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Archive for the ‘FANTASIA’ Category

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El proyecto para salvar la pareja mediante la reingeniería de pareja conlleva revisión, análisis sincero, descarnado e integral de la situación en un momento determinado, preparando un plan para salvarla pero partiendo de cero, como si nunca hubiese existido la relación.

Arrancar de cero deja atrás el rencor pero no la certeza del daño que producen los agravios, señalando los que deben evitarse en el futuro pero abriendo el camino para compensar con creces los mutuamente inferidos.

El nuevo proyecto encarna la promesa de un nuevo idilio; la aventura del enamoramiento; la paz espiritual que proporciona el restañar las heridas; y la esperanza del disfrute renovado de ser un solo cuerpo, una sola carne… un alma en común.

Intentar constituir una relación no renovada sino nueva, se convierte en un reto compartido de vencer los rencores, el temor, la tristeza, la soledad, el dolor, la frustración y la angustia, que si ponemos nuestro mejor empeño sin duda tendrá éxito.

Comenzar sin ataduras, dando rienda suelta al alma para volar sobre los sueños nunca realizados; materializar proyectos ideados, deseados y esperados pero no concretados siempre será emocionante, porque proporcionará la posibilidad ideal para convenir una forma diferente para la vida diaria en familia; resolución de los problemas; utilización del tiempo libre y para el manejo de las relaciones amistosas y familiares comunes.

Como el amor que no había muerto, el disfrute de su sexualidad se refuerza; la creatividad, magia y fantasía le imprimirán nuevo ritmo, colorido y entusiasmo, que tendrá a su favor el previo entrenamiento, experiencia y perfecto conocimiento de las apetencias y rechazos sexuales mutuos. Esa satisfacción con nuevos bríos, reforzarán la sensación de que se trata de una nueva relación y no de un remiendo en una que pudiera volver a romperse.

Don Andrés Mata apropiadamente escribía: «…después de cada invierno, florece nuevamente el limonero.» Doy fe de la realidad de estos versos. Todos los días podemos enderezar el barco. Dentro de nosotros mismos tenemos los elementos idóneos: libre albedrío, estado de ánimo, fe, confianza, optimismo, y el poder ilimitado del amor. Solo requerimos diligencia para utilizarlos. Para comenzar una nueva vida todos los días son buenos.

En caso de vida o muerte siempre escogemos la vida. Este es el caso. A favor de nuestra felicidad no tenemos debemos hacer el último intento. La alternativa es lograrlo. Pero, si no resultara exitoso tendremos la tranquilidad de consciencia de haber actuado diligentemente.

Es por lo cual sugiero utilizar un programa de reingeniería de pareja, comenzando de cero, intentando nuevamente conocerse; enamorarse como cuando novios; olvidar agravios y recordar los momentos felices; mirar con optimismo el futuro, aceptando sus personalidades y bendecir el privilegio de poder intentar el regreso… a casa.

En el hogar vive la única realidad que tiene cara y calor humanos. Allí está la persona a quien interesamos realmente, porque su vida está unida a la nuestra y es parte irremplazable en nuestro equipo de fábrica de sueños… posibles. Aprovechèmosla y disfrutèmosla intensamente, que ese es nuestro pago en esta vida.

Próxima Entrega: POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS EN LA UNIVERSIDAD NORTHERN

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amor-i.jpgAntoine de Saint-Exupéry escribió:» «Los ritos son necesarios porque hacen unos días diferentes de los otros.» Personalmente y en mi familia, aprendimos a vivir nuestros días como un rito que nos ayuda a hacer «unos días diferentes de los otros».

El día de los enamorados y la amistad lo considero ocasión para celebrar y me sumo a ella, porque estoy enamorado y tengo muchos amigos.

En las floristerías y tiendas en general, jóvenes entusiastas, pacíficos ancianos y uno que otro esposo de aspecto resignado, todos con un presente para la persona amada, nos recuerdan el color rosa de la vida, mientras hacen la delicia de los comerciantes.

Lamentablemente, esa reconfortante visión de reconocimiento al amor en la cotidianidad, pareciera ocultarse detrás de la cortina de la lucha desesperada por sobrevivir, más que para vivir.

Los restantes días del año, la consideración, ternura, aceptación y reconocimiento a esa labor entusiasta, dedicada, callada y consecuente de quienes nos aman de manera especial, no es para la mayoría su principal preocupación, perdiéndose disfrutar permanente y apasionadamente.

