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Archive for the ‘ACEPTACION’ Category

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Conforme avanzamos en el progreso espiritual, adquirimos certeza de que la fortaleza espiritual es la única protección frente a la adversidad.

Podemos suscribir pólizas de seguros y proteger los bienes, pero no hay seguro para protegerse frente a una situación adversa, como la muerte, el abandono, una enfermedad o accidente que nos inutilice.

Lo único que ayuda a superar cualquier adversidad lo es la solidez del espíritu, cuyo sustento es la fe en la fuerza universal de Dios. Sólo los espiritualmente fuertes pueden enfrentar el infortunio sin derrumbarse. Estos en su dolor no se lamentan preguntándose: ¿Por qué me ha sucedido tal desgracia?

Estas personas no se hacen preguntas cuya respuesta corresponda a Dios. En vez de interrogarse ¿Porqué? Cual es una respuesta que sólo Dios podría responder, se inquieren sobre la posibilidad positiva de todo evento dañoso: ¿Para qué me sucedió?

Esa pregunta sí tiene respuestas que podemos darnos nosotros mismos, sobre la base de que todo lo que sucede tiene una razón; la cual, para nuestro bien, en el momento del suceso no nos está dado conocer, pero con el tiempo entenderemos el motivo. No obstante, si nunca lo comprendiéramos tampoco sería un problema, porque Dios está aquí, no se ha ido, no se va, no nos abandona, y como Él nos cuida, conoce porqué sucedió y eso debe bastarnos.

El para qué es una parte positiva de la situación adversa. Nos posibilita reflexionar sobre el que esa situación pudiera evitarnos en el futuro una realidad más dolorosa.

Hace años asistí al funeral de un adolescente que falleció en un accidente automovilístico, a quien conocí y aprecié desde muy niño. Su madre sollozaba desconsoladamente preguntándose: ¿Por qué ahora que mi hijo tenía diecinueve años Dios me lo quita?

-No te preguntes porqué, le dije. Como cristiana conoces que eso sólo Dios lo sabe. Pregúntate para qué sucedió esta desgracia y ponte en oración, habla con Dios que Él te responderá en tu corazón y te dará la paz que necesitas. No te dirá el porqué de su muerte; eso no te beneficiaría. Recuerda que cuando nació, tampoco le preguntaste porqué te lo dio.

-Recuerda -insistí- ¿Cuántas madres todos los días ven morir sus hijos a los dos, cuatro, diez o más años de edad, y muchas veces de muertes muy lentas y dolorosas?

-Tu disfrutaste de tu hijo sano, estudioso, deportista, quien te hizo feliz por dieciocho largos años. Eres privilegiada frente a esas pobres madres, que vieron morir sus hijos a edades tan tempranas de manera tan horrible.

-Debes echarte de rodillas y darle gracias a Dios, porque te ama tanto que te dio un hermoso hijo por dieciocho años sin siquiera habérselo pedido. Recuerda que ni una hoja de un árbol se mueve sin la voluntad de Dios: existe una razón para haberse ido; Él no hace nada en contra nuestra.

-Dios nos ama desde antes de nacer y desde el vientre de nuestra madre nos hace un plan para esta vida que sólo Él conoce; cuando lo finalizamos, nos vamos. Dios no actúa para dañarnos. Somos su máxima obra, y eso no deberíamos olvidarlo nunca.

Cuando terminé mi reflexión, ya no lloraba con tanta desesperación. Continuaba triste, percibí que mi mensaje había llegado a su alma.

Cuando volví a verla, me saludó amablemente. Le pregunté cómo andaban las cosas, volviéndole a recordar la fuerza de la oración. No me habló mucho, pero en sus ojos, que son el reflejo del alma, sentí que había procesado el mensaje. Su herida aún estaba abierta, pero en proceso de curación.

Desde entonces, cuando hablo con personas en desgracia, utilizo la fórmula bendita del para qué, sugiriendo en vez de hacerse una pregunta sin explicación lógica o racional, cambiar el esquema a una inquisición que sí tiene respuestas racionales, como lo es: ¿Para qué sucedió el evento doloroso?

Esta última pregunta tiene muchas respuestas positivas, cuales pueden adaptarse a las propias y mejores conveniencias. Por ejemplo, si un ser amado muere instantáneamente en un accidente ¿No sería preferible a la de una larga, penosa y traumática enfermedad?

Los casos referidos a la adversidad del abandono del ser

amado y otros del mismo corte, los analizaremos en la pròxima entrega.

Próxima entrega: EL PORQUE DEL PARA QUE II

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grupo-feliz.jpgAnoche hablé con una bella y auténtica joven, cuya trato afectuoso y simpático me abstrajo de su figura, cual sólo noté al momento de despedirnos: esto me motivó a escribir sobre las dietas.

