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Archive for the ‘AMOR ESPIRITUAL’ Category

           EL AMOR ES ANTES Y DESPUES DE ESTA VIDA

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Hoy escribo para las parejas que se aman con todo su cuerpo y alma para dejarles un mensaje de esperanza, que además contradice la voz de las “Casandras agoreras” que tantos males le atribuyen a la unión permanente de dos personas que se aman y deciden compartir su hoy y su… mañana.

Soy casado, convencido de que es esta condición la que me ha permitido ser feliz toda la fase de mi vida en unión de mi actual cónyuge, cual ya lleva más de 43 años lo cual me da autoridad moral para hablar del matrimonio; por lo menos… del mío. Muchas veces he oído decir que los cónyuges se unen hasta que la muerte los separe. En verdad, sin ánimos de calificar a quienes lo aseguran, no creo en esta expresión usada especialmente en el momento de contraer matrimonio.

Soy un convencido del apotegma de que “No somos cuerpos viviendo experiencias espirituales sino espíritus viviendo experiencias corporales.” Como consecuencia, contraje matrimonio con mi querida y tierna esposa no solamente con mi cuerpo, sino, y quizás con una vinculación más fuerte, también con mi espíritu. Por eso, para nosotros (Porque mi esposa comparte conmigo este criterio), cuando llegue el momento de regresar al lugar del cual vinimos a este mundo –cual es lo que el vulgo llama “muerte” – independiente de quien se vaya primero, no nos separaremos porque nuestros espíritus seguirán vinculados por ese cordón de plata supra físico entre esta vida y en el más allá, con la misma o mayor intensidad como lo es ahora.

No, la muerte no nos separará, porque así como no hemos permitido que en esta estancia terrenal con tantos altibajos, circunstancias especiales y tentaciones nos separen; menos aún lo asentiremos cuando alguno de nosotros o ambos dejemos esta “morada”. Es que como lo sentenciara Jesús de Nazaret: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay…” esta es sólo una de esas moradas y lo único que sucederá cuando nos vayamos será que pasaremos a una nueva “morada”, que no tiene porqué ser ni exclusivamente espiritual o física. Esa es nuestra mayor esperanza, que no tenemos duda se fortalece todos los días con los mil detalles que nos permiten ratificar ese amor maravilloso que por tantos años hemos compartido y transformado en tres bellas hijas y dos hijos, quienes nos obsequiaron once hermosos nietos, que hacen más dulce nuestra tercera edad.

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Parejas –quienes aun amándose- actuando irascibles, indispuestos, contradiciéndose, compitiendo por todo y justificando sus actitudes siempre en busca de un responsable: su pareja, me parece absolutamente ilógico.

Y es que… Si  tuvieron meses o años de  novios para conocerse,  años conviviendo juntos, construyeron familias, lo cual indica que se amaban …¿Dónde está el Problema?

Pienso que en mucho el problema surgió el en proceso formativo. Quienes les formaron se  esmeraron en hacer de ellos buenos estudiantes, brillantes profesionales para ascender a buenos cargos y generar riquezas, para luego hacer familia.

Nadie les habló de que la familia comienza con la pareja;  que es allí, en el comportamiento de pareja donde se moldea la familia. Nadie les dijo que respeto, amor, consideración, aceptación y reconocimiento, reforzados diariamente con el trato generoso, afable,  conforman posibilidad real de  ese milagro que representa la pareja bien avenida: EL ACOPLAMIENTO FISICO-ESPIRITUAL, cual por cierto es el que le da vigencia en el tiempo.

Posiblemente nadie les ilustró sobre que el amor es la aventura más hermosa que existe, que es la piedra angular  que soporta la pareja, pero como todo lo bueno sobre esta tierra de Dios, requiere mantenimiento. Es como una bella plantita que nos da flores y perfume, pero tenemos que cuidarla, regarla, alimentarla y hablarle con amor. Tiene una característica muy especial: EN LA PAREJA INTEGRALMENTE EL AMOR NO MUERE… NUNCA MUERE.

Cuando alguna de las partes no le alimenta, cuida, acaricia, reconoce su importancia, entonces se pone como los osos en estado de hibernación: en su mínimo consumo de energía, duerme pero no muere. Allí permanece dormido hasta que alguien se acerca, la riega, la alimenta, la acaricia y entonces despierta… el amor, tan fuerte  o más que nunca; y eso tiene una razón más allá de nuestra propia conciencia: DIOS ES AMOR Y DIOS NUNCA MUERE.

