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Archive for the ‘COMPARTIR ES AMAR’ Category

«LA FELICIDAD SE ENCUENTRA EN EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

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¿Cuál es el secreto o fórmula para ser felices?

En mi concepto, no existe ningún secreto o formula especial. Simplemente, se trata de una actitud frente a la vida, especialmente de las circunstancias que rodean la existencia de todo ser pensante.

Algunos lo entienden de esa manera y orientan su actitud a recibir la vida como el mayor regalo, haciendo de  todos sus momentos una oportunidad de regocijo y goce físico-espiritual, que determina su estado de felicidad.

Quienes no disponen de esa actitud positiva, son presas del temor a las múltiples eventualidades que pudieran afectar su naturaleza humana ­-de por sí muy vulnerable- y ese temor enfermizo no les permite mirar lo bello de la vida.

No existe ningún factor especial  que defina el logro de la felicidad, más allá de la cualidad de ver el lado positivo de las cosas.

Soy de los que piensan que todo lo que nos sucede tiene una razón, y por tanto, algo positivo; no obstante que en algunos casos no nos esté dado determinarlo de inmediato, todo encaja en una ley divina que rige el universo. Por tanto, a  cualquier evento siempre podríamos encontrarle un lado o arista positiva.

Como seres humanos racionales, únicamente disponer de ese bien inconmensurable que es la vida, ya es un privilegio especialísimo. De hecho, no conozco ni tengo noticias ciertas de que alguien, en su sano juicio, haya deseado morir, o por lo menos que no haya hecho todo lo posible por continuar viviendo.

Poder compartir nuestra vida, conscientemente, con otros seres humanos y disfrutar de su amor; tener una pareja; hacer una familia; adquirir conocimiento y realizar una actividad que nos satisfaga, son bendiciones que constituyen la materia prima para ser felices.

Quienes no son felices, por su convicción de que  existe una fórmula desconocida o un secreto para lograrlo,  se les va la vida tratando de encontrarlo y en tal empeño, como andan demasiado apurados en su intento, no se percatan de que a su lado o detrás de ellos, en el maravilloso mundo de las cosas sencillas, la felicidad retoza en los más elementales eventos.

La obsesión por encontrar algo que no existe, no les deja tiempo para disfrutar la caricia del viento en las frescas mañanas, flanqueado por la alfombra de flores en la primavera; ni para observar las bandadas de  pájaros y mariposas compitiendo en colores y belleza; menos aun para oír la voz cantarina de las fuentes, el murmullo del aire desprendiendo las hojas en el otoño, la risa inocente de los niños, el tranquilo paso de los ancianos y el murmullo tierno de las promesas de los enamorados.

Es en el mundo de todos los días, que no requiere de eventos extraordinarios y se nutre de nuestra cotidianidad, donde habita la felicidad, siempre esperando por quienes la identificamos y dispuesta a acompañarnos en este corto, pero emocionante camino de la vida.

No existe un secreto ni fórmula para ser felices. Existimos nosotros, con nuestra actitud producto de nuestro intelecto, de donde deriva nuestro estado de ánimo para cumplir ese mandato divino de habitar esta tierra disfrutando de todas sus incontables bendiciones, porque fuimos creados con el único fin de ser felices. Lo contrario, sería una abominación.

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«No andes solo porque si tropiezas no tendrás quien te levante y si estás triste no tendrás quien te consuele.»espalda-vista-pareja-posicion-medio-camino-bxp197277

Nuestra vida sobre esta maravillosa tierra de Dios, no es más que un avanzar, siempre en busca de algo mejor. De tal manera, desde que entendemos nuestra individualidad, capacidad y poder heredado de Dios,  iniciamos conscientemente la caminata en busca de la realización personal, y ya no pararemos hasta lograrla.

¿Quién nos lo enseña u ordena? Creo que lo traemos en los genes y tiene que ver con la inmutabilidad de nuestro sentido de avanzar y nunca retroceder. De alguna manera, es la concreción de que, ciertamente, somos espíritus utilizando esta experiencia física, para progresar y prepararnos para otro nivel más elevado, que sobrevendrá.

En esa corta pero interesante vida terrenal establecemos prioridades, dentro de las cuales pareciera la más importante agenciarnos compañía para el viaje, que al compartir nuestra ideología, sueños, ambiciones e intereses, camine a nuestro lado hasta que sus pasos se confundan con los nuestros y hagamos… una sola huella.

