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Archive for the ‘NOBLEZA Y CONFIANZA’ Category

LA HERENCIA DE “MADIBA”

MANDELA

En Agosto de este mismo año escribí sobre la vida, el amor, honor y nobleza de Nelson Mandela, o como cariñosa y respetuosamente le llamaban “Madiba” sus conciudadanos, y finalmente, periodistas y estadistas, con los mismos sentimientos,  también le denominaron de tal manera;  fue un último legado al origen de su Clan Madiba de la etnia Xhosa de Africa del Sur, que le regaló al mundo este ser tan especial. Hoy, con el mayor respeto, consideración y admiración por su obra y memoria,  escribo al «Khulu», que en lengua Xhosa significa Abuelo sabio, generoso, digno y especialmente respetable; igual como a Gandhi le llamaron “Bapu” (Padre) en idioma guyaratí.

Desde muy joven me interesó la vida de tres hombres, quienes son paradigma de la libertad de los pueblos del mundo: Mahatma Gandhi (1869), Nelson Mandela (1918) y Martin Luther  King  (1929). Siento que cada uno, en su tiempo, representaron algo más que un liderazgo local o regional, sino que  trascendieron  sus países y continentes para llevar, con sus actos, su mensaje al mundo entero.

Madiba fue un hombre físicamente igual que cualquier otro; inclusive, en su juventud, violento, pensando que era mediante esa lucha como se podía nivelar la gran desigualdad del Apartheid imperante en Sudáfrica; a diferencia de Gandhi, quien nunca fue violento y siempre creyó en la paz,  también estudió Derecho. Los 27 años de cárcel durante los cuales su pueblo sufría incontables penurias, le dieron el tiempo suficiente para pensar, reflexionar y entender que era mediante el amor, el perdón, la fortaleza espiritual, la constancia, la fe y la unión, como se podía lograr unir su país, por años dividido entre la minoría colonizadora blanca del Imperio Británico  y los nativos negros, que eran la mayoría, pero que siempre llevaron la peor parte.

La gran herencia de Madiba fue la prueba que con sus actos nos dejó, de que si estamos seguros que defendemos la verdad y la justicia, no importa la fuerza del enemigo ni sus recursos; si tenemos el valor de afrontar la maldad y el odio con el amor y el perdón;  si tenemos el coraje y la entrega suficientes para arriesgar todo, hasta la vida por nuestros ideales, es muy difícil que frente a esos valores triunfe el odio y el  mal.  La lección fue aprender que,  cuando se defienden  ideales, se trata de resistencia, perseverancia, valor,  entrega y  no de tiempo.

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PERDON, AMOR Y NOBLEZA

NELSON MANDELA IINarrar la biografía de uno de los hombres más ilustres, nobles y bondadosos que ha parido la contemporaneidad, sería realmente, por conocido,  una repetición innecesaria: NELSON MANDELA. Sin embargo y no obstante que su vida es muy conocida como político, estadista y ganador del Premio Nobel de la Paz, su obra llena de valor, estoicismo, optimismo, esperanza, perdón, nobleza y lucha sin descanso, han sido un baluarte actual de la humanidad, que prevalecerá por siempre y sobre el cual las nuevas generaciones encontrarán una referencia de que, el perdón y el amor son los dos ingredientes más importantes para la reconciliación de los pueblos.

Nelson Mandela junto con su gente sufrió la más brutal represión durante muchos años, y personalmente  más de 27 años de duro encierro en la cárcel, en un país y una época donde la Justicia y el cuidado del Estado hacia sus nacionales, lo era únicamente para los blancos. En ese oprobioso sistema denominado el apartheid, impuesto por el Imperio Británico, él  nunca dejó de luchar ni perdió la esperanza en que siempre hay una luz al final del túnel, por lo cual sólo se requiere coraje, tesón, constancia y más constancia para alcanzarla.

