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Archive for the ‘AMAR A LAS PERSONAS’ Category

“TODOS SOMOS UNO EN SIMBIOSIS CON DIOS”

Playa-Ferrara-En-Torrox-Costa-Provincia-de-Malaga_7555Nuestra naturaleza gregaria nos hace conectarnos con la idea de compartir vivencias, experiencias y… ayuda mutua, como condición para lograr una vida plena, cual no es posible obtener aislados o en solitario. Por tanto, requerimos desarrollar la actitud de sentir a las personas e interesarnos por sus particulares situaciones.

Conectarnos con el alma del prójimo es imbuirnos de su situación, compartiendo sus penas y problemas; dando apoyo moral y físico, a fin de hacer menos pesada su carga, porque cualquier situación siempre es más llevadera entre dos o más. Somos un todo con Dios y con el resto de los demás seres humanos, por lo cual las experiencias de mi hermano, de alguna manera tocan mi bienestar.

Funcionamos como órganos de un mismo cuerpo; si alguno se afecta, influye en su integralidad funcional y resultado. Cuando disfrutamos el éxito de nuestros hermanos o nos solidarizamos con su dolor y abriendo el corazón ofrecemos la mano solidaria, estamos contribuyendo con nuestro propio bienestar. Es que es difícil ser felices en soledad y todos necesitamos de… todos.

Compartir es condición indispensable para lograr nuestra realización material y espiritual. Nuestros hermanos humanos son el mayor regalo de Dios, ya que sin ellos nuestra vida no tendría significado.

Por eso tenemos que amarlos, aceptarlos, entenderlos, edificarlos y convertirlos en parte de nuestra propia preocupación. Fue eso lo que quiso significar Jesús cuando enseñaba: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En esa sencilla expresión nos legó un compendio de amor, fe y esperanza en nuestros congéneres; pero también, por nuestra diversidad natural, nos dejó un compromiso: aceptar a nuestros semejantes como Dios los creó, porque al diseñarnos a su imagen y semejanza, nos hizo únicos y especiales.

Dios es amor, esencia, energía y poder juntos, más allá del tiempo y el espacio. Si reflexionamos sinceramente, entenderemos todo lo hermoso, amoroso, sensible y solidario que existe dentro de cada ser humano, siempre esperando que alguien toque la puerta y lo despierte, para saciar su sed de dar.

Tenemos necesidad de sentir que somos parte de un todo que es sinérgico, universal y poderoso; que no estamos aislados sino conectados, y que nuestros asuntos y los de las demás personas son de interés universal; que Dios nos puso sobre esta tierra para acompañarnos, amarnos, ayudarnos y jamás nos dejará solos. No asimilarlo y aprovecharse de ello, sería un desperdicio y una torpeza… imperdonables.

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“Lo importante no es cuánto se vive, sino cómo se vive.”

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Estoy convencido que la vida es algo más que respirar, comer y dormir; es como una bola de plastilina que se nos entrega al nacer, para que le demos la forma que deseemos. Pero, como únicamente nosotros tenemos acceso a nuestro ser interior, conforme a nuestra individual óptica propia y del entorno resultará mejor o peor.

Por otra parte, el privilegio de poder manejar nuestro estado de ánimo en el período de vida que nos pertenezca, posibilita manejar a nuestro antojo el factor tiempo, respecto de la intensidad de nuestros momentos felices. Así, podemos vivir situaciones por años sin experimentar plenitud, pero en otros casos o circunstancias, en un minuto vivimos un mundo de felicidad.

He presenciado tantas escenas edificantes y aleccionadoras, cuando los humanos somos capaces de ponernos por encima de nuestras miserias humanas y dejamos fluir esa espiritualidad que heredamos de Dios y que simplemente nos hace… maravillosos.

Hoy revisé las fotos de la boda de Katie Kirkpatrick, de 21 años con su novio Nick de 23, el 11 de Enero de 2005 en los Estados Unidos, cuales me arrancaron lágrimas, que no preciso si son de dolor, tristeza, felicidad o alegría.