En cada una de las oportunidades que he logrado neutralizar algunos naturales mecanismos de defensa, que una sociedad compleja crea en los seres humanos frente a su propia especie, he verificado que, independiente de la edad, raza, sexo, nivel cultural, social o económico, todos los seres humanos, salvo muy raras excepciones, orientamos nuestra mayor capacidad, a buscar ese compañero de viaje… largo.

En lo más profundo de nuestro ser, donde no cabe la mendacidad ni la actuación teatral, más allá de cualquier nivel de  altruismo, en verdad, tratamos de lograr conocimiento, cultura, poder, fama  y riqueza, con la  esperanza de que tales factores, privilegien nuestra capacidad para lograr, de la mejor manera posible, el encuentro maravilloso con esa persona especial que compartirá nuestro destino.

Presentimos que en nuestro camino, en sentido contrario pero en la misma vía, de allá para acá siempre viene alguien en busca exactamente lo que tenemos y podemos dar; que comparte nuestra ideología, sueños  y ambiciones. Con ella nos encontraremos, y entonces, sin saber cómo, cuándo ni por qué, se producirá el contacto mágico de sentimientos compartidos; se conectarán las energías positivas; se producirá el circuito que encenderá la llama del amor; nos embargará esa sensación mágica del idilio; la emoción, la ternura y la pasión en un coctel sublime recorrerán nuestra espina dorsal produciendo una sensación nueva; enterraremos nuestro natural egoísmo, compartiremos todo  y ya nunca más desearemos estar… solos.

Pienso que todos los seres humanos, sin excepción de ningún género, tenemos el derecho a compartir nuestra vida con quien nos ame, respete, edifique y esté dispuesto a unir caminos para hacer con nosotros una sola vía. Por eso, soy un convencido de que es la unión de  pareja  el terreno abonado para sembrar nuestra simiente, que no solamente dará frutos buenos, sino que materializará la extensión de nuestros más bellos sentimientos, más allá de nuestra propia… vida.

Nadie debe concebir excepcional el logro de la felicidad. Por el contrario; fuimos diseñados por Dios para ser felices y traídos a esta tierra para lograrlo. Sólo se requiere nuestra diligencia, porque ese Padre Celestial que conoce mejor que nosotros lo que más nos conviene, siempre estará con nosotros en el camino.

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«Nuestro paso por la vida es demasiado bello y temporal para recorrerlo… solos»

Hoy, un radiante rayo de sol se coló por la persiana y me despertó antes de tiempo. A mi lado, Nancy dormía plácidamente. Me regalé unos segundo observándola y di gracias a Dios por ser un hombre realmente privilegiado. A mis 67 años no estoy solo, sino que comparto cada minuto de mi vida con mi insustituible compañera de viaje… largo. Esa que a sus 57 años de edad sigue siendo linda, entusiasta, emprendedora, alegre, tierna, respetuosa, solidaria y…feliz.  Su placidez habitual al dormir no deja duda de su tranquilidad espiritual.

Ese, mi primer paisaje edificante, de un hermoso día como todos los de nuestra vida diaria, me produjo reflexión sobre cómo la decisión de hacer pareja puede incidir definitivamente en el resto de  nuestra vida, especialmente cuando, aún manteniendo nuestra capacidad productiva y el espíritu en su más alto nivel, los años indefectiblemente hacen mella en nuestro aspecto físico y la velocidad en el transcurso de los años, que produce cambios en la ideología de vida de las personas, nos alejan los interlocutores válidos, ampliando espacios a veces infranqueables, en la manera de ver la vida y las cosas, nuestras tradiciones, principios y paradigmas que rigen nuestro comportamiento.

Siento que cuando hacemos pareja con la intención determinante de que sea para siempre y la acompañamos con las acciones diarias orientada a edificar a nuestro par, mediante demostraciones de amor verdadero, respeto, ternura, aceptación, reconocimiento, buena comunicación,  solidaridad y fidelidad,  estamos asegurando no sólo la compañía para disfrutar plenamente de los muchos momentos de goce diario, sino esa placidez progresiva que va invadiendo nuestra alma, en la misma medida en que pasan los años y logramos nuestros propósitos, desarrollamos nuestros hogares, sacamos adelante nuestra familia y vemos crecer las nuevas simientes, que evitarán que con nosotros desaparezca nuestro amor sobre esta tierra.

