Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘ESPIRITUALIDAD’ Category

«TODO LO QUE SE PUEDE PENSAR POSITIVAMENTE, ES REALIZABLE.»

Uno de los paradigmas que ha hecho daño al hombre, es aquel que reza que «No todo se puede tener en la vida.»

Considero que es todo lo contrario; para cualquier ser humano normal todo lo que requerimos para nuestra felicidad, sí  que podemos conseguirlo en la vida. Me refiero a lo que dentro de los parámetros apropiados se requiere para ser feliz, sobre la base del concepto de felicidad como «la realización material y espiritual de un ser humano.»

Conforme a tal aspiración, los logros deberán localizarse en los dos planos que conforman la vida del hombre.  Por una parte, el aspecto material donde se incluye todo lo necesario para subsistir físicamente, aprovechando los recursos que existen sobre el planeta, como el aire, el agua, los alimentos  y aquellas cosas que posibilitan vivir cómodamente y protegerse de la acción de los elementos naturales, tales como una vivienda, el moblaje y el acceso a un medio de transporte.

El hecho cultural, que transformó el paisaje geográfico originario en función de optimizar la calidad de vida, creó necesidades que no podían ser satisfechas por los recursos del medio en su estado natural, sino mediante la transformación en objetos que cumplieran con tales fines.

De tal manera avanzó el hombre en el empeño, que hoy no es indispensable amasar gran fortuna para disponer de una vivienda donde guarecer la familia, ni se requieren grandes cantidades de dinero para suministrarse los alimentos necesarios o los servicios básicos.

Tampoco hace falta ser rico para proveerse transporte, siendo que la atención a la salud y los estudios básicos, en casi todos los países son suministradas por el Estado, o lo cubren pólizas de seguro a las cuales puede acceder cualquier trabajador, empleado o profesional.

Fue así como se creó la multiplicidad de cosas que nos suministran confort, cuyo acceso es posible sin gran esfuerzo, en la medida en que se jerarquizan las reales necesidades físicas, dentro de parámetros razonables para obtenerlos; no a unos pocos sino a todos los habitantes de este planeta.  De tal modo, para un ser humano civilizado, que desde su minoridad hasta su adultez actúe conforme ha sido planificado en el contexto social, no debe ser muy difícil lograr suministrarse los  medios físicos necesarios para  una vida normal.

Cualquier persona común y corriente, quien haya cumplido desde niño con su educación básica, de joven con el aprendizaje de un oficio o profesión; o laborar como un empleado con la diligencia necesaria, estará en capacidad de acceder sin mayores sacrificios a lo necesario para desarrollar su vida físicamente, de tal forma cubriendo  la realización material.

La parte restante del concepto, que es la realización espiritual, por depender excluisivamente de nuestro estado de ànimo y autoestima, solamente requiere de nuestra voluntad y deseo de sentirnos bien.

Tenerlo todo representa interiorizar que hemos logrado la satisfacción de nuestras necesidades materiales, al mismo tiempo que alcanzamos nuestra tranquilidad y crecimiento espiritual. Así de claro e igual de fácil.

Lógicamente que, si en vez de una casa  o un apartamento se aspira a tener dos o más; si en vez de un auto para transportarse o utilizar los servicios públicos, se ambiciona disponer de varios; si en vez de los muebles necesarios se intenta tener un almacén repleto, o algunos con materiales exóticos y características exclusivas; si en vez de los recursos económicos necesarios para adquirir lo que se requiere y complementar las necesidades, se anhela tener cuentas de bancos repletas de dinero; conforme a esa manera de pensar, nunca se podrá «tenerlo todo».

Pero, si se realiza el trabajo con amor y eficiencia, procurando satisfacer las necesidades conforme a los ingresos devengados; si se prevé contingencias económicas dentro de lo posible y recomendable; se mantiene una alimentación balanceada, evitando ingerir o usar de elementos nocivos o excesivos, lo que revertirá en una buena salud, entonces no hay ninguna duda de que «Sí que es  posible lograr todo lo que se requiere», al menos desde el punto de vista material.

Como la realización espiritual es intangible y depende de cómo decidamos sentirnos, simplemente podemos ponerlo a nuestro favor cuando nos interese, con lo cual se cierra el círculo físico-espiritual que determina nuestro estado de felicidad personal, lo cual nos permite declarar sin ninguna duda que no hay razòn para que se pueda generalizar el criterio de que «No se puede tener todo en la vida.»

Read Full Post »

Sin ánimo de entrar en especulaciones filosóficas de alto vuelo, sino centrando el tema en el mundo de lo cotidiano,  en el que los humanos podemos encontrar o perder la oportunidad de vivir una vida feliz, toma especial relevancia la pregunta del título de esta entrega.

Respecto de ese tema que ha ocupado al hombre desde que tuvo conciencia de su racionalidad, como es la posibilidad de ser feliz, por mi  experiencia, considero que lo importante es sentirse feliz, como presupuesto indispensable para lograr la felicidad.

En la mayoría de las circunstancias que envuelven nuestra vida, es la actitud frente a  ellas lo determinante en cuanto a su su nivel de afectación. Quiero decir que, no son las situaciones en si mismas, por su propia naturaleza,  las que nos harán sentirnos felices o infelices, sino cómo personalmente las percibimos, recibimos, asumimos y procesamos.

