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Archive for the ‘EL TEMOR’ Category

Durante mi niñez, mis padres acostumbraban amonestarnos diciendo: «El tiempo perdido lo lloran los santos.» De adolescente, escuché otra que dice «El tiempo es oro, no lo malgastes.» Iniciando mi adultez una muy adaptada a ese tiempo: «El tiempo es un recurso no renovable.» Iniciando mi tercera edad leí con especial interés dos de las más acertadas, una objetiva y otra de índole espiritual. De estas últimas he verificado su efectividad: «El tiempo castiga duramente a quienes no lo toman en cuenta.» y «El tiempo de Dios es perfecto.»

¿Qué quisieron decir quienes crearon estas admoniciones?

¿Qué significaba para ellos el tiempo?

¿A cual tiempo se referían?

No es fácil adivinarlo. Como casi todos los conceptos, el del tiempo tiene mucho de abstracción y nuestra razón nos hace especulativos. Sin que esto represente invadir campos filosóficos, considero que esa ciencia es autónoma y pantónoma, por lo cual alejado de todo academicismo o terminología complicada, debo manifestar mi criterio, en lenguaje llano, sobre este tema y su trascendencia para el hombre común.

Continuamente y con un dejo de resignación, escuchamos exclamaciones como éstas: Mi problema es el tiempo; no tengo tiempo ni para comer; lo siento, no te llamé porque no tuve tiempo; no tengo tiempo para leer; mi problema es que me falta tiempo para todo.» En tales situaciones, un individuo normal que conoce del tiempo lo que le han dicho desde que tuvo uso de razón, sin explicarle realmente qué era, atosigado por las admoniciones del comienzo y salvo las dos últimas, incorpora a su alma otro elemento de temor que se concreta en que siempre estará corriendo detrás del tiempo sin poder alcanzarlo, no tiene otra opción que analizar qué es el tiempo, para qué sirve y cómo debe manejarlo en función de vivir una vida plena.

Para mí, el tiempo es una entelequia. Un invento del hombre en la vía de procurarse problemas. ¿A quién se le ocurrió la idea de que existía el tiempo? No lo sé, ni siquiera me interesa conocerlo; hace años que no me preocupa. Simplemente, es algo que sólo conozco como el tiempo,»esclavos del tiempo»; categoría en la cual incluyo a la mayoría de mis congéneres. ya que uso reloj, los calendarios y continuamente observo los

En mi criterio, sin relojes ni calendarios perdería toda vigencia ese factor de perturbación para las mayorías denominado «tiempo» y seguramente todos seríamos más felices. No obstante, como hasta yo de alguna manera soy afectado por el, me corresponde tratar sobre el tema. Así, como ser humano, vivo sin asignarle mucha seriedad a las supuestas veinticuatro horas de cada día, cada mes de cada año. Sin embargo, religiosamente un «día» específico del «año», quienes me aman se reúnen para recordarme con cantos, abrazos, besos, palmaditas, chistes, torta y demás elementos de engorde, que he avanzado un «año» más hacia la muerte, conforme al «tiempo» promedio de vida de un ser humano.

Aprovecho esa oportunidad para comer y beber por cuenta de los demás; especialmente me siento bien porque allí no hablan de su tiempo, que es algo tan patético por los problemas que les crea, sino que hablan del que me falta para morirme y como hace muchos años que eso no me da ni frío ni calor, porque no se cómo ni cuando llegará, entonces realmente ratifico cómo sería la vida si no existiera el tiempo.

Esa sensación es pasajera, porque nunca falta alguien que diga: «… me tengo que ir porque comienzo a trabajar en una hora.» ¿Abrase visto tamaño dislate y mayor aguafiestas? ¿Cómo es posible que alguien racional abandone una fiesta donde hay comida, bebida, amigos, alegría y amor desbordante, para trabajar, realizando desgaste físico y mental, para recibir una injusta remuneración para que otro se enriquezca? Al menos yo, eso no lo entiendo. Comprendería que alguien deje de trabajar para disfrutar de una fiesta, pero no lo primero.

