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Archive for the ‘AGRADECER A DIOS’ Category

«DISFRUTO IGUAL DEL VUELO DEL AGUILA QUE DEL DE LA MARIPOSA»

1465_2004-1851sBoulder, Colorado, una linda mañana de primavera. Camino por las calles sin conocer personalmente a nadie, pero todas las caras me son familiares: hombres, mujeres, niños; unos jóvenes, otros menos jóvenes y otros… mayores; rubios, blancos, afroamericanos, latinos, pero todos en lo mismo; viviendo… tratando de vivir lo mejor posible.

Es la misma gente y el mismo mundo. Es mi mundo y son mi familia humana. Sonrisas, ansiedad, alegría, tristeza, sueños, ambición, decepción; unos apurados, otros caminando lentamente; pero todos procurando encontrar alguien con quien hablar, con quien compartir, con quien huir de esa horrible soledad, que una sociedad sorprendida ante sus propios retos, incapaz de reaccionar positivamente ante el futuro, atemorizada de ella misma, nos ha ido creando progresivamente.

En mi lucha contra esa tendencia a considerarnos extraños por ser de diferente nacionalidad, origen o raza, aún siendo hermanos en Dios, sonrío a unos y otros, mientras siento el frío de la mañana, pero también la calidez de las miradas y signos positivos de respuesta de esas personas que no conozco ni sé quienes son, pero que como yo sienten que somos diversos, diferentes, pero… familia.

Padre Celestial, gracias… muchas gracias por haberme permitido vivir estos años; por todo lo que he conocido, por regalarme mi familia humana que tanto amo. Gracias por enseñarme a sonreír y a sentir amor por mis semejantes. Gracias por permitirme disfrutar igual del vuelo presuntuoso del águila como del parsimonioso paso de una mariquita sobre el marco de mi puerta.

Padre amado, gracias… mil gracias por haberme enseñado a disfrutar de este maravilloso mundo de las cosas sencillas, que llena mis días y mis noches; por el canto de los pájaros, el murmullo de las quebradas, la sonrisa de los niños, la belleza de las flores, la música de las campanas, el vuelo silencioso de las hojas al caer para dar nueva vida a… la vida y el inigualable sonido de la palabra amor, porque eso hace mi felicidad.

Padre… de alguna manera, no importa como, donde ni de que forma, ayúdame a llevar mi sonrisa, mi palabra, mi mano amiga y mi corazón abierto, a tantos hermanos solos y tristes quienes no han entendido que tú estás aquí, con nosotros, en la tierra, en el agua, en el aire, en cada cosa o movimiento; que no requerimos nada extraordinario para ser felices, porque todo es bello, maravilloso, único; porque todo tiene una razón y un propósito; porque es tu obra que nos obsequias todos los días, sin considerar si lo merecemos o no y con la única intención de que seamos felices.

Y esta noche Padre, cuando las estrellas guiñen sus ojos al mundo y yo cierre los míos, déjame considerar que hice algo por alguien, porque así sentiré que soy digno de llamarme… tu hijo.

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“MI ACTUACIÒN CON MIS HERMANOS ES MI PASAPORTE AL PADRE”

stana080101373Una frase de  Napoleón Hill, escrita hace màs de cincuenta años, me ha creado una profunda reflexiòn: «En última instancia nada importa.»

En verdad, cuando comparamos nuestra vida física y su incidencia en el Universo en tiempo y espacio, tenemos que aceptar que esa frase es absolutamente apropiada.

Pero… para un ser humano normal ¿Qué es lo que importa realmente y… en qué tiempo?

La respuesta tendría que ver con la forma de pensar y la ideología de quien la responda; pero, al menos en mi caso, que vivo por períodos de veinticuatro horas y no por meses ni años como las personas normales… importa cada segundo de este momento.

Importa que respiro, que amo, que siento el viento, el sol, el frío de la noche sobre mi cara y escucho las hermosas notas del sentimiento, cuando alguien me dice: te amo.

