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En épocas de profundos cambios en nuestro país, el amor se convierte en factor importante para lograr la tranquilidad física y espiritual, que demanda una vida edificante y plena.

En este indescriptiblemente bello pedacito del mundo que es nuestro país, hoy el amar se hace no sólo un factor de felicidad y placer sino una necesidad urgente.

Frente a tanta diatriba política, insinceridad e insensibilidad que se observa, sólo el amor puede hacer menos lacerantes los efectos de las diferencias que se  manifiesta, casi permanente en nuestra cotidianidad.

Ahora y no mañana estamos obligados a amar a nuestro país, y para hacerlo como es debido, necesitamos amarnos como lo que somos: hermanos e hijos de la misma madre, que tiene un nombre excelso: VENEZUELA.

Tenemos que aceptarnos como somos y amarnos como hermanos para convivir de forma armoniosa y feliz.

No es indeseable ser o pensar de forma disímil o concebir lo social, cultural o político de diferente manera. Por el contrario, la diversidad nos enriquece.

Necesitamos retomar el camino de la hermandad, de la consecuencia y de la aceptación; pero eso sólo podemos lograrlo con amor, porque el amor cura las enfermedades del cuerpo y las heridas… del alma.

Nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo y de estudio, tienen derecho a pensar de forma diversa a la nuestra y eso no tiene por qué hacerlos peores, porque tampoco nosotros somos mejores por pensar diferente. Simplemente, es el ejercicio del derecho que todos, como venezolanos tenemos.

Pertenecemos a esta noble tierra venezolana; somos hijos de Dios, siempre tratando de ser mejores –lo cual por cierto no es fácil- pero al fin y al cabo sólo seres humanos con virtudes y defectos… no ángeles.

Este es el único país que tenemos y que es realmente nuestro. Como escribiera el poeta “…aquí están todas nuestras raíces…”.

Somos un pedazo de esta tierra; aquí somos algo más que un número del seguro social; somos hermanos venezolanos y tenemos que amarnos, y eso debe estar por encima de cualquier diferencia ideológica.

Tenemos sólo dos posibilidades: o hacemos un país de amor y seremos felices, o uno de odio y jamás tendremos paz. A usted le toca escoger, yo ya hice mi elección: Aunque tengo una mente universal y mucha de mi familia vive en el exterior, por sobre todo aquí me quedo. AMO A MIS HERMANOS VENEZOLANOS y eso no tiene vueltas atrás. 

Si no queremos que nuestro hogar se convierta en un cascarón vacío cuando los hijos se vayan, deberemos tomar las previsiones apropiadas a tiempo.

En el matrimonio el amor debe ser tan grande que alcance tanto para los hijos como para los esposos. Los hijos aportan ternura,  amor, solidaridad y especial vinculación de solidez al matrimonio, pero su estadía en el hogar,  como todo en la vida… pasará, mientras papá y mamá seguirán.

Es la historia del mundo y no podemos cambiarla; si acaso, podemos programar los lapsos del comienzo de la familia, su desarrollo, su maduración, el alejamiento de los retoños del árbol familiar para  formar… nuevas ramas familiares.

Si amamos, respetamos, entendemos y aceptamos la posible diversidad de nuestros hijos; si somos buenos padres en su momento y mejores amigos cuando haga falta, pero sin darles lo que corresponde a nuestra pareja, entonces el proceso será exitoso,  edificante y… permanente.

Desde que nacen los hijos, las parejas inteligentes establecen los límites de atención a cada integrante  de la familia: a los hijos lo que corresponde, a la pareja lo que merece y la familia funciona perfectamente equilibrada.

Cuando el último de los hijos cumple 15 años, es el momento ideal para prepararnos para vivir sin ellos, continuar disfrutando de la vida y muy especialmente, porque ahora estaremos libres económica y físicamente de toda atadura, para amarnos más y con plena libertad.

