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«EL TIEMPO ES UN RECURSO NO RENOVABLE Y POR ESO MERECE ESPECIAL RESPETO»

asclep3En Venezuela, no parece fácil en el ejercicio de algunas profesiones, conciliar los factores de vocación, eficacia, consideración y cumplimiento, con la actuación fáctica que adicional a la eficiencia debería conllevar respeto, compasión, sensibilidad y caridad.

Los médicos, cuidadores de la salud y los abogados, encargados de velar por la libertad y el patrimonio personal, suelen descuidar su comportamiento profesional integral, fundamental en la relación humana que soporta el entramado social.

En los consultorios médicos, una asistente con mirada entre auscultante y compasiva, decide si el doctor puede conceder el privilegio de recibir. Si se llega antes de lo previsto, pudiera ser que solamente se utilice una o dos horas del irrecuperable tiempo; claro está, si el doctor no «tiene una cirugía», porque en tal caso… nada está previsto.

Los desventurados clientes de abogados hacen citas, previa advertencia de la secretaria: «el doctor es muy estricto con sus citas», pero cuando asisten se encuentran conque el «comportamiento estricto» debe serlo en sus citas personales, pero con sus clientes no tiene el mismo tenor, toda vez que existe una justificación inveterada, que la secretaria conoce de memoria: «el doctor tiene una audiencia y regresará muy tarde», cual es como decirle: siéntese a esperar o váyase por donde vino y aquí no ha pasado nada.

¡Bendito sea Dios! y… ¿Dónde queda el respeto por la persona humana y por el tiempo de quienes les producen su manutención diaria?

¿Haber jurado servir con eficiencia, honestidad, respeto y utilidad, puede tener tan poco valor para algunos?

Ejercí como abogado por veinte años bajo estricta agenda que privó a mis  patrocinados de sufrir tales irrespetos; ciertamente, siempre estuve consciente del privilegio que significó escogerme entre miles de mis colegas, para servirlos y remunerarme.

Por más de treinta años estuve a salvo de los médicos, a reserva de la visita anual a mi internista donde, en oportunidades, me vi tentado a abandonar su consultorio. Desventuradamente ahora, sobre los dos tercios de mi vida, me veo en la necesidad de visitarlos nuevamente y comprobar que nuestros galenos y abogados, salvo raras y honrosas excepciones, siguen siendo igualmente irrespetuosos del tiempo de sus clientes.

Por favor colegas profesionistas, solícita y respetuosa, pero contundentemente les invito a reflexionar:

¿No convendría tomar ejemplo de aquellos países, donde independiente de la profesión, se pacta y cumplen el horario de las citas?

¿Anterior al título universitario no debe prevalecer el respeto por quienes generan los proventos que nos permiten vivir cómodamente con nuestras familias?

Un cambio de actitud nos haría a todos más… felices, en este país que alguien, acertadamente, definió como el de la eterna primavera.

«EL AMOR  FISICO-ESPIRITUAL SOLO SE MANTIENE ENTRE SERES  VIVOS»

Para stn_lirio018_jpgatisfacer una lectora viuda, quien se siente atraída por un caballero y está perturbada con sentimientos de culpa, debido a sus convicciones religiosas y por el equivocado criterio de que sus hijos pudieran no entender su amor por alguien diferente a su padre fallecido, debo tocar el tema de la viudez, para algunas personas, especialmente sensible.

En principio, independiente de la religión o credo, el amor y el amar no tienen nada que ver con la muerte, sino con la vida. Jesús solía comentar: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos… mi padre es un Dios de vida, no de muerte.»

De otra parte, los hijos harán su propia vida y nada podrán hacer para llenar algunos vacíos que dejó el fallecido en el cónyuge supérstite, por tanto no son una justificación válida para evitar una nueva relación amorosa.

Por nuestra naturaleza físico-espiritual, el amor de pareja sólo puede mantenerse entre personas vivas, por lo cual para materializarse requiere indispensablemente tal condición en ambos. Consecuencialmente, la muerte desconecta la simbiosis físico-espiritual y desaparece el vínculo.

Más allá del consecuente dolor de perder al ser amado, se trata de una situación fáctica que debe ser aceptada, asumida y puesta bajo control, de tal modo que no afecte de forma perniciosa a quien continúa con vida.