Sin considerar las matanzas de sus conciudadanos y los castigos recibidos personalmente, cuando llegaron las condiciones, él inspirado en el amor, la paz y el perdón como única posibilidad de unir  a su pueblo, materializó esas virtudes uniendo el País al llamar a sus opositores y verdugos a hacer Gobierno conjunto, como máxima demostración de que sí era posible la reconciliación, si se unían las voluntades de  hacer patria.

Cual Ghandi, Mandela no utilizó armas sino que depuso la rebeldía de sus primeros años, para utilizar en contra de los enemigos personales y de su pueblo, el instrumento más poderoso que ha conocido la historia contra los Regímenes despóticos, inhumanos y autoritarios: LA PAZ.

Hoy, a los 95 años, Nelson Mandela ha cosechado el fruto de su duro trabajo durante toda su vida con la libertad de su pueblo, en su cama de enfermo con la atención, honores  y preocupación por su salud, de las más altas Instituciones y Personalidades del mundo, quienes le hacen llegar su reconocimiento y agradecimiento, independiente de su ideología;  porque el amor, el perdón y la paz, son el mayor patrimonio de que disponemos los seres humanos  para prevalecer como sociedades organizadas, con sentido de permanencia.

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CRECER O DISMINUIR EL AMOR

AMANTES

Alguna vez leí queLa luna y el amor cuando no crecen, disminuyen.” Ciertamente, creo que la física y la espiritualidad, casi siempre tienen puntos de coincidencia; quizás porque ambos son producto del mismo Creador.

En el amor, no tengo ninguna duda que, no obstante su robustez y resistencia, aunque nunca muere definitivamente, si no se abona su crecimiento, indefectiblemente, disminuye.

El amor es la fuerza más poderosa que mueve al ser humano: es el combustible de nuestra venturosa e indispensable sinergia vital.

Por amor se han creado y destruído imperios, se han escrito bellas y terribles historias; así como que por el se hace maravillosa la vida, siendo su principal consecuencia  el mantenimiento de nuestra especie y amor más allá de nuestra existencia física.

Si como seres humanos no hubiésemos descubierto, fortalecido y mantenido el amor, seríamos tan salvajes que ya hace muchos años, habríamos destruido este mundo.

En ese maravilloso, pequeño, pero gigantesco mundo de nuestra intimidad, el amor simplemente es indispensable; sin el no existiría la pareja, que es la piedra angular de la familia.

Sin el amor en permanente fortalecimiento, no se mantendrían los nexos familiares, amistosos, patrióticos, ni la solidaridad humana, que hacen de la vida física una experiencia extraordinaria e insuperable.

Entre la denominación un gran amor y un amor normal, la diferencia es la magnitud de  su alimento cotidiano, que deviene de ese mundo sencillo pero significativo de nuestra conexión diaria.

El amor no requiere sacrificios ni actos heroicos; demanda respeto, afecto, ternura, aceptación, comprensión y la posibilidad permanente de amar con libertad y sin presiones de ningún género.

El amor bueno, ese que se mantiene en el tiempo apasionado y emocionante, es espontáneo: nace del cuerpo y… del alma. No soporta ataduras ni manipulaciones, porque se alimenta de la libertad que le insufla intensidad a cada uno de los actos que de el se derivan.

Quien no comprenda esa necesidad de libertad en el amor, nunca recibirá amor espontáneo; y un amor condicionado, tímido o temeroso, será cualquier cosa menos… amor real, cierto y verdadero.

De tal suerte que, si queremos un amor emocionante, mágico, fantástico y permanente, siempre en aumento y nunca en disminución,  el secreto es alimentarlo siempre con demostraciones reales y diarias de ternura, respeto, reconocimiento, consideración, atención, generosidad y buena comunicación, de lo cual es fuente abundante nuestro maravilloso mundo de las cosas sencillas.

¿Verdad que no es nada dificil, sino agradable intentarlo?

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Por solicitud de una lectora Bogotana, repito este post que escribí y  publiqué el año  2008.

“SI TUVIERA DOS VIDAS TE REGALARÌA UNA; SIN EMBARGO, LA ÙNICA QUE TENGO   TE LA OFREZCO PARA HACER UNA SOLA CONTIGO.”


¿Cómo actuar luego de producida la infidelidad sexual?