Importa que puedo tomar la mano de mis semejantes y trasmitirles un poco de esa extraordinaria convicción que me brinda paz y me hace tan feliz: mi fe en Dios, que conforma mi esperanza de que no hay catástrofe, por terrible que fuere, que me pueda destruirme integralmente; que aquí no termina todo, sino que de alguna manera, es un comienzo de muchos comienzos en mi viaje de ascenso espiritual.

Importa que puedo transmitir amor, bondad, solidaridad, sensibilidad, caridad, paz espiritual; y especialmente, que todos los días tengo la oportunidad de ser útil y… jamás la desaprovecho.

Importa mi certeza de que no soy un accidente de la naturaleza, sino una hechura especial de Dios que me da la fuerza para superar cualquier escollo, hasta cumplir la meta que dentro de su plan divino, Él me tiene impuesta.

Importa que se que nunca moriré en lo esencial, porque mi alma es eterna y está antes y después de toda circunstancia o cosa material, incluida esta vida física; que será conforme a mi comportamiento y mi actuación con mis hermanos humanos, mi pasaporte para llegar al Padre.

Por eso, de todo lo que pudiera afectarme negativa y físicamente, independientemente de la entidad o de su fatalidad: en última instancia, nada importa.

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«EL AMOR  FISICO-ESPIRITUAL SOLO SE MANTIENE ENTRE SERES  VIVOS»

Para stn_lirio018_jpgatisfacer una lectora viuda, quien se siente atraída por un caballero y está perturbada con sentimientos de culpa, debido a sus convicciones religiosas y por el equivocado criterio de que sus hijos pudieran no entender su amor por alguien diferente a su padre fallecido, debo tocar el tema de la viudez, para algunas personas, especialmente sensible.

En principio, independiente de la religión o credo, el amor y el amar no tienen nada que ver con la muerte, sino con la vida. Jesús solía comentar: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos… mi padre es un Dios de vida, no de muerte.»

De otra parte, los hijos harán su propia vida y nada podrán hacer para llenar algunos vacíos que dejó el fallecido en el cónyuge supérstite, por tanto no son una justificación válida para evitar una nueva relación amorosa.

Por nuestra naturaleza físico-espiritual, el amor de pareja sólo puede mantenerse entre personas vivas, por lo cual para materializarse requiere indispensablemente tal condición en ambos. Consecuencialmente, la muerte desconecta la simbiosis físico-espiritual y desaparece el vínculo.

Más allá del consecuente dolor de perder al ser amado, se trata de una situación fáctica que debe ser aceptada, asumida y puesta bajo control, de tal modo que no afecte de forma perniciosa a quien continúa con vida.

El superviviente debe tratar el evento como algo a lo cual todos estamos expuestos, siendo que sólo le quedan dos opciones: la primera, tomarlo positivamente, como una oportunidad para una nueva etapa de su vida, abriendo su corazón y mente a las múltiples oportunidades de amar y ser amado que se le continúa ofreciendo; la segunda, embarcarse en ese mundo gris de nostalgia y melancolía, que distorsiona la realidad, aferrándose a una ficción de lo que pudo haber sido, que le aleja del mundo donde vive, que por ser real debe enfrentar todos los días… sola

Quienes toman la primera opción suelen ser personas agradables, alegres y optimistas; quizás, porque en su ser íntimo, anida el convencimiento de que amaron intensamente, con fidelidad y lealtad; y son capaces de amar de la misma forma nuevamente y… por siempre.

Aquellas personas que acogen la segunda opción, se dedican a visitar el cementerio, repetir las anécdotas mejoradas de lo que nunca fue, comparar eventos y actuaciones que únicamente existen en su mente; suelen aparentar más años de los que tienen, se sienten afectadas y en pecado con cualquier lisonja o intento de seducción, en vez de abrir su corazón y su alma a ese mundo bello y lleno de oportunidades de todos los días, y por supuesto, consumen sus años en ese mundo nebuloso de recuerdos fabricados, siendo que, casi siempre terminan aferradas a sus recuerdos pero… inmensamente solas.

