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Archive for the ‘AMOR POR LA VIDA’ Category

 

«DE NUESTRO ESTADO DE ANIMO DEPENDE NUESTRA FELICIDAD»

Si como lo comentamos en la entrega anterior, los elementos físicos necesarios para subsistir no son difíciles de lograr, y los factores de carácter espiritual necesarios se encuentran disponibles dentro de cada ser humano y dependen de su voluntad, surge una nueva pregunta:

¿Por qué tantas personas dicen que les es difícil o imposible lograr la felicidad?

Creo que se trata de que para ser felices, en principio, es indispensable la disposición a sentir, más que predicar o aconsejar, qué hacer para sentirse feliz. Se requiere experimentar en el cuerpo y en el alma la extraordinaria sensación de vivir. Conviene asumir nuestra temporalidad sobre este planeta y como consecuencia, no desperdiciar ni un segundo para disfrutar de tantas bendiciones que sobre el existen para nuestro deleite; especialmente nuestros hermanos humanos.

Ser feliz no es difícil; amerita una actitud personal positiva frente a todo evento y circunstancia vivencial. Cada instante de nuestra vida es una oportunidad para la bonanza, el solaz, la ternura, el amor y el compartir. Toda circunstancia, por desagradable que pareciere, tiene una parte positiva y/o didáctica que nos prepara para un futuro mejor.

Se trata de nuestra disposición personal para ver la parte bella de la vida, la parte edificante de las situaciones humanas; de aceptar los buenos momentos como regalos de Dios, y los desagradables, como la enseñanza necesaria para lograr una vida plena.

Como producto natural somos un milagro; como la obra de Dios, simplemente magníficos. Tenemos la máxima capacidad de adaptación a cualquier medio y a cualquier situación por grave que fuere. No hay límites para nuestra felicidad, más que aquellos que nosotros mismos nos imponemos. Fuimos diseñados por Dios para ser felices y no serlo es… anatema.

No importa el tiempo o espacio donde nos ubiquemos, porque en cualquier dimensión conocida existen las condiciones para la realización personal. Nuestra inteligencia, sentidos y el poder recibido de Dios, son superiores a cualquier dificultad. Por eso siempre, en todas partes y en todos los tiempos existieron personas felices que entendieron esta realidad y disfrutaron de una vida edificante y plena. Otras que las ignoraron y como consecuencia disminuyeron su capacidad para ser felices.

Nosotros, los cristianos, aprendimos de Jesús que si tenemos a Dios en nuestro corazón, para lo cual debemos tener paz, amor y actuar con justicia, todo lo demás nos será dado por añadidura, y eso hacemos.

Por todo  eso no dudo en asegurar que ser felices no es nada difícil, porque se reduce a una actitud, a una forma de ser; a la utilización positiva de nuestro estado de ánimo.

De alguna manera, la felicidad responde a nuestra seguridad de que no estamos solos en este planeta, sino que Dios está con nosotros, manteniéndonos todas las condiciones para que podamos realizarnos material y espiritualmente.

Es así de simple. Depende de nosotros y de nadie más aceptar estas verdades, hacerlas parte de nuestra vida y vivir intensamente cada segundo de esta bella vida que Dios nos regaló. Por cierto, pudiera ser nuestra más bella oración de agradecimiento a nuestro Creador.

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«NADA FÍSICO ES PERMANENTE, NI TRASPASA LOS LIMITES DE ESTA VIDA»

No es difícil ser feliz, pero sí que es  fácil  sentirse infeliz, cuando en busca de opciones de vida, tratamos de  ubicarlas en las fronteras de la utopía, bajo la consideración de que podemos ser felices por siempre, lo cual es un error y de suyo se convierte en fuente de infelicidad.

Mucho de la felicidad depende de cómo nos sintamos y apreciemos nuestro alrededor.  Sobre el planeta disponemos de los recursos necesarios para una vida emocionante y llena de bellos momentos que al vincularlos a nuestro espíritu, pueden convertirse en momentos felices.

Esa sucesión de eventos o situaciones felices producen la felicidad personal, que como todo estadio del ser  humano, incluida su vida, es temporal.  Su desconocimiento produce el sentimiento de frustración e incredulidad de quienes, a menudo expresan: no es posible ser felices.

Pero la realidad es diferente: sí que podemos ser felices, en la medida en que nuestra actuación produzca más momentos felices que infelices. Nadie puede asegurar que ha sido feliz o infeliz por siempre. Será infeliz quien experimente más eventos infelices que felices y viceversa, pero siempre será temporal.

Todo en la vida pasará, porque es una ley natural inmutable. La noche dará paso al día. Por tanto, si sufrimos, eso pasará. De la misma manera, si somos extraordinariamente felices, eso también pasará; no significa que no volvamos a serlo, pero sin determinar su extensión, ese momento de felicidad pasará.