Cuando se siembra en el alma de la persona amada la convicción de que se es amado, no requiere celebración o presentes especiales, porque para ella todos los días son especiales y estima la dedicación amorosa, considerada y respetuosa, como el mejor presente.

La ratificación diaria, entusiasta y renovada del afecto, emoción, reconocimiento y respeto, al compartir lo mejor de la vida con la persona amada, supera cualquier celebración o regalo.

He escuchado confidencias de personas enamoradas frustradas, tristes y desorientadas, quienes lamentaban, más que no haber recibido costosos presentes y celebraciones del ser amado, la ausencia de amor y reconocimiento que merecían.

Si los humanos entendiéramos bien el privilegio de vivir y amar, los trescientos sesenta y cinco días del año lo dedicaríamos al amor y la amistad, cuyo disfrute es lo único que nos llevamos de esta vida.

Quienes vivimos enamorados, todos los días y en todo momento, celebramos el enamoramiento dando amor y otorgando reconocimiento, que vinculados a la lealtad, solidaridad, ternura, aceptación y fantasía, hacen el mejor cóctel que alguien pueda degustar.

No obstante que han desnaturalizado el día de los enamorados y la amistad, convirtiéndolo de ocasión sublime en comercial, algunos enamorados descuidados, encuentran en esta celebración, quizás la única oportunidad en el año para, mediante un obsequio, presentar su reconocimiento al amor o amistad que reciben. Bienvenido sea el día de los enamorados.

No debo terminar este resumen sin brindar expresamente mi palabra de reconocimiento, a esas muchas personas enamoradas, que hoy como todos los días aman con pasión, solidaridad y entrega, sin recibir ningún reconocimiento especial, porque ellas encarnan la esencia del amor: otorgarlo sin esperar compensaciones, porque al darlo ya tienen su recompensa.

Próxima Entrega: REINGENIERIA DE PAREJA.

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amantes8a.jpg El goce que produce el acto sexual entre dos personas que se aman con plenitud, representa el máximo de satisfacción que puede experimentar un ser humano. En el convergen el cuerpo, el alma y el espíritu para decir: te amo. Ese condicionamiento sublimizador del sexo lo hace superar cualquier otra expectativa, constituyéndolo como indispensable para nuestra felicidad personal.

Por el y con el nacemos, convirtiéndose progresivamente en urgencia no sólo de satisfacción física sino también espiritual.

El sentimiento más determinante hacia otra persona lo es el amor, que instintivamente relacionamos con el sexo.

El sexo, como el vino debe disfrutarse con lentitud, fruición y deleite. Todo tiempo y oportunidad son buenos para degustarlo y su embriaguez en vez de rebajarnos, nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza originaria.

Fuimos dotados del sexo para vivirlo en toda su intensidad, que es prácticamente inestimable, porque carecemos de instrumentos que nos permitan medir la excitación y efectos que despierta en nuestra actualidad y potencialidad.

El sexo constituye el regalo más excelso que Dios nos dio. Representa la única posibilidad natural de convertirnos en parte de otra persona, encarnándola física y espiritualmente.

La concepción del sexo, como nuestra propia vida debe ser integral, constante y permanente. No podemos vivir una parte de nuestra vida o del sexo y otra no, porque son inseparables. No vivir una parte de la vida es como morir y no disfrutar una parte de nuestro sexo, sería como carecer de el.

El sexo al originarnos en una lucha donde fuimos triunfadores, se posesiona de todos nuestros sentidos conocidos y más allá de éstos. Lo vivimos en las imágenes, sonidos, olores, sabores, y en forma extraordinaria en el tacto. Pero su forma más sublime es una conjunción ideal, percibida por algo más allá de esos cinco sentidos conocidos, que nos dota de capacidad inusitada para fabricar sueños, magia y fantasía.

Vivir el sexo es algo más que disfrutar una sensación de goce físico, temporal, pasajero e intrascendente, cual no sería más que una regresión atávica a nuestro origen, como meros elementos reproductores, sin expectativas de espiritualidad.

Vivir el sexo es penetrar lo más hermoso de nuestra existencia. Es integrarnos con otra vida en una nueva vida, sin dejar la propia en el intento. Es sentir toda nuestra capacidad de creatividad, disfrute, nobleza y entrega, al poner en juego nuestros más puros y elevados sentimientos, haciéndonos como dioses, fabricantes de vida, sueños y esperanzas.