Dos iniciamos el matrimonio con amor, emoción, sueños, magia y así debe permanecer hasta el final, porque siempre seremos… dos. Seguramente tendremos que repensarnos, y quizás, reinventarnos para volver a aprender a vivir solos, pero felices, entusiastas, satisfechos  y …juntos.

Conviene volver a realizar algunas actividades solos como dos enamorados, robando tiempo al tiempo, pero inyectando esos toques de locura, cual es lo que corresponde a lo que realmente somos: dos enamorados.

Es momento de regocijarnos, de felicitarnos porque lo logramos: hicimos  la familia que queríamos y… somos felices. Pero recordar que pronto viviremos… solos.

Vivir solos no es una tragedia, sino por el contrario, como sabemos que nuestros hijos son felices con sus nuevas familias, ya no tenemos tantos compromisos y estamos más libres para amarnos sin límites de ningún género, y eso es un privilegio.

En nosotros está escogerlo: o vivir una vejez amargados, disgustados, esperando que nos llamen los hijos, o vivir intensamente el regreso del… amor  latente pero vivo.

Dios… ¿Porqué tienen que morir los fabricantes de sueños, cantadores al amor, a la luz, a la noche, a las flores, a la alegría y a la… esperanza?

Padre… ¿Por qué te llevas la música del alma, el frescor del corazón, la elevación del espíritu y el sonido del viento que trina notas sentimentales?

¿Por qué ellos, que siembran flores con palabras, cosechan recuerdos con sus  letras y fabrican sueños de la nada?

¿No son acaso la sal del mundo?

¿No humedecen con lágrimas de alegría una tierra a veces Yerma?

¿No perfuman con aroma de amor el vacío terrible de los abandonados?

¿Por qué llevarlos cuando el mundo está enfermo de desamor, insensibilidad y falta solidaridad humana, si son ellos con su perfume de vida buena quienes siembran esperanza?

¿Por qué llevarse los pregoneros de la ternura, de la belleza, pasión y… la magia?

¿Qué les queda a los adoloridos, a los tristes, a los pobres, a los desventurados y a… los enamorados?

¿Cómo arrullarán las madres a sus niños si ya no hay poetas para cantarlos?

¿Dónde quedan las palabras para decir adiós al amigo y perdón al enemigo?

¿Dónde  queda el ay del corazón y la lágrima prohibida, si su expresión ha muerto, si ya no tiene… vida?

¿Quién cantará a las noches estrelladas y al rocío de las noches de estío, convirtiendo lo oscuro en romántico y confortable el frío?

¿Quién cantará el requiem a las hojas que mueren, a los pétalos marchitos y a las gotas de rocío que dan su vida para crear otras vidas?

¿Dónde esconderé mi frustración por no ver más sonrisas, niños sin miedo, parejas felices, hermanos abrazados y padres con más amor que autoridad?

¿Quién cantará a mis nietos lo que fui, lo que viví, mis recuerdos, mis ansias, mis sueños y mis bendiciones, si se apaga la voz de los poetas?

Y… ¿Qué hará el mar, sus olas, el reflejo azul de su cuerpo y las bellas  gaviotas si te llevas quien conoce sus secretos y notas?

Padre… Si te llevas los poetas nos haces mucho daño, pero también te haces daño, porque te  llevas la más bella oración que es un poema, y nos dejas tan solos en un mundo tan duro que, ciertamente, nos será muy difícil entender tu forma de amar.


Cuando calla el cantor… calla la vida; pero en este momento, entre lágrimas, siento que al callar un cantor, callamos todos y morimos un poco de… silencio.

Hoy, asesinaron un  jilguero de voz ronca y pausada que nos deleitó y enseñó mucho: Facundo Cabral o «El Indio Gasparino», como alguna vez le llamaron. Músico, cantor, compositor, filósofo, y… predicador.

Siento que Morimos de espanto por ver morir… la rosa

Facundo le cantó a la vida, al amor, a Dios, al tiempo, a la edad, al dolor y  a la alegría. Le “…gustaba el sol, Alicia, un buen cigarro y la guitarra… española.”