Así, si estoy feliz en mi paseo mañanero, pero tropiezo, caigo y golpeo mi cara, el momento feliz se interrumpe al ser sustituido por el dolor que experimento, el cual también pasará. De la misma manera, si estoy triste por la ausencia de mi amada, cuando ella llega mi estado de infelicidad se interrumpe por su presencia y me invade la felicidad; pero yo se que también pasará.

Entonces ¿De quién o qué depende el tiempo que experimentamos felicidad? En mucho de nosotros mismos: como conjunción físico-espiritual, la felicidad requiere alimentar ambas dimensiones.

La parte física, utilizando los recursos que Dios puso a nuestro alcance; cuales por cierto, respecto de su importancia para nuestra subsistencia física, paradójicamente, el esfuerzo que se nos exige es diametralmente contrario a su valor. Vale decir, que en la medida en que nos son más necesarios, el esfuerzo para adquirirlos es menor.

Por ejemplo, el primer elemento fundamental para la subsistencia física, como es el aire, el único esfuerzo requerido para obtenerlo es respirar, y no involucra costo económico. Asimismo, el segundo  que sería el agua, ésta se encuentra disponible en todos los rincones de la tierra,  siendo que el esfuerzo para lograrlo y su costo, son muy bajos.

Los alimentos y el vestido, originados en los reinos animal y vegetal, no requieren ni un conocimiento especial ni grandes recursos económicos para suministrarse los necesarios. Quizás por eso Jesús los parangonaba con las aves del cielo y los lirios del campo, que no siembran, ni cosechan, guardan en graneros, ni hilan ni confeccionan ropas,  pero nuestro Padre Celestial les mantiene con vida y aún  con más bellas vestiduras que los humanos.

¿Son suficientes esos elementos físicos enumerados para lograr la felicidad?

No lo creo, pero lo analizaremos en la próxima entrega,  que corresponde al día 12 de este mismo mes.

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«TODO LO QUE SE PUEDE PENSAR POSITIVAMENTE, ES REALIZABLE.»

Uno de los paradigmas que ha hecho daño al hombre, es aquel que reza que «No todo se puede tener en la vida.»

Considero que es todo lo contrario; para cualquier ser humano normal todo lo que requerimos para nuestra felicidad, sí  que podemos conseguirlo en la vida. Me refiero a lo que dentro de los parámetros apropiados se requiere para ser feliz, sobre la base del concepto de felicidad como «la realización material y espiritual de un ser humano.»

Conforme a tal aspiración, los logros deberán localizarse en los dos planos que conforman la vida del hombre.  Por una parte, el aspecto material donde se incluye todo lo necesario para subsistir físicamente, aprovechando los recursos que existen sobre el planeta, como el aire, el agua, los alimentos  y aquellas cosas que posibilitan vivir cómodamente y protegerse de la acción de los elementos naturales, tales como una vivienda, el moblaje y el acceso a un medio de transporte.

El hecho cultural, que transformó el paisaje geográfico originario en función de optimizar la calidad de vida, creó necesidades que no podían ser satisfechas por los recursos del medio en su estado natural, sino mediante la transformación en objetos que cumplieran con tales fines.

De tal manera avanzó el hombre en el empeño, que hoy no es indispensable amasar gran fortuna para disponer de una vivienda donde guarecer la familia, ni se requieren grandes cantidades de dinero para suministrarse los alimentos necesarios o los servicios básicos.

Tampoco hace falta ser rico para proveerse transporte, siendo que la atención a la salud y los estudios básicos, en casi todos los países son suministradas por el Estado, o lo cubren pólizas de seguro a las cuales puede acceder cualquier trabajador, empleado o profesional.

Fue así como se creó la multiplicidad de cosas que nos suministran confort, cuyo acceso es posible sin gran esfuerzo, en la medida en que se jerarquizan las reales necesidades físicas, dentro de parámetros razonables para obtenerlos; no a unos pocos sino a todos los habitantes de este planeta.  De tal modo, para un ser humano civilizado, que desde su minoridad hasta su adultez actúe conforme ha sido planificado en el contexto social, no debe ser muy difícil lograr suministrarse los  medios físicos necesarios para  una vida normal.

Cualquier persona común y corriente, quien haya cumplido desde niño con su educación básica, de joven con el aprendizaje de un oficio o profesión; o laborar como un empleado con la diligencia necesaria, estará en capacidad de acceder sin mayores sacrificios a lo necesario para desarrollar su vida físicamente, de tal forma cubriendo  la realización material.

La parte restante del concepto, que es la realización espiritual, por depender excluisivamente de nuestro estado de ànimo y autoestima, solamente requiere de nuestra voluntad y deseo de sentirnos bien.