Para el ofendido su sorpresa, orgullo herido, dolor y frustración no dan tiempo para el análisis racional de la situación, sino para la acción inmediata y violenta de rechazo.  Sin embargo, antes de abordar la actuación posterior, conviene analizar someramente los antecedentes previos al suceso.

Tomaré como referencia un caso de la vida real, como textualmente me fue propuesto por una de mis lectoras:

Descubrí que mi esposo me fue infiel, él me explicó que está muy arrepentido porque me quiere, pero que no sabe que le impulsó a hacerlo. Sólo tuvo contacto sexual una vez para quitarse esa inquietud y que esa relación ya no existe. Yo lo amo y no sé como manejar esto. Tengo tanta rabia, frustración y hasta dudo de mi capacidad sexual. Quiero perdonarlo pero tengo miedo que luego se vuelva a repetir, pero es que tampoco quiero perderlo porque salvo esto, él es  muy considerado conmigo, agradable  y sé que me ama. “

La infidelidad sexual no se produce por un impulso momentáneo; se trata de un proceso acumulativo de insatisfacciones que desencadena en una actuación cargada de emotividad, frustración, perturbación, confusión, y a veces, irracionalidad.

Es el triunfo de la originalidad sobre la cultura, actualizada por una reacción animal instintiva que supera principios éticos, que soportan la relación de pareja. La permanente lucha del hombre civilizado con su herencia atávica: atracción heterosexual y cópula.

Para el ofendido, el acto desleal violenta los sentimientos, los pactos de amor y solidaridad que produjeron la unión, afectando la fe, confianza, seguridad en si mismo y en la relación: el mundo se pone… oscuro.

Para el ofensor, la fantasía y debilidad dan paso a la realidad. Al momento fugaz de supuesto goce -que la mayoría de las veces no es nada extraordinario- sigue la perturbación, angustia y sentimiento de culpa; los remordimientos y tardía racionalización de las consecuencias cobran un precio demasiado alto, que algunas veces destruye años de esfuerzos, dedicación y… sueños.

La reflexión llega tardíamente, pero… llega. El mundo se pone pequeño y la vida se hace… miserable. El mal está hecho y la sensación es la de un  callejón sin salida. Para los dos es un momento aciago, en el cual se encuentran solos, porque nadie puede ayudarlos. El shock da paso al temor a las consecuencias, y ambos, emocional  y mentalmente desestabilizados se preguntan: ¿Y ahora qué?

En muchos casos, se trata de personas que por años han tenido una conducta apropiada de fidelidad y consecuencia, pero quienes en un momento dado, por razones que ellos mismos no pueden racionalizar,  cometen un error. Surgen entonces algunas interrogantes:

¿Debe condenarse sin término de juicio?

¿No tiene ningún valor su actuación consecuente, honesta, leal y solidaria, frente a un acto equivocado?

¿Cuando se unen dos no se aceptan con sus virtudes y defectos?

¿Acaso la solidaridad no es en las buenas y en las malas?

¿No es cuando nuestro par  tiene problemas cuando más requiere nuestra comprensión y… ayuda?

Frente al suceso fáctico sólo queda una opción válida, inteligente, sincera y valiente: controlar el dolor, la ira de uno y la tendencia a la justificación del otro, en pro de analizar los factores incidentes que desencadenaron la situación, poniendo por delante la verdad para decir, sin ambages y falsos prejuicios, lo que se siente que ha fallado en la relación.

De ese análisis sincero surgirá la realidad de  cuándo se inició el proceso de deterioro, cómo y porqué se produjo; pero también por qué  no fue advertido y tratado a tiempo. Si predomina la verdad y no la justificación, ambos, de alguna manera, consciente o inconscientemente, en mayor o menor grado resultarán con incidencia de culpa.

Si la llama del amor se mantiene viva, la frustración y el temor darán paso a la reflexión sobre valor de lo que se está en juego. La aceptación de la actuación errada, la solicitud del perdón y la contrición resarcirán el dolor. La nobleza y generosidad, hermanas gemelas del amor propiciarán el perdón y… el olvido.

