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Archive for the ‘AGRADECER A DIOS’ Category

foto-usuario-113616-5082573508Nunca he podido entender que algo sublime como el amor -en el caso de Dios el máximo- de alguna manera pueda materializarse o manifestarse con el castigo. Quizás porque estoy convencido de haber entendido perfectamente el mensaje de Jesús, hijo predilecto de Dios sobre esta tierra, en cuanto a que “Dios es amor.” De tal suerte, que tampoco comprendo como algunos religiosos presenten a Dios como un padre irascible, terrible y vengador, que sólo está pendiente de ver los errores de sus hijos para caerles encima y zás… castigarlos, olvidándose de su esencia divina, que es “amor”.

¿Cómo puede conciliarse el amor con el castigo? ¿Cómo se entiende que un Dios que es todo amor y sabiduría, pero que además nos diseñó un camino de vida desde antes de nacer, esté presto a castigarnos por actos que él sabía con antelación que podíamos realizar, y que por su poder infinito pudo evitar? En verdad, no lo entiendo.

Pienso que es por amor a Dios y no por temor a Dios que debemos actuar en función de nuestro beneficio y el de nuestros semejantes. No se me ocurriría, bajo ninguna circunstancia, decir a alguien que por temor a Dios debe actuar bien, sino que debe hacerlo por su amor a Dios. No puedo olvidar las noches de desvelo que pasé cuando niño por culpa de religiosos, que no obstante mi corta edad, me atemorizaban con el horrible castigo de Dios porque yo había cometido tal o cual tontería, propia de un pequeño inocente, lleno de curiosidad y deseos de conocer cosas nuevas.

Hoy, gracias a mi conocimiento del pensamiento de Jesús, cuyo mensaje trascendental que escindió la historia en dos, fue precisamente “EL AMOR”, cambié el temor a Dios por el amor a Dios. Eso me da una gran tranquilidad y paz espiritual, porque sé y no tengo duda, que Él no existe para acecharme y estar pendiente de mis errores y desaciertos para castigarme, sino para orientarme, para ayudarme, para darme lucidez en la toma de mis decisiones, para amarme hoy y… siempre.

Ojalá los maestros, religiosos y adultos en general, dejaran de estar asustando a los niños con Dios, diciéndole frases como “Si haces tal o cual cosa Dios te castigará”, “El castigo de Dios es horrible”, “Te irás al Infierno” o sandeces de ese tipo, que sólo logran aterrorizar a quienes se trajo a este mundo para ser amados, protegidos y bendecidos, creándoles y fortaleciéndoles el amor a Dios, a ese padre bueno que está ahí, dentro de cada uno de nosotros, y por tal sentimiento –el de amar y no por el temor- debería ser por lo cual actuásemos con amor, ternura, dulzura y consecuencia con nuestros hermanos humanos, seguros de que no hay error por grande que fuere, que Dios no perdone o implique que deje de amarnos.

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0Como seres humanos, no requerimos ser boxeadores para que la vida, de vez en cuando, nos ponga contra las cuerdas, en alguno o varios de los muchos asuntos que conforman nuestra permanente lucha por una vida mejor.

Todos, salvo raras excepciones, creamos, abrazamos y acumulamos sueños; deseamos cosas y acumulamos sentimientos de diferente índole, que nos son muy caros; pero, casi en todos los casos, materializarlos, especialmente los más sentidos, ameritan decisión, dedicación, diligencia, esfuerzo –y a veces- sudor y… lágrimas.

Como no nos contentamos con una vida tediosa, resignada y monótona, desde que nos concientizamos de nuestro poder personal heredado de Dios, nos vemos impelidos a luchar a brazo partido por lograr nuestras metas; y sin escatimar esfuerzos, todos los días comprobamos nuestra inmensa capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias, que nos permite ser mejores, más útiles, aceptando a nuestros semejantes con sus virtudes y defectos, para ayudarlos y de tal manera crecer espiritualmente, haciéndonos todos los días… más hombres.