Tenerlo todo representa interiorizar que hemos logrado la satisfacción de nuestras necesidades materiales, al mismo tiempo que alcanzamos nuestra tranquilidad y crecimiento espiritual. Así de claro e igual de fácil.

Lógicamente que, si en vez de una casa  o un apartamento se aspira a tener dos o más; si en vez de un auto para transportarse o utilizar los servicios públicos, se ambiciona disponer de varios; si en vez de los muebles necesarios se intenta tener un almacén repleto, o algunos con materiales exóticos y características exclusivas; si en vez de los recursos económicos necesarios para adquirir lo que se requiere y complementar las necesidades, se anhela tener cuentas de bancos repletas de dinero; conforme a esa manera de pensar, nunca se podrá «tenerlo todo».

Pero, si se realiza el trabajo con amor y eficiencia, procurando satisfacer las necesidades conforme a los ingresos devengados; si se prevé contingencias económicas dentro de lo posible y recomendable; se mantiene una alimentación balanceada, evitando ingerir o usar de elementos nocivos o excesivos, lo que revertirá en una buena salud, entonces no hay ninguna duda de que «Sí que es  posible lograr todo lo que se requiere», al menos desde el punto de vista material.

Como la realización espiritual es intangible y depende de cómo decidamos sentirnos, simplemente podemos ponerlo a nuestro favor cuando nos interese, con lo cual se cierra el círculo físico-espiritual que determina nuestro estado de felicidad personal, lo cual nos permite declarar sin ninguna duda que no hay razòn para que se pueda generalizar el criterio de que «No se puede tener todo en la vida.»

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«SOLO EL RECUERDO DE LAS BUENAS OBRAS PERMANECE DESPUES DE LA PARTIDA»

«Estoy intentando meterme en una botella que un día aparecerá en la playa para mis hijos», expresó el profesor y científico Randy Pausch en Septiembre de 2007, en la oportunidad de  su última lección (Last Lecture) al dirigirse a unos aproximadamente 400 estudiantes y profesores de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburg Pennsylvania, cuando con inusitado valor, extraordinaria serenidad y hasta buen humor, les anunció que sufría de  un cáncer de páncreas y que los médicos le daban entre tres y seis meses de vida.

«Aunque estoy en mejor forma que muchos de vosotros… es lo que es y no podemos cambiarlo», dijo frente a un público estupefacto que confundía sonrisas con lágrimas. Diez meses después de aquella última clase, murió en su casa de Chesapeake VA, al lado de su mujer y sus hijos, a los 47 años de edad; no sin antes haber regalado no una carta dentro de una botella que un día pudiera aparecer en una playa para la lectura de sus hijos, sino al mundo entero, el mensaje de que cuando se vive la vida con amor, buen humor, dedicación y vocación de ser útiles a nuestros semejantes, no es el tiempo de vida sino la pasión que pones en lo que haces, lo que  establece la diferencia en esta corta estadía sobre esta madre tierra, donde el único capital real, capaz de llenar todos tus vacíos, es la fuerza espiritual que mora en tu interior, que te proyecta por encima de tu propia naturaleza en pro del beneficio colectivo y es capaz de superar todo, incluido el miedo a.. la muerte.

Fue eso lo que quiso decirnos cuando escribió:

«Busca la pasión que debe mover tu vida y esa pasión no está ni en cosas materiales ni en el dinero, siempre habrá alguien alrededor tuyo que tendrá más, la verdadera pasión está en las cosas que te llenan desde tu interior y está cimentada en las personas y en las relaciones con las personas, y en como serás recordado cuando ya no estés aquí.»

El legado que nos deja este especial hijo de Dios, es que la vida es  una permanente oportunidad para amar a nuestros semejantes y dar para ellos lo mejor de nosotros; que no es la cantidad de tiempo que se viva, sino cómo se vive el que nos corresponde; que no somos nosotros quienes decidimos cuanto tiempo vamos a estar aquí, pero que sí nos corresponde decidir que vamos a hacer de el; que únicamente disponer de la vida, sin importar cuanto tiempo, es ya la mayor bendición de Dios y que debemos aprovechar cada instante, porque en todo momento podemos ser útiles y nunca sabremos hasta cuando estaremos aquí, por tanto siempre debemos abrazar… un sueño, «…otorgándole a los seres humanos el verdadero valor que tienen, por encima del valor que concedemos a las cosas.»

Creo que también nos demostró con su ejemplo, que no debemos temer a la muerte, porque es consecuencia de haber nacido; que es un evento indefectible e indetenible, que como no tiene solución conocida, debemos aceptarlo como parte de nuestra misma vida, con entereza, con valor, y  a ser posible, con buen humor. Pero que si queremos dejar un buen recuerdo a quienes amamos, debe ser la convicción de que  siempre dimos lo mejor de  nosotros, se disfrutó intensamente de la existencia, bajo la convicción de que un momento de amor verdadero es incuantificable en el tiempo y su huella perdurará… por siempre.