El tiempo dará oportunidad al ofensor de compensar con creces sus errores y el ofendido se sentirá satisfecho de haber tenido la altura espiritual, que se requiere para perdonar y olvidar;  con lo cual, por cierto, salvó la relación.

Si por el contrario, no obstante habérsele dado la oportunidad de corregir definitivamente el entuerto, el ofensor resultare reincidente y se terminare la relación, no sería el ofendido el gran perdedor; porque para él, en el camino de la vida, en su misma vía y en sentido contrario,  otros vienen en busca de lo mismo, con idénticos deseos, ambiciones y sueños; en un momento, sin  importar como ni cuando, se encontrarán, sentirán que llegaron a su destino y se producirá el milagro: el amor nuevamente tocará la puerta y… deberá abrírsele.

Por su parte, quienes no tienen suficiente amor, generosidad y nobleza para entender que la pareja no es de ángeles, sino de seres humanos con virtudes y defectos; ambos tratando de ser mejores en un mundo complejo y progresivamente insensible a la ternura, consecuencia y solidaridad humanas, en una situación de infidelidad dejan que sus más radicales sentimientos decidan la situación, y el resultado siempre es el mismo: irreflexión, incomprensión, odio, rencor, frustración, revanchismo. Como consecuencia, soledad y tristeza, para lo cual por cierto no se requiere tener una pareja.

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CON LAS MANOS VACIAS

 

«NADA TRAEMOS A ESTA VIDA NI NADA NOS LLEVAMOS»

Antes de morir Alejandro El Grande, exigió  que sus tesoros se esparcieran por el camino hasta su tumba; y que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd a la vista de todos. Con ello quiso significar que cualquier bien material adquirido en esta vida, aquí se queda y que, venimos con las manos vacías y así partiremos de este mundo.

Manejar estos conceptos puede hacer la diferencia entre una persona feliz, al compartir lo que logra con sus  hermanos humanos, y otra que dedica su vida a atesorar bienes por temor a perderlos, convirtiéndose en avara y, consecuencialmente, infeliz.

Ningún bien material trasciende nuestra existencia física o puede servirnos en la otra. Como los adquirimos en esta tierra, aquí debemos disfrutarlos y aquí se quedarán irremediablemente. Por tanto, la avaricia además de hacer daño a quienes se les niegan, castiga a quien dedica sus mejores años atesorando lo que no podrá utilizar después de su muerte.

Como legado de nuestro Creador, las cosas trascendentes e indispensables para nuestra realización personal, como el amor, el tiempo y la espiritualidad, cuales sí nos llevaremos con nosotros, no las hizo depender de ningún esfuerzo material sino de  nuestra personal voluntad; resguardándolas en nuestro interior, para que nadie, bajo ninguna circunstancia, jamás pudiera privarnos de ellas.

El amor, nos posibilita deleitarnos en el milagro más grande de la naturaleza: nuestros hermanos humanos, permitiéndonos asimismo vivir intensamente las emociones y sentimientos más nobles, venciendo todo obstáculo que disminuya nuestras capacidad de dar.

El tiempo, ese arcano indefinible de  luengas barbas y rostro venerable, cual quisiéramos mantener ilimitadamente, nos es dado sin que podamos conocer cuánto, por qué y hasta cuándo estará con  nosotros, por lo cual, sería inútil ocupar en ello nuestro intelecto.

La espiritualidad deviene de nuestra herencia divina; nos permite entender la temporalidad de la vida física y nos hace intuir otra instancia más elevada, a la cual irremediablemente debemos ascender, al tiempo que, al vincularla a nuestra materialidad, consiente edificarnos y deleitarnos en esta vida, como una preparación para la posterior.

Quizás fue esa la enseñanza que quiso dejarnos Jesús de Nazaret, la cual todos deberíamos seguir,  cuando sentenció: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;  sino haceos tesoros en el  cielo donde ladrones no minan ni hurtan…”

 

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Todos tenemos en esta vida una pared personal, detrás de la cual escondemos, unos más que otros, sentimientos, inhibiciones, frustraciones, tristezas, dolores, ambiciones, sueños y… alegrías.

