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Archive for the ‘AMOR’ Category

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La progresiva incorporación de la mujer en el desarrollo científico y humanístico en el Siglo pasado le dio su mayor impulso cuando, rompiendo mitos y paradigmas, demostró la importancia de su peso y efectividad.

Este Siglo nace con una mujer que se adelantó a su tiempo, que nació en el Siglo anterior. No obstante que el Siglo XX se despide con mujeres con decisivo poder político, económico y militar mundial, es en los primeros siete años de este nuevo Siglo cuando muestra, su verdadero músculo.

En tan poco tiempo tenemos mujeres presidentes como Michelle Bachellet y Cristina Krischner; la Secretaria de Estado de la potencia más importante del mundo, Condolezza Rice de USA; primera ministro de uno de los países más desarrollados del mundo como Angela Merkel en Alemania; pero también altos jefes militares y protagonistas en las ciencias, las artes, los deportes y los negocios a nivel mundial.

Desde Juana de Arco, pasando por Madame Curie, Golda Meyer, Indira Gandhi y Margaret Thatcher, la Madre Teresa de Calcuta, Lady Di y Benazir Bhutto, por citar algunas y cada cual en su rol personal, la mujer ha encarnado la fuerza, bondad, generosidad, perseverancia, estudio, belleza y sacrificio de… todos los tiempos.

Sin desmejorar, sino reconociendo la importancia y trascendencia de todas las mujeres famosas, que desde la antigüedad han dejado honda y positiva huella, hoy hago homenaje a esa mujer sobre la cual poco se escribe. Esa anónima que todos los días da lo mejor de sí por un mundo, que sin duda logra hacer mejor.

Me refiero a la mujer integral, que no siempre obtiene fama ni se le rinden honores, más allá de un día al año, para la felicidad de los comerciantes, más que para su propio regocijo.

Ese ser anónimo y maravilloso, lleno de amor y generosidad que en cada hogar del mundo está presente y activa las veinticuatro horas del día. Esa que es mujer, que igual sabe ser madre, hija, esposa, trabajadora, intelectual, profesional; todo al mismo tiempo, que en muchos casos, le alcanza para hacer labor social.

Esa sin la cual, ningún hijo llegaría a hombre, ni como tal tendría éxito político, económico, científico o social, porque ella se constituye en su plataforma de lanzamiento, en su base de operación, en su estación de recarga espiritual.

Esa que mantiene la ternura, la bondad, el romanticismo y el idilio florecientes; que lucha callada desde cualquiera de sus trincheras, por un salario que por fácil de pagar casi nunca recibe completo: amor, mucho amor.

Ella mantiene unida la familia, refresca la sociedad y le da su color rosado a la vida. Ella nos evita olvidar que siempre seremos niños… sus niños.

Sin ella nuestra especie no podría prosperar sobre la tierra, pero si encontrara la forma de hacerlo, sin duda la vida sería muy aburrida e intrascendente.

Por eso mi homenaje no es un día, ni a una mujer en especial, porque todas son especiales… todos los días.

Otra Entrega: EFECTOS DE LA MENTIRA.

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«EL AMOR Y LA FELICIDAD  TIENEN EFECTOS CURATIVOS».

Conocemos que «En cuerpo sano, mente sana.», pero, para que esos dos esos gemelos cuerpo-mente se mantengan sanos, se requiere indefectiblemente: UN BUEN ESTADO DE ANIMO.

La novísima teoría de la Psicología Positiva, está demostrando que deben estudiarse los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, porque la felicidad personal incide en la salud integral del individuoLo he visto repetirse por décadas: las personas felices, por lo general son sanas física y mentalmente.

El amor, alegría, positividad, proactividad y fe, hacen la fórmula más efectiva para prevenir las enfermedades; y como cóctel es el mejor para celebrar la buena vida que todos merecemos.

A. Engelhard decía: «Mortales: sabed que habéis nacido para ser la personificación de la felicidad.» Si esta acertada admonición la tomamos como bandera, podemos llevar las enfermedades a su más bajo nivel.

Hombres inteligentes, moderados y santos que aportan amor, confianza y esperanza al mundo, sostienen que la presencia física del hombre, de alguna manera deja percibir fácilmente su estado de salud mental, vinculada a su estado de ánimo.