Existen otros factores sin los cuales el amor no sabe darse integralmente; como el respeto, que es esa línea invisible entre ambos que sabemos que está ahí, que nadie la ve pero percibimos cuando siquiera lo rozamos.

Asimismo, la aceptación, el reconocimiento, la consideración y la comunicación, son esos anclajes laterales sin los cuales reforzados diariamente con el trato generoso y afable,  la pareja no puede mantenerse en su esencia:  FELIZ.

Si amamos de verdad… ¿Qué importa un disgusto, una palabra infortunada o un gesto fuera de lugar, cuando se ha actuado todo lo contrario por tanto tiempo?

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Hoy, temporalmente lejos de mi lar, en calidad de visitante, en un espacio bien diferente a aquel donde me manejo diariamente, he tenido tiempo para reflexionar sobre lo elemental y sencilla que, más allá de la vanidad humana, es nuestra vida.

Ciertamente, como seres físico-espirituales, nos movemos en dos áreas que potencian nuestra existencia: por una parte, la  subsistencia física –que debemos lograr en el exterior de nuestro cuerpo- y por la otra, el mantenimiento de nuestra espiritualidad, que vive, crece o se disminuye en  nuestro ser interno.

Así tendremos que la parte física sólo requiere de oxígeno y alimentos apropiados para mantenernos vivos, así como la protección frente a los elementos naturales del medio ambiente, que de alguna manera pudieran afectarnos. Dicho de otra manera: aire, comida y un espacio protegido donde vivir (casa o apartamento).

Adicionalmente para esa parte física, conforme a nuestra actividad, deseos y aspiraciones personales, vamos requiriendo algunos elementos secundarios que nos dan mayor confort  y seguridad, como la formación educativa, mobiliario y vehículo.

De tal manera, el oxígeno que requerimos lo tenemos en el aire, sin requerir para lograrlo más que respirar; esto es, sin ningún esfuerzo físico o costo económico. En cuanto a la alimentación, lo más importante que es el  agua, normalmente es barata y se encuentra al alcance de todos. Para los restantes alimentos, la sociedad ha creado mecanismos, que los pone a  disposición de cualquier persona, a precios alcanzables, independiente de la actividad, profesión u oficio.

Sin embargo, observamos como el mayor estrés no se lo producen las personas por la carencia de estos elementos fundamentales, sino debido a la vanidad o competencia con sus congéneres, sobre tal o cual tipo de cosa que supere o puede ser superada por los demás.

De tal manera notamos como algunas personas, complicándose una vida que es  elemental,  dejan parte de sus años en el camino, restando el tiempo para su familia y dañando su salud, únicamente para ostentar bienes muy costosos, que permitan a los ojos del público, destascar su supremacía económica.

Respecto de nuestra parte espiritual –que es interna- únicamente requerimos para su crecimiento y mantenimiento, el amor, la comprensión, la generosidad y la convicción de que todo está a nuestro alcance, en la misma medida en que seamos diligentes y proactivos.

Mucha razón tenía el sabio Salomón, cuando escribió que la vanidad no trae más que  dolor y aflicción de espíritu.

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Este vocablo de inmenso sentido humano, se hace inconmensurable cuando se trata de la relación de pareja, porque representa ese especial compromiso que, aunque no se escribe en ninguna parte, se convierte en la base fundamental de la permanencia en esta tan personal relación humana.

Es que el hecho de que alguien nos escoja dentro del universo de miles, y quizás millones de personas, para hacernos una persona especial en y para su vida, es algo extraordinario, y si se quiere… casi milagroso.

El hecho especialísimo de ser detectado por otra persona que nunca antes nos vio, con diferente cultura e ideología sobre la forma de ver la vida  y las cosas; quien pudiera ser que incluso profese diferente religión, conlleva una importante, cuidadosa y permanente actuación personal.

Se trata de una circunstancia vivencial que  tiene que ver con los valores más  relevantes en una relación humana tan íntima como la de hacer pareja, donde cuando se solidifica la relación, más que unirse, dos personas llegan a confundirse física y espiritualmente.

Filosóficamente, el Compromiso es el continente y sus contenidos son, precisamente, esos valores representados por la verdad, respeto, aceptación, reconocimiento, solidaridad, fidelidad, comprensión, generosidad y buena comunicación, cuales se constituyen en la piedra angular sobre la que descansa el objeto de la relación: EL AMOR.

