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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

 

«SI TENGO A DIOS CONMIGO NO HAY NADA QUE TEMER»

a380Eran las 9:13 de la mañana de un día viernes y el aeroplano carreteaba la pista para iniciar el ascenso, en vuelo sobre el atlántico que en un  poco más de cuatro horas me llevaría a Houston, Texas. Yo me sentía especialmente feliz porque nuevamente cruzaría los mares para ver a mis seres más queridos. En ese preciso momento hablé con DIOS. Le dije cuanto lo amaba, cuanto agradecía esta maravillosa vida que por más de 67 años me ha regalado.

Reconocí con placer el privilegio de tener mi siempre bella y consecuente esposa conmigo, mis inigualables hijos, mis tiernos nietos, mis muchos familiares y amigos; pero, especialmente, agradecí tenerle  como compañero de viaje hoy y… siempre.

Como en muchas oportunidades anteriores cabalgamos sobre el universo; el avión rompió el techo de nubes apartándolas incontenible; cual tiburón hendió el inconmensurable océano del aire; el cielo abrió sus brazos mientras los habitantes de la tierra fueron haciéndose pequeñitos;  y Dios nos puso sobre sus alas… invisibles pero poderosas.

Esa sensación de ascenso venciendo las leyes de la gravedad, produciendo el milagro de volar como pájaros raudos a un destino determinado a miles de millas en pocas horas,  me devolvió mentalmente centenas de años, detrás del tiempo y el espacio.

Me recordó que, de alguna manera, siempre he vivido en las alas de Dios. Así, rememoré que cuando niño, en ese mundo miserable en que crecí, donde la más terrible de las pobrezas -la mental- nace, crece y se reproduce amenazando con devorarlo todo, bajo ellas me protegí para que no me engullera ese ambiente fétido, contaminado y contaminante, sobre el cual, venturosamente,  prevalecí.

En mi juventud, ellas se convirtieron en mi refugio cuando la gente de mi época llena de mitos, concepciones  religiosas equivocadas,  tabúes y prejuicios, no entendían mi necesidad de amar, sin más condicionamiento que mi propia conciencia.

Luego, cuando me hice un hombre, construí mi familia y sentí que podía ser para la sociedad mejor todos los días, bajo su sombra creció mi amor por la gente, sin distinciones de ningún género; mi concepción del hombre universal, que por diverso debe aceptarse en su pluralidad; mi certeza de que, sin excepción, todos tenemos derecho a ser felices; que podemos lograrlo y que es obligatorio divulgarlo por todos los medios posibles.

Hoy, al rescoldo de mis años dorados, que disfruto plenamente, no puedo entender a quienes se niegan tan maravilloso cobijo, siempre a mano. Porque, no tengo duda que únicamente requerimos fe en su existencia, confianza y seguridad en su amor, para que abra sus alas que baten los aires y mueva la tierra que nos da vida, llenando de dulzura y plenitud nuestra existencia diaria; de ventura nuestro futuro y  protegiéndonos de todo mal.

Ah… olvidaba comentarles que, como siempre, el vuelo fue divino y el aterrizaje perfecto. Él cerró cuidadosamente sus alas, y yo sentí con inmenso  placer, que nuevamente las guardaba en el hangar de… mi corazón.

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«Hacer el amor es esencialmente entrega. No es concebible sin la vinculaciòn espiritual que se traduce en ternura, pasión, fantasía, magia y un toque de locura.»

En los últimos años, los medios de comunicación social han advertido que el deseo y actividad sexual ha disminuido, especialmente en los hombres.

Independientemente de que estoy de acuerdo en que la salud, edad, e inclusive el género, tienen alguna incidencia en el ritmo de la actividad sexual de la pareja, en su mayor entidad la afectación se debe a factores de carácter psíquico y motivacional.

Especialmente sobre la disfunción eréctil, por ser objeto de la mayor crítica social, ya que respecto de la posible frigidez femenina poco se habla -quizás porque es físicamente más difícil de detectar a simple vista- tengo mis propios criterios, que deseo compartir con mis escuchas visuales de este Blog.

El deseo sexual se produce como respuesta a estímulos procedentes del exterior, por vía de nuestros sentidos, cuales producen reacciones específicas en nuestro interior, donde se generan las hormonas características conforme al género: la testosterona y el estrógeno. Pero esos estímulos deben ser suficientemente motivacionales para que la respuesta sea positivamente efectiva; tanto que produzcan en el órgano femenino lubricación vaginal y en el hombre erección del pene.

