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Archive for the ‘ESPIRITUALIDAD’ Category

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A partir de hoy, para satisfacer la solicitud de un estimado creativo de una importante empresa de multimedia en Houston Texas, doy inicio a una serie de entregas sobre un tema apasionante para quienes como yo, los años no han podido robar ese toquecito de locura, que nos ha permitido vivir más allá de nuestra propia realidad: LOS SUEÑOS.

Soñar, es sentir que la vida es más como nosotros quisiéramos que fuera, que como la vemos pasar todos los días, con la firme convicción de que podemos transformarla.

Los sueños representan lo que pensamos que podemos lograr ahora y siempre. Los que sueñan, tienen el valor de enfrentar con una sonrisa de esperanza cada minuto de su existencia.

Soñar, es decirle no a los elementos y circunstancias que intenten disminuir la esencia poderosa y transformadora que recibimos de Dios.

Soñar, es decirle al dolor, la tristeza, la soledad y la falta de amor, que hay algo más poderoso y prometedor que la realidad misma; con suficiente poder para transformarla, porque cuando soñamos, cuando nos convencemos de que somos capaces de entrar en ese mundo nebuloso que precede la inspiración y obligarlo a moverse a nuestro favor, entonces simplemente hemos entrado en una nueva dimensión, sin tiempo ni espacio; adapta las situaciones a nuestro pensamiento; transforma los sonidos y los colores y nos dota de alas para volar sobre nuestra propia mente para convertir la realidad en una fantasía… posible.

Soñar, es un derecho al cual nadie debería renunciar, porque representa no contentarse con las limitaciones que la realidad trata de imponer, a quienes no tienen la capacidad de crear su propia fantasía, su propio mundo.

La creatividad es parte de nuestra herencia divina, pero únicamente puede materializarse mediante los sueños que nos han permitido transformar el mundo, frente al asombro de los que duermen despiertos, precisamente porque perdieron la capacidad de soñar.

Los sueños enfrentan la realidad porque es demasiado común, cómoda, monótona y sin retos. Es resignarse a recibir lo que la vida nos ofrece, sin especular si podríamos obtener algo mejor.

Los sueños son el escape de un espíritu libre e ilimitado que se ahoga en un cuerpo cautivo, rodeado de paredes de tiempo y espacio… que él no reconoce.

Soñar es decirle a Dios que entendemos nuestra supremacía sobre los seres irracionales, que no sueñan porque les falta la esencia divina que nos permite diferenciar la noche del día; lo bueno de lo malo; vivir el perfume de las flores e imaginar su máxima belleza, plasmándola en un lienzo con nuevos colores; oír el canto de los pájaros y convertirlo en celestial sonata; sembrarle magia y transformar con nuestro sentimiento la muerte en vida, cuando hacemos romántica la caída de las hojas, en el otoño; convertir el sexo en algo más que el acto natural procreativo, sublimizándolo, llenándolo de magia, de fantasía y haciéndolo trascender más allá de su propia temporalidad.

Si carecemos o perdemos la capacidad de soñar, que es una habilidad típica y exclusiva del ser humano, nos resignamos a una existencia regida por los elementos naturales y… el destino.

No soñar, es renunciar a nuestra diferencia profunda con esos compañeros de viaje en este mundo, cuyo déficit espiritual les induce únicamente a sobrevivir.

Carecer de sueños, es la renuncia a nuestra propia condición inteligente; engendra fallarnos a nosotros mismos y a nuestro Hacedor.

El soñar nos hace humanos, especulativos, inconformes con una realidad que tiene que ser matizada con colores nuevos, música sublime, aromas y esencias que exciten el alma, para crear lo excelso que ella, por sí sola, en su estado natural no puede ofrecernos.

Soñar es un reto a la normalidad, a la resignación y la pasividad; es avanzar más allá de hoy, fabricando un mañana a nuestra propia medida.

Sin soñadores, el mundo sería lento, atrasado, monótono, aburrido, sin emociones; y seguramente, sin las grandes transformaciones que hacen nuestra vida mejor.

¿Qué le parece si analizamos cómo nacen los sueños, cómo se desarrollan, cómo debemos materializarlos y vivirlos?

Aquí lo espero, para compartir en unas cuantas entregas posteriores un poco de irrealidad de la… realidad.

Próxima Entrega: DECIDIÉNDOSE A SOÑAR.

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hp1885.jpgComo un todo con Dios, este mundo es como una gran torta con igualdad e idénticas posibilidades, donde todos tenemos derecho a participar.

Nacemos con capacidades diferentes, pero las necesarias para participar del banquete. No obstante, observamos como algunos la disfrutan más que otros, según sea el tamaño, sabor o relevancia que le den al comerla. Inclusive, hay quienes no asisten a tomar su parte, sino que recogen las sobras de otros comensales.
¿Cuál es al diferencia entre unos y otros? Y… ¿Dónde, cuándo, cómo y porqué se origina la discrepancia? Es actitud más que aptitud. Desde que nacemos la vida nos presenta opciones que debemos tomar o rechazar.

Al nacer, con la primera dosis de oxígeno iniciamos el banquete. Unos bebés lloran pidiendo su primer pedazo, pero otros no, el médico debe incitarles a tomarlo. Asimismo, unos son menos llorones, ariscos, enfermizos y felices que otros. Los primeros disfrutan del alimento, el ambiente, las personas y juguetes con curiosidad y entusiasmo. Instintivamente, siempre andan en procura de su pedazo de torta.

A lo largo de la vida, progresivamente se desarrolla esa actitud de buscar lo que nos corresponde. El afecto de nuestros congéneres, en su mayoría nobles, generosos y ansiosos de dar y recibir amor, aunado a la belleza y riqueza del paisaje geográfico, lleno de opciones para disfrutarlo, nos anuncian su magnífico contenido. Pero será nuestro estado de ánimo el que defina la actitud de participación, desarrollando la aptitud para lograr el mejor pedazo, porque la Ley de la Abundancia siempre asegura suficiente para todos.

