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Archive for the ‘FELICIDAD’ Category

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     Nos sentimos vivos porque percibimos mediante nuestros sentidos un medio ambiente que nos circunda. Pero¿Qué sucede cuando por cualquier circunstancia nuestros sentidos no están activados y en consecuencia conscientemente no perciben nada? Pues no se que sucederá con los demás, pero en mi caso me ha resultado muy sano admitir que vivo únicamente veinticuatro horas. Esa es la extensión de mi vida real: consciente o inconsciente sólo vivo 24 horas.

     Nos sentimos vivos porque percibimos mediante los sentidos un medio ambiente que nos circunda. Pero ¿Qué sucede cuando por cualquier circunstancia nuestros sentidos no están activados y en consecuencia conscientemente no perciben nada?Pues no se que sucederá con los demás, pero en mi caso me ha resultado muy sano admitir que vivo únicamente veinticuatro horas. Esa es la extensión de mi vida real: consciente o inconsciente sólo vivo 24 horas. Muero cuando en las noches me vence el sueño, porque mientras estoy dormido no oigo, no veo, no hablo… no estoy consciente; y al no percibir el medio que me circunda, de alguna manera estoy en otra vida que no es esta de todos los días. Nazco o resucito al despertarme a un nuevo día. Entonces anticipo mis gracias a Dios por esas nuevas veinticuatro incomparables horas de vida que viviré, durante las cuales no tengo ninguna duda que Él estará conmigo. Y ciertamente, las vivo muy feliz.Quizás por eso será que no me pesan los veinticuatro mil noventa períodos de veinticuatro horas que he acumulado en mi vida.

     Para mí cada día es un evento maravilloso, porque no representa vivir veinticuatro horas más, sino vivir una vida más. Ahora bien, como mi vida es tan corta no me puedo dar el lujo de desperdiciarla, como pudieran hacerlo quienes viven contando períodos tan largos como los de siete mil setecientas sesenta horas que representa cada año, que es como decir que acumulan cada año trescientas sesenta y cinco vidas de las que yo vivo. De tal manera, estoy obligado a ponerle a cada una de mis vivencias el toque mágico que las convierte de normales en especiales, y ciertamente lo logro. Así, en mi corto lapso de vida la sonrisa de un niño toma una dimensión extraordinaria; el apretón de manos, un abrazo, un beso o la palabra amor, son simplemente espectaculares y las disfruto con fruición. El canto de los pájaros, el ruido del agua de las fuentes y la caricia de la brisa mañanera sobre mi cara, las atesoro como si fuera la última oportunidad de sentirlas. El agua, los alimentos que ingiero y los paisajes que observan mis ojos, los bendigo como algo especialísimo que Dios me regala sin preguntarme si los merezco o no.

     No hay cosa o situación que en ese corto período experimente, que para mí no tenga un motivo de alegría.Bajo esa consideración especial de lo efímero de mi vida, que es lo único que es realmente mío, no permito de ninguna manera ni por ningún concepto, que nada ni nadie perturbe mi sensación de deleite. En obsequio de lo cual, no acepto que el pasado, que para mí es un muerto y por el cual nada se puede hacer, afecte mi maravilloso día de hoy.Tampoco considero ningún argumento que tenga que ver con el futuro. Entre otras cosas, porque el que vive veinticuatro horas como yo, para su propia tranquilidad no tiene que preocuparse de algo que nunca tendrá: futuro. Mi especial condición me mantiene a salvo de esa fuente generadora de preocupaciones como es el no conocer que sucederá mañana que afecta a los demás seres humanos, por cierto, sin saber siquiera si para ellos llegará.

     De todas maneras, por mi naturaleza imperfecta, en cualquier oportunidad que intento comportarme como un ser humano normal, de esos que viven por años y les preocupa el futuro, termino concluyendo que de cualquier modo el futuro es un evento absolutamente imprevisible e incierto, que se parece a la muerte porque no se sabe como ni cuando llegará; pero como me he acostumbrado a que todas las noches me acuesto y convivo con ella durante el sueño, por lo cual la conozco muy bien, pues ya la muerte tampoco me preocupa.Sin embargo, a veces dentro del mundo de las especulaciones pienso: si me preocupara el futuro yo no tendría ningún problema, porque lo único que se puede hacer por el futuro es hacer las cosas bien hoy, y eso no debería ser una excepción del comportamiento humano, sino la regla; para terminar aceptando que lo mejor que me ha podido pasar, es ser un ser anormal que sólo vive veinticuatro horas.

     Por otra parte, esta particular forma de ver mi corta vida me obliga a reflexionar sobre el hecho de que, ciertamente somos nosotros y nadie más quien le da color, sabor, magia, fantasía y trascendencia a las cosas que nos suceden. Pero lo más importante de mi deducción es la certeza de que es dentro de nosotros mismos y no afuera, donde se produce esa operación mental e intelectual que causa este fenómeno tan interesante que es la felicidad. La otra conclusión interesante que me ha regalado mi concepción filosófica de corta vida, es que si como es cierto soy yo el que le da los matices de beneficio o perjuicio a lo que hago o me acontece, y que eso se produce en mi ser interior, pues entonces estoy a salvo de cualquier eventualidad dañosa que venga del exterior y que pudiera afectar mi felicidad, porque al fin y al cabo, soy yo el que decide su nivel de afectación, y ni tonto que fuera para darle un matiz negativo.