Que importa que la vida, algunas veces, nos ponga contra las cuerdas, si somos del tamaño de la circunstancia que se presente. Somos conscientes de nuestro poder, decisión, fe, seguridad, confianza, y positivismo. Eso nos hace recibir los sucesos indeseables, complicados y difíciles, como asuntos por resolver más que problemas, lo que de alguna nos aportarán conocimiento y experiencia en la vida.

Esas valientes personas, bien golpeadas por la vida, por quienes, cuando estuvieron en problemas, nadie daba medio por su futuro, quienes no se amilanaron ni permitieron que las circunstancias adversas o el temor invadieran su alma, simplemente aceptaron que la vida tiene sus baches y sus momentos difíciles; que todo tiene su tiempo y su resultado, pero que como la noche y el día, siempre son pasajeros. Ellos superaron las dificultades, y luego, disfrutaron aún más de una vida producto de su esfuerzo, fe y confianza en su diligencia y la fe en un Dios, que siempre consideraron presto a ayudarlos.

De esos triunfadoras aprendí, que no existe problema sin solución; porque nada, ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios, y por tanto, todo suceso tiene una razón; no importa si nunca la conocemos, porque lo que importa es el resultado, que al final, si aunamos a nuestra fe, dedicación y esfuerzo, terminamos aceptando de buen gusto, que fue conveniente lo sucedido.

Bienvenidas las dificultades, porque son importantes para probarnos de que somos capaces, cuando se requiere sacar lo mejor que tenemos por dentro.

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A380En las noches cuando despierto percibo un profundo silencio, como si el mundo se hubiese detenido. Entonces presiento lo que algunos humanos perciben como la soledad: esa aprensión inmensa del hombre como especie, frente una naturaleza gigantesca, anciana, imprevisible, pero muy poderosa; que produce fenómenos incontenibles, terribles y destructivos, cuales no podemos vaticinar cuando se desencadenarán, y frente a la cual somos minúsculos y… vulnerables.

Es ese silencio absoluto que genera un sentimiento extraño y paralizante de indefensión, de sensación de infinita pequeñez, donde nuestra dimensión física es menor que un grano de arena y nuestra vida con respecto a su edad, menos pasajera que la del más pequeño de los insectos. Entonces me pregunto:

¿Realmente estamos tan solos en el camino de nuestra vida? Definitivamente no. No estuvimos solos antes de nacer, ni en esta vida, ni después de morir, porque somos un plan divino y por tanto siempre hemos tenido segura y buena compañía: Dios que nos ama y protege. ¿Cómo podemos sentirnos solos con tan inmejorable compañero?

Creo que quienes se sienten solos es porque no sienten a Dios en su corazón, y eso produce su horrible sensación de soledad. Dios nos pertenece a todos, sepamos de Él o no; siempre está en vigilia, presto a ayudarnos si lo requerimos; es quien nos produce sueños maravillosos, que traen paz a nuestra alma y nos hacen despertar optimistas; es quien sin explicación racional, en oportunidades nos hace evitar un camino porque en el medra el peligro; Él nos acerca a las personas que amamos y aleja aquellas que podrían perjudicarnos; Él provee nuestra familia, amor, salud y bienestar; Él nos lleva de la mano para encontrar la satisfacción de nuestras necesidades materiales y espirituales, señalándonos el bien y el mal, permitiéndonos libremente tomar las decisiones apropiadas.

Su amor va más allá de esta vida, y está esperándonos con los brazos abiertos a la hora del regreso; pero no para pedirnos cuentas sino para acogernos en su regazo, desde siempre supo cómo y para donde íbamos. ¿Cómo va a pedirnos cuentas de lo que Él ya conocía que haríamos, en un viaje que Él mismo nos diseñó? Eso no tiene lógica, como tampoco lo tiene sentirse solos.

Por eso, por todo eso, no creo en la soledad como una realidad de ningún ser humano, sino como una ficción que, como el temor, es una creación maligna de nuestra mente, cuando no tenemos suficiente fe en el amor y poder de Dios.