Dios es dueño de vida y muerte, por tanto decide quien vive y quien no. Dejemos que Él haga su papel y nosotros el nuestro, cual no es otro que agradecer esta maravillosa vida y tratar de ser, dentro de lo posible…. muy felices.

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«TU Y YO SOMOS LAS ALAS Y NUESTRO AMOR EL VIENTO QUE NOS LLEVA»

burbuja-5Una de mis amigas lectoras me envió un mensaje con fotografías de una joven pareja y sus niños paseando por la calle, en un parque y luego en el supermercado; todos sinceramente… bellos, haciendo un conjunto que me enterneció y arrancó lágrimas de ternura, amor y agradecimiento a Dios, por regalarnos seres humanos tan elevados, que aún en presencia de las mayores adversidades, son ejemplo para recordarnos todo lo mucho que Dios nos ha dado.

El esposo era todo ternura con su esposa. En la primera fotografía, en el hospital, ella abrazaba a su recién nacido y se notaba la enorme cicatriz de la cesárea. En la segunda, ella besaba a sus chicos y ellos le respondían con ternura inocultable. En la tercera fotografía, en la calle, mientras los dos niños caminaban entusiasmados delante, él la llevaba tiernamente de la punta de sus dedos de la mano. En la cuarta fotografía, en el parque, el esposo la cargaba sobre su espalda mientras ella abrazaba su cuello y la familia entera celebraba como si se tratara de una broma.

La última fotografía, para mí la más tierna, fue tomada en el momento de hacer las compras en el supermercado. El esposo con una mano tiraba del carrito de mercado, sobre el cual había subido al niño más pequeño y con la otra mano, sonriente tiraba de la patineta sobre la cual su feliz esposa deslizaba su medio cuerpo, porque ella… no tenía piernas.

Tanto amor, tanta comprensión, tanta nobleza, tanta solidaridad, tanta alegría que no resignación, tanto agradecimiento al altísimo por disponer de una vida para dar y una persona a quien amar, que exhumaba aquel extraordinario y guapo joven esposo, contagiando a aquellos dos bellos niños, amalgamaban elementos fundamentales para constituirse en el cuadro más edificante y la más hermosa oración silente a Dios, que jamás haya presenciado.

Considero un privilegio recibir esos mensajes, señales y guiños de Dios, que nos recuerdan cuanto hemos recibido de la vida, porque fortalecen nuestra convicción que, únicamente disponer de esta existencia es ya una gran bendición; pero para quienes tenemos un cuerpo sano y una mente alerta, es un tesoro incuantificable que estamos obligados a disfrutar y agradecer todos los días.

Porque si una mujer que nació sin las dos piernas, mantiene su autoestima en alto, conforma una familia, logra amar y ser amada, haciendo felices a su esposo e hijos, quienes la miman y tratan con inocultable felicidad; si un hombre, joven, guapo y sano disfruta de ellos con el amor más tierno, es la ratificación de que en el alma de todo ser humano, anida ese pedacito de Dios, cuya herencia divina, de acuerdo a las circunstancias, le pone por encima de cualquier situación por adversa que fuere, y eleva su espíritu que es amor sobre su materialidad, para, como en este caso sembrar en nuestra alma fuertes semillas de… esperanza.

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FAMILIAS
No obstante que un buen número de personas, en principio se aferran a modelos y etiquetas que proponen como panacea la riqueza, la fama, el poder, y como consecuencia lógica les orientan, a como de lugar y sin importar a quien se lleven por delante, al logro de tales fines, dejando en segundo o tercer lugar sentimientos e instituciones fundamentales, en lo profundo de su alma subyace el sentimiento de que hay otro norte, mucho más sólido, seguro, reconfortante, verdadero y permanente, que trasciende inclusive más allá de nuestra vida física: La familia.