En su boda Katie estaba espectac

ular con su traje blanco bellísimo que la hacía especialmente tierna y desbordando alegría, obsequiando a los p

resentes su mejor sonrisa, amor y dulzura, aunque ciertamente, se veía delgada… muy delgada, lo cual pareciera natural si consideramos que ella sufría de un cáncer terminal, que le hacía perder peso todos los días.

Su novio Nick, sus padres y los amigos presentes estaban emocionados, inundados de alegría, amor, belleza y… ternura. Al fin y al cabo, ella era la mujer que él había amado desde que era adolescente, y contraer matrimonio con ella no era sólo cumplir una promesa sino materializar un sueño, que se hacía realidad aunque solo fuera por poco tiempo.

En la fiesta, Katie reía a mandíbula batiente sentada en su silla de ruedas, escuchando a su flamante marido y sus amigos cantando para ella. A su lado, su fiel compañero de los últimos años, el tubo de oxígeno que le daba respiración artificial. De tiempo en tiempo, en medio de la fiesta, Katie se paraba pero tenía que sentarse a descansar, porque el dolor no le permitía estar muchos ocos minutos de pie, pero en ningún momento venció su sonrisa.

Katie sabía que le quedaban pocos días de vida -quizás horas- pero los vivió intensamente con ese maravilloso hombre que Dios había dispuesto para ella, quien había permanecido todo el tiempo a la cabecera de su cama y ahora cumplía su mayor sueño. Ella entendía que ese era su regalo de vida, que muchas personas aun con muy buena salud y muchos años por delante, teniendo la oportunidad de vivirlo todos los días, no tenían idea de su importancia y lo desperdiciaban.

Katie… murió 5 días después del casamiento.

¿A dónde iría Katie? No lo se, creo que sólo Dios lo sabe. Pero sí siento es que para quienes tuvimos la oportunidad de verla, aunque fuera en fotos, su carita de ángel, su voluntad venciendo su propio dolor, y su valor por encima de cualquier vaticinio, para disfrutar de una felicidad que le estaba robando a lo poco que le quedaba de vida, representa una valiosa lección que nunca deberíamos olvidar.

Katie nos dejó un mensaje imperecedero: La felicidad convive con nosotros, siempre esperándonos e independientemente de cual fuere nuestra situación; porque en el fondo, en lo más profundo de nuestro ser, lo importante es qué sentimos por la vida y por las demás personas. Pero también, que la felicidad no tiene tiempo definido y, por lo tanto, no se trata de cuanto se vive sino de cómo y por qué se vive.

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«LA FELICIDAD VIVE EN EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

CHICOS WILLIASM 23No es posible hablar de una fórmula para ser felices, pero menos establecer reglas generales en este asunto. Se trata más que de reglas, de condiciones para sentirse feliz.

La felicidad es individual porque es interna y surge de los eventos diarios, funcionando diferente para cada persona. Así, lo que para uno pudiera representar una situación de felicidad, para otro pudiera ser únicamente un momento agradable, pero no feliz.

Se trata de cómo nos sentimos en cada instante; de cómo percibimos las situaciones que pudieren afectarnos. Sin duda, la mayor fuente de felicidad es el amor; por el somos concebidos, nacemos y por el vivimos. Es un sentimiento maravilloso, que nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza, a tal grado que en pro del bien de otros, neutraliza nuestros más ancestrales e instintivos mecanismos de defensa.

Tenemos abundantes motivos diarios y muchas oportunidades para disfrutarlos; tantos, que casi todo acto o hecho es factible para ser felices; como por ejemplo, pertenecer a una familia que nos ama y escucha, cuando tanta gente vive sola y carece hasta de alguien con quien comentar sus buenos o malos momentos.

Mirar el brillante amanecer, percibir la quietud y frescura de la noche; escuchar el canto de los pájaros y la voz de las personas amadas; la fragancia de las flores y ese familiar olor de nuestra compañera de viaje largo; degustar los manjares que nos ofrece la naturaleza, mientras hay tanta personas impedidas de hacerlo y otras que ya nunca podrán experimentarlo, son motivos para ser felices.