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“TODOS SOMOS UNO EN SIMBIOSIS CON DIOS”

Playa-Ferrara-En-Torrox-Costa-Provincia-de-Malaga_7555Nuestra naturaleza gregaria nos hace conectarnos con la idea de compartir vivencias, experiencias y… ayuda mutua, como condición para lograr una vida plena, cual no es posible obtener aislados o en solitario. Por tanto, requerimos desarrollar la actitud de sentir a las personas e interesarnos por sus particulares situaciones.

Conectarnos con el alma del prójimo es imbuirnos de su situación, compartiendo sus penas y problemas; dando apoyo moral y físico, a fin de hacer menos pesada su carga, porque cualquier situación siempre es más llevadera entre dos o más. Somos un todo con Dios y con el resto de los demás seres humanos, por lo cual las experiencias de mi hermano, de alguna manera tocan mi bienestar.

Funcionamos como órganos de un mismo cuerpo; si alguno se afecta, influye en su integralidad funcional y resultado. Cuando disfrutamos el éxito de nuestros hermanos o nos solidarizamos con su dolor y abriendo el corazón ofrecemos la mano solidaria, estamos contribuyendo con nuestro propio bienestar. Es que es difícil ser felices en soledad y todos necesitamos de… todos.

Compartir es condición indispensable para lograr nuestra realización material y espiritual. Nuestros hermanos humanos son el mayor regalo de Dios, ya que sin ellos nuestra vida no tendría significado.

Por eso tenemos que amarlos, aceptarlos, entenderlos, edificarlos y convertirlos en parte de nuestra propia preocupación. Fue eso lo que quiso significar Jesús cuando enseñaba: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En esa sencilla expresión nos legó un compendio de amor, fe y esperanza en nuestros congéneres; pero también, por nuestra diversidad natural, nos dejó un compromiso: aceptar a nuestros semejantes como Dios los creó, porque al diseñarnos a su imagen y semejanza, nos hizo únicos y especiales.

Dios es amor, esencia, energía y poder juntos, más allá del tiempo y el espacio. Si reflexionamos sinceramente, entenderemos todo lo hermoso, amoroso, sensible y solidario que existe dentro de cada ser humano, siempre esperando que alguien toque la puerta y lo despierte, para saciar su sed de dar.

Tenemos necesidad de sentir que somos parte de un todo que es sinérgico, universal y poderoso; que no estamos aislados sino conectados, y que nuestros asuntos y los de las demás personas son de interés universal; que Dios nos puso sobre esta tierra para acompañarnos, amarnos, ayudarnos y jamás nos dejará solos. No asimilarlo y aprovecharse de ello, sería un desperdicio y una torpeza… imperdonables.

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«LA FELICIDAD VIVE EN EL MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS»

CHICOS WILLIASM 23No es posible hablar de una fórmula para ser felices, pero menos establecer reglas generales en este asunto. Se trata más que de reglas, de condiciones para sentirse feliz.

La felicidad es individual porque es interna y surge de los eventos diarios, funcionando diferente para cada persona. Así, lo que para uno pudiera representar una situación de felicidad, para otro pudiera ser únicamente un momento agradable, pero no feliz.

Se trata de cómo nos sentimos en cada instante; de cómo percibimos las situaciones que pudieren afectarnos. Sin duda, la mayor fuente de felicidad es el amor; por el somos concebidos, nacemos y por el vivimos. Es un sentimiento maravilloso, que nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza, a tal grado que en pro del bien de otros, neutraliza nuestros más ancestrales e instintivos mecanismos de defensa.

Tenemos abundantes motivos diarios y muchas oportunidades para disfrutarlos; tantos, que casi todo acto o hecho es factible para ser felices; como por ejemplo, pertenecer a una familia que nos ama y escucha, cuando tanta gente vive sola y carece hasta de alguien con quien comentar sus buenos o malos momentos.

Mirar el brillante amanecer, percibir la quietud y frescura de la noche; escuchar el canto de los pájaros y la voz de las personas amadas; la fragancia de las flores y ese familiar olor de nuestra compañera de viaje largo; degustar los manjares que nos ofrece la naturaleza, mientras hay tanta personas impedidas de hacerlo y otras que ya nunca podrán experimentarlo, son motivos para ser felices.