Eso de que el tiempo es oro, lo entendería si se considera que la vida es nuestro mayor tesoro y la mayoría del tiempo la dedicamos a vivir intensamente, pero no para acumular riqueza que sólo produce bienes materiales, cuales está probado que no aporta por si sola felicidad.

En cuanto a que «el tiempo perdido lo lloran los santos», como no conozco ningún santo, pero menos llorando, ciertamente no tengo idea al respecto; me entristece ver llorar, a no ser que los santos lloren diferente.

Que «el tiempo es un recurso no renovable» lo entiendo como el hecho de que ningún evento puede repetirse, por eso disfruto intensamente lo que hago, porque sé que como el agua en el cauce del río, nunca regresará.

Respecto de que «el tiempo castiga duramente a quienes no lo toman en cuenta», su aplicación me ha producido increíbles resultados, ya que si soy diligente y hago lo que me corresponde con eficiencia y oportunamente pero no logro mi objetivo, no me preocupo, sé que después, sin importar cuando, su resultado me beneficiará, si fuere eso lo conveniente para mi felicidad.

Finalmente, aquello de que «El tiempo de Dios es perfecto», dada mi interpretación personal de esta máxima, como lo expondré en la próxima entrega, no tengo duda que el supuesto «tiempo», en su acepción positiva, si es que la hubiere, por devenir de Dios, tiene que ser perfecto…

Prógima Entrega: EL TIEMPO II

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El enemigo más terrible a combatir en la lucha por lograr una vida feliz, definitivamente lo es el temor que según Dale Carnegie «…es una creación demoníaca del hombre.» Yo suscribo ese criterio, porque el temor inhibe de disfrutar las cosas bellas de cada día; nace y se mantiene sobre la base de los eventos negativos que podrían producirse en el futuro, con lo cual disminuye o acaba con la tranquilidad de «hoy». Por eso, para vencerlo y que no nos haga daño, debemos utilizar todo tipo de herramientas de que disponemos, cuales venturosamente son abundantes y están disponibles sin mucho esfuerzo.

Gracias a que somos la obra más acabada de Dios sobre la tierra, estamos en capacidad de vencer todos los inconvenientes que nos impidan ser felices con los recursos de que vinimos dotados y que se encuentran ubicados dentro de nosotros mismos. Así, frente al temor tenemos la herramienta valentía, que es la capacidad para imponernos frente a cualquier adversidad, y que se fortalece en ese poder derivado de nuestro origen divino, que nos permite modificar el paisaje geográfico traspasando continentes; abriendo túneles en las montañas y atravesando los mares; volar como los pájaros y como las estrellas viajar por el firmamento; y hoy, determinar el sexo y hasta el color de los ojos de un niño antes de que este nazca, dentro de otras muchas proezas, que en otros tiempos se hubieran llamado «milagros».

De igual forma, frente a la tristeza, la depresión y la desconfianza, que transforman la vida buena en algo menos que una tortura haciendo difícil lograr la felicidad, tenemos las herramientas de la fe y la confianza en Dios que acompañada de la acción y el esfuerzo, vencen cualquier situación por grave que pudiere parecer. Frente a los sentimientos frustración y fracaso, tenemos la herramienta del optimismo que nos asegura que somos capaces de superar cualquier inconveniente. Para combatir los momentos de duda, tenemos la extraordinaria arma del pensamiento positivo, hermano gemelo del optimismo, que nos reconforta y nos recuerda que como hijos de Dios, no hay ningún problema que con su ayuda no podamos resolver.

Frente a la maldad que perturba la vida y produce dolor, evitando que seamos felices, tenemos la herramienta más poderosa de la tierra: el amor que transforma el mal en bondad, que vence el egoísmo, que amansa las fieras y… cura las enfermedades.

Para enfrentar al odio que aleja la felicidad, tenemos una herramienta de origen divino que nunca falla, y cuando la utilizamos nos hace parecemos a Dios: el perdón, que acompañado por el olvido neutraliza todos sus efectos malignos del rencor, regalándonos paz, tranquilidad y la sensación maravillosa de que nos elevamos por encima de nuestra propia naturaleza.