Nosotros decidimos dónde, cuándo y cómo logramos la mejor parte. Nadie puede hacerlo por nosotros. Disponemos de razón e inteligencia suficientes para procurarnos lo conveniente.

El que amanece feliz, da gracias, saluda y bendice el día considerándolo el mejor en cada oportunidad, está sirviendo la mesa.

El que realiza sus actividades con entusiasmo y disfrutando al ser útil, está fabricando la torta.

Aquel que ambiciona, sueña, ama y se complace en la plenitud de vivir, seguro de que la vida le dará lo que espere y produzca con sus acciones, es el primero en llegar al banquete.

El que recibe los acontecimientos como producto de su aptitud para vivir mejor, convirtiendo problemas en asuntos por resolver y recibiendo los inconvenientes como positivos, porque le señalan el camino a seguir en busca de su felicidad, es el que toma el mejor pedazo.

Quien asume esta vida como una experiencia espiritual, que se sirve del cuerpo para lograr sus cometidos terrenales orientados a su felicidad personal, es el que toma su parte tranquilo, sin prisas, temores ni vaticinios negativos y disfruta de su parte de la torta, donde el tamaño, sabor y efecto en su vida, sólo él se lo da.

Un pedazo de la torta de idéntico contenido, se ofrece a todo ser humano. El lograrlo, su tamaño, sabor o efectos corresponde determinarlo a quien la toma. No existe posibilidad de transferir esa responsabilidad, porque es parte de nuestro libre albedrío que sólo nosotros manejamos y nos identifica como hijos de Dios.

La mesa está servida. A usted corresponde decidir cuál es el pedazo de la torta que tomará. Ore por una decisión acertada y no lo deje para después, luego podría ser tarde.

Próxima Entrega: LA VIDA EN UN SUEÑO

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grupo-feliz.jpgAnoche hablé con una bella y auténtica joven, cuya trato afectuoso y simpático me abstrajo de su figura, cual sólo noté al momento de despedirnos: esto me motivó a escribir sobre las dietas.

Hoy, La Dieta ocupa la atención del más alto porcentaje de los individuos al negarse los alimentos, ya fueren carbohidratos, lípidos o ambos, quienes utilizando inverosímiles métodos hacen cualquier sacrificio para adelgazar, con el exclusivo fin de parecer bien físicamente a… otros. La mayor prioridad de éstos no es sentirse muy bien con su cuerpo, sino como les miran los demás.

Así, se ha hecho un culto a la imagen física externa, sin importar que es pasajera y que no representa un indicador seguro del nivel de aceptación interna o felicidad. Es por lo cual vemos mujeres luciendo como su mayor logro su osamenta a flor de piel, cual en otros tiempos hubiera dado la impresión de sufrir de grave inanición, con riesgo de tropezarse y partirse como galleta, o caer de boca por el inusual peso de sus voluminosos implantes en su parte delantera.

Por su parte, los caballeros ya no se contentan con los campeonatos de hambre y ejercicio, sino que lucen nuevas protuberancias, más propias del sexo femenino, con abultadas prótesis en sus pectorales, glúteos y… quien sabe donde más, con similar intención de parecer muy bien a quienes los observan, porque al menos los glúteos, se les dificulta vérselos ellos mismos.

¿Que sea inconveniente mantener una buena figura? De ninguna manera, quien mantenga un cuerpo sano tendrá más posibilidad de una figura agradable y ser feliz, que quien lo descuide. Lo que sucede es que los medios de comunicación visual, nos arrebataron parte de nuestro propio criterio, fijándonos en la mente etiquetas, motivaciones, conceptos y paradigmas, en función del interés publicitario.

Sin embargo, aún la mayor aspiración humana sigue siendo lograr la felicidad, para lo cual un cuerpo esquelético de mujer, o las nuevas protuberancias en el hombre, no es lo determinante.

Conozco parejas donde los dos o uno de ellos, indistintamente, es llenito, gordo, flaco, muy flaco y en algunos casos, esquelético, quienes independientemente de su apariencia física son felices o infelices. Ninguno de ellos me comentó que fuera su cuerpo lo decisivo para la estabilidad o fracaso de la relación.

Por el contrario, cuando el vínculo fué muy bueno o estuvo a punto de romperse, los motivos aducidos lo fueron de carácter o comportamiento, de cómo concebían la vida y las cosas. En los que eran felices, el amor, consideración y respeto materializados en la ternura, buena comunicación y mejor sexo, habían desplazado en su mente, cualquier efecto predominante de tipo físico, convertiéndolo en complementario.

¿Quién no ha visto en la calle una pareja físicamente dispareja, pero que no pueden esconder su alegría y ternura en el trato mutuo?

Todos los hemos visto en las calles, parques y diferentes eventos, tomados de la mano y despreocupados de su apariencia física o la de otros; porque cuando se ama el tiempo siempre es corto y sería un desperdicio dedicarlo a especulaciones sobre la imagen física propia o la de los demás, que nada aportan al amor.

He asesorado a exuberantes mujeres y hombres «metrosexuales», cuya apariencia física no tenía nada que envidiar a los prototipos publicitarios, pero sentían vacíos existenciales que no pudieron llenar su estética personal, sino que los atribuían a su déficit de formación espiritual.

Es que hasta los placeres máximos requieren para su plenitud del componente espiritual. Como humanos, nuestro máximo disfrute lo es el éxtasis sexual, pero para que sea pleno, edificante y aporte deseo de repetirlo, tiene que estar imbuido de espiritualidad, que conlleva respeto, ternura, aceptación, comprensión, solidaridad, magia y fantasía. Esas características lo diferencian del coito únicamente procreativo de los seres irracionales.