Cuando el estímulo psicológico y/o físico no es suficiente, se produce la disfunción, que conforme al Dr. Juan Luís Alvarez-Gayou (Seroterapia Integral), es la «… alteración persistente de una o varias fases de la respuesta sexual que provocan problemas o molestias al individuo y/o la pareja»; lo cual en el lenguaje común, en el hombre significa insuficiente o ninguna erección del pene; y en la mujer, déficit o ausencia de lubricación vaginal.

Pues bien, en el mundo de la praxis diaria de la vida de pareja, e independiente de cualquier origen patológico, el deseo de hacer el amor, responde en su mayor volumen, a la motivación que genere la pareja como resultado de su actuación cotidiana, que no únicamente en el momento de consumar la relación sexual.

Son el trato diario considerado,  la ternura, la aceptación, la buena comunicación, el preludio a ese acto maravilloso de entrega. El conocimiento del mapa erótico corporal y su concepción espiritual del acto mismo, adicionado a la pulcritud personal, el conocimiento de las reacciones eróticas físico-psicológicas de la pareja, algo de técnica sexual y… un toque de locura, lo que incide en el mayor o menor deseo de recurrencia del acto sexual.

En el más alto porcentaje de poca recurrencia, indiferencia o falta de entusiasmo por el acto sexual de pareja, los factores comunes desencadenantes han sido el irrespeto, la desconsideración, la ausencia de ternura, el desconocimiento de las zonas eróticas, deseos y rechazos a formas de realizar el acto sexual, que conllevan inmotivación al acto; el desconocimiento de las diferencias en la sexualidad femenino-masculina y el descuido en el aseo personal, para el momento de la consumación del mismo; siendo que en casi ninguno de estos casos, se ha producido queja sobre las características físicas de los órganos sexuales, posiciones para realizarlo, o cualquier asunto que tenga que ver con la parte exclusivamente física  del acto.

Por cierto, debo insistir en la buena noticia para los hombres, de que la andropausia es prácticamente inexistente, pues está comprobado científicamente que el hombre, independiente de su edad, continúa produciendo testosterona; y para las mujeres, el que la menopausia, gracias a la abundante oferta pública de hormonas femeninas de diferente origen, lejos de convertirse en un problema para la mujer, se ha convertido en una ventaja para la recurrencia del acto sexual de  pareja.

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«SOY UN TODO CON DIOS Y… CONTIGO»

Leyendo el criterio del Dr. Roy Jenson sobre el «coito social», en su interesantísimo libro «Viva no Sobreviva», derivado del significado originario del vocablo coito cual no es otro que «conversación» o «interacción», se me ocurre reflexionar sobre la importancia de que esa comunicación diaria con nuestros semejantes, de alguna manera esté imbuida de ese mismo entusiasmo, que se hace presente cuando compartimos algo muy importante e íntimo; en el caso de la interacción humana, nuestra condición de seres intelectivos, sensibles, afectivos y solidarios.

Nuestra naturaleza gregaria nos induce a conectarnos mental y emocionalmente con la idea de compartir vivencias,  experiencias y… ayuda mutuas, como condición para aumentar nuestras probabilidades de vivir  una vida plena, cual no es posible de lograr aislados  o en solitario. Por tanto, se requiere el esfuerzo de sentir a las personas con quien nos comunicamos, haciendo el ejercicio de ponernos en su lugar, y sinceramente,  interesarnos por sus particulares situaciones.

Pienso que debemos conectarnos con el alma de nuestros interlocutores, que es como decir, imbuirnos de su situación, fuere buena o mala. En el primer caso, compartiendo su alegría y sus buenos augurios, porque el compartir aumenta la placidez; en el segundo, dando apoyo moral, y a ser posible físico, a fin de que la carga se haga menos pesada, porque cualquier situación por desagradable que fuere, siempre es más llevadera entre dos, que en solitario.

Somos un todo con Dios y con el resto de los demás seres humanos. Por tanto, las experiencias de mi hermano, de alguna manera tocan mi bienestar. Somos como órganos de un mismo cuerpo; si se afecta un órgano, influye en su integralidad funcional. De tal manera, así como cuando disfruto el éxito de mis hermanos, cuando me solidarizo con su dolor, les abro mi corazón y les ofrezco mi mano solidaria, estoy contribuyendo con  mi propio bienestar.