Las especulaciones mentales constantes, como seres humanos llenos de inquietud y curiosidad nunca satisfecha, acumula estrés a nuestra vida diaria, llevándonos a una magnificación de la preocupación, que resta efectividad a lo único realmente importante: ocuparse de encontrar la mejor forma de resolver el asunto.

La alegría de vivir una vida llena de retos y oportunidades de dar y recibir amor, con un cuerpo que se renueva en cada segundo, hacen un efectivo escudo frente a las enfermedades; porque estas no pueden subsistir en un cuerpo regido por la felicidad, el optimismo, la fe, y la esperanza de que podemos diseñar el mañana, si llega para nosotros, porque su resultado será producto de nuestra actuación de hoy.

La risa y el buen humor, unidos al sentimiento de compartir, producen el buen estado de ánimo, cuyos efectos positivos se hacen patentes al observar el cambio inmediato de actitud y progreso en la curación de una persona enferma, cuando es constantemente animada, visitada y celebrada por sus amigos, frente a otra en iguales condiciones de salud, pero solitaria y triste.

Por su parte, las personas negativas y con pésimo estado de ánimo, sólo requieren conocer su posible padecimiento de una enfermedad, para de inmediato, sin segunda o tercera opinión médica, empezar a prever resultados fatales. En la acera contraria, enfermos desahuciados que se dedicaron a disfrutar intensamente lo que supuestamente les quedaba de vida, obtuvieron curas realmente milagrosas o al menos sin explicación médica convencional.

La meditación utilizada sistemáticamente es un recurso que aporta capacidad a esa especie de autocuración que representa nuestro buen estado de ánimo.

Es que la condición fundamental de la vida es… vivirla. Si no la amamos, hacemos agradable, interesante y renovada; si no la disfrutamos con fruición, con avaricia, cual es la mejor forma de dar gracias a Dios por mantenerla, simplemente, como el agua de los ríos, se va y… no regresa.

Próxima Entrega: OPTICA DE LA VIDA

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En sus reflexiones, Salomón trató de recordarnos que como existe un tiempo para cada cosa, no debemos precipitarnos porque todo viene y va, mientras nosotros seguimos en el mismo sitio, hasta que un día, como llega el tiempo de venir sobreviene el de irse, nuestra alma regresa a su hogar y volvemos a ser… polvo.

Dentro de la bipolaridad que rige nuestra vida: nacer-morir, amor-odio, tristeza-alegría, bondad-maldad, verdad-mentira, felicidad-desdicha, por citar algunas, esa sentencia nos indica que, como todo tiene su tiempo, si actuamos a destiempo el resultado será negativo. Venturosamente, somos nosotros mimos quienes decidimos la oportunidad.

Un tiempo para todo fue, es y seguirá siéndolo siempre. Es una realidad existencial aplicable a todo acto de nuestra vida. La convicción de que podemos utilizarlo a nuestra conveniencia, debería evitarnos preocupaciones, precipitaciones y acumulación de estrés por temor a no disponer del suficiente.

Cada día tiene veinticuatro horas que nos corresponde vivir y que no podemos estirar ni encoger; por lo tanto, corresponde adaptarlo a nuestras necesidades, sin permitir que nos torture o esclavice. O disfrutamos el tiempo o sufrimos por su causa. Tan simple como eso.

Cuando abro mis ojos en la mañana, o me estreso pensando todo lo que tengo que hacer en el día y el poco tiempo de que supuestamente dispongo, o advierto lo maravilloso que significa poder vivir un nuevo día, lleno de cosas satisfactorias como pasear, comer, beber, laborar, estudiar compartir con mi familia, amigos y… hacer el amor.

Es que no tengo otra posibilidad para ser feliz que verlo positivamente. No puedo agregar un segundo a mi vida, ni conocer mi porvenir. Lo único seguro y verdadero es este momento; debo disfrutarlo al máximo para lo cual el apropiado uso del tiempo es fundamental, porque como hay un tiempo para cada cosa, se trata de ordenarlo conforme a mis prioridades.

Dispongo del presente, mi presente que es mi tiempo; como yo lo imagine, diseñe y utilice, puedo aplicarlo en función de mi interés. En vez de estresarme por su extensión o limitación, simplemente lo convierto en un instrumento de mi felicidad y lo disfruto.

Yo creo en Salomón: Hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo. Por eso lo tomo como otra bendición de Dios: abrazo a mis seres queridos, les manifiesto mi amor; vivo mi vida y la parte de ellos que me permiten compartir y… doy gracias.