Para quienes experimentamos integralmente el amor, cuando nos imbuimos en ese espacio sexual de música sin sonido, colores desconocidos y aroma a flores inexistentes, por segundos sin tiempo ni espacio definido, cuando hacemos el amor con la persona amada, el peso, la estatura y los muchos aditamentos para parecer mejor, pasan a un segundo plano. Más allá de esos incomparables segundos de éxtasis, sólo prevalecerá en el tiempo la vinculación espiritual, que nada tiene que ver con lo físico.

Estimo que una Dieta Ideal lo sería aquella que posibilite imagen auténtica, como resultado de la formación espiritual y física, considerando que no es el peso, color o estatura, ropa o accesorios, lo que definirá la felicidad, sino cómo sepamos demostrarlo en el trato cordial, respetuoso, considerado, buen humor, optimismo y disposición a ser útiles.

¿Por qué será que las personas felices que conozco no son las más bellas ni las más flacas, pero sí auténticas, simpáticas, positivas y de buen humor? Quizás ellas descubrieron su dieta ideal, porque no creo en una dieta única para todas las personas, como trataré de desarrollarlo y someterlo a sana discusión en la próxima entrega.

Próxima Entrega: Plan para la Dieta Ideal.

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¿Por qué muere el amor?

 ¿Cuál amor?  ¿El que se tiene a Dios, a los padres,  la pareja o los hijos?  Porque todos son amores, pero diferentes.

Para que algo muera debe estar vivo, si es que se trata de algo físico y… ¿Podría alguien señalar dónde está ubicado físicamente el amor? ¿Dónde lo percibe? ¿En la cabeza, en el corazón, en una mano, en el hígado?

 No puede ser ubicado, diferenciado, no existe certeza donde se siente. Tampoco cual de los cinco sentidos conocidos lo percibe, porque se trata de una sensación, de un  sentimiento, pero es intangible… físicamente inubicable.

Entonces, si no puedes ubicarlo en el mundo de los objetos físicos, no puedes saber cómo es ni donde lo sientes; simplemente, por no tener existencia física, tampoco puede morir, porque sólo muere lo corporal. Podrás percibirlo en mayor o menor grado, pero hasta ahí. Como no  existe  físicamente, tampoco puedes perderlo, porque no se puede perder lo que no se tiene; por tanto, no tiene posibilidad de morir.

Lo que sucede es que en presencia de determinadas situaciones físicas y espirituales, por razón de motivaciones, también intangibles, lo percibes, lo sientes en tu alma,  que es inmortal. El amor es inherente a nuestra vida. Es un sentimiento natural, razonado y exclusivo del ser humano, dentro de las especies que pueblan este planeta. El amor es esa parte de Dios que traemos desde antes de nacer y que continuará con nosotros, en nuestra alma, después de la muerte: «Dios es amor.»

Ese maravilloso sentimiento que nos recuerda que somos parte de Dios y que se llama «amor», perceptible pero inubicable, es una parte del  equipaje que traemos a este mundo y que funciona conforme a nuestras particulares motivaciones. No es estático, ni siempre de la misma entidad. Amamos nuestra vida física, nuestros padres, nuestro entorno íntimo personal, e inclusive algunos sentimientos representados en valores como la libertad, la verdad y la patria, por citar algunos.  Pero como no lo percibimos con ningún miembro o sentido del cuerpo, sino que es  un sentimiento que está hibernando en nuestro  interior, la percepción y su entidad lo será conforme a las motivaciones que lo despierten. Así, amo a las personas, pero el nivel del amor lo será  conforme a las motivaciones que lo generen.

Por tanto, se amará más a quienes se perciba que otorgan mayores elementos de los necesarios para generar y mantener el amor, como el respeto, la ternura, la aceptación, la solidaridad, la lealtad y la consideración, entre otros, materializados en actuaciones   positivas.

El amor  puede ser mayor o menor, más o menos emocionante o recíproco, pasajero o permanente; podrá aumentar o disminuir conforme a la interacción con la persona que se ama, o la concepción ideológica cuando se trate de valores. Pero el amor en el ser humano no muere, no puede morir, como no es posible que muera el alma, porque son eternos.

Lo que sucede es que el amor emigra, se muda, cuando las motivaciones que lo despiertan y deben mantenerlo activo, no son suficientes. Al ser dinámico,  como el cuerpo requiere la energía que le suministre la alimentación  y el oxígeno mínimo para mantenerse activo.

Las motivaciones que hacen nacer el amor deben ser permanentemente alimentadas, so pena de que por falta de energía emigre, buscando ese alimento fundamental para mantenerse en actividad, materializado en el respeto, la ternura, la aceptación, la comprensión, la solidaridad, la lealtad, una fluida comunicación, tiernas caricias y la ratificación de los pactos que lo originaron. Cuando no se dan estos factores que le suministran energía, si no pudiere emigrar para cubrir sus necesidades, entonces entra en letargo hasta cuando encuentre otra fuente alterna;  pero no muere.

Es por eso que cuando los padres no producen las motivaciones suficientes, los hijos no dejan de amarlos, el nivel de amor baja. Así, cuando una persona a quien se ama no  responde suficientemente para mantener esas motivaciones que originaron el amor, el nivel del mismo baja y algunas veces llega a desaparecer la orientación de este hacia esa persona específica, pero no muere el amor.  

Una de las motivaciones fundamentales para vivir, es disponer del recurso amor  que nos acompañará toda la vida; cuyo nivel se lo damos nosotros mismos y que cuando no recibe suficiente alimento no muere, sino que se aletarga o emigra a otras personas que sí estén dispuestas a suministrárselo. Esa característica del amor representa  la esperanza de que mientras se tenga vida, nadie tiene suficiente poder para hacernos infelices, porque dependerá de nosotros aceptar y otorgar o no el amor, especialmente en el entorno íntimo. 