     Pudiera ser que muchas personas no entiendan esta forma particular de ver la vida, porque pareciera lógico que más que vivir un día, aspiren a vivir muchos días. Es posible que eso sea lo razonable en un mundo de personas normales –grupo al cual para mi bien yo no pertenezco. Por tanto, me imagino que cuando lean estas reflexiones no solamente no estén de acuerdo con ellas, sino que hasta me pongan el apodo de “hombre de un solo día”, lo cual pudiera ser que no me haga muy feliz porque tengo mi nombre propio.Pero de lo que sí estoy absolutamente convencido es que prefiero vivir veinticuatro horas felices, que muchos días, meses y años con la permanente preocupación de lo que me dejó ayer o me traerá un mañana, que ni siquiera puedo saber si llegará para mí. Así que correré el riesgo de que cuando me vean por la calle, socarronamente y con una sonrisita burlona, en voz baja digan: ahí va el “hombre de un solo un día.”

Próxima Entrega: EL TEMOR… ENEMIGO NÙMERO UNO

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En las noches cuando despierto percibo un profundo silencio, como si el mundo se hubiese detenido. Entonces presiento lo que la mayoría de los humanos perciben como la soledad. Esa desprotección inmensa del hombre como especie frente a un mundo amplio y ajeno; frente a una naturaleza con elementos incontenibles, terribles, destructivos, cuales no podemos prever cuando se desencadenarán, pero en el que somos minúsculos y… frágiles.

Ese silencio absoluto produce el sentimiento extraño de indefensión paralizante para quienes creen en la soledad. Una sensación de infinita pequeñez, frente a un mundo gigante, imprevisible y anciano pero muy poderoso, en el cual nuestra conformación física por su dimensión es menor que un grano de arena y, nuestra vida con respecto a su edad, menos importante y pasajera que la del más pequeño de los insectos.

Todo eso me hace reflexionar, más con curiosidad que con temor, sobre la natural soledad del ser humano en este mundo. Salvo excepciones, nacemos solos, por tanto nadie ni nuestros seres más queridos tendrían en sus planes la idea de acompañarnos al más allá. Sobre esa base me pregunto:

-¿Realmente estamos solos en el camino de nuestra vida?

No necesito pensar mucho para responder: DEFINITIVAMENTE NO. No estamos solos ni antes de nacer, ni durante nuestro periplo por este mundo; ni siquiera después de morir lo estaremos. Al menos en mi caso, sé que no estoy aquí por accidente. Desde que mi madre me enseñó de la existencia de Dios y me orientó en como comunicarme con Él nunca me he sentido solo, porque aprendí que desde antes de nacer ya tenía su segura y buena compañía.

No niego que en ocasiones me he sentido desconsolado, frustrado o triste, pero decir que me he sentido inmensamente solo, no es cierto. Estoy persuadido de que Dios es un inmejorable compañero de viaje: nunca nos abandona, siempre está con nosotros y… todo el tiempo a nuestro alcance.

Debo confesar que siento una gran preocupación por los millones de personas quienes por no conocer y mantener a Dios en su corazón, vagan por el mundo tristes, con el sentimiento de sentirse solos. Pienso que ellos ignoran que Dios nos pertenece a todos sin ninguna distinción, sepamos o no de su existencia. Que nunca duerme porque siempre está en vigilia, presto a ayudarnos si lo requerimos. Que es Él quien cuando estamos atribulados nos produce esos sueños maravillosos, que traen paz a nuestra alma y nos hacen despertar con optimismo.

Él quien sin explicación racional, en oportunidades nos hace evitar un camino porque en él medra el peligro. Él nos acerca a las personas que amamos y nos aleja aquellas que podrían hacernos daño. Y es Él quien nos señala el bien y el mal, permitiéndonos libremente tomar las opciones que estimemos conveniente. También es Él quien nos provee de nuestra familia, amor, salud y bienestar. Es el guia que nos lleva de la mano para encontrar la satisfacción de nuestras necesidades materiales y espirituales.

Así como Él nos dejó la promesa, mediante las palabras de su bien amado hijo Jesús, de que podemos ser mejores, y quizás… perfectos, también será quien nos recupere y nos regrese a ese mundo de donde vinimos, en el momento apropiado; ni un minuto antes, ni uno después.

Es que así como nos ha acompañado durante toda nuestra vida, también está esperándonos a la hora del regreso con los brazos abiertos; pero no para pedirnos cuentas sino para acogernos en su regazo porque somos sus hijos amados, porque Él nos conoce muy bien y desde antes de nuestro nacimiento ya sabía de lo que éramos capaces. Desde siempre supo cómo y para donde íbamos: sabía todas y cada una de las cosas que haríamos durante nuestra vida. Por tanto ¿Cómo va a pedirnos cuentas de lo que Él ya conocía que nosotros íbamos a hacer, en un viaje que Él mismo nos diseñó?