Es que la historia del mundo está colmada de ejemplos de personas ricas, famosas y poderosas que nunca pudieron conformar una familia feliz, ni alcanzar su felicidad. En algunos casos, con toda su riqueza y poder no pudieron evitar la destrucción del núcleo familiar, la drogadicción, el alcoholismo, e inclusive, el suicidio de algunos de sus miembros, y al final, como alguien lo escribiera «fueron tan pobres que solo tuvieron dinero, por lo cual murieron sentimentalmente solas y decepcionadas, aunque sí rodeadas de quienes esperaban ansiosos su fallecimiento para disfrutar de esas riquezas, que fueron acumuladas a costa de sus mejores años, con la equivocada convicción que por sí mismas podían hacerlos felices.

Será por eso que cuando logramos bajar los mecanismos de defensa que esta sociedad a todos nos crea, en su gran mayoría e independiente de su posición social o económica, las personas coinciden en manifestar que, por encima y con prioridad a todo, su mayor ambición es hacer una familia amorosa, solidaria y permanente.

Hoy más que nunca, cuando el temor, la insensibilidad, incomprensión, desconfianza y falta de solidaridad humana parecen globalizarse; cuando los principios tradicionales y valores humanos andan de cabeza, la más sana ambición de cualquier ser pensante debería ser crear y desarrollar una familia permanente y feliz, cual más allá de fuente de amor real, verdadero, tierno, constante y solidario, se convierta en refugio físico y espiritual seguro, donde cargar las baterías para enfrentar esa lucha diaria por una vida mejor, que como hijos de Dios todos aspiramos y merecemos.

Si queremos sobrevivir a esa perturbación y estrés casi permanentes, característicos de estos tiempos, para vivir una vida armónica, con paz y felicidad, no debemos olvidar que no pueden el dinero, la riqueza o ningún tipo de poder, producir o suplir el amor desinteresado e incondicional, que surge del alma de esa persona que nos escoge dentro de todos los demás habitantes del mundo para hacer pareja, ni la de ese regalo que Dios nos envía para hacer más bella nuestra existencia: nuestros hijos.

Es en la familia amorosa y bien avenida, donde podemos encontrar nuestro mayor solaz, pero también donde se forman los reemplazos que mantendrán nuestra especie sobre esta tierra; y que, si hemos sabido sembrar en ellos ese amor tierno, sincero y verdadero, ellos lo extenderán más allá de esta vida física y… se mantendrá por siempre sobre esta madre tierra.

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«SI LA MUERTE NO TIENE SOLUCIÓN, PREOCUPARSE POR ELLA ES INÚTIL»

hombre-de-espaldas_21255Pudiera ser que el temor a la muerte, sea el sentimiento más arraigado en la mayoría de los seres humanos; en principio como mecanismo de defensa frente al peligro, dentro de los márgenes de racionalidad es conveniente, pero sin análisis sincero sobre su naturaleza, puede llegar a convertirse en factor perturbador de nuestra felicidad.

Sabemos que el temor, que es una creación mental maligna que distorsiona la realidad, pero en el caso de la muerte su efecto es exacerbado. Frente a este sentimiento, hoy en el límite del paroxismo a nivel mundial, se hace necesario analizarlo, no desde el punto de vista científico o esotérico, sino en lo fáctico, cual es como decir, el tratamiento que debe dársele en la vivencia diaria.

El primer paso es asumir, que comenzamos a morir en el mismo momento en que nacemos. Por tanto, cada segundo de vida que transcurre, nos acerca más hacia el día que la perderemos, que venturosamente, no conocemos.

En segundo lugar, considerar que si es un evento que no tiene solución ni podemos evitar, preocuparse por él es una real pérdida de tiempo, que en nada ayuda, sino que puede aumentar el problema.

Luego de aceptado que inevitablemente llegará ese momento sin conocer cuando, lo inteligente es tratar de vivir lo más felizmente posible, ese período durante el cual estamos vivos.

