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Archive for the ‘AMAR A LAS PERSONAS’ Category

«MI CUERPO NO INFLUYE EN MI ESPÌRITU, PERO MI ALMA DETERMINA COMO SE SIENTE MI CUERPO.»

En su màs alto nùmero, las enfermedades del cuerpo son soportables, controlables y en muchos casos, curables. Conocí personas que convivieron más de veinte años con enfermedades consideradas graves, así como vi morir en menos de una semana, por una supuesta gripe mal curada, a una persona de apenas treinta y cinco años.

Como quiera que no escribo para doctos o eruditos, sino para la gente común que le interese oír un testimonio de alguien que ha vivido más de sesenta y seis años con mu buena salud, les comento mis observaciones sobre el tema de las enfermedades físicas que pudieren afectarnos.

Considero la más grave de las enfermedades aquella que agrede mi alma; porque al perturbar mi estado de ánimo, me hace más vulnerable al crear las condiciones para que las enfermedades ataquen mi cuerpo.

Mi sistema inmunológico natural responde a mi estado de ánimo. No conozco a personas que derivado de un estado de felicidad, le haya afectado alguna dolencia o enfermedad. Pero si se de quienes por situaciones de estrés, tristeza, baja autoestima, frustración o ira, derivaron enfermedades que les fue muy difícil o imposible superar.

Fuimos diseñados con todas las condiciones para ser felices y se nos dio un mundo donde todo está previsto y a nuestro alcance para lograrlo. La contrapartida es la de ser útiles a nuestros semejantes.

No conozco personas ciertamente felices y útiles que sufran de graves enfermedades; y eso lo atribuyo a que su alma rebosa de amor, alegría por la vida y las personas.

Creo en reglas naturales que no están escritas, pero en mi caso siempre funcionaron; pienso que nuestra vida tiene dos objetivos primordiales: felicidad y utilidad. Cuando no los cumplimos a cabalidad, la naturaleza nos saca del camino, porque ni merecemos la vida ni justificamos nuestra permanencia en ella.

Hoy disponemos de una medicina alopática que elimina cualquier dolor, pone a dormir al insomne y hace más llevadera cualquier dolencia. Asimismo, la medicina natural se aplica con éxito a muchas de las enfermedades del cuerpo.

Pero no hay laboratorio que fabrique o expenda un gramo de tranquilidad espiritual, amor, sensibilidad, solidaridad, fe, confianza o… esperanza; porque estos factores solo están presentes cuando tenemos tranquilidad espiritual y estamos contentos con nosotros mismos, respondiendo al fin para el cual Dios nos trajo a este mundo.

Por eso sugiero procurar salud espiritual, disfrutando las bendiciones que Dios nos da todos los días; considerando que la vida es buena; aceptando que todo problema es pasajero; disfrutando de lo que tenemos y preocupándonos menos de lo que carecemos; aceptando a las personas en su diversidad y bendiciendo cada día, porque el mayor privilegio es mantenernos con vida.

Creo que más que la enfermedad del cuerpo y su gravedad en sí mismos, debemos ocuparnos de buscar su origen, y estoy convencido que la felicidad personal, al preservar nuestra alma, sino se constituye en un antídoto, pudiera ser una especie de buena vacuna para cualquier enfermedad.

Próxima Entrega: LA IMPORTANCIA DE SENTIR.

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esli_by_women_04.jpg Al despertar, todas las mañanas, luego de agradecer el privilegio de disfrutar un nuevo día de vida, bendiciéndolo como perfecto dentro de todos los días perfectos, conviene programar mentalmente ese día.

La programación debería fundamentarse en la constante y permanente convicción de que, nuestro Padre Celestial cubre todas nuestras necesidades físicas y espirituales, bajo la condición de que realicemos nuestras actividades con amor, fe y seguridad de que el presente que vivimos, en si mismo, es una nueva oportunidad de experimentar un día más… una vida más.