Tener alguien que con amor, ternura y solidaridad comparte nuestra vida; concebir, procrear y disfrutar de un hijo; estudiar, culturizarse y crecer espiritualmente; lograr ingresos suficientes para una vida digna y satisfactoria; disponer de buena salud, actitud positiva y el convencimiento de la protección de Dios, son situaciones comunes, pero que podemos hacerlas extraordinarias fuentes de felicidad. La conciencia de que aun con nuestra casi absoluta vulnerabilidad frente a la naturaleza y el medio ambiente, siempre hay Ser Superior velando por nosotros, es nuestro mejor recurso para sentirnos felices.

No evaluar todas estas bendiciones que están a nuestro alcance con el menor esfuerzo, pensando que se requiere un evento extraordinario para se felices, sería un grave e irreparable error. Especialmente, porque esa riqueza de eventos y oportunidades que pueden darnos plenitud, corresponden a circunstancias y situaciones obvias de nuestra vida diaria, pero no a nada que pudiere considerarse extraordinario, especial o muy difícil de lograr, ya que corresponden al maravilloso mundo de las cosas sencillas, y se producen en cada minuto y a cada paso de nuestra vida diaria. Si actuamos con inteligencia, los convertimos en factores de felicidad; pero si no fuéremos cuidadosos y observadores, seguramente nos pasarán desapercibidos y se nos iría la vida esperando un evento especial, que quizás… nunca llegue

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YO (ANTIGUO LOOK), MATT Y JENNY CON SUS HIJOS RIVER, MARCHI STORY)

Hoy debo tratar sobre aquellos hombres que pierden la ruta de cómo hacer bien las cosas en el plano familiar. He tenido amigos financieramente exitosos, pero sentimental y familiarmente… fracasados; de sus experiencias aprendí, que ciertos errores  en el plano personal, difícilmente la vida los perdona.

En la combinación familia-profesión/trabajo, he visto los casos más tristes. No obstante que el modelo económico actual  propone como verdad que el  mayor éxito de un ser humano lo es en su profesión y caudal económico, para la familia donde se ama a esposo y padre  auténtico, lo más importante es la convivencia amorosa y solidaria.

Cuando una mujer escoge un hombre para constituir un hogar cálido, afectuoso, edificante y… permanente, esencialmente busca amor, compañía, lealtad y solidaridad. Es que, aun disfrutando la cónyuge de los éxitos profesionales de su pareja, no fue su intención la fama o las cifras de una cuenta bancaria, sino la de un marido; porque hoy las mujeres tienen las mismas oportunidades que cualquier hombre, sin requerir apoyos adicionales.

¿De qué sirve acrecentar la riqueza personal, si se sacrifica  la familia? Lo que  hace la familia especial para un hombre, es disfrutar a plenitud del amor de su esposa, compartiendo con ella esos inolvidables momentos, como ver dar los primeros pasos a los hijos, oír sus primeras palabras, disfrutar sus cumpleaños, asistir a sus presentaciones en la escuela  y observar su rendimiento,  sentarse en la cama con ellos cuando están enfermos. Pero esas son situaciones especiales y únicas que tienen su momento cumbre, cual si se pierde desventuradamente nunca volverán.

Envejecemos y con los años, el dedicar más tiempo a batallar por una vida que no entendemos en su verdadera magnos lleva a descuidar ese pequeño pero trascendental mundo de las cosas sencillas, que se desarrolla en el hogar y no en el trabajo o las reuniones de negocios,   perdiendo la bellezaz e intimidad de esa fuente  de paz y amor que se llama… hogar.

Para el cónyuge, la ternura, pasión, solidaridad, reconocimiento, comprensión y buena comunicación, no puede sustituirlas una cuenta bancaria, fama o poder. El amor físico-espiritual no conoce elementos tangibles, porque en lo interno donde vive, las cosas materiales no tienen trascendencia.