Otra herramienta que nos hace mejores y nos ayuda a ser felices es la caridad. Esta virtud que camina de la mano de la compasión y es exclusiva del ser humano, nos permite compartir con nuestros hermanos en Dios, no solamente las cosas materiales de que disponemos, sino también aquellos sentimientos como los de la solidaridad, la aceptación y la ternura, que cuando los damos, por ser tan elevados y reconfortantes, no sabemos quien es el más beneficiado, si quien los recibe o quien los otorga.

Para utilizar eficientemente estas herramientas y algunas otras que las complementan y que en adelante iremos analizando, no requerimos ni un esfuerzo especial ni de nadie para ayudarnos, porque nacen y se desarrollan dentro de nosotros mismos, en la misma medida en que les utilizamos. Pero además, contrario al efecto del uso de las herramientas materiales como un martillo o una pala, no agotan ni consumen nuestra energía, sino que por el contrario, nos hacen más poderosos, más fuertes y más nobles, aportando a nuestra vida, en la medida de su uso, más tranquilidad, paz y plenitud, que hacen el ambiente ideal para una vida feliz.

No debo concluir esta entrega sin hablarles de algunas técnicas, más que herramientas, que de alguna manera parecieran virtuales, pero que en mi caso han sido físicamente efectivas porque materializaron muchas de las cosas que ambicioné y por las cuales trabajé con dedicación y entusiasmo, lo que me permite con toda propiedad asegurar que debidamente aplicadas son capaces de convertir los pensamientos en cosas: la visualización, la divulgación y la sensación de posesión física. Las tres por demás interesantes y sobre las cuales en estos tiempos mucho se ha escrito, por lo cual recomiendo su estudio y práctica, pero sobre las cuales por falta de espacio, al menos en esta oportunidad, no puedo extenderme.

Próxima Entrega: FANTASIA Y MAGIA

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En estos siete años del Siglo XXI, dos factores de manipulación con los peores efectos se agigantan con su carga nociva sobre el mundo. Para quienes dirigen la política mundial y alguno que otro Gobernante aislado de Países en desarrollo, el odio y el terror se han convertido en sus mejores aliados.

El odio, nacido del resentimiento, frustración, incomprensión, desigualdad,  envidia, injusta redistribución de la riqueza y la pobreza mental,  funcionan como combustibles que solo requieren una mínima chispa para  incendiarlo todo, con la característica típica del incendio: fácil de iniciar, pero muy difícil de apagar.

Del odio renacen ancestrales instintos y  se liberan bajas pasiones. El hombre vuelve a ser originario,  convirtiéndose en una…bestia. Cazador solitario sobre las nuevas praderas… de concreto, con sus atávicos mecanismos de defensa y perdido el sentido de civilización… de comunidad. La sensibilidad se transforma en deseo de dañar el grupo social, dando paso a los intereses individuales. La revancha y disfrute del dolor ajeno, sustituyen el amor, la caridad, y la humildad, agigantando  las miserias humanas.

Para fortalecer el odio, los hacedores de  opresión hurgan en el alma hasta encontrar flancos débiles:  frustraciones, temores y  limitaciones, hasta desatar la cadena de odio. Se odia al inmigrante, al extranjero, al negro porque no es blanco y al blanco por que no es negro, a los latinos y los asiáticos, porque no son ni lo uno ni lo otro. Pero también se odia a los enemigos políticos, a los de diferente religión, a los de disímil preferencia sexual,  a los ricos y… pare de contar.

Por su parte, el terror es… paralizante. Afecta la razón y perturba el espíritu, produciendo pánico que desmejora el discernimiento al crear  imágenes,  situaciones y supuestos eventos con sensación de inminencia, aunque su materialización pudiera ser remota. El terror desestabiliza integralmente la personalidad, disminuyendo la fuerza espiritual que lo separa de su herencia animal y libera su… brutalidad.