Amo mi tiempo porque me permite sentirme vivo, activo, motivado, ilusionado por disfrutar lo que conozco y emocionado por lo que conoceré dentro de un segundo. Es mi vida que se renueva en cada instante, que disfruto y vivo intensamente, porque es mi parte en este viaje terrenal y no me puedo dar el lujo de desperdiciarla.

No puedo permitir que una bendición, como es el tiempo, se convierta en algo desagradable.

Les invito a meditar sobre la inutilidad de apresurarse, desesperarse o estresarse por ganarle a un tiempo, que no conoce el significado de… la velocidad.

Próxima Entrega: DESEOS Y VOLUNTAD

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grupo-humano.gifJesús de Nazareth aconsejaba mirar primero la viga en nuestro ojo antes de señalar la del hermano. Hoy, sus admoniciones tienen más vigencia que nunca, porque hemos hecho de la crítica descarnada e irreflexiva un mecanismo de satisfacción de resentimientos y frustraciones personales.

La insensibilidad y la palabra fácil, ofensiva e irreflexiva, hacen banderas en un mundo más dividido que nunca; precisamente por un aberrado sentimiento de inseguridad, donde el temor y la sospecha, sustituyeron el amor, la seguridad y la confianza en nuestros semejantes.

Las expresiones descalificativas de que nuestros compatriotas son borregos, los gobiernos inservibles, los extranjeros malos, los jóvenes irreflexivos, las mujeres casquivanas, los hombres descarados, los abogados ladrones y los médicos matasanos, han hecho de un mundo creado para el amor, la bonanza, el disfrute y la paz, una selva donde la lucha es a cuchillo por ver quien descalifica… mejor.

El resultado está a la vista: desconfianza, desamor, insensibilidad, perturbación, angustia, temor, competencia imperfecta y estrés colectivo progresivos, como fuente de violencia a nuestra espiritualidad, salud física, mental y psicológica.

En lo estrictamente íntimo, su efecto epidémico golpea la estructura familiar, haciendo los hogares menos hogares; afectando el vínculo más satisfactorio e importante en la pareja como fundamento de la familia: el interés y disfrute de la actividad sexual, que de mágico y sublime se convierte en el cumplimiento necesario de… una obligación.

Porque…¿Cómo puede disfrutarse de un buen sexo, bajo la permanente sospecha de que la contraparte lo hace por otro interés que no fuere el amor?

¿Puede la pasión, ternura, magia, idilio y fantasía, indispensables para el buen sexo, activarse sin la espontaneidad y entrega sin reservas, que le hace un acto sublime y uno de los más nobles de un ser humano?

¿No habrá llegado la hora de mirar la viga en el ojo propio y aceptarnos como realmente somos? Hijos de Dios, hermanos en busca de una vida buena, donde el amor, la solidaridad, la aceptación y la compasión, aliñados por la ternura, la pasión y el elevado sentimiento de compartirlo todo nos devuelvan la tranquilidad perdida?

¿No será momento de volver los ojos a ese Dios que convive con nosotros, para pedirle humildemente que nos permita ser más nosotros mismos, sin importarnos demasiado esa parte vanidosa del mundo externo, que nos coarta la espontaneidad, el compartir, el convivir en sana paz con nuestros hermanos humanos en ese maravilloso mundo de las cosas sencillas?

¿Por qué no probamos exaltar virtudes y confiar, en vez de magnificar defectos y desconfiar de todo?

¿Por qué no hacemos un esfuerzo por sustituir la crítica tendenciosa, por el engrandecimiento de las demás personas?

¿Qué tal si damos amor en vez de indiferencia, confianza en vez de sospecha y comprensión en vez de rechazo?

No perdemos nada intentándolo, pero cuánto podemos ganar.

¿A qué esperar entonces? Demos el paso, regalémonos y regalemos eso a tantas personas que necesitan… amor y comprensión.

Próxima Entrega: TODO TIENE SU TIEMPO.

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Más allá de cualquier especulación teórico-filosófica sobre el significado de la verdad, hoy comentaré sobre su valor según mi óptica personal y en función de la felicidad.

Creo firmemente que Dios es la suma y el fundamento de toda verdad. Eso quiso decir Jesús cuando predicó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Aprendí que la mayor recompensa por decir la verdad, es que me hace libre; por oposición en contrario, la mentira me esclaviza.