Yo, que no tengo duda de nuestra naturaleza físico-espiritual, de que nuestra alma es eterna, sé que Randy Pausch vivió para cumplir la misión que le fue impuesta por Dios desde antes de nacer. Que disfrutó esta vida física cumpliendo su cometido, porque entendió que si él no podía cambiar su destino, por lo menos podía darle los matices a su misión y lo hizo de forma extraordinaria, demostrando que la felicidad no depende de cuanto tiempo se viva, sino de cómo se viva.

Por eso en este momento, desde el fondo de mi corazón escribo en reconocimiento a su memoria y a su obra como una forma de decir: Paz a sus restos, con un poco de tristeza pero sin dolor, porque estoy seguro que esa alma que abandonó su cuerpo físico es eterna, y ascendió a una escala superior en otra dimensión, en busca de su más elevado destino.

 

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¡GRACIAS PADRE CELESTIAL!

POR ESTE HOGAR, QUE HOY ME SIRVE DE ASILO Y DE RESCOLDO DE…  ESPERANZA.

PORQUE ME HAS DADO VALOR PARA NO DECAER EN MI ÀNIMO Y MI AMOR POR LA VIDA.

POR HABER PRESERVADO MI AMOR POR LA VIDA Y POR TODOS LOS SERES HUMANOS.

POR NO HABER PERMITIDO QUE CON LOS AÑOS DECAYERA MI ROMANTICISMO, QUE AÚN PERMANECE VIVO.

POR MI VOCACIÓN NATURAL PARA DISFRUTAR EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS COSAS SENCILLAS.

POR DARME EL VALOR DE PERDONAR A QUIENES NO SÓLO HACEN INSUFRIBLE MI BELLO PAÍS SINO QUE AUTODESTIERRAN A SUS HIJOS… BUENOS.

POR DARME MIS HIJOS, QUE MÁS INTELIGENTES QUE YO, PREVIERON LA NUBE NEGRA SOBRE SUS CABEZAS Y EMIGRARON… A TIEMPO.

POR HABERME PERMITIDO VIVIR TANTOS AÑOS, PARA PODER VER CRECER MIS HIJOS, NACER  MIS NIETOS Y… CAMBIAR AL MUNDO.

POR DARME ESA BELLA MUJER QUE UN DÍA SE CONVIRTIÓ EN MI ESPOSA, HOY ES MI NOVIA, MI AMANTE, MI COMPAÑERA DE VIAJE LARGO Y A VECES… MI MADRE.

POR EL COLOR DE  LAS FLORES DE ESTA HERMOSA CIUDAD, QUE HOY ME ACOGE EN SU SENO SIN PREGUNTARME DE DONDE VENGO.

POR ESE PÁJARO GRANDE Y RARO QUE VUELA FASTUOSO SOBRE EL RIO, PORQUE ME RECUERDA  QUE NUNCA NADIE PODRÁ QUITARME MI LIBERTAD,

POR ESTE CLIMA TAN PARECIDO AL DE MI PAÍS, QUE AL QUEMAR MI CARA ME RECUERDA QUE TODOS VIVIMOS EN UN MUNDO QUE ES DE… TODOS.

POR ESTAS MAÑANAS, CUANDO TODAVÍA ME DESPIERTA EL TRINO DE LOS PÁJAROS, PORQUE ESA MÚSICA ME LA LLEVARÉ AL CIELO.

POR HABERME DADO UN ALMA FUERTE, PERO SENSIBLE  Y SENTIMIMENTAL, PORQUE PUEDO LLORAR Y ESO ME HACE PARECERME A… LA LLUVIA.

POR ENSEÑARME EL AMOR, EL DOLOR, LA TRISTEZA, LA TERNURA, LA ALEGRÍA Y LA PIEDAD, PORQUE ME HACEN SENTIR EL DOLOR DE  MIS HERMANOS HUMANOS.

POR PERMITIRME NACER EN ESTA ÉPOCA TAN COMPLEJA, PORQUE AL VIVIR VARIOS MUNDOS, APRENDÍ QUE TODO TIEMPO ES BUENO PARA AMAR, COMENZAR Y… SERVIR.

POR HACERME SENSIBLE A LA MÚSICA, A LA POESÍA Y A LA PINTURA, PORQUE ME HAN ENSEÑADO LA IMPORTANCIA DE ALIMENTAR MI ESPÍRITU.