Cuando hacemos parejas bien avenidas, el paso de los años no nos hace daño, sino que, el transcurso del tiempo se convierte en fuente de ese hacer mancomunado, que llega a convertirnos en  una sola persona, con similares intereses,  intenciones y deseos, imbricados en un equipo de trabajo y disfrute; donde ambos somos productivos y necesarios, no sólo para la subsistencia física sino para el goce físico-espiritual, combinación sin la cual no se puede lograr la felicidad integral.

Tengo la bendición de tener muchos amigos, pero al mismo tiempo la tristeza por aquellos que  no identificaron la importancia de entender los derechos, necesidades, ambiciones y justas aspiraciones de sus pares.  Hoy, la mayoría de ellos, con arrepentimiento tardío, sienten que su riquezas, fama y poder no pueden compensar ni siquiera un día de amor verdadero, ternura espontánea, solidaridad sin intereses, aceptación sin condiciones; porque esas son necesidades espirituales que no pueden ser  evaluadas por  elementos tangibles ni tradicionales, pero tampoco adquiridas por medios de cambio convencionales como dinero, fama o poder, porque responden a sentimientos elevados, por encima de  nuestra propia naturaleza física.

Alguien acertadamente escribió que para estar triste no se requiere compañía. Sin duda, la mayor tristeza del hombre la produce la soledad; pero no la de ausencia de personas a su alrededor, sino aquella que se siente en el alma, cuando no hay nadie que comparta contigo íntima e integralmente, con solidaridad tus ambiciones, necesidades y realizaciones.

No hay sentimiento de seguridad comparable al que se siente, cuando en las noches de lluvia, después de un día agitado sentimos en nuestros pies el rescoldo de esas dos brasitas, que como en los cuentos de navidad, se convierten los pies de nuestra amada. Es el pago que Dios da a los hombres de buena voluntad que saben amar, respetar, aceptar, reconocer, honrar y edificar, a esa otra persona que nos escogió, en un concierto de millones de seres humanos.

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¡GRACIAS PADRE CELESTIAL!

POR ESTE HOGAR, QUE HOY ME SIRVE DE ASILO Y DE RESCOLDO DE…  ESPERANZA.

PORQUE ME HAS DADO VALOR PARA NO DECAER EN MI ÀNIMO Y MI AMOR POR LA VIDA.

POR HABER PRESERVADO MI AMOR POR LA VIDA Y POR TODOS LOS SERES HUMANOS.

POR NO HABER PERMITIDO QUE CON LOS AÑOS DECAYERA MI ROMANTICISMO, QUE AÚN PERMANECE VIVO.

POR MI VOCACIÓN NATURAL PARA DISFRUTAR EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS.

POR DARME EL VALOR DE PERDONAR A QUIENES NO SÓLO HACEN INSUFRIBLE MI BELLO PAÍS SINO QUE AUTODESTIERRAN A SUS HIJOS… BUENOS.

POR DARME MIS HIJOS, QUE MÁS INTELIGENTES QUE YO, PREVIERON LA NUBE NEGRA SOBRE SUS CABEZAS Y EMIGRARON… A TIEMPO.

POR HABERME PERMITIDO VIVIR TANTOS AÑOS, PARA PODER VER CRECER MIS HIJOS, NACER  MIS NIETOS Y… CAMBIAR AL MUNDO.

POR DARME ESA BELLA MUJER QUE UN DÍA SE CONVIRTIÓ EN MI ESPOSA, HOY ES MI NOVIA, MI AMANTE, MI COMPAÑERA DE VIAJE LARGO Y A VECES… MI MADRE.

POR EL COLOR DE  LAS FLORES DE ESTA HERMOSA CIUDAD, QUE HOY ME ACOGE EN SU SENO SIN PREGUNTARME DE DONDE VENGO.

POR ESE PÁJARO GRANDE Y RARO QUE VUELA FASTUOSO SOBRE EL RIO, PORQUE ME RECUERDA  QUE NUNCA NADIE PODRÁ QUITARME MI LIBERTAD,

POR ESTE CLIMA TAN PARECIDO AL DE MI PAÍS, QUE AL QUEMAR MI CARA ME RECUERDA QUE TODOS VIVIMOS EN UN MUNDO QUE ES DE… TODOS.

POR ESTAS MAÑANAS, CUANDO TODAVÍA ME DESPIERTA EL TRINO DE LOS PÁJAROS, PORQUE ESA MÚSICA ME LA LLEVARÉ AL CIELO.

