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Archive for the ‘DUALIDA HUMANA: CUERPO Y ESPÌRITU’ Category

Hoy mantuve dos reuniones interesantes; la primera, con un activo luchador social e inscrito desde siempre en las teorías izquierdistas; la segunda, una empresaria desde el punto de vista filosófico-político, en el lado opuesto. En ambas la constante fue la preocupación por los vacíos existenciales que no logra llenar el poder, la riqueza ni la fama, que para mí responde a la necesidad de encontrar un medio para crecer espiritualmente.

Se trata del hastío de tanto materialismo que pretende imponerse frente a los principios y valores que fueron las raíces sobre las cuales cimentamos el desarrollo de familias honestas, con padres e hijos que disfrutaran de gozo, plenitud y solidaridad perdurables, pero conscientes de su importante rol individual, como guardianes de esos principios y valores, sin los cuales el hombre deja de ser importante frente al poder, la riqueza y la fama.

Quienes hemos mantenido esos principios y valores, dentro de los cuales Dios y el amor al prójimo son los principales, ni tenemos vacíos vivenciales, ni tenemos temores; porque al sentirnos hijos de Dios y por tanto imbuidos de su poder y amor, haciendo introspección del compromiso con nuestro congéneres, así como nuestra extraordinaria capacidad de adaptación a cualquier situación por muy difícil que fuere, la plenitud es tal, que no tenemos espacio para ningún vacío, porque ese coctel maravilloso compromiso-amor es demasiado dinámico, renovador y reconfortante.

No existen mecanismos de carácter externo, que divorciados de los principios y valores humanos, puedan substituir la espiritualidad de que éstos últimos están imbuidos; y como consecuencia, no son los elementos materiales como la riqueza o el poder, los que pudieran llenar esos vacíos que nacen y sólo pueden ser satisfechos por elementos intangibles como el amor, la solidaridad y el respeto por la persona humana, prioritarios frente a cualquier circunstancia económica, de poder o bienes tangibles.

Siento que se hace necesario reencontrarnos con la espiritualidad, dando oportunidad de expandir hacia el exterior ese potencial de amor y solidaridad humana, que todos tenemos como parte de nuestra herencia divina; aceptando gozosos, que nuestro espíritu prevalece frente a nuestra condición física, y por tanto es allí donde nace y se desarrolla la esencia de nuestra individualidad; y que de él depende la indispensable armonía físico-espiritual, que nos blinda frente a cualquier tentación, debilidad o adversidad, pero muy especialmente frente a esa insatisfacción angustiosa, de sentir y no saber como llenar esos vacíos… existenciales.

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«EL AMOR Y LA FELICIDAD  TIENEN EFECTOS CURATIVOS».

Conocemos que «En cuerpo sano, mente sana.», pero, para que esos dos esos gemelos cuerpo-mente se mantengan sanos, se requiere indefectiblemente: UN BUEN ESTADO DE ANIMO.

La novísima teoría de la Psicología Positiva, está demostrando que deben estudiarse los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, porque la felicidad personal incide en la salud integral del individuoLo he visto repetirse por décadas: las personas felices, por lo general son sanas física y mentalmente.

El amor, alegría, positividad, proactividad y fe, hacen la fórmula más efectiva para prevenir las enfermedades; y como cóctel es el mejor para celebrar la buena vida que todos merecemos.

A. Engelhard decía: «Mortales: sabed que habéis nacido para ser la personificación de la felicidad.» Si esta acertada admonición la tomamos como bandera, podemos llevar las enfermedades a su más bajo nivel.

Hombres inteligentes, moderados y santos que aportan amor, confianza y esperanza al mundo, sostienen que la presencia física del hombre, de alguna manera deja percibir fácilmente su estado de salud mental, vinculada a su estado de ánimo.

Las especulaciones mentales constantes, como seres humanos llenos de inquietud y curiosidad nunca satisfecha, acumula estrés a nuestra vida diaria, llevándonos a una magnificación de la preocupación, que resta efectividad a lo único realmente importante: ocuparse de encontrar la mejor forma de resolver el asunto.