Yo también tengo mi pared; sólo que he separado mis sentimientos de la mejor manera posible, de tal forma que únicamente tengan trascendencia aquellos que sean positivos y me edifiquen,  a cualquiera de los seres que amo o a quienes me relaciono de cualquier manera.

No se trata de una pared física, porque tiene que ver con mi alma y mis sentimientos que son etéreos, y al no tener conformación material es un poco más difícil contener algunos de ellos, que a veces escapan e intentan crearme problemas; pero al final, yo los controlo.

Detrás de mi pared he aprendido a vivir tan feliz como cuando tengo que traspasar sus linderos; para lo cual, simplemente me regalo de forma permanente y continua la posibilidad de equivocarme y cometer errores; de tratar de entender a mis hermanos humanos, aceptarlos como son, reconocer sus bondades sin escudriñar sus debilidades o defectos, y festejar su diversidad. De alguna manera, esto es parte del obrar humano que todos tenemos que experimentar en procura de una vida mejor; y es, precisamente disfrutando en el camino de lograrlo, como aprovecho esas múltiples experiencias que me enriquecen, inmersas en el maravilloso mundo de las cosas sencillas.

Por mucho tiempo sólo me sentía a salvo detrás de mi pared, hasta que descubrí que por tratarse de algo espiritual y no físico, no tenía límites de tiempo ni espacio. Con esa precisión ubiqué los cerrojos en mi ser interior, donde convivo con Dios y sólo Él y yo tenemos acceso, para dejar que sean mis sentimientos quienes decidan donde se quedan: delante, donde el sol brilla y las noches son estrelladas, o detrás, donde todo es oscuro. Así, atesoro aquellos que son positivos para mi o alguien más, haciéndolos parte de mi luminosa vida diaria. Por el contrario, los que considero negativos, deprimentes o dolorosos, los dejo detrás, en la parte oscura de mi pared, para no recordarlos nunca.

Hoy alguien, inesperadamente, traspasó mi pared adornándola con colores de oro, música de alas de mariposas y perfume de azahares: Wendy interrumpió mi trabajo, se sentó en mis piernas y jugueteo con mi pelo como antaño, mientras su mami la miraba con ternura; ella tiene treinta años, dos bellas niñas y es… la última de mis hijas.

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TOÑO E ISA EN MIAMI  (2009)

¿Cuál es el factor fundamental que incide para que en las parejas, progresivamente decaiga el idilio, entusiasmo, emoción y pasión de los primeros tiempos?

Es un tema largo y complejo, pero aislando factores incidentes, pareciera ser que el primero es la rutina, que surge cuando los integrantes, imbuidos de su nuevo rol y la seguridad que conlleva, descuidan el comportamiento cuidadoso, atento, considerado y romántico, que dio origen a la unión.

Se hace pareja para dar permanencia a la relación que se disfrutaba como novios, bajo la premisa de que viviendo juntos,  los bellos sentimientos que alimentan el noviazgo, se harán más fuertes y solidarios.

Si la convivencia disminuye o desmejora esa emocionante sensación que mantuvoactivo el noviazgo, la frustración abona el terreno para el hastío, así como para las desavenencias, desacuerdos, desinteligencias y mala comunicación, que afectarán la convivencia diaria.

El alimento de la pareja lo es ese coctel cotidiano de amor, ternura, pasión, respeto, aceptación, solidaridad, lealtad y sensación de socorro mutuo, que  se constituye en blindaje para mantener relación en el tiempo.

El tedio y la rutina se combaten con el entusiasmo, positivismo, buen humor, creatividad y buena comunicación; sentimientos que únicamente surgen del amor, lo cual mientras este se mantiene vivo todo tiene solución, porque el amor lo puede todo.

Para reforzar el sentimiento de que la unión aporta y no disminuye emoción a la relación, debe mantenerse el mismo comportamiento atento, considerado, entusiasta, obsequioso y… enamorado, como en la época del noviazgo.