Cuando se mantiene sólido el compromiso que se manifiesta en las actitudes apropiadas, ambos están seguros de lo que tienen y lo que vive.

El convencimiento de que siempre se dice la verdad, genera la entrega íntegra y sin recelos, porque se materializa con plena libertad, sin coacción de ningún género, porque sin ella el amor se hace mediocre y calculado.

El respeto,  la aceptación y el reconocimiento, edifican la personalidad humana y aumenta la autoestima, alimentando la convicción de que se  hizo una elección acertada al escoger la pareja que comparte nuestra vida.

La solidaridad, fidelidad, comprensión y generosidad nos recuerdan a cada momento que no estamos solos en el sendero de la vida; y la buena comunicación permite la manifestación permanente de los sentimientos de amor, que constituyen los eslabones de esa fortísima cadena, que protege el compromiso en una relación edificante y duradera.

No es difícil mantener el compromiso, si estamos conscientes de lo extraordinario que es encontrar en esta vida alguien que, con amor y dedicación, quiera compartir la nuestra.

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«Nada ni nadie podría evitar que  cumpla con  mi  misión sobre esta tierra de Dios»

¿CUAL SERÁ MI MISIÓN EN ESTA VIDA? Como cualquier ser humano común, con más de siete décadas en mi haber, repetidamente me hecho esta misma pregunta, cual más allá de planteamientos filosóficos de alto vuelo, he digerido más o menos de la siguiente forma:

No vinimos a este mundo a contar horas, días, meses o años; competir por acumular dinero, bienes,  riqueza, poder, figuración o fama, sin importar el daño que hagamos a las demás personas o el  medio ambiente; porque al final, nada es nuestro y por tanto nada podremos llevarnos de este mundo.

Tampoco se nos dio la vida como un castigo o condenación a soportar una pesada carga, sino por el contrario, vinimos a crecer en espíritu, fortaleciéndonos en amor, generosidad y sensibilidad frente a nuestros semejantes.

Se nos dio la vida para disfrutar de todas las maravillosas e invalorables sensaciones que se generan cada segundo en nuestro mundo y que podemos percibir por nuestros sentidos, si no estamos ocupados en procurarnos bienes materiales que son absolutamente temporales, porque nada podrán beneficiarnos luego de esta vida.

Vinimos porque tenemos una misión que cumplir, que no conocemos pero sabemos que nos corresponde y vamos a cumplirla. Es por lo cual vivimos con entusiasmo, fe y confianza en nosotros mismos, nuestra actividad, sus resultados y la gente que nos rodea.

Es por esa sensación interna de tener una misión que se han vivido los más sublimes amores, los actos más heroicos, las obras de arte inmortales,  los mayores inventos. Asimismo, es la motivación para amar, construir una familia, estudiar, trabajar y ser útiles a nuestros hermanos humanos.

Es el acicate para enfrentar los fracasos y tropiezos, como meros retos que nos preparan para seguir adelante y ser mejores, especialmente para proteger a nuestros hermanos más desvalidos.

Es el presentimiento de que no estamos aquí por accidente, sino para cumplir un cometido, lo que nos aleja la tentación de desviar nuestro camino de la realidad de ser armoniosos, moderados, parcos y útiles, siempre en función de quien nos necesite y no caer en la vanidad, que tiene colores y sonidos engañosos y vuela con alas doradas.

Fue ese sentimiento lo que alimentó el carácter, resistencia y constancia de los hombres y mujeres, que con su obra magnífica de diferente índole, dejaron profunda huella en la humanidad: su concepción de que nada ni nadie podría evitarles cumplir con su misión sobre esta tierra de Dios.

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CADA DÍA ES UNA NUEVA VIDA

Un programa en CNN,  mostraba al Dr. Virgilio Beato, quien a los 95 años contrajo matrimonio hace apenas 3; sigue ejerciendo como médico y cuando le preguntaron si aún tenía actividad sexual, sinceramente contestó: “ayudadito”; lo cual no deja ninguna duda que vive integralmente profesión y vida de pareja.

Asimismo, leí que Tiziano pintó obras a los 98 años, pero además tengo una amiga de 93 años, quien por cierto no tiene dentro de sus planes, morirse pronto.

Estos antecedentes sustentan mi criterio de que, algunas personas que sienten la edad como una pesada carga, en verdad  les pesa mucho más los años que no han sabido vivir que los que realmente tienen.