Es que no sabemos ser felices en soledad. Todos necesitamos de… todos. Compartir nuestra existencia es condición sine qua non para lograr nuestra realización material y espiritual.

Nuestros hermanos humanos son el mayor regalo que Dios nos dio, porque sin ellos nuestra vida no tendría significado. Por eso tenemos que amarlos, aceptarlos, entenderlos, edificarlos,  y  a ser posible, convertirlos en parte de nosotros mismos. Fue eso lo que quiso significar Jesús cuando enseñaba: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» En esa sencilla expresión nos dejó un compendio filosófico de amor, fe y esperanza; pero también, por nuestra diversidad natural, nos dejó un compromiso: aceptar a nuestros hermanos humanos como Dios los hizo, porque al ser hechos  a su imagen y semejanza, no existe ninguna posibilidad de identidad, porque Dios es esencia, energía y poder juntos, sin imagen determinada; más allá del tiempo y el espacio.

Si reflexionamos sobre este tema, entenderemos todo lo hermoso, amoroso, sensible y solidario que está guardado, hibernando  en cada ser humano, siempre esperando que alguien toque la puerta y despierte su caudal de amor, para saciar su sed de dar.

Sin duda, es la necesidad de sentir que somos parte de un todo; que no estamos aislados y que nuestros asuntos son del interés de esos muchos hermanos nuestros, que Dios puso sobre esta tierra para que nunca nos sintiéramos solos. No asimilarlo sería  una torpeza… imperdonable.

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«ES MEJOR PERRO VIVO QUE LEON MUERTO»

Salomón.

Durante mi niñez, mi padre solía ejemplarizar las cosas que consideraba importantes, mediante metáforas o sencillos versos.  Una de esas enseñanzas que quedó grabada en mi alma y que he repetido cientos de veces, especialmente para audiencia joven,  es aquella que reza: «Aun en la situación más lamentable es la vida del hombre siempre amable.»

Es que, personalmente, no he conocido ninguna persona, independiente de su situación económica, social, etaria o de salud, que me haya manifestado su deseo de morir. Por el contrario, he presenciado accidentes desgraciados, largas y penosas enfermedades, e inclusive en mis brazos he protegido personas gravemente heridas por incendios y explosiones, quienes unos murieron en pocas horas y otros quedaron gravemente lesionados e inútiles por vida.

En todos los casos referidos, esas personas, aun bajo grandes dolores y condiciones muy precarias, pedían ayuda porque querían vivir. No obstante que concibo la muerte como un paso más de nuestra vida y consecuencia del nacimiento, en oportunidades he estado a sus puertas, siempre al igual que esas personas, mi mayor empeño ha sido el de tratar de preservar mi vida, sin considerar mis condiciones de vida futura.

Me atrevo a especular que, si nos estuviera dado consultar a los muertos, en el más alto porcentaje, sino en su totalidad, nos indicarían como su máxima aspiración recuperar su vida, aunque fuese por poco tiempo  e independiente de la condición física del regreso.

Pienso y aseguro que el mayor don,  como herederos de  Dios, es precisamente el poder respirar todos los días, con todo lo que conlleva esa inigualable bendición que es la vida, en su inmensa capacidad de amar, sentir y dar, de que fuimos dotados por Dios.

Ese hecho natural de vivir, conlleva reinar sobre este planeta. A tal fin, como seres espirituales viviendo una experiencia física, disponemos de razón, inteligencia, capacidad, poder, sentidos,  y la posibilidad de actuar con sabiduría. No hay nada sobre esta tierra que no seamos capaces de poner a nuestro favor y disfrute. Desde la radiante luz del día y los mil sonidos de sus habitantes, hasta la oscuridad de la noche con su ruido de silencio, dentro del contexto de una naturaleza espectacular, desencadenante y magnífica, por virtud de su legado divino, el hombre es amo y señor de su vida y destino.

Nosotros decidimos cómo es que vamos a disfrutar de tantas bendiciones que nos fueron dadas. Nadie fuera de nuestra persona, tiene suficiente fuerza para ingresar a ese reino esencial e interno que vive dentro de nosotros y que nos posibilita disfrutar de lo que se desarrolla en el exterior. Es nuestra capacidad de sentir nuestro poderío sobre lo que existe, la medida con la cual hacemos nuestra vida mejor o peor.

