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Archive for 31 marzo 2008

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No he tenido la oportunidad de verificar si es cierto que “El que comparte y reparte le queda la mejor parte”, pero respecto de que lo importante de compartir, no es la parte que nos quede sino que al ayudar nos ayudamos.

Compartir con nuestros semejantes no sólo las bendiciones y situaciones positivas, sino aquellas que nos afecten negativamente, es un principio cristiano de incuestionable valor.

La regla de oro del cristianismo es integral, porque Jesús no se circunscribió a una cosa, circunstancia o asunto en especial sino que globalizó la regla, al demandar que hiciésemos por los demás lo mismo que esperábamos que los demás hicieran por nosotros.

Si bien es cierto que es loable, apropiado y noble compartir cosas físicas con los demás,  no menos importante es compartir el conocimiento, las buenas noticias, la alegría, el optimismo, la confianza, la fe en Dios y… la esperanza.

Para compartir todo momento y oportunidad son buenos. Nuestra vida, como los valores que la rigen, tiene una condición existencial bipolar. Así,  de forma constante tenemos frente al nacer, el morir; al bien, el mal; a la alegría, la tristeza; al éxito, el fracaso; a la riqueza, la pobreza; al egoísmo la generosidad; a la fe en Dios, el temor.

La condición vivencial de compartir lo bueno nos aporta sentimientos de realización, de plenitud y solidaridad humanas. Cuando compartimos la tristeza, la desesperanza o el dolor, igualmente sentimos que la carga se hace menos pesada, más llevadera y que no estamos solos.

Como producto de mis personales observaciones, en repetidas oportunidades he comprobado que muchos y graves problemas vivenciales de personas que me han consultado, hubieran sido menores, menos agravantes o más rápidamente solucionables, si el afectado los  hubiese compartido con otras personas.

No es acertado pensar que lo positivo del compartir lo es únicamente cuando se trate de algo físico, porque para la mayoría de las personas, es más difícil solicitar ayuda o consejo para sus problemas espirituales, que requerir cosas materiales.

Es que un pedazo de pan no es difícil compartirlo, porque cualquiera puede darlo sin mucho problema; pero para oír con respeto, interés e intención de ayuda, se requiere sentir que la solidaridad no es una opción sino una obligación, porque todos somos… uno.

El pan se come y a las pocas horas nuevamente se tiene hambre. La sensación de que no estamos solos y que alguien comparte nuestras inquietudes y preocupaciones, nos acompaña por mucho tiempo,  y a veces por siempre.

Que la carga se hace menos pesada y el disfrute mayor cuando compartimos es algo que no deberíamos olvidar.

Sin esperar nada por el aporte que hagamos a nuestros hermanos, siempre la vida nos devuelve beneficios; sino a nosotros mismos, a los seres que más amamos.  Como padres, es apropiado recordar al Salmista cuando afirma: “…no he visto hijo de justo mendigando pan.”

Al compartir, independientemente de la naturaleza de lo que se comparte, crecemos espiritualmente y nos hacemos la existencia más agradable.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

 Próxima Entrega: LA ENFERMEDAD MAS GRAVE.

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490213_maga1.jpgSobre la meditación, sus modalidades y  técnicas para realizarla se ha escrito mucho durante mucho tiempo, habiendo sido utilizada por las religiones como factor de acercamiento a Dios.

Mi exposición es para personas que como yo, sin conocimientos especializado del tema, nos interesa estudiar la utilidad práctica de las cosas, circunscrito  a nuestra naturaleza físico-espiritual. Me aplicaré a testimoniar lo que creo de la meditación y su utilidad en nuestras vidas; no como algo etéreo, simbólico, sacramental, difícil o que requiera condiciones especiales, sino como un instrumento objetivamente beneficioso, también a nuestra vida física.

En mi criterio, más que poner la mente en blanco,  meditar es zambullirse dentro de uno mismo, para mirarse y mirar con el tercer ojo, dialogando con ese Dios que es principio y fin de nuestra existencia, solos como vinimos al mundo y… en silencio.

Cuando meditamos, nos abstraemos de  sonidos, colores e  imágenes, para volar sobre la alfombra de un mundo ideal de luz, quietud, serenidad, paz, y armonía, que nos pone más allá de la sinergia de nuestra vida diaria.