El odio y el terror hacen un coctel maldito conscientemente producido y administrado con eficiencia, para progresivamente inocularlo a quienes interesa controlar, sin importar el daño mental y sus secuelas individuales y colectivas. Quienes así mantienen el poder son fieles a la desventurada consigna: el fin justifica los medios. No importa si se violentan la libertad o los derechos humanos, porque el objetivo es mantener el poder sin importar el costo social.

Esta tendencia de gobernar, es la negación del espíritu del contrato social establecido en las Constituciones democráticas. Los regímenes que se hacen fuertes sembrando odio y exacerbando el terror con la intención de manipular la opinión y por tanto la voluntad ciudadana, no pueden llamarse más que enemigos y defraudadores de los pueblos.

Qué fácil e irresponsable es aterrorizar y llenar de odio  a las comunidades, pero que difícil reponer la paz y la tranquilidad definitivas, sin secuelas que hagan tanto o más daño que aquel temido, cual pudiera ser que nunca llegara a actualizarse. Pero es que además lo utilizan como herramienta para justificar grotescas restricciones a  las libertades ciudadanas, defraudar la justicia e imponer su voluntad sobre naciones enteras inermes, paralizadas por el terror y llenas de  odio, que les evita determinar quienes son sus reales enemigos.

Los equipos de publicidad y propaganda que utilizan son los mismos que convencen ingerir sustancias que nutren vicios mortales, producen miles de accidentes anuales o aumentan las causas de graves enfermedades. Ellos logran con desfiles, condecoraciones,  propaganda subliminal y promesas que nunca han tenido la intención de cumplir, que las masas intuyan como cuento de hadas lo que pudiera ser una novela de terror. Pero si eso les fallara, entonces apelan a las tradicionales consignas patrioteras, que no patrióticas, con los cuales manipulan el sentimiento de nacionalidad,  patria, familia y la supuesta igualdad para todos.

La última etapa de la manipulación del control mediante odio y terror magnificado, es la promesa de protección eficiente, para lo cual debes fortalecer su organización política con tu trabajo, contribución económica y tu voto. Debes aportar tus hijos para enfrentar esos fantasmas que ellos te han creado, que normalmente sólo existen en sus mentes enfermizas, alienantes y corruptas.

¿Qué hacer frente a esta desgracia?

Fortalecerse espiritualmente. Aferrarse a esos valores tradicionales y principios innegociables que permitieron a nuestros ancestros construir países y comunidades buenas para la vida, acrecentando el amor, la comprensión, la solidaridad,  la caridad, la aceptación de pluralidad de pensamiento,  como parte de la diversidad humana.

Aumentar la fe, la confianza, el optimismo,  el valor y la integridad, para no dejarse manipular. Acercarnos a Dios y buscar su protección, haciendo difícil su logro  a los facinerosos que pretenden acabar nuestra tranquilidad, en función de sus intereses y defender nuestras libertades a como de lugar, porque mientras se luche con convicciones firmes habrá esperanza de que regresaremos a la paz, al amor, a la convivencia mutua respetuosa, cual será el mayor legado que podremos dejar a nuestros hijos.

Próxima Entrega: ¿DE QUIEN ES MI CUERPO?

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Normalmente todo ser vivo teme la muerte, pero si le preguntan porqué responderá: porque no se como es.  Realmente no es por desconocer su naturaleza que teme. En verdad, nadie es muy sincero porque el temor surge por la creencia de que es dolorosa, lo cual es una zona errónea  que lo único que  produce es temor y en algunas personas…pánico.

Considero la muerte como el sueño. Mientras dormimos, nos desconectamos de la realidad del mundo exterior y nos  sumergimos en nuestro mundo interno y… eso es todo; la mente no quiere ni necesita descansar,  sino que continúa trabajando en otra dimensión, pero sigue activa. Desconecta al cuerpo físico y sigue  su interminable camino. No tememos al sueño, porque sabemos que  no duele, no  más allá de la incomodidad de un mal sueño. Por el contrario, el cuerpo descansa  y nos pone a distancia de los problemas que afectan nuestra vida diaria.