De tal manera, afirmaremos que disponemos de una salud perfecta, con órganos sanos que nos permiten utilizar eficientemente todos nuestros sentidos, como ver, oír, hablar, gustar y sentir todo lo bueno, lo cual nos posibilita vivir intensamente cada momento, al tiempo que nos hace más útiles a nuestros semejantes.

El agradecer en todo momento por nuestra familia, los amigos, el trabajo, la oportunidad de estudiar y adquirir nuevos conocimientos, promoverá una actitud personal positiva, frente a la sinergia de esa vida que representa un nuevo día, siempre expectante y lleno de eventos y situaciones imprevistas… que nosotros haremos agradables.

En este programa debemos aceptar sin ninguna duda, que si meditamos, pensamos y observamos con cuidado los acontecimientos del día, todos serán solucionables; porque más allá de nuestra inteligencia y diligencia, tenemos a Dios para esclarecernos cual es la opción apropiada.

Un renglón importante es mantener la oración mental permanente, pidiendo lucidez para tomar acertadas decisiones, que acompañaremos con nuestra diligencia, consecuencia y empeño, para beneficiarnos y beneficiar toda causa buena y positiva.

Un refuerzo permanente al programa lo será repetirse continuamente afirmaciones que aumentan nuestra fe y confianza, como: «Dios es amor, paz y dicha.» «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» «Quien a Dios tiene nada le falta…sólo Dios basta.»

En este programa, al desechar todo pensamiento negativo o reminiscencia dolorosa, no criticar ni juzgar, ni pronunciar palabras duras que disminuyan actitudes ajenas o propias, mantendrá incólume nuestro equilibrio físico, emocional, mental y espiritual, tan necesario para ser felices.

Debemos responder en todos los casos de agravios con caridad, enviando a los agresores mensajes de amor, bajo la convicción de que su actitud es precisamente por su déficit de aceptación, comprensión, ternura y… amor.

Si cumplimos este fácil y elemental programa diario, esa fuerza universal, omnipotente y omnipresente que representa Dios, nos proveerá del amor, consecuencia, caridad, sensibilidad y solidaridad humana, indispensables para lograr convertir nuestros pensamientos en cosas, cuya materialización será conforme a la energía y plenitud que en ellas pongamos.

Fue eso lo que quiso decir Jesús cuando aconsejaba: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá.»

¿Cómo anda su programa diario de vida, o… no lo tiene?

¿Qué tal si lo intenta?

Al fin y al cabo nada se pierde y no es muy difícil, pero le aseguro que podría servirle para mejorar su equilibrio mental, espiritual y físico.

Próxima Entrega: ¿LUEGO DEL DIVORCIO QUÉ?

 

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brasil_3.jpgEl criterio común, pero nunca bien analizado, de que «no es posible tenerlo todo en la vida», contribuye a que muchas personas se resignen a una vida de carencias, sin mayor expectativa por  alcanzar su  legítima  ambición de lograr todo lo que desean en esta vida.

Ese, como muchos mitos y paradigmas que han hecho al hombre temeroso, inseguro, mediocre e infeliz, no son más que producto de repetir como loros, lo que a alguien en un momento de frustración y sin medir las consecuencias,  se le ocurrió decir o escribir.

Por experiencia propia y circunscrito a la posibilidad de lograr una vida plena, se que sí es posible para un ser humano tener todo lo que desee, porque va a depender de qué es lo que el individuo considera todo lo que quiere alcanzar, en su condición físico-espiritual y  dentro de los límites que nos establecen las leyes naturales.

La satisfacción de nuestras necesidades individuales de sobre vivencia física son limitadas, dentro de una jerarquía natural, y existe toda probabilidad de lograrlas en proporción a nuestra dedicación, inteligencia y  diligencia, que puede traducirse en una vida sencilla o el logro de riqueza y poder, conforme los valores que rijan al individuo.