El superviviente debe tratar el evento como algo a lo cual todos estamos expuestos, siendo que sólo le quedan dos opciones: la primera, tomarlo positivamente, como una oportunidad para una nueva etapa de su vida, abriendo su corazón y mente a las múltiples oportunidades de amar y ser amado que se le continúa ofreciendo; la segunda, embarcarse en ese mundo gris de nostalgia y melancolía, que distorsiona la realidad, aferrándose a una ficción de lo que pudo haber sido, que le aleja del mundo donde vive, que por ser real debe enfrentar todos los días… sola

Quienes toman la primera opción suelen ser personas agradables, alegres y optimistas; quizás, porque en su ser íntimo, anida el convencimiento de que amaron intensamente, con fidelidad y lealtad; y son capaces de amar de la misma forma nuevamente y… por siempre.

Aquellas personas que acogen la segunda opción, se dedican a visitar el cementerio, repetir las anécdotas mejoradas de lo que nunca fue, comparar eventos y actuaciones que únicamente existen en su mente; suelen aparentar más años de los que tienen, se sienten afectadas y en pecado con cualquier lisonja o intento de seducción, en vez de abrir su corazón y su alma a ese mundo bello y lleno de oportunidades de todos los días, y por supuesto, consumen sus años en ese mundo nebuloso de recuerdos fabricados, siendo que, casi siempre terminan aferradas a sus recuerdos pero… inmensamente solas.

Dios es dueño de vida y muerte, por tanto decide quien vive y quien no. Dejemos que Él haga su papel y nosotros el nuestro, cual no es otro que agradecer esta maravillosa vida y tratar de ser, dentro de lo posible…. muy felices.

«TU Y YO SOMOS LAS ALAS Y NUESTRO AMOR EL VIENTO QUE NOS LLEVA»

burbuja-5Una de mis amigas lectoras me envió un mensaje con fotografías de una joven pareja y sus niños paseando por la calle, en un parque y luego en el supermercado; todos sinceramente… bellos, haciendo un conjunto que me enterneció y arrancó lágrimas de ternura, amor y agradecimiento a Dios, por regalarnos seres humanos tan elevados, que aún en presencia de las mayores adversidades, son ejemplo para recordarnos todo lo mucho que Dios nos ha dado.

El esposo era todo ternura con su esposa. En la primera fotografía, en el hospital, ella abrazaba a su recién nacido y se notaba la enorme cicatriz de la cesárea. En la segunda, ella besaba a sus chicos y ellos le respondían con ternura inocultable. En la tercera fotografía, en la calle, mientras los dos niños caminaban entusiasmados delante, él la llevaba tiernamente de la punta de sus dedos de la mano. En la cuarta fotografía, en el parque, el esposo la cargaba sobre su espalda mientras ella abrazaba su cuello y la familia entera celebraba como si se tratara de una broma.

La última fotografía, para mí la más tierna, fue tomada en el momento de hacer las compras en el supermercado. El esposo con una mano tiraba del carrito de mercado, sobre el cual había subido al niño más pequeño y con la otra mano, sonriente tiraba de la patineta sobre la cual su feliz esposa deslizaba su medio cuerpo, porque ella… no tenía piernas.

Tanto amor, tanta comprensión, tanta nobleza, tanta solidaridad, tanta alegría que no resignación, tanto agradecimiento al altísimo por disponer de una vida para dar y una persona a quien amar, que exhumaba aquel extraordinario y guapo joven esposo, contagiando a aquellos dos bellos niños, amalgamaban elementos fundamentales para constituirse en el cuadro más edificante y la más hermosa oración silente a Dios, que jamás haya presenciado.

Considero un privilegio recibir esos mensajes, señales y guiños de Dios, que nos recuerdan cuanto hemos recibido de la vida, porque fortalecen nuestra convicción que, únicamente disponer de esta existencia es ya una gran bendición; pero para quienes tenemos un cuerpo sano y una mente alerta, es un tesoro incuantificable que estamos obligados a disfrutar y agradecer todos los días.

Porque si una mujer que nació sin las dos piernas, mantiene su autoestima en alto, conforma una familia, logra amar y ser amada, haciendo felices a su esposo e hijos, quienes la miman y tratan con inocultable felicidad; si un hombre, joven, guapo y sano disfruta de ellos con el amor más tierno, es la ratificación de que en el alma de todo ser humano, anida ese pedacito de Dios, cuya herencia divina, de acuerdo a las circunstancias, le pone por encima de cualquier situación por adversa que fuere, y eleva su espíritu que es amor sobre su materialidad, para, como en este caso sembrar en nuestra alma fuertes semillas de… esperanza.