Si digo la verdad no me preocupo por su consecuencia, porque responde a mis motivaciones personales, que son racionales y lógicas. Expresan lo que creo bueno para mí y para mis semejantes. Mi verdad la sostengo y puedo repetirla siempre de la misma forma, porque responde a mi idiosincracia y es parte indisoluble de mi propia conciencia.

Gracias a que siempre digo la verdad, vivo tranquilo y sin preocupación de que alguien pudiere aprovecharse de mis dichos, porque representan la realidad de lo que creo, siento, hago y espero de los demás.

Sentir que digo la verdad me da suficiente fortaleza espiritual, para creerme digno e influir en las demás personas y generar su confianza, que se fortalece cuando verifican que mis palabras se compadecen con mis actos.

No creo en la divulgada conseja de que la verdad es completamente relativa, que cada cual tiene su propia verdad, o que lo es del color del cristal con que se miren los acontecimientos. Si eso fuera así, simplemente la anarquía dominaría la sociedad.

Vinculo la verdad a mi conciencia, a mis convicciones más elevadas, a los principios éticos que rigen mi vida; cuales no pueden estar divorciados de mi concepción de Dios, que me indica que son el amor al prójimo y la búsqueda de su beneficio, los indicadores básicos de cuando estoy en presencia de la verdad.

Mi verdad no puede dañar a mis semejantes, porque todas mis actuaciones son en uso de mi libre albedrío. Expreso sólo lo que deseo, hago o soy capaz de hacer,  pero sobre la base de mis principios éticos, sin importar si es o no del agrado de otros: siempre en función del bien común.

Si miento pierdo mi libertad de sentirme íntegro, satisfecho y orgulloso de mí mismo, al tiempo que me inicio en el estresante camino sin regreso, de temer que puedan descubrir mis mentiras.

Quienes me aman pudieran dejar de admirarme por cualquier circunstancia, pero no porque descubran que miento. La verdad genera la libertad indispensable para disfrutar del amor y juntos hacen un trío indisoluble; si alguno de ellos falla, los otros dos no saben como vivir con plenitud.

La verdad otorga y genera la confianza indispensable para amar sin reservas y entregarse plenamente, cual es el fin último de toda relación humana; al menos para quienes no nos contentamos con llamarnos cristianos, sino que hacemos todo lo que podemos por realmente actuar como tales, poniendo como norte de nuestras actuaciones, el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Si tienes alguna duda o requieres aclaración sobre el tema aquí tratado, el correo del autor está disponible: amauricastillo@gmail.com

Próxima Entrega: DOS SON MEJOR QUE UNO

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amor-i.jpgAntoine de Saint-Exupéry escribió:» «Los ritos son necesarios porque hacen unos días diferentes de los otros.» Personalmente y en mi familia, aprendimos a vivir nuestros días como un rito que nos ayuda a hacer «unos días diferentes de los otros».

El día de los enamorados y la amistad lo considero ocasión para celebrar y me sumo a ella, porque estoy enamorado y tengo muchos amigos.

En las floristerías y tiendas en general, jóvenes entusiastas, pacíficos ancianos y uno que otro esposo de aspecto resignado, todos con un presente para la persona amada, nos recuerdan el color rosa de la vida, mientras hacen la delicia de los comerciantes.

Lamentablemente, esa reconfortante visión de reconocimiento al amor en la cotidianidad, pareciera ocultarse detrás de la cortina de la lucha desesperada por sobrevivir, más que para vivir.

Los restantes días del año, la consideración, ternura, aceptación y reconocimiento a esa labor entusiasta, dedicada, callada y consecuente de quienes nos aman de manera especial, no es para la mayoría su principal preocupación, perdiéndose disfrutar permanente y apasionadamente.

Cuando se siembra en el alma de la persona amada la convicción de que se es amado, no requiere celebración o presentes especiales, porque para ella todos los días son especiales y estima la dedicación amorosa, considerada y respetuosa, como el mejor presente.

La ratificación diaria, entusiasta y renovada del afecto, emoción, reconocimiento y respeto, al compartir lo mejor de la vida con la persona amada, supera cualquier celebración o regalo.

He escuchado confidencias de personas enamoradas frustradas, tristes y desorientadas, quienes lamentaban, más que no haber recibido costosos presentes y celebraciones del ser amado, la ausencia de amor y reconocimiento que merecían.