Es nuestra capacidad de amar y  aceptar a nuestros hermanos humanos en su maravillosa diversidad, en ese extraordinario mundo de las cosas sencillas, la dimensión dentro de la cual podemos realizarnos material y espiritualmente. Es la sana curiosidad, el deseo de conocer y aprender, la ternura y el amor por lo que existe, lo que determina nuestro disfrute del extraordinario paisaje geográfico, de sus habitantes y sus peculiaridades.

¿De qué servirían los colores inigualables de las bellas flores; de las curiosas e inquietas aves que surcan el cielo y pueblan los bosques; de la voz de los turpiales y las notas de los sinsontes; del sonido particular del agua y la tranquila voz de las olas; de la risa cantarina de los  niños y la voz trémula pero llena de paz de los ancianos y de la palabra amor, si no hubiera un ser humano para disfrutarlo?

Somos la gran audiencia de Dios, que se manifiesta en el universo, en el infinito y en este mundo natural que puso para nuestro disfrute y servicio, para que todos, junto con Él hiciéramos una unidad.

Luego de este análisis cabe reflexionar: ¿Cómo puede alguien despreciar tanta riqueza física y espiritual, y no ser o dejar de ser feliz? ¿No es acaso nuestra vida física, la materia prima para esa obra de plastilina que es nuestro fugaz, pero interesantísimo, paso por esta vida?  ¿Cómo puede alguien hablar de desventura o asegurar que tiene mala suerte, si todo lo que existe lo es a su servicio? ¿Cómo puede alguien renegar de su vida?

Pienso que el asunto reside en la ausencia de reflexión. Por eso  en este maravilloso día, que para mí es  una vida más, sugiero a mis consecuentes lectores, meditar sobre este tema. Al final, lo peor que puede pasar es sentirse más feliz que antes de la reflexión.

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«No me des lo que poseo, dame lo que no puedo procurarme.»

No creo en las etiquetas y algunos patrones que una sociedad deficitaria de amor, acostumbra establecer para algunas actuaciones humanas. Una muy errada es aquella que establece que las suegras y los suegros son cansones, entrometidos, y que los yernos, a diferencia de las nueras, nunca llegan a integrarse como reales miembros de la familia.

En ambos casos se trata de meras consejas y por tanto equivocadas, porque esas buenas personas que hacen pareja con nuestros descendientes, definitivamente traen amor y solidaridad a la familia.

Hoy me desperté muy temprano y me levanté con el mayor sigilo para no despertar la familia, quienes los Sábados duermen hasta tarde.
A pocos minutos de levantarme apareció ese hijo que Dios me regaló, cuando contrajo nupcias con mi hija mayor, quien por voluntad propia se ha convertido no sólo en mi mejor amigo sino en mi hijo mayor. Traía en sus manos un humeante café con galletas hechos por él mismo, aderezados con unos buenos días, de esos que expresan no sólo como nos sentimos, sino como deseamos que se sientan los demás, que entendí como un mensaje de bienvenida y solidaridad humana, dentro del espectro más significativo: EL COMPARTIR.

Este acto sencillo me produjo reflexión sobre lo fácil que es vivir una vida edificante. No se requieren grandes cosas ni especiales presentes para demostrar el amor, la estimación o el reconocimiento.

Especialmente cuando se tiene avanzada edad, que en sí misma establece naturales limitaciones, es tan reconfortante sentir mediante los actos espontáneos y cotidianos de nuestros allegados, que somos bienvenidos y que contribuimos a hacer mejor el ambiente familiar.

Narro esta anécdota para quienes tienen el privilegio de tener sus padres vivos y pueden disfrutar de sus últimos años, con oportunidad para decir: te amo. El lenguaje del amor es ilimitado, pero es tan corto el tiempo e imprevisible el viaje al más allá, que todo hijo debería aprovechar cualquier ocasión para compartir con sus padres, cuando todavía tiene… tiempo.

Cuando las personas ya han partido de nada sirven flores, lágrimas o inútiles «…si yo hubiera…» La muerte es el regreso a esa dimensión de la cual un día vinimos. Cuando mueren los seres queridos, la única satisfacción para el que se queda, es lo que en vida hizo por el que ya no está, porque integrará la calidad del recuerdo.

No olvide que las cosas trascendentes están imbuidas dentro del maravilloso mundo de las cosas sencillas. Son detalles que por obvios suelen representar por ellos mismos un mensaje… imborrable.