Descuidar la magia del te amo, las invitaciones, sencillos obsequios, salidas, y de vez en cuando una que otra locurita, es convertir lo que pudo ser emocionante y permanente, en rutinario y fastidioso.

El lenguaje del amor es muy variado: comprensión,  aceptación, atenciones, miradas, contactos de piel, guiños, señas; y las frases te amo y discúlpame que siempre deben estar presentes. Nathaniel Hawthorne, comentaba: “Las caricias son tan necesarias para la vida de los sentimientos como las hojas para los árboles. Sin ellas, el amor muere por la raíz”.

No olvidemos que quien nos escogió dentro de millones de otras opciones para hacer vida en común, lo hizo para producirse más y mejor amor, ternura, consideración, aceptación, emoción, compañía, seguridad y… buen sexo; todo lo cual bien podría lograrlo con otro que entendiera mejor ese privilegio de ser especialmente escogido para compartir cuerpo y espíritu, en el camino de hacerse la vida más grata, emocionante, segura, permanente y feliz.

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Nunca he estado de acuerdo en que el hogar se denomine como «el descanso del guerrero», refiriéndose al esposo o el pareja exclusivamente; al menos, en la gran mayoría de los casos de parejas conformadas y hogares constituidos.

Quizás para quienes nunca han formado o mantenido una pareja estable pudiera parecer acertado. Al fin y al cabo, en el desarrollo cultural en general, el hombre siempre ha tenido las riendas, la ha dirigido y por tanto la mayor significación siempre la ha orientado hacia su género.

Pero para quienes por décadas hemos convivido en pareja y desarrollado una familia, este término nos parece eufemístico, por no decir machista e ilusorio.

Al guerrero se atribuye la ardua lucha en cualquier terreno o circunstancia donde le lleven sus ideales, dando lo mejor de sí y a costa de cualquier riesgo, inclusive de su propia vida.

No tengo duda que la mayoría de los esposos y parejas, ponen lo mejor de sus capacidades en pro del beneficio de sus hogares. Eso es lo que de ellos se espera y debe ser reconocido más como el cumplimiento de su deber, que como un acto de «heroísmo».

Pero con lo que nunca he estado ni estaré de acuerdo, es con que se determine el hogar como «el descanso del guerrero» en referencia exclusiva al esposo o el pareja, para destacar que este hace una labor especial y titánica que requiere de un descanso especial; cual por cierto, pareciera ser la intención de relevarlo de toda actividad hogareña en apoyo de su compañera.

Ciertamente, me parece injusto que se discrimine a la mujer, que en su labor callada y sin pausa, no sólo realiza la parte más dura e importante, como es la de mantener el hogar y los hijos, en la mayorría de los casos, además de trabajar fuera, sino también constituirse en el soporte de su esposo o pareja, para su mejor desarrollo y éxito.

Porque es que hasta ahora, nunca he oído a nadie expresar que exista algún sitio que sea el descanso de «la guerrera», sino que por el contrario, «el descanso del guerrero»; en muchos casos se convierte en la parte más estresante de la agobiada mujer.

Como una especie de renegado de las pautas de mi propio género, durante muchos años he observado las actividades, labores, dedicación, lealtad, espíritu de sacrifico y reconocimiento de ambos integrantes de la pareja tradicional y no tengo ninguna duda que la mujer se lleva la nota sobresaliente.

Por eso hoy quiero manifestar que no estoy en desacuerdo con que el hogar sea el sitio ideal de descanso, pero no para ningún guerrero en especial; porque si lo hubiera, sin duda lo sería quien en su actividad diaria pudiera englobar amor, ternura, comprensión, aceptación, duro trabajo, paciencia inagotable, reconocimiento, lealtad y una sensibilidad especial; y todo eso, en el único ser que hasta ahora lo he encontrado ha sido en la mujer que sabe ser esposa, pareja, novia, amiga, compañera de luchas, sembradora de sueños, de esperanzas y… madre.

Próxima Entrega: LA NECESIDAD DE CONECTARSE.