Si los humanos entendiéramos bien el privilegio de vivir y amar, los trescientos sesenta y cinco días del año lo dedicaríamos al amor y la amistad, cuyo disfrute es lo único que nos llevamos de esta vida.

Quienes vivimos enamorados, todos los días y en todo momento, celebramos el enamoramiento dando amor y otorgando reconocimiento, que vinculados a la lealtad, solidaridad, ternura, aceptación y fantasía, hacen el mejor cóctel que alguien pueda degustar.

No obstante que han desnaturalizado el día de los enamorados y la amistad, convirtiéndolo de ocasión sublime en comercial, algunos enamorados descuidados, encuentran en esta celebración, quizás la única oportunidad en el año para, mediante un obsequio, presentar su reconocimiento al amor o amistad que reciben. Bienvenido sea el día de los enamorados.

No debo terminar este resumen sin brindar expresamente mi palabra de reconocimiento, a esas muchas personas enamoradas, que hoy como todos los días aman con pasión, solidaridad y entrega, sin recibir ningún reconocimiento especial, porque ellas encarnan la esencia del amor: otorgarlo sin esperar compensaciones, porque al darlo ya tienen su recompensa.

Próxima Entrega: REINGENIERIA DE PAREJA.

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Todos los días y cada instante es tiempo para enamorarse. Son tantas y tan variadas las sensaciones, percepciones, personas y cosas maravillosas que nos rodean, que sería imperdonable no enamorarnos de tanta belleza.

Como hijos de Dios fuimos dotados de tal capacidad para amar, que en nuestra alma y espíritu, siempre hay espacio para todo y para todos… en todo momento.

Tal importancia tiene el amor, que cuando por cualquier circunstancia perdemos la capacidad de amar, desaparece el principal incentivo de vivir y la naturaleza, sin mucha pérdida de tiempo, se encarga de devolvernos a donde vinimos.

Acertadamente alguien escribió: «Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida.» Hace unos cuantos años, al suscribir este apotegma lo hice parte de mi vida, obteniendo los mejores resultados en mi reconfortante vida sentimental.

Especialmente, en la relación amorosa que une a dos personas, el color rosa, la música y el perfume identifican el amor. Idilio, magia, curiosidad y un toque de locura, lo hacen posible. La ternura, aceptación, pasión y fantasía, permiten sentirlo. El sexo y su vinculación físico-espiritual, que promueve la entrega sin reservas, obsequian su máxima expresión de goce.

Comer, dormir y contemplar el mundo en toda su maravillosa extensión, sin duda es reconfortante, anima y mantiene nuestra vida física; pero para lograr la plenitud requerimos satisfacer necesidades intangibles, que son las que por virtud de nuestra razón, alimentan el alma y espíritu, siendo el amor la de mayor jerarquía para producirnos la anhelada felicidad personal.

Procurar, priorizar y vivir todas esas sensaciones es un estado mental, físico y espiritual que debemos hacer permanente, para poder decir con propiedad que «estamos enamorados.»

Sobre la trascendencia del amor entre dos personas como lazo fundamental para su plenitud, Luciano de Crescenzo nos regaló su mejor expresión cuando sentenció: «Cada uno de nosotros somos ala, y solo podemos volar cuando nos abrazamos a otro.»

Todas las cosas trascendentes en nuestra vida, corresponden a decisiones que son intangibles, que no requieren nada físico, sino la actitud de realizarlas y la aptitud para concretarlas. Simplemente, corresponde a nuestra decisión personal, tomarlas o dejarlas.

Pienso, que si no logramos interpretar estos mensajes y los aplicamos debidamente a nuestra cotidianidad hasta lograr enamorarnos de la vida, haciéndola color de rosa, con música sublime y perfume excelso que nos identifica como enamorados, nuestra capacidad de ser felices será muy limitada.

Por otra parte, si no logramos conquistar esa felicidad que todos merecemos, corremos el riesgo de tener que, al final de nuestra propia vida, hacer la dolorosa confesión atribuida al brillante, pero ya desaparecido, escritor Jorge Luís Borges cuando, en el contexto de algunas de sus reflexiones, expresó: «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: No he sido feliz».

Próxima Entrega: UNA OCASIÓN ESPECIAL

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amantes8a.jpg El goce que produce el acto sexual entre dos personas que se aman con plenitud, representa el máximo de satisfacción que puede experimentar un ser humano. En el convergen el cuerpo, el alma y el espíritu para decir: te amo. Ese condicionamiento sublimizador del sexo lo hace superar cualquier otra expectativa, constituyéndolo como indispensable para nuestra felicidad personal.