Observar al Dr. Beato, leer sobre quienes en su  avanzada edad hicieron maravillosos aportes a la sociedad, y la actitud de mi optimista amiga de 93 años, me hacen resentir de tanta gente negativa, asustadiza y tonta, que concibe la juventud solo hasta los 35 años, considerándose después de los 50,  la cuota inicial de un cadáver insepulto.

Soy fan de la gente joven; con ellos estoy en contacto para animarlos a disfrutar intensamente cada minuto de la vida, pero con la certeza  de que vivirán muchos años. Sin embargo,  casi todos se muestran sorprendidos de que a mis más de 70 años me sienta como en mis mejores tiempos, porque los formaron en la creencia de que un hombre a mi edad, debería ser descuidado, neurasténico, negativo, anecdótico, quejoso, cansado, triste, sexo cero y pendiente de su última hora.

Qué gran equivocación. Quienes hemos superado el medio siglo, aprendimos que el amor es la vida,  la amistad un tesoro y la familia un pedazo de nosotros mismos, por lo cual lo disfrutamos con fruición; que el trabajo es una bendición, la salud la consecuencia de nuestra estabilidad espiritual, y el mundo, el espacio ideal para movernos a nuestras anchas.

Por todo eso, tenemos mucho por lo cual ser felices y disfrutar de todo en cada momento. Hemos vivido como hemos querido; hemos amado y seguimos haciéndolo; trabajamos diariamente en lo que nos gusta y… cómo lo disfrutamos, que es como decir: aprendimos a vivir… viviendo.

La vejez no es no es algo indeseable sino muy deseable. Se trata de un privilegio que debe disfrutarse y compartirse. Al menos en mi caso particular, cada amanecer es una nueva aventura.

 Entonces… ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

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Recientemente, los medios de comunicación masiva han advertido que el deseo sexual ha disminuido. Independientemente de salud y edad tengan incidencia en el ritmo de la actividad sexual de la pareja, influyen decisivamente factores de carácter psíquico y motivacional. Especialmente sobre la disfunción eréctil, desde el punto de vista práctico, tengo opiniones que compartir con ustedes.

El deseo sexual se produce como respuesta a estímulos del exterior, por vía de nuestros sentidos, cuales desencadenan reacciones específicas en nuestro interior; pero esos estímulos deben ser suficientemente motivacionales para que la respuesta sea efectiva. Cuando el estímulo psicológico y/o físico no es suficiente, se produce la disfunción, lo cual en el lenguaje común, en el hombre significa insuficiente o ninguna erección; y en la mujer, déficit o ausencia de deseo sexual.

Independiente de cualquier origen patológico, el deseo de hacer el amor responde a la motivación que genere la pareja como resultado de su actuación cotidiana, que no únicamente en el momento de consumar la relación sexual. Son el trato diario considerado,  la ternura, la aceptación y la buena comunicación, el preludio necesario y conveniente para ese acto maravilloso de… entrega mutua.

El conocimiento del mapa erótico corporal de nuestro par y su concepción espiritual del acto mismo, adicionado a la pulcritud personal, el conocimiento de sus reacciones eróticas físico-psicológicas, algo de técnica sexual y… un toque de locura, inciden definitivamente en el mayor o menor deseo de recurrencia del acto sexual.

Como consecuencia, la irregularidad, indiferencia o falta de entusiasmo por el acto sexual de pareja, sus factores desencadenantes pudieran estar en la ignorancia de las profundas diferencias en la motivación sexualidad femenino y masculina; el irrespeto, desconsideración, ausencia de ternura; el desconocimiento de las zonas eróticas, deseos y rechazos a formas de realizar el acto sexual, que conllevaría inmotivación a realizar acto, cuales por cierto, prevalecen sobre las características físicas específicas de los órganos sexuales, posiciones para realizarlo, o cualquier asunto que tenga ver con la parte exclusivamente física.