POR HABERME DADO UN ALMA FUERTE, PERO SENSIBLE  Y SENTIMIMENTAL, PORQUE PUEDO LLORAR Y ESO ME HACE PARECERME A… LA LLUVIA.

POR ENSEÑARME EL AMOR, EL DOLOR, LA TRISTEZA, LA TERNURA, LA ALEGRÍA Y LA PIEDAD, PORQUE ME HACEN SENTIR EL DOLOR DE  MIS HERMANOS HUMANOS.

POR PERMITIRME NACER EN ESTA ÉPOCA TAN COMPLEJA, PORQUE AL VIVIR VARIOS MUNDOS, APRENDÍ QUE TODO TIEMPO ES BUENO PARA AMAR, COMENZAR Y… SERVIR.

POR HACERME SENSIBLE A LA MÚSICA, A LA POESÍA Y A LA PINTURA, PORQUE ME HAN ENSEÑADO LA IMPORTANCIA DE ALIMENTAR MI ESPÍRITU.

POR DARME LA POSIBILIDAD DE ESCRIBIR, PARA CONTAR AL MUNDO QUE SI TE ALOJAN EN SU ALMA, SIENTEN TU PRESENCIA EN EL VIENTO, EN LA CAÍDA DE LAS HOJAS, EN EL SUSURRO DEL VIENTO, EN EL RUIDO DE LAS FUENTES, EN LA MIRADA DE LOS ANCIANOS  Y EN  LA SONRISA DE LOS NIÑOS, LA FELICIDAD ESTÁ… A UN PASO.

POR HABERME HECHO VARÓN, PORQUE APRENDÍ LO RESPETABLE, ESTOICO,  MAGNÍFICO, INIGUALABLE, NOBLE, GENEROSO Y HERMOSO DE LAS MUJERES.

POR HABER PRESEVADO MI NIÑO INTERNO, PORQUE ESO ME PERMITE RESTARLE IMPORTANCIA AL DINERO Y AL LUJO; AMAR A  TODOS LOS PADRES DEL MUNDO Y… COMER A ESCONDIDAS MIS  CHOCOLATES.

GRACIAS PADRE POR HABERME DADO TAN BUEN APETITO PORQUE ESO ME PERMITE DELEITARME DE LOS MANJARES QUE PUSISTE SOBRE ESTA TIERRA PARA MI DISFRUTE, AMAR MÁS A MI ESPOSA Y PERMITIR QUE ME SEDUZCA VOLUPTUOSAMENTE LA MAGIA… DEL VINO.

FINALMENTE, GRACIAS PADRE POR HABERME POSIBILITADO CONOCER OTROS PAÍSES, CULTURAS Y GENTE DE TODO GÉNERO, PORQUE ESO HA AFIANZADO MI CONVICCIÓN DE QUE LOS SERES HUMANOS SON GENEROSOS, NOBLES Y AMISTODOS, LO CUAL PARA MI MAYOR FELICIDAD ME HA HECHO UN HOMBRE… UNIVERSAL.

Houston, TX., verano del Año de 2008, en una mañana cualquiera, pero llena de sol, de canto de pájaros, flores de cayenas y  paraísos con los colores más vivos que jamás he visto.

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«No me des lo que poseo, dame lo que no puedo procurarme.»

No creo en las etiquetas y algunos patrones que una sociedad deficitaria de amor, acostumbra establecer para algunas actuaciones humanas. Una muy errada es aquella que establece que las suegras y los suegros son cansones, entrometidos, y que los yernos, a diferencia de las nueras, nunca llegan a integrarse como reales miembros de la familia.

En ambos casos se trata de meras consejas y por tanto equivocadas, porque esas buenas personas que hacen pareja con nuestros descendientes, definitivamente traen amor y solidaridad a la familia.

Hoy me desperté muy temprano y me levanté con el mayor sigilo para no despertar la familia, quienes los Sábados duermen hasta tarde.
A pocos minutos de levantarme apareció ese hijo que Dios me regaló, cuando contrajo nupcias con mi hija mayor, quien por voluntad propia se ha convertido no sólo en mi mejor amigo sino en mi hijo mayor. Traía en sus manos un humeante café con galletas hechos por él mismo, aderezados con unos buenos días, de esos que expresan no sólo como nos sentimos, sino como deseamos que se sientan los demás, que entendí como un mensaje de bienvenida y solidaridad humana, dentro del espectro más significativo: EL COMPARTIR.