Todo eso me lleva a la conclusión de que nuestra soledad en esta vida no es real sino mental, porque Dios a su manera muy particular de hacer las cosas, siempre está con nosotros. Es que su forma de acompañarnos no tenemos porqué conocerla porque no nos aporta nada adicional, no nos afecta en absoluto. Lo que debe afectarnos es el resultado final: que Dios siempre y en todas partes está con nosotros. Si no fuera así: ¿Qué sería de nuestra frágil humanidad?

Somos físicamente tan débiles que para quedar paralíticos por siempre o morir, no necesitamos caer de un quinto piso o mayor altura, basta con resbalarnos mientras caminamos sobre el piso mojado para que nuestra cabeza choque con el suelo, o una piedra, o cualquier objeto contundente y con eso es suficiente: todo termina. Del mismo modo, es suficiente abrir fuera de tiempo una ventana de nuestra casa, para pescar una pulmonía que puede acabar con nuestra vida; un día cualquiera, haciendo lo mismo de todos los días, como bañarnos después de comer, simplemente nos produce una congestión y morimos. Tan vulnerables somos que una microscópica bacteria, sin que siquiera podamos verla, puede acabar con nuestra vida en horas o quizás… en minutos.

Pero… ¡Ah milagro! Permanecemos vivos. Pero ¿Cuántos? Y… ¿Porqué? En verdad no me importa; soy uno de los que sobreviven, y yo si que no tengo duda que sigo vivo porque mi Padre Celestial esta conmigo, me acompaña, me guía dándome lucidez para que tome acertadas decisiones, cual es la mejor forma de cuidar de alguien.

Por eso no temo al futuro ni recuerdo el pasado, porque Él no me trajo a este mundo ni a recordar el pasado ni a preocupareme por el futuro, sino para vivir todos los días disfrutando de los incontables dones que puso en la naturaleza para el disfrute de sus hijos. Y para que mejor aproveche esos recursos y sea más feliz no me permite conocer cuanto tiempo voy a estar aquí. Ese es su secreto, y a mi no tiene porqué interesarme. Estoy seguro que Él no me dejará aquí abandonado.

Tengo presentes las palabras de Jesús, cuando expresaba: «En la casa de mi padre muchas moradas hay.» Yo sé a que se refería, por eso estoy absolutamnente convencido que como mi alma es eterna, cuando esto se ponga muy problemático para mí, como ser espiritual que soy viviendo una experiencia fìsica, Él me llamará, vendrá, me sacará de este mundo y me llevará a otra parte; me asignará una misión nueva que cumpliré con agrado, porque es la voluntad de mi padre amado, que siempre ha estado conmigo desde antes de nacer y lo estará siempre… en donde sea que yo vaya.

Por eso no creo en la soledad de ningún ser humano… pero menos aún en la mía.
Próxima Entrega: UN DIA DE VIDA

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         En su época, Ovidio escribió: ”La abundancia me hizo pobre”. El contenido de esa antigua admonición me llevó a analizar con respecto a la felicidad, la influencia de la abundancia de bienes materiales, que solo se pueden obtener con la riqueza.

         Sin ánimo de adentrarme en el tema filosófico de los objetos ideales, deduzco que nuestra vida se desarrolla en el ámbito de dos cosas principales: los objetos físicos o materiales y los objetos intangibles, inmateriales o también denominados objetos ideales. Así, los objetos tangibles, como serían aquellos que pertenecen a los reinos vegetal,  animal y mineral,  son percibidos por nuestros cinco sentidos conocidos. En cambio los objetos ideales como  los valores, el estado de ánimo, la tristeza o el amor, por citar algunos, por su intangibilidad no son detectados por ninguno de nuestros cinco sentidos. 

         A la par de estos dos grandes grupos existen otros objetos con tangibilidad especial, los cuales de alguna manera pueden ser percibidos por algunos de nuestros sentidos y capturados por el hombre con un mínimo de esfuerzo, como lo serían por ejemplo los olores, los sonidos y el aire.   

        Pues bien, notamos que para lograr la felicidad integral de un ser racional convergen los tres grupos, pero su jerarquía coloca a los intangibles y de tangibilidad especial como los más importantes, siendo también  los de más fácil acceso al ser humano. De tal manera, encontramos que de los dos  indispensables para vivir físicamente como son el aire y el agua, el primero, sin el cual un ser humano no podría sobrevivir más de tres o cuatro minutos, no requiere para obtenerlo ningún esfuerzo ni erogación económica;  y el segundo que es el agua, sin la cual  el individuo moriría en menos de quince días, existe tal abundancia en el planeta que  tenemos acceso prácticamente libre a este recurso. De donde perfectamente podemos deducir, que para sobrevivir fìsicamente no requerimos ni de la riqueza ni del poder.