Así que, no pierda tiempo. Si aún los tiene vivos, vaya, abrace a sus viejos, su esposa, sus hijos y amigos. Si no viven con usted, llámelos… ahora mismo. Dígales que los ama que eso a nadie disgusta. Hágalo de una vez, sin pérdida de tiempo. No sea que luego fuere demasiado tarde, porque todos sabemos cómo y cuándo llegamos, pero ninguno cómo y cuándo nos vamos.

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Cuando Jesús, respondiendo en referencia a la importancia de la palabra de Dios decía que «El hombre no vive solamente de pan…», se refería a la necesidad de alimentar nuestro espíritu, cual únicamente se nutre de cosas trascendentes y por tanto intangible, o cuasi-intangibles.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha asociado las notas musicales, que no son físicamente tangibles sino audibles, con lo más elevado de nuestro espíritu.

Así, los cánticos y entonaciones musicales encuentran en las diferentes religiones, su expresión espiritual de comunicación con Dios. Para todos es un bello recuerdo cuando niños, los tiernos cantos dominicales en las iglesias, independiente de cual fuere el credo.

De la misma manera, la identidad de los pueblos mediante sus himnos y folklore, definen parte importante de su identidad, que se anida en el alma… por siempre.

Los poetas no hubiesen podido con la sola letra de sus poemas líricos y sus odas, penetrar el corazón de los amantes, idealizar y sublimizar el amor, si no la hubiesen acompañado de las hermosas notas que hacen la poesía más poesía y el amor más…amor.

Nada es tan emotivo, guarda tantas historias, ni esconde más secretos como la música. La música rompe el tiempo, nos devuelve en la edad y hace vibrar el alma.

En una pieza musical, en una canción, podemos encerrar toda una historia de vida. En las notas musicales hiberna el recuerdo, que al despertar de su sueño, revive la magia y la fantasía.

La música se parece al amor. Es intangible al tacto, a la vista, al olfato, pero tiene sabor y… vida.

La música arrulla el alma y alimenta el espíritu. Nos devuelve por el camino del regreso, y curiosa, se para en un recodo del camino, a ver la mariquita que lentamente sube el tronco del árbol, permitiéndonos otra vez sentirnos como… niños.

La música sabe a idilio, pasión, ternura, arrebato y…locura.

La música es miel en el panal escondido de un tiempo que se fue, o esperanza de vida en el porvenir… aunque nuca llegue.

Vivir la música es vivir la vida. No apreciarla es sobrevivir. La música llena espacios que nada más puede satisfacer. La música nos devuelve al centro de nuestro propio sentimiento, aun en contra de nuestra propia voluntad.

Especialmente, la música se hace nuestra mejor compañera, cuando en noches de insomnio o de ensueño, nos acompaña con sus mil compases, marcando nuestra propia realidad con notas que se parecen… a nuestra propia alma.

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fotos-halloween-familia-wiliams-halloween-2007-vii.jpgNo tengo idea como será ese cielo de que nos hablan las religiones tradicionales, pero ahora tengo una visión del mío. Dentro de una perspectiva muy personal, a ese mi cielo escapo cuando las cosas se ponen muy difíciles en mi vida diaria. Durante años tuve que ingeniármelas para lograr abrir un boquete en mi racionalidad materialista, para entrar a ese mi recinto más secreto, sin más ayuda que mi propio ingenio.

Al final encontré un nuevo camino, rápido e inmediato, sino para entrar, por lo menos para ver y sentir ese mi reconfortante cielo. Son dos ventanas claras, llenas de espacios insondables y bellos, de llanuras inmensas y mares pacíficos, de bosques de nubes hechas de helado y caramelo; donde las campanas, las flores y el canto de las aves, hacen un coro celestial… únicamente para mì.

Esas dos ventanas no tienen una figura geométrica definida, sino que la luz que entra por ellas, sin herir mis ojos, al llenarme de inmensa ternura y bañarme con una dulzura desconocida, embebido en su inmensa belleza, no me dan tiempo de mirar su forma real.

Me percaté de su existencia cuando apenas eran una rendijita mínima asomando a un mundo nuevo, extraño, menos húmedo y diferente al que conocían. Su pequeñísima luz penetró mi alma con una paz profunda, una especie de reencuentro con lo mejor de mí; me hizo recordar que todavía Dios se acordaba de nosotros, y supe que ya nunca podría escapar a su influjo enternecedor.