No debo finalizar sin hablar del mayor de los amores, que es aquel que se personifica en Dios, por el cual vinimos a este mundo y nos llevará a otro… cuando Él lo estime conveniente. Ese amor nos da seguridad y confianza de que nunca, bajo ninguna circunstancia  estaremos solos, porque siempre Él estará con nosotros. No existe posibilidad de que alguien pueda separarnos, porque integralmente, somos uno con Él.

Próxima Entrega: NOVIAZGO: ANTESALA A LA PAREJA

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Obsequio del Libro  UNA VIDA FELIZ por 1.000.000 de visitas. Hacer click en: Una Vida Feliz

Escuché en un medio de comunicación algo que me ratificó que como seres humanos, estamos perdiendo el sentido del por qué y para qué vinimos como habitantes de este bellísimo e infinitesimal pedacito del universo.

Informaban que según documentados estudios, el efecto de los hijos en un significativo número de parejas jóvenes es devastador, rebajando su vigencia al promedio de dieciocho meses desde su nacimiento, para que se produjera la disolución de la relación.

La raíz del problema sería el advenimiento de los hijos, por causa de las necesidades de atención especial, lo cual aportaría exagerado estrés a la pareja, quienes concibieron la unión para disfrutarlo pero no para sacrificar o aportar nada que pudiera ser incómodo, como el cambiar su modo de vida en función del interés prioritario de sus vástagos.

No obstante que he visto y oído muchas cosas inverosímiles, esta información que se dice documentada, más por los padres que por los hijos, me genera una profunda tristeza. Lo asimilo a alguien que deseara intensamente buena salud, una bellísima casa y un bello auto, pero al obtenerlos dijera: «No soy feliz porque tengo estas cosas.» Simplemente, es absurdo.

Como hombre -que no macho- esposo, padre y abuelo, soy defensor acérrimo de la monogamia, el matrimonio y los hijos, por lo cual estoy obligado a tratar el tema.

La urgencia natural genética, como especie que debe mantenerse sobre el planeta, lo es copular un hombre con una mujer; por lo cual esa interacción de los dos géneros justifica la pareja.

Por nuestra naturaleza gregaria no sabemos realizarnos material y espiritualmente en solitario; para lograrlo, requerimos de por lo menos otro ser de nuestra especie, sin desestimar que para sobrevivir con cierto confort, por causa de los efectos de nuestras adiccciones y el impacto del desarrollo sobre el ambiente, ahora requerimos casi de forma indispensable, convivir en grupo.

La característica fundamental de nuestro componente espiritual, lo es el amor, cuyo fin determinante es el compartirlo. Nuestra esencia divina deviene del amor de nuestro Padre Celestial, que siempre nos acompañará; por amor fuimos concebidos y el amor establece la diferencia con los seres irracionales que nos acompañarán en nuestra estadía en este mundo.

De tal manera, cuando dos personas con esas necesidades físicas y espirituales identifican y vinculan con otra de diferente sexo sus sentimientos de amor, dos son sus principales motivaciones para hacer pareja: la primera de carácter natural: unir sus cuerpos para mantener la especie mediante los hijos; la segunda de corte espiritual: amar intensamente fundiendo sus dos almas en una sola.

Pues bien, no existe mecanismo más eficiente para lograr los dos objetivos señalados, que el advenimiento de los hijos; no sólo porque concretan esos dos postulados, sino que adicionalmente aportan al hogar alegría, ternura y amor, constituyéndose en mecanismo para incentivar a los padres procurarse mayores logros, así como mejorar el hogar en todos los sentidos.

Se comenta que «…un hogar sin hijos es como un jardín sin flores.» Yo lo suscribo. Desde antes de casarme amé a mi esposa, pero no fue sino hasta que la observé grávida cuando sentí esa ternura especial, que produce saber que es ser que está creciendo en el vientre es la materialización de nuestro amor y que gracias a esa vida en proceso, mediante un hijo se mantendrá por siempre sobre esta tierra. Cuando tenemos un hijo, nuestro amor ya nunca desaparecerá y se mantendrá más allá del tiempo, inclusive de nuestra propia vida.

Sin compartir de ninguna manera el criterio de la información mencionada, por causa del desarrollo de la genética humana, podría entender que alguien termine una relación de pareja porque su par no puede procrear. Pero que se justifique el rompimiento de la relación sentimental porque la mujer procree hijos, es algo que queda fuera de mi limitado entendimiento, por no decir que me parece, por lo menos, anormal y aberrado.

Cuando las parejas se disuelven con la justificación del estrés que producen los hijos, lo real es la mendacidad de quien quiere acabar la relación, porque más allá del estrés natural que conlleva el nacimiento de un niño, yo me pregunto:

¿Estrés porque te reciben con los ojos abiertos y una sonrisita que ilumina la casa y que ya nunca podrás olvidar?

¿Estrés porque te dicen, papi te amo?

¿Estrés porque ratifican tu hombría?

¿Estrés porque tienes otro motivo por el cual luchar?

¿Estrés porque adicionas un elemento más de fortalece para tu relación?

He vivido, visto y oído demasiado durante mi vida para aceptar justificaciones absurdas. Si alguien no se siente con suficiente capacidad y amor para ser madre o padre, pues simplemente no haga pareja. Pero si lo hace, tenga el mínimo de dignidad para aceptar su ignorancia, errada visión del sentido de la vida y su irresponsabilidad, pero no venga a endilgarle sus zonas erróneas, sus temores y sus anormalidades, a quienes lo único que hacen en la pareja es hacerla más hermosa, tierna y permanente.

Próxima Entrega: LO HERMOSO DE TENER HIJOS

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¿Qué cuál es la diferencia entre el cuerpo y el espíritu?

Para  quienes tenemos la seguridad de nuestra espiritualidad no es difícil determinarlo. Sin embargo, para quienes se autodenominan  «materialistas» pudiera serles difícil entenderlo, porque de alguna manera tampoco es muy fácil explicarlo.