Este acto sencillo me produjo reflexión sobre lo fácil que es vivir una vida edificante. No se requieren grandes cosas ni especiales presentes para demostrar el amor, la estimación o el reconocimiento.

Especialmente cuando se tiene avanzada edad, que en sí misma establece naturales limitaciones, es tan reconfortante sentir mediante los actos espontáneos y cotidianos de nuestros allegados, que somos bienvenidos y que contribuimos a hacer mejor el ambiente familiar.

Narro esta anécdota para quienes tienen el privilegio de tener sus padres vivos y pueden disfrutar de sus últimos años, con oportunidad para decir: te amo. El lenguaje del amor es ilimitado, pero es tan corto el tiempo e imprevisible el viaje al más allá, que todo hijo debería aprovechar cualquier ocasión para compartir con sus padres, cuando todavía tiene… tiempo.

Cuando las personas ya han partido de nada sirven flores, lágrimas o inútiles «…si yo hubiera…» La muerte es el regreso a esa dimensión de la cual un día vinimos. Cuando mueren los seres queridos, la única satisfacción para el que se queda, es lo que en vida hizo por el que ya no está, porque integrará la calidad del recuerdo.

No olvide que las cosas trascendentes están imbuidas dentro del maravilloso mundo de las cosas sencillas. Son detalles que por obvios suelen representar por ellos mismos un mensaje… imborrable.

Así que, no pierda tiempo. Si aún los tiene vivos, vaya, abrace a sus viejos, su esposa, sus hijos y amigos. Si no viven con usted, llámelos… ahora mismo. Dígales que los ama que eso a nadie disgusta. Hágalo de una vez, sin pérdida de tiempo. No sea que luego fuere demasiado tarde, porque todos sabemos cómo y cuándo llegamos, pero ninguno cómo y cuándo nos vamos.

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 El título de esta entrega corresponde a  una inquietud que me manifestaron, por encontrar  una vía que ayude a incorporar a otras personas al maravilloso mundo de vivir la vida en, con y por Dios. 

Pienso que nuestro Padre Celestial, que es todo amor, tiene sus propios caminos en todo, pero que es legítimo, bien intencionado y cristiano, tratar en lo posible de ayudar a encontrar el camino a esas personas que, habiendo recibido de  Dios el incomparable tesoro de vivir, escasamente sobreviven por su falta de fe, confianza, optimismo  y esperanza, cuales sólo da el amor inmenso y la seguridad en la bondad de Dios.

 Ciertamente, para que un niño camine, una planta se desarrolle o una idea se concrete, requiere de un tiempo en función de  factores,  unos fijos y otros variables, conforme a  la naturaleza del asunto.

 Respecto de esas personas que pareciera que no quieren nada con la vida, porque la  sobrellevan como una dura carga obligatoria, en su gran mayoría, y aunque les sea duro aceptarlo, responden  a una fijación mental de un enemigo implacable, creado por su propia mente y difícil de vencer: el temor a las secuelas del pasado,  lo conocido, lo desconocido y lo que… pudiera suceder.  

 Ese temor, la mayoría de las veces irracional, es producto precisamente de que no tienen una real conciencia de su procedencia, lo que  representan y su potencial personal, frente al universo donde les toca vivir.

 Así, al no disponer del conocimiento de su origen divino, también desconocen el poder que les es inherente como parte de Dios, que ha permitido a los humanos  a través de los siglos y milenios, sobrevivir colectivamente todas las catástrofes; desarrollarse culturalmente transformando el paisaje geográfico; realizar los mayores descubrimientos para vencer las enfermedades y los elementos nocivos de la naturaleza; e individualmente, crear prodigios en las artes y las ciencias, logrando con el desarrollo de sus potencialidades, la felicidad integral.

Por tanto, lo mejor que podemos hacer por esas personas, es acercarnos a ellas con respeto, consideración y amor; no como a enfermos a quienes vamos a curar, sino como a hermanos con quienes queremos compartir, demostrándoles con nuestra actuación feliz, entusiasta y desinteresada, que la logramos y disfrutamos porque hacemos un todo con Dios.