POR DARME LA POSIBILIDAD DE ESCRIBIR, PARA CONTAR AL MUNDO QUE SI TE ALOJAN EN SU ALMA, SIENTEN TU PRESENCIA EN EL VIENTO, EN LA CAÍDA DE LAS HOJAS, EN EL SUSURRO DEL VIENTO, EN EL RUIDO DE LAS FUENTES, EN LA MIRADA DE LOS ANCIANOS  Y EN  LA SONRISA DE LOS NIÑOS, LA FELICIDAD ESTÁ… A UN PASO.

POR HABERME HECHO VARÓN, PORQUE APRENDÍ LO RESPETABLE, ESTOICO,  MAGNÍFICO, INIGUALABLE, NOBLE, GENEROSO Y HERMOSO DE LAS MUJERES.

POR HABER PRESEVADO MI NIÑO INTERNO, PORQUE ESO ME PERMITE RESTARLE IMPORTANCIA AL DINERO Y AL LUJO; AMAR A  TODOS LOS PADRES DEL MUNDO Y… COMER A ESCONDIDAS MIS  CHOCOLATES.

GRACIAS PADRE POR HABERME DADO TAN BUEN APETITO PORQUE ESO ME PERMITE DELEITARME DE LOS MANJARES QUE PUSISTE SOBRE ESTA TIERRA PARA MI DISFRUTE, AMAR MÁS A MI ESPOSA Y PERMITIR QUE ME SEDUZCA VOLUPTUOSAMENTE LA MAGIA… DEL VINO.

FINALMENTE, GRACIAS PADRE POR HABERME POSIBILITADO CONOCER OTROS PAÍSES, CULTURAS Y GENTE DE TODO GÉNERO, PORQUE ESO HA AFIANZADO MI CONVICCIÓN DE QUE LOS SERES HUMANOS SON GENEROSOS, NOBLES Y AMISTODOS, LO CUAL PARA MI MAYOR FELICIDAD ME HA HECHO UN HOMBRE… UNIVERSAL.

Houston, TX., verano del Año de 2008, en una mañana cualquiera, pero llena de sol, de canto de pájaros, flores de cayenas y  paraísos con los colores más vivos que jamás he visto.

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«Dame tu mano y seremos dos para vivir, luchar y… vencer.»

En 1969 era muy joven para entender lo importante de la comunicación para los seres humanos, pero en esa oportunidad viví lo doloroso de ese tipo de ignorancia. Estaba en proceso de divorcio, lo cual para quien considera a la familia como base de la sociedad organizada, era lamentable.

 Una tarde asistí a un café con la esperanza de encontrar alguien con quien conversar y hacer menos ingrata mi soledad. Cuando me proponía degustarlo, entró una dama como de mi edad con cara de preocupación, se sentó en la barra a unos tres asientos de donde me encontraba y pidió su café.

Como ambos estábamos solos y se notaba desolada,  intuí que podíamos hablar y de alguna manera, hacer menos dura nuestra carga emocional. Me senté a su lado y la saludé cariñosa, pero respetuosamente. Ella no me contestó sino que me miró con rabia, como ofendida, tomó su café y se retiró unos cuantos asientos.

Mi sorpresa ante esa reacción se convirtió en frustración e incomprensión del hecho, porque yo no estaba sugiriendo nada incorrecto, solamente quería hablar; necesitaba que otro de mis hermanos humanos me oyera, porque siempre he creído que es lo menos que nos debemos como individuos de la misma especie.

De ese incidente aprendí lo importante que, en algunas oportunidades, puede resultar para un ser humano conversar, ser escuchado.

Reflexionado sobre ese incidente deduzco que si la dama, quien como yo tenía graves problemas existenciales, socializaba conmigo, seguramente habríamos comentado nuestros problemas y descargado nuestras almas, con el mínimo resultado de hacernos amigos.

Es que mucha gente desestima lo importante que es para un ser humano ser tomado en cuenta, pero especialmente, ser escuchado.

Hay tanta gente sola, aislada de sus hermanos humanos por barreras físicamente inexistentes, quienes en silencio piden a gritos que alguien, no  importa quien sea, por favor los oiga; grandes dolores, tragedias personales y colectivas se habrían evitado si alguien hubiese oído con mínima atención, respeto y consideración, a personas en estado de desesperación.                                   

Vivimos con aprensiones, sospechas y reservas… injustificadas. Nacemos buenos y en nuestra alma continuamos siéndolo; la sociedad nos crea mecanismos de defensa que nos distancian, pero debemos luchar contra ellos. Fortalecernos recordando a Jesús: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»

 Escuchar a quienes tienen problemas, tristeza, depresión, o simplemente confunsión, es el acto más caritativo; porque regalar bienes físicos sólo lo hacen quienes disponen de ellos, sin requerir de una sensibilidad especial. Pero, para escuchar con respeto e interés los problemas o circunstancias de otras personas, se requiere de ese sentimiento maravilloso que mueve al mundo: Amor, que en estos casos deja de ser una conveniencia para convertirse en una obligación. 