Como cuando escribo lo hago para todo tipo de lectores y no especialmente para doctos, eruditos o filósofos, trataré de analizar la diferencia así como su origen utilizando situaciones de la vida diaria. Por ejemplo, cuando alguien me pregunta de quien es mi casa o mi auto respondo que son míos. Asimismo, si alguien pregunta de quien es mi cuerpo igualmente contesto que es mío. Por lo tanto, si yo digo que mi cuerpo es mío estoy asegurando que soy un Ser diferente a mi cuerpo, de la misma manera que al decir que  mi casa o mi auto son míos estoy determinando que son entidades diferentes a mi Ser. Vale decir que yo y mi cuerpo somos entidades distintas aunque hacemos un conjunto.

Pero entonces, si yo no soy mi cuerpo ¿Realmente quien soy para poder decir que el cuerpo es mío? ¿Mío de quien? Bueno, para mi no es complicado porque estoy seguro de que soy un Ser espiritual, que usa un  cuerpo en esta vida para servirse de el físicamente, como lo hago con mi auto o mi ropa. Por eso digo «mi auto», «mi ropa» y «mi cuerpo»,  porque sé que esas cosas físicas son independientes de mi Ser espiritual.

 Tal será mi convicción, que si por alguna circunstancia amputaran a una persona un brazo, o una pierna, o ambos miembros, su Ser espiritual seguiría intacto, no se afectaría en su integridad sino que seguiría siendo el mismo Ser espiritual, independiente de cualquier sentimiento de tristeza, frustración o cualquier otra actividad sensorial o mental. Es que por su esencia  espiritual, al Ser, nada físico puede afectarlo, ni siquiera la muerte que desactiva  la totalidad del cuerpo.

En mi concepción de la vida y las cosas, esa es una  prueba de que ciertamente tenemos  un espíritu que es intangible y por lo tanto físicamente inubicable e indeterminable.

Es por razón de nuestra espiritualidad que sentimos amor, tristeza, alegría, lealtad, solidaridad, sensibilidad, porque ninguna de esas sensaciones son tangibles sino intangibles. No podemos ubicarlas  ni determinarlas en el mundo físico. Por eso no podemos mirarlas,  tocarlas,  medirlas, ni pesarlas. No precisamos dónde las sentimos, pero sí tenemos conciencia de  que las percibimos.

Un «materialista»  podría decir que son las células haciendo sinapsis, el ácido nucleico, las hormonas y otros argumentos con la intención de desvirtuar la existencia del espíritu, lo cual obligaría a formular nuevas preguntas:

-¿Quién dirige la operación de las neuronas haciendo sinapsis, el ácido nucleico, las hormonas, etc.?

-¿Quién les ordena cómo y cuándo deben actuar?

-¿Quién dice a quien debes amar y a quien no, o qué es bueno o malo?

-¿Quién establece la diferencia entre unos sentimientos y otros? Los sentidos no tienen capacidad para hacerlo, porque ellos solo  reciben y cumplen órdenes.

Por ejemplo, los ojos detectan  imágenes, pero no es la vista la que decide si son  bellas, agradables o desagradables. El sentido de la vista es como una cámara fotográfica: toma  imágenes y las presenta, pero la decisión de cómo afectan al individuo no es función del sentido de la vista. Decidir si son bonitas, feas,  mejores, peores, agradables o desagradables corresponde a esa otra entidad supra física que es nuestro Ser espiritual.

Es ese espíritu el canal mediante el cual Dios se comunica con nosotros, en ese lenguaje especial que sólo él y nuestro espíritu conocen y que hace llegar de diferentes maneras a nuestro intelecto, quien lo transmite a los sentidos que son su medio propio  de sensaciones,  para transformarlos en actuaciones físicas y tangibles, que hacen la diferencia en nuestra forma de vivir, inclusive en muchos casos pueden diferenciar la felicidad de la infelicidad, la vida de la muerte.

Esa concepción de espiritualidad nos permite  realizar intensamente nuestra vida terrenal; nos motiva a mirar la muerte como un paso más de nuestra existencia y no como un evento desgraciado, precisamente por  la seguridad de que nuestro Ser no terminará con ella, porque trasciende el cuerpo físico en su  camino de superaciòn espiritual.

 La concepción de espiritualidad y  la seguridad de que por conformar una unidad con Dios, cuando llegue el momento de dejar este cuerpo ascenderemos a un plano superior, a un nuevo destino diseñado por El para nuestro progreso, nos posibilita presumir  lo que quiso significar Jesús cuando enseñaba: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay.»

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Próxima Entrega: TEMOR VS.  FE Y CONFIANZA

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Normalmente todo ser vivo teme la muerte, pero si le preguntan porqué responderá: porque no se como es.  Realmente no es por desconocer su naturaleza que teme. En verdad, nadie es muy sincero porque el temor surge por la creencia de que es dolorosa, lo cual es una zona errónea  que lo único que  produce es temor y en algunas personas…pánico.

Considero la muerte como el sueño. Mientras dormimos, nos desconectamos de la realidad del mundo exterior y nos  sumergimos en nuestro mundo interno y… eso es todo; la mente no quiere ni necesita descansar,  sino que continúa trabajando en otra dimensión, pero sigue activa. Desconecta al cuerpo físico y sigue  su interminable camino. No tememos al sueño, porque sabemos que  no duele, no  más allá de la incomodidad de un mal sueño. Por el contrario, el cuerpo descansa  y nos pone a distancia de los problemas que afectan nuestra vida diaria.

 Es paradójico cuando analizamos que el morir es como no haber nacido, y a nadie se le ocurre decir que el no nacer o el mundo de donde venimos antes de nacer era doloroso. Surge entonces la interrogante: ¿Será justo que pasemos toda nuestra corta vida temiendo que algún día vamos a morir, cuando es algo inevitable e impredecible? Definitivamente, no. No es justo, lógico, razonable ni apropiado, porque afecta gravemente nuestra probabilidad de experimentar una vida plena, sin temores injustificados, con vocación definitiva de ser felices.