 Es con nuestra actuación diaria de amor, aceptación, respeto, colaboración, sensibilidad y solidaridad humana, la mejor manera de  señalar el camino. Es nuestro ejemplo, en ese cotidiano mundo de las cosas sencillas, honrando a las personas y engrandeciéndolas sin importar su edad, ideología,  género o clase social,  donde podemos demostrar nuestra felicidad, que al materializarse en actos objetivos beneficiosos para los demás, no dejará ninguna duda que estamos y nos sentimos como una parte de Dios.

 Pienso que la herramienta más efectiva para adentrarse en el conocimiento de los beneficios de compartir nuestra vida con Dios, lo es en ese mundo de quietud y paz que representa  la meditación, que se produce en nuestro ser  interno; donde sólo hay espacio para dos: Dios y nosotros.

 Si somos felices con Dios, tratar de que otros también lo disfruten, más que un acto gracioso es… un compromiso,  y así debemos asumirlo.

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Para lograr un resultado óptimo en ese mundo absolutamente intelectual de los sentimientos, que motivan nuestras acciones, no es suficiente presentir o desear, sino que se requiere algo más contundente e inmediato, que nos sensibilice especialmente con respecto a la importancia o conveniencia de lo que realizamos, para lo cual tenemos la necesidad de conectarnos tanto espiritual como físicamente, con el evento o la circunstancia a resolver.

Así, sentimientos como el amor pasional o familiar, se quedarían en el mundo teórico de las románticas o buenas intenciones, si no nos conectáramos íntimamente con el fenómeno físico del mundo práctico donde que se suceden los acontecimientos, haciéndonos parte activa de los asuntos, en una interconexión que concreta las ideas.

Mediante mi conexión con los asuntos que me ocupan, puedo determinar el comportamiento entre lo que yo percibo mentalmente y el mundo de la realidad. Es entonces cuando puedo verificar si lo que pienso de mis relacionados se corresponde con sus realizaciones, lo que ellos piensan de sí mismos e inclusive de mi propia persona.

Al conectarme me abstraigo del origen ideal de los procesos, para percibirlos, sentirlos e integrarlos a mi propia actividad físico-espiritual.

Especialmente en la pareja, donde la buena comunicación es fundamental para la plenitud de la relación, porque permite conocer lo que piensa cada uno y cómo lo reciben individual y conjuntamente, al conectarse en el amor, la pasión, la sexualidad, la ternura, los sueños y las ambiciones, los factores aceptación, consecuencia, ayuda mutua, lealtad y responsabilidad surgen como producto de una posición razonada y consensuada, con vocación de permanencia.

Con respecto a los hijos, el conectarse los padres con sus actividades, viviendo y compartiendo con ellos su pequeño gran mundo de deseos, alegrías, necesidades, pero también de temores, preocupaciones y sueños; la comprensión y capacidad de atención a sus necesidades se hace mucho más efectiva.

En el ejercicio de las profesiones, oficios, actividades laborales, artísticas o deportivas, para ser exitoso no es suficiente el conocimiento teórico o postulados programáticos, sino que se requiere una inmediata y permanente conexión emocional del ser humano con la actividad que realiza, sobre la base de la convicción de su utilidad, necesidad o conveniencia.

La necesidad de conectarse deviene del hecho de que nuestro intelecto recibe instrucciones de nuestro espíritu, que es absolutamente ideal, las cuales debe traducir a un cuerpo físico que funciona en base a motivaciones, que a su vez responden a sus conveniencias. De tal forma que, en todos los casos, la efectividad en nuestras realizaciones va a depender del entusiasmo con que logremos conectarnos al asunto.

De alguna manera, conectarse con las personas es ponerse en su misma situación para entenderlas mejor; y en cuanto a las cosas y circunstancias, es inyectarles entusiasmo a su realización, en función de una existencia que todos los días podemos hacer mejor.

Una comunicación sin conexión personal efectiva, es similar a las ideas geniales pero que nunca llegan a realizarse, porque no aportan nada efectivo ni positivo a nuestra vida.

Próxima Entrega: DAR PARA RECIBIR.

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«ORAR NO ES SOLO PEDIR O REPETIR, ES DIALOGAR CON DIOS.»

Pienso que toda actuación humana debe tener un basamento principista, que en todo caso debe beneficiar al género humano, o a los elementos que le dan sustento de permanencia sobre esta tierra.

En el caso de la oración, para que tenga un resultado exitoso debe procurar algo que represente un beneficio que no se quede en el solicitante, sino que al lograr lo  pedido, de alguna manera se proyecte positivamente hacia las demás personas en el plano físico o espiritual.