FAMILIAS
No obstante que un buen número de personas, en principio se aferran a modelos y etiquetas que proponen como panacea la riqueza, la fama, el poder, y como consecuencia lógica les orientan, a como de lugar y sin importar a quien se lleven por delante, al logro de tales fines, dejando en segundo o tercer lugar sentimientos e instituciones fundamentales, en lo profundo de su alma subyace el sentimiento de que hay otro norte, mucho más sólido, seguro, reconfortante, verdadero y permanente, que trasciende inclusive más allá de nuestra vida física: La familia.

Es que la historia del mundo está colmada de ejemplos de personas ricas, famosas y poderosas que nunca pudieron conformar una familia feliz, ni alcanzar su felicidad. En algunos casos, con toda su riqueza y poder no pudieron evitar la destrucción del núcleo familiar, la drogadicción, el alcoholismo, e inclusive, el suicidio de algunos de sus miembros, y al final, como alguien lo escribiera «fueron tan pobres que solo tuvieron dinero, por lo cual murieron sentimentalmente solas y decepcionadas, aunque sí rodeadas de quienes esperaban ansiosos su fallecimiento para disfrutar de esas riquezas, que fueron acumuladas a costa de sus mejores años, con la equivocada convicción que por sí mismas podían hacerlos felices.

Será por eso que cuando logramos bajar los mecanismos de defensa que esta sociedad a todos nos crea, en su gran mayoría e independiente de su posición social o económica, las personas coinciden en manifestar que, por encima y con prioridad a todo, su mayor ambición es hacer una familia amorosa, solidaria y permanente.

Hoy más que nunca, cuando el temor, la insensibilidad, incomprensión, desconfianza y falta de solidaridad humana parecen globalizarse; cuando los principios tradicionales y valores humanos andan de cabeza, la más sana ambición de cualquier ser pensante debería ser crear y desarrollar una familia permanente y feliz, cual más allá de fuente de amor real, verdadero, tierno, constante y solidario, se convierta en refugio físico y espiritual seguro, donde cargar las baterías para enfrentar esa lucha diaria por una vida mejor, que como hijos de Dios todos aspiramos y merecemos.

Si queremos sobrevivir a esa perturbación y estrés casi permanentes, característicos de estos tiempos, para vivir una vida armónica, con paz y felicidad, no debemos olvidar que no pueden el dinero, la riqueza o ningún tipo de poder, producir o suplir el amor desinteresado e incondicional, que surge del alma de esa persona que nos escoge dentro de todos los demás habitantes del mundo para hacer pareja, ni la de ese regalo que Dios nos envía para hacer más bella nuestra existencia: nuestros hijos.

Es en la familia amorosa y bien avenida, donde podemos encontrar nuestro mayor solaz, pero también donde se forman los reemplazos que mantendrán nuestra especie sobre esta tierra; y que, si hemos sabido sembrar en ellos ese amor tierno, sincero y verdadero, ellos lo extenderán más allá de esta vida física y… se mantendrá por siempre sobre esta madre tierra.

«SI LA MUERTE NO TIENE SOLUCIÓN, PREOCUPARSE POR ELLA ES INÚTIL»

hombre-de-espaldas_21255Pudiera ser que el temor a la muerte, sea el sentimiento más arraigado en la mayoría de los seres humanos; en principio como mecanismo de defensa frente al peligro, dentro de los márgenes de racionalidad es conveniente, pero sin análisis sincero sobre su naturaleza, puede llegar a convertirse en factor perturbador de nuestra felicidad.

Sabemos que el temor, que es una creación mental maligna que distorsiona la realidad, pero en el caso de la muerte su efecto es exacerbado. Frente a este sentimiento, hoy en el límite del paroxismo a nivel mundial, se hace necesario analizarlo, no desde el punto de vista científico o esotérico, sino en lo fáctico, cual es como decir, el tratamiento que debe dársele en la vivencia diaria.

El primer paso es asumir, que comenzamos a morir en el mismo momento en que nacemos. Por tanto, cada segundo de vida que transcurre, nos acerca más hacia el día que la perderemos, que venturosamente, no conocemos.