Temer a la muerte es tan infantil como temer a los fantasmas, quienes solo  tienen vida en los cuentos y las películas de  horror, que tanto daño hacen a la humanidad, sembrando mensajes negativos en las mentes de los niños, que pudieran marcarlos toda su vida.

La muerte es un evento futuro e incierto que llegará, para nuestra tranquilidad no sabremos como ni cuando. Lo que  sí intuimos es que el cuerpo se desconecta del espíritu y éste último pasa a otra dimensión, que para nosotros es también desconocida;  pero como sin el cuerpo no hay posibilidad de experimentar sensaciones, la deducción lógica es que no podemos experimentar dolor si desconectamos lo único que lo percibe: el cuerpo.

La vida es demasiado corta, tiene tantas cosas bellas que admirar, situaciones y sensaciones tan edificantes que experimentar, que es un desperdicio dedicar nuestro valioso espacio, a pensar en algo tan etéreo. Y digo etéreo con toda propiedad, porque  la  muerte como el temor sólo tiene vida en nuestra mente. Fuera de ella no son nada. De hecho tememos a eventualidades que pudieran o no darse, porque cuando algo nos sucede no tenemos tiempo de temerle: simplemente sucede  y ya. Con la muerte es idéntico, tememos a que alguna vez vamos a morir pero no sabemos como ni cuando. Son especulaciones típicas del único ser vivo dotado de razón que habita sobre esta madre tierra, quien disponiendo  de una hermosa vida, con cinco sentidos conocidos que le permiten disfrutarla, en vez de  hacerlo diseña un nuevo sentido en su contra: el temor, porque, al menos  que yo sepa,  no lo percibimos por el olfato, la vista, el oído, el gusto o el tacto.

Tenemos tal tendencia a inventar situaciones negativas, que el  temor cerval a la muerte lo rodeamos de ritos y solemnidades a cual más risibles, a no ser que se trate de aumentar el temor a sufrirla. Cuando alguien muere, se inventan formas de hacer más duradero ese sentimiento de vacío. A tal fin crean ceremonias de recordación, para comer  y tomar a costa del poco caudal que dejó el fallecido, donde lo único que logran es aumentar la imagen de poco listo del muerto al narrar anécdotas tristes de su vida, cuales de haber estado vivo el interfecto, lo menos que se habrían ganado por la infidencia habría sido un sopapo.

No contentos con tal campeonato de espectáculo y comilona, crean monumentos, rezos y lamentos al momento de depositar en la tierra, lo corruptible y pasajero del fallecido como es su cuerpo, que en horas se convierte en algo insoportable; endilgando entre lágrimas bondades al muerto que nunca tuvo, y haciendo la felicidad de los dueños de las casas fúnebres que se quedan con lo poco que dejó a los deudos; desatendiendo la admonición de Jesús, cuando enseñaba: «Deja que los muertos entierren a sus muertos… Mi padre es un Dios de vida, no de muerte.»

Se ignora que somos seres espirituales que nunca morimos, que nuestro cuerpo no es más que la ropa que usamos durante el corto periplo por este mundo; que lo importante, lo trascendente es nuestro espíritu, el cual regresa a donde estaba antes de nacer, y que, pudiera ser que pase a una dimensión de crecimiento superior. Por lo tanto,  temer a la muerte es quizás la condición más gráfica de que realmente, somos  bien… imperfectos.

Próxima Entrega: LA SIEMBRA DE ODIO Y  TERROR

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      Estimo que las religiones en general actúan como controles sociales de carácter externo que orientan, norman y condicionan la actuación del hombre en sociedad, con respecto a  lo que en su Doctrina consideran la mejor conveniencia de sus relaciones con Dios.

      En  nuestra época  existe confusión entre lo que  representa la religión y la espiritualidad. El mayor número de quienes asisten y practican los  más diversos credos lo hacen con la esperanza de fortalecer su espíritu. En este sentido, cuando la riqueza y el poder, como producto social llegan a sus máximos extremos, el hombre percibe que no son factores que actúen de forma decisiva en beneficio de su crecimiento espiritual.

      Por el contrario, en ocasiones la abundancia de riqueza y poder suelen convertirse en mecanismos involuntarios de desestabilización de la  tan necesaria tranquilidad y armonía, a que todos aspiramos en el camino de encontrar nuestra felicidad. De hecho, hace cuarenta o cincuenta años atrás disponer de riqueza y/o poder permitía a las personas disfrutar a la vista de todos, una vida más plena, tranquila y sin sobresaltos. Hoy, en una sociedad de abundante pobreza, carcomida por el resentimiento social, la inseguridad personal y el terrorismo, quienes son poseedores de tales dones para nada  se les facilita disfrutarlos, y si  disponen de alguna sabiduría, por los múltiples riesgos que involucra mucho se cuidan de ostentarlos.

      Mantengo amistad con inspirados hombres, que como honestos y acertados dirigentes religiosos de diferentes credos, cuidan de sus congregaciones, quienes me merecen cariño y respeto. Por ellos se que en casi todas las religiones, la manifestación libre del amor hacia  nuestros semejantes se ve de alguna manera  disminuida, coartada o si se quiere subyugada, a la necesidad de cumplir con las imposiciones del credo que se practique. Esto trae por consecuencia que por el afán del cumplimiento de lo que de los feligreses se espera, con respecto a la religión  para que sus actos sean gratos a los ojos de Dios, lo religioso no llega a trascender lo reglamentario; quedándose en la esfera de lo meramente externo para ser celebrado o censurado conforme al criterio de la dirigencia,  sin  involucrar de manera fundamental la parte espiritual.