De nada sirve que se disponga de compañía, fama, bienes, poder, o riqueza de cualquier género, si no se dispone de la capacidad o la decisión para asumir tales dones como especialmente beneficiosos, al punto de sentir que  nos hacen felices. Por ejemplo, no sirve de nada tener una pareja, hijos, hogar o trabajo, si no sentimos que nos hacen felices; porque cada uno de estos elementos, por si solos o en conjunto, no tienen la capacidad de producirnos felicidad. Siempre dependerá de que nos sintamos felices.

Una esposa podrá dar amor, compañía, ternura, sexo, solidaridad e hijos,  pero nada de eso obligatoriamente tiene que hacer la felicidad de un hombre. De hecho, diariamente miles de personas renuncian a esas bendiciones en busca de una felicidad que consideran no estàn viviendo, lo cual prueba mi aseveración.

Riqueza, una bella y cómoda casa, confortables muebles, un lujoso auto y remunerativo empleo, no aseguran la felicidad, porque si eso fuera así las personas muy ricas serían más felices que las que no lo son;  basta con asistir a los balnearios, parques o sitios de diversión los fines de semana, para observar las recepcionistas, secretarias o empleados de la limpieza de las grandes corporaciones, disfrutando con su familia despreocupados y felices, mientras los potentados  y propietarios no pueden darse el lujo de regalarse esas horas con sus hijos y esposa, por la permanente preocupación y compromisos, necesarios para mantener  y aumentar su riqueza.

Es que la felicidad, como el amor, la solidaridad, la libertad y los demás valores trascendentes, son intangibles; no son susceptibles de ser adquiridos y almacenados para prever los malos tiempos; no pueden venderse ni comprarse, sino que sólo pueden sentirse, pero únicamente mientras se mantenga esa especial actitud de apreciación personal e individual; por eso es que no son permanentes y deben vivirse… intensamente.

No basta con decir: soy muy feliz, hace falta sentirlo, porque si se siente, se vive, se disfruta. De alguna manera es desarrollar la aptitud de tener la actitud de ser felices.

En verdad la riqueza es deseable, y bien utilizada es muy beneficiosa, pero lsólo puede darnos comodidad, porque hasta ahí llega su valor real. Siendo que lo importante es cómo nos sentimos, cuando disponemos de riqueza lo máximo que podemos experimentar es la sensación de  poseerla, lo cual es bien diferente a sentirnos felices. Salomón, de quien se dice que disfrutó de las mayores riquezas y privilegios de su tiempo, al final de su desgraciada vida, convencido de estas verdades, con gran tristeza plasmó esta realidad, escribiendo: «Es mejor la comida de legumbres con amor que el becerro cebado con odio.»

(más…)

Read Full Post »

Para y por todas las madres del mundo en su día.

Hoy no es un día cualquiera. No podría serlo. La mañana se siente brillante, cálida, clara, llena de sol de primavera y atemperada por una brisa que viene de no se donde, acaricia nuestra cara, recordándonos que en algún sitio, en un recodo del camino, más allá o más acá, o más allá… del más allá, la madre siempre espera.

Hoy no celebramos qué o por qué vinimos a este mundo, sino cómo y por quién nacimos; porque una planta nace como un evento aleatorio, cuando una de muchas semillas que trajo el viento, que no se perdió en el espacio, germina en cualquier sitio de la tierra, por la sola condición natural y sin ningún cuidado especial. Del mismo modo, un animal irracional nace como producto de un acto natural instintivo por el coito de un macho y una hembra de su especie, sin ninguna motivación que no sea la de reproducirse ni sentimiento trascendente, porque la misma naturaleza dispuso todo para su subsistencia.

Pero los seres humanos nacemos indefensos y como etapa final de un proceso imbuido de los más puros y hermosos sentimientos. Nuestro proyecto de vida se inicia por el amor, se nos concibe en un acto de sublime amor, se nos mantiene nueve meses en el vientre con amor, nacemos dentro del mismo amor, por amor vivimos todos nuestros días, y con amor nos recibe Dios cuando cumplida nuestra misión sobre esta tierra, emprendemos el viaje del… regreso.

Hoy celebramos el amor, el máximo, ese que nace como un pedazo de una mujer maravillosa que se hace madre, cuyo papel no termina ni siquiera con su muerte, porque somos una parte de ella, físicamente muy importante, pero espiritualmente somos su esencia y continuamos con ella, o quizás, ella continúa con nosotros… por siempre.

Las madres son el lago y los hijos el agua que retoza en el vaivén de las olas, reflejados siempre en el espejo de su propia imagen. Es una unión simbiótica sin tiempo ni espacio. Sin dimensiones conocidas. Siempre existente.

Las madres nunca se van, no pueden irse, porque no es posible que una mano o alguna otra parte del cuerpo pueda vivir separada de el. La madre y los hijos somos un espíritu y partes de un mismo cuerpo. Por eso están aquí, allá y… más allá por siempre. Quienes no las tenemos físicamente, sabemos que las tenemos con nosotros porque las vivimos en el espíritu en esa otra dimensión desconocida, pero existente.