Es esa la dimensión del sexo que lo hace sublime, que le da continuidad y permanencia. Esa la entidad que nos posibilita sentir, luego de decenas de años practicándolo con la misma persona, que es la parte más bella de nuestra vida, siempre renovado, con algo nuevo que espera por nosotros, para decirnos que vale la pena seguir viviendo.

Próxima Entrega: TIEMPO DE ENAMORADOS

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 En la búsqueda de la plenitud del acto sexual, el hombre no se conforma con activarlo como mero mecanismo reproductivo, sino que al imprimirle progresivamente espiritualidad, lo convierte en un mecanismo de dar como en fuente de placer mutuo, más que de vida.

En las personas que se aman, el sentimiento de dar supera la necesidad de recibir; en una comunión que involucra por igual cuerpos y espíritus, prodigando ternura, aceptación, ausencia de egoísmo, respeto y solidaridad, transforman lo que originalmente fue un coito reproductivo, por la incomparable experiencia de hacer el amor.

Para que el acto sexual llene todas sus expectativas tiene que ser activo: físico, mediante la acción voluntaria y entusiasta de los cuerpos, y espiritual, por el concurso de sentimientos de amor, ternura, pasión, idilio, solidaridad y entrega, como los más importantes que involucra el acto.

Orientados por nuestro intelecto, desde el inicio de la relación que origina el acto, en el plano físico con los ojos percibimos la atracción y enviamos mensajes de aceptación y entusiasmo. Por el tacto trasmitimos energía y sensaciones. El oído recibe los sonidos de amor, sólo audibles y comprensibles para los enamorados. El aroma del amor es indefinible, pero cala hasta lo más profundo del ser, inyectando deseo, activando hormonas y despertando la pasión de su letargo, para saciar su sed que siempre demanda… más.

Un sentido más allá de los conocidos y exclusivo del humano, penetra el alma envuelto en encajes de mil colores, con siseo de alas de colibrí; invadiendo de mariposillas el estómago; liberando feromonas y endorfinas a granel, para desarreglarlo todo y convertirlo en fiebre de locura pasional donde todo es posible, nuevo, agradable, desprejuiciado, prometedor pero improvisado; con sabor a sorpresa, sin temor a lo imprevisto ni evaluación de riesgos, ensayando actuar como pequeños… dioses.

Es el toque mágico, fantasioso e inesperado del amor que empuja, rompe la monotonía, transforma lo normal en especial y lo elemental en sublime: es el sexo activado que no se resigna a su originalidad y se aferra a la magia, a la fantasía, a lo sublime, superando su conformación física y tangible, para volar a la conquista del máximo de gloria, que encarna la felicidad que es física y espiritual, pero… activa.

En esos instantes sublimes, los amantes desnudos y sedientos de placer, se activan y producen energía inverosímil suficiente para incendiar sus cuerpos y sus almas, quemándolos en ese fuego rosado y pasional de dar y recibir amor, ternura, magia y… fantasía. En ese besar, lamer, morder, gemir, suplicar, subir y bajar del cielo a la tierra y de la tierra al cielo recibiendo y dando el máximo del placer, percibimos nuestra esencia superior de fabricantes de sueños y constructores de realidades, sin otros elementos que nuestro milagroso cuerpo.

Es el sexo activo nuestra mejor experiencia en esta vida, que no debemos desestimar ni dejar pasar, porque engendra placer, satisfacción, confianza y representa un regalo especial de Dios, para hacernos más placentera nuestra estadía en este mundo maravilloso que nos dio por heredad.

Próxima Entrega: VIVIR EL SEXO.

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¿De que sirven los sueños si no los vivimos? ¿No es mediante ellos que vencemos el albur de una vida que no pedimos, dentro de un mundo amplio e infinito que espera ser descubierto?

Creo en mis sueños como único medio para romper la monotonía de la vida y dejo que me guíen. Sé que sólo se concretarán si me conviene.

Vivo con intensidad su desarrollo; su nacimiento, su increíble recorrido por ese mundo ideal que me corresponde. Mientras doy los pasos necesarios, experimento la sensación de que en mi fuero interno se están sucediendo.

Si se concretan, doy el toque final de celebración dando gracias por haberlo logrado. Si no se dan, igualmente agradezco haberlos disfrutado y porque sé que el no materializarse me resguarda.