Desde el punto de vista espiritual, para satisfacernos no requerimos realizar ningún esfuerzo físico o erogación económica, las mismas corresponden a nuestros sentimientos y sensaciones, sobre las cuales sólo nosotros tenemos control.

Tenerlo todo sí que es posible, porque fui dotado de todo lo necesario para lograrlo, en la medida de mi esfuerzo y en función de lo que considero más conveniente para una vida confortable; siendo que mi satisfacción espiritual más que de lo que tengo, depende de lo que siento que no me hace falta.

 Asimismo, si tengo a Dios y amor en mi corazón, sigo las reglas de sana vida, amo y soy útil a mis semejantes, tengo todo lo que requiero espiritualmente.

¿Cómo lograrlo? Ese es nuestro trabajo.

Para obtener todo lo que requiero físicamente, vine dotado de un cuerpo que actúa como  el más sofisticado laboratorio ambulante, con un cerebro dotado de  miles de millones de células, que me permiten en segundos realizar lo que al más avanzado computador le ocuparía minutos u horas.

Satisfacer mis necesidades espirituales depende de mí mismo. Amo a quien, cuánto, cómo, donde y cuando lo deseo, porque tengo libre albedrío.

Si algo no puedo lograrlo, pudiera ser consecuencia de mis  auto limitaciones, derivadas de mi falta de confianza y fe en mis propias posibilidades.

Entonces, no crea en esas consejas negativas. Sí que se puede tenerlo todo, pero todo lo que es necesario y conveniente.

Lo importante es ser felices y es tan fácil, porque depende de lo que sentimos que disponemos, no de lo que carecemos. Si usted siente que puede tenerlo todo, seguramente lo tendrá. Lo contrario sería negativo y no le aportaría nada beneficioso.

La decisión es suya, nadie puede ayudarlo. Todo depende de usted,  tome su opción y… adelante.

Prçóxima Entrega: HACIA UNA SOCIEDAD SIN VALORES

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«PARA HABLAR CON MI PADRE NO REQUIERO SOLEMNIDADES»

Hablar con Dios es fácil, agradable y puede ser permanente. Él no se impacienta, ni interrumpe, nos responde y satisface nuestras solicitudes… sólo cuando nos convienen.

A Dios podemos contarle todo sin temor a malas interpretaciones, discusiones o reprimendas. Para hablar con Él no requerimos solemnidades, formalidades o palabrería rebuscada, porque gusta de la sencillez y prefiere los hechos.

Su más estimada oración es vernos felices disfrutando esa bella vida que nos dio, amando a sus demás hijos, quienes también son nuestros hermanos.

Dios ama especialmente a los niños, porque no tienen conciencia de esas cosas negativas como el temor, la envidia, la incomprensión, la competencia imperfecta y esas otras rémoras mentales, que nos impiden disfrutar la inigualable aventura de vivir.

Cuando observo un mundo brillante, un cielo azul, una tierra aún manchada de verde, sobre la cual millones de personas transitan detrás de la felicidad, hablo con Dios para agradecerle tantas bendiciones y pedirle que me de capacidad suficiente para poder compartirlas… con mis hermanos humanos.

Presiento que Dios se siente bien oyendo a la gente como yo, que quiere compartir sus sueños, pero que no es fácil que los demás entiendan que un soñador hable en silencio y que alguien pueda oirle y responderle… sin palabras.

No es fácil procesar que podemos mantener una comunicación multifacética entre nosotros y Dios, siendo que, más expresivo que una palabra, pudiera ser el pensamiento, la intención, una mirada, una sonrisa o un apretón de manos.

Cuando hablo con Dios lo hago conmigo mismo pero también con y por mis hermanos. Percibo que Él me oye y me responde, cuando lo considera conveniente. He aprendido a respetar su silencio, como Él acepta el mío, porque para eso me dio libre albedrío.