Todos tenemos madre. La vivimos, la sentimos, la respiramos; son esa parte del mundo que no se agota, que no se corrompe, que no conoce fin en el amor ni el sacrificio; que ama con el corazón dentro y las tripas afuera, más allá de su propia capacidad, del tiempo, del espacio y de la vida terrenal.

Las madres viven por siempre. Se mimetizan en el tiempo y en las estaciones. Reflejan en la mirada de los niños, en la lozanía de las flores en las mañanas brillantes de primavera, en las mojadas noches de invierno, en la caída de las hojas en las grises tardes del otoño y en el ardiente sol del verano.

Las madres son eternas como eterna es nuestra alma. Son privilegiadas y consentidas de Dios, porque son inolvidables. No importa cual sea nuestra obra, seguramente seremos olvidados en poco tiempo, pero las madres no. Desde que nacemos las amamos y cuando morimos nos las llevamos en el recuerdo. Simplemente, son inolvidables y nos marcan con su seña de amor, por siempre.

Las madres son tan bellas que rompen los esquemas de la moda y la concepción individual de la belleza. Todas son bellas. No importa sin son jóvenes, maduras o ancianas. Su dulzura y ternura, desvían las etiquetas o paradigmas sobre la belleza: todas son tan bellas. Igual la blanca, que la negra, que la asiática, que la india. Todas son tiernas, dulces y… bellas.

Basta mirar una mujer con un niño de la mano o en los brazos, para que toda la ternura del mundo invada nuestra alma. Es el paso del amor que arrulla la vida. Es la esperanza que dice: aún estoy aquí. Es el ayer que se hace hoy para decir hasta… siempre. Es Dios diciéndonos que todavía está con nosotros.

Hoy es día de júbilo, de alegría, de risas y canciones, porque las madres están aquí. Todas están aquí a nuestro lado. No importa si algunos no las vemos, pero están aquí. Siempre lo han estado. Nunca se han ido. No pueden irse. No pueden dejar lo que tanto aman. No pueden separarse de sí mismas. No es posible.

No caben hoy las lágrimas ni los ingratos recuerdos. No sería justo. Sería como aceptar que algunas ya no están porque son pasajeras, que no son eternas y eso no es cierto. Nuestras madres viven con nosotros desde antes de nacer y continúan toda la vida, y… luego de esta vida. Igual la de Jesús que la de Judas. Igual la del pobre que la del rico. La del alegre que la del afligido. La del enfermo que la del sano. La del preso que la del hombre libre. La del niño que la del Anciano. Todas vinieron para quedarse y acompañarnos…por siempre.

Las madres son excepcionales porque son como los árboles y nosotros su fruto. No hay fruto sin árbol, pero si pueden haber árboles sin fruto. De hecho todas las mujeres son madres, aunque nunca lleguen a tener hijos. Nacen madres y se mueren madres.

Amo a las mujeres como la representación de la belleza de Dios sobre la tierra. Tengo un especial respeto por ellas; más que por el automático respeto que me genera mi amor pasional por las que amo, porque en cada una de ellas veo una madre. Mi esposa, mis hijas, mis nietas y mis amigas. Todas, independiente de su edad o condiciones personales, las veo como madres y eso me hace amarlas, respetarlas y considerarlas aún más.

Por todo esto hoy, en este excelso día de las madres, en medio de sonrisas, música, regalos y muestras de ternura, quiero decirle a todas: GRACIAS, gracias por haber nacido mujeres, por haberme escogido en miles de millones de almas para traerme a este mundo; por hacerme su hijo; por haberme permitido sentir mi primer amor y contagiarme de el por siempre; por haber sido la fuente de esa ternura que me hace tan feliz; por haberme permitido conocer algo más que la sensación pasional de poseer, siempre esperando una respuesta. Por haberme enseñado que Dios existe y que somos uno con Él. Por haber imbuido en lo más profundo de mí ser los valores de la verdad que nos hace libres; el amor al prójimo, la aceptación de mis hermanos con su propia individualidad; la sensibilidad humana y la libertad, que me permiten parecerme un poco a ustedes y acercarme a Dios.

Pido en este día a mi Padre Celestial, una especial bendición para todas las mujeres por ser madres; y a las madres por ser súper mujeres. Pido que siempre, en todo momento, los hijos recordemos cuando no podíamos cruzar la calle y ella nos llevaba de la mano, porque pudiera que ahora, en los años de su vejez, en algunos casos, nosotros tengamos que hacer lo mismo por ellas, y eso realmente es.. un privilegio.

Read Full Post »

«SI MANTENEMOS ELEVADO EL ESPIRITU, LO COMPLEJO PUEDE HACERSE SIMPLE.»

Algunas realidades que no se pueden obviar porque son parte de nuestra vida diaria en este mundo globalizado, hacen muy difícil, sino imposible, mantener una vida simple, como sí la disfrutaron nuestros ancestros.

En ese mundo mayormente prosumista, no tenía mucho de complejo pastorear los animales, cuyo alimento lo producía la tierra en abundancia y por el cual no se requería erogar ningún recurso económico. Tampoco debía pagarse ningún salario  a los miembros de una  familia troncal que realizaban las labores del campo, siendo que los restantes alimentos eran igualmente producidos  en  el predio o huerto familiar, de cuyo producto participaban conforme a su propia necesidad.