Nuestro mayor tesoro es la vida, porque sin ella ninguna cosa podemos disfrutar ni puede servirnos de nada. La consecuencia lógica es que tenemos que disfrutarlas intensamente, porque no sabemos hasta cuando estarán a nuestro alcance; y como son tantas y diversas, en ello debemos afincar nuestra actividad e intelecto, en vez de desperdiciarlos pensando en algo que no tiene solución ni sabemos cuando llega.

Es ilógico que teniendo a nuestro lado esa bella pareja que amamos, maravillosos hijos, reconfortantes amigos; actividades de estudio, trabajo y recreación; y un paisaje natural increíblemente diverso y bello, permitamos que ese deleite nos lo robe un temor injustificado, cual no aporta ninguna solución al asunto.

El temor a la muerte, de la cual nadie tiene experiencia real que contar, pero que pareciera el que la sufre no se entera cuando sucede, es la rémora que puede disminuir el disfrute inigualable y diverso que nos ofrece la vida, de la cual sí que estamos conscientes las veinticuatro horas del día.

El Rey Salomón, hasta hoy y por milenios reputado como sabio, opinaba que debíamos disfrutar intensamente de todo lo que disponíamos, porque según sus propias palabras, «… es nuestro pago en esta vida.»

Guardando las lógicas distancias, yo comparto ese criterio. Por tanto disfruto con fruición de las cosas en cada segundo de mi vida, como si fuera el último, sin preocuparme de cosas que no me aportan nada positivo.

A usted le toca escoger: ¿Felicidad o Sufrimiento? Es su decisión y, es… muy personal.

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«LOS VACIOS VIVENCIALES SON ESPIRITUALES, NO FÌSICOS»

ks95627 Hoy comentaré sobre una preocupación que en los habitantes de este mundo contemporáneo, independiente del pensamiento filosófico o religioso individual, es casi colectiva y que normalmente me manifiestan los visitantes de esta página web. Se trata de cómo experimentar a Dios.

Tal aprensión procede del hecho fáctico de que, las personas presienten que no obstante la entidad y magnitud de los éxitos materiales alcanzados, ninguno es suficiente para llenar todos sus vacíos existenciales; cuales algunos traspasan lo material, proyectando una sensación de que superan la vivencia física diaria y por tanto no pueden ser satisfechos en el ámbito físico, pero que tampoco se percibe como encontrar la solución.

Es una especie de reclamo de equilibrio entre lo material y lo metafísico, para aceptar que Dios está a nuestro alcance y en todas partes; que no se trata de una circunstancia eventual o aislada, sino que su presencia invade todo y colma integralmente nuestra vida, suministrándonos el único remedio para esas carencias indeterminables: la tranquilidad espiritual.

Al menos en mi caso, para no correr esos riesgos de expectación perturbadora, percibo a Dios en todo lo que hago: en el sol, en el viento, en los árboles y en las maravillosas creaciones de los hombres; lo oigo en la risa de los niños, en el ruido de las fuentes, en el ruido silencioso del caer de las hojas; y en la palabra… amor.

Vivo con Él las horas de estudio, de trabajo, de entretenimiento; y especialmente cuando duermo, porque es cuando doy rienda suelta a mi mente, sin ninguna atadura o factor perturbador, para juntos en mi alma y espíritu, en la mayor intimidad encontrarme con Él, y en ese mundo nebuloso de creatividad sin límites, confiarle mis sueños y ambiciones, agradeciendo todo lo mucho que me ha otorgado en esta vida.

Por esas, mis propias experiencias vividas, aseguro que no es difícil experimentar a Dios, porque todo se reduce a una actitud y toma de decisión personal e individual: sentirlo inmediato y como parte de nosotros mismos, en vez de imaginarlo mediato o probable de alcanzar.

No obstante que es sano imaginar la existencia de Dios, lo fundamental es sentirlo con nosotros a toda hora, en todo lo que hacemos, en todo lo que oímos y vemos, porque eso aporta a nuestra mayor felicidad posible.