Meditando creamos el ambiente perfecto para, en otra dimensión, revisar las ideas, pensamientos, sentimientos, recuerdos, afectos, emociones conforme van surgiendo; así como creencias, ambiciones y nuestra conciencia, mientras volamos con el pensamiento, como la hoja que con suavidad en las manos del viento, se desprende y  cae lentamente y en silencio, sobre el suave tapete de otras hojas muertas.

Meditar es escapar por un lapso de tiempo de todo lo que se es y se hace, para encontrar maneras de cómo ser y hacer las cosas… mejor.

Es que la dinámica de nuestra cotidianidad, escasamente nos da tiempo para pensar en lo elemental, dejándonos detrás y en segundo lugar, por si queda tiempo, el estudio y análisis de lo trascendente.

 Como seres físico-espirituales, no podemos divorciar una naturaleza de la otra.

Meditar es encontrarnos con Dios y pasear con él tomados de la mano, porque al disociarnos dentro de lo posible de este mundo físico, liberamos el espíritu que regresa a su hogar, donde no requiere nada material,  aunque fuere por corto tiempo.

Cuando meditamos, nuestro cuerpo baja su actividad física al mínimo y el cerebro concentra todo su poder y nos brinda toda su fuerza.

En nuestra cotidianidad, ese proceso de revisión a velocidad cuántica que nos permite la meditación, al aquietarnos posibilita determinar la mejor manera de interpretar las situaciones y responder apropiadamente.

Ninguna utilidad tendría meditar si no tuviera efectos fácticos. Por eso debemos destacar que la meditación, al aquietarnos beneficia nuestra la salud física y mental; pero también, al aumentar la concentración, aporta eficiencia a la ejecución de nuestras actividades, especialmente en el hogar, el trabajo, el estudio y lo que pudiéramos hacer por nuestros semejantes.

La meditación imbuida de pensamientos positivos, nos fortalece frente a los temores y pensamientos negativos, convirtiéndose en el mejor ejercicio para fortalecer el espíritu y restablecer el equilibrio mental, tan necesario para lograr una vida plena y…feliz.

Próxima Entrega: LA IMPORTANCIA DE COMPARTIR.

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“LA BUENA ACTIVIDAD SEXUAL SOLIDIFICA LA RELACION DE PAREJA”

Sin pretender un conocimiento académico de la Sexología, como disciplina especializada de las Ciencias de la Salud, sino como mero observador de la influencia del acto sexual en nuestras vidas, luego de haberlo experimentado por más de cuatro décadas con una muy buena salud, aseguro que representa un indicador de vitalidad.

Mis observaciones en personas con problemas de enfermedad, baja autoestima, tristeza, depresión, inseguridad e indeseables relaciones de pareja, por lo general el factor común ha sido el desinterés, temor, reservas, tabúes o insatisfacción en las relaciones sexuales.

Por el contrario, cuando he tratado con interés investigativo el tema de la sexualidad en quienes he observado de buen humor, alegres, entusiastas, positivos, proactivos y emprendedores, el factor dominante ha sido la plena actividad sexual.

Es que la vitalidad no responde solo a una buena salud física, sino que imbuye la salud mental y espiritual, materializadas en el inocultable vigor que da el amor por la vida, por las personas y por lo que se hace; que fluye en el buen humor, la alegría, el entusiasmo y el sentimiento de compartir, que son parte de esa actitud contagiosa de las personas vitales.

Pero… ¿Cuál es ese sexo vital y cómo diferenciarlo de cualquier otro tipo de sexo?

El sexo vital es aquel que, al vincular sus sensaciones eróticas a las más elevadas manifestaciones espirituales, transforma el acto natural reproductivo, superando su originalidad, para convertirlo en un evento cultural trascendente.

Ese sexo vital incorpora a lo biológico y fisiológico la sublimación del acto, como facultad exclusiva del ser humano, que, como producto del amor, traduce en idilio, ternura, pasión y solidaridad, en ese mundo mágico, sin espacio ni tiempo, que se crea mientras hacemos el amor; cuando nuestros mecanismos de defensa desaparecen y actuamos con vocación de darlo todo, sin otro interés que producir la mayor satisfacción posible.