Desde curar un catarro hasta atender un parto, pasando por entablillar una fractura o sobar una falseadura,  eran actividades que alguien de la familia o algún vecino realizaban de la manera más natural, como algo común, corriente y sin más costo que el agradecimiento y la ratificación de reciprocidad solidaria, o consuetudinario respeto reverencial de ahijado.

El hombre conocía,  pero no consideraba indispensables para subsistir, servicios especiales como energía eléctrica, alumbrado o sistemas de tuberías para suplirse del agua potable. La leña, el carbón, kerosene, carburo o las velas le suministraban lo necesario y el agua de la mejor calidad se encontraba en los manantiales y en los pozos artesianos.

De tal modo, las pocas necesidades para la subsistencia cotidiana que no podía cubrir la producción hogareña o suministrar la naturaleza, normalmente eran logradas y compensadas sobre la base del trueque por productos o trabajo, ayuda de la comunidad, o a precios al alcance de todos que cómodamente podían cubrir las familias, tan bajos que hoy parecerían ridículos.

En las escuelas de niños y párvulos, su única solicitud era la asistencia de los alumnos. Los padres no requerían erogar cantidades dinerarias para la educación básica de sus hijos. Entre otras particularidades, porque por aquellos tiempos no se estilaban las múltiples contribuciones para el cumpleaños de la maestra;  el día de la bandera, del deporte, de la  madre, del padre, del árbol,  de la alimentación, del ambiente, de la tierra, del mundo, de la libertad, del niño, de la mujer, de la mascota y… pare de contar, que convierten tales celebraciones en una fuente de estrés para las familias de pocos recursos, que constituyen la mayoría.

En las Ciudades, las personas se trasladaban a su trabajo en medios de transporte muy simples y económicos, cuando no a pie, porque en esos tiempos la gente gustaba y podía caminar por las calles, sin miedo a ser atropellados por bólidos a alta velocidad, motocicletas que ensordecen,  empujados por los buhoneros que invaden las aceras, o asaltados por los delincuentes que han hecho de las calles su predio privado.

Dada esa vida tan simple, no se requerían celulares, faxes, ni computadores. Como la delincuencia no estaba institucionalizada sino que era excepcional, tampoco eran necesarios vigilantes privados, guarda espaldas o vehículos blindados, salvo aquellos obligatorios para los mandatarios, o uno que otro ricachón que gustara y pudiera pagarse tales aspavientos. Como la televisión era muy incipiente, el consumismo, la violencia indiscriminada,  la vanidad exagerada y la promoción a los anti valores no había encontrado, como hoy, un camino tan expedito y provechoso para su aumento exponencial, en contra del exiguo presupuesto, tranquilidad y solidez familiar.

Pero, todo eso quedó en el pasado. En el mundo nuevo que nos toca vivir, asiento de los mismos seres humanos de todas las épocas, ni mejor ni peor que aquel sino diferente, no queda casi nada que se pueda considerar simple, especialmente la actuación personal. La sobre población que aqueja los conglomerados urbanos, especialmente nutridos por la migración recibida de los sectores rurales, la globalización de las comunicaciones y la competencia a muerte por todo, ha globalizado también los problemas, la corrupción, la insensibilidad y la indiferencia afectiva, haciendo la vida del hombre realmente compleja.

Nada puede ser simple hoy porque todos estamos interconectados en todas y cada una de nuestras actuaciones, inclusive en aquellas que parecieran muy personales o elementales, como cantar, estornudar, reír o…toser. El creciente estrés producido por una competencia sin límites en todos los ámbitos de la vida contemporánea, ha hecho a un creciente número de seres humanos irascibles, inquietos, apurados, angustiados, malhumorados, impacientes, desconfiados, negativos y casi… insoportables.

Aquel que saluda afable, sonríe, tararea  una canción, hace un stop en su camino diario  para observar una flor, disfrutar de una fuente, acariciar un niño, o abre la puerta a una dama o un anciano, es mirado como bicho raro, desactualizado, tonto o… anticuado. Pero algo más grave, se expone a una reprimenda o una demanda por ruidos molestos, intervención del orden público, o intromisión en… la privacidad de las personas.

Y es que todo es tan complejo, que no se puede ser integral y actuar conforme se desea, sin correr el riesgo de afectar a alguien en el vecindario, el autobús, el trabajo o la calle,  sin importar si es  el de adelante, detrás o de los lados. La complejidad lo invade todo. Nada es simple ahora, incluido casarse, curarse  una gripe,  comprar un pasaje de autobús, mudarse a otra ciudad o… morirse.

Frente a esta situación cabe preguntarse:

¿Qué podemos hacer para no afectarnos más de la cuenta por tanta complejidad? ¿Es posible aún en un mundo tan  complejo vivir una vida simple?

Frente a la primera pregunta, ciertamente hay mecanismos que podemos utilizar para adaptarnos de la mejor manera posible a un mundo que ya nunca volverá a ser simple. Con respecto a la segunda, claro que siempre, independiente del nivel de complejidad, sí que es posible vivir una vida simple.