La alegría de vivir una vida llena de retos y oportunidades de dar y recibir amor, con un cuerpo que se renueva en cada segundo, hacen un efectivo escudo frente a las enfermedades; porque estas no pueden subsistir en un cuerpo regido por la felicidad, el optimismo, la fe, y la esperanza de que podemos diseñar el mañana, si llega para nosotros, porque su resultado será producto de nuestra actuación de hoy.

La risa y el buen humor, unidos al sentimiento de compartir, producen el buen estado de ánimo, cuyos efectos positivos se hacen patentes al observar el cambio inmediato de actitud y progreso en la curación de una persona enferma, cuando es constantemente animada, visitada y celebrada por sus amigos, frente a otra en iguales condiciones de salud, pero solitaria y triste.

Por su parte, las personas negativas y con pésimo estado de ánimo, sólo requieren conocer su posible padecimiento de una enfermedad, para de inmediato, sin segunda o tercera opinión médica, empezar a prever resultados fatales. En la acera contraria, enfermos desahuciados que se dedicaron a disfrutar intensamente lo que supuestamente les quedaba de vida, obtuvieron curas realmente milagrosas o al menos sin explicación médica convencional.

La meditación utilizada sistemáticamente es un recurso que aporta capacidad a esa especie de autocuración que representa nuestro buen estado de ánimo.

Es que la condición fundamental de la vida es… vivirla. Si no la amamos, hacemos agradable, interesante y renovada; si no la disfrutamos con fruición, con avaricia, cual es la mejor forma de dar gracias a Dios por mantenerla, simplemente, como el agua de los ríos, se va y… no regresa.

Próxima Entrega: OPTICA DE LA VIDA

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dsc02505.jpg «Si viviera otra vez…» es frase común que cargada de nostalgia oímos o leemos, de quienes no han sabido hacer las cosas de tal manera que disfrutaran plenamente su temporal vida terrenal. A raíz de la declaración de una ancianita en las montañas de Kentucky USA de las cosas que haría si tuviese otra vida, escritores, periodistas y poetas especulan sobre «… lo que harían si vivieran otra vez.», arrepentidos por haber dejado de hacer tal o cual cosa a tiempo.

Yo no tengo duda que espiritualmente no moriré. En cuanto a mi vida física, la tomo como un viaje interesantísimo por un mundo de incontables maravillas, con personas en su mayoría nobles y buenas y que hacen aún más agradable mi incierta estadía por estos lares.

Considero esta vida física mi mayor capital; por eso la cuido integralmente y hago lo que creo puede ayudarme a edificar una personalidad sensible y solidaria, que me posibilita el intercambio diario con mis hermanos humanos, que como yo avanzan para disfrutar una vida física, que ni solicitamos ni sabemos hasta cuando durará.

Como no quiero contarme dentro del grupo de quiméricos que aspiran a tener otra vida física para hacer lo que debieron hacer y no hicieron, disfruto cada instante lo que hago, independiente del tiempo o espacio..

Amo, abrazo tiernamente y lo comunico a mi querida esposa, a mis hijos y a mis amigos en toda oportunidad. Saludo la mañana con su radiante sol, el canto de los pájaros, el color de las flores y el sonido cantarino y familiar de la risa de los niños, sobre el fondo del ruido de una fuente.

Amo la noche silenciosa, que con su manto de sombras se hace mi cómplice, ofreciéndome paz y quietud en mi intimidad, haciendo más propicio el momento para el amor.

No pude vivir mi niñez, porque me la robaron las circunstancias adversas de mi familia, que me hicieron hombre antes de tiempo.

Pero no obstante no haber podido conocer integralmente ese pedazo de la vida, disfruté intensamente mi juventud, que he prolongado en estos sesenta y seis años sobre esta bendita tierra.

No tengo porque añorar otra vida para realizar cosas que hubiere dejado de hacer. Hoy y hasta mi último día de mi vida terrenal, hago lo que me gusta, como lo deseo y en su oportunidad.

Soy un todo con Dios y mis hermanos humanos, por lo tanto mis deseos y realizaciones no tienen otro límite que aquel que yo mismo me impongo.