Quienes creemos  que la misma vida es todo un canto, siempre gustando del amor, el vino y las flores, las garras del dolor arañan nuestros ojos del corazón y arrancan lágrimas de… sangre.

La vida no pudo golpearlo suficientemente para hacerlo… triste; porque  Facundo fue mudo hasta los 9 años, niño de la calle, errabundo, marginal, alcohólico, analfabeta hasta los 14 y encarcelado.

No conoció a su padre hasta los 46 años,  su esposa murió trágicamente a los 40 años, pero el cantaba: Yo lo paso bien solo, porque hago lo que quiero.

Su voz que era notas, guitarra y sol, no calló nunca;  no cantó sus dolores sino para ensalzar la vida, esa que tanto amó y vivió como una fiesta que disfrutó, sin recordar los golpes recibidos.

Su vida estuvo llena de baches que él supo sortear apegado a  su propio Dios, hasta cierto punto pagano.  «Empecé a cantar con los paisanos, con la familia Techeiro. Y el 24 de febrero de 1954, un vagabundo me recitó el sermón de la montaña y descubrí qué estaba naciendo. Corrí a escribir una canción de cuna, Vuele bajo, y empezó todo«.

Facundo no era de ninguna parte porque para él todo el mundo era su mundo. Eso quiso expresar cuando cantaba: “No soy de aquí ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad…”

Para mí, que como él soy cristiano libre pensador, Facundo fue un filósofo de la calle; compuso y cantó para todos, pero especialmente para ellos, para esa gente que sólo tienen como patrimonio su propia fuerza espiritual y alguien que cante… sus penas y esperanzas.

Buen viaje fabricador de sueños, que al fin y al cabo, tú sabías que No hay muerte… hay mudanza y… para la vida con una milonga alcanza.

                                                 (Eugenio Martínez)

Definir el tiempo de tal manera que podamos introspeccionarlo positivamente en nuestra vida diaria, no es fácil; pero lo que sí es cierto es que conocemos su significado y su incidencia en nuestra vida.

 El tiempo es una especie de obsequio que recibimos al nacer; absolutamente indefinido como factor de vida, limitado a un espacio que tampoco conocemos y ambicionado en su extensión,  por todos.

Como recurso es uno de los más valiosos, pero no es renovable porque se agota con su propio paso. Tampoco podemos fabricarlo, comprarlo o cambiarlo. A lo sumo, podemos… regalarlo, aunque cuando lo hacemos, damos algo que no recuperaremos jamás.

Para los seres vivos el tiempo es… vida. De tal manera que, cuando dedicamos nuestro tiempo a alguien, de alguna manera estamos dándole parte de nuestra propia vida: Así de simple.

¿Qué el tiempo es oro? No, no es cierto; es mejor que el oro, porque el oro podemos lograrlo con nuestro trabajo en las minas y también, comprarlo, pero el tiempo no puede localizarse ni adquirirse de ninguna manera. Nos es dado el que nos corresponde y no tenemos oportunidad de aumentarlo ni rebajarlo.

Entonces, si no podemos conocer cuánto tiempo estaremos por estos lares, pareciera lo más inteligente disfrutar del que disponemos  intensamente, en cada actividad que realicemos y en segundo de nuestra vida.

El único tiempo seguro es este que vivimos ahora y no sabemos cual será la dimensión de su espacio, por lo tanto, debemos utilizarlo para ser libres y felices; amando a quien deseamos, disfrutando lo que hacemos, vemos, oímos y sentimos.

Tenemos que regalarnos nuestro tiempo para amar y dar amor, admirar y oler las flores; reír, bailar, cantar, beber, y comer… chocolates. También debemos hacer cosas de niños, como mojarnos y caminar descalzos bajo la lluvia.

Pero tenemos que hacerlo ahora, tenemos que estar activos y felices aquí y ahora, porque el tiempo no sabe esperar. Y sería doloroso dedicarlo a algo que no fuera… disfrutarlo.