Pienso que en ambos casos es un problema de actitud personal. Así, la solución frente a la complejidad es asumirla como una situación normal de estos tiempos que nos corresponde vivir,  y aprender a convivir con ella. Se trata de entender las realidades cotidianas y ponerlas en función de nuestros intereses, buscando hacer esa complejidad lo más sencilla posible para nuestra vida. Al fin y al cabo, está aquí y no podemos desterrarla. Luchar contra ella es hacerlo contra la corriente y eso no es inteligente ni beneficioso de ninguna manera.

El proceso de actuar de forma simple,  o de simplificar las cosas, va a estar en mucho, en nuestra forma de interpretar el tiempo y el espacio en el entorno donde hacemos nuestra vida diaria. Tenemos que jugar con lo que conocemos y tenemos, que por cierto no son más que personas, cuyas actuaciones se derivan, en su gran mayoría, de nuestra propia actuación personal frente a ellos.

Si estamos claros con lo que queremos hacer de nuestra vida, independiente de la complejidad que involucren los tiempos actuales, la satisfacción de nuestras necesidades fundamentales, físicas y espirituales, es realmente limitado y no muy difícil de alcanzar. Fuimos dotados de suficiente intelecto para hacer de lo complejo, simple, al menos con respecto a nuestras necesidades vivenciales.

Dios, el amor, el respeto, la verdad, la solidaridad, la aceptación, la generosidad y la ternura, fundamentales para una vida feliz, sin excepción aunque trascendentes son muy simples. Nacen, se desarrollan y viven dentro de nosotros mismos. En consecuencia, el nivel de complejidad que le otorguemos, es algo que nosotros mismos y nadie más decide. El mundo externo escasamente nos suministra elementos para sobrevivir físicamente, y al  menos hasta  hoy,  los indispensables se encuentran hasta en el último rincón del planeta.

Por tanto, si somos capaces de manejar los recursos internos que alimentan nuestra espiritualidad, en contacto con Dios y fuente de nuestra intelectualidad, lo demás, como lo enseñara Jesús de Nazaret «… vendrá por añadidura.», e independiente de su complejidad,  no es lo fundamental; y eso, ciertamente, es bastante… simple.

Read Full Post »

«EL PERDÓN SES DIVINO SI LO ACOMPAÑAS DEL OLVIDO

Tratando sobre el perdón, una de las asistentes a mi última Conferencia comentó su acuerdo con perdonar, pero manifestó sus reservas con respecto a la real posibilidad de olvidar, como condición indispensable para que el perdón surtiera todos sus efectos.

Ratifico que el perdón sin olvido del agravio recibido, no lo es completo; y lo más importante, en tal caso, no recibiríamos sus maravillosos beneficios. Perdonar el agravio para que aporte el beneficio espiritual pleno, conlleva dos elementos fundamentales: un voluntario acto de amor del agraviado hacia el ofensor y la decisión de no recordarlo nunca más.

No me refiero a olvidar por siempre el evento en sí, lo cual aunque sería deseable pudiera no ser tan fácil. Lo que conviene olvidar es la sensación dolorosa que nos afecta cuando somos agraviados. Se trata de no recordar nunca más ese momento de sufrimiento; esa sensación desagradable de ser violentados en nuestra persona física, valores espirituales y sentimientos.

Pudiera ser que el suceso en sí mismo nunca lo olvidemos, lo tengamos presente en cualquier momento o circunstancia, por algún tiempo o por siempre, lo cual no tendría nada de grave, si echamos una cortina de olvido sobre la consecuencia dañosa que nos causó el mismo.

El asunto es desterrar de nuestra mente el daño que nos causó. Porque no es el recuerdo de la situación vivida lo que nos puede afectar, perturbar o hacernos sentir mal, sino la dimensión o entidad de cómo nos afectó en ese momento.

El más beneficiado con el perdón y el olvido del agravio no es el ofensor, porque éste pudiera ser que no tenga la dimensión real de los efectos de sus actos, o ya no lo recuerde. El único beneficiario de la sensación liberatoria del perdón es el ofendido, quien al desecharlo de plano de su alma logra la tranquilidad y el reposo necesarios para no perturbar o desmejorar su felicidad.

Conviene tener siempre presente que olvidar es un elemento existencial muy importante. ¿Qué sería de nuestra tranquilidad espiritual si no dispusiéramos de la capacidad de olvidar los males y dolores sufridos?

¿Acaso no es el olvido lo que nos devuelve la tranquilidad, la alegría y el deseo de continuar adelante, cuando perdemos un ser querido o fracasamos en el amor?

Olvidar, progresivamente hace menor el dolor, distancia el recuerdo y pone sobre las heridas ese ungüento maravilloso que es producto del entusiasmo por la vida, por la vida buena, por esa que Dios ha reservado para aquellos que saben sobreponer el amor, la generosidad, la compasión y la caridad, por encima de cualquier sentimiento de frustración, desencanto o dolor.

Así como recordar las cosas buenas vividas nos hace disfrutar y amar más nuestra existencia, el recordar las experiencias desagradables y los malos momentos, pueden llegar a hacernos la vida simplemente… miserable.

Venturosamente, olvidar depende de cómo manejemos nuestro estado de ánimo. Le invito a olvidar lo malo y tener presente las muchas bendiciones de que dispone. Le aseguro que se sentirá mucho mejor.