Asumo sin dolor que algunos hermanos me oigan, y otros no; así hemos sido siempre los humanos y dudo que cambiemos radicalmente. Pero, no por eso voy a callar. No sería justo con mis hermanos tímidos, inseguros, desconfiados, pesimistas, temerosos, faltos de comprensión, aceptación y amor.

Ese Dios maravilloso que me acompaña y que no necesito oír sino sentir, está en contacto permanente con mi espíritu, siempre guiando mis pasos. Lo percibo en todas y cada una de las circunstancias de la vida.

Estoy tan acostumbrado a la sensación de su presencia, que no concibo otra vida que no sea esta que con Él convivo. Esta que sólo aprecian en toda su dimensión, quienes como yo, despiertan ese divino toque de… locura que hiberna en lo más profundo de nuestro ser y nos permite romper mitos y paradigmas.

Mientras escribo, hablo con Dios. Le pido humildemente que me permita llegar al corazón de mis hermanos virtuales, para dejarles el convencimiento y un poco de esa seguridad que siento, de ser como cada uno de ustedes… interlocutor válido de Dios, porque con Él somos uno.

¿Quiere intentarlo? Decídase, hable con Dios que además de ser muy agradable, conlleva esa fuerza poderosa e indiscutible que es la oración.

Próxima Entrega: LA ALEGRIA COMO ANTÍDOTO

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«LA VIDA DEVUELVE LO MISMO QUE RECIBE»

Conozco que el «boomerang» lo tiras y al final del recorrido da la vuelta y retorna a su sitio de lanzamiento. Así se comportan nuestras actuaciones en esta vida, porque  el impulso del regreso dependerá de la fuerza que le imprimamos. Es un principio físico: toda acción produce una reacción.

Nuestra vida está llena de ejemplos que ratifican las palabras de Jesús, cuando  aconsejaba: «…, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…»

No tengo notcias de persona que habiendo hecho daño consciente, lograra su tranquilidad o felicidad. Por el contrario, los he visto presos de sus sentimientos de insatisfacción, revanchismo nunca satisfecho y frustración, cometer error tras error hasta terminar iracundos,  pesimistas, frustrados; y en algunos casos, enfermos en sus cuerpos y en sus almas.

La regla no solamente se cumple en el mundo de los objetos físicos de la vida del hombre, sino que su efecto es similar en el ámbito de los objetos ideales, inclusive en la actuación interna e íntima del individuo.

Así, cuando odiamos, envidiamos, deseamos mal  o criticamos a un semejante, su efecto interno es de desasosiego, desagrado y frustración, perturbando en la misma medida de la fuerza del sentimiento o deseo malsano.

Respecto de lo positivo, al amar, ayudar, servir, o sensibilizarse frente a los demás individuos, la felicidad, satisfacción o sentimiento de placidez, lo será proporcional a  esos sentimientos y/o actuaciones.

Así como amar y hacer el bien nos engrandece, al devolvernos como «boomerang» esa sensación de plenitud que nos hace sentirnos tan bien, el desamor, insensibilidad y el daño producido  o deseado, nos retornan desagrado, insatisfacción, frustración  y perturbación; pero adicionalmente: el recuerdo del evento desagradable, que muerde constantemente… el alma.

Nuestra vida se desenvuelve en un basto campo de opciones, dentro de las cuales y gracias a nuestro libre albedrío, siempre podemos optar por las que más nos benefician. Si consideramos que nuestros actos, se comportan como un «boomerang, sin duda extremaremos cuidados al escoger las opciones.

Pienso que los humanos traemos una tendencia que nos orienta al amor y a la bondad. No he visto nunca un niño que intente comerse otro bebé, un pollito o un perrito, sino acariciarlos tiernamente.

Lo apropiado y además conveniente, es amar a las personas, ayudarles y ser consecuentes con sus buenas acciones, rechazando y enseñándoles sobre lo negativo de las  malas, si las hubiere.

No es suficiente no hacer el mal, sino que estamos obligados a hacer el bien. Corresponde ayudar a los demás a encontrar ese camino.