Como mis sueños tienen vida, los ubico en mi existencia física: mi familia, trabajo y afectos, concretando los que puedo manejar y lograr sin violentar la voluntad de Dios.

Así, vivo mi sueño con el amor sublime de esa bella, tierna y leal mujer que Dios me dio por compañera, con respeto, consideración, aceptación, solidaridad, lealtad, reconocimiento, buena comunicación y apasionada sexualidad, convirtiéndolo en realidad.

Al amar, respetar y aceptar la individualidad de cada uno de mis hijos y entorno íntimo, la generosidad y bondad que, si no tuvieren, mis sueños les asignan, convierten ese pedazo de mis sueños en realidad.

Mi placidez permanente por haber vivido más de sesenta y seis años, superado riesgos, peligros y momentos difíciles; construido una familia feliz; orientando a quienes mejoraron su óptica de la vida; escrito libros y entablado este diálogo virtual con ustedes, representa sueños convertidos en realidad.

Quienes me aman, aman mis sueños, porque son parte integral de mi amor por ellos. Conocen que sueño por ambos. Saben que son y serán siempre parte de mis sueños. No tienen otra dimensión de mi personalidad.

Mis sueños, que hago realidad en lo posible, reflejan mi inagotable amor, mi deseo de transmitírselos y mi agradecimiento a Dios por permitirme embarcarme con ellos en este viaje hermoso, que es nuestra vida.

Para mí hoy y todos los días son maravillosos. El sol, la brisa, la risa de los niños y el canto de los pájaros, me recuerdan que Dios está aquí para velar y ayudarme. Lo disfrutaré intensamente, haciéndolo todo en su nombre con alegría, fe y optimismo, porque esa es la parte de mis sueños que me está dado hacer realidad.

No me imagino mi existencia ni la de mi familia sin sueños. Tampoco quiero imaginar la de ustedes sin los suyos. Sería una lástima no utilizarlos teniéndolos a mano.

Los invito a soñar, cubriendo los pasos que permitan hacerlos realidad, si convienen. Sintiendo la necesidad de soñar, decidiéndose a hacerlo, conformando los sueños, y lo más importante, vivirlos en cada una de sus etapas.

No cuesta nada, pero es muy grato porque son la única posibilidad de convertir la fantasía… en realidad.

Próxima Entrega: LA FELICIDAD EN TIEMPO DE CRISIS.

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Cuando se hace pareja se le juega todo a un proyecto cuya plenitud y permanencia dependerá de dos personas y no de una, lo que conlleva un riesgo permanente muy difìcil de controlar por uno solo de ellos.

Cuando finaliza, difícilmente los dos coincidan en acabar la relación. El que ama desea mantenerla, pero el que ya no ama, la deplora y abandona el barco. Si el abandonado se pregunta el porqué del suceso, se perderá en especulaciones que atormenarán su alma y pudieren generarle sentimientos de culpa que le harán la vida miserable.

Pero si se pregunta ¿Para qué sucedió? Encontrará un abanico de respuestas, que conforme a su interés y en virtud de la esperanza, le aportará la tranquilidad espiritual representada en una nueva oportunidad para una vida mejor, con renovadas emociones.

Siempre hay muchas personas buscando amor y deseos de compartir, de comprensión, solidaridad y lealtad. Una o varias de ellas están muy cerca y vienen en dirección contraria, en busca de lo mismo que nosotros y su condición indispensable podemos cubrirla fácilmente: amar con intensidad y vocación de perrmanencia.

Si la persona amada se fue, no estamos solos, porque contamos con Dios que es uno con nosotros. De Él heredamos su poder y la condición especial de amar, dos factores fundamentales para ser y hacer feliz a cualquier otra persona.

Como seres humanos tenemos armas especiales que nos liberan de un futuro permanentemente doloroso: la capacidad de olvidar y el convencimiento de que todo pasará. Ellas constituyen la promesa de que en un recodo, o al final del nuevo camino a recorrer, descubriremos que ese descalabro, que en su oportunidad creímos horrible, sólo fue un paso necesario que posibilitó encontrar la felicidad permanente.

Esa visión positiva de lo sucedido que representa el para qué, eliminará de nuestra alma la errada visión de que al producir el abandono, nuestra pareja hubiese cometido algún pecado o actuado ex profeso para agraviarnos, mereciendo nuestro odio o el deseo de revancha. Porque ciertamente, nadie está obligado a amarnos por siempre. Por el contrario, quienes recibimos amor, aunque fuere por poco tiempo, podemos considerarnos privilegiados.