Así que, la solución a la preocupación planteada es muy simple: sentir a Dios para experimentar su presencia, como una fuerza extraordinaria, pero protectora y beneficiosa, que no sólo nos acompaña en el camino de esta vida, sino que permanentemente vela por nosotros.

º

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«QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA,  SOLO DIOS BASTA.»

pareja-con-globos_21316Muchas de las consultas que recibimos, independiente de la situación planteada, se originan en ese fenómeno humano, pero superable, que es el temor.

Crecemos y nos formamos en una sociedad afectada por el temor. Frente a las opciones de confianza y fe o el temor, algunos optan por el último  que afecta gravemente su hoy y sus expectativas de futuro, restando posibilidades a su felicidad.

El temor es una operación mental que distorsiona la realidad, magnificando  las posibles consecuencias de lo temido.

Especialmente hoy, gracias a la globalización de las comunicaciones, la crisis financiera surte efectos psicológicos devastadores no solamente en quienes tienen sus fortunas en riesgo, sino también en quienes tienen menos que perder.

Frente a tal adversidad, debemos echar mano de nuestras reservas espirituales y convencernos de que, independiente de la magnitud de los eventos, tenemos capacidad para superarlos, porque como hijos de Dios disponemos de parte de su poder, precisamente para utilizarlo en estos casos.

Es posible que resultemos personalmente afectados, porque como parte de nuestra vida, siempre hemos enfrentado problemas de diferente índole, pero los hemos superado y de ellos hemos derivado experiencias capitalizables para vivir mejor.

En los años vividos, siempre hemos localizado el sustento para nosotros y nuestras familias; en mayor o menor grado, pero lo hemos conseguido. Nuestros niños han continuado creciendo, asistiendo a la escuela, y nosotros viviendo este maravilloso mundo de las cosas sencillas que Dios nos dio como heredad, donde hemos aprendido que la felicidad depende de nuestra personal circunstancia.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar?  Bajar nuestros ingresos y moderar el consumo; disminuir la recreación y rebajar la actividad social. Pero seguiremos viviendo y cada día traerá una nueva oportunidad.

El aire, el agua, el sol, la tierra y con ellos los alimentos que necesitamos para subsistir y el… amor seguirán aquí, porque poco tienen que ver con la cosa financiera.

¿Qué puede complicarse satisfacer nuestras necesidades básicas? Es previsible que así sea, pero será un reto más y lo superaremos; siempre hemos salido adelante con fe, optimismo, diligencia y confianza. Se trata de asuntos por resolver,  y como en casos anteriores, los resolveremos.

¿Aporta alguna solución atemorizarse? No. Lo único inteligente que podemos hacer es asumir la situación, analizarla, procesarla y hacer todo lo que esté en nuestras manos para reducir su dificultad.

Tenemos que convencernos que no estamos solos con nuestros problemas. Dios está aquí para ayudarnos, si tenemos fe y somos diligentes. Es todo lo que requerimos y no es tan difícil. No ayuda la perturbación ni el temor. Debemos recordar que: «…quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta.»

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«EL OPTIMISMO ES EL MEJOR ESCUDO FRENTE AL TEMOR Y PESIMISMO.»

00674811Una lectora me solicitó una fórmula o consejo frente a su progresivo estado angustioso debido a la crisis económica, que según sus palabras «…se avecina en el futuro inmediato»

No creo en fórmulas mágicas, sino en los logros de nuestro esfuerzo personal. No obstante, debo comentar que en las últimos cincuenta años, he presenciado unas cuantas crisis económicas, incluida la producida por la hiperinflación de Bolivia en los primeros años ochenta, superior al diez mil por ciento anual: pero todas, sin excepción, fueron superadas.

Estoy convencido de que el optimismo, cuyo significado real es «lo mejor», pudiera ser, si no una fórmula mágica, por lo menos el más eficiente recurso frente a la angustia y estrés que producen estos presagios negativos, cuales el temor distorsiona en su verdadera realidad.