          Para nuestra especie que posee razón e inteligencia, para ser feliz no se basta únicamente con los objetos tangibles, sino que requiere  de objetos intangibles o ideales para sentirse realizado material y espiritualmente; tales como el amor y sus subsidiarios la ternura, la aceptación, la comprensión, la solidaridad y la sexualidad, cuales tampoco  ameritan ninguna erogación de carácter económico. Esto es que, para obtenerlos y disfrutarlos no se necesita  riqueza o poder, cuales son dos circunstancias general y erróneamente consideradas como generadoras de la felicidad. 

          Sin embargo, observamos que la condiciòn de homo economicus  del ser humano,  lo induce a una lucha desesperada que durarà toda su vida, por acumular bienes materiales o tangibles y poder,  que durará toda su vida; con la errada premisa de que son éstos los que pueden hacer su felicidad. En ese intento va invirtiendo sus mayores esfuerzos y con ello sus mejores días, pero en la misma proporción en que aumentan sus riquezas va dejando en el camino su juventud, salud y una vitalidad que lamentablemente no le puede compensar la riqueza o el poder adquiridos. Esa obsesión por lograr riqueza y poder, le induce a  restarle importancia a los objetos intangibles, cuales son los que podrían llenar sus vacíos existenciales; llegando en muchos casos a la paradoja horrible de haber invertido los mejores años de su vida, en una carrera desesperada por lograr lo que estos por sí solos nunca podrán producirle: felicidad personal.  

         Por su parte, las personas que logran entender a tiempo los elementos necesarios para ser felices, asimilan que la felicidad es corporal-espiritual y mediante un análisis sencillo pero muy práctico, determinan que para sobrevivir físicamente sólo requieren como indispensables el aire y el agua, cuales  siempre tienen a su alcance sin requerir grandes erogaciones económicas o especial esfuerzo, como arriba quedò analizado.  Para satisfacer la parte espiritual, saben que tienen a su alcance y sin ningún costo los elementos fundamentales: Dios y el amor, que ejerciendo el libre albedrío y el estado de ánimo -cuales por cierto también son todos objetos ideales o intangibles- complementan eficientemente los requerimientos para lograr  una vida feliz. 

         Luego de este sencillo análisis estamos obligados a preguntarnos:

        ¿Qué explicación lógica tiene que el ser humano invierta los mejores años de su vida, agotando su salud y su mejor intelecto para lograr acumular riquezas y poder , que por sí solos no pueden producirle felicidad?

          La única respuesta razonable es: la ignorancia. Si, la ignorancia de la importancia invalorable que los objetos intangibles, inmateriales o ideales tienen para la felicidad integral del individuo; y el hecho cierto de que los fundamentales como Dios, el amor, la solidaridad, la   ternura, la amistad,  el sexo sublime y trascendente, no tienen ninguna posibilidad de ser adquiridos con riqueza física, bienes materiales o poder, porque si algún precio o compensaciòn requirieren, en todo caso serían el mismo amor, la misma solidaridad y/o una sexualidad sublime y trascendente, más allá de la mera parte física del acto.  

            Es esa la explicación por la cual en nuestro mundo existen tantas personas desorientadas, incautas y fatuas que no entienden tan evidentes razones, mientras son muy contadas aquellas que actúan con sabiduría. Asimismo, son muchas las personas muy ricas, poderosas y famosas que no logran la felicidad, porque extrañamente no descubren dentro de sí mismos todas las facultades y recursos de que disponen para serlo. Mientras otras que carecen de bienes materiales, riqueza y poder, pero encuentran en su ser interno los elementos para alcanzar la felicidad, logrando disfrutar de una vida plena y llena de regocijo.   

          No pareciera entonces difícil entender cual es el camino a seguir. Por tanto, usted que conoce estos secretos no los desaproveche: utilice los bienes intangibles o inmateriales que nada le cuestan, en pro de vivir una vida integralmente  feliz,  con la seguridad que los bienes materiales, la riqueza o el poder, sin duda llegaràn por añadidura y en el momento apropiado. 

Próxima Entrega: PADRES INTEGRALES  I

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(Koldo 1976)

 

En esa lucha permanente entre nuestro origen y la cultura, pareciera que en algunas personas prevalece lo originario. Desde que nacemos hasta que exhalamos el último suspiro la orden es: sobrevivir. No importa como, pero tenemos que sobrevivir, sin considerar como importante la calidad de la vida.

Aunque pudiera ser comprensible que algunas personas no lleguen a vencer esa carga genética y hasta cierto punto instintiva por originaria, pienso que para la generalidad no debería ser así. Los humanos somos una especie diferente y única en el contexto de la naturaleza, porque somos los únicos dotados de razón e inteligencia, lo que nos obliga a especular sobre asuntos más trascendentes que la subsistencia física diaria. Como consecuencia también nuestra vida deberá ser diferente y única.