Hoy, La Dieta ocupa la atención del más alto porcentaje de los individuos al negarse los alimentos, ya fueren carbohidratos, lípidos o ambos, quienes utilizando inverosímiles métodos hacen cualquier sacrificio para adelgazar, con el exclusivo fin de parecer bien físicamente a… otros. La mayor prioridad de éstos no es sentirse muy bien con su cuerpo, sino como les miran los demás.

Así, se ha hecho un culto a la imagen física externa, sin importar que es pasajera y que no representa un indicador seguro del nivel de aceptación interna o felicidad. Es por lo cual vemos mujeres luciendo como su mayor logro su osamenta a flor de piel, cual en otros tiempos hubiera dado la impresión de sufrir de grave inanición, con riesgo de tropezarse y partirse como galleta, o caer de boca por el inusual peso de sus voluminosos implantes en su parte delantera.

Por su parte, los caballeros ya no se contentan con los campeonatos de hambre y ejercicio, sino que lucen nuevas protuberancias, más propias del sexo femenino, con abultadas prótesis en sus pectorales, glúteos y… quien sabe donde más, con similar intención de parecer muy bien a quienes los observan, porque al menos los glúteos, se les dificulta vérselos ellos mismos.

¿Que sea inconveniente mantener una buena figura? De ninguna manera, quien mantenga un cuerpo sano tendrá más posibilidad de una figura agradable y ser feliz, que quien lo descuide. Lo que sucede es que los medios de comunicación visual, nos arrebataron parte de nuestro propio criterio, fijándonos en la mente etiquetas, motivaciones, conceptos y paradigmas, en función del interés publicitario.

Sin embargo, aún la mayor aspiración humana sigue siendo lograr la felicidad, para lo cual un cuerpo esquelético de mujer, o las nuevas protuberancias en el hombre, no es lo determinante.

Conozco parejas donde los dos o uno de ellos, indistintamente, es llenito, gordo, flaco, muy flaco y en algunos casos, esquelético, quienes independientemente de su apariencia física son felices o infelices. Ninguno de ellos me comentó que fuera su cuerpo lo decisivo para la estabilidad o fracaso de la relación.

Por el contrario, cuando el vínculo fué muy bueno o estuvo a punto de romperse, los motivos aducidos lo fueron de carácter o comportamiento, de cómo concebían la vida y las cosas. En los que eran felices, el amor, consideración y respeto materializados en la ternura, buena comunicación y mejor sexo, habían desplazado en su mente, cualquier efecto predominante de tipo físico, convertiéndolo en complementario.

¿Quién no ha visto en la calle una pareja físicamente dispareja, pero que no pueden esconder su alegría y ternura en el trato mutuo?

Todos los hemos visto en las calles, parques y diferentes eventos, tomados de la mano y despreocupados de su apariencia física o la de otros; porque cuando se ama el tiempo siempre es corto y sería un desperdicio dedicarlo a especulaciones sobre la imagen física propia o la de los demás, que nada aportan al amor.

He asesorado a exuberantes mujeres y hombres «metrosexuales», cuya apariencia física no tenía nada que envidiar a los prototipos publicitarios, pero sentían vacíos existenciales que no pudieron llenar su estética personal, sino que los atribuían a su déficit de formación espiritual.

Es que hasta los placeres máximos requieren para su plenitud del componente espiritual. Como humanos, nuestro máximo disfrute lo es el éxtasis sexual, pero para que sea pleno, edificante y aporte deseo de repetirlo, tiene que estar imbuido de espiritualidad, que conlleva respeto, ternura, aceptación, comprensión, solidaridad, magia y fantasía. Esas características lo diferencian del coito únicamente procreativo de los seres irracionales.

Para quienes experimentamos integralmente el amor, cuando nos imbuimos en ese espacio sexual de música sin sonido, colores desconocidos y aroma a flores inexistentes, por segundos sin tiempo ni espacio definido, cuando hacemos el amor con la persona amada, el peso, la estatura y los muchos aditamentos para parecer mejor, pasan a un segundo plano. Más allá de esos incomparables segundos de éxtasis, sólo prevalecerá en el tiempo la vinculación espiritual, que nada tiene que ver con lo físico.

Estimo que una Dieta Ideal lo sería aquella que posibilite imagen auténtica, como resultado de la formación espiritual y física, considerando que no es el peso, color o estatura, ropa o accesorios, lo que definirá la felicidad, sino cómo sepamos demostrarlo en el trato cordial, respetuoso, considerado, buen humor, optimismo y disposición a ser útiles.

¿Por qué será que las personas felices que conozco no son las más bellas ni las más flacas, pero sí auténticas, simpáticas, positivas y de buen humor? Quizás ellas descubrieron su dieta ideal, porque no creo en una dieta única para todas las personas, como trataré de desarrollarlo y someterlo a sana discusión en la próxima entrega.

Próxima Entrega: Plan para la Dieta Ideal.

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wendy-y-michael-abrazados.jpgCuando se decide iniciar el noviazgo, más allá de cualquier otra consideración se lo hace por la atracciòn física que mutuamente se genera. En ese momento su único interés es conocerse, tratarse y compartir, motivándose especialmente para vivir una época bellísima por estar imbuida de amor, respeto, consideración y ternura, pero con la intención subyacente en casi todos los casos, de materializar un proyecto personal que pudiera ser dcisivo en su futuro.

En esa época, las personas y las cosas toman dimensiones especiales; en principio, es la etapa inicial de la futura relación de pareja, por lo cual únicamente se observa la parte rosada de la vida. Ambos, en ese evento tan romántico presentan no sólamente su mejor perfil fìsico, sino que exaltan su generosidad y lo que serían capaces de dar a esa posible relación.

El noviazgo -en el buen sentido del término- es la venta de la imagen propia, en el lenguaje sin palabras pero muy expresivo del amor que nace; donde cada uno, con intención de captar la atracción del otro presenta su mejor perfil, virtudes, potencialidades, sueños y ambiciones; pero normalmente y como mecanismo natural de defensa, se reservan mucho de la cruda realidad de su propia personalidad.

Como consecuencia de esa actitud insincera -aunque explicable y no mal intencionada- en una sociedad desconfiada y mendaz que contaminan cualquier relación humana, el convivir como pareja y enfrentar las circunstancias diarias, se convierte en la hora de la verdad, porque sino existe un profundo amor y decidido propósito de aceptación, al aflorar los reales sentimientos y actitudes individuales, se produce un choque emocional negativo, con respecto de lo que de la relación se esperaba, convirtiendo lo que pudo ser una experiencia edificante y para toda la vida, en una experiencia dolorosa e ingrata y pasajera, de la cual pueden derivar graves consecuencias personales que pudieran marcarles por toda la vida.

Sin embargo, como en mi caso, algunas personas conocimos a esa otra que nos atrajo, nos acercamos, la concebimos como un ser humano normal , imperfecto pero perfectible e iniciamos una relación muy cercana; la fortificamos, luego nos casamos y constituimos el hogar que hoy, luego de treinta y ocho años que no nos pesan, tiene más motivos por los cuales dar gracias a Dios, que en el momento de iniciarlo; porque hay tanto amor, aceptación, reconocimiento, respeto y consideración todos los días, que adicionado a una increíble, renovada y mágica relación sexual, nos llena de momentos hermosos que nos comprometen a escribir estas cosas.

¿Qué cómo lo hicimos o cómo se logra?

Precisamente, la idea es contárselo, porque nosotros damos testimonio de que si estamos dispuestos a dar lo mejor, siempre podremos fabricar y ralizar un sueño, porque eso significa una pareja bien avenida: un maravilloso sueño que se puede vivir despierto, por muchos años.

Constituir una pareja, que es lo que sigue a esa primera etapa del noviazgo, lo es hacer causa común integral: uno a favor del otro y juntos frente al mundo para vivir intensamente, en conjunto y de la mejor manera, cada una de las veinticuatro horas de cada día con fé, confianza, avaricia, con fruición y sed de amar sin importar cuando, como ni por qué. Con la seguridad de que la persona escogida es la mejor: la más bella, respetable, noble, generosa y leal; la más tierna, sensible, romántica y… hace el amor que es una maravilla. Sin esas fijaciones mentales, no es muy fácil mantenerse por muchos años, con entusiasmo renovado, al lado de otro ser humano tan o más imperfecto que nosotros, pero sin ninguna duda, capaz por amor de producir profundos cambios en su personalidad.

Para lograrlo se requiere enseñar a nuestra mente y alma, convertir la fantasía en realidad, descubriendo lo maravilloso que puede convertirse el ser humano cuando se siente amado, aceptado, respetado como es y reconocido en sus valores. Se amerita experimentar el regocijo inigualable de dar amor, con la única intención de ver feliz al ser amado: esa es una bellísima recompensa.

Lograrlo requiere renunciar al egoismo, aceptando que otra persona puede ser mejor que nosotros; conjugando aspiraciones, ambiciones; actuando en equipo; venciendo la competencia y compartiéndolo todo: lo bueno lo malo; los momentos felices, los adversos, el alma y… el cuerpo, sin falsos recatos ni reservas.

Si no somos capaces de mostrarnos como somos y mejorar, nada de eso podemos exigir de esa persona quien compartirá integralmente nuestra vida.

No hay sentimiento ni efectos más decisivos que aquellos que produce el amor. Por amor tenemos Dios nos acompaña, vinimos al mundo y por amor se han construido y destruído imperios. El amor nos hace libres, nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza corporal. Por amor somos valientes, heroicos, perdonamos y olvidamos.

¿Cual sería la entidad y efectos del amor, sin en vez del de una persona se acumula el de dos? Eso fue lo que pensamos, insistimos y logramos con mi, nunca suficientemente reconocida esposa Nancy… y aquí estamos para contárselo.

¿Qué les parece si lo prueban? ¿O alguien puede decirme que no es bien lindo?

Próxima Entrega: EL COMPROMISO

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¿Por qué muere el amor?

 ¿Cuál amor?  ¿El que se tiene a Dios, a los padres,  la pareja o los hijos?  Porque todos son amores, pero diferentes.

Para que algo muera debe estar vivo, si es que se trata de algo físico y… ¿Podría alguien señalar dónde está ubicado físicamente el amor? ¿Dónde lo percibe? ¿En la cabeza, en el corazón, en una mano, en el hígado?

 No puede ser ubicado, diferenciado, no existe certeza donde se siente. Tampoco cual de los cinco sentidos conocidos lo percibe, porque se trata de una sensación, de un  sentimiento, pero es intangible… físicamente inubicable.

Entonces, si no puedes ubicarlo en el mundo de los objetos físicos, no puedes saber cómo es ni donde lo sientes; simplemente, por no tener existencia física, tampoco puede morir, porque sólo muere lo corporal. Podrás percibirlo en mayor o menor grado, pero hasta ahí. Como no  existe  físicamente, tampoco puedes perderlo, porque no se puede perder lo que no se tiene; por tanto, no tiene posibilidad de morir.

Lo que sucede es que en presencia de determinadas situaciones físicas y espirituales, por razón de motivaciones, también intangibles, lo percibes, lo sientes en tu alma,  que es inmortal. El amor es inherente a nuestra vida. Es un sentimiento natural, razonado y exclusivo del ser humano, dentro de las especies que pueblan este planeta. El amor es esa parte de Dios que traemos desde antes de nacer y que continuará con nosotros, en nuestra alma, después de la muerte: «Dios es amor.»

Ese maravilloso sentimiento que nos recuerda que somos parte de Dios y que se llama «amor», perceptible pero inubicable, es una parte del  equipaje que traemos a este mundo y que funciona conforme a nuestras particulares motivaciones. No es estático, ni siempre de la misma entidad. Amamos nuestra vida física, nuestros padres, nuestro entorno íntimo personal, e inclusive algunos sentimientos representados en valores como la libertad, la verdad y la patria, por citar algunos.  Pero como no lo percibimos con ningún miembro o sentido del cuerpo, sino que es  un sentimiento que está hibernando en nuestro  interior, la percepción y su entidad lo será conforme a las motivaciones que lo despierten. Así, amo a las personas, pero el nivel del amor lo será  conforme a las motivaciones que lo generen.

Por tanto, se amará más a quienes se perciba que otorgan mayores elementos de los necesarios para generar y mantener el amor, como el respeto, la ternura, la aceptación, la solidaridad, la lealtad y la consideración, entre otros, materializados en actuaciones   positivas.

El amor  puede ser mayor o menor, más o menos emocionante o recíproco, pasajero o permanente; podrá aumentar o disminuir conforme a la interacción con la persona que se ama, o la concepción ideológica cuando se trate de valores. Pero el amor en el ser humano no muere, no puede morir, como no es posible que muera el alma, porque son eternos.

Lo que sucede es que el amor emigra, se muda, cuando las motivaciones que lo despiertan y deben mantenerlo activo, no son suficientes. Al ser dinámico,  como el cuerpo requiere la energía que le suministre la alimentación  y el oxígeno mínimo para mantenerse activo.

Las motivaciones que hacen nacer el amor deben ser permanentemente alimentadas, so pena de que por falta de energía emigre, buscando ese alimento fundamental para mantenerse en actividad, materializado en el respeto, la ternura, la aceptación, la comprensión, la solidaridad, la lealtad, una fluida comunicación, tiernas caricias y la ratificación de los pactos que lo originaron. Cuando no se dan estos factores que le suministran energía, si no pudiere emigrar para cubrir sus necesidades, entonces entra en letargo hasta cuando encuentre otra fuente alterna;  pero no muere.

Es por eso que cuando los padres no producen las motivaciones suficientes, los hijos no dejan de amarlos, el nivel de amor baja. Así, cuando una persona a quien se ama no  responde suficientemente para mantener esas motivaciones que originaron el amor, el nivel del mismo baja y algunas veces llega a desaparecer la orientación de este hacia esa persona específica, pero no muere el amor.  

Una de las motivaciones fundamentales para vivir, es disponer del recurso amor  que nos acompañará toda la vida; cuyo nivel se lo damos nosotros mismos y que cuando no recibe suficiente alimento no muere, sino que se aletarga o emigra a otras personas que sí estén dispuestas a suministrárselo. Esa característica del amor representa  la esperanza de que mientras se tenga vida, nadie tiene suficiente poder para hacernos infelices, porque dependerá de nosotros aceptar y otorgar o no el amor, especialmente en el entorno íntimo. 

No debo finalizar sin hablar del mayor de los amores, que es aquel que se personifica en Dios, por el cual vinimos a este mundo y nos llevará a otro… cuando Él lo estime conveniente. Ese amor nos da seguridad y confianza de que nunca, bajo ninguna circunstancia  estaremos solos, porque siempre Él estará con nosotros. No existe posibilidad de que alguien pueda separarnos, porque integralmente, somos uno con Él.

Próxima Entrega: NOVIAZGO: ANTESALA A LA PAREJA

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En la sociedad contemporánea, antes de incentivar el superarnos a nosotros mismos, se nos induce a superar a los demás, sin consideración alguna sobre  cuales son nuestros deseos,  ambiciones y concepción interna de nuestro papel en el conglomerado humano, ni sobre nuestras innatas capacidades. Simplemente, la meta es: superar a los demás.

 En esa carrera a que se nos somete vamos fortaleciendo nuestra propia insatisfacción, sin oportunidad a preguntarnos cuál sería nuestro avance, si en vez de perseguir superar las metas de los demás nos esforzáramos en lograr y superar las propias,  eliminando malos hábitos, cultivando la templanza, la ecuanimidad, la armonía, la aceptación y la solidaridad humana,  especialmente exigiéndonos todos los días un poco más de lo que dimos el día anterior en el camino de lograr nuestros propósitos.

 Si  vencemos esa tendencia a darle más importancia a competir con los demás que con nosotros mismos, descubriremos una inmensa capacidad de mejorar en todos los sentidos, así como la satisfacción de ser arquitectos de nuestro propio destino, sobre la base de nuestra individualidad, que nos hace únicos, incomparables e inigualables; con una carga genética  que nos dota de características intrínsecas, especiales y particulares, con capacidad inusitada para realizar los actos más nobles, heroicos y trascendentes que beneficien a la humanidad.

 Son esos rasgos específicos de nuestra individualidad lo que determina que algunos seamos especialmente buenos para las artes y las letras, sembrando el mundo de maravillosas obras literarias, esculturas, pinturas y música sublimes; otros para las ciencias,  creando los instrumentos para luchar contra las más graves enfermedades, y la mayoría de las veces, venciéndolas; construyendo las más inverosímiles máquinas que se desplazan sobre la tierra, atraviesan los mares y los cielos para hacer más cómoda y llevadera la vida del hombre; otros para los deportes que hacen más sana nuestra vida.

Tal es la  nobleza y generosidad humana que algunos dedican su vida a un apostolado para velar por los menesterosos, refugiados y  aquéllos que por diversas razones padecen hambre y desolación. Por eso estamos obligados a no desperdiciar nuestras innatas capacidades persiguiendo superar a los demás en actividades, cuales pudiera ser que por sus características propias y vocación natural,  otros pudieran realizar de manera más eficiente, aportando mayor beneficio a  la humanidad.

Cuando decidimos superarnos a nosotros mismos con prioridad a superar a los demás, logramos con más eficiencia alcanzar las  metas; crecemos espiritualmente, sintiéndonos más satisfechos, comprometidos con nosotros mismos y con la humanidad. En esa situación sí que disfrutamos la libertad de ser como lo deseamos y realizar lo que nos motiva.

Ese sentimiento de plenitud nos hace amarnos y amar a los demás, llenándonos de optimismo y confianza en lo que hacemos, pero también disfrutar de la vida y sentirnos auténticamente útiles, alejándonos de la envidia, la competencia imperfecta, la insatisfacción y… hasta del odio.

 Esa nueva visión de la vida nos ayuda a superar nuestras deficiencias y limitaciones, facilitándonos aceptar a las personas como son al  entenderlas mejor y  poder ayudarlas a superar sus problemas. Esa capacidad de hacernos a nosotros mismos con prioridad a cualquier sentimiento de competencia, nos imbuye en la idea de que  en la misma medida en que ayudamos a crecer a los demás, aumentamos nuestro crecimiento espiritual.

Por tanto, estará en mejor capacidad de ser útil, disfrutar de tranquilidad espiritual y lograr la felicidad, quien luche por su individualidad, dedicando lo mejor de sí a su superación personal en función de ser útil a sus semejantes,  que aquel que se dedique a la competencia permanente, desestimando la importancia de desarrollar su propio potencial, mientras corre desesperado en busca de superar a los demás, sin evaluar el  riesgo y las consecuencias para la sociedad, en el caso de que  pudiese estar equivocado, al desestimar su vocación natural.

 El superarnos con prioridad a los demás nos realiza personalmente al convertirnos en hacedores del bien; de dar amor y compasión,  infundiendo optimismo, positivismo y perseverancia; mientras controlamos mejor nuestras emociones, al valorar la importancia de los inconvenientes porque son ellos el acicate para aprender a vencerlos.

Toda esa riqueza de sentimientos convertidos en  acciones  nos acercarán a la ansiada meta de todo ser pensante, cual es de que al tiempo que se aporta el mayor volumen posible de felicidad, en esa misma entidad se contribuye a la propensión a que  las futuras generaciones habiten un mundo más humano, sensible  y solidario, donde tengan un puesto digno, con la seguridad que la mayor preocupación de toda persona, siempre será la contribución al logro del bienestar y la felicidad  colectiva.

Próxima Entrega:  DISFRUTAR EL MOMENTO

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Durante  una conferencia, en un curso de Maestría de   Gerencia Educativa, uno de los estudiantes me interrumpió para preguntarme: Profesor ¿Porqué la Gerencia es tan estresante?

En principio recordé mi concepción de lo que debería ser un gerente y lo mucho que había discutido el tema con empresarios privados y funcionarios públicos en funciones gerenciales y  expuse mi  criterio en cuanto a que ser un Gerente no sólo conlleva dirigir actividades, sino que requiere liderazgo sobre quienes le sirven de soporte.

Entonces, si su concepción es puramente desarrollista, seguramente no le preocupará la situación de su personal  y pudiera ser que ni siquiera la suya o la de su familia, porque su única meta será producir sin importar el costo humano, con lo cual convertirá el proyecto en una fuente de estrés para quienes intervengan en él.

Esa es la que yo denomino «Gerencia Estresante», porque no solamente afecta al Gerente sino sus demás relacionados como sus dirigidos, proveedores, asesores y colaboradores, al trabajar sobre el desacertado principio  de utilizar indiscriminadamente a las personas y cuidar las cosas, en vez de utilizar las cosas y cuidar a las personas.

Ese tipo de gerentes desconocen que, sin importar el volumen o tipo de  la inversión, la mejor forma de reproducirla es mediante el trabajo eficiente y bien intencionado de sus dirigidos,  por lo cual su éxito será directamente proporcional al estado de satisfacción que experimenten; especialmente en estos días,  cuando un buen empleado tiene un amplio mercado, en una nueva gerencia que sí conoce la importancia de formar recursos humanos, cuales  siendo debidamente tratados y reconocidos, sientan los proyectos como suyos y por tanto den lo mejor de sí.

El gerente estresado y estresante proyecta sus metas,  desde su inicio hasta su final, que normalmente conlleva los mejores años de su vida, sobre la base de lograrlas al  más bajo costo  y  menor tiempo posible, sin importar a quien se lleva por delante,  incluidos   su propio bienestar, el de sus dirigidos y el de su familia, porque su objetivo es lineal:  llegar al final sin  medir qué ni cuanto tenga que hacer, porque la recompensa está… al final. Consecuentemente,  al llegar a su término, como quiera que en el camino existen elementos imprevistos y difíciles de controlar como la competencia, nueva tecnología y obsolescencia, se convierte en una constante fuente de estrés que ni  vive, ni deja vivir a su entorno.

 En esa vía esta modalidad gerencial descuida a sus colaboradores, olvidando que para ellos su trabajo representa el  treinta por ciento de cada uno de sus días. No reconoce sus éxitos, ni los engrandece, dedicándole el mínimo tiempo y atención necesarios; desestimando que ellos dedican ocho horas de su preciosa vida por un salario nunca suficiente,  para que quienes ni siquiera conocen  se enriquezcan del producto de su esfuerzo. Sin duda, nunca especulan sobre lo agradable que sería convivir con esas personas, donde él sería el gran ganador porque se enriquecería precisamente de su diversidad.

La  situación con su familia no es menos inconveniente, porque: ¿Cómo desperdiciar el tiempo que es oro en algo tan elemental como una familia, donde no hay aplausos, condecoraciones o bonos de fin de año? ¿Qué sentido tendría para un Gerente, que por sobre todo ambiciona el éxito, el poder, el reconocimiento y el dinero, preocuparse por cosas tan pequeñas como la gripe de un hijo, sus malas notas o una cita en la Asociación de Padres y Representante de su  Colegio?

 ¿Cómo justificarse a sí mismo utilizar horas satisfaciendo  a  esa humilde y dedicada colaboradora, que veinticuatro horas al día hace lo que a él le correspondería  realizar en el cincuenta por ciento, y que nunca hace, llevándola a pasear,  a la playa o a un camping con sus hijos?

 ¿Quién atendería el negocio? Y… ¿Si en su ausencia algo falla y no lo pueden localizar? Se demoraría el proyecto y eso… él no podría perdonárselo.

Los resultados son obvios: estrés, estrés y más estrés. Pero también hay otros adicionales. En el trabajo, menos productividad que si su actitud fuese pro activa a favor del bienestar integral de su equipo. En su casa, desamor, desinterés, indiferencia afectiva. En su persona, más dinero pero menos tiempo para disfrutarlo; más condecoraciones pero menos pelo en la cabeza; el corazón y el colon no avisan y los infartos y el cáncer se nutren precisamente  del estrés; la próstata crece en la misma medida en que avanzan los años y disminuye la actividad sexual,  por cierto muy menguada en ese tipo de personas «exitosas».

Pero no se asuste, en la próxima entrega hablaré de otro tipo de gerencia más exitosa que la estresante y donde un Gerente podrá disfrutar de sus éxitos, pero al mismo tiempo de su propia vida.

Próxima Entrega: LA GERENCIA EDIFICANTE

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En la entrega anterior planteaba el caso de un esposo agradecido que reconocía a su esposa, invitándola a cenar, bailar, o simplemente tomar un café fuera de la casa. En tal caso, a la esposa corresponde suspender o atrasar cualquier actividad, dando prioridad a esa invitación especial, porque ese tipo de eventos no sólo mantienen la emoción en la pareja, sino que combaten uno de sus peores enemigos: la monotonía.

La más común de las quejas de las damas, cuando para animar su matrimonio sugerimos que se hagan un peinado nuevo, modifiquen el ambiente de la habitación, cambien su ropa interior por otra más sugestiva o utilicen un perfume más excitante, es la falta de reconocimiento por su cónyuge, cuando expresan: ¿Para qué voy a hacerlo si es que él ni siquiera lo nota?… …Todo eso lo he intentado, pero para él es igual… …Nunca reconoce nada de lo que yo hago… …En el principio de la relación él se entusiasmaba, pero ahora le da igual.

Esas actitudes producen el efecto de la gota de agua que cae incesantemente sobre la piedra: al final, la horada. No se requiere demasiada inteligencia para imaginar la suerte de la relación, si en el caso planteado el esposo hubiese manifestado su agrado y reconocimiento por esta demostración de entusiasmo por mantener viva la pasión; probablemente la relación se hubiese fortalecido, o por lo menos se habría hecho algo por combatir el aburrimiento, que es uno de los enemigos permanentes de la relación de pareja.

Es que la relación de pareja es una forma de vida, que se nutre de motivaciones diarias y sencillas, cuales, paradójicamente, producen los grandes momentos. La felicidad raramente la producen eventos extraordinarios. Una palabra, una mirada, una sonrisa, un abrazo, una caricia, un guiño y… hasta una nalgadita, suelen transmitir mensajes inmediatos que tocan el alma de las personas llenándoles de amor, ternura, paz, tranquilidad y… seguridad. Por el contrario la indiferencia, la desatención, la desconsideración, la falta de respeto, la chabacanería y la ausencia de ternura, suelen dejar heridas muy difíciles de sanar.

No es fácil mantener el calor en la relación de pareja sin una constante atención a los detalles. Una forma de no descuidarse, es recordar que esa persona que convive con nosotros es especial; que fue la que escogimos para acompañarnos toda la vida. Por tanto, para nosotros debe ser la más hermosa, tierna, pulcra, honrada… la más querida. Ella merece toda nuestra atención frente a las demás personas y en privado. Por eso todos los días debemos repetirnos que la amamos, que en nuestra mente y en nuestra alma no hay cabida para ninguna otra persona, porque nadie es mejor que ella. Que su cuerpo es el más hermoso, su sexo el más agradable y su alma la más pura.

Que nadie es más sincero, ni puede sernos más leal que ella. Que es la única persona que nos dedica todo su tiempo y atenciones; que es quien comparte nuestras ambiciones y sueños, aunque no fueren los mejores. El consejo es el de que no descuiden ninguna oportunidad para fortalecer la relación, porque el amor, y muy especialmente el de un nexo tan vulnerable y expuesto a tantos peligros como el de pareja, cual es esencialmente emocional y de mantenimiento permanente, no puede mantenerse sin esos elementos mínimos que le dan vida como el amor, la ternura, la aceptación, la solidaridad, la lealtad, el reconocimiento y la buena sexualidad.

No es por coincidencia que vemos parejas de diferentes edades, imagen física, personalidad y posición social, que al mirarlas quedamos convencidos que realmente se aman. No necesitan gritarlo o exponerlo. Simplemente no pueden ocultarlo. Lo determinamos al observar su trato, como hablan con los demás, como actúan el uno frente al otro. Pero si inquiriéramos: ¿Qué es lo que hacen para ser felices? Seguramente nos dirían: «Nada especial, sólo nos amamos; nos sentimos parte el uno del otro como integrantes de un proyecto común y por eso también nos respetamos; nos aceptamos como somos, nos ayudamos mutuamente a ser mejores todos los días. Pero para ser más felices y gozar al máximo de nuestra unión, incorporamos a nuestra relación la magia, el idilio y la fantasía, lo que nos permite convertir momentos normales, comunes y corrientes en experiencias extraordinarias».

Como dijera Sherlock Holmes: «Elemental mi querido Watson». Absolutamente elemental: Amar, ser sinceros, sentirse parte del más importante proyecto personal emprendido; comunicar oportunamente lo que se desea, se espera, se ambiciona y se siente; dar lo mejor de sí todos los días sin resentimientos, temores, sospechas, pero con respeto, consideración, aceptación y ternura, reconociendo los valores de nuestro par, más que señalando e insistiendo en sus fallas y a ser posible y conveniente, tratando de ayudarle de la manera más respetuosa, si determinamos que tiene graves zonas erróneas. Para hacer buenas las palabras de Angel Buonarroti, cuando expuso: «El amor es el ala que Dios ha dado al hombre para volar hasta Él»

Próxima Entrega: LA GERENCIA ESTRESANTE

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 En la dinámica vida de  hoy la competencia es el factor de afectación común en los conglomerados humanos. Se compite por todo y con todos: por los negocios y la política; por  el prestigio familiar y profesional; por el ingreso a las Universidades y las mejores notas en los estudios; por la belleza y popularidad; por los alimentos y los servicios; por los trabajos, por quien se come el Sándwich más grande de un solo mordisco, y por…el mejor puesto en los juegos de fútbol.

      De igual manera, Países y Organizaciones Nacionales, Binacionales y Bloques Geopolíticos deben competir por los mercados de los productos; por los recursos financieros y la energía; por pertenecer a la ONU, OTAN, OMC,  OEA, BID, ALALC, MERCOSUR; por mejorar  la tecnología espacial; por avanzar en la creación de nuevos mecanismos frente al terrorismo; por el Miss Universo y  Míster Músculo… entre otros.

      Lamentablemente, la mayor incidencia de esa competencia constante lo es para lograr poder, control, supremacía, fama, prestigio y…riqueza económica; aún con más ahínco que por procurarse amor, salud, educación, justicia social,  tranquilidad o paz. Tampoco se orienta esa lucha a ser efectivos en la consecución de vacunas contra el SIDA u otra de las muchas enfermedades endémicas que acogotan al mundo; controlar el trabajo de millones de niños, que en países asiáticos, africanos, centro y suramericanos, en las peores condiciones se les niega su derecho más elemental: ser niños; vencer el hambre y la pobreza que depredan países y regiones enteras, o lograr convenios internacionales para proteger el ambiente, sobre el cual si no hacemos algo desde ya, en menos de cien años nos dejará sin la mayoría de las especies animales y sin agua; con los bosques, las tierras y el petróleo, completamente agotados.

      La pareja, como producto y factor social, no podía librarse de los efectos de la globalizada tendencia a competir. En esta relación, la competencia suele funcionar de dos maneras marcadas y diferentes. Especialmente aquellas integradas por quienes realizan actividades laborales y/o generadoras de  ingresos fuera de casa, independiente de cual fuere su profesión, labor u oficio,  puede manifestarse en sus dos versiones: la primera, que es  la competencia de ambos  por hacer las cosas mejor, aportar más amor, comunicación,  consideración y respeto a la relación, que es actitud indiscutiblemente beneficiosa a la relación porque la fortalece y hace la vida de sus integrantes más agradable, edificante y feliz. 

      La segunda suele darse cuando compiten entre sí, no sólo desde el  punto de vista profesional y del nivel de aporte de ingresos a la familia, sino además por un liderazgo mal entendido, representado por la autoridad, aprecio y atención de sus hijos a favor de uno y desmedro del otro. Este último tipo de competencia, que aunque no tan descarnada y horrible como la comercial o política que  a veces pareciera no tener límites, sí suele convertirse en un problema que de no ser detectado y tratado a tiempo, progresivamente va horadando las bases de la pareja hasta convertir el hogar en la casa de habitación de dos extraños, quienes conviven en el mismo techo por pocas horas, pero que no comparten integralmente ni la misma filosofía de la vida ni los mismos intereses, desde el punto de vista de su  globalidad. 

      Sobre la base del aforismo que pareciera haber sido escrito especialmente para las parejas, «Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.»,  considero que la única competencia válida entre los miembros de una pareja, es aquella orientada a dar todos los días su mejor trabajo para la fortaleza de la relación. Es esa misma competencia positiva la que se debe profesar para ver quien es el mejor para reconocer a su par por todas las múltiples cosas buenas que hace todos los días; sus valores y aciertos, de tal manera  haciendo menos significativas las consecuencias de sus zonas erróneas y desaciertos. Debe ser la búsqueda por lograr y preservar ese sentido de conexión indispensable en la pareja,  del engrandecimiento mutuo en búsqueda de la perfectibilidad posible; de la identidad permanente con los valores éticos que harán perdurable la relación.

      La otra competencia, sin ninguna duda imperfecta para demostrar que se es mejor en la profesión, o en liderazgo en la familia, o en la generación de ingresos económicos, o… haciendo el amor, me parece simplemente una majadería contraria al sentimiento de unión, solidaridad, participación y buen ejemplo, que motive a los solteros a construir una pareja. Si se quiere, es una forma de dañar y perjudicarse a sí mismo, sin otro resultado que no fuere el  demostrar a su consorte su errada escogencia,  y que, posiblemente, además de ser competidor  es un actor pero de una comedia bufa, ya que a ninguna persona normal puede ocurrírsele invertir tanto amor, dedicación, trabajo y recursos de todo género, como el que se requiere para construir un hogar, para ponerlo en riesgo de manera absurda…

Próxima Entrega: LA COMPETENCIA IMPERFECTA II

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