Recientemente, los medios de comunicación masiva han advertido que el deseo sexual ha disminuido. Independientemente de salud y edad tengan incidencia en el ritmo de la actividad sexual de la pareja, influyen decisivamente factores de carácter psíquico y motivacional. Especialmente sobre la disfunción eréctil, desde el punto de vista práctico, tengo opiniones que compartir con ustedes.

El deseo sexual se produce como respuesta a estímulos del exterior, por vía de nuestros sentidos, cuales desencadenan reacciones específicas en nuestro interior; pero esos estímulos deben ser suficientemente motivacionales para que la respuesta sea efectiva. Cuando el estímulo psicológico y/o físico no es suficiente, se produce la disfunción, lo cual en el lenguaje común, en el hombre significa insuficiente o ninguna erección; y en la mujer, déficit o ausencia de deseo sexual.

Independiente de cualquier origen patológico, el deseo de hacer el amor responde a la motivación que genere la pareja como resultado de su actuación cotidiana, que no únicamente en el momento de consumar la relación sexual. Son el trato diario considerado,  la ternura, la aceptación y la buena comunicación, el preludio necesario y conveniente para ese acto maravilloso de… entrega mutua.

El conocimiento del mapa erótico corporal de nuestro par y su concepción espiritual del acto mismo, adicionado a la pulcritud personal, el conocimiento de sus reacciones eróticas físico-psicológicas, algo de técnica sexual y… un toque de locura, inciden definitivamente en el mayor o menor deseo de recurrencia del acto sexual.

Como consecuencia, la irregularidad, indiferencia o falta de entusiasmo por el acto sexual de pareja, sus factores desencadenantes pudieran estar en la ignorancia de las profundas diferencias en la motivación sexualidad femenino y masculina; el irrespeto, desconsideración, ausencia de ternura; el desconocimiento de las zonas eróticas, deseos y rechazos a formas de realizar el acto sexual, que conllevaría inmotivación a realizar acto, cuales por cierto, prevalecen sobre las características físicas específicas de los órganos sexuales, posiciones para realizarlo, o cualquier asunto que tenga ver con la parte exclusivamente física.

Por cierto que, para los hombres la andropausia es prácticamente inexistente, pues está comprobado científicamente que el hombre, independiente de su edad, continúa produciendo testosterona; y para las mujeres, la menopausia, gracias a la abundante oferta de hormonas femeninas de diferente origen, lejos de convertirse en un problema se  transforma en ventaja para la mayor recurrencia del acto sexual de  pareja. Es que“hacer el amor”, no es un acto únicamente material, sino esencialmente físico-espiritual

No se trata de un mal sueño o pesadilla, una novela de terror o algo que suceda a miles de kilómetros de distancia; es una realidad horrible aquí, en nuestra propia ciudad… todos los días.  Son  niños y jóvenes  que vemos en nuestras calles; o aquellos que nunca miramos porque viven en ese mundo cercano, pero invisible para nosotros, que subyace oculto en los cordones de miseria que circundan nuestra ciudad.

Cuando leo que más del 70% de los asesinados, homicidas o sicarios, indistintamente, en su mayoría se ubican entre 14 y 18 años, siento que un frío recorre mi espina dorsal y no sé si es angustia, dolor, tristeza, frustración, terror, desolación o… impotencia.

Los padres sabemos, porque lo vivimos, que amamos los hijos “con el corazón dentro y las tripas afuera” como predicara Andrés Eloy Blanco; y de alguna manera, todos los hijos son… nuestros hijos.

Frente a este dantesco panorama corresponde preguntarnos:

¿Qué sucedió con ellos?

 ¿Cuál es el nivel de culpa de los padres en su comportamiento?

Creo que los padres, conforme actuemos frente a nuestros hijos, podremos hacer de ellos hombres de bien, exitosos o… perdedores.