La ausencia de esa luz de la razón para los seres irracionales que nos acompañan en este planeta, los lleva de forma instintiva a una sola preocupación: sobrevivir, esto es, no morir; sin importarles qué otras cosas buenas pudiera ofrecerles esta vida, más allá de comer, dormir y reproducirse. Por lo contrario, para el hombre el mejorar su nivel de vida debe ser una constante en su desarrollo. Al fin y al cabo, nuestro destino por haber sido hechos a imagen y semejanza de Dios, no solamente es el de poblar la tierra sino reinar sobre ella.

Esa herencia divina nos hace acreedores de los mayores placeres y más acabadas satisfacciones, las cuales únicamente podremos lograr con un nivel de vida que aumente nuestro caudal de regocijo y bienestar, en el camino de lograr la tan ansiada felicidad. Nuestra exclusiva condición de seres pensantes sobre la tierra nos obliga a preguntarnos porqué y para qué estamos aquí; cuál es el objetivo de este peregrinaje por esta vida y qué nos espera después de la muerte como poseedores de un alma. Pero también qué es lo que más conviene que hagamos por nosotros y… por nuestra especie, durante esta muy corta e incierta estadía en este mundo.

Un sencillo análisis nos llevaría a la deducción de que no es lógico que hayamos sido creados racionales y dotados de un espíritu, únicamente para sobrevivir como los demás animales, porque para sobrevivir no se requiere ni razón ni inteligencia: el instinto se basta solo para operar los mecanismos de supervivencia física. Con los dones intelectuales de que fuimos dotados los humanos, lo importante, lo hermoso, lo sublime y lo trascendente no es sobrevivir o no morir: lo es vivir… intensamente todo el conjunto de extraordinarias experiencias que pueden percibir nuestros sentidos, como único ser viviente que es capaz de vincular sus sensaciones físicas a su alma, a sus sentimientos, y a su… espíritu.

Fue para que sintiéramos y actuáramos diferentes a los demás animales, que se nos dotó de libre albedrío, creándonos con ello el compromiso de superar la meta de la supervivencia física, para avanzar a estadios más elevados que nos permitan observar y evaluar todas esas cosas maravillosas que pueblan nuestra aldea global; y aquellas que con su inteligencia el hombre ha podido desarrollar, como su indescriptible arte, representado en piezas musicales que elevan nuestro espíritu, esculturas y pinturas, también de una magnitud casi insuperable; y las bellezas arquitectónicas de todo género, que a veces compiten con la misma belleza de la naturaleza, mostrándonos horizontes nunca imaginados, con la única intención de señalarnos caminos que finalmente nos lleven a… la felicidad.

Con tales certezas no hay un minuto que perder porque hay tanto por hacer, mucho que conocer y esperar de la vida; pero también bastante que mejorar en el alma y el espíritu, porque la real posibilidad de acceder a todas esas cosas maravillosas y experimentar esas sensaciones inigualables que nos ofrece la vida, estará condicionada proporcionalmente a nuestra capacidad de crecer intelectual y espiritualmente.

Entonces, debemos autoanalizarnos sinceramente a fin de determinar cuanto hemos hecho para ser mejores. Si hemos avanzado nos felicitaremos. Si no lo hemos hecho suficientemente no lo tomaremos a lo trágico, sino como acicate para aceptar que requerimos con urgencia iniciar nuestro programa de ascensión a etapas superiores. Sabemos que el tiempo es corto y la obra extensa. Por tanto, avanzaremos sin tregua, sin descanso; felices y seguros del éxito en alcanzar nuestras metas, porque somos hijos privilegiados de Dios, que nos ha permitido conocer estos secretos que son el único camino para lograr nuestra plenitud. Al fin y al cabo, como nos lo enseñara hace miles de años Tales de Mileto: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres. Los que todo lo han perdido la poseen aún.”

Es que la vida que estamos preparando la presentimos demasiado buena. Vale la pena luchar por ella, porque será emocionante, reconfortante, prometedora. Nos hará diferentes y fortalecerá nuestro espíritu. Mientras ascendemos a la cima, paulatinamente nos transformaremos de personas comunes y corrientes en triunfadores. Ya no sobreviviremos, sino que viviremos plena e intensamente todos los días de nuestra vida, en todo el sentido de la palabra, porque para eso fuimos creados por Dios y… no podemos darnos el lujo de defraudarlo.

Próxima Entrega: PODER, RIQUEZA Y FELICIDAD

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          Hace pocos años presencié un programa de televisión internacional, donde presentaban unos gemelos que habían nacido con un mal congénito que no les permitía respirar normalmente. Uno de ellos, a la edad de cuatro años ya había estado hospitalizado veintiocho veces y le habían realizado once operaciones quirúrgicas en su garganta. El otro, un numero escasamente menor de cirugías y hospitalizaciones. Pero algo más grave aún, al descubrir que se trataba de un problema cromosómico transmitido por la madre, el diagnóstico médico definitivo fue que el mal era irreversible y por lo tanto estos niños jamás podrían tener una vida normal. Permanecerían de forma obligatoria recluidos en hospitales para recibir muchas otras intervenciones quirúrgicas, hasta que la vida se les extinguiera. 