      Ciertamente, desde el punto de vista práctico las religiones cumplen su función social y especialmente comunal, promoviendo el amor, la caridad, la castidad, la lealtad, la comprensión, la templanza; combatiendo la corrupción, el odio, la envida y los vicios.  Inclusive,  en algunos casos, la religiosidad se convierte en  una forma de vida sana. Pero se circunscribe a ser la guía de unos hombres a otros hombres en el nombre de Dios, en tanto y en cuanto se sea capaz de recibir y asimilar el mensaje. Pero hasta ahí llega su efecto, porque no tiene la fuerza de penetrar nuestro ser interior. Entre otras cosas, porque los mensajes se producen en ese lenguaje oral o escrito que perciben nuestros sentidos conocidos,  por su captación externa. Y aunque pudiera de alguna forma afectar nuestros sentimientos, no se asimila al lenguaje espiritual.

      Es que el espíritu es interno; vive en lo más profundo de nuestra alma, en ese mundo interno, donde nacen y se mantienen nuestros principios éticos y morales. Es nuestra espiritualidad lo que nos permite estar permanente en contacto con nuestro Creador, en ese mundo sin espacio, ni tiempo, ni dimensión de ningún género,  donde Él nos habla con su…silencio.

      Es en esa dimensión intangible donde aprendemos a sentirlo  a toda hora, a cada instante en el lenguaje de sus signos. Allí sentimos la sensación de su cercanía; el frío de su ausencia y el calor de su compañía. Es el espíritu lo que hace nuestra profunda diferencia con los demás seres vivos del planeta.

      Nuestra condición espiritual es la que nos permite amar, aceptar, compartir, esperar y…perdonar. Nos posibilita sentir el susurro del viento, que nos dice que hay algo para  nosotros más allá, y  mucho más allá del… más allá. Nos permite ver la claridad en la oscuridad de la noche, oír  el mensaje del canto de los pájaros y de la voz cantarina de los arroyos, en soleadas mañanas… todos los días.

       Es nuestro espíritu  un venero de esperanza y fe, en esta vida y en… la otra.  Es ahí, en lo más interno de nuestra alma, en lo más profundo de nuestros sentidos,  donde habita nuestro espíritu. Donde no hay leyes que cumplir, ni normas que obedecer. Donde no hay cabida más que para nosotros mismos. Porque nuestro espíritu y Dios son una conjunción. De alguna manera somos nosotros su manifestación más acabada sobre esta madre tierra. Somos su…extensión física. Eso nos fue enseñado en las Sagradas Escrituras cuando se nos dijo: «Tu cuerpo es el templo de Dios»

       Es por eso que no requerimos de intermediarios para encontrarnos con Dios, porque  encontrarnos con El es encontrarnos con  nosotros mismos.  En eso radica la mayor importancia de tener un espíritu, porque eso nos da la seguridad de nuestra… inmortalidad.

 Próxima Entrega: LO QUE EL TIEMPO NOS DEJÓ I

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          Hace pocos años presencié un programa de televisión internacional, donde presentaban unos gemelos que habían nacido con un mal congénito que no les permitía respirar normalmente. Uno de ellos, a la edad de cuatro años ya había estado hospitalizado veintiocho veces y le habían realizado once operaciones quirúrgicas en su garganta. El otro, un numero escasamente menor de cirugías y hospitalizaciones. Pero algo más grave aún, al descubrir que se trataba de un problema cromosómico transmitido por la madre, el diagnóstico médico definitivo fue que el mal era irreversible y por lo tanto estos niños jamás podrían tener una vida normal. Permanecerían de forma obligatoria recluidos en hospitales para recibir muchas otras intervenciones quirúrgicas, hasta que la vida se les extinguiera. 

         Más allá de la inmensa tristeza que como padre y abuelo me produjo esa dolorosa escena, recibí de los padres de esos niños una de las mayores enseñanzas de mi vida. Se trataba de dos personas menores de treinta años, quienes retozaban en la alfombra con sus dos hijitos que se encontraban conectados a unos aparatos respiratorios, y ciertamente sus rostros reflejaban felicidad. Estas personas de espíritu tan elevado no pensaban que Dios había sido injusto con sus hijos y con ellos por tan deprimente situación, sino que rebosaban de felicidad porque Dios en su infinita misericordia había preservado la vida de sus dos niños y les mantenía a ellos sanos para poder ayudarles.  

        Entonces yo, que tengo vivos mis cinco hijos y mis nueve nietos y a cada momento recibo el amor de ellos y el de mi amada esposa, tengo que tener mi estado de ánimo por las nubes. Estoy obligado a dar gracias a Dios por habernos preservado de tantos males; por darnos y mantenernos esta vida, sin la cual no podría experimentar mis sentimientos sin importar si son agradables o desagradables, por que lo trascendente es que me hacen sentir que aún estoy…vivo y feliz; igual que usted quien en este momento no tendrá más alternativa que sentirse como yo: con su estado de ánimo muy elevado por ser un hijo privilegiado de Dios y por tanto agradecido y feliz. Por eso, como Emerson repito desde el fondo de mi alma: “Todo lo que he visto me enseñó que debo confiar en el Creador a quien no he visto.” 