No me importa lo que pasó hace un segundo ni me preocupa lo que no ha llegado. Me interesa hoy, mi presente, porque es mi parte de esta vida y no voy a esperar otra para disfrutarlo.

Jesús enseñaba: «Cada día trae su propio afán, basta a cada día su propio mal.» Soy un convencido de la vigencia de sus palabras, pero especialmente de esta sentencia que he hecho parte de mi vida. Te invito a meditar sobre ella.

Próxima entrega: EL DIVORCIO

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grupo-humano.gifJesús de Nazareth aconsejaba mirar primero la viga en nuestro ojo antes de señalar la del hermano. Hoy, sus admoniciones tienen más vigencia que nunca, porque hemos hecho de la crítica descarnada e irreflexiva un mecanismo de satisfacción de resentimientos y frustraciones personales.

La insensibilidad y la palabra fácil, ofensiva e irreflexiva, hacen banderas en un mundo más dividido que nunca; precisamente por un aberrado sentimiento de inseguridad, donde el temor y la sospecha, sustituyeron el amor, la seguridad y la confianza en nuestros semejantes.

Las expresiones descalificativas de que nuestros compatriotas son borregos, los gobiernos inservibles, los extranjeros malos, los jóvenes irreflexivos, las mujeres casquivanas, los hombres descarados, los abogados ladrones y los médicos matasanos, han hecho de un mundo creado para el amor, la bonanza, el disfrute y la paz, una selva donde la lucha es a cuchillo por ver quien descalifica… mejor.

El resultado está a la vista: desconfianza, desamor, insensibilidad, perturbación, angustia, temor, competencia imperfecta y estrés colectivo progresivos, como fuente de violencia a nuestra espiritualidad, salud física, mental y psicológica.

En lo estrictamente íntimo, su efecto epidémico golpea la estructura familiar, haciendo los hogares menos hogares; afectando el vínculo más satisfactorio e importante en la pareja como fundamento de la familia: el interés y disfrute de la actividad sexual, que de mágico y sublime se convierte en el cumplimiento necesario de… una obligación.

Porque…¿Cómo puede disfrutarse de un buen sexo, bajo la permanente sospecha de que la contraparte lo hace por otro interés que no fuere el amor?

¿Puede la pasión, ternura, magia, idilio y fantasía, indispensables para el buen sexo, activarse sin la espontaneidad y entrega sin reservas, que le hace un acto sublime y uno de los más nobles de un ser humano?

¿No habrá llegado la hora de mirar la viga en el ojo propio y aceptarnos como realmente somos? Hijos de Dios, hermanos en busca de una vida buena, donde el amor, la solidaridad, la aceptación y la compasión, aliñados por la ternura, la pasión y el elevado sentimiento de compartirlo todo nos devuelvan la tranquilidad perdida?

¿No será momento de volver los ojos a ese Dios que convive con nosotros, para pedirle humildemente que nos permita ser más nosotros mismos, sin importarnos demasiado esa parte vanidosa del mundo externo, que nos coarta la espontaneidad, el compartir, el convivir en sana paz con nuestros hermanos humanos en ese maravilloso mundo de las cosas sencillas?

¿Por qué no probamos exaltar virtudes y confiar, en vez de magnificar defectos y desconfiar de todo?

¿Por qué no hacemos un esfuerzo por sustituir la crítica tendenciosa, por el engrandecimiento de las demás personas?

¿Qué tal si damos amor en vez de indiferencia, confianza en vez de sospecha y comprensión en vez de rechazo?

No perdemos nada intentándolo, pero cuánto podemos ganar.

¿A qué esperar entonces? Demos el paso, regalémonos y regalemos eso a tantas personas que necesitan… amor y comprensión.

Próxima Entrega: TODO TIENE SU TIEMPO.

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Un grupo de policías inválidos por las explosiones de las minas personales y otras armas de guerra, casi exhaustos, luego de varios días sobre sus sillas de ruedas, empujándose con sus brazos, remontan la cuesta de una empinada autopista colombiana mientras recorren cientos de kilómetros, llamando la atención de las FARC para  que liberen a sus compañeros cautivos.