En segundo lugar, considerar que si es un evento que no tiene solución ni podemos evitar, preocuparse por él es una real pérdida de tiempo, que en nada ayuda, sino que puede aumentar el problema.

Luego de aceptado que inevitablemente llegará ese momento sin conocer cuando, lo inteligente es tratar de vivir lo más felizmente posible, ese período durante el cual estamos vivos.

Nuestro mayor tesoro es la vida, porque sin ella ninguna cosa podemos disfrutar ni puede servirnos de nada. La consecuencia lógica es que tenemos que disfrutarlas intensamente, porque no sabemos hasta cuando estarán a nuestro alcance; y como son tantas y diversas, en ello debemos afincar nuestra actividad e intelecto, en vez de desperdiciarlos pensando en algo que no tiene solución ni sabemos cuando llega.

Es ilógico que teniendo a nuestro lado esa bella pareja que amamos, maravillosos hijos, reconfortantes amigos; actividades de estudio, trabajo y recreación; y un paisaje natural increíblemente diverso y bello, permitamos que ese deleite nos lo robe un temor injustificado, cual no aporta ninguna solución al asunto.

El temor a la muerte, de la cual nadie tiene experiencia real que contar, pero que pareciera el que la sufre no se entera cuando sucede, es la rémora que puede disminuir el disfrute inigualable y diverso que nos ofrece la vida, de la cual sí que estamos conscientes las veinticuatro horas del día.

El Rey Salomón, hasta hoy y por milenios reputado como sabio, opinaba que debíamos disfrutar intensamente de todo lo que disponíamos, porque según sus propias palabras, «… es nuestro pago en esta vida.»

Guardando las lógicas distancias, yo comparto ese criterio. Por tanto disfruto con fruición de las cosas en cada segundo de mi vida, como si fuera el último, sin preocuparme de cosas que no me aportan nada positivo.

A usted le toca escoger: ¿Felicidad o Sufrimiento? Es su decisión y, es… muy personal.

foto-de-dios2Hoy mantuve dos reuniones muy interesantes; la primera, con un respetable y estimado amigo, activo luchador social e inscrito desde que le conozco -y esto sobrepasa los veinte años- en las teorías izquierdistas; la segunda, una empresaria -no menos amiga- pero en el lado opuesto, desde el punto de vista filosófico-político. Ambas fueron conversaciones que me llenaron de gran entusiasmo, porque la constante fue la preocupación por los vacíos existenciales que no logra llenar el poder, la riqueza ni la fama, que para mí responde a la necesidad de encontrar un medio para crecer espiritualmente.

En verdad, se trata del hastío de tanto materialismo, que difundido de mil maneras por los medios masivos de comunicación social, desde el exterior pretende imponerse frente a los principios y valores -que son internos- y que fueron las raíces sobre las cuales cimentamos los parámetros de nuestro comportamiento general, para desarrollar familias honestas, con padres e hijos que disfrutaran de gozo, plenitud y solidaridad perdurables, pero conscientes de su importante rol individual, como guardianes de esos principios y valores, sin los cuales el hombre deja de ser importante frente al poder, la riqueza y la fama.

Quienes hemos mantenido esos principios y valores -que nacen dentro de nosotros y se proyectan al exterior en nuestras actuaciones- dentro de los cuales Dios y el amor al prójimo son los principales, ni tenemos vacíos vivenciales, ni tenemos temores. Porque al sentirnos hijos de Dios y por tanto imbuidos de poder y amor, haciendo introspección del compromiso con nuestro congéneres, así como nuestra extraordinaria capacidad de adaptación a cualquier situación por muy difícil que fuere, la plenitud es tal, que no tenemos espacio para ningún vacío, porque ese coctel maravilloso compromiso-amor es demasiado dinámico, renovador y reconfortante.

Es que no existen mecanismos de carácter externo, que divorciados de los principios y valores humanos, puedan substituir la espiritualidad de que éstos últimos están imbuidos; y, como consecuencia, no son los elementos materiales como la riqueza o el poder, por citar los comúnmente más deseados, los que pudieran llenar esos vacíos que nacen y sólo pueden ser satisfechos por elementos intangibles como el amor, la solidaridad y el respeto por la persona humana, prioritarios frente a cualquier circunstancia económica, de poder o bienes tangibles.