 Es paradójico cuando analizamos que el morir es como no haber nacido, y a nadie se le ocurre decir que el no nacer o el mundo de donde venimos antes de nacer era doloroso. Surge entonces la interrogante: ¿Será justo que pasemos toda nuestra corta vida temiendo que algún día vamos a morir, cuando es algo inevitable e impredecible? Definitivamente, no. No es justo, lógico, razonable ni apropiado, porque afecta gravemente nuestra probabilidad de experimentar una vida plena, sin temores injustificados, con vocación definitiva de ser felices.

Temer a la muerte es tan infantil como temer a los fantasmas, quienes solo  tienen vida en los cuentos y las películas de  horror, que tanto daño hacen a la humanidad, sembrando mensajes negativos en las mentes de los niños, que pudieran marcarlos toda su vida.

La muerte es un evento futuro e incierto que llegará, para nuestra tranquilidad no sabremos como ni cuando. Lo que  sí intuimos es que el cuerpo se desconecta del espíritu y éste último pasa a otra dimensión, que para nosotros es también desconocida;  pero como sin el cuerpo no hay posibilidad de experimentar sensaciones, la deducción lógica es que no podemos experimentar dolor si desconectamos lo único que lo percibe: el cuerpo.

La vida es demasiado corta, tiene tantas cosas bellas que admirar, situaciones y sensaciones tan edificantes que experimentar, que es un desperdicio dedicar nuestro valioso espacio, a pensar en algo tan etéreo. Y digo etéreo con toda propiedad, porque  la  muerte como el temor sólo tiene vida en nuestra mente. Fuera de ella no son nada. De hecho tememos a eventualidades que pudieran o no darse, porque cuando algo nos sucede no tenemos tiempo de temerle: simplemente sucede  y ya. Con la muerte es idéntico, tememos a que alguna vez vamos a morir pero no sabemos como ni cuando. Son especulaciones típicas del único ser vivo dotado de razón que habita sobre esta madre tierra, quien disponiendo  de una hermosa vida, con cinco sentidos conocidos que le permiten disfrutarla, en vez de  hacerlo diseña un nuevo sentido en su contra: el temor, porque, al menos  que yo sepa,  no lo percibimos por el olfato, la vista, el oído, el gusto o el tacto.

Tenemos tal tendencia a inventar situaciones negativas, que el  temor cerval a la muerte lo rodeamos de ritos y solemnidades a cual más risibles, a no ser que se trate de aumentar el temor a sufrirla. Cuando alguien muere, se inventan formas de hacer más duradero ese sentimiento de vacío. A tal fin crean ceremonias de recordación, para comer  y tomar a costa del poco caudal que dejó el fallecido, donde lo único que logran es aumentar la imagen de poco listo del muerto al narrar anécdotas tristes de su vida, cuales de haber estado vivo el interfecto, lo menos que se habrían ganado por la infidencia habría sido un sopapo.

No contentos con tal campeonato de espectáculo y comilona, crean monumentos, rezos y lamentos al momento de depositar en la tierra, lo corruptible y pasajero del fallecido como es su cuerpo, que en horas se convierte en algo insoportable; endilgando entre lágrimas bondades al muerto que nunca tuvo, y haciendo la felicidad de los dueños de las casas fúnebres que se quedan con lo poco que dejó a los deudos; desatendiendo la admonición de Jesús, cuando enseñaba: «Deja que los muertos entierren a sus muertos… Mi padre es un Dios de vida, no de muerte.»

Se ignora que somos seres espirituales que nunca morimos, que nuestro cuerpo no es más que la ropa que usamos durante el corto periplo por este mundo; que lo importante, lo trascendente es nuestro espíritu, el cual regresa a donde estaba antes de nacer, y que, pudiera ser que pase a una dimensión de crecimiento superior. Por lo tanto,  temer a la muerte es quizás la condición más gráfica de que realmente, somos  bien… imperfectos.