El optimismo es hermano gemelo del pensamiento positivo y permite avizorar el lado positivo de las cosas, al representar en si mismo, un valor que tiene la virtud de mostrarnos la parte beneficiosa de los acontecimientos y nos fortalece frente a esos presagios de mal agüero producto del pesimismo, que nos lleva a presentir el lado negativo de las cosas, sembrándonos temor por lo que podría suceder, afectando de tal manera no solamente la tranquilidad espiritual y salud mental, sino también la física.

El pensamiento y actuación optimista abona la previsión razonable, mientras se espera con tranquilidad la llegada de los acontecimientos. El optimista, aunque conoce que no puede modificar el futuro, sí confía en que todo evento en esta vida tiene una parte positiva. Asimismo, se asegura que, en cualquier caso, encontrará la mejor solución. De hecho sabe que, en la mayoría de los casos, es peor el miedo al suceso que el suceso mismo, y por eso espera los acontecimientos, evitando cualquier pensamiento o aprensión que pudiere restarle eficiencia para resolverlos.

El pensamiento optimista es un escudo frente a ese enemigo invisible, pero presente en nuestra mente que es el temor, al fundamentarse en el pensamiento filosófico de que, si bien es cierto que no nos es dado conocer el futuro, pero sí sabemos que Dios está con nosotros y Él gobierna el universo, podemos confiar en que con su ayuda, siempre encontraremos las mejores soluciones.

Como no hay nada nuevo bajo el sol, a través de la historia, en toda crisis, los que temen, o se desmejoran o perecen; los que no se atemorizan y enfrentan con optimismo las situaciones, o mejoran o sobreviven… pero nunca perecen.

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«UN CUERPO SANO, ALMA SOSEGADA Y ESPÌRITU TRANQUILO ASEGURAN LA FELICIDAD»

yun_306Comparto el criterio de que como seres humanos, integralmente representamos un triángulo determinado por los lados cuerpo, alma y espíritu: el primero que tiene que ver con lo tangible; la segunda, que nos permite experimentar sentimientos; y el tercero, que representa el contacto con lo sobrenatural, especialmente nuestra relación con Dios.

El funcionamiento armónico y oportuno de esos tres elementos vivenciales, es fundamental en el individuo para el logro de la felicidad personal.

Un cuerpo sano, permite disfrutar mejor de toda experiencia de carácter físico; como la visión y audición del mundo exterior, alimentación, trabajo, estudio, descanso, distracción, recreo y sexo.

Un alma sosegada y pacífica, nos brinda experimentar las sensaciones más sublimes; especialmente el amor, la amistad, sensibilidad y solidaridad humanas.

Un espíritu tranquilo, nos facilita ese indispensable pero encantador contacto permanente con nuestro Padre Celestial, sin el cual somos vulnerables e indefensos.

Mantener el cuerpo sano, el alma sosegada y el espíritu tranquilo, no es algo que sea difícil, porque nuestra tendencia natural es a procurarnos buena salud; nuestro apetito de buenas sensaciones es casi ilimitado; y nuestro espíritu está siempre ávido de la bondad, la solidaridad, la caridad y el amor que devienen de nuestra herencia divina.

No obstante, mantener funcionado en forma óptima ese triángulo vital, especialmente lo que tiene que ver con el cuerpo y el alma, para su desarrollo pleno, requiere ser reforzado por la práctica constante. Es mediante los buenos hábitos y la templanza, la alimentación sana y el descanso suficiente, como nuestro cuerpo desarrolla su mayor eficiencia. Es amando y edificando a las personas, actuando con bondad, generosidad, sensibilidad y solidaridad, como nuestra alma se engrandece y hace fuerte nuestra voluntad, permitiéndonos disfrutar de las más hermosas emociones y excelsos sentimientos.

No hay nada nuevo, especial ni extraordinario en todo esto. Es simplemente una actitud, que todos podemos desarrollar y mejorar, en función de procurarnos una vida feliz, para nosotros mismos y para nuestros semejantes.

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