Próxima Entrega: EL PRINCIPIO DE LA PLEGARIA.

Read Full Post »

«En este bendito nuevo día, todo está previsto. Nada queda fuera de mi plan divino, porque Dios me acompañará hoy y por siempre.»

Las veinticuatro horas de cada día, la expresión oral o pensamientos de las cosas que deseamos que sucedan, o los temores de no lograrlas, representan DECRETOS que se convierten en condicionantes de nuestros actos.

Nuestro cerebro y espíritu nunca descansan y están siempre despiertos. El espíritu, con contacto con Dios orienta nuestra voluntad hacia la superación, elevación progresivas y el logro de nuestros mejores fines. El cerebro, que responde a esas motivaciones espirituales y volitivas, las transmite como órdenes que ponen en movimiento al resto del cuerpo.

Así, cuando decretamos que tenemos buena salud, que la vida es bella, que estamos contentos, que vivimos de la mano de Dios, ese mensaje recibirá de nosotros esa fuerza universal que rige nuestras vidas y en función de eso nos devolverá los resultados.

Si decretamos que todo lo que haremos estará en función de amar y disfrutar las personas, el paisaje y todas esas bendiciones que Dios puso sobre la tierra para nuestro disfrute, nadie podrá interferirlo, porque la fuerza del decreto la respalda ese poder superior y universal.

Decretar que rebosamos de amor, suficiente para nosotros y nuestro prójimo; que somos fuente de placer, de alegría, de generosidad nobleza, sensibilidad, caridad y solidaridad, asegurará que los resultados de nuestras realizaciones lo sean de la misma naturaleza.

Cuando decretamos que dando nuestra mano transmitiremos optimismo, alegría, salud, ese decreto transformará nuestro saludo afectuoso en influencia magnética positiva, que alcanzará y beneficiará a nuestros interlocutores, aunque pudiera ser que conscientemente ellos no lo perciban. Pero además incrementará nuestra fuerza positiva y felicidad.

Así como cuando decretamos cosas positivas y beneficiosas, el universo conspira para que se materialicen, de la misma forma, si nuestros dichos son negativos (decretos), esa misma fuerza universal hará lo necesario para que se cumplan conforme los decretamos.

Creo en el pensamiento positivo, la inteligencia emocional, la autosugestión, la telepatía, la visualización; así como que, en mayor o menor grado, la ley de la atracción influye en nuestras actuaciones, conforme nuestras presunciones y operaciones mentales.

Por dilatadas, edificantes experiencias y resultados, la vida me ha demostrado que no es suficiente con el decreto, la visualización, la buena intención y el magnetismo, sino que todos estos elementos primordiales deben ir acompañados de la proactividad y diligencia personal.

Millones de proyectos, buenas ideas e intenciones, se quedaron en el nebuloso mundo de las ideas, porque carecieron del dinamismo que le imprimen esos elementos fácticos representados por la diligencia, la proactividad y la mejor dedicación a su materialización.

Por eso, en adelante, cuando le asalten pensamientos negativos, se atemorice pensando que no puede lograr algo, decrete lo contrario; convénzase de que es posible; de que Dios no se muda, sino que sigue a su lado confiando en su inteligencia, confianza, fe y diligencia en las cosas que hace… no lo defraude.

Próxima Entrega: PROGRAMA DIARIO DE VIDA

Read Full Post »

«LA MUJER ES LA FLOR DEL JARDIN DE NUESTRAS EXISTENCIA.»

En un arranque de feminismo, de esos que no dejan nada positivo para las mujeres, sino que las equiparan a minorías segregadas -lo que nunca han sido ni serán- escuché que se requiere «…una nueva mujer.»

Durante mis sesenta y seis años de feliz periplo por este planeta, comenzando por mi madre, pasando por miles de mujeres hasta llegar hasta mi inigualable esposa y mis  tres extraordinarias hijas, siento que son una obra única de Dios, porque además de sus múltiples virtudes, representan la belleza de Dios sobre la tierra y son la sal del mundo.

He vivido toda mi vida bajo la beneficiosa influencia, el amor, la comprensión y la ternura de alguna de ellas, a quienes siempre he visto felices, por lo que siento que no se requiere otra mujer nueva.

Tengo tanto respeto, consideración, agradecimiento, admiración y solidaridad por esa mujer que diariamente enfrenta la vida con valentía, decisión, entusiasmo, nobleza, generosidad y… feliz como el factor de equilibrio en su familia que siento que no requiere ser sustituida por una nueva.

Lo que sí estoy convencido y promuevo en este Blog y en toda oportunidad, es que la mujer requiere sentirse mujer, lo que conlleva posesión de su significado en esta vida como factor fundamental en el mantenimiento de la especie, como de su permanencia feliz.

La mujer tiene el papel excelso de parir y formar los reemplazos que continuarán poblando este mundo, ejerciendo la responsabilidad quizás más importante en la sociedad organizada:  mantener unida la familia.

Por otra parte, su amor, ternura, aceptación, generosidad y sensibilidad humanas, desde nuestra más tierna edad hasta nuestro último día,  nos nutre haciéndonos la vida más agradable, emocionante, apasionada y… plena.