Por el y con el nacemos, convirtiéndose progresivamente en urgencia no sólo de satisfacción física sino también espiritual.

El sentimiento más determinante hacia otra persona lo es el amor, que instintivamente relacionamos con el sexo.

El sexo, como el vino debe disfrutarse con lentitud, fruición y deleite. Todo tiempo y oportunidad son buenos para degustarlo y su embriaguez en vez de rebajarnos, nos eleva por encima de nuestra propia naturaleza originaria.

Fuimos dotados del sexo para vivirlo en toda su intensidad, que es prácticamente inestimable, porque carecemos de instrumentos que nos permitan medir la excitación y efectos que despierta en nuestra actualidad y potencialidad.

El sexo constituye el regalo más excelso que Dios nos dio. Representa la única posibilidad natural de convertirnos en parte de otra persona, encarnándola física y espiritualmente.

La concepción del sexo, como nuestra propia vida debe ser integral, constante y permanente. No podemos vivir una parte de nuestra vida o del sexo y otra no, porque son inseparables. No vivir una parte de la vida es como morir y no disfrutar una parte de nuestro sexo, sería como carecer de el.

El sexo al originarnos en una lucha donde fuimos triunfadores, se posesiona de todos nuestros sentidos conocidos y más allá de éstos. Lo vivimos en las imágenes, sonidos, olores, sabores, y en forma extraordinaria en el tacto. Pero su forma más sublime es una conjunción ideal, percibida por algo más allá de esos cinco sentidos conocidos, que nos dota de capacidad inusitada para fabricar sueños, magia y fantasía.

Vivir el sexo es algo más que disfrutar una sensación de goce físico, temporal, pasajero e intrascendente, cual no sería más que una regresión atávica a nuestro origen, como meros elementos reproductores, sin expectativas de espiritualidad.

Vivir el sexo es penetrar lo más hermoso de nuestra existencia. Es integrarnos con otra vida en una nueva vida, sin dejar la propia en el intento. Es sentir toda nuestra capacidad de creatividad, disfrute, nobleza y entrega, al poner en juego nuestros más puros y elevados sentimientos, haciéndonos como dioses, fabricantes de vida, sueños y esperanzas.

Es esa la dimensión del sexo que lo hace sublime, que le da continuidad y permanencia. Esa la entidad que nos posibilita sentir, luego de decenas de años practicándolo con la misma persona, que es la parte más bella de nuestra vida, siempre renovado, con algo nuevo que espera por nosotros, para decirnos que vale la pena seguir viviendo.

Próxima Entrega: TIEMPO DE ENAMORADOS

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 En la búsqueda de la plenitud del acto sexual, el hombre no se conforma con activarlo como mero mecanismo reproductivo, sino que al imprimirle progresivamente espiritualidad, lo convierte en un mecanismo de dar como en fuente de placer mutuo, más que de vida.

En las personas que se aman, el sentimiento de dar supera la necesidad de recibir; en una comunión que involucra por igual cuerpos y espíritus, prodigando ternura, aceptación, ausencia de egoísmo, respeto y solidaridad, transforman lo que originalmente fue un coito reproductivo, por la incomparable experiencia de hacer el amor.

Para que el acto sexual llene todas sus expectativas tiene que ser activo: físico, mediante la acción voluntaria y entusiasta de los cuerpos, y espiritual, por el concurso de sentimientos de amor, ternura, pasión, idilio, solidaridad y entrega, como los más importantes que involucra el acto.

Orientados por nuestro intelecto, desde el inicio de la relación que origina el acto, en el plano físico con los ojos percibimos la atracción y enviamos mensajes de aceptación y entusiasmo. Por el tacto trasmitimos energía y sensaciones. El oído recibe los sonidos de amor, sólo audibles y comprensibles para los enamorados. El aroma del amor es indefinible, pero cala hasta lo más profundo del ser, inyectando deseo, activando hormonas y despertando la pasión de su letargo, para saciar su sed que siempre demanda… más.