Son nuestros hermanos quienes necesitan ayuda y no podemos negárselas, porque si no lo hacemos el «boomerang», nos devolverá lo mismo que hayamos dado a los demás.

Como padres, no podemos olvidar al salmista cuando aseguraba: «… no he visto hijo de justo mendigando pan.» Para quienes somos feliceas, considero un compromiso, dar a los demás lo mismo que hemos recibido de Dios.

Próxima Entrega: HABLANDO CON DIOS

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«NUESTRA IMAGEN REFLEJA LO QUE DE NOSOTROS CREEMOS.»

Toda la actividad del cuerpo en el plano físico-mental responde a las motivaciones e instrucciones que, consciente o inconscientemente, recibe del cerebro mediante sus múltiples operaciones mentales.

Como cualquier instrumento operativo, para su efectivo rendimiento requiere óptimas condiciones. Por tanto, así como damos mantenimiento a nuestros instrumentos de trabajo, debemos hacerlo con nuestra mente.

La primera actividad de mantenimiento lo es limpiar la casa mental de todos esos pensamientos negativos que por tanto tiempo nos han hecho daño, como el temor, el odio, el rencor, el resentimiento; así como la envidia, negatividad, timidez, y… la indiferencia afectiva; sustituyéndolos por sus contrarios: el amor, valor, optimismo, la confianza, fe, audacia, aceptación, sensibilidad social y… esperanza.

En segundo lugar, se requiere reconocer, aceptar y convencerse de que los sentimientos y pensamientos negativos que ocuparon la mente por tanto tiempo, nada dejaron beneficioso sino que limitaron los momentos felices y retrasaron el crecimiento espiritual, impidiendo una vida más feliz.

Somos la obra más acabada de Dios y como consecuencia mágicos y milagrosos; generamos corrientes magnéticas que reflejan lo que llevamos por dentro, y esto, de alguna manera indeterminable a simple vista, es percibido por quienes nos tratan, quienes actuarán conforme a esas corrientes e influencias que reciben.

Establezca contacto con una persona feliz, quien normalmente es muy positiva y permanece abierta a cualquier nueva relación; ofrézcale su mano, hable con ella de cualquier asunto o plantee algún problema y verá lo que sucede: seguramente le sonreirá e inmediatamente recibirá su magnetismo e influencia positiva; se interesará por su planteamiento o su vida y será automáticamente solidaria con su situación.

Es que las personas felices son muy celosas con eso de la limpieza y mantienen su casa mental impecable. No es que no caiga polvo, alguien tire su basurita o no entren de vez en cuando moscas, zancudos y cucarachas; lo que sucede es que él siempre tiene a la mano la escobita del optimismo para buscar el lado bueno que tiene toda basurita que entre.

También disponen de esos bio-insecticidas eficientes como son el amor al prójimo, la generosidad, la compasión, la caridad, la aceptación y la comprensión, tan efectivos contra las moscas, zancuditos y cucarachitas.

Ellos recargan sus baterías de bondad, generosidad y plenitud, en esa fuente maravillosa e inigualable de pasión, magia y fantasía, de máxima dimensión físico-espiritual como es la de hacer el amor con la persona amada. Por cierto, como regla general, quienes mantienen su casa mental limpia y practican un buen sexo, también disfrutan de una buena salud física.

Como todo en nuestra vida, la aptitud genera la actitud, como la necesidad la creatividad. Vale la pena reflexionar sobre los beneficios de tener la casa mental bien limpia.

¿Alguien quiere incorporarse al club de los limpiadores voluntarios de basura mental?

Les aseguro que es una actividad increíblemente positiva y enriquecedora, que nos acerca de forma efectiva a esa natural y legítima aspiración humana: el logro de la felicidad.

Próxima Entrega: EL BOOMERANG.

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¿Por qué y para qué vine a este mundo?