En mucho, el destino de los hijos lo marca la formación hogareña. Sin que fuere la única causa, algunos padres, para evitarles sinsabores y tropiezos, no les dejan conocer la realidad de la vida diaria del hogar y los hacen desentendidos, insensibles, desconsiderados, ingratos, irrespetuosos,  dependientes e… inútiles.

Aprender el valor de las cosas; que todo lo recibido amerita esfuerzo; que los recursos no caen del cielo sino del duro trabajo de los padres; que deben priorizarse las necesidades porque no alcanza para todo, son enseñanzas que evitan la conducta  displicente y desentendida con los padres, evitando que se acostumbren a una vida fácil, cual cuando dejen el hogar no podrán satisfacerse por sí mismos con los medios normales y caerán en el facilismo, y quizás en la delincuencia.

El mejor blindaje que podemos dar a nuestros  hijos para enfrentar un futuro desconocido e imprevisible -donde ya no podrán contar con nuestra ayuda- lo constituye los principios y valores familiares de rectitud, mesura, trabajo, estudio, esfuerzo, ahorro, consideración y respeto por la persona humana, siempre y cuando sean reforzados por nuestro ejemplo.

Seguramente, si esos niños y jóvenes perdidos, hubiesen tenido en su hogar la enseñanza y el ejemplo de esos principios y valores, su destino hubiese sido…  diferente.

 

EL PESO DE LA VIDA NOS  LO PONEMOS NOSOTROS MISMOS

¿Puede un ave volar alto con mucho peso? No, las aves que vuelan más alto lo hacen sin  otro peso que su propio cuerpo; de otra forma, no  podrían lograrlo.

Es igual en nuestra vida: si acumulamos mucho peso, andamos cansados, nos cuesta caminar y se nos dificulta llegar a nuestro destino. En cambio, si estamos livianos y nada nos pesa  somos ágiles, entusiastas, diligentes, obsequiosos, generamos sinergia, optimismo y alegría de vivir.

El peso de la vida -como todo el que acumulamos en su camino- nadie nos lo pone sobre los hombros sino que nosotros, a nuestra propia voluntad,  lo tomamos y lo cargamos a cuestas.

Somos tan elementales que ni para subsistir –que es instintivo- ni vivir felices, que sólo  requiere diligencia, necesitamos esa pesada carga que acumulamos cuando odiamos, envidiamos o resentimos; somos avaros, maledicentes, codiciosos, vanidosos, pesimistas, incrédulos, engreídos, ingratos, insensibles, irrespetuosos e iracundos.

Somos físicamente vulnerables pero podemos ser cuidadosos e inteligentes; somos excitables pero reflexivos, atemorizables pero aguerridos, débiles frente a la tentación pero espiritualmente fuertes; pero sobre todo, tenemos a Dios de nuestro lado… siempre.

Entonces ¿Para que necesitamos carga si podemos andar livianos?

¿Hacemos algo para nacer? ¿Sabemos cuándo vamos a morir? ¿Prendemos el sol por la mañana para iluminar el mundo u ordenamos al día que de paso a la noche, el frío al calor o al mar que calme sus olas? ¿Dictamos a la tierra que frutos debe producir o a los ríos el agua que nos debe dar?

No, todo lo importante para vivir nos es dado hecho, casi sin esfuerzo consciente. No tenemos que preocuparnos para ordenar a nuestro cuerpo cuántas veces debe respirar, palpitar el corazón, fabricar glóbulos rojos o renovar nuestras células, porque todo lo trascendente nos es dado hecho.

Las cargas las fabricamos nosotros, cuándo convertimos eventos y motivaciones normales en situaciones alarmantes; asuntos por resolver en problemas; enseñanzas en preocupaciones.

Pero cuando sustituimos la ira por la oración, el pesimismo por la fe, el temor por la magia y fantasía, la negatividad por los sueños, el mundo se esclarece, se llena de colores y olores maravillosos.

Solo algo debemos llevar siempre con nosotros, porque es liviano y remedio para la enfermedad; alegría para la tristeza y la mejor oración de agradecimiento a Dios: AMOR, que da valor, generosidad, sensibilidad, alegría; hace la vida más liviana y nos da la felicidad necesaria para hacer a los demás… felices.

 

¿Puede un ave volar alto con mucho peso? No, las aves que vuelan más alto lo hacen sin  otro peso que su propio cuerpo; de otra forma, no  podrían lograrlo.

Es igual en nuestra vida: si acumulamos mucho peso, andamos cansados, nos cuesta caminar y se nos dificulta llegar a nuestro destino. En cambio, si estamos livianos y nada nos pesa  somos ágiles, entusiastas, diligentes, obsequiosos, generamos sinergia, optimismo y alegría de vivir.

El peso de la vida -como todo el que acumulamos en su camino- nadie nos lo pone sobre los hombros sino que nosotros, a nuestra propia voluntad,  lo tomamos y lo cargamos a cuestas.

Somos tan elementales que ni para subsistir –que es instintivo- ni vivir felices, que sólo  requiere diligencia, necesitamos esa pesada carga que acumulamos cuando odiamos, envidiamos o resentimos; somos avaros, maledicentes, codiciosos, vanidosos, pesimistas, incrédulos, engreídos, ingratos, insensibles, irrespetuosos e iracundos.

Somos físicamente vulnerables pero podemos ser cuidadosos e inteligentes; somos excitables pero reflexivos, atemorizables pero aguerridos, débiles frente a la tentación pero espiritualmente fuertes; pero sobre todo, tenemos a Dios de nuestro lado… siempre.

Entonces ¿Para que necesitamos carga si podemos andar livianos?

¿Hacemos algo para nacer? ¿Sabemos cuándo vamos a morir? ¿Prendemos el sol por la mañana para iluminar el mundo u ordenamos al día que de paso a la noche, el frío al calor o al mar que calme sus olas? ¿Dictamos a la tierra que frutos debe producir o a los ríos el agua que nos debe dar?

No, todo lo importante para vivir nos es dado hecho, casi sin esfuerzo consciente. No tenemos que preocuparnos para ordenar a nuestro cuerpo cuántas veces debe respirar, palpitar el corazón, fabricar glóbulos rojos o renovar nuestras células, porque todo lo trascendente nos es dado hecho.

Las cargas las fabricamos nosotros, cuándo convertimos eventos y motivaciones normales en situaciones alarmantes; asuntos por resolver en problemas; enseñanzas en preocupaciones.

Pero cuando sustituimos la ira por la oración, el pesimismo por la fe, el temor por la magia y fantasía, la negatividad por los sueños, el mundo se esclarece, se llena de colores y olores maravillosos.

Solo algo debemos llevar siempre con nosotros, porque es liviano y remedio para la enfermedad; alegría para la tristeza y la mejor oración de agradecimiento a Dios: AMOR, que da valor, generosidad, sensibilidad, alegría; hace la vida más liviana y nos da la felicidad necesaria para hacer a los demás… felices.

unavidafeliz.files.wordpress.com/…/una-vida-feliz.pdf

Si volviera a vivir creo que sería maestro, pero no para enseñar matemáticas, lenguaje, geografía o cualquiera de esas materias diseñadas por nuestra sociedad para enseñarnos  a… sobrevivir. Y no es que esté en desacuerdo con la enseñanza formal, sino que se descuida o subestima enseñar a los niños algunas cosas y circunstancias que, pareciendo obvias, pudieran definir su felicidad.

Necesitamos enseñarles a soñar, a disfrutar cada segundo de tantas bendiciones que Dios puso para nosotros sobre esta tierra; lo elemental que es nuestra vida y lo fácil que es sobrevivir físicamente; la importancia de amar y compartir todo lo bueno que podemos dar; que al despertar el poder ver el sol, sentir la brisa de la mañana y pronunciar la palabra madre, son bendiciones que debemos disfrutar con fruición para iniciar un nuevo día, y por ello deben dar gracias.