Siento que se hace necesario reencontrarnos con la espiritualidad, dando oportunidad de expandir hacia el exterior ese potencial de amor y solidaridad humana, que todos tenemos como parte de nuestra herencia divina; aceptando gozosos, que nuestro espíritu prevalece frente a nuestra condición física, y por tanto es allí donde nace y se desarrolla la esencia de nuestra individualidad, y que de él depende la indispensable armonía físico-espiritual, que nos blinda frente a cualquier tentación, debilidad o adversidad, pero muy especialmente frente a esa insatisfacción angustiosa, de sentir y no saber como llenar esos vacíos… existenciales.

«LAS PERSONAS MAS IMPORTANTES EN MI VIDA, SIEMPRE HAN SIDO MUJERES»

matt-and-jennifers-044Hoy siento la necesidad de escribir para la mujer, ese ser maravilloso que Dios hiciera en buena hora, quizás frustrado ante su primer intento fallido de crear algo perfecto a su imagen y semejanza. Ese Ente extraordinario que tomó para sí, la dura tarea de equilibrar nuestra vida físico-espiritual, en este corto pero interesante paso por la vida.

Creo que desde antes de adquirir raciocinio, ya amaba a las mujeres. Es que Dios fue tan bueno conmigo que me permitió tener mi madre hasta ya bien entrado en años; me regaló una esposa, donde reunió ternura, amor, lealtad y… compromiso a toda prueba; pero, por si fuera poco, me envió tres bellas hijas, que ya superando los treinta años, casadas y con hijos, siguen siendo conmigo tan tiernas como cuando eran unas niñas.

Fuera de mi hogar, siempre he recibido de las mujeres las mayores demostraciones de sensibilidad, solidaridad, caridad y comprensión. Asimismo, las he visto derrochar sacrificio, aceptación, reconocimiento, capacidad para el perdón, y un estoicismo que ningún hombre podría igualar frente a los momentos difíciles de la vida.

Quienes tenemos una pareja que sabe ser novia, amiga, compañera de viaje largo, madre y… amante, realmente somos privilegiados. Por eso no justifico bajo ninguna circunstancia ni por ningún motivo, la actuación descortés, irrespetuosa, desconsiderada, grosera, violenta o cobarde, que algunos hombres mantienen frente a sus mujeres; sin duda para bajar su autoestima, con la intención equivocada de que tal ignominia, de alguna manera, pudiera equipararlos a ellas.

Las mujeres vinieron a embellecer este mundo, para ser atendidas, honradas, edificadas, protegidas y… amadas por nosotros los hombres. Quien siendo varón no entienda esto, realmente se pierde lo más delicioso sobre la tierra: el amor sincero y verdadero de una mujer.

En la actualidad, cuando para bien de la humanidad la mujer ha tomado un rol de vanguardia en la sociedad, dado lo polifacético de su proactividad, si los hombres no entendemos su potencial y aceptamos orgullosos su extraordinaria capacidad, todos los días les quedaremos más pequeños.

Bien hacen quienes asumen estas realidades, si es que quieren mantener a su lado a esa persona tan especial, que es capaz de soportarnos, pero además amarnos y compartir con nosotros lo mejor de sí, siendo que, en la mayoría de los casos, lo único que pide es solidaridad, lealtad y… amor.

No escribo esto para ganar albricias, sino por el reconocimiento, en primer lugar, de mi vida feliz de hombre casado durante más de treinta y nueve años, pero también porque creo que no entender estas realidades, es un gran error de cualquier hombre, más que por lo que se deja de hacer por las mujeres, por lo que se pierde de disfrutar con ellas.

Dios bendiga y proteja siempre a las mujeres, especialmente a esas guerreras que son capaces de soportarnos y amarnos por tantos años; porque al menos yo, simplemente, no se vivir sin ellas.

«LOS CAMBIOS SON CONSECUENCIA DE LA SINERGIA MUNDIAL Y NO DEBEN ATEMORIZARNOS»

capetownpanorama_thLa sinergia global, en ocasiones da la impresión de que las cosas empiezan a ponerse de cabeza; como consecuencia, conceptos y juicios que por mucho tiempo estimamos apropiados, producen nuevos y diferentes resultados, sin explicación inmediata racional aparente… que nos perturba.