El libre albedrío y la libertad son caminos que corren paralelos, pero no integran el mismo sendero. Ambos son parte integral de nuestra vida y nadie, independiente de la índole de la relación, puede disminuirlos ni monopolizarlos.

El amor por otra persona y el que recibimos, representan el ejercicio máximo de esas dos características, que son típicas de los seres humanos. El amor, entendido como el sublime sentimiento de dar, nace de la libertad y otorga libertad para amar; lo contrario no podría llamarse amor sino una aberración.

Si alguien nos amó, aunque fuere por muy corto tiempo, nos dió lo mejor de sí, física y espiritualmente y eso lo único que amerita es agradecimiento, por el privilegio de disfrutarlo. De ninguna manera por habernos amado, podría perderse la libertad de hacerlo a voluntad. Ese es un pacto no escrito, pero obvio, que todo consorte suscribe en lo más recóndito del alma: le certifica ser merecedor de un amor espontáneo.

El amor no es una mercancía que pueda comprarse o recibirse por siempre. Lo que se otorga es la promesa de amar, pero existen implícitas las condiciones de voluntariedad, satisfacción y reciprocidad. Los dos saben que si alguna de estas condiciones fallare, la libertad de romper el vínculo es un principio no negociable, bajo ninguna circunstancia.

Cuando la relación termina por desamor, en esencia, deja de ser relevante el motivo. El orden jerárquico existencial privilegia la voluntad. Se trata del derecho a continuar o no con el vínculo y no puede por tanto sentirse agraviado quien ya no es amado, porque ese fue un riesgo calculado al hacer pareja.

Las partes merecen un respeto mínimo y mantener una relación sexual no deseada es lo más parecido a una violación, no sólo del cuerpo sino también del alma.

Quizás, la actitud inteligente del abandonado sería ponerse en el lugar del otro y preguntarse:

¿Cuál sería la posición si fuese en mí quien decayera el sentimiento amoroso?

¿Sería honesto conmigo mismo y con mi pareja continuar con una relación no deseada?

¿Sería justo que la otra parte no me reconociera el derecho a rehacer mi vida, logrando mi realización material y espiritual al lado de otra persona?

¿Sería justo que por haber amado se me obligue a vivir por siempre en una relación agotada, insatisfecha, sin emoción, pasión ni magia y desagradable?

¿Será ese el pago que merece el amor?

Si solo dispongo de una vida que es limitada en el tiempo ¿Debo sacrificarla al lado de quien ya no me motiva, únicamente por su conveniencia?

La reflexión sincera sobre estas preguntas pudiera despejar unas cuantas interrogantes, a quienes hubiesen sufrido el colapso de su relaciòn amorosa.

Próxima Entrega: AMAR NO ES TIEMPO PERDIDO

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wendy-y-michael-abrazados.jpgCuando se decide iniciar el noviazgo, más allá de cualquier otra consideración se lo hace por la atracciòn física que mutuamente se genera. En ese momento su único interés es conocerse, tratarse y compartir, motivándose especialmente para vivir una época bellísima por estar imbuida de amor, respeto, consideración y ternura, pero con la intención subyacente en casi todos los casos, de materializar un proyecto personal que pudiera ser dcisivo en su futuro.

En esa época, las personas y las cosas toman dimensiones especiales; en principio, es la etapa inicial de la futura relación de pareja, por lo cual únicamente se observa la parte rosada de la vida. Ambos, en ese evento tan romántico presentan no sólamente su mejor perfil fìsico, sino que exaltan su generosidad y lo que serían capaces de dar a esa posible relación.

El noviazgo -en el buen sentido del término- es la venta de la imagen propia, en el lenguaje sin palabras pero muy expresivo del amor que nace; donde cada uno, con intención de captar la atracción del otro presenta su mejor perfil, virtudes, potencialidades, sueños y ambiciones; pero normalmente y como mecanismo natural de defensa, se reservan mucho de la cruda realidad de su propia personalidad.