Para mi la respuesta no es trascendente, porque si pudiera conocerla no creo que modificaría mi comportamiento. Ese mundo nebuloso del por qué y el para qué, lo manejo conforme a mis principios éticos, que son universales y siempre están orientados al bien.

Considero importante para nuestra felicidad aceptar que tenemos una misión que cumplir en esta vida, la cual aunque no conozcamos, debe comportarse, principalmente, en beneficio de nuestros semejantes.

Pienso que como principio general, conviene trabajar sobre lo que se conoce, más que invertir energía en descubrir lo que en nada nos beneficia objetivamente.

Así, respecto de la misión que siento que me corresponde cumplir en este mundo, como no la conozco en su exacta dimensión, imagino que Dios simplemente me la indicará en ese su lenguaje que siempre mi espíritu percibe y que guía todos y cada uno de mis actos.

No camino en busca de mi misión sino que la cumplo conforme a mi propia ideología de vida. La concibo con jerarquías que gustosamente asumo y no transgredo.

Siento que mi primera obligación es conmigo mismo, siendo feliz para poder hacer felices a los demás. En segundo lugar, con mis hermanos humanos, amándolos y no juzgándolos, pero aceptándolos con su sagrada individualidad y diversidad.

No debo ser pasivo en mi misión, sino que debo hacer todo lo que considere positivo y conveniente para ellos, porque será lo mismo que me devolverá la vida.

Por eso amo a las personas y hago el bien que puedo, al tiempo que disfruto su maravillosa condición de seres inteligentes y generosos.

Amo y cuido del medio ambiente que me rodea, porque representa esas maravillosas cosas, incluido los reinos animal, vegetal y mineral, cuales Dios puso aquí para satisfacer mis necesidades y mi deleite.

Siento a Dios en cada persona, en cada cosa; en la brisa que peina los pajonales y entona sus sinfonías de las copas de los árboles; en la sonrisa de los niños y la paz del rostro de los ancianos; en la belleza del cuerpo de la mujer, su nobleza y su ternura… inagotables.

Siento que es maravillosa mi misión de amar, sin importar a quien, cuánto, cómo ni cuándo; sin preguntar si quieren o necesitan de mi amor.

Asumo el privilegio de vivir esta hermosa e inigualable aventura que es mi vida, frente a un mundo maravilloso y unos seres humanos que nacen y hacen un gran esfuerzo por mantenerse nobles.

Tengo la sensación permanente de que camino de la mano de mi Padre Celestial, en ese diálogo inteligible y constante sólo para mi espíritu, pero que yo siento presente todos los días y en cada instante.

No quiero ni necesito otra misión que esta de amar, de sentir que, sin excepción, mis semejantes y yo somos uno con Dios. Con eso me basta, porque eso me hace… muy feliz.

Próxima Entrega: ¿UNA NUEVA MUJER?

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dsc02505.jpg «Si viviera otra vez…» es frase común que cargada de nostalgia oímos o leemos, de quienes no han sabido hacer las cosas de tal manera que disfrutaran plenamente su temporal vida terrenal. A raíz de la declaración de una ancianita en las montañas de Kentucky USA de las cosas que haría si tuviese otra vida, escritores, periodistas y poetas especulan sobre «… lo que harían si vivieran otra vez.», arrepentidos por haber dejado de hacer tal o cual cosa a tiempo.

Yo no tengo duda que espiritualmente no moriré. En cuanto a mi vida física, la tomo como un viaje interesantísimo por un mundo de incontables maravillas, con personas en su mayoría nobles y buenas y que hacen aún más agradable mi incierta estadía por estos lares.

Considero esta vida física mi mayor capital; por eso la cuido integralmente y hago lo que creo puede ayudarme a edificar una personalidad sensible y solidaria, que me posibilita el intercambio diario con mis hermanos humanos, que como yo avanzan para disfrutar una vida física, que ni solicitamos ni sabemos hasta cuando durará.

Como no quiero contarme dentro del grupo de quiméricos que aspiran a tener otra vida física para hacer lo que debieron hacer y no hicieron, disfruto cada instante lo que hago, independiente del tiempo o espacio..