En un bello y amplio país convertido en polvorín, ver lo que queda de unos hombres físicamente, luchando para evitar esa misma tragedia a otros hermanos, debe llamarnos a profunda reflexión.

Ese acto de solidaridad humana, que tiene un efecto multiplicador y ejemplarizante, debe ser una llamada de reflexión para quienes habitamos países donde todavía podemos vivir en paz, como un día no muy lejano vivieron los colombianos.

Ese mismo hombre solidario, sensible y bondadoso que ellos encarnan, es el mismo que arma e instala bombas que mutilaron esos cuerpos cansados, pero llenos de vitalidad, espiritualidad,desprendimiento, amor y… bondad.

¿En qué recodo del camino de la vida se produce el cambio entre el amor y el odio? ¿Qué transforma el ángel en demonio? ¿Qué lleva a dar el paso  para convertirse de salvador en depredador?

Nos corresponde observar esos acontecimientos; aprender de ellos  para no repetir los errores. Es el país,  es la vida de nuestras familias, nuestros hijos y nuestros ancianos lo que está en juego.

Aun estamos a tiempo de evitar una tragedia similar, aquí en Venezuela. Nos corresponde analizar, meditar y decidir sobre esas interrogantes, porque  todavía tenemos un bello país y debemos mantenerlo en paz.

¿No sería acaso en la indiferencia afectiva colectiva, el descuido por los más necesitados de recursos, amor y cuidado en su más temprana edad, donde se produjo ese horrible cambio en esos seres  que nacieron como ángeles y se convirtieron en máquinas de odio, terror y muerte?

¿No estará la semilla de su conducta en la desigualdad de oportunidades e injusta redistribución de la riqueza?

¿No contribuiría a envenenar su alma la falta de amor, sensibilidad, compasión y caridad de que fueron objeto en el proceso de su desarrollo?

¿No será que nos hemos estado alejando de nuestra espiritualidad y de Dios, dando paso  a antivalores como el consumismo, la vanidad, la futilidad, la riqueza fácil, la inmediatez y la violencia?

¿Cuántas lágrimas más debemos ver correr por los ojos de las madres angustiadas,  y  en esa careta indefinible de esos niños y niñas guerrilleras, pintada de odio y terror que esconde sus verdaderos sentimientos y… su renuncia?

¿Qué más necesitamos ver para entender el peligro que se nos viene encima?

Volvamos los ojos al cielo, besemos esta tierra bendita que Dios nos dio por heredad, abracémonos como hermanos sin importar cual sea la ideología política de cada cual, oremos y actuemos como venezolanos, porque luego, cuando ese mal avance será muy difícil detenerlo y entonces veremos el dolor en silla de ruedas, remontando la cuesta de nuestra negligencia.

Por favor, hagamos algo… no lo permitamos.

Próxima Entrega:  APRENDER A TIEMPO

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Más allá de cualquier especulación teórico-filosófica sobre el significado de la verdad, hoy comentaré sobre su valor según mi óptica personal y en función de la felicidad.

Creo firmemente que Dios es la suma y el fundamento de toda verdad. Eso quiso decir Jesús cuando predicó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Aprendí que la mayor recompensa por decir la verdad, es que me hace libre; por oposición en contrario, la mentira me esclaviza.

Si digo la verdad no me preocupo por su consecuencia, porque responde a mis motivaciones personales, que son racionales y lógicas. Expresan lo que creo bueno para mí y para mis semejantes. Mi verdad la sostengo y puedo repetirla siempre de la misma forma, porque responde a mi idiosincracia y es parte indisoluble de mi propia conciencia.

Gracias a que siempre digo la verdad, vivo tranquilo y sin preocupación de que alguien pudiere aprovecharse de mis dichos, porque representan la realidad de lo que creo, siento, hago y espero de los demás.

Sentir que digo la verdad me da suficiente fortaleza espiritual, para creerme digno e influir en las demás personas y generar su confianza, que se fortalece cuando verifican que mis palabras se compadecen con mis actos.