Como consecuencia de esa actitud insincera -aunque explicable y no mal intencionada- en una sociedad desconfiada y mendaz que contaminan cualquier relación humana, el convivir como pareja y enfrentar las circunstancias diarias, se convierte en la hora de la verdad, porque sino existe un profundo amor y decidido propósito de aceptación, al aflorar los reales sentimientos y actitudes individuales, se produce un choque emocional negativo, con respecto de lo que de la relación se esperaba, convirtiendo lo que pudo ser una experiencia edificante y para toda la vida, en una experiencia dolorosa e ingrata y pasajera, de la cual pueden derivar graves consecuencias personales que pudieran marcarles por toda la vida.

Sin embargo, como en mi caso, algunas personas conocimos a esa otra que nos atrajo, nos acercamos, la concebimos como un ser humano normal , imperfecto pero perfectible e iniciamos una relación muy cercana; la fortificamos, luego nos casamos y constituimos el hogar que hoy, luego de treinta y ocho años que no nos pesan, tiene más motivos por los cuales dar gracias a Dios, que en el momento de iniciarlo; porque hay tanto amor, aceptación, reconocimiento, respeto y consideración todos los días, que adicionado a una increíble, renovada y mágica relación sexual, nos llena de momentos hermosos que nos comprometen a escribir estas cosas.

¿Qué cómo lo hicimos o cómo se logra?

Precisamente, la idea es contárselo, porque nosotros damos testimonio de que si estamos dispuestos a dar lo mejor, siempre podremos fabricar y ralizar un sueño, porque eso significa una pareja bien avenida: un maravilloso sueño que se puede vivir despierto, por muchos años.

Constituir una pareja, que es lo que sigue a esa primera etapa del noviazgo, lo es hacer causa común integral: uno a favor del otro y juntos frente al mundo para vivir intensamente, en conjunto y de la mejor manera, cada una de las veinticuatro horas de cada día con fé, confianza, avaricia, con fruición y sed de amar sin importar cuando, como ni por qué. Con la seguridad de que la persona escogida es la mejor: la más bella, respetable, noble, generosa y leal; la más tierna, sensible, romántica y… hace el amor que es una maravilla. Sin esas fijaciones mentales, no es muy fácil mantenerse por muchos años, con entusiasmo renovado, al lado de otro ser humano tan o más imperfecto que nosotros, pero sin ninguna duda, capaz por amor de producir profundos cambios en su personalidad.

Para lograrlo se requiere enseñar a nuestra mente y alma, convertir la fantasía en realidad, descubriendo lo maravilloso que puede convertirse el ser humano cuando se siente amado, aceptado, respetado como es y reconocido en sus valores. Se amerita experimentar el regocijo inigualable de dar amor, con la única intención de ver feliz al ser amado: esa es una bellísima recompensa.

Lograrlo requiere renunciar al egoismo, aceptando que otra persona puede ser mejor que nosotros; conjugando aspiraciones, ambiciones; actuando en equipo; venciendo la competencia y compartiéndolo todo: lo bueno lo malo; los momentos felices, los adversos, el alma y… el cuerpo, sin falsos recatos ni reservas.

Si no somos capaces de mostrarnos como somos y mejorar, nada de eso podemos exigir de esa persona quien compartirá integralmente nuestra vida.

No hay sentimiento ni efectos más decisivos que aquellos que produce el amor. Por amor tenemos Dios nos acompaña, vinimos al mundo y por amor se han construido y destruído imperios. El amor nos hace libres, nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza corporal. Por amor somos valientes, heroicos, perdonamos y olvidamos.

¿Cual sería la entidad y efectos del amor, sin en vez del de una persona se acumula el de dos? Eso fue lo que pensamos, insistimos y logramos con mi, nunca suficientemente reconocida esposa Nancy… y aquí estamos para contárselo.

¿Qué les parece si lo prueban? ¿O alguien puede decirme que no es bien lindo?

Próxima Entrega: EL COMPROMISO

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En un mundo abundante de personas y cosas buenas, la regla debería ser que todos fuésemos felices. Pero no es así; la infelicidad ha hecho de este mundo su predio particular. Uno de sus más horribles ejemplos se dio recientemente, cuando en el máximo de su infelicidad, un jovencito de apenas 17 años de edad, sin razón conocida,  mató a varias personas inocentes para luego suicidarse con esa misma arma asesina.

            ¿Dónde podría estar  la respuesta a esta terrorífica actitud?