         Más allá de la inmensa tristeza que como padre y abuelo me produjo esa dolorosa escena, recibí de los padres de esos niños una de las mayores enseñanzas de mi vida. Se trataba de dos personas menores de treinta años, quienes retozaban en la alfombra con sus dos hijitos que se encontraban conectados a unos aparatos respiratorios, y ciertamente sus rostros reflejaban felicidad. Estas personas de espíritu tan elevado no pensaban que Dios había sido injusto con sus hijos y con ellos por tan deprimente situación, sino que rebosaban de felicidad porque Dios en su infinita misericordia había preservado la vida de sus dos niños y les mantenía a ellos sanos para poder ayudarles.  

        Entonces yo, que tengo vivos mis cinco hijos y mis nueve nietos y a cada momento recibo el amor de ellos y el de mi amada esposa, tengo que tener mi estado de ánimo por las nubes. Estoy obligado a dar gracias a Dios por habernos preservado de tantos males; por darnos y mantenernos esta vida, sin la cual no podría experimentar mis sentimientos sin importar si son agradables o desagradables, por que lo trascendente es que me hacen sentir que aún estoy…vivo y feliz; igual que usted quien en este momento no tendrá más alternativa que sentirse como yo: con su estado de ánimo muy elevado por ser un hijo privilegiado de Dios y por tanto agradecido y feliz. Por eso, como Emerson repito desde el fondo de mi alma: “Todo lo que he visto me enseñó que debo confiar en el Creador a quien no he visto.” 

        Si usted medita sobre lo expuesto y se ubica como un habitante más de este mundo, donde caben holgadamente la vida y sus dones, pero también la muerte  y la escasez; la salud y la bonanza, pero también la enfermedad y la pobreza; el dolor, la tristeza y el odio, pero también la alegría, la solidaridad y el perdón; la maldad y la envidia, pero también el amor, la bondad y la generosidad; la frustración y el fracaso, pero también el éxito y como fuente inagotable de vida: la esperanza. A esta altura de las cosas, seguramente usted no tendrá duda de su condición de  hijo especial de Dios y rebozará de alegría.  Así que por favor, no pierda ni un segundo, no  desperdicie esta oportunidad  y corra… corra donde su hijo y su esposa, abrácelos y béselos con toda la ternura de que es capaz, póngalos contra su corazón, inúndelos de amor, porque esa es la mejor parte de ese tesoro recibido de Dios: su vida y la continuación de ésta representada en sus hijos

          Por cierto… ¿Alguien habló de tristeza o  de  mal estado de ánimo?   Aquí no puede ser. Será en otra parte, otras personas, pero no nosotros. Nosotros recibimos de Dios la luz de la razón que nos permite conocer estas verdades para que podamos analizar cada uno de los aspectos de nuestra vida terrena, lo que diariamente nos posibilita para reconocer su amor, puesto de manifiesto en sus múltiples bendiciones, con la única intención de que seamos felices.   No podemos defraudar a nuestro amado Padre Celestial. No nos lo perdonaríamos… y esta vida es tan corta que no podemos perder ni un segundo de ella. Por eso debemos vivirla intensamente, disfrutándola con fruición, con abundancia de amor, con avaricia de felicidad porque para ser felices fuimos creados por Dios. Lo contrario sería un desperdicio imperdonable, porque los momentos de la vida que no disfrutemos ahora mismo, fatalmente pasarán y serán… irrecuperables.  

         Finalizo esta entrega recordando a un maestro de las letras, que lo  hizo inolvidable para quienes amamos la poesía, quien no se contentó con el romanticismo, sino que nos dejó un mensaje bueno para la vida diaria: Don Pablo Neruda, cuando escribió:  “Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tu eres parte de la fuerza de tu vida; ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.»

 

Próxima Entrega: VIVIR O… SOBREVIVIR.

 

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GENTE FELIZ

Siendo que El Estado de Animo es una especial facultad interna que nos posibilita mirar el mundo del color que nos apetezca, nuestro interés principal deberá ser mejorarlo al mayor grado posible. En tal sentido, el primer paso será elegir sentirnos mejor, para lo cual nos basta con enumerar las múltiples bendiciones y muchas cualidades físicas y espirituales de que somos portadores, cuales en su totalidad son fuente abundante de motivos para mejorar nuestro estado de ánimo.

Así tendremos que nuestra bendición principal es NUESTRA VIDA, porque sin ella no somos nada, somos menos que el éter; simplemente no existimos.  Si los muertos pudieran hablar, nos manifestarían cuanto envidian esa insustituible posesión física que es nuestra vida.

No recuerdo en toda mi vida, haber conocido que alguien en su sano juicio hubiese deseado morir, o por lo menos que no hubiese hecho todo lo posible por mantenerse vivo. Por tanto, nuestro ánimo mejorará si meditamos sobre el hecho de que estar vivos, ya es la mayor bendición de Dios sobre la tierra.