Esa interacción tan especial, plena y beneficiosa, física y espiritualmente, no puede darse en cualquier tipo de relación sexual esporádica, accidental o forzosa, sino en aquella producto de la voluntad motivada por los más altos sentimientos de espiritualidad.

No existe otra posibilidad de transformar el coito natural reproductivo en acto cultural de máximo disfrute y plenitud, que no sea mediante la sublimación del sexo, que posibilita vencer la herencia de miles de años, impresa en nuestros genes, como producto de un amor idílico, romántico, fantasioso, apasionado y mágico; hijo de sueños y transformador de fantasías en realidades.

La posibilidad de disfrutar de ese sexo vital no es difícil, porque se encuentra todos los días a nuestro alcance, a nuestro lado; esperando la inyección de amor, entusiasmo, magia, pasión y fantasía, necesarios para un buen desempeño sexual.

Se trata de esa amorosa guerrera de todos los días, nuestra amada pareja, que es capaz de ser esposa, madre y amiga. Pero que, si nos ponemos inteligentes, menos egoístas y tiernamente la excitamos para que desarrolle su propia creatividad, puede convertirse en nuestra novia de siempre, y como amante, en productora de las más agradables sorpresas.

Próxima Entrega: LA MEDITACIÓN.

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“PARA ESTAR TRISTE NO SE REQUIERE COMPAÑÌA.”

El fenómeno social divorcio, no podemos soslayarlo en una sociedad donde hoy afecta a más del ochenta por ciento de los matrimonios constituidos. El divorcio es tan común, que el problema ya no es divorciarse sino cuál debe ser la actitud post-divorcio para no afectarse por las reminiscencias y sentimientos de culpa, heredados de la situación vivida.

Mantener un matrimonio no sería difícil, si ambos contrayentes aceptaran la sagrada individualidad y el libre albedrío, como patrimonio inviolable de sus pares. Asimismo, sería menos traumática la separación si se aceptara de buena gana que la unión fue producto de la libre elección y voluntad, sobre la base del interés mutuo de ser más felices casados que permaneciendo solteros.

Cuando esas condiciones fundamentales que motivaron el matrimonio se dañan o desaparecen, lo más lógico es que al no darse los objetivos que produjeron la unión, quien no se sienta realizado ponga fin a un vínculo que de continuar, progresivamente transformaría un proyecto de vida en común y felicidad, en una relación sin sentido, enfermiza y contraria a sus motivaciones iniciales.

¿Puede alguien concebir con un mínimo de razonabilidad, que un proyecto donde dos trabajan para ser felices, llegue un momento en que únicamente satisfaga a uno, o lo que es peor, que no llene las aspiraciones de ninguno?

¿Qué es más importante, mantener un parapeto sin sentido, por una actitud hipócrita, en una sociedad donde se compite por su mayor expresión, dañando el amor, la solidaridad y la ternura que se deben los cónyuges, o liberarse mutuamente, dándose la posibilidad de una nueva oportunidad para conseguir lo no logrado?

La actitud conveniente, por positiva, sería la de aceptar que al divorciarse se regresa a la misma situación anterior al matrimonio; sólo que, para beneficio de quien en el futuro compartirá su vida en pareja, el divorciado aportará su conocimiento sobre lo que puede convenir o no a la relación; el hábito de vida en común que enseña a compartir y rebajar el egoísmo natural; y algo nada despreciable: experiencia para el desempeño de una buena relación sexual.

El divorciado o prospecto a iniciar uno, que maneje estos criterios positivos, podrá contestarse también positivamente la pregunta del título, porque interpretará su situación como una nueva oportunidad para lograr su ambición de compartir con felicidad, con otra persona, que con él haga causa común, le ame, respete, aprecie y acepte, con todas sus virtudes y limitaciones inherentes a todo ser humano.

Ojalá no fuera necesario divorciarse, pudiendo envejecer felices y morir al lado de esa persona que hemos escogido entre millones de seres humanos para compartirlo todo. Esa es la idea y la justificación del matrimonio, no ninguna otra.

Comparada con la edad del mundo, nuestra vida sobre esta tierra es tan corta, que desperdiciar nuestros mejores años al lado de alguien que no nos realice física y espiritualmente, sería como renegar del extraordinario e insustituible privilegio de vivir.