Así que, por favor, preste atención a las personas,  independiente de si son propias o extrañas; a sus problemas, porque pudiera ser que ese momento de atención, que esos minutos de su tiempo, puedan evitar un dolor, aclarar una confusión, sembrar una esperanza  o evitar una desgracia. 

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 «Soy una partícula de Dios; eso me da fuerza, sabiduría, compasión y poder.»

Un amigo me comentó con gran entusiasmo su decisión de dejar su trabajo de alto ejecutivo de una Corporación industrial, para desarrollar un nuevo proyecto, iniciándolo prácticamente desde cero.

 Creo en los proyectos como índice de amor por la vida; tanto que pienso que cuando no se tiene ninguno, o somos infelices, o nos estamos despidiendo de este mundo. Sin embargo, por mi experiencia de muchos años como empresario, conozco que cualquier proyecto requiere de un gran esfuerzo para reunir y dinamizar los varios factores que en el influyen, así como un mínimo de años para dar fruto; por lo cual le escuché con profundo respeto, un poco de extrañeza -que no sorpresa- pero con una gran satisfacción y admiración.

 Tengo muchísimo respeto por los emprendedores, porque no se contentan con lo de todos los días; asumen riesgos y cumplen una función social importante al dinamizar la economía, generando empleo y riqueza, que luego es aplicada y revertida a la comunidad mediante la justicia redistributiva que representan los impuestos, precisamente en los sectores socialmente más vulnerables.

 La atipicidad que generó mi admiración no se debió a que alguien dejare un trabajo seguro y remunerativo para iniciar  un nuevo proyecto, porque eso me parece de lo más normal. Era que se trataba  de un hombre de más de setenta años, en un país y época, donde y cuando, en los negocios, un ejecutivo de más de cuarenta años, ya se considera viejo para iniciarse en responsabilidades de envergadura.

 Sin embargo, esta conversación con una persona tan seria y calificada, que por cierto es bien cristiana, refrescó mi alma y solidificó mis convicciones. Me pareció ejemplar que luego de haber luchado duramente  en la vida, por  más de cincuenta años, desarrollado una carrera exitosa y una sólida familia, este guerrero de larga data, en vez de estar pensando en preparar sus cuarteles de invierno,  tuviese los arrestos de emprender un nuevo proyecto.

 Lo sentí como ejemplo de un cristiano que ama la vida y no  tiene temor; sabe que Dios siempre está pendiente de nosotros y que cuando tenemos voluntad, optimismo, confianza y una idea que desarrollar, a la cual ponemos dedicación, trabajo, entusiasmo, diligencia y fe, como alguien escribiera, el universo conspira para que se realice.

 Con esta anécdota, quiero ratificar a mis lectores que no es importante la cantidad de años vividos, sino como nos sentimos con ellos. Que fuimos dotados por Dios de razón e inteligencia especiales que nos hacen buenos en cada edad para muchas cosas, no para una sola.

 Que no es la fuerza física o la juventud lo que define el éxito de un  individuo, sino la seguridad en sí mismo, la fe  y  confianza de que somos un todo,  con todos y  con Dios. Que como consecuencia, heredamos una parte de su poder y su sabiduría, pero también la responsabilidad de utilizarlos  de la manera más eficiente, no sólo en función de nuestra propia felicidad, sino también en  la de nuestros semejantes. 

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«No me des lo que poseo, dame lo que no puedo procurarme.»

No creo en las etiquetas y algunos patrones que una sociedad deficitaria de amor, acostumbra establecer para algunas actuaciones humanas. Una muy errada es aquella que establece que las suegras y los suegros son cansones, entrometidos, y que los yernos, a diferencia de las nueras, nunca llegan a integrarse como reales miembros de la familia.

En ambos casos se trata de meras consejas y por tanto equivocadas, porque esas buenas personas que hacen pareja con nuestros descendientes, definitivamente traen amor y solidaridad a la familia.

Hoy me desperté muy temprano y me levanté con el mayor sigilo para no despertar la familia, quienes los Sábados duermen hasta tarde.
A pocos minutos de levantarme apareció ese hijo que Dios me regaló, cuando contrajo nupcias con mi hija mayor, quien por voluntad propia se ha convertido no sólo en mi mejor amigo sino en mi hijo mayor. Traía en sus manos un humeante café con galletas hechos por él mismo, aderezados con unos buenos días, de esos que expresan no sólo como nos sentimos, sino como deseamos que se sientan los demás, que entendí como un mensaje de bienvenida y solidaridad humana, dentro del espectro más significativo: EL COMPARTIR.