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river.jpgToda mi vida he visto eso que llaman crisis en la acera de enfrente haciéndome señas, en busca de sustento; nunca acepté su invitación de permitirle arañar mi conciencia.  Aprendí que al final la solución se impone y la vida retoma su camino. La tierra sigue girando… y nosotros viviendo

Algunas crisis escapan a nuestro control, porque como individualidad somos inútiles y como colectividad nuestra trama y controles sociales ineficientes posibilitan afectarnos, frente a la mirada de  unos Funcionarios Públicos estupefactos ante su propia imprevisión, inutilidad y negligencia.

Pero ¿Qué ha hecho o hace el hombre para superar las crisis y dónde reside su poder para vencerlas? Simplemente actúa dónde solo él gobierna, que es en  su fuero interno y utiliza sus mejores armas: valor, nobleza, fe, optimismo, confianza en Dios y… generalmente sale airoso.

Las «crisis» afectan a quienes las conciben como tales. Amor, libertad, libre albedrío, estado de ánimo, esperanza y la convicción de que somos uno con Dios nos ayudan a vencerlas y ser felices. Quienes creen en ellas y las temen,  si  no  las superan… perecen. Los que les dan su justa dimensión, siempre se imponen, sobreviven y capitalizan el aprendizaje para prevenirlas.

Si se producen en el alma son más problemáticas, pero igual que cuando derivan de elementos naturales o por actuaciones externas, al final, de alguna manera, nos arreglamos para vencerlas. Así ha sido y lo será…siempre.

Todo evento puede ser crítico para quien así lo conciba. Es una operación mental. La concepción de crisis no es física sino una broma cruel que nos juega la mente. Su parte real,  como en la mayoría de los eventos que nos afectan,  apenas representa un diez por ciento; el restante noventa por ciento lo constituye la trascendencia que personalmente le damos. 

Así como la felicidad  es la sucesión de eventos satisfactorios, las crisis son acumulación de situaciones que consideramos negativas, cuales por cierto pudiera ser que para otros no lo sean tanto.

La solución a las crisis comienza por preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para paliarlas o vencerlas? Luego, evaluando mis posibilidades y aplicándolas de inmediato, como ellas surgen de problemas, si tienen solución me ocupo de buscarla y…encontrarla; más no me preocupo, porque eso no ayuda.

En todo caso, si no tuviere arreglo, sería inútil toda preocupación u ocupación. Pero  hasta ahora, todas las crisis que he presenciado, tarde o temprano, siempre se han solucionado. Quizás dejen huellas,  pero… son curables.

Si usted se siente en crisis, en vez de atemorizarse, lamentarse o compadecerse,  aquiétese, respire profundo, haga una composición de lugar; ocúpese de buscar el flanco más fuerte o negativo, que siempre lo tiene y actúe sobre él. Si se aplica  con tesón, confianza y diligencia, ha hecho su parte.

Ahora, olvídese del problema;  quédese tranquilo, disfrute de su espiritualidad, cual no puede ser afectada por ningún evento por terrible que sea. Reconfórtese contando sus muchas bendiciones, medite, abrace tiernamente a su mujer y a sus hijos, ámelos y… dígaselos, que esa es su mejor parte en esta vida.

Felicítese por haber hecho con coraje todo lo que pudo para remediarlo, pero la solución definitiva déjesela a Dios, quien es un inmejorable vencedor de crisis. No trate de sustituirlo, es muy poderoso y hace muy bien su trabajo. Aprovéchelo que usted lo tiene a mano y recuerde: usted podría imitarlo, pero no igualarlo o superarlo.

Si no me cree, mire hacia atrás y pregúntese con honestidad: ¿Cuántos problemas hubiera podido arreglar sin ayuda de Dios?

No quiero conocer su respuesta… basta con que usted lo reconozca. Yo no lo necesito. Simplemente, no creo en crisis. No al menos en una que tenga tanto poder como para derrumbarme. Es parte de mi equipaje en esta aventura tan agradable en que he convertido mi  vida.

Próxima Entrega: ¿CUÁL ES MI TIEMPO?

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