Tener alguien que con amor, ternura y solidaridad comparte nuestra vida; concebir, procrear y disfrutar de un hijo; estudiar, culturizarse y crecer espiritualmente; lograr ingresos suficientes para una vida digna y satisfactoria; disponer de buena salud, actitud positiva y el convencimiento de la protección de Dios, son situaciones comunes, pero que podemos hacerlas extraordinarias fuentes de felicidad. La conciencia de que aun con nuestra casi absoluta vulnerabilidad frente a la naturaleza y el medio ambiente, siempre hay Ser Superior velando por nosotros, es nuestro mejor recurso para sentirnos felices.

No evaluar todas estas bendiciones que están a nuestro alcance con el menor esfuerzo, pensando que se requiere un evento extraordinario para se felices, sería un grave e irreparable error. Especialmente, porque esa riqueza de eventos y oportunidades que pueden darnos plenitud, corresponden a circunstancias y situaciones obvias de nuestra vida diaria, pero no a nada que pudiere considerarse extraordinario, especial o muy difícil de lograr, ya que corresponden al maravilloso mundo de las cosas sencillas, y se producen en cada minuto y a cada paso de nuestra vida diaria. Si actuamos con inteligencia, los convertimos en factores de felicidad; pero si no fuéremos cuidadosos y observadores, seguramente nos pasarán desapercibidos y se nos iría la vida esperando un evento especial, que quizás… nunca llegue

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Night-Lights-Aurora-Borealis-Alaska_th¿Qué es la conciencia?

Más allá de conceptos filosóficos, academicistas o escolásticos, como soy un escribidor para las personas comunes y corrientes, trataré sobre el vocablo CONCIENCIA, desde el ángulo del pensamiento consciente, ya que existe una dimensión de la conciencia en el sueño y en estados hipnóticos, así como que se afecta por el alcohol y las drogas heroicas.

La conciencia nos diferencia de los seres irracionales, constituyéndonos en seres especiales, inteligentes, únicos y… maravillosos en el universo conocido, permitiéndonos asimilar apropiadamente la realidad del ambiente que nos rodea. Así, mediante nuestra percepción sensorial estabilizamos nuestras inquietudes físico-espirituales, digiriendo esas sensaciones externas-internas que experimentamos, con la fuente que le da nacimiento y sustento: LOS VALORES.

La conciencia, que paradójicamente siendo absoluta, nace de valores que son duales o bipolares (frente al bien el mal; frente a la alegría la tristeza, etc.), nos permite procesar internamente el efecto de todo acto propio o de extraños, porque al compararlo con lo que somos o quisiéramos ser, nos posibilita reconocer los aciertos de quienes, conforme a nuestra ideología interna pudieran ser mejores, así como aceptar aquellos que sobre esa misma base, pudiésemos considerar de nivel inferior.

El entender lo que es conciencia para acercarnos a una vida feliz ya es una preocupación colectiva, por lo cual la UNESCO mantiene una propuesta para desarrollar “cursos de conciencia” en la educación formal, inclusive a nivel pre-escolar, con intención de fortalecer la conciencia individual y así promover la conciencia colectiva, en busca de una CONCIENCIA UNIVERSAL que redunde en bienestar y felicidad para todos.

Podemos asimilar la conciencia a un árbol, donde la raíz es DIOS, su cuerpo LOS VALORES, sus frutos LA FELICIDAD PERSONAL, y sus efectos sobre el ambiente LA PAZ SOCIAL. El amor, la verdad, la solidaridad, la honradez, la lealtad, la caridad y el respeto por la persona humana en su integralidad físico-espiritual, entre otros, son valores fundamentales que debemos cultivar, por sobre toda nuestra diversidad de pensamiento.

Una conciencia acorde con esos valores supremos, no sólo tranquiliza y predispone nuestro espíritu para recibir y dar amor, sino que físicamente, como ya ha sido probado científicamente, beneficia nuestro sistema inmunológico y nos hace fuertes frente a las posibles enfermedades,

Acoto que, aunque algunos comportamientos humanos fueren deplorables, la conciencia siempre es buena porque es ese hilo que nos vincula con Dios; por tanto, recuerde que en su voluntad se encuentra la posibilidad de tener una conciencia tranquila, lo cual no es nada difícil y le permite amar intensamente, ser útil, prever enfermedades y tener un cuerpo sano, enfrentar cualquier adversidad con fortaleza, todo lo cual le asegura una vida feliz.