No creo en la divulgada conseja de que la verdad es completamente relativa, que cada cual tiene su propia verdad, o que lo es del color del cristal con que se miren los acontecimientos. Si eso fuera así, simplemente la anarquía dominaría la sociedad.

Vinculo la verdad a mi conciencia, a mis convicciones más elevadas, a los principios éticos que rigen mi vida; cuales no pueden estar divorciados de mi concepción de Dios, que me indica que son el amor al prójimo y la búsqueda de su beneficio, los indicadores básicos de cuando estoy en presencia de la verdad.

Mi verdad no puede dañar a mis semejantes, porque todas mis actuaciones son en uso de mi libre albedrío. Expreso sólo lo que deseo, hago o soy capaz de hacer,  pero sobre la base de mis principios éticos, sin importar si es o no del agrado de otros: siempre en función del bien común.

Si miento pierdo mi libertad de sentirme íntegro, satisfecho y orgulloso de mí mismo, al tiempo que me inicio en el estresante camino sin regreso, de temer que puedan descubrir mis mentiras.

Quienes me aman pudieran dejar de admirarme por cualquier circunstancia, pero no porque descubran que miento. La verdad genera la libertad indispensable para disfrutar del amor y juntos hacen un trío indisoluble; si alguno de ellos falla, los otros dos no saben como vivir con plenitud.

La verdad otorga y genera la confianza indispensable para amar sin reservas y entregarse plenamente, cual es el fin último de toda relación humana; al menos para quienes no nos contentamos con llamarnos cristianos, sino que hacemos todo lo que podemos por realmente actuar como tales, poniendo como norte de nuestras actuaciones, el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Próxima Entrega: DOS SON MEJOR QUE UNO

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 En la búsqueda de la plenitud del acto sexual, el hombre no se conforma con activarlo como mero mecanismo reproductivo, sino que al imprimirle progresivamente espiritualidad, lo convierte en un mecanismo de dar como en fuente de placer mutuo, más que de vida.

En las personas que se aman, el sentimiento de dar supera la necesidad de recibir; en una comunión que involucra por igual cuerpos y espíritus, prodigando ternura, aceptación, ausencia de egoísmo, respeto y solidaridad, transforman lo que originalmente fue un coito reproductivo, por la incomparable experiencia de hacer el amor.

Para que el acto sexual llene todas sus expectativas tiene que ser activo: físico, mediante la acción voluntaria y entusiasta de los cuerpos, y espiritual, por el concurso de sentimientos de amor, ternura, pasión, idilio, solidaridad y entrega, como los más importantes que involucra el acto.

Orientados por nuestro intelecto, desde el inicio de la relación que origina el acto, en el plano físico con los ojos percibimos la atracción y enviamos mensajes de aceptación y entusiasmo. Por el tacto trasmitimos energía y sensaciones. El oído recibe los sonidos de amor, sólo audibles y comprensibles para los enamorados. El aroma del amor es indefinible, pero cala hasta lo más profundo del ser, inyectando deseo, activando hormonas y despertando la pasión de su letargo, para saciar su sed que siempre demanda… más.

Un sentido más allá de los conocidos y exclusivo del humano, penetra el alma envuelto en encajes de mil colores, con siseo de alas de colibrí; invadiendo de mariposillas el estómago; liberando feromonas y endorfinas a granel, para desarreglarlo todo y convertirlo en fiebre de locura pasional donde todo es posible, nuevo, agradable, desprejuiciado, prometedor pero improvisado; con sabor a sorpresa, sin temor a lo imprevisto ni evaluación de riesgos, ensayando actuar como pequeños… dioses.

Es el toque mágico, fantasioso e inesperado del amor que empuja, rompe la monotonía, transforma lo normal en especial y lo elemental en sublime: es el sexo activado que no se resigna a su originalidad y se aferra a la magia, a la fantasía, a lo sublime, superando su conformación física y tangible, para volar a la conquista del máximo de gloria, que encarna la felicidad que es física y espiritual, pero… activa.