        Si usted medita sobre lo expuesto y se ubica como un habitante más de este mundo, donde caben holgadamente la vida y sus dones, pero también la muerte  y la escasez; la salud y la bonanza, pero también la enfermedad y la pobreza; el dolor, la tristeza y el odio, pero también la alegría, la solidaridad y el perdón; la maldad y la envidia, pero también el amor, la bondad y la generosidad; la frustración y el fracaso, pero también el éxito y como fuente inagotable de vida: la esperanza. A esta altura de las cosas, seguramente usted no tendrá duda de su condición de  hijo especial de Dios y rebozará de alegría.  Así que por favor, no pierda ni un segundo, no  desperdicie esta oportunidad  y corra… corra donde su hijo y su esposa, abrácelos y béselos con toda la ternura de que es capaz, póngalos contra su corazón, inúndelos de amor, porque esa es la mejor parte de ese tesoro recibido de Dios: su vida y la continuación de ésta representada en sus hijos

          Por cierto… ¿Alguien habló de tristeza o  de  mal estado de ánimo?   Aquí no puede ser. Será en otra parte, otras personas, pero no nosotros. Nosotros recibimos de Dios la luz de la razón que nos permite conocer estas verdades para que podamos analizar cada uno de los aspectos de nuestra vida terrena, lo que diariamente nos posibilita para reconocer su amor, puesto de manifiesto en sus múltiples bendiciones, con la única intención de que seamos felices.   No podemos defraudar a nuestro amado Padre Celestial. No nos lo perdonaríamos… y esta vida es tan corta que no podemos perder ni un segundo de ella. Por eso debemos vivirla intensamente, disfrutándola con fruición, con abundancia de amor, con avaricia de felicidad porque para ser felices fuimos creados por Dios. Lo contrario sería un desperdicio imperdonable, porque los momentos de la vida que no disfrutemos ahora mismo, fatalmente pasarán y serán… irrecuperables.  

         Finalizo esta entrega recordando a un maestro de las letras, que lo  hizo inolvidable para quienes amamos la poesía, quien no se contentó con el romanticismo, sino que nos dejó un mensaje bueno para la vida diaria: Don Pablo Neruda, cuando escribió:  “Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tu eres parte de la fuerza de tu vida; ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.»

 

Próxima Entrega: VIVIR O… SOBREVIVIR.

 

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GENTE FELIZ

Siendo que El Estado de Animo es una especial facultad interna que nos posibilita mirar el mundo del color que nos apetezca, nuestro interés principal deberá ser mejorarlo al mayor grado posible. En tal sentido, el primer paso será elegir sentirnos mejor, para lo cual nos basta con enumerar las múltiples bendiciones y muchas cualidades físicas y espirituales de que somos portadores, cuales en su totalidad son fuente abundante de motivos para mejorar nuestro estado de ánimo.

Así tendremos que nuestra bendición principal es NUESTRA VIDA, porque sin ella no somos nada, somos menos que el éter; simplemente no existimos.  Si los muertos pudieran hablar, nos manifestarían cuanto envidian esa insustituible posesión física que es nuestra vida.

No recuerdo en toda mi vida, haber conocido que alguien en su sano juicio hubiese deseado morir, o por lo menos que no hubiese hecho todo lo posible por mantenerse vivo. Por tanto, nuestro ánimo mejorará si meditamos sobre el hecho de que estar vivos, ya es la mayor bendición de Dios sobre la tierra.

Otra  bendición inigualable para mejorar nuestro estado de ánimo son nuestros cinco sentidos conocidos, los cuales nos permiten mirar la reconfortante sonrisa de los niños, oír el canto de los pájaros y la palabra… amor; la sensación indescriptible de la brisa mañanera en nuestra cara, el aroma de las flores y del pasto mojado en las mañanas lluviosas, el sabor de los manjares que Dios ha puesto sobre la tierra para nuestro disfrute, y ese inconfundible, familiar olor del ser amado.

Pero si además reflexionamos sobre el que, diariamente mueren de hambre miles de personas y especialmente niños, siendo que para nosotros el problema alimentario es ¿Qué dejamos de comer para no engordar?Mientras que para esos miles de hermanos nuestrossu problema es ¿Dónde encuentran cualquier alimento para no morirse de hambre?; que existen millones de personas sufriendo de horribles enfermedades como el VIH; más de un mil tipos de cáncer; Parkinson, Alzheimer y… pare de contar, sin posibilidades de atender eficientemente sus enfermedades, mientras nosotros disfrutamos de una salud a toda prueba y tenemos acceso a los mejores centros de salud del mundo.

Que en países africanos, asiáticos y de América Latina, en campamentos insalubres e improvisados crecen millones de niños que nunca aprenderán a escribir siquiera la palabra “madre”, mientras nosotros accedemos a los mejores centros de educación. Que desde Afganistán hasta La Patagonia Chilena, personas nacen, crecen y mueren sin llegar a disponer de un trabajo o un techo donde guarecerse, mientras nosotros disponemos de empleo seguro, vivienda propia o por lo menos la oportunidad de adquirirla.

Que pudiera ser que en este mismo instante, mientras usted deja en su colegio a su niña de catorce años provista, de su morral con libros y su merienda, cientos de miles de niños y niñas entre diez y diecisiete años en Burundi, Sierra Leona, Ruanda, Zambia y Colombia, por citar los países más conocidos, son obligados a empuñar armas mortales, violados en sus almas y en sus cuerpos, sin poder regresar a sus hogares, por temor a ser asesinados por quienes se han servido inmisericordemente de ellos.

Con tales reflexiones comparativas entre usted y el resto del mundo, su estado de ánimo mejorará significativamente y de tal manera robustecerá uno de los elementos más importantes para lograr una vida feliz; al mismo tiempo que le facilitaráreflexionarsobre el hecho indiscutible deque usted es un hijo privilegiado de Dios y por tanto no tiene derecho a permitir que su estado de ánimo decaiga, sino disfrutar de los dones que Dios le ha acumulado durante toda su vida.

Para concluir, permítanme comentarles que cuando paseo por las ciudad observo  como personas a quienes les falta unbrazo o una pierna, o se trasladan en sillas de ruedas, sonríen y se notan felices. Paradójicamente, a su lado observo personas jóvenes, hermosas, vitalesy sanas, con sus seños fruncidos con actitud de infelicidad.

¿Qué hace la diferencia entre unos y otros? Sin ninguna duda, SU ESTADO DE ANIMO.

Próxima entrega: COMO MEJORAR SU ESTADO DE ANIMO (ParteII)

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