 Los motivos reales, creo que nadie los conoce.  Es la terrible razón de la sin razón, que solo afecta a los seres pensantes, especialmente cuando no son felices; porque los que lo son,  pudiera ser que en un caso de necesidad, en acto de sublime generosidad ofrenden su vida para salvar a otros, pero no se quitan la propia ni matan inocentes que nada tienen que ver con la situación que genera el evento trágico.  Siendo que sería el ser felices lo que evitaría estas actuaciones, debo referirme específicamente a dos recursos que con nuestra inteligencia podemos poner a  favor del logro de la felicidad y que  únicamente dependen de nuestra imaginación: LA FANTASÍA Y LA MAGIA.

En primer lugar,  La fantasía que es exclusivamente mental, nos permite imaginar situaciones conforme desearíamos que fueren o sucedieren en la realidad, y que cuando es debidamente administrada se convierte en fuente de extraordinarias sensaciones.  

 La fantasía también es producto de la imaginación, que es capaz de ignorar la realidad y  convertir lo normal en fantástico y eso me parece de una gran trascendencia en la búsqueda de una vida feliz. Entre otras cosas, porque la felicidad en realidad no es  física ni tangible, sino un sentimiento derivado de nuestra actividad mental.

De tal manera que, si  concibo una situación cualquiera como fantástica, ese es el mensaje que afecta mi estado de ánimo, cual es el que al final determina la calidez de mis sensaciones. Por ejemplo, puedo fantasear con el cuerpo de mi esposa, con su voz, con su pelo, con su piel, con su sexo y no por eso cambio su conformación física, sino que mi mente la convierte en lo que yo idealizo, produciéndome  satisfacción en la misma medida y extensión de mi fantasía.

Como en el ejemplo anterior, cuando me alimento, me visto o realizo cualquier actividad diaria, puedo fantasear sobre su contenido o significado. Mi mente es infinita, da para todo. Cómo lo veo, lo siento o asimilo, es algo que procesa mi cerebro de acuerdo a mi voluntad.

Así, cuando le digo a mi cerebro: «Quiero que conviertas esta situación normal en fantástica y te ordeno que lo hagas de tal manera», lo realiza en fracción de segundos. Tan fácil como eso. Puedo sentirlo, percibirlo, disfrutarlo. Simplemente, lo vivo. Soy tan especial como ser humano que me doy el lujo de VIVIR LA FANTASIA, que es como decir que soy capaz de convertir la irrealidad en realidad.  Pues bien, al menos en mi vida, la fantasía es parte importante de mi cotidianidad y siempre me ha producido felicidad.

Respecto de la segunda, que es La Magia, tan importante es para mì que no sabría vivir sin ella. Las contadas oportunidades cuando una soy infeliz, es porque pierdo su rumbo. Claro está que no me refiero a esa magia antiguamente vinculada a  la Astrología y  la Alquimia, con especulaciones de carácter esotérico  o sobrenatural.  Para mí esa es otra cosa, la cual por cierto no me da ni frío ni calor.

Me refiero a mi magia, la que fabrico con mi intelecto. Esa que me hace convertir un asunto común y corriente en algo diferente y agradable. Esa que como pareja nunca he permitido que perdamos. Ella le da un valor especial a ese cuadro de arte sobre la pared, a ese viejo libro en la biblioteca, a ese prendedor que un día adquirimos en una feria, y a esa servilleta de papel ya amarillenta y con tinta borrosa, sobre la cual se lee: una fecha y la palabra «Te amo».

Es esa nuestra querida magia, que hace de la palabra música; que rompe leyes físicas y naturales al darle más valor a un caramelo que a un kilo, o a  una rosa que a una docena. Esa que viaja con nosotros a todas partes y que, en algunas tardes, cuando mi esposa y yo nos sentamos en un café y pedimos el mismo chocolate muy caliente, con que tantas veces  desayunamos, gracias a su especial efecto, extrañamente ese aroma inconfundible nos devuelve casi cuarenta años atrás y nos recuerda que somos privilegiados porque aún nos amamos como en aquel tiempo, o quizás… más.

A esa fantasía y a esa magia, nosotros como pareja  le debemos mucho de nuestra felicidad conyugal. Por eso no permitimos ninguno de nuestros días sin un momento de fantasía o magia, porque sería darle oportunidad de ataque al hastío, la rutina… el aburrimiento. Por eso les aconsejo que si hasta ahora no les han dado el valor que tienen, empiecen a utilizarlas y, seguramente, aumentará su felicidad, o por lo menos les posibilitará mayor regocijo.

Próxima Entrega:  ¿A QUIEN AMAR?

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