Si Dios apoya mis esfuerzos concediéndome su ayuda, la condición fundamental debe serlo que mi beneficio, logro o felicidad, determine o aumente mis posibilidades de compartirlo con mis semejantes.

Por ejemplo, si pido amor, sabiduría, paz o felicidad, al serme concedidos, esos elementos existenciales aumentarán mi elevación espiritual y como consecuencia incrementarán mi generosidad, capacidad de amar, aceptar y entender mejor a mis semejantes.

Pero… ¿Hasta dónde tiene fuerza la plegaria si no se acompaña con la acción? Es tema de discusión entre quienes ven la oración desde el punto de vista dogmático-religioso, como un instrumento de alabanza y petición que produce resultados con la sola invocación; y quienes como yo, la entendemos como un medio de agradecimiento a Dios, pero también como factor de poder de primera importancia para mis logros personales, pero que debo acompañar con mis actos.

Orar es un acto de fe, de confianza, en cuanto a que Dios está con nosotros de manera permanente. Por tanto, no debemos esperar a que Él realice las cosas por nosotros sólo porque lo imploramos, sino que debemos pedir su ayuda, pero para lo que ya nosotros estamos intentando o vamos a intentar.

En mi concepción de lo que nos podría beneficiar la plegaria, no puedo olvidar las palabras del siempre bien recordado Napoleón Hill, cuando escribía: «En la verdadera plegaria se pide ayuda sólo después de que se ha hecho todo el esfuerzo personal necesario, sin obtener ningún resultado.»

Pienso que la oración, aun siendo absolutamente poderosa, su sola invocación  no nos libera de la necesidad de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr con nuestro propio esfuerzo, las cosas para las cuales pedimos la ayuda divina.

Es que la oración no es pasiva, sino muy activa. El que hace una plegaria, solicita ayuda para algo que está tratando de lograr mediante su propio esfuerzo, y que considera difícil de obtener con su solo trabajo, pero no pide que se le de hecho por obra y gracia de la oración, sino que utiliza la oración como ayuda.

Es que  hasta para hacer la oración exclusiva de alabanza y agradecimiento se requiere realizar algún esfuerzo. No sería justo que se nos concedieran las cosas sin haber realizado la diligencia necesaria, y como quiera que quien concede la petición es Dios, Él no hace cosas que no sean justas.

Por eso, en mi criterio, la más efectiva plegaria es aquella que precede o acompaña la acción.

Próxima Entrega: ¿DESCANSO DEL GUERERO?

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Cuando tuve conciencia de la dimensión de todas las cosas buenas, emocionantes y bellas que podía disfrutar en esta tierra, pero al mismo tiempo comprendí que era poco probable vivir más de cien años, sentí que había tanto que conocer, experimentar, y experiencias que vivir, que una sola vida me pareció muy poco.

A medida que fui adquiriendo conocimiento y capacidad de observación, me convencí aún más de lo limitado de una sola vida, para disfrutar tantas cosas maravillosas y situaciones extraordinarias que el mundo me ofrecía.

Entonces me ocupé de estudiar de cual manera podría vivir por lo menos dos vidas. No obstante, sin importar mi dedicación y ocupación del asunto, siempre llegaba a lo mismo: no era posible que yo, personalmente, pudiera vivir dos vidas.

Pero un día se atravesó en mi camino esa persona que me atrajo especialmente y me despertó la sensación del puerto seguro, quien como yo, tampoco se contentaba con una sola vida, pero que similar a mi caso no encontraba una forma de lograr, por sus propios y únicos medios, vivir una vida más.

Cuando nos conocimos, sentimos algo especial que nos acercaba a nuestra difícil, emotiva y particular ambición de querer vivir una vida adicional, que capturara sensaciones y experiencias agradables, por lo menos en el doble de lo que con una sola vida, individualmente podíamos lograr.

Tuvimos una conexión especial, porque aunque nunca lo hablamos, si lo visualizamos perfectamente y comenzamos a trabajar para lograrlo, bajo el razonamiento de que, si uníamos nuestras vidas de manera integral, haciendo una unidad indisoluble para vivir en conjunto todas las situaciones y experiencias cotidianas, compartiéndolo todo e intercambiando continuamente experiencias, circunstancias y emociones, al sumar las de ambos, sin duda las estábamos duplicando; vale decir, al unirlas y experimentarlas, cada uno estaba logrando vivir las propias y las de su pareja.