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«SEGUIR ADELANTE NO ES UNA OPCIÒN, ES UN COMPROMISO»

27__carreradelamujer_s¿Cuántas veces podemos tropezar y caer en esta vida para obtener el èxito?

Realmente, no tengo idea. Por experiencia propia me consta que podemos tropezar muchas veces y caer unas cuantas, independiente de cual fuere el motivo; pero, también doy fe de que en su mayoría, no son más que oportunidades que la misma vida nos da para aprender a sortear los problemas.

Es que a los seres humanos la vida no nos es dada hecha como a los vegetales o los minerales, cuales no necesitan realizar ningún esfuerzo para mantenerse con vida. Cuando nacemos no sabemos ni siquiera respirar, que debería ser lo más elemental; entonces, la orden genética e instintiva de sobrevivir conlleva aprender, pensar, razonar y… actuar.

El fracaso, a veces abre la puerta al éxito. Tropezar, caer, levantarse, lamer las heridas, secar las lágrimas, sacudir el polvo del camino y seguir… seguir siempre adelante, no es para nosotros una opción sino… un compromiso.

No tenemos más remedio que enfrentar la vida conforme se nos presenta: con entusiasmo, pero con cuidado; con bondad, pero con malicia; con amor y pasión, pero con control; sin temor ni duda, pero con moderaciòn; seguros de nuestro poder, pero con caridad; estableciendo planes y metas para cumplirlos; con fe en Dios, pero haciendo nuestra parte diligentemente.

Nuestra herencia divina nos condena a ser triunfadores, lo contrario sería anormal. Si tenemos suficiente fe en que somos uno con Dios y por tanto depositarios de parte de su poder, los tropiezos, las caídas y los dolores, serán nuestros mejores maestros; de ellos aprenderemos y los pondremos en función de nuestro éxito integral.

Con nuestras lágrimas y hasta con nuestra sangre dejadas en el camino, abonaremos la tierra de la que surgirá la semilla de nuestra felicidad; porque si tenemos fe, si somos diligentes, si pensamos positivamente, todas las fuerzas del Universo se complotarán para hacer nuestros sueños realidades.

Los retos son parte de nuestra vida. Por eso bienvenidas las dificultades, los tropiezos y las caídas; nosotros, que sabemos unir mares, separar continentes, volar como los pájaros, y dar nuestra vida por nuestros semejantes, podemos convertir cualquier circunstancia negativa en positiva, y eso, de alguna manera, es parecernos a… Dios; lo cual no puede considerarse una blasfemia porque los hijos deben y pueden parecerse a sus padres.

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jesusDe las manos de Dios llegamos a este mundo, bajo su cuidado viviremos esta vida terrenal y Él nos recibirá después de esta experiencia de existencia física; esa es la única motivación que nos fortalece para no sentirnos, con relación al Universo, más pequeños de lo que realmente somos.

Siento que somos tan vulnerables física y psicológicamente, que solamente nuestra inmediatez con Dios nos asegura que no somos un accidente sobre este globo terráqueo, sino su creación más acabada, y por tanto bajo su permanente vigilancia, protección y control.

Somos tan pequeños en el concierto universal; tan temporales con relación a los tiempos; y tan mental y físicamente frágiles, que si no tuviésemos el convencimiento de nuestra unidad con Dios, nuestra vida sería simplemente… terrorífica.

¿Cómo podríamos caminar sobre una tierra que puede moverse en un momento dado y terminar con nuestra vida, apenas en segundos, si no tuviésemos ese báculo que se llama Dios?

¿Cómo podríamos construir algo bajo la certeza de que puede ser destruido en muy corto tiempo por alguno de los elementos naturales, que nos consta son imprevisibles e indetenibles, si no tuviésemos la fe de que Él nos protegerá?