Por cierto que, para los hombres la andropausia es prácticamente inexistente, pues está comprobado científicamente que el hombre, independiente de su edad, continúa produciendo testosterona; y para las mujeres, la menopausia, gracias a la abundante oferta de hormonas femeninas de diferente origen, lejos de convertirse en un problema se  transforma en ventaja para la mayor recurrencia del acto sexual de  pareja. Es que“hacer el amor”, no es un acto únicamente material, sino esencialmente físico-espiritual

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Hoy trataré sobre  temas apasionantes: Fantasía y Magia, recursos mentales que nos permiten idear situaciones como desearíamos que sucedieren y que, debidamente administrados, se convierten en venero de extraordinarias sensaciones. Según opiniones liberales “La fantasía es producto de la imaginación… la Libre actividad del pensamiento por la cual premisas y conclusiones pueden ignorar la realidad. Esto nos indica que nuestra mente, al poder ignorar la realidad, está en capacidad de convertir lo normal en fantástico y eso es de gran trascendencia  en el logro de la felicidad; entre otras cosas, porque la felicidad no es nada físico, ni tangible, sino un sentimiento derivado de nuestra actividad mental, que materializa en una sensación físico-espiritual.

Así, si yo idealizo una situación cualquiera como fantástica, ese es el mensaje que mi cerebro envía a mi mil millonésima reserva de células que integran mi cuerpo, cuales al hacer sinapsis conforman mi estado de ánimo, que al final determina el color, sabor y calidez de mis sensaciones. Por ejemplo, puedo fantasear con el cuerpo de mi esposa, con su voz, con su pelo, con su piel, con su sexo, y no por eso cambio su conformación física, sino que simplemente mi mente la convierte en lo que yo idealizo, produciéndome  satisfacción en la misma medida y extensión de mi fantasía.

Idéntico al ejemplo anterior, cuando me alimento, visto o realizo cualquier actividad diaria, puedo fantasear sobre su contenido o significado. Mi mente es infinita… da para todo. Cómo lo veo, siento o asimilo, es algo que procesa mi cerebro de la misma manera como se lo ordeno. Cuando fantaseo sobre algo es porque le doy esa orden al cerebro. Si le digo: “Quiero que conviertas esta situación normal en fantástica y te ordeno que lo hagas de tal manera”, y abra-kadraba, está hecho en fracción de segundos. Tan fácil como eso. Puedo sentirlo, percibirlo, disfrutarlo. Simplemente, lo vivo. Soy tan especial como ser humano, que me doy el lujo de VIVIR LA FANTASIA, que es como decir que soy capaz de convertir la irrealidad en realidad. Pues bien, al menos en mi vida, en la cual por cierto soy bien feliz, la fantasía es parte importante de mi existencia diaria. Doy testimonio de que ella siempre me ha producido felicidad.

Respecto de La Magia, no sabría vivir sin ella. Las contadas oportunidades en que soy infeliz, es porque pierdo el rumbo de mi querida magia. Claro está que no me refiero a esa magia, antiguamente vinculada a la Astrología y  la Alquimia como  “el arte de influir en el curso de los acontecimientos o adquirir conocimientos por medios sobrenaturales». Para mí esa es otra magia, la cual por cierto no me da ni frío ni calor. Me refiero a mi magia, la que con mi intelecto puedo fabricar; esa que me hace convertir un asunto común y corriente en algo diferente y agradable. Esa que como pareja nunca he permitido que perdamos; esa que le da un valor especial a ese cuadro de arte sobre la pared, a ese viejo libro en la biblioteca, a ese antiguo prendedor, cuyo precio de adquisición en una feria fue muy bajo, y a esa vieja servilleta ya amarillenta, guardada en un álbum donde se lee: “Te amo”. Aquella que algunas tardes, cuando juntos nos sentamos en un café y pedimos el mismo chocolate muy caliente con que desayunamos, extrañamente su aroma inconfundible  nos devuelve casi cuarenta años atrás y nos recuerda que somos privilegiados porque aún nos amamos como en aquel tiempo, o quizás… más.

A la fantasía y a la magia, nosotros como pareja  le debemos mucho de nuestra felicidad conyugal; quizás por eso la cuidamos tanto y no permitimos que ninguno de nuestros días dejen de tener por lo menos un momento de fantasía o magia. Por eso les aconsejo que si hasta ahora no le han dado el valor que tienen, empiecen a usarlas y, seguramente, aumentará su felicidad.

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“LA FELICIDAD DEBE CONSIDERARSE COMO UN OBJETO DE LA CIVILIZACIÓN”

Oswald.-

Para satisfacer a una asidua lectora que me escribe de Montevideo, nuevamente trato sobre el tema de la felicidad como máxima ambición del ser humano. En tal sentido,  coincido con Oswald, porque ser felices, aunque es un hecho cultural, constituye un derecho humano natural, quizás el más sentido,  que todos debemos procurar ejercer.