Ese mi boquete al cielo son los ojos de los hijos de mis hijos: mis bellos nietos. Por ellos, en ese soliloquio secreto de mi alma, pude devolverme treinta y seis años atrás, cuando los vi en los brazos de la abuelita, haciendo de mamá sin tiempo ni espacio, en ese mundo extraordinario que sólo pueden percibir quienes aman intensamente.

Por esas ranuritas de forma indefinible, oteo al ser humano en su estado natural: desnudo en cuerpo y alma, inocente, bueno, puro, sin mecanismos de defensa; ausente de toda vanidad, hipocresía, alegre y feliz en el mundo maravilloso de las cosas sencillas, que Dios le dio como heredad.

Cuando logro penetrar esos dos espejos, siento que quizás hubiese sido buena idea haberme quedado niño y nunca haberme convertido en adulto. Siento que perdí tanto: el sentimiento de infinita seguridad que da el no conocer que los buenos podemos ser… malos; que si no sabemos hacernos la vida, ésta puede ser horrible; que la ternura, la alegría, la confianza y la atención de los demás hacia nosotros disminuyen en la medida en que crecemos; y que los adultos desean que crezcamos pronto, para luego hacernos responsables de todo lo que no supieron enseñarnos.

Alabado sea Dios que me permitió vivir estos años dorados, en los cuales puedo experimentar mis mejores tiempos, cuando puedo mirar mi cielo y mi vida por esas dos mágicas ventanas en los ojos de mis nietos.

Próxima Entrega: MIS DOS VIDAS.

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kids_redwagon.jpgRecibí una solicitud de estudiantes del Área de postgrado en la Maestría de Gerencia Educativa de una prestigiosa universidad venezolana, para exponer con más detalle sobre el papel y la influencia del hogar en la educación de los hijos. Con mucho gusto satisfago su requerimiento, para lo cual utilizaré algunas entregas.

Como integrantes del conglomerado social todos debemos tener interés en la formación de los jóvenes, especialmente frente a elementos de distorsión que, como producto de la globalización, ponen al alcance colectivo antivalores como el consumismo, la riqueza fácil, la violencia y sexo grotesco.

Aunque a veces tendemos a olvidarlo, es en el hogar donde aprendemos las cosas más elementales para sobrevivir en un mundo a veces duro e incomprensible. Imitamos a nuestros padres como lo más inmediato a seguir. Ellos nos generan una especial sensación de seguridad, frente a un medio que, a tan corta edad, es simplemente desconocido. Su comportamiento en esa primera etapa de satisfacción a nuestra natural curiosidad, es fundamental.

Si tenemos padres positivos, amorosos y felices, aspiraremos una vida similar y hacia allá encaminaremos nuestras actuaciones; pero, si son negativos, irrespetuosos y desconsiderados, idénticos sentimientos desarrollaremos. Sus principio y valores marcaran nuestra conducta individual y colectiva.

A los padres debemos inculcar su papel de arquitectos del plan de vida de sus hijos. Se requiere crearles conciencia que si los principios y valores inculcados en casa son fuertes, resistirán los embates de las influencias negativas que reciban fuera del hogar.

En su condición de primeros maestros de sus hijos, los padres requieren mirar positivamente su curiosidad e interrogantes y en vez de rechazarlas, excitarlas, porque es un indicador de inteligencia. Si logramos convertirlo en convicción, más allá de su comportamiento, presionarán a los educadores a modificar su actitud frente a los educandos.

La educación positiva integral, debe orientar la transferencia del conocimiento más que imponerlo; reconocer más que censurar; elevar las virtudes y atenuar los defectos; excitar y promover las iniciativas, más que encasillarlas en la formalidad tradicional.

Frente a un mundo donde todo es nuevo, en vez de encajarlos en paradigmas caducos, difíciles de entender y asimilar, los padres y educadores deben hacerse parte de sus inquietudes, disfrutarlas y vivirlas como la oportunidad de sentirse jóvenes… por segunda vez.

La educación positiva exalta las virtudes de los educandos; los engrandece, reconoce sus potencialidades y las motiva, demuestra su respeto por la individualidad, por su condición humana, su esfuerzo y su deseo de aprender; su capacidad para intentarlo y… lograrlo.

Mucho del rechazo de los jóvenes y especialmente los adolescentes, es consecuencia de que desde que tienen uso de razón los sumergen en el mundo del no. Ese vocablo con sabor a imposición, incomprensión, falta de caridad y aceptación, tan normal en la educación tradicional, se traduce en fuente de violación de la sagrada individualidad.

¿Qué debemos hacer frente a estas realidades? Trataremos de analizarlo en entregas subsiguientes.

Próxima Entrega: EDUCACION POSITIVA (El fantasma del «No» )

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A partir de hoy, para satisfacer la solicitud de un estimado creativo de una importante empresa de multimedia en Houston Texas, doy inicio a una serie de entregas sobre un tema apasionante para quienes como yo, los años no han podido robar ese toquecito de locura, que nos ha permitido vivir más allá de nuestra propia realidad: LOS SUEÑOS.

Soñar, es sentir que la vida es más como nosotros quisiéramos que fuera, que como la vemos pasar todos los días, con la firme convicción de que podemos transformarla.

Los sueños representan lo que pensamos que podemos lograr ahora y siempre. Los que sueñan, tienen el valor de enfrentar con una sonrisa de esperanza cada minuto de su existencia.

Soñar, es decirle no a los elementos y circunstancias que intenten disminuir la esencia poderosa y transformadora que recibimos de Dios.

Soñar, es decirle al dolor, la tristeza, la soledad y la falta de amor, que hay algo más poderoso y prometedor que la realidad misma; con suficiente poder para transformarla, porque cuando soñamos, cuando nos convencemos de que somos capaces de entrar en ese mundo nebuloso que precede la inspiración y obligarlo a moverse a nuestro favor, entonces simplemente hemos entrado en una nueva dimensión, sin tiempo ni espacio; adapta las situaciones a nuestro pensamiento; transforma los sonidos y los colores y nos dota de alas para volar sobre nuestra propia mente para convertir la realidad en una fantasía… posible.

Soñar, es un derecho al cual nadie debería renunciar, porque representa no contentarse con las limitaciones que la realidad trata de imponer, a quienes no tienen la capacidad de crear su propia fantasía, su propio mundo.

La creatividad es parte de nuestra herencia divina, pero únicamente puede materializarse mediante los sueños que nos han permitido transformar el mundo, frente al asombro de los que duermen despiertos, precisamente porque perdieron la capacidad de soñar.

Los sueños enfrentan la realidad porque es demasiado común, cómoda, monótona y sin retos. Es resignarse a recibir lo que la vida nos ofrece, sin especular si podríamos obtener algo mejor.

Los sueños son el escape de un espíritu libre e ilimitado que se ahoga en un cuerpo cautivo, rodeado de paredes de tiempo y espacio… que él no reconoce.

Soñar es decirle a Dios que entendemos nuestra supremacía sobre los seres irracionales, que no sueñan porque les falta la esencia divina que nos permite diferenciar la noche del día; lo bueno de lo malo; vivir el perfume de las flores e imaginar su máxima belleza, plasmándola en un lienzo con nuevos colores; oír el canto de los pájaros y convertirlo en celestial sonata; sembrarle magia y transformar con nuestro sentimiento la muerte en vida, cuando hacemos romántica la caída de las hojas, en el otoño; convertir el sexo en algo más que el acto natural procreativo, sublimizándolo, llenándolo de magia, de fantasía y haciéndolo trascender más allá de su propia temporalidad.

Si carecemos o perdemos la capacidad de soñar, que es una habilidad típica y exclusiva del ser humano, nos resignamos a una existencia regida por los elementos naturales y… el destino.

No soñar, es renunciar a nuestra diferencia profunda con esos compañeros de viaje en este mundo, cuyo déficit espiritual les induce únicamente a sobrevivir.

Carecer de sueños, es la renuncia a nuestra propia condición inteligente; engendra fallarnos a nosotros mismos y a nuestro Hacedor.

El soñar nos hace humanos, especulativos, inconformes con una realidad que tiene que ser matizada con colores nuevos, música sublime, aromas y esencias que exciten el alma, para crear lo excelso que ella, por sí sola, en su estado natural no puede ofrecernos.

Soñar es un reto a la normalidad, a la resignación y la pasividad; es avanzar más allá de hoy, fabricando un mañana a nuestra propia medida.

Sin soñadores, el mundo sería lento, atrasado, monótono, aburrido, sin emociones; y seguramente, sin las grandes transformaciones que hacen nuestra vida mejor.

