamos olvidar; que no se requiere nacer en cuna de oro, tener cultura o conocimiento especial, para entender y sentir por nuestra gente… la gente del mundo, porque Mercedes Sosa era Argentina, pero universal porque le pertenecía al mundo.
Su voz, su música y su danza, también nos recuerdan que no podemos olvidar nuestro compromiso de sentir y luchar por nuestros hermanos desamparados; que manifestar los sentimientos de protesta, enmarcados en una hermosa voz, envueltos en el halo de una dulce melodía, pueden ser más efectivos y llegar más lejos que una piedra o… una bala. Seguramente, porque como ella lo divulgaba, en vez de quitar la vida debemos dar gracias a la vida, que nos ha dado tanto.
En las montañas, los vallados y las pampas del Sur, los lagos, los mil caminos que no llevan a ninguna parte de nuestros llanos; las costas de los ríos y caños encrespados con un aire de no se donde; los callejones, las alquerías y las querencias, donde la gente de nuestros pueblos esconde su renuncia a una vida mejor que no llega nunca, pero que sabe que les pertenece y… llegará, siempre estará presente la voz de esa soñadora, cantadora y contadora de sueños que fue “La Negra.”
Los vientos helados del altiplano y las cumbres de Machu Pichu; el caminito que se pierde entre desiertos… sin arena, los esteros y los humedales; el chic chac de la carreta que se niega a morir y el hombre humilde, que es de aquí y de allá, de alguna manera continuarán como protagonistas en esa lucha constante de vencer y lograr, en ese paisaje humano que tan bien supo pintar la voz de Mercedes Sosa.
Yo, que soñé y he vivido toda mi vida con la esperanza de un mundo mejor, donde todos sintamos la tierra como nuestra, y a los hombres como nuestros hermanos -para compartir lo poco o mucho que tengamos- sin que aún, luego de más de sesenta años se haya culminado, la canciones en la voz de Mercedes Sosa, continúan siendo un camino de esperanza.
Nuestra naturaleza gregaria nos hace conectarnos con la idea de compartir vivencias, experiencias y… ayuda mutua, como condición para lograr una vida plena, cual no es posible obtener aislados o en solitario. Por tanto, requerimos desarrollar la actitud de sentir a las personas e interesarnos por sus particulares situaciones.
En la televisión británica, millones de personas pudimos admirar un símbolo viviente de un milagro moderno: Susan Boyle, la aparentemente tímida y sencilla mujer escocesa de 48 años, que dejó estupefactos a los jurados del programa de televisión ‘Britain’s Got Talent’, erizó pieles y robó lágrimas espontáneas, mientras conquistaba el corazón del mundo, con su bellísima, tierna y extraordinaria voz, al cantar un tema del musical ‘Los Miserables’, dreamed a dream,
Somos físicamente tan vulnerables, que nada, en ningún momento, puede asegurar nuestra existencia física. No se requiere una locomotora que atropelle, o un edificio que se derrumbe, para perder la vida; suficiente es un microgramo de colesterol adicional en una arteria, una bacteria sólo detectable por un microscopio o un tropezón con una acera para abandonar este bello mundo.
Anoche, mirando un programa sobre la recuperación de un alcohólico, el gran sufrimientos de su esposa, hijos, hermanos y amigos, que le observaban impotentes morir en vida sin poder hacer nada, reflexioné sobre todo lo que Dios nos ha preservado, pero también de lo mucho que nos ha dado, que hoy más que nunca me siento obligado a dar gracias… infinitas gracias.