Próxima Entrega: LA SIEMBRA DE ODIO Y  TERROR

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En la entrega anterior decíamos que la errada formación de los jóvenes, cambió sus esquemas fundamentales sobre los cuales vinieron a este mundo con el único fin de ser felices. De tal manera al sustituir su valor y fuerza natural como hijos de Dios, por sentimientos negativos como el temor a lo que no se conoce, propiciaron una condición enfermiza de su mente, frente a la falta de fe, seguridad propia y optimismo. El miedo a un futuro, que es incierto e indeterminable, y cuyo resultado estará condicionado a nuestra actuación en el día de hoy, hizo más pesada una carga que en la realidad es inexistente. Adicionaron además a esa carga mental, la tentación, el pecado, el demonio; y un castigo de Dios que tampoco existe, porque Dios ama a sus hijos porque son su máxima creación sobre esta tierra.

Tampoco les enseñaron algunos secretos para vivir una vida más plena, que nos regaló Jesús hace dos mil años, y que pueden hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso, cuando enseñó: «Si tienes fe como una semilla de mostaza… podrás mover las montañas.», o su recomendación: «Cada día trae su propio problema… le basta a cada día su mal.» También les ocultaron el uso de la más idónea de las herramientas que Él no señaló en la vía de lograr una vida feliz, cuando aconsejó: «Todo lo que pidas orando a mi padre, os será concedido.»

Todo ese temor, desconcierto y negatividad que se sembró en el alma de los jóvenes, es lo que predispone y/o alimenta una mala comunicación en las parejas, que hoy, desventuradamente, en un alto porcentaje no superan los cinco años de unión. Es que un alma atemorizada, siempre temiendo lo peor, considera la felicidad la excepción y la infelicidad la regla. Como consecuencia, le es muy difícil mostrarse como es realmente y darse en su totalidad sin reservas, cuales son dos condiciones indispensables para una buena comunicación en la pareja. Porque, ¿Cómo podría alguien comunicarse bien en una relación tan íntima como la de pareja, si a cada paso presiente un peligro, un riesgo o una celada?

La buena comunicación en la pareja nace de la sana intención, la presunción de buena fe y la confianza en la estatura humana de quien se escoge como compañero para toda la vida. Sin esos elementos esenciales el recurso comunicación es muy frágil. Especialmente cuando uno de ellos trabaja y el otro atiende la casa, porque para entender la pérdida temporal de humor de una esposa que atiende tres diablillos, se requiere comunión de espíritu o hacerse cargo de ellos por un mínimo tiempo, que en estos casos raramente se da.

Para una esposa que está todo el día pendiente de la llegada de su amado, tampoco es fácil comprender que éste llegue tarde o que aparezca estresado, deprimido o de mal humor por los problemas del día en su trabajo. En este mismo sentido, para evaluar la importancia de asistir y lidiar en una reunión de padres y representantes en el Colegio, no basta con emitir el cheque de la mensualidad; ni es fácil de comprender para quien está todo el día bien vestido, perfumado y asistido de una elegante secretaria, la importancia de salir a tomarse un cafecito, compartir con alguien más que no sean lo niños y respirar aire fresco en un sitio agradable con esa persona que se ama, luego de un día que comienza antes de que aparezca el sol, con el aseo de los niños y termina a la hora cuando se les ocurra dormir.

Para procesar todas esas mutuas y domésticas situaciones, analizarlas y entenderlas, sin que se conviertan en pequeñas batallas familiares, no existe otro mecanismo que una buena comunicación, la cual no puede lograrse si ambos no establecen como prioridad y eje de su actuación a la familia, alrededor de la cual deben girar todas sus actividades.

Es que para quien hace pareja convencido de que deja su mundo para comenzar uno nuevo con una persona que le hará más feliz, cuando la comunicación no es buena o se deteriora, ese choque con una realidad inesperada y frustrante puede tener efectos devastadores, porque es todo lo contrario de lo que se previó al conformar la unión. Ciertamente, es la actitud más que los hechos lo que afecta la relación, y la buena comunicación es en si misma una actitud.