Valores tradicionales se desmejoran y principios tenidos como fundamentales comienzan a ser desestimados. Instituciones como el matrimonio, familia, escuela, religión, justicia, amistad, política y asociación empresarial, se ven sacudidas por acontecimientos que ameritan cuidadosa observación y análisis. Resultados: inquietud, preocupación, contestación e interrogantes sin respuestas aparentemente claras.

Recalentamiento global, descenso de algunas religiones y ascenso de otras; el ocaso del matrimonio como base de la familia nuclear; vaivenes cíclicos de las ideologías de izquierda y de derecha; la inoperancia del modelo económico rentista, productor de pocos ricos y muchos pobres, producen desconcierto en los conglomerados humanos, que temen eventos desconocidos, similar a la sensación de zozobra en las especies irracionales, previo a los movimientos telúricos o catástrofes naturales.

En los cenáculos de las Ciencias Sociales, estudiosos de la gerencia pública y social, también se hacen preguntas sin respuestas satisfactorias; las recomendaciones, programas, y aplicaciones que antes surtieron efecto, ahora se hacen difíciles, demoradas e inoperantes. Al mismo tiempo, minúsculos grupos descalificados, insensibles y corruptos, se apropian sin ningún recato, de los recursos previstos para cubrir las necesidades más ingente de los millones de perturbados ciudadanos, que en el paroxismo de su propia desubicación, no atinan a determinar como impedirlo.

El problema no es coyuntural sino estructural de los modelos económico-sociales, porque igualmente en países pobres como ricos, industrializados o en vías de desarrollo, con diferentes variables, factores fijos se mantienen en el mismo orden: injusta redistribución de la riqueza y como resultado pobreza, exclusión, falta de oportunidades, violencia creciente, que producen frustración, insensibilidad, personalismo, cortoplacismo, delincuencia y… terrorismo.

Los beneficiarios del stablishment avizoran problemas, pero tampoco comprenden bien que está fallando y no atinan en preparar una estrategia eficiente; pero un frío penetrante recorre la espina dorsal del sistema: es el terror a los cambios, que presienten disminuirán o acabarán con sus groseros privilegios.

Millones de afectados -excluidos e ignorados- sobrevivientes con los rezagos de las clases dominantes, por primera vez tienen acceso a medios informáticos globalizados que les señalan lo que les corresponde y presionan desde los sindicatos, asociaciones de desempleados, partidos políticos, asociaciones comunales y estudiantiles, por mayor participación y protagonismo, porque a su vez, intuyen que podría cambiar las cosas.

Tenemos derecho a una vida más justa, donde el objetivo principal sea la felicidad del hombre y no la riqueza por sí misma, y más temprano que tarde lograremos alcanzarla. Nuestro mundo ha vivido milenios y queda mucho tiempo por delante. Heredamos de Dios la inteligencia con la cual hemos superado ya muchas catástrofes, y estamos listos para enfrentar nuevas; es un compromiso con nosotros mismos y con las nuevas generaciones.  Montémonos sobre la ola del desasrrollo sin temores… no podemos defraudarlos.

«NO ME DIGAS COMO HACERLO, HAZLO CONMIGO»

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Como habitantes de Venezuela, un país de eterna primavera, con hermosos bosques, montañas, y llanuras; majestuosos ríos, lagos y playas de ensueño; una fauna y flora espectaculares; y sobre todo, con gente noble, generosa y amorosa, hoy, inexplicablemente estamos en riesgo de perder nuestra tranquilidad.

Quiero significar que estamos a tiempo de enderezar senderos porque aún tenemos reservas morales y mucho amor en nuestro corazón. No obstante que un pequeño grupo, de diferente matiz, que no pasa del diez por ciento de la población, nos quiera convertir en Tirios y Troyanos, no somos eso: somos venezolanos y… hermanos. Sin duda, existe diferencia en la forma de pensar entre unos y otros, pero eso no es malo, sino interesante, porque nos orienta a demostrar que unos podemos ser más útiles que otros, y así el país…gana.

Especialmente en época de convulsión mundial, cuando el modelo económico tradicional cruje frente a los cambios que produce la necesidad de un desarrollo para el hombre y no para la riqueza, la paz y tranquilidad son dones que no caen del cielo, sino que nos toca a todos y cada no de quienes habitamos este último refugio del mundo, hacer todo por lograrlo.