Amo, abrazo tiernamente y lo comunico a mi querida esposa, a mis hijos y a mis amigos en toda oportunidad. Saludo la mañana con su radiante sol, el canto de los pájaros, el color de las flores y el sonido cantarino y familiar de la risa de los niños, sobre el fondo del ruido de una fuente.

Amo la noche silenciosa, que con su manto de sombras se hace mi cómplice, ofreciéndome paz y quietud en mi intimidad, haciendo más propicio el momento para el amor.

No pude vivir mi niñez, porque me la robaron las circunstancias adversas de mi familia, que me hicieron hombre antes de tiempo.

Pero no obstante no haber podido conocer integralmente ese pedazo de la vida, disfruté intensamente mi juventud, que he prolongado en estos sesenta y seis años sobre esta bendita tierra.

No tengo porque añorar otra vida para realizar cosas que hubiere dejado de hacer. Hoy y hasta mi último día de mi vida terrenal, hago lo que me gusta, como lo deseo y en su oportunidad.

Soy un todo con Dios y mis hermanos humanos, por lo tanto mis deseos y realizaciones no tienen otro límite que aquel que yo mismo me impongo.

No me importa lo que pasó hace un segundo ni me preocupa lo que no ha llegado. Me interesa hoy, mi presente, porque es mi parte de esta vida y no voy a esperar otra para disfrutarlo.

Jesús enseñaba: «Cada día trae su propio afán, basta a cada día su propio mal.» Soy un convencido de la vigencia de sus palabras, pero especialmente de esta sentencia que he hecho parte de mi vida. Te invito a meditar sobre ella.

Próxima entrega: EL DIVORCIO

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El amor, la comprensión y la aceptación son fundamentales durante la importante etapa del crecimiento y desde la más tierna edad de los niños, pero en la vida diaria son enfrentados por el «NO».No te sientes así, no grites, no digas eso, no hables duro, no silbes, no salgas, no brinques, no te rasques ahí, no te toques eso, no comas de esa manera, no camines así, no molestes, dije que NO, NO…NO…NO.

Nadie les explica suficientemente porque todo tiene que ser «NO». Simplemente, se les impone y ellos no saben como reclamar una respuesta razonada. Si continúan preguntado recibirán un nuevo y contundente «NO», aliñado con gestos o acciones, indicativas del «NO» definitivo: «CÁLLATE».

Ese incomprensible mundo del NO les genera temor, inseguridad y desconfianza en… todo. Su efecto inmediato de desconcierto baja su autoestima, golpeando su curiosidad natural como fuente de su aprendizaje. En tal estado emocional, con su autoestima en su peor nivel cabe preguntarse:

¿Cómo queda la necesaria motivación para estudiar y ser mejores, en un mundo donde todo es negativo? ¿Qué incentivo para aprender puede generar un padre o maestro severo, estricto y gruñón, a quien más que la felicidad importa el cumplimiento normativo?

Los padres y maestros deberían reflexionar seriamente sobre este asunto, considerando que ellos están obligados a entender a los niños y no esperar que éstos les entiendan. Son ellos quienes tienen mayor experiencia y conocimiento de la vida, por tanto les corresponde orientar más que imponer el aprendizaje.

La sinergia del desarrollo y su objetivo último de producir paz y felicidad, hace necesaria la revisión en la actitud de los padres y educadores, para adaptarla a un proceso de transmisión de conocimientos que se refleje en la sociedad como más efectivo.

Mucho de la rebeldía de los adolescentes, es la respuesta por sentirse acorralados frente a su curiosidad natural, que les lleva a experimentar para conocer, frente a adultos expertos en mantener como mecanismos de defensa su falta de amor, comprensión y hasta de compasión, con quienes sólo exigen lo que les corresponde: formación para la vida.