En esos instantes sublimes, los amantes desnudos y sedientos de placer, se activan y producen energía inverosímil suficiente para incendiar sus cuerpos y sus almas, quemándolos en ese fuego rosado y pasional de dar y recibir amor, ternura, magia y… fantasía. En ese besar, lamer, morder, gemir, suplicar, subir y bajar del cielo a la tierra y de la tierra al cielo recibiendo y dando el máximo del placer, percibimos nuestra esencia superior de fabricantes de sueños y constructores de realidades, sin otros elementos que nuestro milagroso cuerpo.

Es el sexo activo nuestra mejor experiencia en esta vida, que no debemos desestimar ni dejar pasar, porque engendra placer, satisfacción, confianza y representa un regalo especial de Dios, para hacernos más placentera nuestra estadía en este mundo maravilloso que nos dio por heredad.

Próxima Entrega: VIVIR EL SEXO.

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El lenguaje de Dios, que inunda con su simbolismo particular todos los espacios del Universo. Es especial y sólo perceptible para quienes permanecen en su sintonía. Así, el canto de los pájaros, el ruido del agua en el arroyo y la risa de los niños, nos hablan de su bondad infinita y su amor permanentes. El rugir del viento entre las montañas y el murmullo casi imperceptible del caer de las hojas de los árboles, nos susurran que Él está en las grandes y pequeñas cosas. El ruido de las olas del mar al chocar en los acantilados, el trueno en la tempestad y el rayo en la tormenta, es parte de ese grito desgarrador cuando dañan a un justo.

Dios no dialoga, menos aún de la manera como nosotros lo hacemos. Oye nuestra oración, que es un monólogo, pero no responde con voz que pueda percibir ninguno de nuestros sentidos conocidos. Con Él no existe acción y reacción como en la comunicación humana. Oramos y esperamos, sin que nos corresponda conocer cuando, cómo o si se nos concederá lo pedido. La decisión es suya y la respuesta…su resultado.

Su inmediatez con nosotros hace innecesario el diálogo verbal. Nuestro espíritu y la fuerza universal que Él representa, imperceptible a nuestro ser físico, se mantienen vinculados espiritualmente y en perfecta armonía. Sería como hablar con nosotros mismos, escuchando el eco de nuestra propia voz.

Al reflejarnos en Él, en nuestra consciencia diferenciamos el bien del mal, cual es lo que nos interesa. Actuamos con plena libertad, pero su ayuda es condicionada: si amamos a las personas, procuramos su bien y las engrandecemos, acompaña cada uno de nuestros actos, pero de lo contrario, se aparta y nos deja correr nuestro propio riesgo, en un mundo donde solos somos muy vulnerables física y espiritualmente.

Percibo a cada instante y sin ninguna duda que Dios vive conmigo cada segundo de mi vida. Su voz, únicamente perceptible por mi espíritu guía cada uno de mis pasos conscientes; actúa permanentemente en mi inconsciente y se solaza diseñando junto conmigo mis sueños, haciendo realidad los que me benefician y dotándome de la fe suficiente para entender sus ilimitados poder y sabiduría.

Por eso no requiero su fonética, como en el caso de mi comunicación con mis hermanos humanos, quienes no están en contacto con mi espíritu; pero estoy convencido de que, cuando lo estima necesario o conveniente para mí, Dios refracta el eco de su lenguaje único sobre las paredes de mi alma, orientando mis pasos por caminos seguros. Cómo lo hace o de que medios se vale, es algo que no debe importarme, porque mi interés se fundamenta en los resultados y estos siempre se han manifestado objetivamente a mi favor.

La voz de Dios, sólo audible al espíritu, vence la soledad, elimina el temor, la tristeza y encarna la esperanza; posibilitándonos disfrutar de este inigualable tesoro que representa el continuar vivos, disfrutando de todas las muchas bendiciones que se encuentran dispuestas en este mundo para nuestro bienestar. Pero también nos recuerda a cada instante que este es solo un paso en el camino de nuestro desarrollo espiritual que no termina con nuestra muerte, porque nuestra alma como Él, nunca perecerá.

Próxima Entrega: AUTOCONTROL, UNA NECESIDAD VITAL.