Este acto sencillo me produjo reflexión sobre lo fácil que es vivir una vida edificante. No se requieren grandes cosas ni especiales presentes para demostrar el amor, la estimación o el reconocimiento.

Especialmente cuando se tiene avanzada edad, que en sí misma establece naturales limitaciones, es tan reconfortante sentir mediante los actos espontáneos y cotidianos de nuestros allegados, que somos bienvenidos y que contribuimos a hacer mejor el ambiente familiar.

Narro esta anécdota para quienes tienen el privilegio de tener sus padres vivos y pueden disfrutar de sus últimos años, con oportunidad para decir: te amo. El lenguaje del amor es ilimitado, pero es tan corto el tiempo e imprevisible el viaje al más allá, que todo hijo debería aprovechar cualquier ocasión para compartir con sus padres, cuando todavía tiene… tiempo.

Cuando las personas ya han partido de nada sirven flores, lágrimas o inútiles «…si yo hubiera…» La muerte es el regreso a esa dimensión de la cual un día vinimos. Cuando mueren los seres queridos, la única satisfacción para el que se queda, es lo que en vida hizo por el que ya no está, porque integrará la calidad del recuerdo.

No olvide que las cosas trascendentes están imbuidas dentro del maravilloso mundo de las cosas sencillas. Son detalles que por obvios suelen representar por ellos mismos un mensaje… imborrable.

Así que, no pierda tiempo. Si aún los tiene vivos, vaya, abrace a sus viejos, su esposa, sus hijos y amigos. Si no viven con usted, llámelos… ahora mismo. Dígales que los ama que eso a nadie disgusta. Hágalo de una vez, sin pérdida de tiempo. No sea que luego fuere demasiado tarde, porque todos sabemos cómo y cuándo llegamos, pero ninguno cómo y cuándo nos vamos.

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La importancia de mantener una buena imagen física, reside en el hecho de que las personas mientras no nos conocen, la única idea que pudieran hacerse de nosotros estaría motivada por nuestra presencia física.

 Como consecuencia, el mantener una imagen impecable puede ser determinante, tanto para quienes nos observan como para  nuestra propia satisfacción personal. 

Esa misma armonía física que aporta al sentimiento de autoestima, debemos procurarla en nuestro espíritu, cual incide de manera definitiva en la capacidad para ser felices. De tal suerte que, como nuestro cuerpo, requiere ser maquillado cuando fuere necesario. 

Algunas experiencias vividas van dejando una especie de cicatrices en el alma, que si no son atendidas, debida y oportunamente, terminan afectándola y como consecuencia, desmejorando nuestra calidad de la vida. 

La mejor manera de «maquillar el espíritu», es extirpando por siempre los recuerdos desagradables e ingratos; perdonando los agravios y aceptando la imperfección del ser humano, que en muchos casos, lo lleva a actuar más compulsiva que racionalmente.

 La actitud positiva frente a la vida, convenciéndonos de  que las actuaciones de las demás personas, cuando parecieren agresivas o desconsideradas, sólo son el reflejo de su propia personalidad, que es diversa, se constituye en la mejor «crema» para maquillar nuestro espíritu.

Eliminar el temor, sobre la base de la confianza en sí mismos y la protección permanente de Dios, es la mejor «base» para un buen maquillaje del rostro espiritual.

 Recibir con amor y esperar lo mejor de cada día, disfrutándolo intensamente como si fuera el último, pero con vocación para vivir muchos años, es el mejor «reconstituyente»  para mantener lozana la muy delicada  piel del alma.

El amor espiritual vinculado a una actividad sexual plena, con la persona que amamos y hemos escogido para compañera de viaje largo, es «vitamina» que no tiene igual para mantener el espíritu en su óptimo nivel de eficiencia.

 La risa, el buen humor y trato afable, son el mejor «perfume» para el espíritu, porque inunda, refresca y contagia de optimismo el ambiente, impregnándolo de buenos presagios.

No hay mejor «accesorio» para el espíritu que el buen estado de ánimo, porque predispone el compartir y hace más grata la convivencia.

  Nuestra autoimagen interna no requiere de especialistas en cirugía reconstructiva o correctiva para variarla o mejorarla, porque depende de nuestra propia genialidad, actitud y aptitud para sentirnos plenos y satisfechos.

 Por tanto, si en alguna oportunidad baja nuestro biorritmo y sentimos nuestra imagen espiritual desmejorada, debemos echar mano del maquillaje espiritual dándonos un toquecito de amor, de la misma manera como lo hacemos con nuestro cuerpo físico para vernos mejor.

 Al fin y al cabo, no somos solo espirituales ni únicamente corporales; somos una conjunción físico -espiritual, que nos hace únicos y especiales sobre este planeta,  y eso requiere permanente atención, porque además es… inmutable. 