Tenemos que repensarnos y reencontrarnos de forma sincera y eficaz. Hoy más que nunca el país nos necesita; la patria nos llama, y no debemos olvidar que, cuando el clarín de la patria llama hasta el llanto de la madre calla. No podemos defraudarla. Somos sus hijos buenos que aman, esperan y son capaces de darlo todo. Los venezolanos siempre hemos sido del tamaño de la circunstancia que se nos presente.

Venezuela no comienza ni termina hoy. Somos y seremos siempre un gran país; refugio de propios y extraños. Todos somos necesarios e importantes. No hay nada simple ni sencillo, todo amerita un esfuerzo. Tenemos que abrir nuestro corazón y sentimientos, darnos la mano para encontrar el mejor camino que asegure a nuestros hijos y ancianos, que tienen y seguirán teniendo un país donde actuamos como hermanos y se puede ser feliz.

No es difícil encontrarnos. La causa es demasiado importante para no obviar diferencias. Requerimos concertar y concertarnos; mirar más allá, haciendo a un lado nuestras miserias humanas, reconociendo lo bueno que se haga y censurando lo malo sin importar su origen. Debemos otear el horizonte cercano, porque de allí avizoramos lo mediato y de largo plazo.

No es trabajo de una sola Institución, grupo o persona; es labor de todos quienes habitamos este país, sin excepciones. Yo, que he recorrido y vivido en  varios países, con propiedad puedo decirles, sin que me quede nada por dentro, que no conozco ninguno como este, donde existen todas las condiciones para vivir felices. Sería un verdadero desperdicio, no aprovecharlo por la ùnica razón de no ser capaces de ponernos de acuerdo.

«PODEMOS HACER UNA SOLA HUELLA Y… YA NUNCA ESTAREMOS SOLOS.»

301429727_77916357ce_mEn el orden general de nuestra vida, desde que adquirimos raciocinio, sentimos la necesidad de avanzar… nunca devolvernos; cuando por alguna razón, justificable o no, tenemos que hacerlo, recibimos la sensación de que perdimos un tiempo precioso. Es que, con razón, presentimos que hay algo mejor para nosotros que se encuentra adelante… y tenemos que alcanzarlo.

¿Quién nos lo enseña u ordena? Creo que lo traemos impreso en los genes. De alguna manera, es la concreción de que somos espíritus viviendo experiencias físicas de progreso, para avanzar a otro nivel más elevado… que sobrevendrá.

No obstante, este mundo natural que es nuestra casa, lo palpamos inconmensurable, expectante, imprevisible y con reacciones que nos persuaden de la necesidad de encontrar un compañero con quien hacer más interesante, seguro y divertido, en ese largo viaje que nos espera.

Independiente de la edad, raza, sexo, nivel cultural, social o económico, todos, salvo muy raras excepciones, orientamos nuestra mayor capacidad a buscar ese compañero de viaje… largo. Es por lo cual tratamos de lograr conocimiento, cultura, poder, fama y riqueza; siempre con la esperanza de que tales factores privilegien nuestra capacidad para lograr, de la mejor manera posible, el encuentro maravilloso con esa persona especial que compartirá nuestro destino.

Venturosamente, en nuestro camino, en sentido contrario pero en la misma vía, siempre viene alguien en busca exactamente de lo que tenemos y podemos dar; que comparte nuestra ideología, sueños y ambiciones. Nos encontraremos y se producirá el contacto mágico de sentimientos compartidos; se conectarán las energías positivas; se producirá el circuito que encenderá la llama del amor; nos embargará esa sensación mágica del idilio; la emoción, la ternura y la pasión harán un coctel sublime que recorrerá nuestra espina dorsal produciendo una sensación nueva; enterraremos nuestro natural egoísmo, compartiremos todo; haremos una sola huella y ya nunca más estaremos… solos.

Ese es nuestro destino; al cual tenemos derecho y debemos procurárnoslo. Dios nos dotó de todas las capacidades para lograrlo. Tenemos que buscar y encontrar esa persona que nos ame, respete, edifique y esté dispuesta a unir caminos para hacer con nosotros una sola vida, porque es la unión de pareja el terreno abonado para sembrar nuestra simiente, que no solamente dará frutos buenos, sino que materializará la extensión de nuestros más bellos sentimientos, más allá de nuestra propia vida terrenal.