Otra  bendición inigualable para mejorar nuestro estado de ánimo son nuestros cinco sentidos conocidos, los cuales nos permiten mirar la reconfortante sonrisa de los niños, oír el canto de los pájaros y la palabra… amor; la sensación indescriptible de la brisa mañanera en nuestra cara, el aroma de las flores y del pasto mojado en las mañanas lluviosas, el sabor de los manjares que Dios ha puesto sobre la tierra para nuestro disfrute, y ese inconfundible, familiar olor del ser amado.

Pero si además reflexionamos sobre el que, diariamente mueren de hambre miles de personas y especialmente niños, siendo que para nosotros el problema alimentario es ¿Qué dejamos de comer para no engordar?Mientras que para esos miles de hermanos nuestrossu problema es ¿Dónde encuentran cualquier alimento para no morirse de hambre?; que existen millones de personas sufriendo de horribles enfermedades como el VIH; más de un mil tipos de cáncer; Parkinson, Alzheimer y… pare de contar, sin posibilidades de atender eficientemente sus enfermedades, mientras nosotros disfrutamos de una salud a toda prueba y tenemos acceso a los mejores centros de salud del mundo.

Que en países africanos, asiáticos y de América Latina, en campamentos insalubres e improvisados crecen millones de niños que nunca aprenderán a escribir siquiera la palabra “madre”, mientras nosotros accedemos a los mejores centros de educación. Que desde Afganistán hasta La Patagonia Chilena, personas nacen, crecen y mueren sin llegar a disponer de un trabajo o un techo donde guarecerse, mientras nosotros disponemos de empleo seguro, vivienda propia o por lo menos la oportunidad de adquirirla.

Que pudiera ser que en este mismo instante, mientras usted deja en su colegio a su niña de catorce años provista, de su morral con libros y su merienda, cientos de miles de niños y niñas entre diez y diecisiete años en Burundi, Sierra Leona, Ruanda, Zambia y Colombia, por citar los países más conocidos, son obligados a empuñar armas mortales, violados en sus almas y en sus cuerpos, sin poder regresar a sus hogares, por temor a ser asesinados por quienes se han servido inmisericordemente de ellos.

Con tales reflexiones comparativas entre usted y el resto del mundo, su estado de ánimo mejorará significativamente y de tal manera robustecerá uno de los elementos más importantes para lograr una vida feliz; al mismo tiempo que le facilitaráreflexionarsobre el hecho indiscutible deque usted es un hijo privilegiado de Dios y por tanto no tiene derecho a permitir que su estado de ánimo decaiga, sino disfrutar de los dones que Dios le ha acumulado durante toda su vida.

Para concluir, permítanme comentarles que cuando paseo por las ciudad observo  como personas a quienes les falta unbrazo o una pierna, o se trasladan en sillas de ruedas, sonríen y se notan felices. Paradójicamente, a su lado observo personas jóvenes, hermosas, vitalesy sanas, con sus seños fruncidos con actitud de infelicidad.

¿Qué hace la diferencia entre unos y otros? Sin ninguna duda, SU ESTADO DE ANIMO.

Próxima entrega: COMO MEJORAR SU ESTADO DE ANIMO (ParteII)

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SER FELICES ES POSIBLE SI TENEMOS A DIOS Y AMOR EN NUESTRO CORAZÓN

La felicidad no tiene una definición universal, pero se intuye estrechamente vinculada a la riqueza, la belleza, la fama o el poder. En mi criterio, se trata de una concepción errada, ya que si bien es cierto que tales condiciones pudieran complementar el estado de felicidad, individual o conjuntamente jamás podrían por sí mismas originarla o darle permanencia.

La felicidad es un estado integral avanzado del ser humano racional, que crea una unidad entre el espíritu y las sensaciones físicas del cuerpo, generando un sentimiento de realización material y espiritual que representa la calidad de vida más acabada y reconfortante que un ser humano puede experimentar, cual no puede nacer ni mantenerse sin dos elementos exclusivos siempre a nuestro alcance y que le dan sustento: DIOS Y EL AMOR.

Como la felicidad es corporal-espiritual, cualquier acto que la produzca deberá satisfacer ambos elementos, por lo cual deberemos diferenciar entre un acto agradable y uno feliz. Como las sensaciones que captan nuestros sentidos corporales no perciben las espirituales, para ser felices deben vincularse las unas con las otras. Para observar la diferencia entre uno y otro, ejemplarizaremos: el acto de degustar un trago de vino en solitario solo produciría satisfacción corporal mediante nuestras papila linguales; pero al compartirlo con la persona amada, adicionamos la parte espiritual y lo convertimos en un acto feliz. Asimismo, realizar el acto sexual únicamente por satisfacer la urgencia natural produciría satisfacción corporal; pero si hacemos el amor con la persona amada, al vincular el sexo al espíritu, lo convertimos en un acto feliz.

La felicidad no es ni tiene por que ser permanente, sino que se constituye de momentos felices; por lo cual será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices. Pero como  no todos los eventos agradables tienen por qué ser felices, lo que determina espacios en los cuales la persona no es feliz, nadie puede asegurar con propiedad que siempre ha sido feliz o infeliz.