Por eso nuestro amor es grande, emocionante, creativo, apasionante y… mágico, porque es el doble de lo normal; nuestro respeto, consideración, aceptación y buena comunicación, es de una dimensión superior porque suman los unos y los otros; nunca estamos solos, porque somos dos para acompañarnos permanentemente; no tenemos temor porque nos protegemos el uno con el otro; no nos preocupa el mañana, porque sabemos que dos son mejor que uno.

Vivo mis dos vidas con plenitud y todos los días doy gracias a Dios, por haberme permitido descubrir que es haciendo fusión con mi compañera de viaje largo, la única posibilidad segura de ganar… una vida más.

Si usted tiene una pareja, le recomiendo que trate de vivir su vida en cada uno de sus detalles; esto es, compartiendo sus deseos, ambiciones, preocupaciones, sueños y realizaciones; interesándose de verdad por sus circunstancias, especialmente aquellas que parecen muy sencillas o insignificantes, porque pueden ser portadoras de grandes mensajes; reconociéndola y engrandeciéndola. Al fin y al cabo, es la única posibilidad de ganarle algo más a una vida que, para disfrutarla en su máxima dimensión, ciertamente pareciera… muy corta.

Próxima Entrega: POR QUÉ OLVIDAR.

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No he tenido la oportunidad de verificar si es cierto que «El que comparte y reparte le queda la mejor parte», pero respecto de que lo importante de compartir, no es la parte que nos quede sino que al ayudar nos ayudamos.

Compartir con nuestros semejantes no sólo las bendiciones y situaciones positivas, sino aquellas que nos afecten negativamente, es un principio cristiano de incuestionable valor.

La regla de oro del cristianismo es integral, porque Jesús no se circunscribió a una cosa, circunstancia o asunto en especial sino que globalizó la regla, al demandar que hiciésemos por los demás lo mismo que esperábamos que los demás hicieran por nosotros.

Si bien es cierto que es loable, apropiado y noble compartir cosas físicas con los demás,  no menos importante es compartir el conocimiento, las buenas noticias, la alegría, el optimismo, la confianza, la fe en Dios y… la esperanza.

Para compartir todo momento y oportunidad son buenos. Nuestra vida, como los valores que la rigen, tiene una condición existencial bipolar. Así,  de forma constante tenemos frente al nacer, el morir; al bien, el mal; a la alegría, la tristeza; al éxito, el fracaso; a la riqueza, la pobreza; al egoísmo la generosidad; a la fe en Dios, el temor.

La condición vivencial de compartir lo bueno nos aporta sentimientos de realización, de plenitud y solidaridad humanas. Cuando compartimos la tristeza, la desesperanza o el dolor, igualmente sentimos que la carga se hace menos pesada, más llevadera y que no estamos solos.

Como producto de mis personales observaciones, en repetidas oportunidades he comprobado que muchos y graves problemas vivenciales de personas que me han consultado, hubieran sido menores, menos agravantes o más rápidamente solucionables, si el afectado los  hubiese compartido con otras personas.

No es acertado pensar que lo positivo del compartir lo es únicamente cuando se trate de algo físico, porque para la mayoría de las personas, es más difícil solicitar ayuda o consejo para sus problemas espirituales, que requerir cosas materiales.

Es que un pedazo de pan no es difícil compartirlo, porque cualquiera puede darlo sin mucho problema; pero para oír con respeto, interés e intención de ayuda, se requiere sentir que la solidaridad no es una opción sino una obligación, porque todos somos… uno.

El pan se come y a las pocas horas nuevamente se tiene hambre. La sensación de que no estamos solos y que alguien comparte nuestras inquietudes y preocupaciones, nos acompaña por mucho tiempo,  y a veces por siempre.

Que la carga se hace menos pesada y el disfrute mayor cuando compartimos es algo que no deberíamos olvidar.

Sin esperar nada por el aporte que hagamos a nuestros hermanos, siempre la vida nos devuelve beneficios; sino a nosotros mismos, a los seres que más amamos.  Como padres, es apropiado recordar al Salmista cuando afirma: «…no he visto hijo de justo mendigando pan.»

Al compartir, independientemente de la naturaleza de lo que se comparte, crecemos espiritualmente y nos hacemos la existencia más agradable.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

 Próxima Entrega: LA ENFERMEDAD MAS GRAVE.

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