De alguna manera, siento que la educación tradicional desvió el camino al dar mayor importancia a paradigmas tradicionales y a la formalidad, olvidando que la formación no es para las aulas, sino para una vida que deberá hacerse fuera de ellas.

Por experiencia como padre de cinco hijos, formados en la educación positiva familiar que se nutre del diálogo respetuoso pero afable de doble vía; la libertad de inquirir y recibir oportuna y consecuente respuesta sin temor a reprimenda o sanción, dados los resultados hoy patentes en sus vidas familiares felices, me convencen de la efectividad de la educación integral positiva.

Tanto en el hogar como en los centros de formación educativa, la educación positiva pudiera hacer la diferencia entre quienes logran la felicidad, que son los menos, y aquellos que nunca llegan a alcanzarla plenamente, de los cuales está inundado este mundo que nos toca vivir.

Próxima Entrega: DISPERSIÓN MENTAL.

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ayuda-iv.jpg «De buenas intenciones esta empedrado del camino del infierno», reza un adagio muy antiguo, sobre cuyo acierto o desacierto no emitiré criterio sobre su contenido, lo dejo a su libre albedrío, para lo cual aportaré algunas ideas.

Ciertamente, todos nacemos con tendencias y capacidades innatas. Pudiera ser una parte de la explicación de por qué algunas personas son mejores que otras, o se les facilita más realizar algunas actividades o mantener determinadas actitudes.

La observación cuidadosa del comportamiento humano respecto de algunos individuos, en oportunidades nos genera esta reflexión: «… si esta persona hiciera tal o cual cosa, seguramente sería un éxito.» Pero, si todo nos indica que sería exitoso en esa actividad o actitud… ¿Por qué no lo hace? En mi criterio, no se trata de que se sienta incapaz o desconozca su posibilidad, simplemente se trata de que no da el paso al acto.

Ese paso al acto, que en algunos casos pudiera beneficiar a la humanidad, como en aquel que tenga tendencias delictuales y no llegue a dar el paso para concretarlo y como consecuencia, no produce el daño. Por tanto, como la mayoría de las personas son buenas y generosas, su inacción evita que aporten beneficios al conglomerado humano.

Muchas personas con buenas ideas y proyectos maravillosos que tomaron de la Inteligencia Universal que habita en el Cosmos, se quedaron en eso: ideas y proyectos nunca realizados. También, muchos amores dejaron de materializarse y tantas personas murieron sin saber todo lo que fueron amadas y reconocidas, dejando profundo sentimiento de culpa en los sobrevivientes, precisamente porque éstos nunca llegaron a dar el paso al acto para manifestarlo.

El paso al acto, cuando se trata de ser generosos, amables, consecuentes, amorosos, solidarios y buenos, es más que una obligación moral …ética. No podemos conformarnos con desear el bien, sino que debemos concretarlo. Asimismo, no basta con amar en silencio, se requiere manifestarlo y demostrarlo, mientras más veces mejor.

No ayudar a nuestros semejantes no debe ser una opción válida, porque no hacerlo es casi como dañarlos. No es suficiente la concepción negativa de no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan, sino que debemos hacer por los demás lo que queremos que hagan por nosotros. En este asunto es obligante dar el paso al acto. Ese fue el compromiso que nos dejó Jesús, con su ejemplo de inagotable amor.

Como los buenos sobre la tierra somos mayoría, en todo momento debemos estar dispuestos a dar el paso al acto cuando se trate actuaciones positivas, cuales deben orientarse y concretarse en el beneficio de los demás.

Es que, no hacerlo sería perderse una de las oportunidades más excelsas para sentirse bien y parecernos un poco a nuestro maravilloso Padre Celestial.

Por eso debemos recordar, que una idea, un proyecto, un compromiso o una buena intención, para que surtan el efecto beneficioso, tienen que ser actualizados y/o materializados, lo cual no es posible si no damos el paso al acto que fuere necesario.

Próxima Entrega: FORMACIÓN POSITIVA.

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