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A partir de hoy, para satisfacer la solicitud de un estimado creativo de una importante empresa de multimedia en Houston Texas, doy inicio a una serie de entregas sobre un tema apasionante para quienes como yo, los años no han podido robar ese toquecito de locura, que nos ha permitido vivir más allá de nuestra propia realidad: LOS SUEÑOS.

Soñar, es sentir que la vida es más como nosotros quisiéramos que fuera, que como la vemos pasar todos los días, con la firme convicción de que podemos transformarla.

Los sueños representan lo que pensamos que podemos lograr ahora y siempre. Los que sueñan, tienen el valor de enfrentar con una sonrisa de esperanza cada minuto de su existencia.

Soñar, es decirle no a los elementos y circunstancias que intenten disminuir la esencia poderosa y transformadora que recibimos de Dios.

Soñar, es decirle al dolor, la tristeza, la soledad y la falta de amor, que hay algo más poderoso y prometedor que la realidad misma; con suficiente poder para transformarla, porque cuando soñamos, cuando nos convencemos de que somos capaces de entrar en ese mundo nebuloso que precede la inspiración y obligarlo a moverse a nuestro favor, entonces simplemente hemos entrado en una nueva dimensión, sin tiempo ni espacio; adapta las situaciones a nuestro pensamiento; transforma los sonidos y los colores y nos dota de alas para volar sobre nuestra propia mente para convertir la realidad en una fantasía… posible.

Soñar, es un derecho al cual nadie debería renunciar, porque representa no contentarse con las limitaciones que la realidad trata de imponer, a quienes no tienen la capacidad de crear su propia fantasía, su propio mundo.

La creatividad es parte de nuestra herencia divina, pero únicamente puede materializarse mediante los sueños que nos han permitido transformar el mundo, frente al asombro de los que duermen despiertos, precisamente porque perdieron la capacidad de soñar.

Los sueños enfrentan la realidad porque es demasiado común, cómoda, monótona y sin retos. Es resignarse a recibir lo que la vida nos ofrece, sin especular si podríamos obtener algo mejor.

Los sueños son el escape de un espíritu libre e ilimitado que se ahoga en un cuerpo cautivo, rodeado de paredes de tiempo y espacio… que él no reconoce.

Soñar es decirle a Dios que entendemos nuestra supremacía sobre los seres irracionales, que no sueñan porque les falta la esencia divina que nos permite diferenciar la noche del día; lo bueno de lo malo; vivir el perfume de las flores e imaginar su máxima belleza, plasmándola en un lienzo con nuevos colores; oír el canto de los pájaros y convertirlo en celestial sonata; sembrarle magia y transformar con nuestro sentimiento la muerte en vida, cuando hacemos romántica la caída de las hojas, en el otoño; convertir el sexo en algo más que el acto natural procreativo, sublimizándolo, llenándolo de magia, de fantasía y haciéndolo trascender más allá de su propia temporalidad.

Si carecemos o perdemos la capacidad de soñar, que es una habilidad típica y exclusiva del ser humano, nos resignamos a una existencia regida por los elementos naturales y… el destino.

No soñar, es renunciar a nuestra diferencia profunda con esos compañeros de viaje en este mundo, cuyo déficit espiritual les induce únicamente a sobrevivir.

Carecer de sueños, es la renuncia a nuestra propia condición inteligente; engendra fallarnos a nosotros mismos y a nuestro Hacedor.

El soñar nos hace humanos, especulativos, inconformes con una realidad que tiene que ser matizada con colores nuevos, música sublime, aromas y esencias que exciten el alma, para crear lo excelso que ella, por sí sola, en su estado natural no puede ofrecernos.

Soñar es un reto a la normalidad, a la resignación y la pasividad; es avanzar más allá de hoy, fabricando un mañana a nuestra propia medida.

Sin soñadores, el mundo sería lento, atrasado, monótono, aburrido, sin emociones; y seguramente, sin las grandes transformaciones que hacen nuestra vida mejor.

¿Qué le parece si analizamos cómo nacen los sueños, cómo se desarrollan, cómo debemos materializarlos y vivirlos?

Aquí lo espero, para compartir en unas cuantas entregas posteriores un poco de irrealidad de la… realidad.