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No es fácil tratar  sin  herir susceptibilidades,  algunos temas sobre los cuales desde nuestra más tierna edad nos han atosigado con paradigmas  y consejas erradas, que en nada nos benefician, pero que se hacen parte de nuestra cultura para fortalecer esa maquiavélica creación mental que es el temor. La muerte es uno de ellos, que como figura máxima del terror, en mi condición de consejero familiar, permanentemente tengo que lidiar.

 Cuando el ser humano no encuentra una explicación para un fenómeno, como mecanismo de defensa, lo rodea de misterio, mitos, interrogantes y… miedo; en el caso de la muerte, adiciona el terror.  Con esa idea, a la muerte se le ha creado la imagen de la parca, enfundada en un manto negro, con una calavera por cara y con una gigantesca hoz, errabunda por el mundo en busca de la mayor cantidad de pescuezos posibles, para segarlos sin ninguna compasión.

 De tal manera y para uso colectivo, sin distinción de edades, el hombre ex profeso y como si no existieran suficientes circunstancias atemorizantes, ha creado esa imagen terrorífica para representar el evento más seguro para todo ser humano y del cual nadie conoce nada, que no sea el que dejamos de respirar y nos ponemos a distancia de todo tipo de problemas: especialmente de las deudas y la maledicencia, porque a nadie se le ocurre ir a cobrarle a un muerto, pero también cuando alguien muere todos dicen -casi siempre sin creerlo – «Tan bueno que era.» Tal estará generalizada esta conducta, que al cementerio le llaman «La casa de los buenos.»

 Pero… ¿Qué es la muerte?

 En mi criterio, como fenómeno físico es la cesación de todo tipo de actividad del cuerpo, que inicia el proceso de incorporación a la tierra,  de todos sus elementos integrantes. Algo así como lo que sucede con un aparato eléctrico o electrónico, cuando lo desconectan de la energía. Simplemente, ya no funciona más.

 Desde el punto de vista espiritual, pienso que nuestra alma termina su estadía en esta tierra dentro del cuerpo que se queda aquí, y en ese viaje de ascenso espiritual eterno, regresa a donde vino.

 Cuando morimos sucede igual que cuando dormimos; no estamos conscientes de nada de lo que nos sucede alrededor, y por cierto es una sensación muy agradable. Será por eso que nadie se atemoriza por dormir, porque a nadie se le ocurrió decirnos desde niños que si nos dormíamos, pudiera ser que nunca más nos levantáramos, porque si tal hubieren hecho, el sueño nos aterrorizaría igual que la muerte.

 El temor a la muerte es psicológico, netamente mental como todos los temores creados por el hombre, sin conocer la intención y sin ningún beneficio.

 La realidad es que la muerte física no es más que un evento futuro e incierto, el cual sabemos que llegará pero no dónde,  cuándo ni cómo, y por supuesto, qué se siente al producirse.

 En mi caso, aunque amo mi existencia y me transo por cien años de vida, ni siquiera creo que deba prepararme para recibir la muerte, por que no tengo duda que, como el nacimiento, no me voy a enterar cuando suceda. Como mi convicción espiritual es eterna, sé que durante mi periplo por este planeta debo cumplir una misión que desconozco, de la cual forma parte todo lo que hago diariamente, pero que acepto feliz como la voluntad de Dios.

 En vez de perder mi tiempo preocupándome por la muerte, me ocupo de vivir lo más feliz e intensamente cada instante de mi existencia, con ansia de disfrute, con fruición, con deleite, como si me faltaran segundos para morir. Por eso no desperdicio mi tiempo pensando en cosas que no tienen solución, menos si las representan con una señora tan fea.

 Por eso amo a las personas de mi entorno íntimo, se los digo y demuestro a cada momento. Acepto a mis demás hermanos humanos como son, en su interesantísima diversidad y con su  personalidad individual; les acompaño y trato de compartir, en lo posible, también su vida. Disfruto de los alimentos, del descanso, de la diversión, del estudio, del trabajo y de… otras cuántas cosas más.

 Estoy demasiado ocupado procurándome felicidad,  para pensar en cosas tan poco interesantes y productivas como la muerte. Eso se lo dejo a las casas funerarias y los sepultureros, que son quienes viven de sus efectos.

 El razonamiento lógico es que los seres humanos tememos a lo que conocemos, que nos perjudica, o que estimamos que de alguna manera nos hace daño. Por eso es ilógico que temamos a la muerte, porque de ella no conocemos nada que nos pueda hacer daño. Por el contrario, nos encanta dormir y morir… es como dormir.

 Por cierto, hoy es mi cumpleaños número sesenta y seis. Seguramente me tienen preparada una torta y un brindis con cantos, abrazos y buenos deseos, precisamente, porque me falta un año menos para… morirme. 

 

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