¿Cómo podríamos amar y tener descendencia, si no depende de nosotros ni nuestra seguridad personal ni la de las personas que amamos, si no tuviésemos la certeza de que Él guarda nuestra entrada y nuestra salida?

Al menos en mi caso, no me siento insignificante ni tengo ningún temor a los elementos de la naturaleza o a ninguna otra cosa, sino que me siento orgulloso de mi propia naturaleza, porque no tengo duda de mi origen divino. Sé que no soy un accidente ni algo no planificado, sino que fui traído a este mundo con un fin que debo cumplir, porque es bueno para mis hermanos humanos y para mi crecimiento espiritual.

No dudo que cuando cumpla mi misión, en alguna de sus moradas Él me espera; yo soy un buen hijo y los buenos hijos vuelven a casa, por eso no temo a mi regreso ni tengo porque apresurarlo. Simplemente, disfruto esta vida en lo máximo posible, con la plena seguridad de que así como aquí soy feliz, lo seré siempre donde Él me lleve. Ese es mi destino y me llena de felicidad la certeza de que mi Padre Celestial ha escogido el mejor para mí.

Por eso digo a mis hermanos humanos que si tenemos a Dios aquí a  nuestro lado y siempre disponible, sería una pena que no lo aprovecháramos. Especialmente porque su compañía es el mejor seguro frente al peor enemigo del ser humano:  el temor.

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“LA VIDA ES EL MAYOR REGALO DE DIOS Y LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA”

FOTO DE: GABRIEL LIJTENSTEIN

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Hoy, al revisar las noticias, una me golpeó en lo más profundo de mi ser:  “Un matrimonio se arrojó el pasado domingo al vacío en unos acantilados del sureste de Inglaterra junto al cadáver de su hijo de 5 años,”

Me consta que los hijos duelen en lo más profundo, porque son parte de nosotros mismos. Sin embargo, nada justifica el suicidio, máxime de unos padres que habían dedicado lo mejor de sus días atendiendo con amor y dedicación la paraplejia de ese hijo, producida por un accidente 4 años antes. Seguramente eso hubiese sido lo último que su hijo Sam Puttick hubiera deseado para sus amorosos y sacrificados padres.

Debemos estar claros de que los hijos no son nuestros sino de Dios; los padres sólo somos el vehículo para traerlos al mundo. Dios dispone de ellos y… de nosotros, conforme a sus planes. Como entes físico-espirituales, la muerte es un paso necesario para ascender a un estadio espiritual más elevado.

En este caso, Sam tenía un camino que recorrer, con un tiempo para permanecer en esta tierra, y al cumplirse regresó a ese mundo espiritual de donde un día vino.

Si estos desventurados padres hubiesen tenido suficiente fortaleza espiritual, en vez de suicidarse habrían agradecido a Dios el privilegio de haber disfrutado de su hijo por cinco años, mientras millones de padres escasamente alcanzan a ver sus hijos por días, meses o un año de vida.

Asimismo, habrían considerado que en adelante ya nunca más estarían solos, porque además de lo bellos recuerdos que les acompañarían siempre, desde el cielo un angelito llamado Sam, estaría con ellos. Con tal convicción, podrían haber adoptado uno o más niños de los muchos que no tienen un hogar para darles amor, y en su memoria continuar viviendo.

Es que por la voluntad de Dios venimos a este mundo y regresamos cuando hemos cumplido nuestra misión, la cual únicamente Él conoce. Eso deberíamos internalizarlo todos, padres e hijos, para de tal manera aprovechar esta vida física, viviendo intensamente cada segundo de nuestra existencia, convencidos de que es su mayor regalo, pero que un día la dejaremos y volveremos a su regazo.

Pienso que suicidarse lejos de ayudar crea una terrible sensación de frustración en la comunidad, que podría afectar mentes débiles y de poca fe, de alguna forma promoviendo este hecho horrible y afectando el mayor valor espiritual del ser humano: la esperanza.

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“SOMOS CUANTO SENTIMOS Y ESO NOS HACE LIBRES”

Todos teIDnemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen, a mí, a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos. Para lograrlo, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus errores o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

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