¿Qué le parece si analizamos cómo nacen los sueños, cómo se desarrollan, cómo debemos materializarlos y vivirlos?

Aquí lo espero, para compartir en unas cuantas entregas posteriores un poco de irrealidad de la… realidad.

Próxima Entrega: DECIDIÉNDOSE A SOÑAR.

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gs255026.jpgUna de las pocas acciones, que como seres humanos recibe compensación inmediata, lo es el amar. En el mundo de la realidad, si usted siembra, construye, invierte o realiza cualquiera de las múltiples actividades cotidianas debe esperar un lapso, largo o corto, para obtener los beneficios, pero no los recibe de inmediato; inclusive la alimentación requiere de minutos para extraer los elementos beneficiosos para el cuerpo.

Por otra parte, hasta que no obtenemos el resultado de nuestras acciones, no tenemos la seguridad de su beneficio o perjuicio. En el caso del amor es todo lo contrario. En todos los casos, el amor nos beneficia desde el mismo momento en que amamos; el experimentar ese especial sentimiento nos llena de regocijo, alegría, ternura y plenitud.

Nunca he oído decir que alguien se sienta mal, adolorido o triste porque siente amor. Pudiera ser que decaiga el ánimo o se sienta mal por no sentirlo, pero no lo contrario. La historia está llena de situaciones extraordinarias, donde una persona hizo cosas increíbles, elevadas y hasta el sacrificio de su vida, por y en pro de quien amaba.

El sentimiento indefinible e inubicable de amar que experimentamos por otra persona, actúa automáticamente en nuestro beneficio. La razón es sencilla pero trascendente: El mismo sentimiento no tiene obligatoriamente que producirse en quien es amado. La sensación agradable que se percibe lo es únicamente de quien ama.

De hecho, continuamente escuchamos: «…esa persona está enamorada sola.», cuando notamos la emoción, el regocijo y la alegría que inundan a un ser humano en presencia o recuerdo de otra, sin que ese sentimiento de plenitud requiera de reciprocidad. Pero lo que sí es cierto, es que en el momento en que siente amor, el que ama experimenta las más hermosas sensaciones.

El tiempo del amor es ahora, su espacio el alma y el sentimiento no tiene dimensión. Por eso se puede amar como y cuando se desee, sin que la persona amada siquiera lo sienta o se afecte, e independiente de cualquier reciprocidad, porque el beneficio es inmediato.

El amor nunca se pierde. El que es amado puede o no recibir la motivación amorosa, y como consecuencia, dependerá del nivel de recepción el que disfrute o no. La única posibilidad de regocijarse en el amor, es amando. Es esa una de las características fundamentales del amor: no puede experimentarse mediante otra persona, sino por otra persona.

«Que todo lo hagas por amor», es una sentencia bíblica de extraordinario contenido. Ciertamente, hacer las cosas por amor, inyecta entusiasmo, da sentido a la vida, que de lo contrario sería simple y monótona, como la de los seres irracionales; pero también es el medio idóneo para lograr la felicidad integral, como un estado vivencial de realización física y espiritual.

Si amamos la vida, ésta nos ama. Si amamos a las personas y las cosas, como quiera que el efecto del amor es inmediato, ya no estaremos tristes, ni aburridos, ni desmotivados, sino que percibiremos la vida de ese color rosa y música constante, que sólo los ojos y oídos de los enamorados perciben.

Por eso, los que amamos sentimos a Dios y vivimos ese diálogo permanente y placentero, solo reconocido por nosotros como es la oración y su beneficio inmediato: fe, confianza, esperanza y ausencia de temor, que integran ese poder para hacer el bien, ayudar y ayudarnos a vivir una vida todos los días más plena, que recibimos de Él.

El desamor, que progresivamente invade los conglomerados humanos, donde erróneamente se da más importancia al alimento físico que al espiritual, es la mayor fuente del estrés que produce enfermedades físicas y mentales.

Por todo eso, mi mejor sugerencia para una vida edificante y de contenido, lo es amar sin importar a quien o por qué; pero amar… siempre amar, porque cuando amamos hacemos a un lado el egoísmo y esos otros sentimientos que nos cargan el alma de motivaciones negativas.

Amar no es tiempo perdido, es tiempo invertido en pro de nuestro crecimiento espiritual y disfrute físico.

Próxima Entrega: EL ENTENDIMIENTO NECESARIO

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