Como quedó probado, para que un evento pueda reputarse como feliz requiere indispensablemente la parte espiritual que es interna; entonces también podemos deducir que somos nosotros en nuestro fuero interior quienes decidimos, al asignarle la cualidad de positivo o negativo, cual evento nos hace felices y cual no; esta última conclusión nos blinda frente a quienes pudieren desear hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro mundo interno,  y esto ciertamente es un privilegio exclusivo del único ser vivo a quien Dios dotó de razón e inteligencia: EL SER HUMANO.

Próxima entrega: Herramientas para ser Felices I”

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En este Blog expresaré mi propio testimonio, producto de más de medio Siglo de atenta observación del comportamiento humano en varios países y culturas, enriquecido con los intercambios de ideas en mis actividades como Asesor Familiar, Conferencista, Articulista, Abogado y Escritor, en cuanto a la posibilidad real, cierta y verdadera de que todo ser humano fue dotado por Dios de los mecanismos suficientes para lograr una vida feliz. Con esa intención escribí el año 2005 el libro “UNA VIDA FELIZ” y en el 2007 “LA PAREJA FELIZ”, que han ayudado a entender motivos y razones que pueden contribuir a su logro. Soy cristiano libre pensador, respetuoso de la persona humana y del libre albedrío de todo individuo. Por tanto me interesan todas las personas, independiente de su nacionalidad, credo religioso, raza, sexo, preferencia sexual o posición social.

Habiéndome presentado brevemente, comienzo por decirles: HELLO WORLD… HELLO PEOPLE, donde quiera que se encuentren. Gracias por permitirme cumplir con mi compromiso de dar un poco de lo mucho que he recibido en esta vida, compartiendo con ustedes parte de mi vida como hombre de sesenta y seis años de edad, con el privilegio de conocer dos mundos bien distintos, dos siglos y… dos milenios; lo que me obliga a divulgar los mecanismos que me posibilitaron la felicidad que he vivido por tantos años, y que estoy seguro disfrutaré hasta el último de mi vida.

De tal modo, les llevaré en una travesía que se inició en mi niñez llena de privaciones e incomprensiones, hasta llegar al día de hoy sano, salvo y feliz, con mi juventud prolongada y entusiasmo suficiente para vivir todos los días… una nueva vida. Quizás, porque en un mundo donde nos forman para lograr “grandes cosas”, no advertimos las pequeñas que pudieran ser las que sumadas conformen nuestra felicidad, pero que como las aguas de los ríos y el tiempo que pasan ya no regresan; y no van a quedarse allí esperando que nos devolvamos a recuperarlas, es que oímos o leemos de personas tristes, pesimistas, frustradas y contagiosas, la falsa conseja de que la felicidad pudiere ser inalcanzable. Esos criterios son producto del desconocimiento de sus propias capacidades y su potencialidad como hijos de Dios, lo cual pudo llevarlos a ejecutar acciones desacertadas y posiblemente inoportunas, que terminaron en fracasos.

Pero yo les digo con toda propiedad y cualidad, que lo verdadero es que TODOS NACIMOS PARA SER FELICES… ESE ES NUESTRO DESTINO. No exagero al expresarles que en nuestra vida lo normal debería ser la felicidad y la excepción la infelicidad. Se los aseguro yo que nací y crecí en condiciones precarias, cargado de temor y negatividad; pero no obstante logré superarlo y he mantenido mi felicidad, lo cual me constituye en un ejemplo viviente de nuestra capacidad natural para ser felices y la posibilidad real de conseguirlo.

Trataré de orientarlos a observar que las situaciones hasta ahora consideradas sin importancia, pueden convertirse en motivos de regocijo y seguridad personal generando nuevas e interesantes expectativas en el trato con las personas y el mejor aprovechamiento de las cosas, hasta que casi sin darse cuenta empiecen a cambiar su carácter; se hagan más optimistas y seguros en sí mismos, aumentando su autoestima y las personas empiecen a tratarles mejor. De alguna manera percibirán a Dios más cerca, y la vida se les hará mucho más fácil… y grata; hasta que mucho antes de lo esperado lograrán lo que por justicia divina les corresponde: SU FELICIDAD PERSONAL.

Así que aquí los espero todos los días para tratar sobre el apasionante tema de LA FELICIDAD POSIBLE, que es diferente a la utópica en la que creen los incautos quienes afirman que la produce la riqueza, la belleza, el poder o la fama; siendo lo cierto que ni individual ni de forma conjunta pueden hacerla por sí solas. A lo sumo podrían complementarla de manera subsidiaria, pero no fundamental. La idea del Blog es emitir criterios, estudiar y analizar opiniones que ustedes me hagan llegar, para de tal manera lograr una de las más loables aspiraciones de cualquier ser humano de buena voluntad: SER UTILES A SUS SEMEJANTES.

PROXIMA ENTREGA: QUE ES LA FELICIDAD

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