Un sentido más allá de los conocidos y exclusivo del humano, penetra el alma envuelto en encajes de mil colores, con siseo de alas de colibrí; invadiendo de mariposillas el estómago; liberando feromonas y endorfinas a granel, para desarreglarlo todo y convertirlo en fiebre de locura pasional donde todo es posible, nuevo, agradable, desprejuiciado, prometedor pero improvisado; con sabor a sorpresa, sin temor a lo imprevisto ni evaluación de riesgos, ensayando actuar como pequeños… dioses.

Es el toque mágico, fantasioso e inesperado del amor que empuja, rompe la monotonía, transforma lo normal en especial y lo elemental en sublime: es el sexo activado que no se resigna a su originalidad y se aferra a la magia, a la fantasía, a lo sublime, superando su conformación física y tangible, para volar a la conquista del máximo de gloria, que encarna la felicidad que es física y espiritual, pero… activa.

En esos instantes sublimes, los amantes desnudos y sedientos de placer, se activan y producen energía inverosímil suficiente para incendiar sus cuerpos y sus almas, quemándolos en ese fuego rosado y pasional de dar y recibir amor, ternura, magia y… fantasía. En ese besar, lamer, morder, gemir, suplicar, subir y bajar del cielo a la tierra y de la tierra al cielo recibiendo y dando el máximo del placer, percibimos nuestra esencia superior de fabricantes de sueños y constructores de realidades, sin otros elementos que nuestro milagroso cuerpo.

Es el sexo activo nuestra mejor experiencia en esta vida, que no debemos desestimar ni dejar pasar, porque engendra placer, satisfacción, confianza y representa un regalo especial de Dios, para hacernos más placentera nuestra estadía en este mundo maravilloso que nos dio por heredad.

Próxima Entrega: VIVIR EL SEXO.

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El acto sexual, por el mismo hecho de poner en movimiento tanto la parte física como la intelectiva, en principio, como generalidad, debería ser sinérgico e involucrar ambos actores.

Nuestra individualidad y tipicidad nos hace diferentes unos de los otros, dificultando la aplicación de conceptos generales con relación a nuestra actuación particular. Así, por ejemplo, los signos externos de excitación en el hombre son inocultables, mientras que en la mujer no son fáciles de observar, lo que permite en ocasiones ocultarlos o solaparlos mediante una actuación determinadamente premeditada.

Cuando una persona participa pasivamente en el acto sexual, este pierde la emoción, ternura, magia y fantasía, que le hacen el más reconfortante evento entre un hombre y una mujer.

Quien no desea el acto pero lo conciente no obstante su personal indiferencia, ausencia de deseo o rechazo a ese contacto íntimo, renuncia a su propia satisfacción al prestar su cuerpo como instrumento de autocomplacencia del otro actor, desviando lo que debió ser una actuación mutua y hermosa hacia el ejercicio de violencia sexual moral por falsedad, afectando sus propios sentimientos y autoestima.

Pienso que la diferencia entre la masturbación y el hacer el amor, más allá de cualquier consideración teórico-materialista, es precisamente el concurso activo mutuo, que imbuído de amor, pasión, ternura, magia e intención de producirse el máximo de placer, lo convierte en sincera y auténtica entrega de cuerpo y… alma.

Quien consciente de su inmotivación, subyugando su propia voluntad al permitirlo, normalmente lo hace orientado hacia el logro de algún objetivo extraño a los sentimientos que motivan el acto sexual, violentando su propia ética personal al supeditar su dignidad y espiritualidad a intereses subalternos, nunca suficientes para justificar utilizar su cuerpo, que es el tabernáculo de Dios, en un acto tan íntimo sin las motivaciones éticas y morales que lo justifican.

Pudiera ser que en casos aislados, la actuación pasiva de uno de los actores se origine por conveniencia, supuesta necesidad, o en premeditada actuación para lograr un fin extraordinario como pudiera ser la concepción de un hijo. En tales casos, en mi criterio personal, aunque no violenta ninguna norma jurídica estimo que no es legítimo, porque al actuar con engaño premeditado se pierde la plenitud que desde el punto de vista cultural logró superar su propia originalidad, al elevarlo sobre su propio instinto y ubicarlo en la categoría de espiritual.

No obstante todo lo expuesto, estas especulaciones, ausentes de toda intención de juzgar lo que sólo a Dios y a los actores corresponde, pretenden establecer la profunda diferencia entre un acto sexual pasivo y aquel activo que se supone realizan las personas que se aman, como lo trataremos en la entrega de mañana.

Próxima Entrega: EL SEXO ACTIVO

 

 

 

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