La felicidad no tiene una definición universal única, pero erróneamente las mayorías la imaginan vinculada o dependiente de factores como riqueza, belleza, fama o poder; sin embargo, sin desestimar su importancia, como elementos complementarios, no podría por sí sola ninguna de ellas originarla o mantenerla.

Es que para producirnos felicidad, que es  un sentimiento de realización material-espiritual, requerimos vincular nuestro cuerpo al espíritu, lo cual sólo produce el binomio Dios-Amor, cuales venturosamente viven dentro de nosotros y están siempre a nuestro alcance.

Por ejemplo, cuando degustamos un trago de vino en solitario, por nuestras papilas gustativas sólo recibimos satisfacción corporal, pero al compartirlo con la persona amada, al incorporar la parte espiritual representada por el amor, lo convertimos en un acto feliz. Idénticamente, realizar el acto sexual para satisfacer la urgencia  biológica, sólo produciría satisfacción corporal; pero si lo experimentamos con la persona amada, al incorporar la parte espiritual representada por el amor, lo convertimos en un acto feliz.

La felicidad no se obtiene por eventos extraordinarios o especiales -cuales por cierto se dan muy pocas veces en la vida- sino que se conforma con cada uno de los muchos y variados actos de nuestra vida cotidiana; especialmente, en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

La felicidad tampoco tiene por qué ser permanente, ya que al constituirse de momentos felices –que pueden ser extensos o breves-  será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices. Mutatis mutandi, tampoco una persona tiene por qué ser  infeliz de forma permanente.

Como hemos determinado que no existe felicidad sin el concurso del espíritu, y éste es interno, somos nosotros quienes decidimos cual evento nos hace felices y cual no. Esta precisión nos blinda frente a quien deseare hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro interior.

De tal suerte, podemos concluir que la felicidad corresponde a una actitud, que deriva en una aptitud personal para convertir momentos agradables en momentos felices, al adicionarles el factor de espiritualidad, indispensable para traducirlos en realizaciones material-espirituales, cual, en todo caso, sería un concepto apropiado de lo que es la felicidad.

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“MIS OJOS FISICOS OBSERVAN EL DIA Y LA NOCHE; MI ALMA NO TIENE

DIMENSIÒN DE TIEMPO”

Mi alma, que es eterna, no envejece ni se hace obsoleta. Revisando algunas de mis fotografías más queridas, precisamente de la noche que conocí a mi esposa, me llené de gratísima evocación. Abrí los de mi alma, que me ubicaron en ese ambiente especial y mágico, donde se definió la parte más bella y edificante de mi vida.

Esa regresión de cuarenta años refrescó mis más íntimos sentimientos, al pasearme por la imagen imborrable de esas personas; un ambiente que volví a sentir en su detalles, y algunas frases inolvidables que, de alguna manera, fueron premonitorias de ese futuro maravilloso, que ambos constituimos en un presente… permanente.

Como rechazo la nostalgia, di rienda suelta a mi recreación visual interna para vivir otra vez en ese mundo virtual del recuerdo feliz, esas emociones que los años no han podido envejecer y que los ojos físicos, ocupados en la vida diaria, no pueden detectar ni permitirme disfrutar.

Me vi hilvanando con  hebras color de fantasía nuestros sueños, que luego, con mucho amor, optimismo, fe, comprensión y aceptación, hicimos realidad.

Sentí en mi cara interior,  la calidez de una noche de verano; la mano suavemente firme de quien desde entonces tomó la mía para hacer de las dos una sola; las voces inaudibles del futuro que sólo oye nuestro espíritu diciendo… ven; y esa emoción especial e indefinible de atracción-sorpresa, atemorizante pero prometedora, únicamente descifrable por los enamorados.

Esa visión arrobadora, de vida y de tiempo, sólo puedo experimentarla con esos ojos mágicos, invisibles pero presentes de mi alma, que Dios me regaló, precisamente, para que no perdiera nunca la visión interna de mí mismo, que no envejece ni pierde el sentido de eternidad, cual es lo que me hace amar mi vida física, que es temporal pero real, emocionante y que estoy obligado a vivir intensamente, con deleite, con fruición con sentido inmutable de… presente.

Si abriésemos a menudo nuestros ojos del alma, nos amaríamos más; veríamos mejor la perspectiva real de una vida que es mucho mejor de lo que, algunas veces, nosotros mismos nos la hacemos; y especialmente, reconoceríamos todo lo maravilloso que es contar, todos los días, con la compañía de nuestros insustituibles hermanos… humanos.

 

 

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