¿Quien puede discutir que el mundo sin mujeres sería yermo? ¿No son las mujeres las flores del jardín de nuestra existencia?

Si existen mujeres que no sienten su influencia decisiva en la familia, su comunidad o la sociedad en general, no significa que se requiera una nueva, sino que la actual sienta su peso real y bien ganado poder, exigiendo el debido tratamiento y ejerciendo los derechos que le corresponden, sin permitir mediatizaciones.

Creo más en la convicción personal del valor propio que  en los discursos o  arengas para promoverlo. Las normas jurídicas representan el «deber ser», no el ser. Por tanto, son letra muerta cuando no se hacen cumplir.

Si una mujer no está convencida de lo que vale y merece, al no sentir sus merecimientos, no exige  ni ejerce sus derechos.

Convivo por más de treinta y ocho años con una mujer que sabe lo que vale, que no necesita ser una mujer nueva; conoce su peso específico, su dimensión real y no acepta menos de lo que merece. Esa es la posición correcta.

No es una mujer nueva lo que se requiere, sino una mujer consciente de su valor e importancia como mujer para lograr ser  integralmente… feliz.

Próxima Entrega: LIMPIEZA MENTAL

Read Full Post »

footprintintourquet.jpg

¿Por qué y para qué vine a este mundo?

Para mi la respuesta no es trascendente, porque si pudiera conocerla no creo que modificaría mi comportamiento. Ese mundo nebuloso del por qué y el para qué, lo manejo conforme a mis principios éticos, que son universales y siempre están orientados al bien.

Considero importante para nuestra felicidad aceptar que tenemos una misión que cumplir en esta vida, la cual aunque no conozcamos, debe comportarse, principalmente, en beneficio de nuestros semejantes.

Pienso que como principio general, conviene trabajar sobre lo que se conoce, más que invertir energía en descubrir lo que en nada nos beneficia objetivamente.

Así, respecto de la misión que siento que me corresponde cumplir en este mundo, como no la conozco en su exacta dimensión, imagino que Dios simplemente me la indicará en ese su lenguaje que siempre mi espíritu percibe y que guía todos y cada uno de mis actos.

No camino en busca de mi misión sino que la cumplo conforme a mi propia ideología de vida. La concibo con jerarquías que gustosamente asumo y no transgredo.

Siento que mi primera obligación es conmigo mismo, siendo feliz para poder hacer felices a los demás. En segundo lugar, con mis hermanos humanos, amándolos y no juzgándolos, pero aceptándolos con su sagrada individualidad y diversidad.

No debo ser pasivo en mi misión, sino que debo hacer todo lo que considere positivo y conveniente para ellos, porque será lo mismo que me devolverá la vida.

Por eso amo a las personas y hago el bien que puedo, al tiempo que disfruto su maravillosa condición de seres inteligentes y generosos.

Amo y cuido del medio ambiente que me rodea, porque representa esas maravillosas cosas, incluido los reinos animal, vegetal y mineral, cuales Dios puso aquí para satisfacer mis necesidades y mi deleite.

Siento a Dios en cada persona, en cada cosa; en la brisa que peina los pajonales y entona sus sinfonías de las copas de los árboles; en la sonrisa de los niños y la paz del rostro de los ancianos; en la belleza del cuerpo de la mujer, su nobleza y su ternura… inagotables.

Siento que es maravillosa mi misión de amar, sin importar a quien, cuánto, cómo ni cuándo; sin preguntar si quieren o necesitan de mi amor.

Asumo el privilegio de vivir esta hermosa e inigualable aventura que es mi vida, frente a un mundo maravilloso y unos seres humanos que nacen y hacen un gran esfuerzo por mantenerse nobles.

Tengo la sensación permanente de que camino de la mano de mi Padre Celestial, en ese diálogo inteligible y constante sólo para mi espíritu, pero que yo siento presente todos los días y en cada instante.

No quiero ni necesito otra misión que esta de amar, de sentir que, sin excepción, mis semejantes y yo somos uno con Dios. Con eso me basta, porque eso me hace… muy feliz.

Próxima Entrega: ¿UNA NUEVA MUJER?

Read Full Post »

He leído estudios que indican que los humanos no utilizamos más allá de entre el 5% y el 10% de la capacidad mental, que podrían desarrollar nuestros treinta mil millones de células cerebrales haciendo sinapsis.

Pero ese milagro andante que somos los seres humanos en nuestra integralidad físico-espiritual, dada nuestra permanente y constante dispersión mental, escasamente nos permite concentrarnos por momentos en alguna de las pocas cosas que hacemos, con el resultado de repetir actividades que hubiéramos podido realizar con ahorro de tiempo y recursos en un solo acto, si hubiésemos utilizado algunos instantes para pensar en la mejor forma de hacerlo…

Luego de un acto erróneo, es común la frase: «Oh, me equivoqué, no sé en que estaba pensando.», lo cual grafica la divagación permanente de nuestra mente. Pero, lo cierto es que la mayoría de nuestros actos equivocados, responden al hecho de no haber previsto la mejor manera de realizarlo.

Mi padre solía repetirme en tono solemne: «Si cuentas veinte antes de actuar, lo harás mejor.», lo cual por cierto me aprendí de memoria, pero nunca pude establecerlo personalmente como una norma de actuación en todos los casos.