Para los hijos, que crecen, se van y constituyen sus propios hogares, en su recuerdo es más importante la asistencia de su padre a un acto cultural, que los caros regalos o las placas de reconocimiento de su padre. El mundo de los niños es tan reducido y vulnerable, que papá y mamá prácticamente lo son todo. Por eso, el único recuerdo de su hogar primigenio que perdura, es el de los buenos momentos con sus padres. No recuerdan los honores o éxitos económicos de éstos, sino esos momentos que  con ellos compartieron en la intimidad del hogar.

Es la tragedia de quienes no entienden estas verdades y dedican su vida a atesorar dinero, fama o poder, dejando en segundo lugar la familia, que al final, de la manera más triste, terminan su vida sin compensación afectiva, y en algunos casos, en la mayor desgracia de un ser humano: solos en su vejez.

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“LOS MOMENTOS FELICES NO PUEDEN ESPERAR”

En una sesión de asesoramiento, un empresario me manifestaba su preocupación porque los negocios estaban decayendo, las proyecciones económicas no eran buenas y vaticinaban una recesión. Cuando luego de emitirle mi criterio pregunté con interés por su familia, su respuesta fue realmente vaga y desinteresada; tal como si al formular esa pregunta, estuviera tratando algo de menor importancia. En ese momento recordé al rabino Harol Kushner, cuando escribió:

“¿De qué se trata la vida? No es acerca de escribir grandes libros, amasar una gran fortuna, alcanzar el poder; es acerca del amar y ser amado, es acerca de disfrutar la comida y sentarse al sol, en vez de almorzar corriendo y regresar apuradamente a la oficina. Es para saborear los momentos que no perduran, los atardeceres, las hojas que cambian de color en el otoño, los escasos momentos de comunicación real. Es acerca de saborearlos en vez de perderlos, porque estamos tan ocupados y no van a esperarnos hasta que tengamos tiempo para ellos.” (Citado por el Dr. Ron Jenson en su obra Viva la Vida no Sobreviva),

Ciertamente, a muchas personas se les escapa lo más bello del maravilloso hoy, pensando y preocupados por lo que pudiera suceder el día de mañana. En esa inquietud por asegurarse un futuro,  que es incierto e imprevisible, mediante la acumulación de riqueza y poder, descuidan las cosas bellas, sentidas, sencillas e inmediatas, cuales tienen a su alrededor y pudieran hacer su felicidad, cuales para disfrutarlas no requiere ninguno de esos dos factores.

Es que para amar y ser amados, para disfrutar de la familia, de la paz mágica del hogar que premia el esfuerzo razonable, se requiere equilibrar el tiempo y el esfuerzo. La actividad productiva moderada deja holgado espacio para el disfrute de la familia, trabajo, comunidad, entretenimiento, estudio y actividades complementarias; pero jerarquizadas.

La acumulación de riqueza y poder, deben ser secundarios, porque no son esenciales para la felicidad, y por tanto, no debe cambiarse lo seguro y permanente, por lo dudoso y de imposible aseguramiento.

Como lo parangonara Harold Kushner, las frescas mañanas, los bellos atardeceres, las gotas de rocío sobre las flores, la graciosa risa de los niños, el tierno beso de la esposa, el abrazo y la bendición del padre anciano, no van a estancarse ni pueden esperar hasta que tengamos tiempo para ellos; porque cada momento es único e irrepetible; pasa, se desvanece y pudiera ser que… no regrese.

Pienso que en abono a la no preocupación por eventos imposibles de predecir, fue que Jesús enseñaba a sus discípulos: “Cada día trae su afán…  basta a cada día su propio mal.”

Si damos prioridad, dedicación y entusiasmo a ese mundo maravilloso del amor y la familia, quedará el tiempo necesario para las demás actividades. Son las leyes de Dios que rigen nuestra vida; no todas están escritas pero se cumplen siempre, y de eso yo, con una vida activa y feliz por más de seis décadas, puedo dar fiel testimonio.

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«LAS ENFERMEDADES SE ORIGINAN POR CONFLICTOS DE APEGO Y CONFLICTOS DE   DESAMOR»

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El Dr. Hamer planteó el carácter bifásico de las enfermedades. Esto es que, en cuanto la persona resuelva el conflicto, en ese momento la solución ocurre, INICIÀNDOSE EL PROCESO DE CURACIÒN DE LA ENFERMEDAD. Vale decir, si a nivel síquico esa persona resuelve el conflicto, el cerebro da la orden de restitución del daño causado y comienza la fase de curación orgánica. Esto fue probado científicamente en el 100% de los casos, mediante los scanner cerebrales.

Igualmente determinó que agrupando todos los tipos de conflictos del mapa cerebral, nos encontraríamos con dos grandes tipos de conflictos en los que cae el ser humano: conflicto de apego y conflicto de desamor. Los demás son matices de ellos, dependiendo del matiz será el órgano que se vea afectado.

Así, por ejemplo, en el cáncer de mamas, determinó que en 100 de estos casos, todas las mujeres tenían un conflicto con el mismo colorido: Si son diestras y la mama es la izquierda sería un conflicto de madre-hijo; conflicto de separación de un hijo. Si la mama es la derecha sería un conflicto general y especialmente de pareja. Como en los casos de cáncer de mama, él desarrolló una tabla que determina la relación causa-efecto y abarca el 90% de las enfermedades.

Lo insólito, paradójicamente por normal, es que a nadie extrañe que los problemas gástricos, los infartos y dolores de cabeza, siempre se atribuyan a la consecuencia de situaciones estresantes, pero cuando se trata de enfermedades más graves, especialmente como el cáncer, a ningún médico se le ocurre pensar en lo psico-somático; esto es que, como en los casos referidos, pudieran derivar o ser producto de situaciones generadoras de estrés en el paciente, como problemas sentimentales, temor, pérdida de seres queridos, situaciones difíciles en el trabajo, desempleo o por dificultades en los estudios, por citar algunas fuentes de problemas personales.

Ciertamente, más allá de cualquier especulación científica o academicista, para quienes hemos sobrevivido enfermedades o hemos estado al lado de un ser querido, que ha logrado superar una enfermedad considerada grave no utilizando la medicina convencional para curarse, los descubrimientos del Dr. Hamer soportan por primera vez y desde el punto de vista científico, nuestro criterio empírico de que, en mucho, somos nosotros  mismos los causantes de nuestras propias enfermedades y no podemos echarle la culpa a nadie.

Sólo son excusas justificativas  cuando en presencia de una enfermedad, decimos que la naturaleza ha fallado en nosotros, la mala suerte o el castigo divino, y ahora voy al médico para que me cure haciendo abandono de nuestra propia responsabilidad. Si nosotros que somos entes físico-espirituales, no somos capaces de resolver nuestros problemas internos, no podemos esperar que los resuelva un médico que actúa en forma externa; al menos no a uno a quien únicamente le preocupa nuestra parte física.

Para finalizar, les dejo como tema de reflexión las palabras del Dr. Fermín Moriano, en una conferencia en España en 1995: “El conflicto hay que resolverlo emocionalmente. La cuestión no es administrar fármacos…Lo que la naturaleza te está tratando de decir es que aquí estás viviendo una situación que no te conviene, o dejas de vivirla o te separas de ella.”

Inormación Adicional Sobre El Tema:

http://www.sunoven.de/medicina-sagrada3.html;    http://free-news.org/hamer08.html

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                                    “SI SABES APROVECHAR EL MOMENTO, NO IMPORTA QUE NO REGRESE”

EL VIENTO

La risa cantarina de una de  mi última nieta interrumpió mis cavilaciones y me regresó a este mundo real, que tantas cosas bellas me ha regalado.

¿En qué tiempo sucedieron tantas cosas?

¿Si parece que fue ayer que nacieron mi hijos Eduardo y Jenny, que de uniforme iban a la escuelita de niños, y de pronto, el uno cumple cuarenta años y la otra recibe del Decano de su Facultad el Título de Abogado?

¿Si aun siento en mi cara con dulzura la brisa mañanera del parque, mientras perseguía a Ginita, con su monito rojo y su carita de yo no fui, y en un tiempo que pasó como una exhalación, confundida dulzura y temor presencié su… matrimonio?

¿Si todavía percibo las lágrimas de emoción sobre mi pecho, de Wendy la más pequeña de mis niñas, cuando se casó, pero ya transcurrieron diez años y llegaron dos bellas niñas que parecen sacadas de un cuento de hadas?

¿Si el temor de no conocer el futuro de Johnny a los diciocho años, cuando se mudó para Chicago ,aun presiona mi garganta, pero ya tiene treinta y cuatro años y… dos hijos?

¿Cómo fue que transcurrieron tantos años y llegaron mis diez bellísimos nietos, casi sin percatarme de ello?

¿Cómo fue que el bullicio de la vieja casa familiar, el olor a parrilla de los sábados alrededor de la piscina, y la música de noches casi interminables, dejó paso al cálido pero a veces triste recuerdo de días que no fueron ni mejores ni peores, pero sí… diferentes?

Es el tiempo, que como el agua y la voz de las quebradas pasa, acaricia tus manos y tus oídos, pero se va y… no regresa nunca más.

Es la plegaria de la caída de las hojas y los pétalos de las rosas, que entregan a la tierra su vida para dar… nueva vida. Si sabes disfrutarlos, si entiendes su temporalidad como un atributo, entonces no importa que pasen y no regresen, porque se quedan por siempre en tu alma, donde nunca envejecerán.

Si has sabido entender que todo tiene su tiempo para vivirlo, y que eres únicamente tú y nadie más, quien puede hacer el recuerdo alegre, entonces no importa cuándo ni cómo transcurrió, porque lo viviste y eso nadie te lo puede quitar.

Rememoro por acertada la sentencia de Dale Carnegie: «Nunca más pasaré por este camino…» porque me hace recordar que debo amar y dusfrutar a la gente y a las cosas con fruición en todo momento, pero además decirlo porque pudiera ser que…  nunca más  volviera a pasar por este camino.

Y aquí, a mi lado  tierna, serena y feliz; como si no hubieran pasado los años, mi compañera de viaje largo, mi socia de la vida, siempre joven y bella; ayudándome a sentir cuánto hemos vivido y recibido de Dios;  haciéndome  apreciar que en todo tiempo la vida es bella, porque todas sus etapas son una oportunidad para… ser felices.

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“SOMOS CUANTO SENTIMOS Y ESO NOS HACE LIBRES”

Todos teIDnemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen, a mí, a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos. Para lograrlo, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus errores o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

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«DISFRUTO IGUAL DEL VUELO DEL AGUILA QUE DEL DE LA MARIPOSA»

1465_2004-1851sBoulder, Colorado, una linda mañana de primavera. Camino por las calles sin conocer personalmente a nadie, pero todas las caras me son familiares: hombres, mujeres, niños; unos jóvenes, otros menos jóvenes y otros… mayores; rubios, blancos, afroamericanos, latinos, pero todos en lo mismo; viviendo… tratando de vivir lo mejor posible.

Es la misma gente y el mismo mundo. Es mi mundo y son mi familia humana. Sonrisas, ansiedad, alegría, tristeza, sueños, ambición, decepción; unos apurados, otros caminando lentamente; pero todos procurando encontrar alguien con quien hablar, con quien compartir, con quien huir de esa horrible soledad, que una sociedad sorprendida ante sus propios retos, incapaz de reaccionar positivamente ante el futuro, atemorizada de ella misma, nos ha ido creando progresivamente.

En mi lucha contra esa tendencia a considerarnos extraños por ser de diferente nacionalidad, origen o raza, aún siendo hermanos en Dios, sonrío a unos y otros, mientras siento el frío de la mañana, pero también la calidez de las miradas y signos positivos de respuesta de esas personas que no conozco ni sé quienes son, pero que como yo sienten que somos diversos, diferentes, pero… familia.

Padre Celestial, gracias… muchas gracias por haberme permitido vivir estos años; por todo lo que he conocido, por regalarme mi familia humana que tanto amo. Gracias por enseñarme a sonreír y a sentir amor por mis semejantes. Gracias por permitirme disfrutar igual del vuelo presuntuoso del águila como del parsimonioso paso de una mariquita sobre el marco de mi puerta.

Padre amado, gracias… mil gracias por haberme enseñado a disfrutar de este maravilloso mundo de las cosas sencillas, que llena mis días y mis noches; por el canto de los pájaros, el murmullo de las quebradas, la sonrisa de los niños, la belleza de las flores, la música de las campanas, el vuelo silencioso de las hojas al caer para dar nueva vida a… la vida y el inigualable sonido de la palabra amor, porque eso hace mi felicidad.

Padre… de alguna manera, no importa como, donde ni de que forma, ayúdame a llevar mi sonrisa, mi palabra, mi mano amiga y mi corazón abierto, a tantos hermanos solos y tristes quienes no han entendido que tú estás aquí, con nosotros, en la tierra, en el agua, en el aire, en cada cosa o movimiento; que no requerimos nada extraordinario para ser felices, porque todo es bello, maravilloso, único; porque todo tiene una razón y un propósito; porque es tu obra que nos obsequias todos los días, sin considerar si lo merecemos o no y con la única intención de que seamos felices.

Y esta noche Padre, cuando las estrellas guiñen sus ojos al mundo y yo cierre los míos, déjame considerar que hice algo por alguien, porque así sentiré que soy digno de llamarme… tu hijo.

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“MI ACTUACIÒN CON MIS HERMANOS ES MI PASAPORTE AL PADRE”

stana080101373Una frase de  Napoleón Hill, escrita hace màs de cincuenta años, me ha creado una profunda reflexiòn: «En última instancia nada importa.»

En verdad, cuando comparamos nuestra vida física y su incidencia en el Universo en tiempo y espacio, tenemos que aceptar que esa frase es absolutamente apropiada.

Pero… para un ser humano normal ¿Qué es lo que importa realmente y… en qué tiempo?

La respuesta tendría que ver con la forma de pensar y la ideología de quien la responda; pero, al menos en mi caso, que vivo por períodos de veinticuatro horas y no por meses ni años como las personas normales… importa cada segundo de este momento.

Importa que respiro, que amo, que siento el viento, el sol, el frío de la noche sobre mi cara y escucho las hermosas notas del sentimiento, cuando alguien me dice: te amo.

Importa que puedo tomar la mano de mis semejantes y trasmitirles un poco de esa extraordinaria convicción que me brinda paz y me hace tan feliz: mi fe en Dios, que conforma mi esperanza de que no hay catástrofe, por terrible que fuere, que me pueda destruirme integralmente; que aquí no termina todo, sino que de alguna manera, es un comienzo de muchos comienzos en mi viaje de ascenso espiritual.

Importa que puedo transmitir amor, bondad, solidaridad, sensibilidad, caridad, paz espiritual; y especialmente, que todos los días tengo la oportunidad de ser útil y… jamás la desaprovecho.

Importa mi certeza de que no soy un accidente de la naturaleza, sino una hechura especial de Dios que me da la fuerza para superar cualquier escollo, hasta cumplir la meta que dentro de su plan divino, Él me tiene impuesta.

Importa que se que nunca moriré en lo esencial, porque mi alma es eterna y está antes y después de toda circunstancia o cosa material, incluida esta vida física; que será conforme a mi comportamiento y mi actuación con mis hermanos humanos, mi pasaporte para llegar al Padre.

Por eso, de todo lo que pudiera afectarme negativa y físicamente, independientemente de la entidad o de su fatalidad: en última instancia, nada importa.

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