Próxima Entrega: DECIDIÉNDOSE A SOÑAR.

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gs255026.jpgUna de las pocas acciones, que como seres humanos recibe compensación inmediata, lo es el amar. En el mundo de la realidad, si usted siembra, construye, invierte o realiza cualquiera de las múltiples actividades cotidianas debe esperar un lapso, largo o corto, para obtener los beneficios, pero no los recibe de inmediato; inclusive la alimentación requiere de minutos para extraer los elementos beneficiosos para el cuerpo.

Por otra parte, hasta que no obtenemos el resultado de nuestras acciones, no tenemos la seguridad de su beneficio o perjuicio. En el caso del amor es todo lo contrario. En todos los casos, el amor nos beneficia desde el mismo momento en que amamos; el experimentar ese especial sentimiento nos llena de regocijo, alegría, ternura y plenitud.

Nunca he oído decir que alguien se sienta mal, adolorido o triste porque siente amor. Pudiera ser que decaiga el ánimo o se sienta mal por no sentirlo, pero no lo contrario. La historia está llena de situaciones extraordinarias, donde una persona hizo cosas increíbles, elevadas y hasta el sacrificio de su vida, por y en pro de quien amaba.

El sentimiento indefinible e inubicable de amar que experimentamos por otra persona, actúa automáticamente en nuestro beneficio. La razón es sencilla pero trascendente: El mismo sentimiento no tiene obligatoriamente que producirse en quien es amado. La sensación agradable que se percibe lo es únicamente de quien ama.

De hecho, continuamente escuchamos: «…esa persona está enamorada sola.», cuando notamos la emoción, el regocijo y la alegría que inundan a un ser humano en presencia o recuerdo de otra, sin que ese sentimiento de plenitud requiera de reciprocidad. Pero lo que sí es cierto, es que en el momento en que siente amor, el que ama experimenta las más hermosas sensaciones.

El tiempo del amor es ahora, su espacio el alma y el sentimiento no tiene dimensión. Por eso se puede amar como y cuando se desee, sin que la persona amada siquiera lo sienta o se afecte, e independiente de cualquier reciprocidad, porque el beneficio es inmediato.

El amor nunca se pierde. El que es amado puede o no recibir la motivación amorosa, y como consecuencia, dependerá del nivel de recepción el que disfrute o no. La única posibilidad de regocijarse en el amor, es amando. Es esa una de las características fundamentales del amor: no puede experimentarse mediante otra persona, sino por otra persona.

«Que todo lo hagas por amor», es una sentencia bíblica de extraordinario contenido. Ciertamente, hacer las cosas por amor, inyecta entusiasmo, da sentido a la vida, que de lo contrario sería simple y monótona, como la de los seres irracionales; pero también es el medio idóneo para lograr la felicidad integral, como un estado vivencial de realización física y espiritual.

Si amamos la vida, ésta nos ama. Si amamos a las personas y las cosas, como quiera que el efecto del amor es inmediato, ya no estaremos tristes, ni aburridos, ni desmotivados, sino que percibiremos la vida de ese color rosa y música constante, que sólo los ojos y oídos de los enamorados perciben.

Por eso, los que amamos sentimos a Dios y vivimos ese diálogo permanente y placentero, solo reconocido por nosotros como es la oración y su beneficio inmediato: fe, confianza, esperanza y ausencia de temor, que integran ese poder para hacer el bien, ayudar y ayudarnos a vivir una vida todos los días más plena, que recibimos de Él.

El desamor, que progresivamente invade los conglomerados humanos, donde erróneamente se da más importancia al alimento físico que al espiritual, es la mayor fuente del estrés que produce enfermedades físicas y mentales.

Por todo eso, mi mejor sugerencia para una vida edificante y de contenido, lo es amar sin importar a quien o por qué; pero amar… siempre amar, porque cuando amamos hacemos a un lado el egoísmo y esos otros sentimientos que nos cargan el alma de motivaciones negativas.

Amar no es tiempo perdido, es tiempo invertido en pro de nuestro crecimiento espiritual y disfrute físico.

Próxima Entrega: EL ENTENDIMIENTO NECESARIO

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