Enseñarles que lo trascendente como nuestras funciones internas vitales, espiritualidad, estado de ánimo y libre albedrío, nos es dado como una parte de nosotros mismos; que lo material para mantenernos vivos siempre estará a nuestro alcance y para lograrlo solo requerimos diligencia  y confianza en nuestras actuaciones.

Instruirles sobre situaciones y circunstancias que por obvias dejamos de advertirles, pero que su conocimiento y convencimiento pudieran hacer más venturoso su destino, como  el hecho de que más importante que la cama, es tener sueño;  que  mejor que acumular  riquezas es cultivar buenos recuerdos y la conciencia tranquila; que lo importante no es como nos ven sino como nos sentimos; que es más importante ser cauteloso que valiente; que la mejor forma de lograr la abundancia es dando en igual medida; que la sabiduría es más importante que el conocimiento y la salud depende en gran manera de nuestro estado de ánimo.

Convencerles de  que un consejo es bueno, pero el ejemplo es mejor;  que la caridad nos engrandece, pero la comprensión nos hace parte del que sufre; que no hay mejor ayuda que oír con respeto al desventurado y responderle con generosidad; que la verdad nos hace libres y la mentira esclavos; que el  orgullo es un enemigo, pero la humildad su redención; que la envidia es el peor castigo, para quien la profesa; que el mejor poder es el que ejercemos sobre nosotros mismos; que el perdón y la oración sanan  el alma, tranquilizan el  espíritu y nos hacen parecernos a Dios.

Sólo eso quisiera hacer… si volviera a vivir.

 

 

EL CANCER DE MAMAS

El Dr.  Hammer ha insistido por unos cuantos años en que el cáncer, especialmente el de mamas, es producto de la frustración, la tristeza, el estrés, la ira,  y todos esos sentimientos negativos que surgen como consecuencia de problemas familiares y malas relaciones  de  pareja.

Como no soy médico, no puedo emitir criterio científico especializado sobre el tema. Pero lo que sí puedo permitirme es opinar –desde mi óptica, resultado de la experiencia de más de 6O años- que, al menos yo,  personalmente, no conozco ninguna dama con cáncer de mamas, que sea alegre, ame intensamente, esté feliz con su vida, disfrute de buen humor, demuestre fe, confianza en sí misma y en su entorno.

Creo que casi todas las enfermedades –especialmente el cáncer-  surgen como una respuesta a vacíos y problemas existenciales que no somos capaces de procesar y superar como experiencias de la vida,  necesarias, superables y susceptibles de  nutrir nuestra experiencia para vivir una existencia mejor en el futuro.

Somos seres realmente especiales y con poderes inusitados, en tanto y en cuanto nos convenzamos de ello y lo hagamos parte de nuestra vida. He presenciado cuando los médicos, en Venezuela y luego en el exterior,  han desahuciado a dos años de vida, a una dama muy cercana para mí.  Sin embargo, ella se empeñó en utilizar su poder personal para vencer la enfermedad y su resultado fue que,  más de treinta años después, se encuentra mejor de salud que nunca.

¿Milagro? Seguro…  pero no un milagro sacado con pinzas del sombrero de un mago o una beata rezandera, sino el milagro de la fe, la diligencia, la convicción de que sí se puede, porque tenemos origen divino y por tanto,  madera de Dioses. Es que, nosotros mismos,  como seres humanos, somos… un milagro, el más grande del mundo.

En este día internacional de sobrevivientes de cáncer, quiero dejar un mensaje de esperanza y amor a las damas que temen  alguna vez sufrir un cáncer de mamas: si cuidas tu salud en una vida sana, si te amas a ti misma como máxima obra de Dios, si amas a las personas, si transformas el temor en amor, si aceptas sin rencor que un amor se vaya, si tomas la vida como un regalo maravilloso de Dios, si crees en que tu salud la define tu estado de ánimo, creo que… NUNCA SUFRIRÁS CÁNCER DE MAMAS.