La buena comunicación en la pareja es la única posibilidad de que sus integrantes sientan que al unir sus destinos, no han perdido su libertad personal de opinión y de acción. Es también generadora de esa reconfortante impresión de sentirse amado, comprendido y aceptado con su personalidad e identidad propias, convirtiéndose en un arma poderosa frente a los peligros que normalmente amenazan a la pareja bien avenida, como suelen serlo entre otras, las malas interpretaciones, desinteligencias, torpezas, la rutina, el hastío y… la tentación.

No vacilo en asegurar que una pareja que mantenga una buena comunicación, cimentada en el vigor que da el amor y el respeto por la persona humana de su par sobre sus tendencias y convicciones más íntimas, que conlleve la aceptación por la ideología personal e individual del objeto de la vida sobre esta tierra, es frente a los embates de las circunstancias similar a una roca en la montaña, que resiste el frío del invierno, el calor y el fuego del verano, los huracanes y las tempestades… sin perder nunca su fortaleza.

Próxima Entrega: El Reconocimiento I

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«LA FELICIDAD NO ES UN EVENTO EXTRAORDINARIO, SINO LA SUMA DE SITUACIONES SENCILLAS»

Considerando que DIOS y  AMOR caminan tomados de la mano, haciéndonos compañía en este largo y venturoso camino de la vida, el lograr, disfrutar y mantener un estado de felicidad permanente ,requiere de  herramientas que aunque están a nuestro alcance, por sencillas y cotidianas no llaman especialmente nuestra atención y nos pasan desapercibidas, pero que al utilizarlas debidamente nos permitirán lograr una vida reconfortante, plena y feliz.

Las principales herramientas son EL LIBRE ALBEDRÍO y  EL ESTADO DE ANIMO siendo que ambas únicamente son utilizables por nosotros mismos, porque reposan en nuestro interior y sólo requieren la propia voluntad.

Gracias al LIBRE ALBEDRÍO podemos escoger libremente lo que deseamos hacer. Esta extraordinaria facultad nos asegura que cualquier decisión que afecte nuestra vida, podemos tomarla libre de cualquier influencias externa.

EL ESTADO DE ANIMO nos posibilita mirar el mundo del color que nos apetezca, permitiéndonos transformar cualquier situación en negativa o  positiva, conforme a nuestros particulares intereses; máxime cuando conocemos que la incidencia  real de los eventos que nos afectan, lo es de un escaso 10%, porque el restante 90% corresponde a la trascendencia que les demos.

Somos nosotros quienes decidimos la positividad o negatividad de cada situación o circunstancia que nos afecte. De modo tal que, dos eventos idénticos en su naturaleza podrá nuestro estado de ánimo  transformarlos de manera diferente en cada oportunidad. Por citar un ejemplo, si tomamos un mismo tipo de café en similares tazas; una en compañía de un extraño y la otra en compañía de nuestra novia, nuestro estado de ánimo lo determina como un evento normal, en el primer caso, pero emocionante y romántico, en el segundo.

Adicionales al libre albedrío y el estado de ánimo existen otros elementos secundarios producidos bajo su sombra, cuales nos permitirán desarrollar toda esa capacidad de  hacer y sentirnos bien, que trajimos como equipaje cuando vinimos a este mundo, pero que ha sido mediatizada por tantos paradigmas errados que han implantado en lo profundo de nuestra alma, esa semilla venenosa que inventa nuestra mente cuando no encuentra una pronta explicación a fenómenos que deberían ser normales en la vida del hombre: el temor.

Para concluir mi intervención de hoy debo destacarles que si esas herramientas las ubicamos bajo el manto de la oración fervorosa y sincera, percibiendo su inmediatez en nuestra paz espiritual, recibiendo el aliento de Dios  en el aire,  su voz en la caída de las hojas y su bondad en esa maravillosa vida que disfrutamos, al solicitarle más que cosas materiales lucidez para tomar acertadas decisiones,  aumentaremos nuestro crecimiento espiritual, que es uno de los pilares sobre los cuales carga su poderosa fuerza nuestra felicidad personal.

Próxima entrega: COMO MEJORAR SU ESTADO DE ANIMO I

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