Si bien es cierto -y estoy convencido de ello- que nuestra alma es eterna y superará nuestra estancia física sobre está tierra, no dejo de aceptar que este regalo maravilloso de Dios representado por el cuerpo, requiere de motivaciones, logros y satisfacciones que son absolutamente físicas, cuales al vincularlas al espíritu, logran esa realización físico-espiritual que conocemos como: la felicidad posible.

Así como el espíritu se alimenta de los elevados sentimientos de amor, ternura, aceptación y solidaridad en permanente comunicación con Dios, el cuerpo en constante contacto con el mundo físico que lo rodea, requiere condiciones físicas de subsistencia como la alimentación, la salud, su cuidado y el confort personal; así como una emocionante, apasionada y tierna relación sexual.

Lo espiritual no excluye lo físico ni viceversa; simplemente se yuxtaponen, se complementan, hacen… un todo. Por una razón que es también físico-espiritual, para sentir una real plenitud, salvo casos muy excepcionales, nuestra condición de seres gregarios nos induce a concebir que la alegría, la felicidad y la plenitud, no nos llenan suficientemente si no tenemos alguien con quien compartirlas.

Alguien comentaba que para estar tristes nos bastamos solos, pero para disfrutar las cosas buenas de la vida, para estar alegres, normalmente requerimos compañía. Personalmente, comparto ese criterio.

Es por lo cual pienso que como el hacer pareja es la experiencia más interesante de cualquier ser humano, al perderla, surge su inmanente deseo, que es un derecho, a tratar de encontrar en una nueva relación, lo que no pudo obtener en la anterior.

Como consecuencia, mucho de su éxito en la búsqueda de un nuevo sendero, será influido por cómo haya procesado los efectos de la relación anterior. De tal forma que, si se permite sentimientos de culpa, o que le afecte ese invento malévolo de la mente humana denominado “nostalgia”, entorpeciéndole perdonar y perdonarse, difícilmente podrá ver la parte positiva del rompimiento.

Por el contrario, si analiza y procesa lo positivo de eliminar a tiempo un problema de gravedad existencial -para él y para su ex cónyuge- como es una relación sin sentido, enfermiza y a veces pervertida, que logra dejar profundas huellas, determinándolo como una etapa de aprendizaje; capitalizando las buenas experiencias, rechazando y olvidando las malas y desagradables, sin duda se convertirá en un interesante prospecto para cualquiera de esas personas, que en el mismo camino, vienen en sentido contrario pero con idéntica aspiración de rehacer su vida, cuales tropezará en el momento apropiado y recibirá como una brisa fresca, en una mañana que no amenaza nubarrones, porque su alma está sana y abierta a cualquier nueva iniciativa para vivir feliz.

La reflexión serena sobre estas apreciaciones, pocas veces tratadas con sinceridad, de algo podrían servir a divorciados o quienes se encuentren en proceso; lo cual, luego de este análisis no parece algo del otro mundo, sino una situación vivencial que debe enfrentarse con decisión, nobleza y aplomo… cuando todavía se está a tiempo.

Próxima Entrega: EL SEXO VITAL.

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esli_by_women_04.jpg Al despertar, todas las mañanas, luego de agradecer el privilegio de disfrutar un nuevo día de vida, bendiciéndolo como perfecto dentro de todos los días perfectos, conviene programar mentalmente ese día.

La programación debería fundamentarse en la constante y permanente convicción de que, nuestro Padre Celestial cubre todas nuestras necesidades físicas y espirituales, bajo la condición de que realicemos nuestras actividades con amor, fe y seguridad de que el presente que vivimos, en si mismo, es una nueva oportunidad de experimentar un día más… una vida más.

De tal manera, afirmaremos que disponemos de una salud perfecta, con órganos sanos que nos permiten utilizar eficientemente todos nuestros sentidos, como ver, oír, hablar, gustar y sentir todo lo bueno, lo cual nos posibilita vivir intensamente cada momento, al tiempo que nos hace más útiles a nuestros semejantes.

El agradecer en todo momento por nuestra familia, los amigos, el trabajo, la oportunidad de estudiar y adquirir nuevos conocimientos, promoverá una actitud personal positiva, frente a la sinergia de esa vida que representa un nuevo día, siempre expectante y lleno de eventos y situaciones imprevistas… que nosotros haremos agradables.

En este programa debemos aceptar sin ninguna duda, que si meditamos, pensamos y observamos con cuidado los acontecimientos del día, todos serán solucionables; porque más allá de nuestra inteligencia y diligencia, tenemos a Dios para esclarecernos cual es la opción apropiada.

Un renglón importante es mantener la oración mental permanente, pidiendo lucidez para tomar acertadas decisiones, que acompañaremos con nuestra diligencia, consecuencia y empeño, para beneficiarnos y beneficiar toda causa buena y positiva.

Un refuerzo permanente al programa lo será repetirse continuamente afirmaciones que aumentan nuestra fe y confianza, como: “Dios es amor, paz y dicha.” “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” “Quien a Dios tiene nada le falta…sólo Dios basta.”

En este programa, al desechar todo pensamiento negativo o reminiscencia dolorosa, no criticar ni juzgar, ni pronunciar palabras duras que disminuyan actitudes ajenas o propias, mantendrá incólume nuestro equilibrio físico, emocional, mental y espiritual, tan necesario para ser felices.

Debemos responder en todos los casos de agravios con caridad, enviando a los agresores mensajes de amor, bajo la convicción de que su actitud es precisamente por su déficit de aceptación, comprensión, ternura y… amor.

Si cumplimos este fácil y elemental programa diario, esa fuerza universal, omnipotente y omnipresente que representa Dios, nos proveerá del amor, consecuencia, caridad, sensibilidad y solidaridad humana, indispensables para lograr convertir nuestros pensamientos en cosas, cuya materialización será conforme a la energía y plenitud que en ellas pongamos.

Fue eso lo que quiso decir Jesús cuando aconsejaba: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá.”

¿Cómo anda su programa diario de vida, o… no lo tiene?

¿Qué tal si lo intenta?

Al fin y al cabo nada se pierde y no es muy difícil, pero le aseguro que podría servirle para mejorar su equilibrio mental, espiritual y físico.

Próxima Entrega: ¿LUEGO DEL DIVORCIO QUÉ?

 

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“En este bendito nuevo día, todo está previsto. Nada queda fuera de mi plan divino, porque Dios me acompañará hoy y por siempre.”

Las veinticuatro horas de cada día, la expresión oral o pensamientos de las cosas que deseamos que sucedan, o los temores de no lograrlas, representan DECRETOS que se convierten en condicionantes de nuestros actos.

Nuestro cerebro y espíritu nunca descansan y están siempre despiertos. El espíritu, con contacto con Dios orienta nuestra voluntad hacia la superación, elevación progresivas y el logro de nuestros mejores fines. El cerebro, que responde a esas motivaciones espirituales y volitivas, las transmite como órdenes que ponen en movimiento al resto del cuerpo.

Así, cuando decretamos que tenemos buena salud, que la vida es bella, que estamos contentos, que vivimos de la mano de Dios, ese mensaje recibirá de nosotros esa fuerza universal que rige nuestras vidas y en función de eso nos devolverá los resultados.

Si decretamos que todo lo que haremos estará en función de amar y disfrutar las personas, el paisaje y todas esas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro disfrute, nadie podrá interferirlo, porque la fuerza del decreto la respalda ese poder superior y universal.

Decretar que rebosamos de amor, suficiente para nosotros y nuestro prójimo; que somos fuente de placer, de alegría, de generosidad nobleza, sensibilidad, caridad y solidaridad, asegurará que los resultados de nuestras realizaciones lo sean de la misma naturaleza.

Cuando decretamos que dando nuestra mano transmitiremos optimismo, alegría, salud, ese decreto transformará nuestro saludo afectuoso en influencia magnética positiva, que alcanzará y beneficiará a nuestros interlocutores, aunque pudiera ser que conscientemente ellos no lo perciban. Pero además incrementará nuestra fuerza positiva y felicidad.

Así como cuando decretamos cosas positivas y beneficiosas, el universo conspira para que se materialicen, de la misma forma, si nuestros dichos son negativos (decretos), esa misma fuerza universal hará lo necesario para que se cumplan conforme los decretamos.

Creo en el pensamiento positivo, la inteligencia emocional, la autosugestión, la telepatía, la visualización; así como que, en mayor o menor grado, la ley de la atracción influye en nuestras actuaciones, conforme nuestras presunciones y operaciones mentales.

Por dilatadas, edificantes experiencias y resultados, la vida me ha demostrado que no es suficiente con el decreto, la visualización, la buena intención y el magnetismo, sino que todos estos elementos primordiales deben ir acompañados de la proactividad y diligencia personal.

Millones de proyectos, buenas ideas e intenciones, se quedaron en el nebuloso mundo de las ideas, porque carecieron del dinamismo que le imprimen esos elementos fácticos representados por la diligencia, la proactividad y la mejor dedicación a su materialización.

Por eso, en adelante, cuando le asalten pensamientos negativos, se atemorice pensando que no puede lograr algo, decrete lo contrario; convénzase de que es posible; de que Dios no se muda, sino que sigue a su lado confiando en su inteligencia, confianza, fe y diligencia en las cosas que hace… no lo defraude.

Próxima Entrega: PROGRAMA DIARIO DE VIDA

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childrens-williams.jpg  Para nuestra ventura, todos llevamos un niño dentro que nace, vive y muere con nosotros, permitiéndonos aún en las peores circunstancias, presentir que algo desconocido vendrá,  que se traduce en… esperanza.

Ese niño personal, en el transcurso de nuestra existencia se refugia en su casita de sueños, que laboriosamente se construye pero nunca termina, en el árbol siempre en crecimiento de nuestra espiritualidad.

Es que a los niños  les atemoriza la vida de los adultos que lo confunden  todo;  frente a esa fatal realidad, para cubrir futuras eventualidades, se crea un refugio donde guarecerse cuando la actuación adulta se haga insoportable.

Parece lógico que cualquier niño se sienta perturbado y  confundido en grado máximo con actuación para él tan rara como la de los adultos.

 ¿Cómo podría alguien explicarle que tiene algo de agradable levantarse -o ser obligado a hacerlo como un zombi- a las seis de la mañana en vez de a las nueve, o que en lugar de desayunar cómodamente sentado en su casa, alguien salga corriendo comiendo un sándwich, sólo para ir a trabajar?

¿Cómo hacer entender a un niño que para su madre, que representa el único amor y protección que su cerebro puede procesar, sea más importante ganar un salario que atender su más tierna formación; o que para su padre sea preferible una partida de golf con su jefe, que un paseo sabatino con él en el parque que tanto le gusta y donde tiene tantas cosas que conocer?

No obstante que su mente no se ha desarrollado totalmente, los niños perciben cuando los padres discuten, se agreden o actúan de forma desconsiderada, sembrándoles desasosiego y… terror.

Los  niños no comprenden cómo es que siendo tan agradable jugar, brincar, correr, pasear,  siempre haya un adulto que dice no hagas eso. Tampoco pueden entender que siendo tan agradable comer dulces, galletas, helados, tortas   y refrescos, tengan que desayunar todos los días,  saludables pero  horribles cereales, avena y leche.

¿A quién se le ocurre que no sea agradable  frecuentar los amiguitos vecinos, lanzar la pelota al patio ajeno, tirar de la cola del perro, guindar una campanilla del cuello del gato, o liarse en una pelea en la parte trasera del automóvil?

Esas incongruencias para la mente de un niño -y muchos adultos como yo- fue lo que nos motivó a construir un refugio para proteger nuestro  niño, de esa inevitable condición de adulto.

Ese niño me  recuerda que toda actividad en esta vida, aunque los adultos se empeñen en demostrar lo contrario, siempre tiene algo bueno para jugar, reír, pasear, comer, beber o… disfrutar de cualquier manera; incluidos por supuesto los senos de la mamá y los trenecitos eléctricos.

¿No deberíamos atender más a menudo ese niño, que saca su periscopio para husmear el mundo, y recordar que sus aprenhensiones son las mismas de nuestros hijos?

Si lo hiciéramos, quizás seríamos  más pacientes, comprensivos, complacientes y… les entenderíamos mejor.

Próxima Entrega:  LOS DECRETOS.

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