Pensamos en tantas cosas al mismo tiempo, que al no fijar nuestra atención en una sola, ni establecer prioridad a las rapidísimas operaciones mentales, nos dispersamos y terminamos en el estacionamiento de la Universidad cuando deberíamos estar en el de los Tribunales o el del Supermercado.

Nuestra mente es tan volátil y viaja a tal velocidad de un pensamiento a otro, que para ubicarse en uno solo y concentrar su potencia, requiere de un mínimo de entrenamiento y disciplina, cuyos óptimos resultados pareciera que solo se logran con la práctica de la meditación.

Pero, para quienes no somos unos virtuosos meditando, sino que nos ubicamos dentro del campo de los soñadores, por no llamar distraídos, que posiblemente somos la mayoría, la causa no está perdida.

Para nadie es un secreto nuestra naturaleza adictiva, por tanto un hábito se suple por otro nuevo. Debemos sustituir la divagación por la concentración. Para lo cual, mi recomendación primera es planificar detalladamente nuestras actividades de tal manera que nos concienticemos, en cada caso, de que disponemos del tiempo necesario.

En segundo término, establecer una jerarquía que privilegie el orden en las actuaciones. Así, si planificamos los tiempos de acción de la mañana, al conocerlos para cada actuación, concentramos nuestra atención en la que nos corresponde en el momento, porque para todas las demás tenemos previsto su propio tiempo.

Nos ayudará grandemente a la concentración , ocuparnos en vez de preocuparnos por resolver las situaciones o circunstancias que se nos presenten o debamos resolver

Finalmente, recordar que el tiempo de Dios es perfecto y que somos uno con Dios, nos ayudará a entender que nuestra parte es ser diligentes en lo que hacemos, porque el resultado final no lo decidimos nosotros, sino Dios que conoce lo que más nos conviene.

Próxima Entrega: EL OCIO CONVENIENTE

Read Full Post »

policias-invalidos.jpg

Un grupo de policías inválidos por las explosiones de las minas personales y otras armas de guerra, casi exhaustos, luego de varios días sobre sus sillas de ruedas, empujándose con sus brazos, remontan la cuesta de una empinada autopista colombiana mientras recorren cientos de kilómetros, llamando la atención de las FARC para  que liberen a sus compañeros cautivos.

En un bello y amplio país convertido en polvorín, ver lo que queda de unos hombres físicamente, luchando para evitar esa misma tragedia a otros hermanos, debe llamarnos a profunda reflexión.

Ese acto de solidaridad humana, que tiene un efecto multiplicador y ejemplarizante, debe ser una llamada de reflexión para quienes habitamos países donde todavía podemos vivir en paz, como un día no muy lejano vivieron los colombianos.

Ese mismo hombre solidario, sensible y bondadoso que ellos encarnan, es el mismo que arma e instala bombas que mutilaron esos cuerpos cansados, pero llenos de vitalidad, espiritualidad,desprendimiento, amor y… bondad.

¿En qué recodo del camino de la vida se produce el cambio entre el amor y el odio? ¿Qué transforma el ángel en demonio? ¿Qué lleva a dar el paso  para convertirse de salvador en depredador?

Nos corresponde observar esos acontecimientos; aprender de ellos  para no repetir los errores. Es el país,  es la vida de nuestras familias, nuestros hijos y nuestros ancianos lo que está en juego.

Aun estamos a tiempo de evitar una tragedia similar, aquí en Venezuela. Nos corresponde analizar, meditar y decidir sobre esas interrogantes, porque  todavía tenemos un bello país y debemos mantenerlo en paz.

¿No sería acaso en la indiferencia afectiva colectiva, el descuido por los más necesitados de recursos, amor y cuidado en su más temprana edad, donde se produjo ese horrible cambio en esos seres  que nacieron como ángeles y se convirtieron en máquinas de odio, terror y muerte?

¿No estará la semilla de su conducta en la desigualdad de oportunidades e injusta redistribución de la riqueza?

¿No contribuiría a envenenar su alma la falta de amor, sensibilidad, compasión y caridad de que fueron objeto en el proceso de su desarrollo?

¿No será que nos hemos estado alejando de nuestra espiritualidad y de Dios, dando paso  a antivalores como el consumismo, la vanidad, la futilidad, la riqueza fácil, la inmediatez y la violencia?

¿Cuántas lágrimas más debemos ver correr por los ojos de las madres angustiadas,  y  en esa careta indefinible de esos niños y niñas guerrilleras, pintada de odio y terror que esconde sus verdaderos sentimientos y… su renuncia?

¿Qué más necesitamos ver para entender el peligro que se nos viene encima?

Volvamos los ojos al cielo, besemos esta tierra bendita que Dios nos dio por heredad, abracémonos como hermanos sin importar cual sea la ideología política de cada cual, oremos y actuemos como venezolanos, porque luego, cuando ese mal avance será muy difícil detenerlo y entonces veremos el dolor en silla de ruedas, remontando la cuesta de nuestra negligencia.

Por favor, hagamos algo… no lo permitamos.

Próxima Entrega:  APRENDER A TIEMPO

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »